One Punch Man no me pertenece, y esto solo es un pobre intento de Fic (¬¬)
Este es el tercer capitulo, y aprovecho a presentar a una pareja que quería agregar hace rato. SonicxMumen Rider me parece interesante, los dos son como el agua y el aceite, tendrán un tipo de relación realmente insalubre para ambos... ya verán a lo que me refiero. Saludos :)
Las invocaciones son a prueba de tontos
(...)
El bosque maldito en el que habitaba Saitama, más allá de ser un sumidero de criaturas violentas y poderosas, estaba apartado de la mano de dios. Por ese motivo, Mumen Rider un modesto mago clase C, y estaba un poco molesto por tener que buscar a la quimera hasta allí. Tendría que haber dejado a Saitama ocuparse de aquel asunto, pero de seguro iba a terminar en la nada. Aquel sujeto era pésimo haciendo reportes, y se había topado con una facción de los adoradores de Garou.
Y esto calificaba como algo que debía ser meticulosamente reportado, sí señor.
El joven mago de bajo rango, solo esperaba que no tengan que lidiar con la destrucción total del reino, que ha juzgar por los escritos antiguos, la venida de Garou significaba el fin del mundo (o universo, las traducciones no eran claras, pero ¿había alguna diferencia?). Mumen estaba pensando en las posibilidades de golpearse la cabeza contra el tronco de un árbol, hasta olvidarse de aquel horrible asunto, cuando finalmente divisó el altar de piedra. No muy lejos de este, encontró a la quimera, que trataba de echar abajo aquel monumento, a pesar de tener un brazo quebrado.
Sintió pena por la criatura, y se acercó para detenerlo. Él podía encargarse de eso, su especialidad era purificar objetos y romper maldiciones, algo no tan increíble como las cosas que podía hacer Saitama y los magos de clase S, pero ayudaba a la gente a diario.
La quimera se estremeció al verlo, y a pesar de doblarle en tamaño, se inclinó ante Mumen haciendo una exagerada caravana, temblando asustado. El joven mago dudó un poco de sí mismo, sin tener idea de lo que le habrá dicho Saitama para que actúe así. Le incomodaba mucho, pero tuvo que resignarse, destruir el altar era prioridad.
Apenas le explicó que era libre de irse y que se encargaría de ese asunto, la extraña criatura con cabeza de gorila, echó a correr hacía el otro lado del bosque. Mumen miró aquella loca carrera preocupado. Esperaba que no fuera a perderse, aquel bosque era una trampa mortal para seres con bajo rango de magia.
Estando solo, inspeccionó con cuidado el altar por unos cuantos minutos, pasando algunos hechizos rastreadores, y chasqueo la lengua al darse cuenta del sello trampa, entrelazado a la maldición que protegía la piedra. Mumen sintió un raro desasosiego, pero decidió romper el hechizo y derribar aquel problemático monumento, de todos modos.
Escribió un par de runas sobre la piedra con su cuchillo, rascando la superficie con mucho cuidado. Cuando todo estaba listo para llevar a cabo la purificación, apoyó su mano derecha, para cerrar el pacto. El altar terminó desintegrándose delante de sus ojos, hasta quedar reducido a un puñado de grava, y a su alrededor la hierba comenzó a crecer de nuevo. Un trabajo bien hecho, modestia aparte.
Lo que Mumen no esperó en ese momento, fue que debajo de la grava, un símbolo comenzara a brillar, despidiendo una intensa luz de color violácea que lastimaba a la vista. De repente, un círculo de invocación apareció y dentro de este se formó un tornado, que le empujó hacía atrás. El joven mago se reprendió a sí mismo, porque sabía que el hechizo trampa estaba allí y procedió de todas formas.
Ahora tendría que afrontar las consecuencias.
Del interior de aquel tornado, una delgada figura de apariencia humana apareció. La energía negativa que desprendía era abrumadora, pero Mumen no retrocedió. Había visto esa clase de sellos antes y sabía lo que se le avecinaba. Estos suelen activarse cuando detectan magia de purificación, invocando un demonio sin maestro que obedecer, para asesinar aquel que intentó romper la maldición.
En resumidas cuentas, Mumen estaba muy muerto.
-Veo un pequeño ratoncito ¿Qué busca un mago que rompe maldiciones invocando al demonio más rápido y letal?- Dijo aquella criatura, cuyo esbelto cuerpo, que evocaba fragilidad, estaba cubierto de una piel tan oscura como la noche, y contrastaba con su pálido rostro. El cabello negro caía sobre sus oscuros ojos y dos marcas color violáceas recorrían sus mejillas.
-Yo no te invoque, el sello reaccionó a mi magia, eso es todo- Mumen no le gustaba mucho entrar en contacto con demonios, su magia era todo lo contrario a la naturaleza oscura de estas criaturas, y le causaba malestar estar cerca de ellos por mucho tiempo. El demonio parecía malinterpretar sus emociones. Una curiosa y horrible sonrisa apareció en su rostro, deformando su perfecto rostro. Al darse cuenta de esto, el ser sobrenatural llevo su mano a su boca, tapando aquel gesto.
-Mi mal hábito otra vez- Dijo el demonio de cabello negro, y después de dejar de reírse, intentó hablar con suavidad -Déjame presentarme, me llamo Sonic-
-Okey… Este…- Mumen intentó hacer buena cara, pero el malestar por la energía negativa estaba dejándolo débil -… Soy Mumen-
-No te ves muy poderoso Mumen, pero me gusta demasiado tu magia… Aún así tendré que matarte, un demonio no puede darse el lujo de ser domado por un mago de la luz-
-¿Por qué…? Olvídalo, no importa, terminemos con esto- Por alguna extraña razón, Sonic parecía estar malinterpretando aquel asunto. Creía que Mumen deseaba domarlo para convertirlo en su servidor, pero todo lo contrario. Si pudiera devolverlo al lado astral, sería lo primero que haría en ese instante… Aunque todo aquel asunto era tan extraño, el mago tenía la sensación de que aquel demonio estaba coqueteando.
De todos modos, iba a tener que pelear, ya que Sonic se veía furioso. Pero Mumen no era muy bueno con la magia ofensiva, más bien era un debilucho que podría pasar como cualquier campesino. Aun así, no tuvo mucho tiempo para planificar aquella contienda, porque el demonio se lanzó sobre él a una velocidad impresionante.
En menos de un parpadeo tenía encima a Sonic, mirándolo con su curiosa sonrisa. Parecía uno de esos muñecos que su madre solía fabricar para regalar a las damas encinta, con el fin de evitar presencias desagradables durante el parto. Mumen se quedó quieto, esperando su inevitable final. El malestar era peor y ahora todo le daba vueltas. De seguro vomitaría, si no estuviera tan preocupado por soportar aquel ataque.
-No eres un cobarde, conejito- Dijo el demonio con voz cantarina, mientras una helada risa invadía sus palabras.
-No suelo escapar de las confrontaciones- Mumen se sentía demasiado mal para permanecer de pie. Si Sonic no se apartaba pronto, no sabía que iba a sucederle a su propio cuerpo. Tan solo esperaba no morir ahogado en su propio vómito, no parecía ser un obituario respetable.
-¿Confrontaciones dices? Pero si no te resistes, esto será menos doloroso- Sonic acercó sus garras afiladas a su mejilla, y le tocó con suavidad. Fue demasiado desagradable por la energía negativa que emanaba, tanto que el estómago de Mumen se retorció. Tal vez estaba haciendo caras raras, porque el demonio pego su delgado cuerpo al suyo, restregándose lascivamente -Tanta energía usada solo para magia inofensiva, que desperdicio pequeño conejito-
Y algo raro paso. En escala de rarezas que a Mumen le han pasado desde la muerte de su madre, esto llegaba a un diez errado. Sonic acortó la distancia que separaban sus rostros, y le dio un profundo beso en la boca.
No fue una buena idea de su parte.
El estallido de magia fue demasiado fuerte, tanto que pudo haber matado a una persona normal. A varias personas, si uno se atrevía a medir el cráter que aquella bomba de energía dejo alrededor del joven mago. Mumen solo agradeció que Sonic saliera volando, alejándose lo suficiente de él, para poder vomitar.
¿En que estaba pensando aquel demonio? Era obvio que eran incompatibles, su magia era solo para purificar, mientras que el otro era una masa de energía negativa. El simple contacto con Mumen iba a lastimarlo, tal como el agua apaga el fuego. Sonic se veía sorprendido por aquella reacción, pero la enorme sonrisa que apareció en su rostro desconcertó al joven mago.
Esto era incómodo, no podía creer que su primer beso haya sido tan desagradable. Los demonios y Mumen nunca se llevaron bien. Sin embargo, este parecía demasiado interesado en él a pesar de su incompatibilidad. Tal vez por eso amenazó con matarlo.
-Eres una caja de sorpresas, conejito- Murmuró el extraño demonio. Mumen se limpió la boca con el dorso de su mano, y le dedicó una mirada un tanto exasperada, mientras suspiraba con resignación.
-Deja de jugar, ambos sabemos que si me atacas a distancia y evitas el contacto conmigo, me matarías fácilmente- La revelación no era tan sorprendente, Mumen sabía esto desde el principio. El demonio dejó de sonreírle, y le dedicó una oscura y tenebrosa mirada. Había algo que no estaba bien con él, pero al mago le pareció más amenazador que con su rara y extrañamente amplia sonrisa.
-No te hagas el inocente conmigo, no vas a domesticarme- Dijo con voz oscura, mientras terminaba de regenerarse de aquel ataque involuntario.
Mumen estaba confundido. Era la segunda vez que le decía algo así, y él en ningún instante le había instigado para domesticarlo. De repente, escuchó la voz de Saitama viniendo por el otro lado del camino. Parecía estar hablando con alguien más. Esto le distrajo por un momento, y cuando se giró hacía donde estaba Sonic, este ya no estaba.
Se había desvanecido en el aire. Mierda, esto no era una buena señal.
-Hey, Mumen ¿Cómo fue con el altar?- Saitama se acercó para saludarlo, acompañado por un jovencito de cabello rubio y ojos dorados, que parecía llegar a los dieciocho años. Otro demonio, fabuloso.
-Fantástico… Invoqué por error a un demonio sin maestro, que me reciente por creer que quiero domesticarlo…- Mumen suspiró resignado, pero al sentir la presencia del demonio de Saitama, volvió a palidecer y enfermar ¿Por qué hay tantos? Estos era demasiado para él -…Si me disculpas un momento, voy a casa, he tenido suficiente acción por hoy-
-Eh, pero ¿Vamos hacer algo con el asunto de Garou?- Preguntó con duda Saitama.
-Te hablo mañana, por ahora necesito descansar…- Dijo Mumen con voz débil, mientras se arrastraba fuera de la propiedad de Saitama.
Al salir del bosque, Mumen planeaba hacerse un caldo de savia, para recuperar su pobre estómago y meditar, para reparar los daños en su core mágico. No se percató de que una delgada y oscura figura le seguía, vigilando celosamente cada uno de sus movimientos y sonriendo de forma siniestra.
(…)
TBC
