Disclaimer: Los personajes son propiedad de S. Meyer y la historia pertenece a She Isn't Here, yo sólo traduzco.
Aviso: La siguiente historia es rated M, tiene contenido sexual, violencia y mal lenguaje.
Gracias a las pesonitas que han dejado su comentarios, a los que añaden la historia a sus favoritos y alertas. También a los que sólo leen, me encantaría saber que les parece el fic hasta ahora...
Ménage
Capítulo 3 - ¿No sientes la electricidad?
Había algo que decir acerca de rebelarte. Puede ser lo más valiente que hayas hecho. También puede ser lo más tonto. Puede definirte. Puede liberarte.
Puede matarte.
A Bella le gustaba pensar que era valiente y fuerte en su rebelión. Se decía que no importaba nada más, que valía la pena. Y así era. Tal vez terminara muerta en una zanja, sin corazón, pero por lo menos caería luchando. Y ella había estado luchando durante mucho tiempo. Estaba cansada. No podía recordar la última vez que se había sentido en paz en su vida. Era como un perro maltratado: no confiaba en nadie, siempre estaba en el borde con los dientes al descubierto y sus garras afiladas, y corría como el viento cuando el peligro se presentaba. Si el viento cojeaba y tenía talento para caerse, por supuesto.
Nunca había sido muy fuerte o poderosa, físicamente hablando. Pero era y siempre había sido su principal objetivo mantener la cabeza bien puesta. Si había una cosa que no quería perder, era su mente.
Lástima que la vida se empecinaba en lanzarle rocas gigantes. En realidad, eran más como montañas. En serio, apenas había escapado de un chico malo y ahora la vida le había entregado tres más. El universo la odiaba. Dios la odiaba. ¿Qué era ella contra ellos? ¿Otra prueba? Ella estaba lastimada, no podía defenderse y ¿qué posibilidades tenía ella en contra de tres hombres?
Ni siquiera pudo llegar a la puerta principal. El grande con el pelo rizado y grandes músculos la había cargado encima del hombro como si no pesara nada. Y, teniendo en cuenta esos impresionantes y aterradores músculos, no le tomó ningún esfuerzo levantarla.
Sabía que había cometido un error. Había tres de ellos, una de ella. No era justo.
El gran gorila la dejó caer sobre un sofá en lo que supuso era la sala de estar.
Se pararon frente a ella, formando un semicírculo. Conoció las miradas furiosas de los hombres cuando miró hacia arriba. Bella sabía lo que era ser considerada poco amable, pero no estaba segura de si esto era lo mismo. Estaban enojados, eso era obvio. El rubio, sobre todo. ¿Quién diablos eran esos tipos? Consideró que podrían estar involucrados en la esclavitud sexual. Tal vez sólo odiaban a las mujeres. Tal vez eran caníbales. O tal vez no. El más grande se veía como si pudiera comer un caballo, sin embargo.
El que tenía el pelo despeinado dio un paso adelante, y ella se estremeció, aunque intentó con todas sus fuerzas no hacerlo. Se detuvo a medio paso, frunciendo el ceño.
El rubio tenía los brazos cruzados sobre el pecho. Parecía el más enojado. Los otros por lo menos parecían más suaves. Éste parecía que nunca había sonreído en toda su vida.
Realmente debería poner nombres a sus caras. No estaría bien que los llamara hombre gorila o el tipo del cabello desordenado.
Tal vez si ella era agradable, no le harían daño en este momento. Podía ser amable.
El del pelo raro le tocó la mejilla, asustándola. –Amor, sé que estás confundida, pero estás a salvo. No tengas miedo, no vamos a hacerte daño.- Él sonrió, con una de esas sonrisas torcidas que se suponía derretían bragas y detenían el tráfico. Bella apenas parpadeó, su sonrisa vaciló.
-¿Quién eres tu?- ella preguntó, feliz de que su voz saliera fuerte y confiada, que era lo único que podía esperar.
Él sonrió de nuevo, aliviado de que por fin estaban llegando a alguna parte. –Edward. Edward Cullen. Encantado de conocerte.- Ella miró a los otros dos, levantando las cejas.
El grande respondió primero –Emmett Cullen, el guapo.- Le guiñó un ojo. Ella trató de no resoplar.
Luego vi al rubio de intimidantes ojos azul intenso. Ella no confiaba en los ojos azules.
Esperó a que él dijera algo. En cambio, continuó observándola detenidamente, como si no hubiera recibido suficiente atención antes.
-Jasper Cullen- dijo. No había una pizca de calidez en él, estaba segura.
¿Así que ellos estaban relacionados? Hermanos, tal vez, a pesar de que todos parecían diferentes, salvo por la piel pálida y una cierta semejanza en la estructura ósea.
-¿Y tú, querida?- preguntó Jasper. Querían saber su nombre. Una parte de ella pensaba que ya sabían quién era y sólo estaban jugando con ella. Su primera suposición fue que estaban de acuerdo con él, pero era posible que sinceramente fueran inocentes en todo esto. Pues bien, no entendía por qué la mantenían allí y la llamaban "amor" y "cariño" y todas esas tonterías. Era espeluznante y no tenía ningún sentido. Ellos no eran normales, lo que sea que fuera "normal", y ella estaba segura de que no quería darse cuenta de la cantidad de cordura que les faltaba.
Lo último que necesitaba en la vida era un conjunto de hombres peligrosos con problemas mentales. Pero al parecer eso es lo que eran.
-Bueno, no tienes que ser tímida, amor.- Edward dijo, riendo entre dientes. Ella era tan adorable, tan tímida, y tan mala en ocultarlo. Ya la amaba.
Tosiendo, respondió –Bella.-
-Perfecto.- Edward dijo. –Un bonito nombre para una chica hermosa.- Dios, que cursi. Bella apostaría cualquier cosa a que él tenía un libro de malas frases para conquistar memorizado en su cabeza.
Jasper avanzaba, muy a su pesar. La odiaba, ella lo sabía. Luego se sentó junto a ella dejando apenas una pulgada entre ellos. Ella desvió la mirada hacia el suelo, no queriendo ser quemada por esa mirada severa. ¿Alguna vez mejoraría?
-Bueno, querida- dijo –ahora que hemos sido debidamente presentados, creo que ya es hora de que hablemos.- Bella se preparó para lo peor. -¿Por qué corres?- Bella giró la cabeza hacia él, sorprendida por la pregunta.
-¿Qué quieres decir? ¿Por qué no corro? Esa es una pregunta estúpida, ya sabes.- Ella sería la primera en admitir, que en ocasiones, hablaba sin pensar. A veces las palabras salían solas y se metía en problemas. Por la expresión perpleja en su cara, sabía que ésta era una de esas veces. No era un hombre feliz.
-¿Estúpida? Creo que es una pregunta perfectamente apropiada y sería prudente que la contestaras.- él estaba muy cerca de su cara, pero ella no quería ser una cobarde. No quería dar marcha atrás y dejarse ganar.
Llevaba una dura máscara. A menudo la gente pensaba que era insensible y frío. Odiaba asustarla, claro. Pero ella estaba siendo irracional y ridícula. Él comprendía que ella estaba aún molesta por lo que le había sucedido antes, pero eso no era excusa para insultar.
-Hmm, vamos a ver – dijo Bella, dejando que su ira sacara lo mejor de ella. -¿por qué, posiblemente yo soñaría siquiera con correr? Bueno querido, para empezar, me desperté en una casa extraña, en una cama extraña, con sólo una camisa. ¿Dónde está mi ropa interior, enfermo pervertido? Ah, y luego aparecen ustedes llamándome mierdas como "cariño" o "amor" como si fuéramos amantes o algo así.- Pronto, pensaron los tres. –No te conozco y no quiero conocerte. Quiero irme, de preferencia sin ser maltratada.-
Bella no estaba demasiado optimista acerca de que conseguir lo que quería, pero tenía que intentarlo. Fue una declaración audaz, y tal vez un poco tonta.
Jasper hizo algo perturbador entonces. Él sonrió. No una sonrisa feliz, sino una que decía que algo estaba por venir.
-Cariño, creo que te has golpeado la cabeza. No sabes lo que estás diciendo.- Jasper la tomó de la barbilla. Ella se encogió, pero su agarre era fuerte. –Te llamamos amor y cariño, porque eres nuestro amor.-
Bella frunció el ceño. ¿Qué significaba eso exactamente? Sonaba mal. Y él la odiaba. No había amor para declarar.
Jasper notó su confusión. -¿No lo sientes, Bella?- Edward y Emmett escuchaban atentamente. Este era el momento que habían estado esperando.
-¿Sentir qué?-
-La electricidad-
-No entiendo…-
-Estamos destinados a estar juntos, Bella. Tú eres nuestra y nosotros tuyos.- Los ojos de Bella se abrieron con miedo. Se pasó los dedos por su largo cabello. –Te amamos Bella. Tú nos amas, también. Sólo relájate y deja que nosotros nos encarguemos de ti. Hemos estado esperando por ti. No tienes idea de lo feliz que estamos de que estés aquí, aunque las circunstancias sean malas. Pero vamos a encargarnos de eso muy pronto.- Él frunció el ceño al pensar en el hombre que golpeó a su Bella, pero borró su expresión con la misma rapidez, recordando la bendición que llegó a ellos esa noche. –Todos podemos ser felices ahora. No hay que esperar más.-
¡Sigue esperando, amigo! Porque yo no soy tu amor. Ugh.
La mente de Bella era un caos. Ellos estaban locos. O drogados. Mal, de cualquier manera. Tenía que pensar rápido y dispersar la situación, convencerlos de alguna manera de que ella no era su amor… o lo que sea que creyeran. Eso era sin duda lo más extraño que había escuchado nunca.
-Umm…no, no, eso no es correcto. Aparte del hecho de que es, um, imposible para cuatro personas estar en una misma… relación… eres demasiado viejo para mi.- Bueno, eso era una mentira. Tenía dieciocho años. Legal, pero joven, muy joven, y aunque ella no sabía su edad, estaba segura de que eran unos cuantos años más grandes. Bella rezó para que la cuestión de la edad lograra disuadirlos. Muy bien, por lo que sabía a algunos pervertidos les gustaban los menores, pero también había a quienes les gustaban con experiencia. Personalmente pensaba que era asqueroso. El sexo en general era desagradable para ella, pero si creían que no podía satisfacerlos sexualmente, a lo mejor reconsideraran todo ese destino de mierda del que hablaban. Pero probablemente no sería así. ¿No había escuchado que la mayoría de los hombres preferían a las vírgenes inocentes?
Ninguno de los Cullen parecía desanimado. -¿Cuántos años tienes, nena?- ¡Ya deténganse con los apodos!
-Diecisiete.- Mintió. Edward se arrodilló frente a ella, demasiado cerca, en su opinión. Emmett se quedó atrás, se dio cuenta, agradecía que al menos uno de ellos estuviera siendo respetuoso.
-Está bien. Tú no eres una niña. Incluso si lo fueras, te esperaríamos.- le informó Edward.
Enfermos, tres hombres enfermos. En el fondo de su mente, Bella se preguntó si había cámaras ocultas en la casa. Esto era todo tan bizarro y poco probable. ¿Cómo podían estar hablando en serio?
Estaba tan horrorizada, que no se dio cuenta de que Jasper se había inclinado hacia ella.
¡Iba a darle un beso!
-¡No!- Bella lo rechazó, indignada y enojada. ¡¿Cómo se atreve?!
Jasper se sorprendió, pero eso no le impidió volver a intentarlo.
-Jazz, retrocede.-
Bella miró a Emmett. Él la estaba defendiendo.
Jasper se levantó, furioso. –Tengo derecho a besar a mi mujer si quiero, Emmett. No me digas qué hacer.-
-Ven aquí.- siseó Emmett, indicando la sala de al lado. Jasper asintió, apretando la mandíbula, y señaló a Edward para que vigilara a Bella y se asegurara de que no volviera a intentar marcharse.
Jasper odiaba que lo manden.
Emmett lo acorraló. –Ella no está lista, Jazz. ¡Por el amor de Dios, dale tiempo! Está asustada y no nos conoce. Míralo desde su punto de vista. Un grupo le dicen que está destinada, que son almas gemelas y que, básicamente no tiene otra opción. No sabemos lo que le ha pasado, pero si sabemos que está traumatizada, y forzarla no le ayudará.-
Jasper apretó los puños. –Pero le dije que vamos a protegerla y que está a salvo. No se supone que tome esa actitud. Se supone que debería corresponder nuestro amor, no rechazarnos, incluso si se trata de una situación peculiar. Ella debió sentir la conexión. ¡Tenía que hacerlo! Nosotros lo hicimos. Estoy harto de esperar, Emmett. He estado esperando por casi veintisiete años y no puedo esperar mucho más ahora que la hemos encontrado, ahora que en realidad está en nuestra propia casa.-
Emmett se frotó la frente. Algo que era muy inusual para un hombre normalmente sin preocupaciones. –Hombre, obligarla no hará que ella nos ame. Vas a hacer que nos odie. Así que haznos un favor a todos y cálmate. Ella estará lista para nosotros con el tiempo, ¿de acuerdo? Ten un poco de paciencia. Ella vale la pena.-
Jasper entrecerró los ojos, considerando lo que dijo su hermano. Aceptó. –Pensé que yo era el mayor.-
Emmett bufó. –No, yo soy el mayor. Y más maduro.-
Jasper rio por lo bajo. –Claro, lo que tú digas.- Luego se puso serio. -¿Crees que trate de huir de nuevo? Ella sabe que somos los buenos.-
-No me sorprendería. Ella no confía en nosotros.- Emmett suspiró. –Tenemos que averiguar que le pasó y quién le hizo daño.-
Jasper asintió. –Y matar al hijo de puta.-
-Por supuesto. ¿Estamos bien?-
-Sí, aunque no va a ser fácil.-
-Lo entiendo. También quiero besarla, y tenerla desnuda lo antes posible, pero supongo que tendré que esperar por todas esas cosas buenas.-
Edward la miraba como si fuera la cosa más preciosa del mundo. Era desconcertante. Bella se deslizó lo más lejos de él como podía, no quería ofenderlo, pero quería evitar más ataques a sus labios.
Ella miró a Jasper con cautela cuando regresó con Emmett. Esta vez se sentó en el otro extremo del sofá, dándole espacio suficiente para que no se sintiera amenazada. Lo que sea que Emmett le dijera había surtido efecto.
-Lo siento por eso.- dijo Jasper –Es duro resistirse cuando estás allí. Pero,- él se inclinó más cerca –sabes que yo nunca te haría daño, ¿verdad cariño?-
-Por supuesto.- Bella estuvo de acuerdo, aunque desde luego no lo sabía. Locos. No paraban de decir que nunca le harían daño, y eso le hacía pensar que si lo harían. No eran muy buenos en la persuasión.
Bella decidió ser amable, reconociendo que no le haría ningún bien contrariar a estos hombres. Si ellos se comportaban, así lo haría ella.
Y siempre había una pequeña posibilidad de que se olvidaran de todo ese absurdo amor.
-Me vendaron- ella dijo. Acariciando las vendas que cubrían sus heridas. –Gracias.-
No, eso no era difícil. ¿Verdad? Si intentaba ser dulce, sería más fácil.
Los hermanos sonrieron. –De nada, Bella.- Jasper sonrió. -¿Puedo hacerte una pregunta?-
Bella asintió con la cabeza, un poco reticente, pero se alegró de que no estuviera siendo tan exigente como antes.
-¿Por qué no quieres ir al hospital?-
Oh. Mala pregunta. Se removió en su asiento. –Um… ya sabes…-
-No, no sabemos. Estábamos muy preocupados, pero la idea de ir parecía asustarte, así que decidimos que podíamos manejarlo aquí. ¿Por qué te asusta?-
Bella jugueteó con sus dedos. ¿Podía confiar en ellos? Probablemente no, pero si estaban mintiendo, ahora era el momento de averiguarlo.
-Él…él trabaja allí. James, quiero decir.-
James. El nombre envió una sacudida de rabia a través de ellos. Ese jodido James era su novio, y un doctor.
-¿Es un doctor?- preguntó Edward.
Bella asintió con la cabeza. -¿De verdad no lo conocen?- Todavía tenía sospechas.
-No, ¿deberíamos?- ese era Emmett, sinceramente confundido con la pregunta.
-Y a mí. ¿Ustedes nunca me habían visto o escuchado de mí antes? ¿No saben quién es James, nunca lo conocieron? ¿Ninguno de ustedes?-
-Por supuesto que no- ellos fruncieron el ceño. Ellos habrían recordado encontrarse con ella, o simplemente haberla visto.
Bella dejó escapar un suspiro de alivio. Ellos estaban diciendo la verdad, por lo que ella podía decir. Podían ser fenómenos, pero por lo menos no eran amigos de James.
Ella no quería nada más que irse en este momento. Ella no quería hablar de esto, de él. Y ellos querían saber, porque era natural sentir curiosidad.
Tenía que tratar de salir de allí. Cuanto más tiempo se quedara más probable era que la encontrara.
Y los Cullen eran todavía un montón de bichos raros.
-¿Puedo irme ahora?-
Los ojos de Jasper se oscurecieron. Ella estaba siendo irracional otra vez. –No.-
Los ojos de Bella se llenaron de lágrimas. -¿Por qué? ¡No pueden retenerme aquí! Puedo irme si quiero.-
-No, no puedes.-
-¡Yo no soy una prisionera! Déjenme ir. No pueden mantenerme aquí contra mi voluntad.-
-Sí podemos. Estamos ayudándote y maldita sea perteneces aquí. ¿Y dónde mierda piensas ir, de todos modos?- Jasper la agarró por los hombros. -¿Volverás con él? ¿Es eso lo que quieres? ¿Quieres regresar con el cabrón que te hizo esto? Bueno, ¿adivina qué? Puedes irte olvidando de tu novio Bella. Ningún bastardo que trate así a su mujer merece vivir. Y tú eres nuestra. ¿Lo entiendes?-
Bella se quedó un momento en silencio. Las lágrimas corrían por su rostro. –Él no es mi novio.- Susurró.
-Oh, sí, y ¿quién es?-
-Él es mi papá.-
¿Qué tal? ¿Se lo esperaban? Déjenme saber que piensan de este capítulo. Nos vemos el martes con el próximo. ¡Que tengan un excelente fin de semana! :)
