Todos los personajes de la serie de Inuyasha pertenecen a la genial Rumiko Takahashi

Otros son de mi imaginación. ;)

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Capitulo 3 ¿cómo y por qué?

-¿Madre? – la voz de la muchacha junto a Sango sonaba tan asustada. Su madre lloraba sin apartar la mirada de la puerta, sin expresión, hundida en la miseria.

-Sango…- El susurro del monje la sacó de la estupefacción en que se encontraba, la ex exterminadora lo miró desamparada, tantos años viendo ir a Inuyasha en secreto al pozo, tanto tiempo observándolo mirar al Goshinboku con añoranza, ver como buscaba a Kagome en cada lugar, momento… gimió. El dolor era tan fuerte y era culpa de Inuyasha, su maldita esperanza de verla había alimentado las suyas, manteniendo estático cada recuerdo, cada instante que compartieron con ella, con Kagome. Como si el tiempo no hubiese pasado. Quiso reprochárselo, decirle que era su culpa, porque si los hubiera dejado a todos seguir con sus vidas, sin el recuerdo de Kagome latente, ella no se sentiría así. Lloraría sí, pero el tiempo habría sanado la perdida. Ahora el dolor era grande, porque no era sólo suyo, era de todos. Sintió rabia, pero cuando fijo su mirada en él, se sintió miserable. La vista del hanyo estaba oculta bajo su flequillo y su mano apretaba la espada con fuerza. Qué egoísta había sido por un instante, pensando en su dolor, siendo que los que más sufrían no eran ella o Miroku. Las esperanzas de Inuyasha habían cimentado raíces en el corazón de Shippo desde hace mucho tiempo. Miró a Miroku, y vio en él la tristeza a flor de piel y no pudo soportarlo más, su esposo también pensaba igual.

-¡Oh! Miroku…- sollozó lanzándose a los brazos de su esposo y su voz se quebró, el dolor era tan fuerte, tan intenso, pero no era suyo y eso dolía aún más.

-¿Madre?- la preocupación de su hijo menor hizo que Miroku se diera cuenta de que esto pronto se escaparía de sus manos, y supo que todo se había quebrado cuando Shippo alzó la vista enfadado hacia Inuyasha.

-¡Todo es tu culpa!- se desahogó el joven Kitsune con fuerza, imposibilitado para pensar con claridad. - ¿Por qué no la trajiste de vuelta? ¿por qué nunca luchaste para que volviera?

-Shippo- chan- el susurró que una de las hijas de Miroku lanzó hacia él se perdió entre la furia del muchacho zorro.

-No seas injusto Shippo- el monje le miró serio- Inuyasha no tiene la culpa de nada, lo que le sucedió a la señorita Kagome no es culpa de nadie… Todos queríamos que regresara, pero a veces el destino es complejo… y debemos aceptarlo como se nos presenta, además sabes bien que el pozo se había cerrado…-

-¿cerrado?- Gritó Shippo con sorna- pues no estaba tan cerrado cuando mataron a Kagome, cuando la trajeron aquí… Lo que pasa es que ya no la querías cerca ¿cierto Inuyasha? Claro, como tenías a Kikyo para qué ir por Kagome… ¿para qué cierto?

-Shippo- esta vez fue Sango la que dejó escapar un suspiro.

-¡Vete al infierno Inuyasha!- el grito del joven yokai se perdió mientras corría fuera de la cabaña, dejando que el bosque fuera el único testigo del dolor que sentía.

Kikyo se removió inquieta en el lugar, hace tiempo había aprendido a ignorar las comparaciones, las miradas furtivas de Inuyasha, que sabía no eran para ella y el rencor oculto que el ahora joven zorro le lanzaba a través de sus ojos cada vez que se veían. Y no podía culparlo, cuando ella misma fue la que dijo que era posible que Kagome no regresara por su culpa. Encarnación y reencarnación no podían coexistir demasiado tiempo, eso o la misión de esa chica había terminado cuando la Shikon no Tama fue purificada, enviándola de vuelta a su época. Pero eso no era su culpa del todo, ella no había pedido revivir, de nuevo, a decir verdad, no entendía por qué aún estaba en este mundo. Ella había muerto en los brazos de Inuyasha, despidiéndose con "ese" beso… suspiro levemente… un beso de despedida, para sellar el pasado y seguir adelante, para mitigar el dolor y la culpa del recuerdo… Cuando Kaede y ella lo habían conversado fue cuando lo comprendió. Kaede, hace mucho tiempo también le había mencionado que quizá había sido la propia Kagome quien pidió que ella volverá a este mundo, pero lo dudaba, conocía bien los sentimientos de la chica del futuro. No era malvada, pero tampoco era masoquista, jamás hubiera deseado algo como eso, entonces ¿por qué? ¿cómo? Había algo inconcluso, algo que sólo ella debía terminar.

-No tomes enserio las palabras de Shippo Inuyasha, está confundido y dolido. Además – agregó sonriéndole, intentando mitigar un poco la tensión, aunque sabía era imposible- no es la primera vez que te grita algo como eso.

Kazuki, la hija mayor del monje quiso golpear a su padre ante el comentario, ¿era idiota o qué? es que no se daba cuenta de la situación que había ocurrido. No es que ella comprendiera del todo, pero no había que ser vidente para ver que esta vez las palabras de Shippo-chan habían calado profundo en Inuyasha-san. Si había que decir algo no era precisamente algo como eso, bufó… ella no era buena para estas cosas, buscó la mirada de su hermana menor Megumi, pero esta estaba perdida en sus propios pensamientos, seguros dirigidos a cierto joven yokai zorro, suspiró, su hermana era tan evidente con sus sentimientos a veces.

-Lamento…- la voz que interrumpió al silencio fue débil. Megumi se mordía el labio y apretaba con fuerza el paño con el que había estado limpiando la bebida derramada antes de que esos extraños jóvenes llegaran- Lamento su perdida… no, no conocí personalmente a Kagome... Kagome –sama, pero sé que le querían mucho por las historias que okasan nos contaba… realmente… yo, lo siento mucho- dijo inclinando su cabeza en señal de respeto.

Kazuki respiró al fin, su hermana siempre sabía que decir en este tipo de situaciones, gracias a Kami-sama, como decía su padre, al menos una de las gemelas tenía empatía y sensibilidad ante los desastres. Pero ella era como su madre y sabía que el dolor era reciente, pero había que discutir la propuesta de los chicos y aunque faltaba toda la noche para que llegara el momento, ella sabía que debían discutirlo. Su madre y padre de seguro querrían ir y ella no iba a perderse esta aventura, pero entonces ¿quién iba a quedarse en la aldea? … Inuyasha-san obviamente no, ni Shippo- chan lo haría… entonces ¿quién?

-¿Qué es lo que harán?…- preguntó Kazuki al fin luego de su análisis. Inuyasha no se había movido de su posición y Sango ya no lloraba con la misma intensidad, lo que había ocurrido con Shippo le dio a entender que luego habría tiempo para el dolor. Miroku por su parte pareció meditar la pregunta de su hija mayor, pero todo fue interrumpido cuando Inuyasha dijo con firmeza que no había nada que discutir, él iría, eso era más que suficiente, que el resto debía quedarse a cuidar la aldea. El monje suspiró, entre todas las cosas que el medio demonio podría haber dicho, eso fue lo peor. La batalla campal empezaba ahora.

-¿Qué dijiste? – comenzó Sango incorporándose desde los brazos de su esposo.

-Lo que escuchaste Sango, iré yo, no podemos dejar la aldea sola. Conmigo es más que suficiente.

-Pero que…- el rostro de Sango ardía en furia- no eres nadie para decidir eso Inuyasha… Además…

-Además qué Sango, no me digas que tú quieres ir – agregó con molestia en su voz- hace cuanto no cazas demonios de forma oficial, sólo estorbarías en una batalla y…

-¡Quién demonios te crees que eres! ¿eh? Si quiero ir iré, además quién crees que lucha cuando tú y Miroku salen a las otras aldeas… no vuelvas a subestimarme oíste

-¡Fhe! Y qué vas a hacerme ¿eh? ¿Exterminarme?…- respondió con burla cruzándose de brazos el medio demonio.

-No me provoques Inuyasha…- y esta vez fue un gruñido de parte del hanyo lo que detonó a la exterminadora- ¡y no me gruñas maldita sea!

-Ya chicos, calma- interrumpió el monje suspirando, intentando detener una discusión que no llevaría a ningún lado- creo que hay que discutirlo con tranquilidad ¿no creen?

-Kikyo miró a todo el mundo sin saber bien que decir, cuando los temas de Kagome se tocaban ella intentaba no opinar más de lo suficiente. La razón era obvia, pero ella tenía preguntas y quería respuestas.

-Ya les dije que…

-No me importa lo que digas Inuyasha, esto no es solo sobre ti, es sobre todos, es sobre Kagome

-¡Ya lo sé, maldita sea Sango, solo intento dejar segura la aldea!

-Inuyasha, Shippo, mi padre, mi madre y yo, iremos. Megumi y Kazuo se quedarán en la aldea para protegerla, en un día y medio llegará Yusuke, ¿recuerdan?, Megumi le pedirá que se quede, dudo que tenga algo mejor que hacer ese lobo, estoy segura aceptará y si Kikyo- sama se queda, estoy segura que la aldea estará más que protegida, en especial si envían a alguien por tío Kohaku, él y Kirara serían de gran ayuda y eso haría que mis padres se quedarán más tranquilos- La propuesta de Kazuki los dejó perplejos, incapaces de argumentar algo en contra. Pero Inuyasha volvió a decir que no era necesario, que con él era más que suficiente, mas al ver la mirada terca de Sango desistió de su lucha inútil, lanzó su típico Fhe, levantándose y largándose lejos de ahí, ya no soportaba más estar en la cabaña. El problema se había resuelto, bueno más o menos, pero era realmente el aroma a dolor del lugar lo que lo alejó del sitio. Él mismo había apartado de su mente todo lo que había escuchado, intentando pensar con claridad, pero ya no había nadie con él. Ahí en medio del bosque, al igual que Shippo había hecho, podía dar rienda suelta a sus pensamientos y a las emociones que lo consumían. Kagome había muerto y él no había podido protegerla. Su maldita palabra no valía nada. Él mismo no valía nada.

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Bueno este es ya el tercer capítulo. Mucho más corto que el anterior.

Espero que les haya gustado la historia hasta ahora.

Sé que aún hay mucho que desenterrar y que de cierta forma se ve un poco confusa la historia. Pero es que aún hay verdades ocultas que no han sido dichas… y sentimientos que no han sido explicados. Pero todo a su tiempo. ;)

¡Saludos!