CAPITULO 3:
Mi nombres es Edward Cullen
Con violencia aparté a ese Adonis – que ahora me parecía un diablo…muy sexy… - y salí corriendo en busca de una cama en la que tumbarme y hacer que este maldita pesadilla acabase para siempre…
No tarde mucho en localiza el ascensor que me llevaría hasta hacia la tercera planta. Lo tomé y caminé por un silencioso pasillo intentando localizar lo que sería mi habitación. Finalmente la visualicé al final del pasillo e introduje en la cerradura la llave que Aro me había dado. He de reconocer que nunca me esperé dormir en una suite de un hotel de cinco estrellas; pero aquella habitación, era aun peor de lo que me imaginé. Las paredes eran color crema y estaban rasgadas y llena de grietas. Las esquinas de las paredes eran verdosas a causa de las humedades y el suelo ni tan siquiera tenía losas, sino que era solo una mezcla de cemento arenoso. Para colmo, eso no era lo peor, el lugar en el que debía dormir era un montículo de paja, cubierto por un trapo de cocina color marrón y con varias manchas de grasa.
- ¿Qu-Que es esto?
Me pregunté a mi misma, mientras sentía que las lágrimas volvían a luchar por escapar de mis achocolatados ojos. No podía más, esto era demasiado, demasiado para mí, demasiado para cualquiera.
Con impotencia me lancé sobre aquel montículo de paja y comencé a llorar. Aun después de todo lo que había sufrido aun no había tenido tiempo de llorar. De desahogarme, y aun que agradecería ahora tener a mi mejor amiga a mi lado y que ella me acurrucase entre sus pequeños bracitos de duendecillo, sabía que a partir de ahora estaría sola. Sola para siempre…
No sé en qué momento me quedé profundamente dormida sobre aquel montículo de paja, ni cómo fue que no morí de hipotermia en aquella fría habitación que me tenía el cuerpo entumecido. Solo sé que alguien no paraba de aporrear mi puerta y que yo por nada del mundo deseaba salir de mi habitación – si es que donde me hallaba se podía llamar así -.
- Vampirita es hora de trabajar – escuché la voz de Jane al otro lado de la puerta – Abre ahora mismo.
No podía negarle nada a aquella terrible mujer, por lo que me levanté lentamente mientras frotaba mis ojos en un nulo intento por hacer desaparecer las ojeras que de seguro delatarían mi falta de sueño y mis ganas por acabar con esta maldita vida que acababa de comenzar a vivir. Finalmente llegué hasta la puerta y la abrí lentamente sin haber conseguido hacer nada con mi mal aspecto.
- Bien Vampirita – dijo Jane mientras se colaba en mi habitación – Ya que ayer se arruinó nuestro gran premio hoy volverás al pedestal. Aquí tienes tus ropas y al final de pasillo hay un baño. Aséate un poco y cámbiate mientras que no llega la noche serás camarera. Bueno no tardes, no soy una mujer paciente.
Dicho esto, me entregó una ``ropas´´ y se marchó con su andar de diva tan perfecto y envidiable pero a la vez tan repugnante y vomitivo. Una vez Jane desapareció al final de pasillo yo me dirigí al cuarto de baño. Para mi fortuna, este si era un cuarto de baño decente. Tenía una placa de ducha, un lavabo un retrete y miles de jabones y productos de belleza para que las chicas nos arreglásemos como putas y ese maldito infierno de casino ganase más dinero. Aún con miles de ganas de gritar y de salir corriendo de aquel lugar, tomé aire, pensé en Alice y me dispuse a arreglarme para el comienzo de otra pesadilla, de otro infierno de día.
Deje que el agua tibia de la ducha recorriese mi cuerpo calmando mis músculos y lave mi cabello con un champú de fresas – creo que era lo único bueno – una vez duchada y habiendo quitado de mi cabeza toda aquella paja que se había quedado en mis cabellos, me situé frente al espejo y comencé a arreglarme.
Durante todo el tiempo que maquillaba mi rostro y me vestía no paraba de pensar en Alice y en que si no obedecían la matarían. Ella, su recuerdo, era lo único que me daba fuerzas para seguir adelante, para luchar por pequeñas que fuesen las esperanzas de salir virgen de ese casino.
Al cabo de unos minutos, al fin estuve lista. Mi cabello caía formando ondas sobre mis hombros hasta la mitad de mi espalda, mi rostro estaba maquillado con sobras de tonos plateados y los labios pintados de un color rojo sangre. Mis ropas, eran aun peores que la noche anterior. Un top que era como un sujetador de encaje negro con filos de color rojo sangre – como el de la barra de labios – una mini-falda que apenas llegaba a cubrir por completo mi trasero, también de color negra y finalmente unos tacones de aguja de unos 12 cm de color rojo.
- Bien Bella…estas perfecta…estas perfectamente puta…
Lancé una falsa sonrisa mirando al espejo, viendo sonreír a mi reflejo como si estuviese loca y después, salí del baño en dirección al bar; pero justo cuando abrí la puerta, ante mi estaban tres chicas las cuales la noche anterior había conocido como Jessica, Tanya y Lauren y a cuya cabeza de grupo estaba Tanya.
- Vampirita ven con nosotras. Jane nos ha ordenado que terminemos de arreglarte – rió Tanya
- Ya estoy lista, no necesito vuestra ayuda. – respondí de manera tajante mientras me disponía a marcharme
- ¡Alto ahí! Tenemos que obedecer a Jane así que vendrás con nosotras.
- Ya dije que no.
- Oh, está bien, ya veremos que opina Jane de esto…y bueno que tal se porta con tu quería amiga
No pude evitar sentir como el pecho se me comprimía ante el hecho de que esas desgraciadas iban a delatarme y de que por mi culpa a Alice…no me quedó más remedio y con resignación las seguí hasta las salas de ``camerinos´´ - una habitación llena de ropa y maquillaje - donde todas ellas se arreglan para sus noches en el trabajo.
Para aquellos que no lo sepan, Jessica, Lauren y Tanya trabajan en el casino; pero ellas no están obligadas o porque es la única forma de sobrevivir que tienen – como casi todas las chicas - ellas están aquí porque quieren y adoran sentirse observadas, tocadas y baboseadas por miles de hombres. Recuerdo que cuando llegué al casino ellas me trataron muy mal, no me vieron como una chica de 17 años que necesitaba ayuda, sino como su rival. Recuerdo como cuando llegué, las más veteranas y casi todas las chicas me consolaron y me dijeron que no era tan terrible, que ya me acabaría acostumbrando y que contases con ellas para lo que fuese; pero ellas tres, en cuanto nos dejaron sola me golpearon, arañaron e insultaron diciendo que ni se me ocurriese tocar a sus clientes ¿Y ahora? Ahora venían como chicas lindas para ayudarme a arreglarme solo para complacer a ``Su majestad Jane´´
Una vez en el camerino, vi que casi todas las chicas estaban ya allí, terminando de arreglarse. En cuanto entré, Ángela, una chica de unos 23 años se acercó a mí con una sonrisa y me acogió entre sus brazos.
- Nos han contado lo de ayer…me alegro que ese tipo no llegase a tocarte Bella…
- Gracias Ángela, la verdad es que yo también me alegro pero…de todos modos hoy volveré a…
- También me enteré de eso… -susurró mientras me abrazaba con un poquito más de fuerza – sabes que cuentas conmigo Bella y que te apoyaré en todo…
- Gracias…de verdad…creo que eres lo único bueno de este lugar…
- Bueno…quizás es que te entiendo….
- ¿Qué quieres decir?
- Bueno ayer apenas hablamos y seguro aun seguías en shock y nos odiabas a todas por estar arreglándote para prostituirte…
- ¡No! Ángela de verdad que no os odio…desde que llegué tu me has tratado muy bien…me explicaste cómo funcionaba esto y me dijiste que contase contigo para lo que fuese…no puedo odiarte cuando me has tratado tan bien – sonreí, esta vez de verdad y esta vez fui yo quien estrechó a Ángela entre mis brazos –y bueno ¿qué era eso que ibas a decirme?
- Bueno verás…yo…también llegué aquí virgen…
- ¡¿Qué?
- ¡Shh! Baja la voz Bella, llamarás la atención de todas.
- ¿Ellas no lo saben?
- No…nadie lo sabe…ni tan siquiera Aro lo supo hasta que me acosté con uno de los hombres del casino…
- ¿Pero cómo?
- Yo también era huérfana y en cuanto cumplí los 18 me echaron del orfanato, no tenía a donde ir, llevaba días sin comer y estaba desesperada. Entonces Aro me encontró y me ofreció un trabajo como ``camarera´´ en el casino. Al principio pensé que solo luciría ropas ligeras y serviría copas pero cuando me solicitaron por primera vez…quise…
-...morir…- terminé su frase
- Bueno…esa noche…creo que es la peor de toda mi vida…pero a Aro no le importó que le ocultase lo de mi virginidad, al contrarió, le gustó, ya que pudo cobrarle mucho más al tipo que me violó…por fortuna…o por desgracia no lo sé…acabas acostumbrándote…y llega el momento en que casi no te importa…yo ya llevo 5 años aquí Bella y te digo esto por experiencia; pero también te diré algo…si tienes solo la más mínima oportunidad de huir de aquí…escapa, no lo dudes…yo si pudiese…lo haría…pero…no tengo a donde ir…
Tras darme un fugaz beso en la mejilla y desearme suerte, Ángela se marchó por la puerta hacia el casino dejándome sola de nuevo con las tres víboras y con unas cuantas chicas más que terminaban de arreglarse. He de reconocer que no estaba para nada atenta a lo que Jessica, Lauren y Tanya me hacían para ``arreglarme´´ mi mente seguía pensando en Ángela y en su impactante historia. Ella había sufrido mucho, quizás incluso más que yo y aun así seguía adelante, seguía levantándose cada día con esa sonrisa y ese brillo en los ojos y ahora me cuidaba como si me conociese de toda la vida o como si fuese mi hermana mayor…Ahora tenía claro una cosa...no estaba tan sola como yo pensaba…
Al cabo de unos minutos y de una charla de ``No toques a nuestros clientes o te las veras con nosotras´´ por partes del trío barbie – apodo por el cual llamaría a Jessica, Lauren y Tanya por su aspecto de Barbie oxigenada – me miré al espejo y vi el resultado de lo que habían hecho. En el centro de mi sujetar había una moñita roja y mi vientre estaba recubierto con purpurina de color plateada y roja. Suspiré y mordí mi labio inferior en un intento por retener las lágrimas. Una vez supe que no lloraría, salí del camerino y busqué a Ángela para que me indicase cual sería mi trabajo hasta que llegase el momento de volver a subir al pedestal para ser el premio de la partida del día.
Ángela me ayudo gustosa en todo, me explico que era exactamente lo que debía de hacer y también me dijo que si algún hombre se pasaba conmigo en el turno de camarera tenía derecho a golpearle.
No tardé mucho en ponerme a trabajar, llevaba copas de un lado a otro de cliente en cliente y todos parecían querer devorarme cada vez que depositaba la copa de bebida a su lado. Repugnante…pensé; pero aun así, era mejor que ser el premio de una partida de póker que ganaría cual…quie… ¡Bella idiota! ¡Ahora te acuerdas que ese Adonis juró que hoy sería él el ganador! ¡Eres idiota! ¡Idiota! Me gritó la vocecita de mi cabeza mientras yo le grité de vueltas que se callara. No lo recordaba…hoy ese chico…el hermoso Adonis…él…Bueno haber tranquila…aún nos quedan horas…además….¿quien dice que vendrá?
Las horas comenzaron a pasar y cada me parecía que lo hacían más rápido. Ya dejaron de importarme las miradas o el tener que sonreírle a miles de hombres babosos cuando les servía su coda de whisky. Porque por desgracia, hasta que al fin llegó la hora…mi mente siempre estuvo pendiente de aquellos ojos verdes que desde hacía un par de minutos había comenzado a estar centrado en la jugada que realizaría para ganarme…
- Vampirita hoy serás mía – gritó uno de los jugadores mientras yo posaba sobre aquel pedestal
- ¡Ja! Vamos esa preciosidad se merece a un tipo como yo – gritó otro de los jugadores
Yo solo me limité a sonreírles a los dos, a guiñarles y a inclinarme un poco como Jane me estaba indicando para dejar que todos ellos admirasen mis pechos. No llevaba ni cinco minutos allí y ya deseaba que esto acabase, no aguantaba ni un segundo más en aquel pedestal, no aguantaba ni un segundo más aquellas miradas, no…
- ¡Vamos! – una fría mano se posó sobre mis hombros y me giré para ver a Félix – Ya es la hora
- ¿Ya? – pregunté sorprendida
- ¿Te parece poco? Lleva como tres horas posando Vampirita
¡Malditos ojos verdes que me distraen! ¿Por qué ese desgraciado que quiere violarme tiene que ser tan sexy? ¡Es injusto! Grité interiormente mientras comencé a seguir a Félix nuevamente hacia la habitación rosa.
Durante el camino no paré de preguntarme si realmente él sería el ganador de esa noche y si cómo Ángela me dijo acabaría acostumbrándome a esto…solo sé que nuevamente sentí las lágrimas recorrer mi rostro y ese nudo en la garganta que me impedía articular palabra alguna…
- Quédate aquí – me empujó hacia al interior – El ganador no tardará en venir…
Tras volver a palmear mi trasero – tal y como el primer día - cerró la puerta y escuché el sonido de la cerradura. Todo era tal y como el primer día, solo esperaba que el que entrase ahora no fuese nuevamente aquel viejo verde.
Esta vez, no sería tan niña como la primera, hoy me sentía más fuerte, más llena de vida y todo gracias a Ángela. Lo tenía decidido, esta vez no me dedicaría a llorar en un rincón, buscaría la forma de salir. La forma de huir de aquel lugar antes de que llegase aquel desgraciado que me violaría.
Recordaba que la última vez el Adonis consiguió abrir la puerta con una tarjeta de crédito, quizás yo también podría hacer lo mismo. Busqué por la habitación algo que pudiese asemejarse a una tarjeta de crédito; pero tal y como supuse, algo como eso no lo encontraría ni en 1000 años en aquella habitación, así pues, no me quedó más remedio que buscar otra solución. Había visto miles de veces en las películas como abría las cerraduras con una horquilla del pelo y yo tenía varias en mi cabello. Así pues me quité un par de ellas y me puse de rosillas frente a la cerradura mientras introducía las horquillas en la cerradura e intentaba desesperadamente abrirla.
Finalmente, no pude retener más las lágrimas, al ver que el tiempo se me venía encima y que esa puerta seguía sin ceder, ya sentía las lágrimas, sentía el miedo y no deseaba que ningún hombre me tocase. ¡Ninguno!
*Clic*
De pronto el cerrojo de la puerta cedió y mi rostro se iluminó como el de un niño pequeño la mañana de navidad; pero cuan equivocada estuve al alegrarme, porque esa puerta no había sido abierta por mí, sino por mi futuro violador, que lentamente comenzó a empujar la puerta mientras yo retrocedía asustada, arrastrándome por el suelo y con las lagrimas cada vez cayendo de mis ojos a mayor velocidad.
Mi vista estaba totalmente nublada y no era consciente de quien entraba en aquella habitación. Solo sentía el frio de de mi cuerpo casi desnudo en aquella fría habitación y como mis brazos intentaban cubrir mi cuerpo inútilmente. No tuve valor, esta vez no fui capaz de mirar a aquel que entró en la habitación y antes de que fuese capaz de decir nada cerré mis manos en puño y susurré con voz ahogada…
- Hazlo rápido…tócame, bésame…hazlo de una de vez por favor…acaba con esta tortura…
De pronto algo raro pasó, noté un suave calor sobre mis hombros y con lentitud comencé a levantar mi mirada mientras retiraba de mis ojos el resto de lágrimas aún presentes en ellas. Entonces…le vi. Arrodillado ante mí, con una sonrisa que bien podría matar a cualquiera y tendiéndome su mano de manera caballerosa mientras sus ojos me miraban brillando con gran intensidad. De pronto miré mi cuerpo y vi que estaba cubierto por una chaqueta que me quedaba un poco grande, no pude evitar sorprenderme, ¿Qué era lo que estaba pasando? ¿Por qué se portaba así de bien conmigo? ¿No fue que juró que me poseería? ¿Qué ganaría para tenerme?
Con cuidado se inclinó un poco hacia mí, temí y volví a retroceder; pero él solo volvió a dedicarme otra de sus sonrisas.
- Tranquila…no voy a hacerte daño… - susurró
- ¡No! ¡Apártate! – con violencia le di un manotazo a su mano y retrocedí un poco más - ¡¿Cómo pretendes que me crea algo eso? ¡¿No fuiste tú quien juró que ganaría? ¡Enhorabuena! ¡Ya has ganado esa estúpida partida! ¡Ya puedes violarme! ¡Venga! ¡¿A qué diablos esperas? ¡¿Por qué me das la mano? ¡¿Por qué me sonríes? ¡¿Por qué´ me miras así? ¡¿por qué me torturas? ¡Ya viólame! ¡Empújame sobre la cama y hazme tuya de una maldita…
- ¡Shh! – No sé en qué momento me vi acorralada contra la pared y con uno de sus dedos sobre mis labios interrumpiéndome. No sabía qué hacer. ¿Qué planeaba ese chico? – Sé lo de tu amiga…sé que no quieres estar aquí…y tu sabrías si me hubieses escuchado la última vez que yo solo quiero ayudarte…
- ¿A-Ayudarme…? ¿T-Tú? ¿Qui-Quién eres?
- ¿Yo?...Mi nombre es Edward Cullen…
N/A: Holaa! Bueno como dije como mucho os pedi 2 semanas para actualizar y aqui me teneis de nuevo con un capitulo más de este fic que personalmente me esta gustando mucho escribir y espero que a ustedes tambien os este gustando lo que crea mi loca cabecita ^^
Bueno solo decir que ¿que pensais de este capitulo? ¿pobre Ang no creis? T.T Bueno quise que hubiese alguien del entorno de Bella que la comprendiese con la que Bella pueda contar mas adelante...ya sabreis porque jijijiji
Bueno que tal si ahora pulsais ese lindo botoncito verde y me dejais un lindo Reviews con vuestras opiniones, sabeis que estoy deseosa por saber que lo que pensais y que es lo que creeís que pasará en el siguiente capitulo ^^
Espero pronto saber vuestras opiniones!
Nos leemos!
Besos vampiricos para todos! ;[
Con mucho cariño para todos ustedes: SthelaCullen ^^
y espero que sigais leyendo mi fic, besos! ^^
