. Adiós a la reina .
De: PRISS
Capitulo II: "El amor por encima de todo lo demás".
Al abrir los ojos no la encontró a su lado en el futon.
"Debe seguir enojada conmigo."
Pensaba el shaman.
¿Y cómo no iba ella a estarlo?, si el muy cobarde prefería la amistad del Shaman King al amor de la sacerdotisa, sacrificando este último.
No muy lejos de ahí, sentada en el pasillo de madera frente al jardín, la rubia analizaba su situación. . .
Anna comprendía muy bien cómo se sentía el ainu con respecto a Yoh, después de todo, el castaño era muy cercano a ella y lo quería cómo a un buen amigo, cómo a un hermano, pero no podía pensar en la idea de mantener atado este sentimiento.
La rubia suspiró cansada, no podía obligar al peliazul, aunque ya había pensado en darle tremenda golpiza para ver si con eso lo hacía entrar en razón.
~ Ese tonto.
Susurró la joven itako sin saber que no se encontraba sola. . .
~ Annita, ¿qué pasa contigo?, tu no eres del tipo de chica que sufre por un hombre, mucho menos tan distraída cómo para bajar la guardia.
Los ojos de la joven se destiñeron, tornándose blancos.
Esa voz, esa presencia, el aire caliente. . . ¿Cómo es que no se percató antes de que él estaba aquí?.
La Kyouyama se giró tan solo para comprobar con sus ojos lo que sus demás sentidos ya le habían advertido.
~ Ha-Hao!. . . estas vivo. . .
~ Y furioso.
Le dijo el moreno, tomándola desprevenida por el brazo, acercando su rostro lleno de ira al suyo.
~ Te elegí para mi, sin embargo tu eres de los Asakura, e Yoh, cómo tal, tiene algo de derecho sobre ti. . . pero te entregaste a ese insignificante shaman.
La chica tembló, primero de ira, luego de miedo. Lo que veía reflejado en los ojos del demonio de fuego, era nada menos que el aire de la muerte.
Anna se aferró a su rosario, estaba preparada para la pelea, y hubiese sido ella quien diese el primer ataque, de no ser por la ventisca helada que se impactó contra la espalda del Asakura.
~ Horokeu!.
Susurró la rubia al ver a su amante preparándose para una pelea que jamás ganaría.
Pero Hao no estaba de humor para jugar. Transformando al espíritu de fuego en espada, se abalanzó sobre el ainu, dispuesto a hacerlo cenizas por haberse atrevido a tocar a la mujer destinada para los Asakura.
Horo Horo esperó a recibir y soportar el golpe, pero este no llegó. . .
Todo fue tan rápido, maldición!. Para cuando se dio cuenta, Anna estaba entre sus brazos, bañada en sangre.
La Kyouyama se había interpuesto entre ambos shamanes, protegiendo a su amado.
~ A-Anna, ¿qué hiciste?.
El Usui estaba asustado e inmóvil, su mente en blanco. . . no sabía que hacer.
Por más que quiso, la itako no le respondió. No podía, estaba muy cansada, pero ella sonrió con ternura; no tuvo que pensarlo dos veces para decidir ser un escudo para el ainu.
La sacerdotisa hubiese querido decirle algo al peliazul antes de comenzar a cerrar los ojos, más la herida era profunda y la sangre abandonaba con rapidez sus venas
~ Ma-mandaremos a volar a Yoh, nos casaremos, vendrás con, conmigo a Hokkaido y, y tendremos hijos. . . te haré feliz. Tenemos muchas cosas que hacer todavía, por favor, Anna. . . no cierres los ojos. . .
Ella escuchaba su voz tan distante, más sonrió imaginando todo aquello.
~ ¡Qué hermoso!. . . hu-hubiese sido. . .
Susurró la itako, poco antes de que sus negros ojos se cerraran y su voz se apagase, así cómo la vida.
~ A-Anna. . . abre los ojos, por favor. . .
El peliazul la sacudió suavemente, tratando inútilmente de despertar a la chica; gruesas lágrimas resbalaron de sus ojos, sin necesidad de forzarlas.
Con fuerza, Horo Horo apretó los dientes al tiempo en que abrazaba el frágil cuerpo de la chica y terminó escondiendo su rostro lleno de tristeza en el cuello de la joven blanca.
~ Maldición, maldición, maldición. . . ¿por qué esto?, ¿por qué ahora?.
"¿Por qué no puse nuestro amor por sobre todo lo demás?."
Pensaba el peliazul.
~ Porque eres un imbécil que no se dio cuenta de la increíble mujer que tenía a su lado.
La voz del shaman de fuego sonó tranquila, pero firme, era el turno del ainu. Por favor, pronto lo iba a reunir con la bella itako, ¿acaso no era ese un acto de compasión?.
El Usui lo sabía y también lo ansiaba desesperadamente, más antes que nada, reunió todo su poder espiritual, dirigiéndolo a la rubia mujer. En cuestión de segundos, un ataúd de hielo protegió el frágil cuerpo de la itako.
Su incomparable belleza permanecería intacta sin importar el transcurrir de los años, era lo mejor y lo único que podía hacer por ella, lastima que fue su último regalo.
~ ¡Qué bella es!.
Escuchó decir al demonio de fuego a sus espaldas.
Horokeu sonrió, pronto vería a su Anna. Así que cerró los ojos, esperando el impacto, más este nunca llegó. . .
Oscuridad fue lo único que había a su alrededor.
Confundido, tardó unos instantes en gritar el nombre de la itako, hasta el de Hao maldita sea, más nadie respondía.
~ ¿Qué demonios es todo esto?.
Gritó el shaman, para nadie, para él.
Entonces, de pronto una luz cegadora lo rodeó. . .
~ Anna!!.
Jadeó entrecortado, su respiración acelerada. . . había despertado.
El peliazul miró en todas partes. . . seguía en la habitación de la sacerdotisa.
. . . . . Continuará.
Estaba haciendo este capitulo mientras veía Saint Seiya, en la casa de Acuario, por eso lo del ataúd de hielo.
De cualquier forma quería escribir algo donde Hao le reclamaba a la itako por estar con el peliazul, pero no me atreví a matarla de verdad, por eso al final decidí que sería mejor que todo fuese un sueño.
MUCHAS GRACIAS POR LEER ESTE FIC:
Lovehao
Katsumi Kurosawa
Jessy moon 15
Maeda Ai
