Para que nunca me olvides
II
Tomó un tiesto y abrió la llave caliente: en él, remojó un paño que estrujó luego. Mientras esperaba a que se llenara, tomó uno de los cepillos favoritos de Miyuki y una cinta rosa de la gaveta de la muchacha. Los observó con melancolía, mientras caía sentada en el inodoro.
Ya han pasado semanas desde aquel incidente y el estado anímico de Miyuki lejos de mejorar, recaía con cada día que pasaba... Tuvo que contratar a una persona para cuidar de ella lo que restaba de jornada, lo que la convirtió en la sostenedora del hogar, hasta que lograra retornar al trabajo.
Pensó que el estar recluida no era una buena opción para su amiga, pero se encontraba tan perdida que cualquier muestra de apoyo, cualquier consejo era bien recibido…
-El agua…- cerró la llave: el tiesto se rebalsó y tuvo que trapear todo el piso del baño. Ojalá y no se haya filtrado, pensó.
Fue a la habitación de Miyuki: abre la puerta, pero no se encontraba allí. Unos ruidos provenientes de su pieza la alertaron… Al llegar al lugar, se da cuenta que estaba llena de mariposas hechas de papel.
-¿Te gustan, Natsumi?
Estuvo un rato en el baño: quizás de tanto pensar en la situación tuvo el tiempo para arreglarla.
-¿Có-cómo lo?-
-¿Qué cómo lo hice?: bueno… había un pliego de papel lustre verde y, como a ti te encanta ese color, decidí decorarla…
Hace ya tiempo que Miyuki había pasado la etapa de resentimiento con ella, lo que en realidad le quitó un peso de encima, pero no se le podía siquiera mencionar la muerte de su compañero Nakayima: era correr demasiado riesgo…
Se sentó en la cama, y Miyuki se le acercó, muy preocupada de su reacción.
-¿No te gustaron? No te pongas así, que puedo hacer otras cosas… Como unos guantes de boxeo, o unas pesas…
-No, no, Miyuki: las mariposas están muy lindas… - le toma las manos: las que siempre tenían marcas de trabajo con autos, ahora se habían vuelto tan suaves y delicadas- Me siento bien que quieras aprender cosas nuevas: eso te hace muy bien, pero quiero hablarte de algo que me tiene preocupada…
-Te escucho…
-Me gustaría que supieras que eres la única amiga que tengo: no voy a dejarte, pero me hace mucho daño cuando intentas herirte… Piénsalo más de una vez, antes de hacerte algo: sabes que no podría soportarlo…
Miyuki baja la mirada: al saber que estaba dando un paso muy difícil, decidió que era mejor el dejarlo para otro momento, pero, contrario a lo que esperaba, le tomó la mano y con una sonrisa asintió.
-De acuerdo, Natsumi: es un trato…
Natsumi no pudo evitar sonreír y darle un abrazo muy apretado.
-Ahhhhh, Miyuki: te lo agradezco…
-No, Natsumi: todo esto es gracias a ti…
Sintió que Miyuki estaba gimoteando: de esa manera, no podría contener las lágrimas y era lo que más necesitaba.
Autocontrol, para poder sacar de la depresión a su amiga.
-¡Ya, ya, ya: basta de lloriqueos!- le sacó las lágrimas de forma maternal- No quiero que esos ojitos vuelvan a aguarse: traje la peineta, tus cintas y agua caliente para que remojes tus pies…
Era día sábado, pero tenía un turno nocturno, por lo que le dejaron el día libre. Era un bálsamo el poder conversar con su Miyuki: el cepillarle el cabello, hablar de sus misiones, el ver las facciones de sorpresa y de espanto al relatarle de las labores que debía realizar…
-Me gustaría volver…- musitó melancólica, y alcanzó a llegar a los oídos de Natsumi.
-Pronto lo harás, amiga… Muy pronto…
Mientras terminaba de arreglarle, Miyuki se percató de una marca violácea en su cuello.
-Hey, ¿y eso?- el dedo de Miyuki alcanzó a tocar la marca, cuando Natsumi cayó en la cuenta a lo que se refería…
-Un sarpullido…- dijo, sin que pareciese preocupada por ello, aunque temía que supiese el origen de esa marca.
De no ser por los medicamentos, seguramente los habría descubierto: Miyuki es muy perspicaz… y Natsumi no está en absoluto orgullosa de lo que estaba haciendo…
Sólo era para pasar el trago amargo…
Tomó todos los implementos para la vigilia y los guardó en su bolso: aseguró las ventanas, cerró las puertas y echó una última mirada a la habitación de Miyuki.
Dormía plácidamente en su cama, sin sonidos más que su acompasada respiración: Natsumi le dio un silencioso "buenas noches". Termina por cerrar la puerta del departamento y parte a la estación.
En el cuartel, se encontraban apenas cinco personas, incluyendo al capitán Kachou, Yoriko y Natsumi: todos revisando a cabeza gacha cada uno de los informes que formaban un ciento de la pila que les correspondía.
Era sorprendente que ni Yoriko, la más caturra de la estación, estuviese ahora en silencio… Tal vez, porque ahora mismo estaría Nakayima revisando algunos reportes, o realizando otra de las fallidas aventuras en búsqueda de un fantasma que jamás existió: tal vez estaría con Miyuki, en una de las tantas salidas que han tenido y que siempre guardó en estricta confidencialidad, a pesar que Miyuki jamás le dijo nada; ese lleno de "tal veces" que ya no tienen sentido y que están llenando de melancolía ese lugar.
-Yoriko, ¿serías tan amable de abrir las ventanas?: este calor me está matando…
-S-sí, señor…- Se le notaba que lloraba, pero se ha hecho tan recurrente que ya nadie le presta mayor atención: todos viven el duelo personal como mejor les parezca…
Aun así, el dolor de observarla tan desprotegida tocó una fibra en Natsumi que pocas veces saca a relucir… La siguió con la mirada hasta que se fue a la cocina a preparar unos refrescos para la tropa, que era la excusa perfecta para poder llorar con tranquilidad.
-Permiso, capitán: tengo los músculos entumecidos…
La voz de Natsumi hizo eco en el lugar, por lo que todos se voltearon a verla…
Sí: por el dolor en sus rostros, podría decirse que es verdad lo que pensaba…
-Vaya, Tsujimoto…- le contestó el capitán, a la par de apagar su cigarro en el borde repleto del cenicero.
Salió hasta llegar a la cocina, que estaba cerrada: tomó la manija y lentamente abrió la puerta… Como lo sospechaba: Yoriko estaba con unas naranjas a medio pelar mientras seguía llorando con más ganas…
-Yoriko…-
-¡Natsumi!- se sobresaltó, a verse descubierta- Lo siento, es que estoy en mis periodos, tú entiendes…
De pronto, la tomó de los hombros y la abrazó con fuerza.
-N-Natsumi, yo no, yo no- comenzó a gimotear, hasta que lloraba con todas sus fuerzas: hundió el rostro en su hombro y le hundía las uñas en la piel,… de lo que no se quejaba, porque de no haber sentido ese dolor tan penetrante, no podría tener la fuerza para retener las lágrimas.
-Ah, Yoriko: llora todo lo que quieras… Tranquila, tranquila: ya pasará…
Y así se quedaron, una con la otra, apoyándose y desahogándose a su modo…Pero en su interior, Natsumi sabía que no era suficiente…
Se había prometido no seguir, pero la necesidad se hacía imperiosa con cada día que se resistía a la idea: no había otra alternativa…
Se abrazó aún más a la muchacha…
Tenía que volver a verlo…
-¡Ahhhhh, gatita!: este ha sido el mejor de todos…
Natsumi respiraba con dificultad por el cansancio, pero finalmente logró quitarse toda la frustración que llevaba acumulando durante un tiempo.
-Supongo…
Desde el incidente del auto, Tokki la acosó durante un tiempo: la esperaba fuera del departamento, le enviaba flores, chocolates, todo lo que se podían imaginar. Al principio, no le tomó gran importancia: botaba las flores en la basura o se las regalaba a la vecina anciana del lado, de los chocolates, bueno, los comía porque será muy orgullosa, pero la comida no se bota… A veces los compartía con Tokaurin, pero algo en sus ojos comenzó a cambiar cuando la costumbre se hizo recurrente y, por miedo a quedar en descubierto, dejó de ofrecérselos: de ahí en adelante, se trataron como siempre…
Todo era de ese modo, hasta que un día, después de uno de los tantos intentos de suicidio de Miyuki, por la culpa de no haber estado allí sino en su junta anual de motociclistas, llegó al departamento del muchacho.
No podía estar con Miyuki, puesto que estaba en la sala de cuidados intensivos, el ambiente de su departamento hedía a muerte y no quería sentir más este dolor ni mirar a la cara a un conocido para reflejarse como la culpable que era por no estar con ella.
-Natsumi, ¿qué haces aquí? Son las cuatro de la mañana…
Sin más, Natsumi lo besó con fuerza: el muchacho, apenas sopesó la situación en la que estaba, en una fracción de segundos, correspondió al gesto y se la llevó adentro…
Su primer encuentro en las sábanas: Natsumi sentía un dolor muy grande pero que, en parte, aplacaba el sentimiento de culpa que tenía en esos momentos… Después de ello, siguieron unos cuantos más, pero cayó en la cuenta de lo que había hecho: ella, una oficial de policía, en la intimidad con alguien del espectáculo… Un pase para la fama, unas cuantas entrevistas en el diario, el rechazo por una más joven y, finalmente pero no menos importante, un sobre azul seguro en su bolsillo.
No: el precio era muy elevado.
Tenía que existir otra forma…
Pero el muchacho resultó ser muy resistente.
-Deja de venir a verme, Tokio: ya quedamos en que esto se ha terminado…- el muchacho estaba esperándola en la esquina de la Estación, como en repetidas ocasiones le había indicado Natsumi.
-Ahhhhhh, lo sé, lo sé: dame el beneficio de la duda… El frío es aturdidor a veces…
No podía comprenderlo: le dolía tener que rechazarlo una y otra vez, pero su mente anteponía una luz clarificadora… Sólo eres para un rato, nada más…
-Gatita, vamos: a mí tampoco me conviene enredarme contigo… Te he extrañado tanto…
Eso, eso era: en ese mismísimo momento fue…
"Te he extrañado": la primera persona que, aparte de sus amigos, le había dicho esas palabras… Puede sonar bastante estúpido, puesto que sabía con qué amalgama estaba tratando, pero la enfermedad era un monstruo con grandes fauces…
El remedio tenía que medirse con él…
Se devolvió y lo miró a los ojos fijamente.
-No soy tonta y tú tampoco: en la cama seremos lo que queramos, pero fuera de ella eres un extraño y yo desaparezco de tu vida… Aunque sé en qué lío me estoy metiendo, no quiero que me apuñales por la espalda, porque yo abro la boca y sé defenderme con algo más que mis puños…
El muchacho sonrió: no como las sonrisas con las que posaba en las revistas, sino una que mostraba la incitación más allá de toda regla…
-… Tenemos un trato, oficial Tsujimoto…
I see ya blowing me a kiss.
It doesn't take a scientist
To understand what's going on, baby.
If you see something in my eye
Let's not over analyze.
Don't go too deep with it, baby.Sha-la-la-la, Sha-la-la-la.White picket fences in your eyes.
A vision of you and me.
So let it be what it'll be.
Don't make a fuss
And get crazy over you and me.
Here's what I'll do,
I'll play loose,
Not like we have a date with destiny.
It's just a little crush,
Not like I faint
Every time we touch.
It's just some little thing,
Not like everything I do depends on you.
Sha-la-la-la, Sha-la-la-la.
It's raising my adrenaline.
You're banging on a heart of tin.
Please don't make too much of it, baby.
You say the word "forevermore".
That's not what I'm looking for.
All I can commit to is "maybe".
So let it be what it'll be.
Don't make a fuss
And get crazy over you and me.
Here's what I'll do,
I'll play loose,
Not like we have a date with destiny.
It's just a little crush,
Not like I faint
Every time we touch.
It's just some little thing,
Not like everything I do depends on you.
Vanilla skies.
It's just a little crush,
Not like I faint
Every time we touch.
It's just some little thing,
Not like everything I do depends on you.
Sha-la-la-la.
Not like I faint
Every time we touch.
It's just some little thing.
Not like everything I do depends on you.
Sha-la-la-la.
Not like I faint
Every time we touch.
It's just some little thing.
Not like everything I do
Depends on you.
« Crush », Jeniffer Paige.
Desde ese instante, las juntas se volvieron recurrentes: dejó los regalos, porque sabía que terminarían en algún lugar que no era precisamente su dormitorio, así también con citas en algún restaurante, porque la veía nerviosa y descompuesta por cualquier rostro familiar, aunque fuera en el hotel más caro de la ciudad… Finalmente, optaron por verse en el apartamento de él, sin que Miyuki supiese nada de él, por lo que Natsumi siempre se fue sola del lugar o, ante los regaños de Tokki, la pasara a buscar un taxi.
Después de un buen tiempo en la intimidad, le pareció gracioso algunas de sus costumbres, como la de rezar a un pequeño buda al que tenía lleno de billetes (según él, para la suerte) u otra tan bizarra como la de acostarse con ella con los calcetines puestos…
Tenía buenos modales después del acto: le contaba sus anécdotas con las mucamas y los dos se reían de las locas travesuras que cometían sus fans para poder encontrarlo en alguna parte de la privacidad…
Pero, más allá de lo que puedan reprobar los demás, seguía con esa situación porque podía asegurar que Tokki no llevaba a nadie más a su cama… Bueno, por una parte, si te ofrecen sexo sin ninguna obligación ni un pero era claro que no tenía porqué buscar en otras faldas, pero, con su status y pudiente situación económica, pudo haberse metido con otras mujeres mucho más hermosas que ella: ha salido con cantantes, modelos, mujeres ricas y hermosas… De alguna forma, Natsumi sintió que ha tocado algo de esa perfección, y el sólo hecho de pensarlo, le sacaba más de una sonrisa de la cara…
Todo esto, claro, en estricta confidencialidad: prefería ser víbora y morderse la lengua antes de aceptar que el tipo valía mucho más que ella. Se jugaba su orgullo de mujer, que era lo único de lo que podía vanagloriarse.
Eso sí, ese paraíso sólo duraba mientras él tuviese algo que contar: ni hablar de desahogo con Tokki, que era como poner la cabeza en la guillotina a lo que fuese que tenían en ese momento… si quería fregarse sólo y ganar dinero en el espectáculo, bien por él, pero a ella sólo la mantenía entretenida, nada más…
Así era la situación, y hasta ahora no ha sido tan mala…
… Hasta ahora.
-Dime, gatita, me mata la curiosidad: ¿no tienes novio?
Da vuelta la cabeza, con la palabra "horrorizada" escrita en la frente, pero prefirió cambiar el switch de la situación…
-¿Qué: ahora quieres un trío?
-Ja, ja, ja, ja, ja: eres una pilla…- musitó, mientras hacía círculos en su espalda- No, en serio, ¿por qué tan sola con ese par de ojos que te gastas?
-Mmmm, creo que no pasaste Anatomía en la escuela…
-¿Me enseñarías?
-No, gracias: ya estoy bastante cansada…- después de estirarse gatunamente, tomó su camisa y buscó sus prendas dejadas en algún lugar de la habitación…
-No veo el apuro: es domingo… A menos que vayas a misa a golpearte el pecho por lo que has hecho.
-Estúpido…- musitó, con una sonrisa en los labios: a veces, era tan chistoso… De pronto, se echa el pelo de la frente hacia atrás- Oh, dios…
-Hey, si sólo era una broma…
-No, no, ¡no!- se puso los tacones y buscó en su chaqueta.
-Oh, no: lo suponía…- Diez llamadas perdidas de Tokaurin: tenían una salida con Miyuki hace ya media hora atrás y ella no se encontraba en su apartamento.
-Vamos, gatita, tranquila: llamaré al taxi, para que venga a recogerte…
-Vale, gracias- musitó Natsumi, esperando que el teléfono de Tokaurin contestara- ¿A-Aló?, Tokaurin: ¡lo lamento! Estoy en un tráfico horroroso…- un "ja" emitido por Tokio y Natsumi le dio una patada en el muslo- Con nadie, paranoico, es el auto vecino ¿Cómo que en dónde me metí anoche? Tenía turno nocturno…¡Pero le pagué extra para que se quedara esa noche!: vieja estafadora… Sí, sí, lo lamento: voy para allá. Adiós.
Apagó el teléfono: sí, Katsuka algo sospechaba de la existencia de ese hombre, pero al parecer no tenía ningún vínculo amoroso con la bruna… Se había metido en eso rollos antes y sabía perfectamente cuándo le ponían los cuernos…
-¿A la gatita no le enseñaron a decir la verdad en todo momento?
-La verdad no es nuestro fuerte: ¿dónde está mi peluca rubia?
Se dio la vuelta, y vio a un estupendo "macho" con cabellos rubios.
-¿Cómo me veo, querida?
-Como un "Express a cinco dólares": pásamela- se la quitó y amarró su cabello: mientras se acomodaba la peluca, Tokki pasaba al baño a lavarse la cara… Lamentablemente para ella, no había podido darse una ducha, como acostumbraba, así que tendría que ingeniárselas para no levantar sospechas allá en el departamento.
Los lentes oscuros, una chaqueta que le subía unos diez kilos y estaba lista: al salir Tokki, no aguantó la risa, por lo que el zapato en la cabeza era una pena irrevocable.
-Eres un estúpido, ¿lo sabías?
-Y tú eres Marta Sánchez con unas buenas parrilladas encima, pero estás atrasada y no tienes tiempo para hablar con un estúpido, ¿no?
-Es cierto, ¡maldición!- iba a cruzar la puerta de salida, cuando los brazos de Tokki la voltearon y la incrustaron contra la pared: sus labios la tomaron con ferocidad… Era una costumbre, pero algo en ella cambió desde que tocó el tema de una relación en serio. A final de cuentas la soltó, limpiándole un poco de brillo que se escurrió de la comisura de sus labios- Tienes que aprender buenos modales, gatita: nos vemos... –le cerró la puerta, y Natsumi quedó estática en el lugar: de nuevo se abrió la puerta y Natsumi saltó de la impresión- ¿No que tenías prisa?
-S-sí, ¡sí, adiós!- se fue corriendo del lugar, mientras Tokki la veía.
-Eres un encanto, Natsumi… Lástima que estés tan ocupada.
El taxi la condujo al bar adonde iba con recurrencia: fue al baño y se quitó todos los artilugios que traía puestos y los dejó a un lado de los estantes del personal, donde el dueño del local le permitía guardarlos. Allí mismo, le dejó darse una rápida ducha: era demasiado riesgo el bañarse en el departamento, por la presencia del teniente. Estaba a punto de salir, cuando el capitán Kachou ingresa al bar y se la encuentra de frente.
-¿Tsujimoto?
-Capitán…
-Qué bueno encontrarla aquí: hace tiempo quería hablar con Ud.
No pudo evitar sonrojarse: hace un tiempo atrás, estaba colada hasta los huesos por su superior, pero el sentimiento se fue aminorando… dice bien el dicho "Donde hubo fuego, cenizas quedan".
-L-lo lamento, capitán: tengo que encontrarme con alguien y estoy retrasada…
-Me alegra saberlo…
-¿Se alegra?- dijo Natsumi impetuosamente: al caer en el error, se tapa la boca.
-¿Hay algún problema con ello?
-No, ¡no se preocupe, capitán!: negativo…
-Je, je, je, je: lo sé, pero no estamos en la estación, Tsujimoto…
-Es cierto, capitán: ¿podríamos caminar hasta casa y me cuenta de lo que me quiere hablar?- era cierto que no sentía amor por él, pero una espinita de la curiosidad le urgía que aceptara la invitación…
-Por supuesto: permítame…- le abrió la puerta, y sonrió algo apenado por el gesto. Natsumi le sonrió, y ambos tomaron el camino hacia el departamento.
-Ya va a ser una hora…
-No te preocupes, Miyuki, que ya va a llegar…- ni él mismo se creía la tranquilidad con la que andaba en esos instantes, pero era lo bastante templado como para no traspasárselos a Kobayakawa.
-Eres muy amable en molestarte, Tokairin…- musitó Miyuki, a lo que Tokairin contesta con su habitual cortesía- El honor siempre ha sido mío…
Miyuki se sonroja un poco, y Tokairin sigue en su mundo aparte.
Hasta que escucha unos sonidos de llave y su mundo tambalea nuevamente…
Era inevitable.
-¡Llegué: Miyuki, qué linda te ves!- saluda a Miyuki con un beso en la mejilla: desde que está a cargo de ella, era costumbre el verla tan de piel con su amiga. Se da vuelta y el acostumbrado saludo militar de Natsumi- Perdón, por la tardanza, mi coronel.
-No te preocupes, Natsumi.
-Hey, Natsumi: lindo labial…
Apenas y lo menciona Miyuki, los otros dos se quedan mirando: uno con extrañeza, por decir menos, mientras que Natsumi sonreía nerviosa.
-Eh, es que lo miré en una tienda y me dije: ¡Hey, deja de ser tan machota y ponte un lindo labial!- todo dicho con sus respectivos gestos característicos.
Instantes de silencio que se quebraron, increíblemente, por la risa ronca de Tokairin y el acompañamiento de Miyuki: una nota mental para Natsumi, quien veía por primera vez un riesgo pasar tan sigiloso como ese.
-Bien, sólo espérenme un momento en el auto, que debo guardar el picnic y las bananas para el viaje…
-De acuerdo: bajemos, Tokairin.
-Está bien- levanta un poco la voz- Natsumi, me estacioné en la esquina izquierda, el auto color azul.
-¡De acuerdo: voy para allá!
Miyuki salió del apartamento y Tokairin cambió la expresión en su rostro.
Obviamente, algo no encajaba en su justificación.
No era ningún tonto: además del labial, su cabello estaba mojado y la ropa pegada al cuerpo… Supuestamente, venía en un auto directamente al departamento…
Ciertamente, no era tonto, pero no quería descubrir la razón de esa punzada en su corazón… Además, estaba Miyuki y en verdad quería que mejorara esa mueca de tristeza en su rostro.
Las visitas se habían vuelto repetitivas, desde que se dio cuenta de la situación de su compañera de vencidas: debería sentirse contento de que lograra sacar una sonrisa de ese rostro cansado, pero con cada día que pasaba, no le era suficiente.
Tenía que reprimir esos motivos de su cabeza y hacerlos objetivos.
Natsumi era una montaña impetuosa…
Y él estaba dispuesto a llegar a la cumbre.
Terminó por cerrar la puerta del departamento.
Continuará…
