Disclaimer: Los personajes de Sailor Moon son exclusivos de Naoko Takeuchi. Esta historia me pertenece al igual que la frase final de mis comentarios. Esta historia no es a fin de lucro.

´¨)

¸.-´¸.- ´¨) ¸.- ¨)

(¸.-´ (¸.-` ´¨) .-´¯`-.-

Soy egoísta, lo sé, pero la necesito conmigo, la extraño, y los celos de verla con otro me están matando. Después de aquella batalla me di cuenta de que no podía permanecer sin ella, pero que malvado es el destino al hacer que ella no me conociera.

´¨)

¸.-´¸.- ´¨) ¸.- ¨)

(¸.-´ (¸.-` ´¨) .-´¯`-.-

Recuérdame

Entrega

Pasaba su mano por el suave pelaje de singular color. Podría jurar que era de un purpura oscuro, pero sería imposible, prefería decir que su vista estaba turbada por las luces de la habitación. Su ¿habitación? la cárcel, sería mejor para nombrarla.

No era fea, ni mucho menos fuera de gusto o con aire infantil, el problema radicaba que se sentía presa dentro de esas cuatro paredes cuando él no estaba con ella, sentía un vacío en el pecho al recordar todas las noches de entrega total, todas las mañas que se levantaba con una fina sabana sobre su cintura y las manos de él sobre sus senos desnudos, las piernas entrelazadas, su miembro entre sus nalgas. Simplemente maravilloso, era una sensación única, pero los resultados después de la despedida eran nefastos. Quería muchas veces olvidarlo, tratar y luchar para que lo de ellos fuera como antes y no como esa relación de dependencia que tenían.

Querer olvidarse de lo de ellos, era como querer jugar con víboras venenosas, o jugar con el diablo apostando el alma, cosas con las cuales saldría lastimada.

Miro como esa criaturita dormía sin preocupación alguna, moviéndose de vez en cuando, buscando una mejor posición; envidio su paz por un momento, después de todo ¿Cuántas preocupaciones atrapan a una gata? Tal vez la cena, la siesta o ser consentidos, lo cierto es que ya estaba divagando en cosas sin sentido y aparte se sentía bien con ella misma, por el simple hecho de haber salvado a la gatita ¿Purpura? No, mejor diría que negra. Esa criaturita por más pequeña que fuera, no debería morir. Daba gracias al cielo, estar en el lugar y momento indicado.

Había dejado su moto aparcada al frente de un almacén, siguiendo su paseo a pie. El aire fresco de otoño le limpio las preocupaciones. Adoraba el frio, la nieve y la lluvia, aunque para otros fuera tedioso, ella sabía lo especial que eran esos días.

Ella era especial, extraña, diferente. No era la típica niña rica que se pavoneaba de la riqueza, pero tampoco era aquella que decía lo que sentía. Era el blanco de críticas, de la prensa y de la elite. Era la única con defectos, porque la gente sólo sabía hablar de ella. Era la más rara porque ella le gustaba caminar debajo de lloviznas, sin una gota de maquillaje. Era extraña por que odiaba la ropa de marca y compraba cosas de bajo precio. ¿Qué tenía de malo ser diferente?, las personas son como animales, dentro de manadas, donde todos siguen lo que se les rige. Ella era diferente y así seguiría.

Se sentó en una banca del parque, observando a las personas "normales" caminando con amigos o solos. Vio los niños con sus padres, riendo al ver las hojas caer, unos, tal vez contaban sus travesuras del colegio o podría ser que pedían un helado. Vio las sonrisas cristalinas de los padres, los ojitos brillosos de los niños y una parte de ella añoro estar así.

-Tonterías Serena, tu jamás estarás así-se reprendió en voz baja.

Se levantó dispuesta a irse, su estado de ánimo cambio de forma radical. Acomodo su chaqueta se colocó sus gafas y camino fuera del parque. Sus pensamientos, la hicieron caminar muy lejos, de donde había aparcado la moto. Estaba segura, que tendría que caminar un buen tramo para llegar donde la había dejado y fue cuando todo pasó.

Una gatita cruzaba la calle, las luces cambiaron a rojo, un auto venía a gran velocidad, la gatita no tendría tiempo de salir corriendo, y para su sorpresa, hizo algo que en definitivo no estaría catalogado en el rango de lo normal.

Se lanzó a la calle, tomando a la gatita entre sus brazos, esperando que el golpe llegara; el chirrido de los neumáticos, los gritos de la gente, hicieron que abriera sus ojos, los cuales cerró para esperar la colisión.

-¡Es que acaso está usted loca!- escucho que alguien gritaba, pero ella solo pudo ver a la gatita sana y salva.

-Algo así me han dicho antes- le respondió a la persona. Este solo la miro como si viera una aparición. Era hermosa en definitivo.

-No debería arriesgar su vida por un gato- le dijo este. Las personas que se habían amontonado, se esparcieron dejando la calle desolada. Sólo en ella se encontraban Serena, la gatita, el auto y por supuesto el chofer.

-No es sólo unan gata, es mi gatita- no supo porque dijo eso, pero dentro de sí, sintió que era cierto.

-Mucho gusto, mi nombre es…- trato de decirle este.

-No me interesa en lo más mínimo. Una persona que piensa que la vida de un animal no vale tanto, como para querer arriesgar su vida, es una persona con la que me limitaría a entablar una conversación. Si me disculpa, tengo cosas que hacer.

Con la hermosura que la caracterizaba y el andar agraciado, de años de estudio en escuelas de modales, se levantó del suelo, con la pequeña minina.

-Te cuidare, hasta que vengan por ti.

Pensó por un momento, que sería lindo tenerla para ella, pero tal vez habría alguien afuera, buscándola. Pero mientras la dueña o dueño la reclamara, ella la cuidaría como si fuera suya desde que nació.

-Cuidare de ti pequeña, te lo prometo.

Dejo a la gatita acomodada en su cama, mientras ella salía de la habitación. Se encontró en la biblioteca a una chica de cabello rojizo.

-Naru, ¿Has visto a Britani?- esta se exalto por la sorpresa, sacándole una sonrisa a Serena.

-Estaba en el jardín hace quince minutos.

Serena camino por los largos pasillos, de aquella mansión, escuchando en su memoria, las risas de otros, los llantos y alegrías, los gritos y la desolación. La culpa la carcomía, la acompañaba noche y día.

-Piensas quedarte con la minina- le pregunto la peli roja, cuando Serena se sentó con su semblante serio al frente de ella.

-Si los dueños verdaderos no aparecen en tres días, la tomare como mía.

-A su padre…

-Britani…- la voz de Serena bajo unas tres octavas, mientras sobaba las sienes con sus dedos.

-Si mi niña.

-Eres lo más parecido a una hermana, a una amiga y una confidente, pero cada vez que hablamos de mi padre, sacas la peor parte de mí. Odio molestarme contigo, inclusive gritarte. Pero detesto que me recuerdes que ese señor, al que tú dices llamarlo mi padre, me haga la vida de cuadros. Siento que he desperdiciado mis años.

-¿Ah que se refiere señorita?

-Ah que cada paso que di, lo hacía sólo por escuchar una ovación de parte de él, he tratado siempre de hacer lo que él quiere, de hacer las cosas que esperaba de sus hijos, cosas que a fin de cuenta ni me gustaban, pero yo, sólo quería escuchar un "Te quiero" de su parte, pero siempre he sido, y seré la razón por la que su matrimonio casi se va a pique.

-No diga eso Señorita.

-Es la verdad Britani, si no fuera porque mi madre tiene un corazón de oro, estaría quien sabe dónde. Todos en esta "casa", me tratan de forma diferente. Eh querido siempre poder encajar aquí o en cualquier lugar donde vaya, pero me siento fuera de lugar, como si esta vida no fuera mía, como si estuviera en el lugar equivocado. A veces cuando veo las revistas del corazón y me veo a lado de Jeremi, me pongo a pensar, de verdad todos piensan que ese intento de sonrisa es real, aquellas chicas de preparatoria, que leen las revistas para pensar que los príncipes existen y leen la historia de cómo nos conocimos, piensan que es real. Es cliché, hasta un punto que enferma. Eso de "se conocen desde niños". Es ridículo. Pero me esto saltando a otro tema. La cuestión es que estoy harta de esta vida, pienso que ya di todo lo que podía dar, y que donde me encuentro no soy nadie, estoy vacía, no tengo sueños ni ambiciones, estoy en una carrera que ni siquiera me gusta, sólo para que el señor Ogawa se sienta orgulloso de mí. Es estúpido, pero creo que he tomado una decisión, quiero hacer cosas diferentes, tratar con gente distinta, ir a lugares sin tener que ir con un arsenal de guardaespaldas siguiéndome la pista.

Quiero salir con chicos de mi edad, tener amigas, tener personas con las que puedo mantener un rato agradable. Es cierto que salgo a bailar o al cine con chicos de la universidad, pero es por pura cortesía, porque para mí todos están cortados con la misma tijera. He tratado de conocerlos, pero todos me demuestran que la única razón por la que siguen juntos es el dinero o negocios que tienen sus padres. No iré más a la universidad Waseda, hare el examen de ingreso para la universidad de Tokio, tal vez puedan convalidarme materias, pero lo único que quiero hacer, es algo con lo que yo me sienta bien conmigo misma, y si Ogawa no me apoya, pues entonces me pondré a trabajar.

-Si algo con lo que me siento feliz, es que haya compartido esto conmigo señorita, pero no comparto el hecho que diga que la tratamos diferente. Si bien, los empleados le dicen Señorita y no la llaman por su nombre de pila, es porque-Britani bajo la cabeza apenada- Por que el señor así lo dispuso desde un principio. Pero no sienta que aquí no la quieren, todos la adoran, por ser como es, la cuestión es que muchas veces usted se pone a la defensiva y no deja que nadie se le acerque. Nos gusta verla con su sonrisa, esa misma que tiene desde unas horas que vino con la gatita en sus brazos. Espero verla más seguido- Serena sonrió de manera sincera.

-Voy a ver cómo sigue Luna, me avisas si alguien vienen a reclamarla.

-¿Luna?, tiene placa.

-No, eso es lo más raro, que no la tiene, pero en su cabecita tiene una especia de luna, asique pensé en ese nombre por si se queda- se levantó de la mesa y camino a la puerta.

-Por cierto Bri- le dijo sin voltearse a verla.

-Si señorita.

-Me gusta más cuando me dices mi niña- una sonrisa se dibujó en los labios de Britani. Serena podía ser, rebelde, malcriada, altanera, pero seguía conservando ese carisma de niña pequeña.

-A mí también me gusta llamarte a sí, mi niña.

Cuatro chicas, corrían por los alrededores de la ciudad. El sentimiento de miedo era latente en cada una de ellas. Sentían que el aire les faltaba, pero seguirían buscando.

-Luna lleva dos días desaparecida, ¿Creen que algo malo le haya pasado?

-¡Mina!, si pensáramos que Luna está bien, no la estuviéramos buscando- grito a punto del colapse nervioso una hermosa pelinegra.

-No debes de ser tan mala Rei, todos estamos preocupados, pero no es la mejor forma de tratar a los demás- la tranquila Amy, como siempre tratando de calmar las cosas.

-Volvamos al tem…digo, volvamos a casa de Rey- dijo la castaña.

-Es extraño, no lo creen.

-El que Mina- pregunto la pelinegra.

-Hace un tiempo atrás, no sé cuándo, nos reuníamos tal vez en el templo donde tú eras sacerdotisa, Serena y yo llegábamos tarde a las reuniones, y siempre nos reñías por ello. A veces pienso que esto es un sueño, pero cuando cierro y abro los ojos, y me encuentro en el mismo sitio, siento que es un castigo, por algo. Extraño esos viejos tiempos, en el que luchar era el pan de cada día, en el que las mentiras, para poder ocultar los golpes se volvieron cosa de siempre. Pero extraño nuestra antigua vida, por mucho que me guste la que tengo ahora, pero extraño a Serena- se le quebró la voz.

-Mina- dijeron todas con pesar.

-Al final, siempre terminaremos separándonos. Esto es el principio de algo que se vendrá dando a medida que pasen los años. Cada una seguirá escogiendo un camino distinto, y cuando nos demos cuenta, estaremos separadas.

-No digas tonterías Mina, nosotras… si al final nos separaremos- Amy no pudo evitar llorar. Era cierto, la vida tiene muchos caminos, y tal vez en uno de esos tantos, se tuvieron que separar de Serena.

Hacía dos días de los cuales despertó. Lo primero que vieron sus ojitos, fue el rostro de su princesa, y si no fuese por la figura que estaba a su lado, no habrá dudado en hablarle. Estaba confundida, ¿Dónde se encontraba? y porque estaba en esa habitación tan grande. Sus dudas fueron quitadas, cuando Serena le contaba a su visitante, que la salvo de ser arrollada por un auto. Desde ese día, se quedó en esa habitación que al parecer era de ella. No quería salir y adentrarse en el mundo de ella, le daba pavor, saber que podía encontrar.

-Mira que ya has despertado. Había escuchado que los gatos duermen mucho, pero no creo que esto sea normal. Ven bonita, te traje algo.

Luna estaba encantada con Serena, era tan dulce y amable. Tan refinada y educada, y se le veía muy feliz, rebosante de felicidad. Bajo de la cama, a los pies de su dueña, para ver qué era lo que le traía. Era tan fácil hacerse pasar por una mascota y más de una chica como ella.

-Mañana, es el último día, que pusimos para que te vengan a retirar, si nadie te reclama como suya, te quedaras conmigo, ¿Te agrada la idea?- por respuesta Serena recibió un maullido- Pues a mí también me encanta la idea. Ahora bien, quiero salir a dar una vuelta, pero quiero ir contigo, asique te traje esto.

Serena saco de una cajita que Luna no había visto hasta ahora. Pasaba eso cada vez que la miraba. Era tan distinta a como la recordaba. Se veía más femenina, más delicada, muy idéntica a la imagen de la princesa Serenity.

Luna observo, la pequeña correa, de cuentas plateadas, con una placa con el nombre de Luna en ella. Era hermosa, y no parecía los típicos collares que utilizaban los demás animales.

-Te queda hermosa, ahora venga, vamos a ir a comprarte cosas para ti, ya que veo que te quedaras conmigo.

-No debería hacerse tanta ilusión con eso señorita- Luna, vio la misma, figura que vio cuando ella despertó. Una chica de cabello naranja recogido en un lazo rojo, uniformada en azul. Su cabeza empezó a buscar de donde la conocía y el flechazo llego a su mente, era Naru, la chica que estaba con Serena en la escuela.

-Oh Naru, no seas así conmigo, estoy feliz, de que Luna se esté quedando conmigo. Por cierto ¿Jeremi ha llamado?- Naru respondió con una negativa.

-Me dijo que vendría, pero tal parece que mintió- bajo la mirada, para luego reponerse como si nada pasara -Saldré con Luna, dejo mi teléfono en la mesita de noche. Me retiro, nos vemos en la cena.

Luna maulló al ver que su dueña tenía un semblante diferente al que estaba acostumbrada a ver en las revistas que las chicas leían, o lo que ella estaba viendo en esos dos días.

-Estoy bien bonita, es sólo que extraño a una persona muy especial- le contesto con una sonrisa triste.

Ese día, Luna la paso estupendo. Serena hizo gala de su imagen, para que se le permitiera entrar con la gatita a todos los sitios. Desde el spa, hasta un restaurante de comida Francesa. Fueron a comprar accesorios en la tienda de mascotas, como un canasto para que durmiera, dorado con detalles rosas. Plato, cepillo, shampoo, y otras cosas más para mimarla. Luna se sentía diferente, extrañaba mucho a Serena y si por ella fuera se quedaría con ella, hasta que recordara y si no lo hacía, pues igual se quedaría, pero había escuchado, que Serena mando a pegar anuncios por las calles de Shinjuku, para que la retiraran, aunque la rubia se mostraba reacia a eso y sabía que cuando las Senshis vieran el anuncio la irían a buscar de inmediato.

Cuando llegaron a casa, Serena tenía un semblante cansado y fue cuando Luna tomo en cuenta de las ojeras que mostraba su dueña, aparte que fue razón para ahondar en sus ojos. En ellos vio desolación, dolor, tristeza y culpa. Se preguntó por qué una chica que lo tiene todo estaba así, que había de malo en su vida, si en esos dos días la había visto rebosante de felicidad, pero ahora la veía más frágil que nunca, como si un simple soplo la quebrara por completo.

-Señorita, tien…-trato de decirle una de las tantas empleadas de la mansión.

-Ahora no, Kasumi, necesito descansar. Si vez a Naru, dile que siga con mi celular hasta mañana, no me siento de ánimos para llamadas- le dijo con voz cansada.

-Pero señorita.

-Kasumi, a las buenas soy un ángel, pero a las malas- guardo silencio.

Aquella muchacha, asintió apenada y se retiró sin decir una palabra más. Serena subió las escaleras con el sinfín de bolsas, mientras la gatita iba a su lado. Entraron a la habitación, Serena acomodo las cosas, saco lo de Luna y lo puso en lugares específicos. Por último coloco el canasto al lado del gran ventanal-Luna se acomodó en el, sintiendo la suavidad de este; vio cómo su dueña caminaba por su habitación, terminando de acomodar las cosas, y de vez en cuando lanzándole una mirada tierna, aunque sus ojos seguían mostrando tristeza. Vio como la figura de ella se perdía en el cuarto de baño, se puso a recapitular esos dos días que paso con Serena, y algo que le llamaba la atención, es que no había conocido a los padres de ella, ni siquiera los había visto; otra cosa que pudo observar en la mañana y ahora que subieron a la habitación es que la casa, estaba prácticamente vacía de calor hogareño, era como estar en un congelador, pues no se sentía ese ambiente de familia, sin mencionar que no había fotos o retratos, era extraño.

Estaba a punto de quedarse dormida, cuando Serena entro a la habitación, en una estela de humo, el olor a rosas se esparció por toda la habitación. La tomo entre sus brazos y se acostó con ella en la cama. Empezó a acariciarle la cabecita y pasaba de vez en cuando su dedo índice por la marquita singular.

-Sinceramente espero que nadie venga a por ti, me siento tan cómoda contigo, que pienso que me entiendes y me escuchas. Es una tontería, pero a veces me gusta escuchar el silencio, tonto cierto, el silencio no se escucha, se siente- Luna vio los ojos tristes de Serena y tubo las ganas de decirle que siempre estaría con ella, pero en ese momento, un chico, de porte elegante, piel blanca, ojos azules, cabello rubio, vestido de forma sencilla, sólo polo y blue jeans, entro a la habitación.

-Tanto me extrañas, que hablas con los gatos- su voz era pura seducción, la forma en que caminaba para acercarse a la cama destilaba sensualidad. Era él, el muñeco de porcelana que tantas veces hacia a Darien rabiar.

Luna tenía la mirada puesta en ese hombre, era tan atractivo, que si fuera humana no dudara un segundo en ir detrás de él.

-No amor, no llores, soy yo, estoy aquí contigo- dejo de prestarle atención al hombre y vio a su dueña que lloraba silenciosamente. Se alzó ante ella secándole las lágrimas con la lengua, sintiendo el sabor salado de las lágrimas de su princesa.

-Te eh extrañado tanto- le dijo Serena con la voz quebrada.

Y no hubo necesidad de decir más. Los labios ansiosos se encontraron en un beso cargado de necesidad. Las manos inquietas quitando todo aquello que estorbaba. La cabeza de Luna dio vuelta, lo único que fue capaz de hacer, fue salir de la habitación, con cuidado de no molestar a los amantes.

-Amantes, son amantes- pensó dentro de sí, sintiendo como algo en su interior se quebraba poco a poco.

El destino ya estaba trazado, Serena no regresaría con ellos, estaba claro, tenía una vida, una familia, un amante. La palabra resonaba en su cabeza como eco viviente. Antes de Endimión no hubo nadie, antes de Darien Chiba, no hubo nadie, pero ahora en esa vida, Serena tenía a un hombre que la llevaba por los caminos de placer, que la hacía añorar sus besos, sus caricias, haciéndola perder cualquier inicio de cordura.

Tubo deseos de gritar, no podía concebir el hecho de que su princesa fuera una mujer, y que ella no estuviera presente viendo los cambios de su juventud, de cómo se entregó a su primer hombre, para escuchar sus dudas y miedos. No estuvo presente, en ni un momento de su vida, y eso la hacía sentir miserable.

Sintió que la levantaban en vilo, pero no protesto, los brazos acogedores la acunaron contra el pecho, haciéndola escuchar los latidos acompasados de un corazón.

-¿De dónde has salido pequeñita?- Luna miro a su interlocutora, se quedó anonadada, era una mujer hermosa, de cabellos negros, ojos oscuros y piel blanca. Era la fina imagen de una mujer japonesa. Tan hermosa, con su rostro cincelado por ángeles, los labios rojos, los pómulos sonrosados, ¿Es que todos los que estaban alrededor de Serena eran hermosos?

-¡Britani! - llamo la hermosa mujer, cuando se estaban acercando a lo que parecía una biblioteca.

-¡Señora mía!- aquella mujer, que Luna alego que era Britani, tenía los ojos brillosos de felicidad- ¿Cómo ha estado? ¿Cuándo ha regresado? ¿Se quedara largo tiempo?

La mujer que llevaba en brazos a Luna, hizo que Britani tomara asiento en uno de los sillones, de ¿el estudio? no sabía, la cuestión es que era un lugar un poco frio, bueno al igual que toda la casa.

-Oh Britani, tranquila, que no puedo responderte todo a la vez. Mi rehabilitación ha dado final, pero me he tomado la imprudencia de viajar a España- le dijo aquella mujer hermosa a la pelirroja.

-Ah ¿España?.

-Sí, fui a buscar a cierto chico, que tiene a mi pobre hija triste de amor. En este momento deben estar en su encuentro.

-¡Señora!- expreso roja por el comentario Britani.

-Es de mi hija de quien hablo y sé qué hace mucho dejo de ser virgen, asique no veo problema de decir sin tapujos que en este momento ella y Jeremi están en un momento de pura pasión.

-Hay Señora, no me acostumbro a que hable con tanta sencillez, de las relaciones íntimas de su hija.

-Serena ya no es una niña, además hago todo lo que esté en mis manos para hacerla feliz, aunque sea con este presente de traerle a su amante.

Era la madre de Serena, pensó Luna. Pero lo que de sus labios salía, hizo comprender a Luna que Serena ya no era la misma niña de antaño, que alguna vez escogió como una guerrera. Aquella ya no existía, sólo existía en su corazón. Pero tomo una decisión, si Serena quería quedarse con ella, ella sin rechistar lo aceptaría, así tuviera que echarse a todas las Senshis, y a Darien en su contra. La felicidad de su princesa era primero.

-Y dime Britani, ¿Está linda amiguita de dónde salió?

-Bueno señora Asami, la señorita, al parecer la salvo de ser arrollada por un auto. La trajo a casa, pero le he dicho que tal vez sea de alguien, asique ese mismo día, mando a poner, contra su voluntad claro está- la risa de Asami se escuchó por la habitación- Carteles, diciendo que había encontrado a la gatita. Mañana es el último día, si nadie llega, pues entonces ella se quedara con ella.

-¿Qué opinas a respecto de que la gatita se quede?- pregunto Asami.

-No creo que el señor le agrade la idea, pero a la señorita le hace tanta ilusión tenerla aquí.

-Sé que mi marido es un poco brusco con Serena, pero no deja de sentirse culpable; pero si esta pequeña gatita hace feliz a mi hija, pues, tendré que decirles unas cuantas palabras a mi marido para que ella se quede.

-Bueno, iré a avisarle a la señorita que usted ha llegado- Britani se levantó del silloncito, pero fue detenida por una mano delicada.

-No creo que quieras ver a mi hija y su amante en una imagen comprometedora, o ¿sí?

Britania, se puso rojo de nuevo, era difícil mirar a la niña que cuidaste por años, convertida en una mujer.

-Pues tiene razón, es mejor que mañana se entere.

Dos cuerpos se acariciaban con fervor, recorriendo con manos hábiles, un camino conocido. Sólo gemidos, de puro goce se escuchaban en la habitación, acompañado de besos voraces, que demostraban necesidad, tristeza, desolación.

-Te he extrañado mi pequeña- le susurró al oído, aquel hombre de voz seductora.

-No es momento de hablar, hazme tuya, como sólo tú sabes hacerlo- no hubo necesidad de decir algo más, solo suspiros y sonoros gemidos, de sus bocas salían.

Los vaivenes de caderas, en una danza de pura armonía. El sexo entre ellos era bueno, mas no era amor, entregaban sus miedos, añoranzas, y deseos, pero por más que quisieran, el corazón no lo entregaban, en sus entregas de pura pasión.

Eran amantes de puro acto, detrás de la cama no había nada más. Cuando estaban vestidos, agarrados de la mano, sólo eran amigos. Pero cuando sus cuerpos necesitados, se encontraban en la cama, en el piso, en el baño, o cualquier lugar, eran dos amantes, que se entregaban sin importar el mañana. Solo viviendo lo que hoy se les proporcionaba, solo sexo, pasión, lujuria, deseo.

Besos cadenciosos, caricias ardientes, suspiros de placer, siempre fue así y así seguirá, no había más para esa relación, solo la entrega carnal de dos cuerpos que se conocían.

Los movimientos, se acrecentaron, la cúspide estaba llegando. Los gemidos eran más altos, los corazones agitados, sus cuerpos sudados, suspiros, gruñidos, quejidos roncos de puro placer, era lo que se escuchaba en aquella habitación.

La ropa esparcida por el suelo, la luz de luna entrando por el gran ventanal y los amantes con sus caricias y movimientos de necesidad, se veían a través de la fina capa de luz.

Sus cuerpos sudorosos, estando a punto de llegar a su "Petite mort", sus gritos de puro éxtasis, la culminación de su entrega de pasión.

-No me cansare de decirte que eres deliciosa- le hablo con su seductor tono español*

-Mi hermoso caballero, usted es un insaciable *- le dijo esta cuando, sintió las manos traviesas de él, perdiéndose entre sus piernas.

-Claro está, que tres meses sin su presencia, han sido un calvario, sin su cuerpo, sin tu desnudes- sus manos encontraron el botón de placer, juguete con él, mientras susurraba con voz ronca en su oído –Ni una mujer española, logro saciarme como lo haces tú.

-No juegues conmigo Jerry- le hablo a duras penas Serena.

-Vaya, mi muñeca, también es insaciable.

-Pues, he aprendido del mejor a ser una insaciable, ahora te quiero dentro de mi cuerpo- los roles fueron intercambiados, ella se colocó encima de él, empalándose en su miembro erecto.

-No me has dicho que ni un japonés te ha dejado tan saciado como lo hago yo –dijo entrecortado, Serena lo estaba ignorando, entregándose nuevamente al placer.

Su danza erótica, empezó por segunda vez y parecía, que seguiría hasta que el sol saliese, mientras tanto, la luna seria testigo de que aquella mujer, no pertenecía ya a un solo hombre, esa mujer, era de otro y no de quien en milenios estuvo predispuesta.

-¡Serena!- el grito de otro hombre que de una pesadilla despertaba, se perdió en la oscuridad de la noche, el corazón se le partía en pedazos. Su corazón por dentro estaba llorando- Te recuperare mi princesa, juro que lo haré.

*Lo dicen en español castellano.

Notas de la Autora

1. Los personajes de Sailor Moon, son exclusivos de Naoko Takeuchi

2. La historia me pertenece, no puede ser copiada ni subida a otra página sin mi consentimiento.

3. Esta historia esta publicada en Fanfiction bajo el seudónimo de Cleo de Luna

4. Esta historia esta publicada en Whattpad bajo el seudónimo de Jae R. Rod

5. Pueden seguirme en mi página de Facebook: Jae R. Rod

6. Pueden seguirme en mi cuenta de Instagram: jaemmyer

7. Esta historia ha sido editada del capítulo uno al cuatro.

Sin más que decir.

Resultado de un cofre de ideas y una mente desatada

Llena de historias

Que deben ser contadas

Cleo de Luna