Prosa III

"Close you eyes and surrender to your darkest dreams, purge your thoughts of the life you knew before. Close your eyes, let your spirit start to soar
And you'll live as you've never lived before…"


Gime sobre su boca y le exige que lo mire a los ojos. La agarra por las nalgas para impedir que se haga daño con la pared, pero eso no impide que él la siga embistiendo como si no existiera mañana.

Ella se aferra con las uñas a su espalda, y sin quitar los ojos claros de los de él, lo ayuda con las embestidas ofreciéndole movimientos circulares que lo vuelven loco.

Clava la boca en el cuello de ella embriagándose con el aroma entre perfume francés y sudor. Él sólo desea que ese día no acabe jamás, pero sabe que debe regresar y pretender que todo sigue estando en orden mientras ella se mantiene lejos, escondida detrás de un escenario, practicando acordes que sólo le sirven para comunicar cuánto lo necesita cada vez que se presenta.

Por suerte, siempre ha funcionado, y él sabe cuándo ella lo necesita: justo ahora, en medio de embestidas y sacudidas frenéticas.
Caen al suelo lentamente y siguen la danza sobre el parqué, con ella sentada sobre él moviendo sus caderas por última vez hasta gritar como si de animales se tratara.

Se quedan así, y aunque él está agotado continúa saboreando con lentitud el cuello y los pechos. A ella la piel se le pone de gallina y le agarra la cara con ambas manos para besarlo con pasión. El gime y no la suelta, la enrosca entre sus brazos aún sin haber salido de dentro de ella. Sabe que ya no puede alargar más el tiempo, que es ahora o nunca.

—Me caso mañana—le susurra con agonía.

Su corazón se congela cuando ella se separa lentamente, sabían que ese día llegaría, pero no tolera ver sus ojos de cielo congelarse por la desilusión.

—Y yo me voy a Paris—le anuncia.

Y repentinamente su cuerpo se pone frío, hasta el punto de olvidar el calor de la pasión vivida hace pocos instantes.