Disclaimer: Dragon Ball es propiedad de Akira Toriyama.


"La lujuria merece tratarse con piedad y disculpa cuando se ejerce para aprender a amar."

Dante Alighieri


LUJURIA


Si bien en su época oscura había sido un maldito tirano que saciaba su sed de sangre exterminando razas enteras para luego vender sus planetas de ecosistemas habitables, hay algo que jamás dejo de ser... un hombre. Un hombre que como cualquiera de vez en cuando se dejaba caer en la lujuria con alguna de las fuertes y hermosas guerreras o lacayas que habitaban su mundo, esas súbditas que para él tenían un sólo propósito... darle placer.

No existía nada que lo relajara más luego de finalizar una misión. El príncipe solamente se paseaba por su tierra natal y elegía, lo que para él eran, algunos de sus juguetes sexuales femeninos; luego se desestresaba con ellas y listo. Fin del asunto.

Si te he visto no me acuerdo y ni se te ocurra andar divulgando este encuentro porque te vas a arrepentir sabandija.

Los oídos de incontables féminas habían sido receptores de esa frase tan típica, fría y vacía, de Vegeta. Decena de cuerpos fuertes y curvilíneos habían pasado por sus grandes y callosas manos guerreras. Se había deleitado con el sabor de diferentes pieles, unas más aterciopeladas que otras, algunas más jóvenes que él, otras con mayor experiencia, pero algo tenían todas en común... no pasaban de ser meros objetos de satisfacción.

Y así disfrutaba de su hombría, aumentando su contador personal de lacayas que pasaban por su cama. Hacía y conseguía lo que quería de ellas, él era su príncipe, le debían respeto, obediencia ciega y absoluta. Así de simple, sin vueltas. Ese era uno de los tantos beneficios brindados por su posición en la realeza y, aunque no lo quisiera reconocer, uno de sus favoritos en su "lista".

Pero si existió algo que caracterizaba esos innumerables encuentros carnales era el no contacto con los labios de las féminas. Jamás les permitió probar su sabor y tampoco él se intrigaba por degustar esas bocas. Era una especie de "marca registrada"suya, el dejar esa intriga en las mujeres que durante el encuentro íntimo nunca desistían de atrapar sus labios, sin éxito alguno. Pero no sólo era eso, a él no le interesaba esa pequeña acción, no quería y además pensaba que con su cuerpo podía lograr cosas más satisfactorias que míseros besos sin sentido. Y ahí estaba la cuestión del asunto... no le interesaba porque no le encontraba sentido, porque no tenía sentido.

Y los primeros encuentros con la peliceleste fueron así, llenos de deseo, sólo para saciar su apetito sexual. Pero quién diría que, de la mano de esa vieja conocida que es la lujuria, llegaría el amor.

Ahora, en ese lecho matrimonial que ha sido testigo de variadas proezas entre los amantes, descubre el sentido de toda esa danza tan antigua realizada por dos cuerpos.

Sus labios, esos labios carnosos y de tonalidad rojiza a causa del travieso juego entre ambas bocas, son su adicción, los únicos que ejercen esa atracción tan difícil de controlar, esa que puede percibir fatal si no los toca. El sabor de sus besos le es indescriptible, son un manjar digno de reyes, digno de él, de su príncipe; porque aunque se fuera a la tumba sin admitirlo, él era suyo. Esos labios consiguieron lo que muchos otros no pudieron.

En ese juego de manos traviesas y sin pudor, en ese juego de caricias que se propinan llenas de cariño, batallan fervientemente el tacto de ambos para dar con aquellos lugares correctos de la anatomía contraria que desatan oleadas de placer y locura, conocen a la perfección sus puntos débiles. En su memoria está grabada cada cada curva, cada planicie de ese cuerpo con belleza avasallante; cada centímetro de su suave piel está inscripta en las yemas de sus dedos. Se pregunta si a eso se refieren los humanos con lo de "su otra mitad", ella parece haber sido creada para él, sus cuerpos encastran a la perfección, su cuerpo femenino es una extensión del suyo y al fin se han hallado.

Con su sentido del olfato, un poco más desarrollado que el de ella debido a su naturaleza, puede jurar que percibe su sensualidad femenina en el aire, su particular perfume a vainilla mezclado con un toque de canela que tanto lo excita y desvanece la poca cordura que le queda, ese aroma que se intensifica cuando están juntos, como si él fuera el creador de ese delicioso perfume que lo desconecta de la realidad.

Sus oídos se deleitan con esa armoniosa y sobrenatural sinfonía que conforman sus gemidos, porque es así, sobrenatural; esos sonidos celestiales no son propios de ese mundo lleno de maldad, esas notas musicales son de placer, pero sobre todo, de amor... un amor tan puro que limpia su alma oscura cada vez que convergen.

Sus ojos reparan en cada rincón de su cuerpo escultural, visualizan cada lunar, cada pequeña cicatriz, esa pícara mancha de nacimiento que quiere pasar desapercibida en uno de sus muslos y, finalmente, se encuentran con sus orbes celestes. Ha viajado y visitado muchos planetas, observado cientos de estrellas y satélites, incluso a la distancia divisado nebulosas de magníficos colores, pero nada, absolutamente nada se compara a ese color celestial. Sus ojos le dicen cuanto lo aman y eso aumenta su ritmo cardíaco, hasta lo intimida de cierta forma. Poseen un brillo especial cuando lo mira, uno que sólo él puede sacar a la luz.

Eso aumenta su ego. Sólo él puede llevarla a tal estado, sólo él la conoce así, tan inmaculada y osada, tan bravía y afable, tan impetuosa y endeble cuando está entre sus brazos. Quizás ella es la mente brillante pero, en ese turbulento río de sentimientos y sábanas sedosas, él es el inventor de esas facetas que afloran en su mujer. Se ve a sí mismo de un modo patético, siendo víctima de su propia invención, cayendo a los pies de una diosa de la destrucción... de su diosa de la destrucción, la que derribó esa barrera de acero que abrazaba a su corazón gélido que no sabía de esta clase de sentires. Odia admitirlo pero está dominado, el gran simio ha caído presa de los encantos irreales de la elegante y atrapante damisela.

Y ahora ella es la que toma el control con esos movimientos ágiles y a la vez torpes cuando la invade la necesidad de más. Y sus pequeñas manos se sujetan a las suyas como puntos de apoyo, pero algo se entrelaza más allá de sus dedos... se entrelazan sus almas, sus corazones que siempre estuvieron destinados a estar juntos, unidos por ese misterioso y juguetón hilo rojo. Y la luz de la luna que atraviesa el ventanal de la habitación, enmarca su silueta perfecta, contornea descarada esos sitios corporales que le pertenecen y que lo embelesan, y le da envidia. Siente envidia del satélite terrestre que la hace lucir de ese modo, tan radiante.

Ahora no cree que sea su complemento, ya no; se da cuenta que ella es lo que él jamás será, tiene un corazón puro y limpio de todo mal, pero aún así también posee parte de ese carácter fuerte de mujer saiyajin, orgullosa y terca. Sonríe levemente. Ella no es su otra mitad, ella es su todo. Y juntos llegan a esa cima en donde todo culmina.

En medio de la oscuridad del cuarto ya no reina de forma solitaria la lujuria, ahora comparte su trono con el amor; dos sentires tan diferentes se entremezclan para dar nacimiento a algo que todavía no puede describirse con palabras. Lo que recorre las almas y corazones de esos dos amantes es como el viento... no se ve pero se siente.


¡Hola a todos! :D

El capítulo de hoy es... es... bue, ustedes me dirán xD Me costó escribir la primer parte porque si hay algo que detesto es el machismo, pero era justo lo que necesitaba para poder describir lo que para Vegeta significaba la "lujuria" antes de conocer a Bulma C: En cuanto a la segunda parte, simplemente, no me resistí a mi pareja favorita u.u Cuando se trata de ellos me es difícil separar la lujuria del amor, espero que entiendan el motivo por el cual ahí perdí un poco el enfoque de la cuestión, realmente, para mi hay sentimientos y experiencias que van de la mano, y más en una pareja consolidada como esta.

En fin, espero les guste, lo hice con todo mi amor a estos dos personajes de mi corazón *-*

Besos.

Sole C:

PD: Recomiendo "Besos con sabor a sal" de White Necklace. En estos primeros dos capítulos, Goku y Milk se llevan el protagonismo, y en el segundo viven un momento romántico taaannn bello *-* Que me inspiró para escribir este capítulo C: Por eso, mil gracias al autor que le falla el coco (? y que no quiero ni un poquito (? mentiritas :3