Nota del Autor: ¡Muchas gracias por seguir!...un placer de que me acompañen en el tercero.
Disclaimer: KHR, sus personajes e historia original pertenecen a Akira Amano.
Notas de 1ra edicion... tres años despues.
Hace algo de tiempo empece a escribier este fanfic, y no lo he terminado, hoy mucho despues tengo el tiempo y la ambicion de hacerlo asi que empeze a leerlo desde el principio, me notado algunos detalles y otras barbaridades que no note en su momento, una de ellas es que no todos entienden lo que pienso y si no lo escribo tal ves algunos nunca lo hagan, asi que he iniciado una campaña de edicion a mis propias ideas. Esta es la primera.
Ciertamente fueron tres años pero nunca paso mas de una semana sin que no tuviera en mi conciencia que esta idea de tragi/romance no se podia quedar sin final, sobre todo de mi, que odio las historias sin final.
Un abrazo.
Capitulo III: En los ojos miel del cielo
Bajó del avión comercial jurando no volver pisar uno aunque su vida dependiese de ello. Todos los herbívoros que viajaron en su área tuvieron suerte de que sus tonfas fueran con el equipaje o les habría castigado por no saber que cuando se viaja se guarda silencio. Y la verdad era que lo que el Guardián Vongola de la Nube no sabía era que sus tonfas no habían sido necesarias, con solo su presencia y mirada intimidó a toda la pobre alma que tuvo la mala suerte de estar cerca o pasar cerca del pelinegro durante el viaje.
La razón de que tomara la estúpida decisión de viajar en ese tipo de vuelo se había vuelto difusa y borrosa durante del viaje. El mismo sabia que encerrarlo a él, junto con un centenar de escandalosas, mal portadas, groseras e insolentes personas a unos 40,000 pies de altura era una fórmula perfecta para el desastre, no por dada el herbívoro del Vongola se había tomado la molestia de asignarle un avión privado para cuando tuviera que viajar, no tuvo nada que ver que lo haya sugerido con una mirada amenazante claro, pero para su mala suerte dicho medio de transporte estaba en mantenimiento ese día y no podía esperar, no quería.
No le habría importado armar todo un alboroto aéreo y que lo hubiesen detenido autoridades a apenas tocar el suelo cuando, siendo quien era, una llamada (soborno, chantaje, amenaza, extorsión, desaparición inexplicable) lo hubiera sacado rápido de cualquier lugar, sin duda eso de estar con el Vongola tenía sus ventajas; pero eso hubiera significado más tiempo y en esos momentos sentía el apremio en sus venas de llegar rápido a Sicilia así que se mantuvo lo mas quieto y calmado que pudo.
Pero ahora, que ya estaba camino a un taxi fuera del aeropuerto sentía la cabeza más fría, y es que casi 16 horas de vuelo enfrían a cualquiera. Había habido dos motivos por los cuales salió casi corriendo de la base en Nanimori para irse tan rápido como pudiera a Italia, uno era el real, otro la excusa. En Japón cual era cual estaba claro, en Italia ya no.
Subió al taxi y le preguntaron destino. "tonterías"- pensó- , y dio la dirección de la entrada a la zona de la base Vongola. Mando rápido un mensaje de texto y trato de no pensar en el camino. El taxi lo dejo en la entrada y el chofer pareció alegrarse de alejarse a toda velocidad de allí, casi olvida recibir el pago. -"herbívoro cobarde"- pensó Hibari, no había nada que odiara más que la cobardía porque eso significaba debilidad. Sintió la frescura de la noche colarse por su traje, dejo que los subordinados llevaran las maletas y subió en el acto al auto que había ido a recogerlo a la entrada. – A la mansión principal, rápido- dijo y el chofer lo tomo muy a pecho.
A medio camino un Exelero negro salió de la nada a toda velocidad y sin mucho control y casi golpea al auto donde iba el pelinegro, el conductor tuvo que maniobrar y se salió de la calle dando un frenón, el Exelero así como apareció se desapareció y Hibari se quedo con ganas de partirle la cara al imbécil de la tormenta que iba conduciendo, esa basura estaba borracha o que, esas no eran maneras de manejar y menos de noche, mas tarde le daría una lección. Evito desquitarse con el chofer, aunque éste parecía casi entrar en pánico, la nube se pregunto si era capaz de percibir sus intenciones asesinas reprimidas. Por fin llego al estacionamiento privado y de nuevo al conductor le dio alegría salir casi corriendo de allí con todo y auto, "¿deja vu?"- pensó Hibari, bueno a quien le importa. Después de pasar por todas y cada una de las medidas de seguridad para llegar a su destino pensó que ya tenía dos razones para moler hasta la muerte al herbívoro de la tormenta.
Caminaba por el pasillo de la derecha y se detuvo en la tercera puerta, llamo, nada; llamo de nuevo, nada otra vez. Frunció el ceño y abrió la puerta, nadie. "¿pero qué rayos?"- pensó-, el herbívoro del Vongola fugándose del trabajo ¿eh? Claramente había visto su auto en el estacionamiento, apenas iban a dar las nueve de la noche, así que tenía que estar en la oficina todavía. "Lo que me faltaba" –pensó-, al parecer todos querían ser molidos hasta la muerte. Cerró la puerta de golpe y empezó su camino de regreso cuando algo lo detuvo justo frente a la segunda puerta, había algo raro ahí, no sabía porque. Estiro la mano hacia la puerta y la abrió.
Oscuridad, todo estaba negro allí adentro, la sala de conferencias no tenia ventanas así que nada de la luz lunar podía entrar, pero había algo raro que no lo dejo irse, estuvo a punto de prender la luz cuando escucho una voz que lo sobresalto.
-No la prendas, por favor.- dijo una voz en un tono muy bajo, casi sin fuerza.
-Vongola, se puede saber porque estás aquí y no en el despacho, ¿acaso estas saltándote tus obligaciones?- dijo el de ojos negros, recordando su enojo de hace pocos minutos.
-Solo esta vez, Hibari. ¿Podrías dejarme solo por favor?- dijo Tsuna casi suplicante.
La nube agudizo la mirada y distinguió gracias a la luz que se colaba por la puerta la gran mesa de conferencias que se situaba en el centro de la habitación, veintidós sillas perfectamente acomodadas, diez a cada lado largo, una en cada cabecera, o al menos esa era la idea, porque una se hallaba movida y un joven de unos 25 años se hallaba sentado en ella, sus codos recargados en la mesa y las dos manos entrelazadas tapaban su rostro recargando en ellas la frente, tenía el cabello castaño realmente alborotado y su traje se hallaba mal arreglado. Hibari por un momento pensó que suplicaba en silencio, en la oscuridad.
-¿Por qué lloras Vongola?, ¿Es que acaso alguien se murió?- dijo Hibari expectante, en un día normal se hubiera ido sin más, pero algo no le permitía hacerlo, ese día no, se sentía distinto en cierta forma, algo que le molestaba, así que el Vongola le estaba dando una razón para no pensar en la causa de porque había ido allí, a Italia.
-Probablemente sea yo… o al menos una parte de mi- contesto el menor, un tono irónico acompaño la frase, aunque parecía que estaba a punto de soltar en llanto otra vez. – déjame solo, vete ahora Hibari… por favor- termino.
-Vongola, veme a la cara- ordeno Hibari, ahí había algo mal, el Vongola jamás le hubiera hablado así en otra circunstancia. –¿Ya se te subieron los humos a la cabeza?- tomo sus tonfas y las puso en alto,- te los bajare rápida y dolorosamente- termino poniéndose en pose de combate.
El Vongola guardo silencio un momento, se quedo quieto, después alzo la vista y lo vio directamente a los ojos. Nunca en la vida había visto esa mirada, no en la persona frente a el. No veía al herbívoro torpe, débil y amable que todos llamaban "amigo". No veía la ardiente determinación que desprendía cuando sacaba sus llamas tipo cielo, nada de autoridad, nada de porte, ni una pizca de orgullo, nada de aquel que llamaban "jefe". ¿A quien veía entonces? Casi sintió lastima.
-¿Quieres golpearme?... Vamos, ven, hazlo; tal vez así deje de pensar, hazme un favor y déjame inconsciente. – dijo el menor, un hilo de locura cruzo por sus orbes, después sonrió, aunque para Hibari solo sonrieron sus labios.
-¿Es que acaso eres suicida Vongola?, muy bien- dijo Hibari y empezó a avanzar hasta el castaño. Pensó que una vez se acercara lo suficiente el menor pondría la habitual cara de espanto y se alejaría rogándole lo perdonara y no lo moliera a golpes, como aun ahora en algunas ocasiones hacia, aunque no frente a sus subordinados. Pero Hibari avanzo y el menor seguía ahí sentado, viéndolo, esperando el golpe, una sonrisa casi desquiciada cruzaba su rostro, sus ojos llorosos y rojos lo miraban fijamente, había miedo en sus ojos, pero no de él.
Dos o tres pasos antes de llegar al castaño tomo velocidad y con la tonfa derecha le dio de lleno al castaño en el rostro, la fuerza alcanzo a sacarlo de la silla y arrojarlo dos metros hacia atrás, casi choca con la pared. En el suelo el Vongola se medio levantó y llevo su mano al rostro, un hilo de sangre emanaba de sus labios, lo limpio e hizo una mueca parecida a una sonrisa, se quedo inmóvil unos segundos como analizado algo y después vio a Hibari a los ojos nuevamente y el pelinegro vio ahora si verdadera locura.
-¿es lo más fuerte que golpeas Hibari? Creo que la edad te está afectando- dijo mientras se levantaba y hacia el ademan de arreglar sus ropas.- Vamos ven, se que puedes hacer más que eso- dijo desafiantemente.
-¿estás drogado Vongola?, el consumo de sustancias nocivas está prohibido ¿sabes?- casi grito el mayor mientras esta vez corría hacia el castaño y le clavaba la tonfa izquierda en el abdomen, para su sorpresa el Vongola se mantuvo en su lugar aunque el golpe lo doblo y le saco el aire, la alondra esta vez uso la derecha y estaba a punto de golpearle la cabeza pero el menor se protegió con el brazo izquierdo.
- ¿esto es todo?, tú, el que se hace llamar el más fuerte- dijo casi riéndose el menor.
Con la tonfa izquierda lo empujo hacia atrás lo suficiente como dar un giro rápido y darle una patada que estrelló al castaño al mueble de roble que funcionaba como minibar que había cerca. Para la mala suerte del menor la punta de una de las esquinas del mobiliario se clavo en la base de su espalda, cosa que lo hizo gemir del dolor y le doblo las piernas, cayó al suelo de rodillas con una mueca en el rostro.
-Creo que es suficiente Vongola, no sé qué te pasa hoy, pero espero no hagas mas tonterías como esta- dijo el pelinegro y le dio la espalda al castaño, apenas iba a dar un paso cuando percibió que se disponían a atacarlo. Giro rápido agachándose y con la tonfa derecha detuvo al menor golpeándole en el cuello y lo clavó en el suelo con fuerza, pudo sentir como se rompió parte azulejo debajo de la alfombra y el concreto también.
-Vongola, ¿Qué te pasa? ¿Es que acaso quieres dolor? No me digas que ahora eres masoquista- dijo Hibari, miraba al castaño que se quedo tirado en el suelo con los ojos cerrados y el rostro ligeramente más relajado. Se disponía a quitar la tonfa de su cuello para irse pero para su sorpresa la mano del menor lo detuvo, sujetó la mano del pelinegro con fuerza evitando la quitara y presionándola contra su cuello como si quisiese ahogarse a sí mismo. Irónicamente ahora Hibari trataba de quitarla, pero el menor no lo dejaba.
– Vongola ¿pero qué rayos te pasa?- le alzo la voz el pelinegro. El castaño abrió los ojos y le vio en una muda respuesta, aflojo el agarre de su mano, un par de lágrimas escaparon de sus ojos. A esa distancia el pelinegro pudo verle claramente, aun en la oscuridad, gracias a la poca luz de la puerta abierta. En su mente apareció una idea de lo que atormentaba al Vongola, eso que le había hecho perder la compostura, el sentido común, eso que era tan personal, tan profundo que no había ido a pedir ayuda a los que llamaba amigos como siempre lo hacia, sino que se había encerrado en esa sala oscura y fría a sufrir su dolor en silencio, eso que le obligo a hacer algo que en otras circunstancias nunca hubiera hecho el menor, la primera, buscar pelea, la segunda, que fuera con él con el único fin de distraer su mente y cuerpo. El joven que se encontraba en el suelo estaba quebrado, no por el golpe que le dio al final con su arma, sino por uno que alguien le había dado antes, y estaba seguro no con armas, no físico.
Por un momento recordó el día anterior.
…..
Se hallaba sentado en el techo de la escuela, veía el sol en todo su esplendor y él se había refugiado en la pequeña sombra que daba el pequeño cuarto arriba en la azotea. El cielo azul ahogaba su mirada e inundaba su mente con imagines de los ojos que amaba. Eran los dos colores que odiaba, el dorado del sol y el azul del cielo, porque ellos conspiraban para recordarle a cada minuto, todos los malditos días el dorado del cabello del Cavallone y el celeste de su mirada. Era por eso que, para su auto tormento, pasaba todo el tiempo que su ocupación le permitía con los ojos hacia arriba. ¿Cuándo paso?, solo recuerda que un día, hacía mucho tiempo, cuando todavía era estudiante, se había quedado realmente dormido allí acostado. Cuando abrió los ojos tenia a un joven Dino asomado casi encima de él, lo miraba expectante como verificando si realmente estaba dormido. En ese momento se dio cuenta de que sus ojos eran del mismo azul del cielo, y el dorado de sus rizos eran como los rayos solares que salían del astro mayor. Dino al verlo despertar le sonrió, al observarlo al apenas abrir los ojos hizo esa comparación y se sintió embelesado. De ahí todo era historia, cada vez se sentía un poco más afectado por cada vez que el molesto potro se aparecía para entrenar y un día se encontró deseando verlo aparecer de repente. Cuan estúpido se sintió al notar lo que sentía, cuantas ganas sintió de golpearse a si mismo cuando lo reconoció y cuanta lastima se dedicó al saber que iba a ser no correspondido, y de hecho si por alguna razón pasara lo imposible en el infinito y Cavallone sintiera algo por el daría lo mismo, puesto que era jefe de una familia mafiosa. Era como pedir que el cielo solo cubriera a una flor, eso era imposible, el cielo cubría todo, y a todos.
Se hallaba cavilando en eso cuando decidió dejar de auto compadecerse e irse a la base. No importaba cuando lo esperase en esa azotea, Cavallone iba cada vez menos y algún día dejaría de ir. Cuan miserable se sentía al pensar en eso. Llego a la base y los inútiles herbívoros que le asignaron estaban cotilleando sobre algo en el comedor, los ignoro como siempre pero su buen oído oyó la palabra "Cavallone", y de inmediato se detuvo atrás de la puerta.
- ¿fiesta?, ¿en serio?, ¡seguro será estupenda! ¡habrá muchas chicas!- dijo uno
-¡sí!, mi tío me dijo que una vez fue a una fiesta de esa familia y fue de lo mejor, el vino, la comida y las mujeres eran de la mejor calidad, no lo que uno se encuentra en cualquier lado-
- Ósea que si tenemos suerte ¡lo pasaremos estupendo!, ya tanto encierro aquí me ha hecho tener ganas de agarrar a una mujer y enseñarle quien manda-
- Y espera, esto se pone mejor, me han dicho ¡que es una boda!
- ¡no juegues! ¿en serio? ¡esto se pone mejor!, pero oye… ¿me dijiste que es el 27?
- Si, ¿Por qué? -
-No seas imbécil, eso es en esta semana, si estamos aquí en nanimori ¿cuándo rayos vamos a ir allá? -
- ¿Qué?, ¿que hoy no es 14? -
- ¡No seas animal!, ¡hoy es 24!
-¡ahhhh, vi mal la agenda de mi celular!-
- ¡que estúpido eres! -
Por primera vez en su vida ignoro totalmente el nivel de estupidez de una conversación. Por un momento todo se volvió negro y su alma (y corazón) tuvieron el peso del mundo. Cavallone ¿se iba a casar? Camino lo más rápido que pudo y entro en su privado. Nunca pensó en esa posibilidad y eso demostraba era más imbécil que los dos de allá afuera. Era lógico, Cavallone era hombre y jefe de una familia, una boda era cuestión de tiempo. Nunca lo imagino y ahora que escuchaba sucedería sentía que el oxígeno del mundo se iba junto con la libertad del potro. NO TE CASES. La frase apareció de la nada y empezó a hacer ondas en su mente, no te cases, no te cases, no te cases. Sintió que la adrenalina empezó a subir por sus venas. Corrió y abrió un closet, saco dos maletas, hecho lo primero que encontró en ambas y salió a toda velocidad. Se detuvo en la cocina (los imbéciles seguían ahí), y con la poca frialdad que le quedaba en las venas en ese momento abrió la puerta y dijo:
-Oigan par de inútiles, he decidido ir a Italia a solicitar personalmente manden el último presupuesto que enviamos, al parecer alguien detuvo el pago e imagino quien-
- ¡Si señor! - con toda la velocidad que pudieron se levantaron, acomodaron su ropa e hicieron una reverencia a su superior, - pero señor- dijo uno, - el jet fue enviado a mantenimiento el día de ayer-
Hibari debió poner una cara de total impresión y enojo porque ambos subordinados se sobresaltaron ante su reacción, - si gusta iré personalmente a que se apresuren y lo tengan para dentro de dos días, lo programado fueron 5 – dijo uno como queriendo evitar el golpe.
Para la alondra dos días era inverisímil, deseaba ver a Dino ese mismo día, ese mismo instante. Sentía que cada minuto era aire puro que perdía.
-Olvida eso, iré en comercial- alcanzo a decir y girándose tomo sus maletas y camino hacia la salida.
Lo inverosímil tal vez fue para ambos hombres de traje que se quedaron ahí parados y que no tenían la suficiente imaginación como para visualizar al guardián Vongola de la nube en avión comercial.
…..
¿Cómo llegó al aeropuerto, compró boletos, paso las revisiones, abordo y viajo las 16 horas del camino sin amenazar o moler a alguien a golpes?, solo el dios de alguien lo sabría, él no. Solo recordaba el terrible deseo de llegar con el que subió al avión y la mas grande inseguridad con la que bajo. Esas 16 horas de vuelo lo obligaron a enfriar la sangre en sus venas. Iba a llegar a Italia, si, ¿y después que?, iría corriendo hacia la mansión Cavallone y entraría a su despacho y le diría -ey, estúpido potro no te cases-, y el otro respondería -¿Por qué no Kyoya?, y respondería -porque te he amado desde mucho antes que la primera vez que lo hicimos en la base de Nanimori-, y el otro diría – ah bueno, si es así no me casare solo para estar contigo Kyoya- y correría y lo abrazaría y lo besaría y todos serian felices para siempre.
Esa era la más grande estupidez que había pasado por su mente desde que admitió para sí mismo sentirse atraído por el potro. ¿Cómo iba a ser eso posible? ¿en qué mundo? Esa era la vida real maldita sea, nada salía como uno deseaba, el mundo era frio, cruel, despiadado y crudo; eso lo aprendió desde que quedó huérfano hace tantos años ya y se vio obligado a vivir solo. No conocía otra cosa más que esa soledad, ese silencio y la disciplina que se vio obligado a adoptar como su madre para mantener un camino recto y correcto en esa realidad llena de mentiras, corrupción y afán de dinero. Se dio un golpe mental con sus tonfas y se obligó a reaccionar, reprimió los latidos de su corazón y pensó que una boda del Cavallone era lo mejor que podía pasar, era lo que debió de haber pasado hace tanto tiempo y cuyo retraso le había permitido tener algún tipo de romántica e idiota esperanza. Eso no existía, no para ellos, no siendo hombres, menos en el mundo de la mafia, imposible con él.
El ver al joven Vongola ahí tirado sin la habitual luz de idiota felicidad en sus ojos fue como un segundo golpe de sus tonfas, ¿Por qué sintió empatía con él? ¿Por qué la convicción de que algo de la misma índole le pasaba al herbívoro del cielo? ¿era el tiempo que había pasado con él?, o era el estado tan lamentable que tenía y sus ojos y expresiones tan transparentes que eran obvias a la vista de cualquiera.
Hibari lo vio con altivez y lastima, quito la tonfa del cuello del castaño pero no se levanto, sino que se quedo agachado a su lado. No podía quitarle los ojos de encima, no podía irse, algo en su ser le gritaba que no permitiera que eso se quedara así, que no le permitiera hundirse, que no dejara que el castaño pensara y sintiera el fin de sí mismo a causa de ese dolor, que le demostrara, incluso ayudara si era necesario a levantarse de eso, a demostrarle que se podía vivir, incluso con un golpe como ese, si lograba que el Vongola saliera de ese hoyo en el que lo veía en ese mismo instante seria la prueba más clara de que si se podía, de que no era imposible vivir sin lo que uno más añora en la vida, si lo lograba seria la rotunda prueba de que no era necesario cumplir el fin por el que había ido a Italia con tanta desesperación.
-"no es necesario"- pensó el pelinegro, -"no es necesario, ¿lo ves ahora?", una voz resonó en su mente, una voz que desde que salió de Japón le decía que lo que iba a hacer era una tontería, que no valía la pena, que era un iluso estúpido si pensaba que podía salir bien, una voz que al principio era un susurro y que cuando llego a Italia había ganado fuerza y poder en sus emociones. "el amor es para los débiles"- resonó en su mente.
Aceptando esa idea se levanto y tomo de la mano al castaño que había vuelvo a cerrar los ojos llorando en silencio. La jalo y éste los abrió en respuesta mirándolo medio sorprendido de que siguiera ahí.
-Levántate Vongola, ambos sabemos que eres más fuerte que esto- dijo un decidido Hibari, y el menor no lo supo en ese momento, pero el pelinegro estaba hablando literal y metafóricamente.
Al intentar ayudarle a levantarse al castaño se le doblaron las piernas y Hibari lo sostuvo rápido con ambos brazos, ante eso el menor solo levanto la vista y lo vio fijamente. Hibari le correspondió la mirada y sintió un escalofrío por toda la espina dorsal. En esas pupilas apagadas vio el resultado de seguir y hacerle caso a sus deseos al ir a Italia, vio la fragilidad, vio el dolor, vio la desesperación que venía después de la desilusión, se vio a sí mismo, vio su futuro reflejado en los ojos miel del cielo.
Fin del tercer capitulo... bienvenidos sean cualquier comentario/sugerencia!
Saludos, hasta el cuarto.
