Disclaimer : Los personajes no me pertenecen, la historia es original.

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|3| ¿Amor?

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Konoha, Diciembre 24, 15:29 pm.

Había recibido los resultados de las dos autopsias, sin embargo, no encontró lo que creyó sería clave para llegar a la verdad; ambos cuerpos no tenían rastros de aquel extraño químico hallado en el de Sakura y se complicaban aún más las cosas al notar que según los estudios realizados a ambos cadáveres, la causa de muerte había sido un solitario pero certero golpe en la sien.

Se mantuvo pensativo por largos minutos hasta que, de forma inesperada, la puerta de la oficina se abrió completamente.

—Sasuke ven a ver esto. ¡Muévete!

—Naruto ¿qué…?

—Los de huellas han adelantado los peritajes de las evidencias encontradas. Los resultados están aquí—dijo, mostrando un sobre blanco entre dedos.

—Hn—gruñó, sin mirarlo a la cara.

—¿Es todo lo que dirás? ¡Le he rogado a medio departamento por los resultados y tú ni siquiera eres capaz de agradecerme por hacer el trabajo que te corresponde!—lo emplazó, apuntado su rostro con el dedo índice.

—Solo abre el maldito sobre, idiota.—le arrancó el papel de las manos y lo rasgó, sacando de inmediato la hoja oculta en su interior.

Ciertamente, respuestas eran lo que más quería en ese momento, no obstante, luego de leer atentamente el contenido de los peritajes estaba seguro de que eran más dudas las que se sembraron en su interior.

¿Llegarás tarde esta noche?

—Eso creo

Bien... supongo que será para otra vez.—dio un suspiro largo y Sasuke esperó a que continuara— ¿Mañana crees que…?—no obstante, su constante insistencia con "el asunto", como se refería a cumplir con una promesa que, según él, no recordaba haber hecho para ir a cenar, no hizo más que acabar por sacarlo de sus casillas, ¿es que ella no lo entendía?

"No podría hacerlo, ella no sabeni sabráabsolutamente nada, por ahora".

—No. Ni hoy ni mañana, la verdad es que dudo que sea esta semana. Deberías entender de una buena vez que mi trabajo no respeta horarios ni caprichos—estaba cabreado, necesitaba descargar toda la frustración que un caso estancado significaba y, para mala suerte de ella, había sido su esposa la última en marcar su número de teléfono.

¡Eres un... un…! ¡Adiós!

El clásico pitido de una llamada terminada resonó en su oreja, estaba furioso pero se contuvo de lanzar contra la pared aquel aparato molesto y ruidoso.

Y ella… Era su culpa por estar llamando a esas horas, decía en su mente, aunque sabía que era lógico que lo hiciera, estaban casados al fin y al cabo.

Luego, lleno de remordimientos y reproches a sí mismo, se debatió entre devolver la llamada para disculparse y esperar hasta llegada la noche para arreglar los problemas generados por sus estúpidos arrebatos. Se decantó por lo segundo.

Aún no lograba aceptar que todo lo vivido esa misma madrugada fuese real. Se negaba rotundamente.

La amistad entre ambos había iniciado durante su infancia, la misma época en que conoció también a Sasuke, su mejor amigo. Se arrepentía profundamente de haber perdido todo contacto con ella desde su abrupta partida. Nunca comprendió cuáles fueron sus verdaderos motivos para abandonarlo absolutamente todo de la noche a la mañana, aunque en su mente se vislumbraba una teoría que ciertamente tenía a Sasuke como principal implicado. A pesar de que creía conocer a Sakura como la palma de su mano, jamás imaginó los estragos que podrían generar en ella un corazón roto.

La comprendía en parte, pues si mal no recordaba, su corazón también estuvo herido durante mucho tiempo.

...

—Hazlo pasar—Exigió Naruto al salir de su oficina.

—Detective...Uchiha-san ha dicho que él…

—Hablará conmigo, Uchiha puede esperar. Adelante, Akasuna.

El pelirrojo asintió casi de forma imperceptible. Su rostro impávido, su caminar firme y sus ojos filosos no hicieron más que causar una sensación de profunda molestia en el rubio. Creía que sería correcto ser él quien comenzara con las preguntas pues algo le decía que Sasuke no mantendría la calma por mucho tiempo, sobre todo sabiendo de quién se trataba.

—Bien, comencemos.

—Oí ruidos extraños en el antejardín. Tomé un viejo martillo de mi difunto esposo… él fue un soldado, ¿sabe? recibió muchas condecoraciones, entre ellas una de la Orden de los…

—Señora Harada, por favor, centrémonos en los hechos, estoy seguro de que su difunto esposo fue un buen hombre—acotó nuevamente. Odiaba por sobre todas las cosas entrevistar ancianos. O no recordaban nada o por el contrario, parecían tener ataques de lucidez y añoranza en medio de una investigación. Algo sumamente molesto.

—Eh...¿dónde estaba…?

—Oyó ruidos extraños en el antejardín. Tomó el martillo—repitió, procurando contar hasta tres.

—Cierto. Tomé el martillo y mi linterna. Salí por el patio trasero, que da directo al bosque. Ahí vi otra vez la camioneta azul, estaba estacionada y recuerdo que dos sujetos bajaron de ella.—la mujer se detuvo y pareció meditar lo que acababa de decir. Se notaba algo contrariada.

—¿Ocurre algo?—interrogó el pelinegro ante la dubitativa expresión de su testigo.

—Yo… creo haber escuchado golpes. Estaba asustada así que procuré apagar mi linterna para evitar ser descubierta. A esta edad la visión falla y no fui capaz de ver con mucha claridad, pero sólo minutos después subieron de nuevo al vehículo y dieron la vuelta hacia el este. Por ahí sólo está la carretera de acceso a Suna.

—Entiendo.

Suspiró algo cansado, una sensación relacionada más con su estado anímico que con lo físico. Si bien la información era valiosa, no lo acercaba un milímetro a los culpables; la mujer no fue capaz de distinguir a nadie e incluso era imposible determinar el sexo de los agresores basándose en las declaraciones de la única testigo.

—Muchas gracias señora Harada. Nos mantenemos alerta. Si hay algún detalle que por casualidad, haya pasado por alto, no dude en llamarme—comentó al llevar fuera de su oficina a la mujer. Intentando con todas sus fuerzas ser amable y no sonar como un autómata, extendió su mano hacia la anciana—esta es mi tarjeta. Soy Uchiha Sasuke, detective a cargo del caso.

—Es usted muy amable, joven. Hasta pronto.

Simplemente asintió y guardando ambas manos en sus bolsillos, vio cómo su único testigo cruzaba el umbral y desaparecía al final de la calle.

—La verdad… no lo recuerdo. Nuestra relación acabó de un día para el otro. Simplemente terminamos.

—Señor Sasori, ambos somos adultos. Estamos hablando de un caso donde la única persona vinculada a nuestra sobreviviente es usted. No soy idiota.—Odiaba subir el tono de esa forma en sus interrogatorios. Normalmente era Sasuke quien se ocupaba del trabajo sucio y llevaba a cabo sesiones que podían extenderse por horas.—Mantuvieron un noviazgo durante dos años medio.

—Lo que he dicho es simplemente la verdad. Nuestra relación se terminó y no volvimos a vernos.—se tensó. Al parecer, el pelirrojo también tenía sus límites. Naruto vio impaciente su reloj. Ya llevaban cerca de veinte minutos estancados en lo mismo.

—Bien. Sasori…

Sin embargo no logró terminar la frase que intentaba formular. Un fuerte golpe en la puerta lo sobresaltó y la imagen de Sasuke cruzando la entrada a su oficina le indicó que era el fin de su conversación con el sospechoso. Akasuna se arrepentiría sin lugar a dudas de no haber hablado antes de que el pelinegro hiciera acto de presencia.

—¿Me he perdido de algo?

Fue entonces cuando Naruto supo que no podría evitar que las cosas siguieran empeorando para aquel sujeto. Aunque sentía que le desagradaba profundamente, no podía dejar de compadecerse, después de todo, un interrogatorio con Uchiha Sasuke estaba lejos de ser agradable.

—No juegues conmigo. Yo no soy Uzumaki.

—Y yo no soy un maldito delincuente. ¿Puede sacarme de esta sala antes de que….?

—Mi sala, mis condiciones. Sé que estás ocultando algo. Te lo pediré civilizadamente, por última vez… ¿qué ocurrió entre ustedes?—su paciencia tenía límites, y ya estaba a punto de explotar.

Vio al tal Sasori acomodarse en su asiento y notó su rostro descompuesto. Lo estaba pensando. En el fondo el tipejo sabía que él, Uchiha Sasuke, no cedería, se repetía a sí mismo.

—Yo… nosotros...—respiró pesadamente antes de fijar sus orbes en un punto indefinido de la habitación—dimos por terminado nuestro noviazgo hace mucho tiempo, yo estoy en otra relación actualmente pero…

Y Sasuke, aunque no quería oír lo que imaginaba, esperó a que continuara.

—¿Pero…?—repitió lentamente, casi con pesar.

—Nos veíamos de vez en cuando, sólo por recordar viejos tiempos. Ya sabe, salir de la rutina.

Y finalmente obtuvo tan ansiada declaración que, aunque bastante lógica y común para personas adultas—relaciones sin compromiso, infidelidad—, le dejó con una extraña sensación. Decepción, eso era.

Y es que la vieja Sakura jamás se habría prestado para un cosa de esas. ¿Ser la amante ocasional de su ex novio? A esa mujer él no la conocía, pero aquella afirmación en su cabeza le hizo retroceder y meditar en sus conclusiones; ¿le conoció realmente?

Su amistad comenzó en su infancia—una muy difícil, por cierto—, desde temprana edad estuvo al tanto del ferviente enamoramiento de aquella extraña chica pelirrosa hacia su persona, mas no fue en su adolescencia que descubrió que, de cierta manera, el sentimiento era mutuo; estaba perdidamente enamorado de esa exasperante muchacha de ojos verdes. Que no entendía cómo ni cuando aquello había ocurrido. Que sentía la necesidad de ser parte, como fuere, de su vida.

Tras patéticos intentos de caballerosidad hacia ella, un beso nervioso sin motivo aparente en medio de una fiesta en la preparatoria, selló sus destinos. Si bien no creía en los cuentos de hadas, estaba seguro de que, aunque jamás se lo hubiese dicho a viva voz, siempre la amó. Y dicha afirmación no hacía más que transformarse en un hecho irrefutable cuando, tras largos años y estando ya en la adultez, no era ella quien lo recibía en casa tras una larga y extenuante jornada de trabajo.

Sentía pesar, pero, ¿qué podía hacer al respecto? Fue él quien decidió abandonar el barco en medio de la tempestad, sin mirar atrás y pretender una nueva vida en otro lugar.

Un enorme y detallado informe, con extensas reseñas acerca de la vida de Akasuna Sasori, y finalmente su declaración, en la cual especificaba qué tipo de relación mantenía con la única víctima sobreviviente del cruento "ataque de nochebuena", como fue bautizado el caso luego de que, de forma inevitable, se filtrara a los medios de prensa.

Naruto se contentó al notar que, como por arte de magia el sujeto habló en menos de una hora de interrogatorio con el pelinegro, sin embargo, al enterarse de ciertos detalles de la extraña relación que mantenía con Sakura, su semblante de a poco se apagó.

—Oye Sasuke, sé que es extraño para ti hablar de este tipo de cosas tratándose de Sakura, pero es un caso y lo personal…

—¡Lo sé!—se levantó de golpe y dio un fuerte empujón al escritorio que en ese momento ambos compartían.

—¡No lo sabes maldición! ¡No tienes idea, idiota!

El rubio se sentía, en cierta forma, resentido con Sasuke. Era su amigo, si, pero eso no quitaba el hecho de que en algún momento fue alguien dañino para ellos. Sobre todo él y Sakura. Tenía la certeza de que de no ser por las decisiones del pelinegro ella no estaría así en ese preciso instante.

Konoha, Diciembre 24, 17:32 pm

Solo atinó a aventar todo objeto sobre el jodido escritorio. Quería que todos desaparecieran, que se acabara de una maldita vez todo eso. Lo que fuera que sintiese, lo quería fuera de su organismo. En un burdo intento por calmarse, se tragó todo el contenido del pequeño dispensador de pastillas de menta que siempre llevaba consigo. ¿Tendrían efectos secundarios? Tal vez esas estúpidas pastillas que ardían en su boca como el demonio lo podrían sacar del juego por un buen tiempo. Una lágrima asomó en su mejilla, pero la arrancó con fuerza, porque no quería nada de eso.

Al menos que no fuera visible, pues de todos modos llevaba años llorando por dentro.

Diez o veinte minutos… no lo recordaba bien. Aquel tiempo de reflexión en un silencio asfixiante lo ayudó a calmarse y finalmente, a recoger sus carpetas y lapiceros regados por el suelo alfombrado de la oficina.

De pronto se sintió más seguro. Las cosas no tenían por qué ser tan malas para él. Tal vez, sólo tal vez, si se daba el tiempo prudente, podría enmendar las cosas. Para llegar a posicionarse en aquel escenario que de pronto le parecía demasiado cercano a uno ideal debía empezar de cero. Empezar bien.

Tomó su chaqueta oscura y las llaves del auto. No había tiempo que perder. El horario para visitas aún no acababa. Debía hacerlo, o intentarlo al menos.

—Verificaré el actual estado de la víctima. Cualquier novedad puedes llamar a Uzumaki—habló mientras salía, casi sin darle tiempo para responder a la secretaria que tecleaba a toda velocidad mientras asentía automáticamente—Volveré en una o dos horas.

—Si señor...

Ya acostumbrada, la joven y diligente secretaria comenzó con un incesante tecleo en su ordenador sin esperar el adiós de su jefe, el "gruñón Uchiha", como secretamente le apodaron los administrativos y novatos del cuartel en complicidad con el risueño detective Uzumaki, para variar.

La autopista era la mejor opción. Necesitaba llegar cuanto antes, tenía una imperiosa necesidad de verla, aunque no sabía para qué exactamente.

La ansiedad le hizo rememorar viejos tiempos e inevitablemente pensar en lo que sucedió finalmente—y por supuesto, en lo que no.

Realmente no estaba seguro de que lograría al final del día con una visita a Sakura, quien de seguro aún estaba inconsciente pues, el médico a cargo no había informado de ningún cambio en su estado. Al llegar al enorme establecimiento, estacionó su vehículo y bajó de él con cuidado, casi meditando cada uno de sus pasos. Estaba nervioso.

Quizá debía desistir, pensó mientras entraba a la sala de espera, pero cuando estuvo en frente de la recepcionista y ella amablemente solicitó su identificación, se dio cuenta de que ya era tarde. Que a fin de cuentas, era sólo una visita que a ojos de todo—bueno, casi—el mundo, trataba de estrictos asuntos profesionales. Hasta podían entenderlo y defenderlo. Él era el detective a cargo del caso y ella la víctima.

—Detective Uchiha, debo informarle que en este momento ya hay una visita en la habitación 321. Solicitaré a la enfermera a cargo que…

Touché.

Ella no era una persona completamente aislada del mundo, estaba seguro. Y según tenía entendido tanto Ino como Hinata y los demás, habían acordado visitarla durante las mañanas. Había otra persona.

«Otro novio», murmuró con desdén.

Se dió una pequeña palmada en el rostro. Debía dejar de lado ese tipo de pensamientos, a fin de cuentas él también había rehecho su vida, estaba casado hace ya varios años.

—No veo problema en entrar en contacto con la visita de la señorita Haruno. Es más, quisiera saber si es posible revisar su registro de visitas—solicitó amablemente, como nunca, aunque sabía que ante un policía, era imposible que la mujer se negara a entregar dicha información.

—Un momento detective.

La mujer agachó la mirada y tecleando a toda velocidad buscó los registros en la computadora, no despegando sus orbes oscuros hasta que finalmente una enorme impresora comenzó con un incesante ruido. Sasuke esperaba impaciente. Sentía que esa mujer tardaba una eternidad. Era sólo una jodida lista. Su secretaria era más rápida, pensó.

—Aquí tiene, señor.

Tomó el papel y tras un deslucido gesto de agradecimiento, se dió media vuelta y se apresuró al ascensor, sin embargo, parecía que todas las mujeres embarazadas de la ciudad se habían confabulado para obstruir su llegada a la habitación, pues esperaban una tras otra que dicho cubículo metálico descendiera desde el noveno piso, donde se encontraba su objetivo. Sasuke, entre gruñidos y maldiciones para el ascensor y todo lo relacionado con el, decidió subir las escaleras.

Al verse en el inicio del pasillo del tercer piso, se sintió ansioso. Algo llamaba poderosamente su atención y precisamente se encontraba escrito en la hoja que llevaba en sus manos: Satō Morio.

¿Quien sería? Pues no le agradaba, para nada.

—Lamento esto. Sé que no estabas de acuerdo y yo prometí cuidarte. Te he fallado—su espalda expresaba el acongojado estado de aquel sujeto. Pequeños espasmos sacudían de cuando en cuando su cuerpo—el de un hombre joven y fornido, entre 25 y 30 años, calculó.—Si tanto sólo hubiera estado ahí, ese maldito...

Un llanto lastimero brotó de su garganta, y fue ahí cuando Sasuke no logró contener un carraspeo que sacó por un momento del letargo al triste Morio.

—¿Quién eres?—se puso de pie y exigente, ordenó al pelinegro identificarse. Sin embargo, ese era su trabajo, pensó Sasuke.—¿Vienes departe de él...? Si es así, ¡vete al infierno, no dejaré que te acerques otra vez y...!

No estaba para bromas, aunque sabía que el moreno estaba listo y dispuesto para saltar, cual fiera, sobre él. Luego de una mirada llena de desprecio y burla, sacando a relucir su lado más altanero, tomó la descuidada camisa gris que lucía el extraño visitante de la pelirosa y le ordenó guardar silencio en breve, o se arrepentiría. Seguido, mostró su reluciente placa al acongojado y ahora también confundido joven.

—Detective Uchiha—añadió a su presentación. Morio, incrédulo, le miró lleno de un rencor que Sasuke creyó no entender en lo absoluto. ¿Qué rayos pasaba con ese sujeto?

—No me lo creo, ¿Uchiha... detective? Ha de ser otra de tus tretas maldito psicópata...

—He dicho que guardes silencio. Si no has de cooperar, estoy facultado para llevarte conmigo—en medio de la discusión, una de las enfermeras de turno se hizo presente para dar por concluido el horario para visitas. Sasuke, contrariado, indicó a la enfermera que necesitaba permanecer un poco más en la habitación, mas sus intentos fueron infructuosos; la víctima, si bien, pronto sería trasladada desde cuidados intensivos a cuidados intermedios, no podía ser expuesta a riesgos innecesarios, argumentó la menuda mujer que, a pesar de la mirada asesina otorgada por el pelinegro, no se amilanó.

—Bien. Acompáñame—musitó, tomando por el hombro fuertemente al hombre quien, a pesar del malestar, no se resistió en lo absoluto.

Ambos hombres caminaron por el pasillo en silencio absoluto, sólo interrumpido por el sonido constante de sus zapatos mientras se acercaban, lentamente, a la escalera para descender al primer piso. Sasuke pretendía calmar los ánimos entablando una charla en la pequeña cafetería adyacente a la sala de espera, con el objetivo de concertar una reunión en su oficina con el susodicho. Un hombre cercano Sakura y que, al parecer, tenía conocimiento de alguna situación anómala en la vida de la ojiverde no podía ser pasado por alto en su investigación.

—Necesito que me digas qué es lo que sabes. No estoy al tanto de tus cuestionamientos, pero puedo asegurarte que mis intenciones con respecto a la chica...—dijo, intentando omitir el hecho de que Sakura no era una desconocida para él. Se repuso de ese pequeño lapsus y, tocando el tabique de su nariz lentamente continuó—la investigación y resolución de su caso son mi único objetivo—acabó, afirmando fervientemente al pronunciar dichas palabras; eran del todo ciertas.

Tomando asiento ambos, el pelinegro notó el nerviosismo del joven. Si bien al principio se sintió renuente a otorgarle un buen trato al sujeto enfrente suyo, comprendió que sufría tanto o más que él, pues era notoriamente más cercano a Sakura... más de lo que él mismo hubiera querido—agregó lo último, reprochándose luego mentalmente por ese egoísta pensamiento.

—Yo... mi nombre es Morio...—comenzó, sin levantar aún la mirada—Soy de Iwagakure, una pequeña ciudad al noroeste...

Sasuke, imperturbable, anotó con cuidado cada uno de los datos proporcionados por su entrevistado en su pequeña libreta. Si bien, nada de lo revelado hasta el momento era realmente confidencial pues, conociendo su nombre podría obtener fácilmente una enorme base de datos y detalles de la vida del joven, se limitó a oír y a observar detenidamente su lenguaje corporal. Parecía sincero, y a pesar de su semblante temeroso, sentía que no tenía nada que ocultarle con respecto a la chica y que tal vez, sería alguien importante en quien confiar a medida que la investigación avanzaba.

—...Shimura es un laboratorio bastante conocido, Japón está lleno de cedes y en pequeñas ciudades como Otogakure y Kusagakure, puedes encontrar laboratorios de pruebas y pequeños centros de abastecimiento dadas las condiciones climáticas y características geográficas, ya que en esas zonas boscosas hay una gran cantidad de hierbas medicinales desconocidas y varias ya han sido patentadas por la farmacéutica—algo confundido por la introducción digna de una clase de Geografía, Sasuke analizó con cuidado cada uno de los detalles entregados por Morio.

—Comprendo—asintió, pensativo. Sin embargo algo en su descripción no calzaba. Sakura trabajó-según tenía entendido-, por mucho tiempo en Suna, por lo tanto no lograba comprender si ella efectivamente continuaba en aquella filial o si lo hacía en Otogakure o Kusagakure.—Dime, Morio—de pronto su semblante serio se endureció aún más, exteriorizando sus dudas ante el relato del castaño—¿Cuándo exactamente, conociste a la señorita Haruno?

El chico se removió algo incómodo, haciendo que el pelinegro encendiera sus alarmas.

—B-Bueno...—tartamudeó, exasperando aún más al Uchiha—verá... señor Uchiha. Sakura es una joven bastante singular, no sólo por su aspecto físico, sino que también por sus aptitudes académicas. Yo, en ese entonces cursaba un par de años superiores a ella y esporádicamente realizaba ayudantías para el departamento de química de la facultad...—su sonrojo fue evidente y Sasuke, algo mosqueado por la dirección que tomaba el asunto, le solicitó que por favor, continuara—fui tutor de su clase de Química Orgánica por dos semestres y si bien, no llegamos a entablar una relación cercana ni nada por el estilo, siempre la recordé.

—Pero... eso no explica su cercanía con la chica, señor Satō—indicó, tomando en cuenta aquel detalle que, aunque casi imperceptible, sentía que debía corregir; sus cálculos no fueron del todo certeros al inicio y en realidad, el hombre al que entrevistaba le llevaba por lo menos tres o cuatro años de edad de diferencia, motivo por el cual optó por llamarle por su apellido y dirigirse a él de manera formal, en señal de respeto.

—Dos años después de mi titulación tuve noticias de ella, puesto que trabajando como asistente en una pequeña cede de Shimura en Kusagakure, tuve acceso al registro de empleados y noté que era parte de las recomendaciones de la Universidad para la solicitud de practicantes hecha por la empresa, en ese entonces, para Otogakure.

Con algo de sorpresa por saber que en ese entonces estuvieron tan cerca—y tan lejos a la vez—, y él no se dio por enterado pues, intentando dar por concluido aquel "idilio adolescente", como en su fase de negación, llamó a su frustrada relación con la pelirosa. Por esos días se encontraba, probablemente, cercano a contraer matrimonio.

—¿Tiene usted idea de qué labores desarrolló ella durante sus prácticas o cuánto tiempo estuvo en Otogakure?—añadió el detective.

—Ah, labores de practicante—dijo de pronto, luego aclaró su garganta para continuar mediante un sorbo del humeante café que, luego de tomar asiento, solicitaron.—Nada más que revisión de inventarios, muestreos simples, limpieza de utensilios y visitas a las pruebas, en realidad no son cosas difíciles de manejar. También pasé por eso. Y hablando de tiempos... creo que ella formó parte del Laboratorio de Otogakure por seis meses, luego yo...

—¿Usted...?—una sana curiosidad lo invadió de pronto. Intuía que tenía que ver, en parte, con los sentimientos románticos del susodicho hacia Sakura.

—Yo... siempre vigilé sus reportes, ya que tenía acceso a los registros, como dije anteriormente, y seis meses después fui ascendido al cargo de administrador de dicho Laboratorio—se removió inquieto y desvió la mirada—, en ese momento dentro de mis atribuciones como administrador se encontraba la de selección del personal con el cual deseaba contar y solicité su traslado a Kusagakure, para ser mi asistente.

Quería creer que el tal Morio no era un hombre malo, sino que uno algo obsesionado con una mujer que parecía no prestarle demasiada atención. Deseaba, muy en el fondo, que ella no le hubiese correspondido, puesto que según los antecedentes que manejaba, en ese entonces ya mantenía una relación sentimental con Sasori. Sentía algo de lástima por un sujeto al que sus sentimientos le llevaron a convertirse en una especie de acosador silencioso, un tipo que cuidaba sus espaldas desde las sombras.

Y aquella reflexión lo hizo saberse más pequeño e insignificante—de lo que ya era respecto a ella, se dijo—, puesto que, sentía que aquel debió ser su rol; un policía luchaba por sus ideales, por proteger a sus seres amados, y él había fallado miserablemente a una de las pocas personas que podía asegurar, sin duda alguna, formaba parte de ese pequeño círculo de seres a los cuales amaba, a pesar de todo.

—Señor Satō, necesito que me acompañe a la estación. Necesitamos registrar su declaración.

El hombre asintió e hizo de inmediato un gesto a la dependiente de la cafetería, sin embargo, Sasuke le detuvo y fue él quien tras buscar su billetera en uno de los bolsillos interiores de su abrigo, pagó la cuenta.


He vuelto, luego de mucho tiempo :c. Siento que he sido una mala escritora, sé que no es lo que uno como lector espera (porque también se lo que es esperar por una historia que me gusta), en serio lamento no haber actualizado antes. Mis proyectos personales requieren mucho tiempo y si bien, la idea de este capítulo ya estaba en una fase final, no fui capaz de editar ni de generar las situaciones que deseaba para concluir con esta parte de la historia, sumamente importante. Y, centrándonos en la historia, siento que Morio era el personaje idóneo para ocupar el rol que le he dado, incluso rememorando su lado acosador xd, con un poco más de seriedad dada la trama, por supuesto.

Siento, nuevamente, no haber actualizado antes, es por eso que he unido prácticamente dos capítulos para que la espera valga la pena. Agradezco infinitamente los mensajes de quienes me han regalado un poco de su tiempo siguiendo esta historia :)

Hasta la próxima.