Hetalia, Francia/Francis Bonnefoy y España/Antonio Fernández Carriendo pertenecen a Hidekaz Himaruya no a mí.
Cahier de l'éléve
Je vais
Tu vas
Il/Elle va
Nous allons
Vous allez
Ils/Elles vont
- ¡Menuda mierda de idioma!
El grito se escuchó por toda la casa de cierto español, habitante de Madrid. Se debe aclarar que este cierto español, no era otro que Antonio Fernández Carriedo, también conocido como la representación humana de la nación de España y que, como buen español intentando aprender un nuevo idioma, no podía evitar maldecirlo de vez en cuando, es decir, cada cinco minutos de reloj, mientras intentaba aprenderlo.
Sin embargo, Antonio no se rendía, había decidido aprender francés, y no iba a quedar como un inútil, no señor, aunque no se lo hubiese comentado a nadie, se sentiría defraudado consigo mismo y además, le daría la razón a los demás países que siempre decían que era incapaz de aprender idiomas ¡menuda falacia! Él que tenía cuatro lenguas cooficiales, le iban a decir que no podía aprender idiomas, solo porque hablaba inglés con acento, ¿y qué? Todo el mundo lo hacía, no iba a ponerse en ridículo hablando exactamente igual que el remilgado (ahora) de Kirkland, ni como el avasallador de Jones, él lo hablaba a su manera. Pero con el francés era distinto, no tenía por qué aprenderlo, en realidad tampoco tendría que aprender inglés, puesto que los países tenían su propio idioma común para entenderse, pero sus jefes habían insistido demasiado y…, volviendo al francés, esta vez había sido él solito el que había decidido aprender el tan comúnmente denominado idioma del amor, aunque personalmente pensaba que un piropo en español sonaba mil veces mejor que cualquier frase romántica en francés gangoso, ¡por no hablar del italiano! Antonio sabía que su idioma era el mejor del mundo, pero reconocía el italiano como lo más próximo a la perfección (el español) que existía.
El castaño continuó aprendiendo y memorizando los verbos franceses, en presente todavía. Estaba tan concentrado en su tarea (y en maldecirla) que no se dio cuenta de que tenía visita hasta que escuchó una voz masculina y penetrante que procedía del piso de abajo.
- Espagne, mon cher, he venido a verte, ¿por qué vienes a saludarme?
Antonio entró en pánico, ese era Francis y por nada en el mundo podía permitir que el francés se enterase de que estaba intentando aprender su lengua, seguro que se reiría de él y luego se autoproclamaría su profesor ideal a cambio de algún trato que seguramente implicaría al español en un vestido levantado y gimiendo debajo de Francia. Pues no señor, no pensaba permitirlo, así que raudo y veloz comenzó a esconder los papeles, libros y cuadernos que había utilizado durante su lección.
Francis se aburría, Antonio no le había contestado a su llamada y la chica del servicio que le había abierto había tenido que volver a sus quehaceres, no sin antes informarle de que el señor España se encontraba en el despacho, pero no había dado tiempo al galo a desplegar sus encantos y hacer más amena la espera. Francia miró a ambos lados y sonrió al comprobar que nadie lo veía, así que rápida, pero elegantemente también, subió la escalera y entró sin llamar en el despacho de España.
Antonio acaba de cerrar el cajón de su escritorio donde escondía los útiles de francés cuando Francis entró repentinamente, pero sin perder el glamur, en el despacho, casi se le escapó un suspiro de alivio al ver que le había dado tiempo.
- Espagne, eres malo conmigo, yo vengo a verte y tú ni siquiera vienes a saludarme – se quejó el francés acercándose a su amigo con, posiblemente, perversas intenciones.
- ¡Francis! – exclamó Antonio acercándose también al galo con una enorme sonrisa en las labios y dándole un abrazo de oso – no te había oído llegar – mintió descaradamente - ¿cómo tú por aquí?
Francia frunció el ceño, era bastante improbable que España no le hubiese escuchado, se había asegurado de gritar lo suficiente para que Antonio se enterase de su presencia, pero sin exagerar claro, él ante todo era elegante, pero parecía que el español se había vuelto sordo repentinamente. Bueno, daba igual, lo importante era que ahora tenía la atención de Antonio y no quería desaprovecharla.
El rubio se acercó al español, que se había alejado un poco de él, lo notaba un poco nervioso, sobre todo en su sonrisa. Frunció el ceño, su instinto le decía que Antonio le escondía algo, aunque no sabía qué, tendría que averiguarlo.
- Mon chèr, tu hermanito de echaba de menos y ha decidido venir a verte – con el disimulo por el que era famoso consiguió introducir una mano entre las ropas de su amigo - ¿tú no me echabas de menos? – hizo un puchero.
- Claro, hace mucho que se reúne el Bad Friends Trio – dijo España sin olvidar a Prusia - ¿también has ido a visitar a Gilbert?
- Que va, intento no pasarme mucho por casa de Alemania, ya bastante tengo con soportarlo en todas las reuniones de mi jefe con su jefa, es demasiado estirado.
- Al menos a ti no te da órdenes todo el tiempo – murmuró el español para sí.
- ¿Decías algo?
- No, nada, ¿quieres tomar algo? – preguntó el castaño – esta mañana preparé churros y todavía me quedan abajo – el español no sabía que la sola mención de la palabra churro activó la parte más pervertida de la mente de Francia, sin que él lo supiese se había quedado sin escapatoria.
- ¿Y si nos quedamos aquí? – insinuó Francis moviéndose de manera que su amigo acabó entre su cuerpo y el escritorio – se me ocurren situaciones muy interesantes, todavía no hemos estrenado este escritorio, ¿me equivoco?
- Francis – dijo el español nervioso – no creo que sea una buena idea…
Francia ignoró a su vecino, colocó un brazo a cada lado del cuerpo del español sin quitar su mirada insinuante y comenzó a apartar los papeles que se encontraban sobre el escritorio, ahora escenario de sus pervertidas fantasías, no les prestó atención hasta que sin querer, casi por inercia, descubrió un folio escrito en su idioma. Lo cogió rápidamente sin dejar tiempo a España, que ni se había dado cuenta, a reaccionar.
- ¿Qué es esto? – preguntó mirando el papel.
- ¿El qu…? – Antonio se cortó al reconocer el papel y palideció considerablemente - ¡Devuélvemelo! – gritó lanzándose sobre su vecino para intentar recuperar el papel.
- Nooo – Francis corrió por la habitación esquivando a su amigo y, como podía, leía lo que estaba escrito – Pero… ¡si es el verbo aller en presente! Antonio – dijo repentinamente serio - ¿estás aprendiendo francés?
- ¡No te rías! – respondió el español sonrojado como uno de sus queridos tomates.
Francis sonrió tiernamente y besó suavemente al español en los labios.
- ¿Por qué no me has pedido ayuda? Sabes que me encantaría enseñarte mi idioma – Francis estaba ilusionado, creía que Antonio nunca querría aprender francés.
- No quería que te rieras de mí – confesó avergonzado el suereño.
- Mon chèr – rio suavemente - ¿cómo iba a reírme de ti? Sabes que me encantaría enseñarte mi idioma, a fin de cuentas, nadie lo conoce mejor que yo – alardeó.
Antonio asintió avergonzado y dejó que su vecino comenzara con las lecciones, tenía que reconocer que así avanzaría antes que él solo, además, lo veía tan ilusionado, parecía haber supuesto que lo que Antonio quería era estrechar sus relaciones, desde luego él no iba a sacar al francés de su engaño confesándole que en realidad quería aprender francés para impresionar a Bélgica.
- Por cierto, Toño, ¿por qué ahora quieres aprender francés?
Mierda.
Feliz Navidad a todos, con un poco de retraso, pero espero que me perdonéis.
Tenía demasiado abandonadas las historias de Toño y Francis y esta llevaba empezada demasiado tiempo, así que había que terminarla de una vez, de hecho la empecé a principio de curso, mientras preparaba una prueba de nivel para francés y maldecía todos y cada uno de los verbos franceses, para poder ir a Bélgica, no a Francia, de ahí la broma :P porque allí son oficiales el holandés/flamenco en el norte (Flandes), el francés en el sur (Valonia) y alemán en una región pequeña y de todas ellas creo que Toño preferiría aprender la lengua de su vecino, además es más parecida al español.
Espero que os guste.
