Confesiones.
"Harry...—dije débilmente—..., ¿qué te estoy haciendo?"
Seguramente ya habían pasado al menos como cuarenta segundos, y aun seguía en la inexplicable situación...Draco seguía besándome, yo traté en más de un intento para zafarme de él, pero fueron inútiles, no podía usar la varita porque la solté en la repentina caída, por un insólito momento pensé en responderle, pero...¿qué diablos?, ¡no!, por fin consiente de la gravedad del caso, reuní todas mis fuerzas y lo empujé con todo lo que pude, logré separarme de él. Al instante le di con todo lo que pude en la cara.
—¡Qué diablos hacías Malfoy!—grité desesperadamente.
Malfoy se quedó paralizado, observando al vacío. No muy decidido acerca de lo que iba decir.
—Te estaba besando ¿o es qué no lo notaste?—respondió sin dejos de expresión.
No toleraba un minuto más su hipocresía, pero necesitaba respuestas, y las necesitaba ya. Decidí que lo mejor era seguirle el juego.
—Sí, lo note, im...Malfoy—dije soltando un resoplido, aún temblando de rabia—, pero ¿por qué?.
—Pues veamos Weasley, si lo entiendes...cuando un hombre besa a una chica es porque le gusta y la encuentra...
—¡Malfoy!
—¿Qué?
—¿Puedes dejar de hacerte el idiota y decirme la verdad? Antes que me saques de mis casillas y te...
—¡Bien!—exclamó rápidamente—, te besé simplemente porqué decidí hacerlo ¿si? No significó nada para mí, tal vez es porque no tenía nada bueno que hacer.
Le fulminé con la mirada, por una parte, estaba muerta de la vergüenza, y por la otra; quería matarlo vivo. Tomé una bocanada de aire, y me di media vuelta, me sentía asqueada, repugnante, acababa de besar a Malfoy...era lo más asqueroso que alguien podría imaginar, y esta vez; no fue un rose...fue un beso real, me daba simplemente asco, me hacía volver la idea que me había besado con el tipo que detestaba, que prácticamente valía menos que una migaja (por no decir cosas malas). Involuntariamente una lágrima recorrió por mi mejilla ¿pero qué me pasa? ¡Llorando por Malfoy!, me sentía mal, deprimida...corrí a toda la prisa que pude con la cabeza gacha hasta llegar a la sala común. Ya era noche, había varios alumnos que aún estaban en la sala común, algunos estudiando...otros riendo. Entré sin mirar a nadie, no quería que nadie me viera.
Suspiré entrecortadamente, ni bien llegué a mi habitación, me desplomé en mi cama, y mi mente solo viajó hasta un lugar; Harry. No..., no le podía estar haciendo esto a él, sentía que me estaba burlando, me sentía simplemente horrible como persona.
—Harry...—dije débilmente—...¿qué te estoy haciendo?—. Mi voz era crispada, y trataba lo más posible de contener el llanto.
Me llevé las manos a la cabeza, tratando de pensar con claridad, pero en ese momento era completamente difícil, ¡mi cabeza iba a estallar!, ya no daba más, sentía desprecio, amor, decepción...era un popurrí de los más demenciales sentimientos que me podrían haber pasado para toda una vida.
Para lástima mía, no pude aguantar las lágrimas que me empezaron a salir, dolía, dolía mucho...era mejor una espada, una maldición cruciatus me quedaba chico con el horrible sentimiento, me sentía como una copa de cristal rajada, apunto de romperse. Cogí el collar en mi pecho, el collar que me había regalado él, parecía un imán en mi mano, tratando de zafarse de ahí, como si le indignara la idea de estar en alguien tan repugnante. De repente, alguien entró.
Volteé instintivamente, y me limpié rápidamente la cara ocultando las lágrimas, no quería que me vieran así. Era Hermione.
—¿Ginny?—. Susurró, en su voz había preocupación.
—¿Qué?—le pregunté tratando de sonar indiferente. Pero mi voz aún estaba crispada, no podía evitarla.
—¡Estabas llorando!, ¿qué pasó?
Ella se sentó a mi lado en un abrir y cerrar de ojos, mirándome angustiada.
—¿Qué pasó?—. Volvió a preguntar.
—Nada—respondí ocultándolo entre falsas risas—, simplemente tenía sueño, bostecé y mis ojos enrojecieron.
—No mientas Ginny—. Me regañó.
—No me pasa nada, Hermione—. Esta vez soné seria, estaba frustrada, quería a todos lejos de mí.
—Está bien, no te obligaré a que me cuentes.
Se levantó erguida, se cambió, y se metió a su cama sin decir más. Hice lo mismo, no quería tener más problemas por ahora, aunque los tendría mañana, lo sabía.
El sueño fue peor que la realidad, Malfoy no me dejaba en paz, me besa a su antojo y cuando le venía en gana. Lo peor, no podía defenderme, y cuando me rendía, le respondía con placer y despreocupación. También estuvo Harry...tratando de impedir eso, pero a la vez estaba a su lado. En ambos lados.
Desperté sobresaltada, tenía clase y no quería salir, iba faltar..., ¿que me expulsen? ¡No me importa!...no me importa nada. Hermione estaba sentada en mi cama, leyendo un libro. Cuando se percató que me había levantado comenzó a hablar.
—¡Al fin!—. Musitó enfadada mirándome.
—¿Qué?—pregunté asustada por su reacción.
—Te despertaste.
—¿Y por eso gritas? Hermione...
—No hay tiempo de hablar, estaba esperando que despertaras, ¡tienes que bajar a desayunar deprisa!, perderás clases...
—No iré, Hermione—. Dije decidida.
—¿Cómo?
—No iré al colegio, hoy no.
Miré a otro lado tratando de esquivar su mirada.
—¿Qué no irás...?, ¡es el colmo!, le enviaré una lechuza urgente a tu familia...
—¡No!—le grité escandalizada.
—¡Entonces ve al colegio!
—¡NO!—. Volví a gritar tercamente.
—Estás demente Ginny, no tenemos tiempo para tus tonterías, hazlo antes de que me colmes la paciencia y te lancé un hechizo.
Refunfuñé agotada, me levante deseando por dentro que Hermione se largara de ahí...Bajé al gran comedor para poder desayunar, todos se voltearon a verme, pero ¿por qué, acaso se habían enterado?. Eso era lo único que me faltaba, vi a Luna y me quise sentar con ella, lejos de la atención de Hermione.
—Hola Ginny—me saludó Luna—, ¡luces terribles!
—¿Ah, es por eso que todos me miran?—pregunté temiendo que no sea esa razón.
—Sí—respondió. Exhalé aliviada—, tienes una cara de muerta...
—Gracias—dije con pequeño sarcasmo.
Empecé a comer, cuando estaba en momentos así es cuando siento más hambre..., comí todo lo que estaba a mi disposición. Hermione me miraba estupefacta.
—Te pareces a Ron...
—¡No me compares! No me gusta que la gente me compare...
—Ginny debes venir conmigo—. Me llamó Luna, ella ya se había levantado y tenía una mirada indescifrable.
—Pero estoy...
—Vamos—. Repitió. Me asustó el tono de Luna, nunca había sido así.
Me llevo hasta la torre de astronomía, un lugar vacío y poco habitado. Le miré sin comprender lo que le ocurría, ¿trataba decirme algo?. Quizás se hubiera enterado, el pánico me invadió y la vergüenza se volvía insoportable.
—Empieza—dijo decidida.
—¿Con qué?
—Con decirme que es lo que te sucede, tú no eres así. Dime la verdad y no me mientas—en su voz había ternura y compasión, lo que lo hacía más difícil—, soy tu mejor amiga.
Miré al suelo, esperando contradecirme, pero era imposible...nada lo hacía más difícil, tomé una bocanada de aire tratando de calmarme.
—Me besé con Draco Malfoy.
