Hola hola, bienvenidos al tercer capítulo de mi historia. Protagonizada por, sí exacto, yo mismo.

Ahora, yo mismo me paso a llamar Asahi Ichiraku. ¿Dijiste Ichiraku? Sí, he decido darme un inicio humilde sin un kekkei genkai ni nada para hacerme genial. No me gustan las cosas así. Todo se conseguirá por esfuerzo, o eso planeo.

Agradezco, nuevamente, a las personas que lo dejaron en favs; al que lo dejó en Follow y al que me dejó un review. Gracias, por gente como ustedes es que continúo escribiendo este pobre fic.

Acabo de añadir el cover de la historia, que me representa a mi mismo (más o menos como una descripción algo al azar). Lo hice con anime character maker 2 y ese programa no me pertenece. La katana que tiene en su mano no es la que usaré y debajo de la chaqueta lo cubriré con algo, como vendas para no dejarlo tan al descubierto.

Quizás vean este capítulo algo apresurado, pero como no voy a poder escribir por unos días quise publicarlo antes de que comenzaran los problemas.

Respuestas a reviews:

galer15 x: Me alegro que te gustara la trama. En cuanto a Madara, no, no me dejaré manipular por un viejo tan senil y loco de remate jajaja.

Ligh hodel: Usaré a tu OC y gracias por dejar tu review. Que bueno que te gustara mi forma de narrar las cosas, y espero que te guste este cap.

La pareja ya la decidí, será Asahi x Narumi. Amor lento, eso quiere decir, que tardarán mucho tiempo en encontrar sus sentimientos el uno para el otro. No se preocupen, a Naruto aún no le di pareja.

¿Parejas?: Ustedes deciden. Díganme con quieren que esté Naruto y me adaptaré a sus gustos. Pueden votar por cualquiera que quieran, excepto por Tsunade o cualquier opción que no esté dentro del rango de edades. Tampoco pueden votar por Ayame, ya que para ella tengo otra idea ya planeada.

Si no se dan una idea, acá dejo una lista:

Tenten

Hinata

Ino

Sakura

Shizune

OC (Si elijan esta opción, den una breve descripción de la apariencia)

Y todas las demás mujeres del mundo de Naruto tienen como opción.

Una aclaración: Para mi equipo tomaré dos OC que dos lectores querían que incluyera en la historia. Aparecerán más adelante, pero daré a conocer sus nombres ahora mismo:

Yosuke Hirashi que tendrá afinidad de Raiton.

Shijiku Sumo que tendrá afinidad para el Katon y, quizás más adelante, otra más.

Disclaimer: Naruto no me pertenece. Quizás me perteneciera si pudiera hacer esta historia parte del anime, pero no es así.

Capítulo tres : Bienvenidos a la Academia

—¿Y bien? —pregunté finalmente, mirando disimuladamente hacia ambos Uzumakis.

Estábamos sentados en la barra de Ichiraku, cada uno con un tazón de miso ramen sobre la superficie de madera. No hacía mucho que habíamos llegado al restaurante y, luego de una corta presentación a mi familia, Teuchi había ofrecido servirles un poco de su famoso platillo a cada uno. Por supuesto que se vieron anonadados con la amabilidad que les dedicó el personal del lugar, y Naruto no podía estar más feliz.

Narumi, en cambio, aún no confiaba en nosotros. Lo que más me irritó, fue que con Teuchi y Ayame ella mostrara una educación que yo no creí que tuviese. Me hizo hervir la sangre el verla comportarse tan respetuosamente, ¡Chiquilla del demonio! ¿Acaso me odiaba por salvarlos?.

—¡Es lo más fantástico que probé en mi vida! —exclamó Naruto, esbozando una gran sonrisa. Inmediatamente, alzó sus palillos y comenzó a engullir el ramen a velocidades inhumanas.

Su sonrisa era contagiosa, y pronto yo me reía ante la emoción del Uzumaki. Estaba por preguntarle a su hermana lo que pensaba, pero ella ya parecía tener la respuesta escrita en toda su cara: "Ni lo pienses idiota". Parpadeé ante la mirada de odio que me dirigía la bella joven, sus manos apretaban los palillos con evidente desprecio hacia mí. Pero el gesto no duró mucho, y pronto le estaba sonriendo a su hermano.

Aguantando la molestia que sentía en mi pecho le asentí brevemente a Teuchi, quien me devolvió el gesto rápidamente. Ayame se veía que podía explotar de felicidad —literalmente— ya que ella había ayudado a su padre a preparar el ramen que ahora disfrutábamos. El platillo era delicioso —eso ya lo sabía— y no era la primera vez que yo lo probaba.

Opté por comer más lentamente, mientras miraba de reojo a la chica maleducada. No podía saber que era lo que la hacía odiarme de esa manera, pero tampoco quería darle muchas vueltas al asunto. Realmente me importaba un comino lo que ella pensara de mí.

—¡Ah! ¡Ya sé lo que ocurre aquí! —anunció Ayame de repente, quebrando el confortable silencio en el que nos habíamos sumido. La miré confundido, sus labios estaban curvados en una sonrisa infantil e inocente—. Asahi-chan, ¿por qué no nos dijiste que Narumi-san era tu novia?

Sí tengo que definir lo que pasó después, quizás quedaría marcado como la mayor vergüenza de mi vida. Pero lo haré de todas formas, ya que no puedo privarme de ningún detalle.

Casi en el mismo momento en que Ayame dijo eso, mis párpados se estiraron aún más de lo posible y mi boca se abrió en inesperada sorpresa.

—¿¡QUÉ!? —pero, pese a todo, mi garganta había logrado expulsar un grito que expresaba enteramente shock—. ¿¡Qué demonios dices Neechan!?

Miré por un momento a Teuchi, quien solo suspiró en resignación. Nunca había elevado la voz más de lo normal, pero la estúpida afirmación de Ayame me hizo palidecer. ¿Yo y Narumi una pareja?, ¡Ni en mis sueños estaría con una chica tan odiosa!

¿Quieren saber como reaccionó Ayame?, ella simplemente sacó la lengua y cerró un ojo al tiempo que sonreía. Mi ojo derecho pasó del estado abierto a entrecerrado y retornó a su estado normal en un instante. Se había equivocado, y ahora yo pagaría las consecuencias.

Lo que más me daba miedo, fue lo que podría pensar Naruto y su hermana de todo aquello. No había sido mi error, pero basándome en la actitud de Narumi sabía que me echaría la culpa. Sin embargo, me aterraba la idea de no saber como reaccionaría.

Girando lentamente mi cabeza hacia el costado, mis ojos encontraron primero al Uzumaki varón. Tenía una mueca de confusión en su rostro, pero miraba a Ayame de una manera que indicaba falta de pensamientos. Pronto me miró, se encogió de hombros y volvió a disfrutar de su ramen. Suspiré aliviado por un momento, si a Naruto no le importaba entonces aún tenía oportunidad de salir ileso del asunto.

Tragando sonoramente, mis ojos divagaron hacia la figura de la chica. Seguía sentada, pero su largo cabello rubio ocultaba cualquier emoción que tuviera su rostro. Su cuerpo estaba siendo rodeado de un aura obscura, un chakra tan maligno que —aunque yo no tuviera habilidades sensoriales— era casi palpable en el aire.

—¡N-Narumi-san! ¡Ayame-Neechan dice puras tonterías! —dije, tratando de hacerle entender que algo como eso jamás pasaría. Además, lo correcto sería que se enojara con mi hermanastra y no conmigo... ¿verdad?

Por desgracia para mí, la hija de Teuchi no acudió a mi defensa. Más aún, mi padrastro y Naruto se mantenían ajenos al problema. El primero se había dado media vuelta para continuar cocinando el ramen y el chico rubio seguía en su batalla de poder saborear cada detalle. Cada uno optó por la elección más calma y sabia del momento: ignorar todo.

En ese momento, sólo tenía una palabra para describir mi situación y esa resonó una sola vez en mi mente antes de que escapara del restaurante: "Maldición"

De un salto, me impulsé hacia afuera del pequeño lugar. Mis piernas inmediatamente me acompañaron en mi odisea, moviéndose a velocidades inhumanas.

—¡Espera! ¡no te vayas imbécil! —gritó Narumi, persiguiéndome por las calles de la aldea—. ¡Solo quiero conversar de nuestro futuro juntos!

Yo, sin prestarle atención, esquivé a una joven pareja de aldeanos que caminaba por las calles. Sí seguro, ¿a quien creía que trataba de engañar?. Era un niño en cuerpo, pero mi mente tenía la inteligencia de un chico de 18 años. Sabía que trataba de confundirme empleando psicología inversa; además, ¡yo nunca mencioné nada acerca de noviazgo!


Llegué hacia Ichiraku, jadeando y apretándome el pecho. La había despistado, pero la persecución había durado como una hora. Narumi, pese a su pequeño cuerpo, tenía una velocidad y resistencia enormes. Quizás era por que tenía el Kyuubi sellado en su interior, aunque eso no lo sabía. Debería averiguarlo con el tiempo, ya que suponía que ni ella ni Naruto lo sabrían.

Aún sin poder ponerme de pie, me arrastré hacia el interior del restaurante. Lo primero que vi, fue a Naruto hablando animadamente con Ayame y Teuchi. Seguramente, le estaban haciendo preguntas.

—Agua... necesito... tomar... —mi cansancio no me permitió articular la oración correctamente, pero fue suficiente para atraer la atención de los tres hacia mí.

—¿Asahi-chan? ¡que bueno que llegaste! —dijo Ayame, ignorando mi estado de agotamiento—. Naruto-san nos estaba hablando de su hermana, ¡hacen una pareja encantadora!

Por suerte para mí, aquella oración hizo que mi cuerpo se recuperara milagrosamente del previo estado en el que estaba sumido. Poniéndome de pie con una mueca de exasperación, abrí la pequeña puerta-trampa en la barra que permitía pasar hacia el otro lado. Apartando a Ayame, me serví un poco de agua en un vaso y bebí desesperadamente.

Sonreí por un instante, el agua revitalizó casi instantáneamente mi vitalidad.

—Neechan, realmente estás equivocada —aseguré, mirándola por el rabillo de mi ojo derecho. Mi rostro demostraba total seriedad, y ni una simple sonrisa se hizo presente—. Narumi es... alguien que aún no conozco muy bien, al igual que Naruto. Pero puedo asegurarte que entre nosotros no ocurre ni OCURRIRÁ nada. ¿Entiendes ahora?

Ayame puso una mano debajo de su mentón, sus cejas se arquearon en una mueca de confusión. Teuchi y el Uzumaki me miraron con sorpresa, sus propias atenciones se concentraron enteramente en mí.

—Eso creo, Asahi-chan —anunció finalmente Ayame, haciendo una profunda reverencia hacia el chico rubio—. Lamento mi anterior comportamiento, y prometo que no se repetirá.

Tanto Naruto como yo mismo no podíamos creer lo que veíamos. Aún si el Uzumaki la conociera muy poco, ella había demostrado tener una personalidad alegre e infantil. Pero al comportarse de una forma tan adulta... bien, digamos que revelaba algo que yo no creí posible.

Girándome completamente, noté la forma en que el chico sonreía. Parecía sorprendido pero también alegre, el simple hecho de que le mostraran algo de respeto y amabilidad lo hacía muy feliz.

—No hay problema Ayame-san —añadió él, su gran sonrisa se ensanchó en cuanto agradeció a Teuchi por el mejor ramen que jamás haya probado—. ¡Arigato Gozaimasu Asahi! ¿te veré mañana en la Academia?

Si tengo que ser sincero, su agradecimiento no me lo esperaba. Pero la pregunta me tomó bastante desprevenido, y no pude evitar reír ante su entusiasmo. ¿Cómo decirle que no me encontraría con él?, de acuerdo quizás la idea de encontrarme con Narumi me asustaba pero no podía negarle eso al pobre huérfano.

Asintiendo con mi cabeza, le devolví la misma sonrisa.

—¡Claro que sí! ¡jugaremos después de clase! —exclamé yo, sorprendiéndome levemente por mi afirmación infantil. No podía evitarlo, era un chico de 5 años y era normal que ese tipo de cosas me atrajeran.


La mañana llegó más rápido de lo que creí posible. Sin embargo, pese a mis nervios, había dormido bastante bien durante toda la noche. Además, el hecho de que ya tendría alguien conocido como compañero ayudó bastante.

Era algo temprano —el Sol ya era notorio en el horizonte— pero no tardé ni un minuto en estar listo para el nuevo día. Había cambiado mi apariencia textil, y ahora vestía una remera sin mangas negra con el símbolo de Konoha en el medio; aparte, había decidido usar unos shorts marrones y sandalias ninja blancas. No tenía kunais ni shurikens, por lo que opté por no llevar el porta armas.

Me senté en la cama, al tiempo que miraba un cuadro con la foto familiar que yacía sobre una mesa adyacente a donde estaba sentado. Mis ojos la analizaron un momento, una sonrisa fugaz apareció en mis labios.

—Los haré sentir orgullosos... lo prometo —susurré, pensando en todos los problemas por los que habían pasado Teuchi y Ayame para cuidarme.

En verdad, ellos fueron demasiado amables conmigo. Pese a que decidieron no contarme que era adoptado, yo les estaba agradecido por eso. Obviamente, pensaron que si me enteraba mi mente podría pasar por un ligero trauma. Al fin y al cabo, decidieron lo que era mejor para mi bienestar.

Negué con la cabeza para borrar los recuerdos de mi antigua vida que amenazaban con apoderarse de mi mente, y me dirigí hacia el cuarto de baño. Debía peinarme, pero no tenía ganas de gastar 5 minutos de aquel emocionante día haciéndolo.

"Creo que hacia atrás será mucho más fácil", pensé mientras mi reflejo en el espejo revelaba cuan despeinado estaba. Tomé el peine y lo mojé con agua fría; inmediatamente, hice que el objeto recorriera mi cabello de adelante hacia atrás. Seguí un patrón uniforme, y pronto me había hecho un nuevo peinado.

Noté el nuevo aire que el peinado me daba y asentí complacido. Rápido y casual, justo lo que buscaba.

—Ya parezco más serio —dije, tocando los costados de mi cabeza—. Sí, pronto seré mortal. ¡Todo un experto en Kenjutsu!

El grito resonó en todo el cuarto de baño. No me importó, era un día que había estado esperando desde hacía mucho. La oportunidad de ser un ninja no se presenta dos veces.

Tomando una gran bocanada de aire, salí del cuarto de baño y me dirigí hacia la cocina. Mi cuerpo temblaba ligeramente de los nervios, la expectación era grande. ¿Acaso triunfaría o sería alguien como el pobre Rock Lee, quien no podía canalizar su chakra para el Ninjutsu? No era por discriminar a nadie, pero realmente no quería que algo así me sucedía.

Justo en ese momento, el recuerdo de Madara me hizo estremecer. ¿Y si todo lo que estaba haciendo era parte del plan del Uchiha? ¿Era verdad lo que dijo acerca de ser su mano derecha?. No estaba seguro de lo que había querido decir o lo que planeaba, pero algo era cierto: nunca me dejaría manipular por alguien como él. Y, para no caer ante su poder, debería entrenar muy duro. Hacerme más fuerte, inteligente y letal.

—Ohayo, Tousan, Neechan —me senté a la mesa, sin mirarlos ni por un segundo. Los planes de Madara me tenían nervioso, preocupado y por un momento había olvidado que aquel día entraría a la Academia.

Podía jurar que Teuchi y Ayame me sonrieron, porque detecté un súbito movimiento de sus cabezas. No podía ver sus rostros, pero aquella reacción sería lo más normal.

—¿Estás listo Asahi-chan? —la pregunta vino de mi hermanastra, quien seguramente tenía sus ojos clavados en mí.

Yo tomé mis palillos entre mis dedos y los dirigí hacia mi desayuno. Agarrando un poco de arroz, lo llevé lentamente hacia mi boca. Mastiqué suavemente, mi garganta no profesó ni un solo ruido.

Pero luego de tragar silenciosamente, mi cabeza asintió con lentitud.

—No te preocupes, lo harás bien —Teuchi dijo, en un pobre esfuerzo por tratar de borrar un poco mis nervios.

Yo levanté la mirada finalmente, mis ojos se encontraron con los de Ayame.

—Estoy bien, solo algo nervioso —admití, desviando la mirada hacia mi padrastro—. No tengo miedo, pero me preocupa cómo lo harán Naruto y Narumi. Toda la aldea los odia, y estoy seguro que los padres de mis nuevos compañeros les habrán llenado la cabeza de mentiras.

Aún si había hablado con ellos en una sola ocasión, yo sentía como si los conociera de toda la vida. Tantos años mirando el anime me hicieron llegar a creer que podría cambiar la vida de Naruto con mis historias, que fuera amado o poderoso. Era un mundo ficticio, donde los sueños se hacían realidad.

Noté que hubo cierta reacción cálida en los rostros de ambos, y no pude evitar sentirme apenado por un momento. Ellos me querían, se notaba, y aún así vivíamos una vida producto de inocencia e ingenuidad. Me prometí mentalmente que les contaría la verdad cuando fuera mayor, que les mostraría alguna prueba de lo que quería revelarles.

—Asahi, estoy orgulloso de ti. Aún con tu corta edad, te has convertido en una persona de bien —la revelación de Teuchi causó un nudo en mi garganta. Mis labios temblaron ligeramente, pero yo los mordí para evitar el inminente llanto de culpa y remordimiento. Pareció que ninguno de los dos lo notó, porque el hombre continuó casi de inmediato—. Sabes que no estoy de acuerdo con la vida llena de peligros que llevarás ni con la elección que has tomado. Una vez perdí a tu madre por culpa de los ninjas, y no quiero perderte a ti.

Yo lo miré con una intensidad que pocas veces conseguía tener en mi mirada. Era algo revelador y aunque la mujer no era mi madre de sangre no pude evitar sentirme triste por ella.

No fui el único, puesto que los ojos de Ayame perdieron el brillo que solían tener. Fue momentáneo, pero era algo espantoso el no verla sonreír.

—Y aunque yo y Tousan temamos por tu vida, no te detendremos —aseguró la chica, empleando una voz que parecía estar a punto de quebrarse por la tristeza—. Hagas lo que hagas, te apoyaremos. Somos tu familia después de todo, así que trata de no tomar riesgos innecesarios ¿ne?

Pese a todo la tristeza que debía estar sintiendo, mi hermana cerró los ojos y me sonrió amablemente. Teuchi también sonreía, aunque la suya parecía más tranquila y a la vez preocupada.

Yo no pude evitar pensar en la suerte que tenía. De todas las familias en la que podría haberme quedado, el destino quiso que yo fuera parte de la más humilde y amable de toda Konoha. Y fue eso lo que liberó las abundantes lágrimas que mantenía prisioneras en los rincones de mis ojos. Recorrieron libremente mis mejillas, y yo no dudé un instante y rodeé la mesa con maestría. Mis brazos rodearon los cuellos de ambos, quienes prontamente me devolvieron el gesto.

No éramos una familia adinerada ni teníamos un apellido que se considerase parte de un clan. Pese a todo eso, yo me sentí orgulloso de portar el nombre de Asahi Ichiraku.

Ese mismo instante, le hice un juramento a mi familia que se vería cumplido en los años venideros. Años que mostrarían el verdadero potencial de un aprendiz de la Academia.

—Tousan, Neechan... se los juro: haré famoso el apellido Ichiraku, aunque me cueste décadas conseguirlo.


Nos encontrábamos parados fuera del terreno de la Academia. La entrada, para ser más preciso, revelaba el gran edificio que se alzaba detrás de los instructores chunnin que estaban reunidos enfrente de nosotros.

Yo estaba, por decirlo de alguna manera, nervioso. Teuchi y Ayame se encontraban junto a mi, y sus rostros se movían hacia todos lados para inspeccionar los montones de nuevos integrantes que asistían por primera vez a la Academia. Junto a ellos se encontraban sus padres o parientes que acompañaban a los pequeños. Noté que algunos —por su forma de vestir, marcas en el rostro, peinados y cuerpo— pertenecían a los distintos clanes de Konoha.

Mientras esperábamos a que diera inicio la ceremonia de ingreso, yo utilicé mis ojos para vagar por entre la multitud en busca de algún rostro conocido del anime. Había encontrado a una versión más joven y tranquila de Ino Yamanaka, a Sakura Haruno con un flequillo tapándole la frente, a Choji y Shikamaru conversando entre ellos y a Hinata Hyuuga parada junto a uno de los sirvientes de la familia. Lo reconocí porque usaba una banda en la frente, posiblemente ocultando la marca de maldición del clan.

Ninguno detectó mi mirada y yo me sentí agradecido por ello. ¡Los míticos ninjas estaban ahí, a pocos metros de mí! Lo bueno de todo aquello, era que ahora podría estar a su nivel. Debía estarlo, se lo había jurado a mi familia.

Me sorprendió no encontrar a los Uzumaki con la mirada, pero no me preocupé por ellos. Supuse que si se aparecían muy temprano entonces todos los mirarían con desprecio. Sólo era tener sentido común, y aunque Naruto pareciera un tonto no lo era en absoluto. Él era más inteligente de lo que aparentaba.

No pude reconocer a nadie más en la multitud pero, sin embargo, mis ojos captaron la atención de tres chicos apuntándome y riéndose de algo. ¿Acaso les parecía gracioso que el hijo de un cocinero aspirara a convertirse en genin? Sí, seguramente era eso. Yo simplemente miré hacia otro lado, ignorándolos completamente. Ya verían, les enseñaría lo que un hijo de cocinero podía hacer con entrenamiento duro y constante.

Ni Teuchi ni Ayame notaron sus miradas y, pronto, cada uno colocó una mano en mis hombros y me señalaron hacia delante.

—Mira Asahi, ese es Hiruzen Sarutobi. Nuestro Hokage —explicó mi padrastro en un ligero susurro. Yo ya sabía quien era, pero la expectativa de encontrarme con uno de los shinobi más poderosos y legendarios de Konoha fue enorme.

Entonces, en ese instante, vi por primera vez al ninja que todos llamaban "El profesor".

Era igual de anciano que en el anime, pero su presencia imponía respeto absoluto. Tenía el sombrero de Hokage sobre su cabeza y una pipa expulsaba anillos de humo por el orificio principal. Sonreía impasiblemente, sus ojos mostraban un brillo de interés que conocía bastante bien.

Pronto, el murmullo había muerto con una seña de su mano arrugada. Su traje blanco se meció con la suave brisa mientras nos dejaba a todos en expectativa inaguantable.

—Bienvenidos a la Academia niños —finalmente, habló. Su voz era pesada y cargaba una sabiduría ancestral. Se notaba que había vivido muchas aventuras, y no lo digo por las numerosas arrugas en su cara—. Me alegra ver que tenemos tantos aspirantes a genin, por lo general tienden a ser un número bastante reducido.

Hubo una repentina risa, que interrumpió al Hokage. Sin embargo, Hiruzen Sarutobi alzó levemente la mirada y miró por encima de dónde estábamos. Algo le llamó la atención, y no pudo evitar sonreír por un momento.

—Todos conocen mi nombre y el título que conlleva. Pero no el verdadero deber detrás del mismo —continuó hablando nuevamente con misterio detrás de sus palabras. ¿Acaso quería confundirnos o disuadirnos de entrar a la Academia con todo ese discurso? No es que fuera aburrido, pero todo el mundo sabía que un Hokage era el líder de la aldea—. Bien, quizás alguien lo sepa. Aparte de los adultos, ¿alguno de ustedes sabe cual es el verdadero propósito de serlo?

Curiosamente, nadie levantó su mano. O todos estaban demasiado nerviosos como para responder, o nadie quería decir una tontería. Pero supe que el Sandaime podía adivinar que unos pocos sabían la respuesta, y aquel era un llamado al valor.

Armándome de ese valor que Sarutobi quería ver, alcé mi mano en el aire. Inmediatamente, toda la atención de la multitud se centró en mi y en mi familia.

—¿Sí? ¿Conoces la respuesta muchacho? —preguntó el Sandaime, dejando que un pequeño aro de humo emergiera de su pipa. Sus ojos me miraban con cierta curiosidad, pero sus arrugados labios estaban curvados en una sonrisa amable.

Teuchi me asintió brevemente mientras Ayame me sonreía para tratar de infundirme valor. Mis mejillas se sonrojaron ante el hecho de tener todas las miradas sobre mí, pero ya que había levantado la mano ahora era tarde. Estaba obligado a responder.

—U-Un Hokage... e-es aquel que... —mis tartamudeos no eran tan graves como los de Hinata, pero mostraban claro nerviosismo y vergüenza. Sin embargo, conseguí fijar mi mirada en Sarutobi. Por el rabillo del ojo noté que los chicos de antes me sonreían burlonamente y, aunque no pude evitar ponerme más nervioso, eso no me detuvo en lo absoluto—. ¡Un Hokage tiene la obligación y la necesidad de transmitir la voluntad de fuego a la aldea! ¡debe ser el ejemplo para los futuros ninjas y para los que tienen un rango elevado!

Inmediatamente después de mi exclamación, cerré mi boca y mantuve mis ojos fijos en el frente. Tanto los chunins como el Sandaime me miraban sorprendidos, sus ojos lo reflejaban. Pude darme cuenta de que lo que había dicho tuvo cierta repercusión entre ellos, y ahora temía que mi respuesta había sido incorrecta.

Miré brevemente hacia mis costados y noté que la multitud me sonreía de una forma rara. No era de burla, eso puedo asegurarlo, quizás... ¿orgullo?. Devolviendo la mirada hacia el frente pude ver que el Hokage me asintió aún manteniendo su sonrisa amable y añil.

—Veo que la nueva generación conoce el verdadero significado detrás del título "Hokage". Bien hecho muchacho, si realmente tienes la voluntad de fuego en tu interior llegarás a ser un gran ninja —afirmó el Hokage, nunca despegando la mirada de mi rostro sorprendido y enrojecido por la emoción. Probablemente había exagerado con lo que dijo, pero eso me llenó de esperanzas. ¡Hiruzen Sarutobi me había reconocido!—. Como escucharon, el traspasar la voluntad de fuego a los futuros genin es el deber de esta Academia. Más allá de lo que aprendan, siempre deben recordar las palabras de este viejo shinobi.

Pese a que su mirada había regresado la atención hacia la multitud, el Sandaime había hecho un discurso corto pero inteligente. Me aseguraría de recordar sus palabras y también le devolvería el favor que me hizo aquel día. ¿Quien sabe? quizás, con un poco de planeamiento, podría advertirle de que Orochimaru se haría pasar por el Kazekage durante la etapa de selección chunin. Faltaban años para que aquello ocurriera, pero el mundo ninja no podía perder a Sarutobi.

Dicho esto, el anciano abandonó su posición y se perdió entre la multitud. No hubo murmullo posterior a su discurso, ya que inmediatamente otro chunin tomó su lugar.

—¡Ejem! —el carraspeo de su garganta hizo poco por tratar de llamar más la atención. Ya todos lo estaban mirando, por lo que aquello fue totalmente innecesario—. Bien, ahora explicaré los tres requisitos para ser admitidos. Se supone que todos los cumplen, pero es una formalidad el decirlo —nadie agregó nada, ni siquiera los otros chunins. Había una única mujer entre ellos, que yo recordaba del anime, pero aún así se mantuvo estoica—. Primero, un futuro ninja debe amar a la aldea y y querer ayudar a preservar la paz y prosperidad de esta. Segundo, un aspirante debe tener una mente que sea capaz de soportar el duro entrenamiento y trabajo. Tercero, un verdadero candidato debe ser sano en cuerpo y mente.

Muchos de los aspirantes presentes miraron hacia todos lados, seguramente esperando ver a que alguno abandonara la idea de ser un genin. No me atreví a pensar en la situación, dado que sabía que todos ellos permanecerían en sus lugares y no le darían mucha importancia a las palabras dichas aquel día.

—Dicho eso no me queda más que darles nuevamente la bienvenida y dar por finalizada esta ceremonia de ingreso. Por favor, los nuevos aspirantes permanezcan en sus lugares mientras los familiares se retiran.

Dicho esto, la gente comenzó a alborotarse en un nivel no muy elevado. Algunos abrazaron a sus hijos llorando y diciendo que harían un gran banquete cuando volvieran a casa, otros simplemente les sonreían y los alentaban a más. Hubo casos, como el de Hinata Hyuuga, que el sirviente que la acompañaba le hizo una reverencia y se alejó rápidamente.

Teuchi y Ayame, viendo que no podrían quedarse más tiempo, se giraron hacia mí.

—Asahi, da tu mejor esfuerzo. Quiero que nos cuentes todo cuando llegues a casa, ¿de acuerdo? —dijo mi padrastro, sonriéndome con cierta preocupación.

Yo asentí de mala gana. Realmente, después de un día que creía que iba a ser agotador no me iban a dar ganas de contar todo con lujo de detalles. Pero, al fin y al cabo, era lo mínimo que podía hacer luego de todo lo que él y mi hermanastra habían hecho por mí.

—Ototo... ¡Cuídate! —exclamó Ayame, abrazándome con fuerza. No era en extremo como para impedirme respirar, pero se podía sentir la... emoción con la que me apretaba entre sus brazos.

—Estaré bien Neechan —le aseguré, palmeando suavemente su espalda—. Sólo encárgate de cuidar mi carreta y limpiarla de vez en cuando, ¿de acuerdo? —quizás fue demasiado pedir, no era como si fuera a irme por un año. Pero ahora que no trabajaría para Ichiraku, no podía evitar sentirme preocupado por mis cosas.

Ella me dedicó una sonrisa entusiasta y me apartó suavemente. Agitando sus manos una sola vez, Teuchi y Ayame se perdieron en la multitud de padres que se retiraban del lugar.

Me quedé inmóvil en mi posición, mis nervios eran demasiados como para poder esperar pacientemente las instrucciones de los chunins. ¡Estaban tardando demasiado! ¿Acaso les gustaba actuar misteriosamente todo el tiempo?

—Oh, miren nada más. El hijo de un cocinero viniendo a la Academia —la torpe voz de un chico me sacó de mis pensamientos. Mi cuerpo se relajó ante el insulto que poco hizo por enfurecerme y no pude evitar dirigirle la mirada con tranquilidad—. Dime, ¿acaso tu padre es tan pobre que decidiste arriesgar tu vida para conseguir algo más decente?

Noté que era un chico de cabello corto marrón, seguido de dos con expresión de tontos en sus rostros. Aún si los otros rieron con tono de burla, yo me quedé inmóvil. Aquella estupidez que él trató de emplear como insulto ni siquiera había tenido sentido.

—Que original... ¿no te das cuenta que quedas como un estúpido al decir eso o tu diminuto cerebro no reconoce la poca lógica de tu argumento? —pregunté yo, con una sonrisa calma. Noté que el del medio perdió, por un momento, las ganas de burlarse. Seguramente estaba enfadado y quería pensar en qué se equivocó. Sus acompañantes me miraron con confusión; sin duda, uno era más bobo que el otro—. No trates de pensar, cerebro de ave. Yo te diré la respuesta que tanto buscas.

El chico palideció de furia ante el insulto, sus cejas se arquearon en irreverente ira. Sus compañeros se prepararon para la batalla, haciendo sonar sus nudillos para tratar de intimidarme. Aunque era cierto que jamás golpeé a alguien en mi anterior vida, no era un cobarde. Contra niños de 5 años, no podía esperar mucha fuerza aún si mi cuerpo fuera similar al de ellos. Yo era más inteligente y maduro, y sería eso lo que me daría la victoria.

—Es fácil. Si fuera cierto lo que dices... entonces nos convertiríamos en genins nada más al ingresar y nos asignarían misiones con las que ganaríamos dinero —expliqué, antes de tomar una pausa para observar su confusa expresión—. Si fuera el caso que mi familia necesitara dinero debido a la escasa ganancia que recibiríamos de nuestro restaurante, yo mismo buscaría otro trabajo que me asegurara un sueldo inmediato. ¿Te das cuenta ahora? No solo tu burla no tiene sentido, sino que ahora quedas como el idiota de la Academia ante todos.

Inmediatamente luego de decir eso, hice una seña con la mano para indicarle los alrededores. Con los párpados estirados de la sorpresa, el chico se dio cuenta que —en efecto— toda la Academia lo estaba mirando. Había quedado en ridículo, y sería algo que lo haría pensar antes de burlarse de los demás.

—¡Maldito! ¡Vas a pagar caro por-! —una mano en su hombro lo detuvo. Con un escalofrío que noté que sacudió su cuerpo, el joven y sus amigos se giraron para encontrar a todos los instructores chunin detrás suyo.

Los tres empalidecieron, puesto que no habían seguido las órdenes previas. De hecho, se habían acercado hacía mi con el objetivo de burlarse de mi ascendencia familiar. Pero por desgracia para ellos, la broma se les había revertido y ahora no solo quedaban como unos idiotas sino que también podrían ser expulsados en el primer día por no seguir las instrucciones.

No creí que fueran tan extremos con el castigo, y la mirada de los chunins me reveló que no traían ira o disconformidad en ella. Más bien, parecían decepcionados.

—Tú eres Aoi Ajibana, ¿no? —preguntó el hombre de antes, el que parecía el instructor principal. Él asintió con nerviosismo en su rostro, sus amigos dieron un paso ligero hacia atrás. Cobardes, querían abandonarlo mientras pudieran—. Y ustedes dos... Ichiro Hanari e Ibuki Hattori. He oído lo que pasó entre ustedes y, viendo la forma en que se desarrollaron los hechos, tendré que suspenderlos por un día. Gracias a sus incontenibles ganas de molestar, ustedes deberán saltarse la primera clase de Chakra. Espero que esto no se repita.

Los tres chicos asintieron al unísono con un aire de derrota, sus rostros descendieron levemente y se alejaron del terreno de la Academia mientras arrastraban los pies. Yo no pude evitar sentirme algo culpable, pero ellos se lo habían buscado. Además, no podía permitir que insultaran a mi familia.

—En cuanto a ti... Asahi Ichiraku ¿verdad? —que dijera mi nombre me sobresaltó un poco, pero asentí rápidamente. La pregunta de un posible castigo resonaba en mi joven mente—. Buen análisis del problema, pero la próxima vez informa a tu instructor acerca de un quebrantamiento de las normas. Ellos se harán cargo.

Me sentí un idiota por no haber hecho como hubiera sido lo correcto, pero por otro lado había conseguido demostrar mi inteligencia ante todos. No era inteligente, al contrario, pero un insulto tan ilógico como el que me dirigió Aoi Ajibana era fácil de analizar y contrarrestar. Sin embargo, me quedaba una sola pregunta:

¿Dónde estaba Naruto y Narumi Uzumaki?

La clase estaba por comenzar y, con ella, mi futuro como ninja de la hoja.

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Y... listo! acá termina el cap. Algo aburrido, pero el entrenamiento está por comenzar!

Ya tengo toda la trama planeada, así que no se preocupen.

Bien, ahora viene la parte que me interesa. ¿Qué les pareció? ¿Supe describir bien la trama? ¿Le faltó algo?

Si les gustó, por favor, dejen un review comentando que sus opiniones. Como siempre digo en mis historias en inglés, insultos y críticas NO constructivas serán ignoradas. Siempre acepto críticas coherentes y que me ayuden a mejorar.

Con eso los dejo. Yin Protector fuera.