Les tengo nuevo cap.…lo hare para festejar que me quitaran mis lentes de armazón y podre usar lentes de contacto….wiiiii….estoy súper happy, muchas gracias por los reviews, tengan en cuenta que los primeros capítulos son una pequeña introducción, ya más adelante llega la acción, tanto sexual como de peleas. O por ciero FELIZ NAVIDAD Y FELIZ AÑO NUEVO A TODOS.
Ya escucharon el preview del hatafutte paredo de Holanda y Bélgica…la verdad es que me mori de la risa cuando escuche a Holanda. Aquí les dejo el link http: /audio. / audiox/?q= node /66703 (se tienen que hacer cuenta para escucharlo)
Emmm….estoy pensando buscarme un beta, ya saben para poder mejorar un poco la narración, si conocen a alguien o alguno de ustedes quiere serlo les pido que me avisen por un review para poderles darle mi correo por un PM, se los agradecería mucho.
NI HETALIA NI SUS PERSONAJES ME PERTENECEN, LO UNICO MIO ES LA TRAMA.
—Arthur—
El chico se giro rápidamente al reconocer la voz, en cuanto lo hizo alguien se colgó de su cuello. Sostuvo al chico por la cintura para que el peso de este no les ganara y se fueran directo al suelo. La risa del otro empezó a retumbar en sus oídos, deposito lentamente al otro en el suelo.
—Will— regaño el más alto— no hagas eso, sabes que nos podemos caer.
—Ya lo sé— contesto el otro soltando el cuello de este, hizo un pequeño mohín con la boca para después reír por lo bajo—pero es que tu cara es tan graciosa, deberías de verla.
El otro negó con la cabeza y miro al adolescente de 14 años parado a su lado en la entrada de aquella famosa cafetería. Miro el paisaje que se extendía a su alrededor, nieve, nieve y, ¡oh! mira, mas nieve. Estaban en pleno invierno y las calles de New York estaban cubiertas de la cosa blanca. Su acompañante estornudo suavemente.
Lo miro nuevamente y frunció el ceño, no tenía nada cubriéndolo además del suéter color azul. Jalo al chico hacia el interior de la cafetería y se sentaron en una mesa alejada de los demás. Al llegar allá lo primero que hizo fue quitarse la bufanda para enrollarla en el cuello del otro. Este se sonrojo levemente y fijo aquellos brillantes ojos color azul en los suyos.
—Te vas a resfriar— comento el otro pasando su mano por los cabellos color negro azabache del otro— Y no quiero eso.
—Gracias—murmuro Will bajando la mirada.
—Buenos días, ¿Qué les puedo servir?—giro su cabeza al escuchar la voz femenina, la joven sonreía levemente mirando a los chicos con una mirada dulce.
—Me das un pastel de chocolate, un chocolate caliente, té negro y… ¿tienes scones?— la joven asintió— me traes de esos.
La joven se retiro y Arthur miro al chico de ojos azules. Este noto su mirada y se giro para verlo.
— ¿De qué querías hablar conmigo?— pregunto finalmente Arthur después de varios minutos.
—Aquí tienen su orden— la chica dejo las cosas sobre la mesa, Will exhalo con alivio— buen provecho.
— ¿Y bien?— pregunto el de ojos verdes mordiendo un scone— ¿me piensas decir?
El niño trago lentamente el pedazo de pastel en su boca, tomo un sorbo de chocolate y suspiro lentamente.
—Apareció el—a pesar de que la taza tapaba su boca ahogando las palabras, el agudo oído del inglés logro escuchar lo que el chico dijo.
— ¿Es broma verdad?— el rubio termino de tragar el panecillo, el chico desvió la mirada hacia otro lado, negó con la cabeza, el ceño de Arthur se frunció lentamente— Entonces es mejor que nos preparemos para intentar matarlo.
El pelinegro giro su cabeza para poder mirar al otro, este tomaba de su té como si fuera lo más normal del mundo lo que acababa de decir.
—Creí que no podían ser asesinados…—menciono Will pensativo.
—Nosotros no lo podemos matar— aclaro el de ojos verdes—pero no te preocupes por eso…ahora lo que importa es que yo voy a protegerte, pase lo que pase…
Por favor espérame, que solo quiero besar el dulce sabor de tus labios una vez más…
— Arthur…— murmuro Alfred con hilo de voz— Volví…
— ¿Volviste de donde?—pregunto Matthew alzando una ceja.
Fue entonces cuando Alfred salió de su trance, se giro para poder mirar a su hermanastro que lo miraba confundido al igual que Alice y Ghislaine, Scott por su parte parecía más entretenido en mirar como oscurecía a través de la ventana mientras jugaba con el cigarro en sus manos.
—… ¿eh?— contesto el americano igual de confundido— creo que escuchaste mal, Matt.
— ¿Se conocen?— ahora fue Ghislaine la que hablo, Alfred dirigió su vista hacia ella.
—Vamos en la misma clase— contesto Arthur antes de que el ojiazul pudiera hacerlo.
— ¡Que coincidencia!—exclamo ella sorprendida.
—Lo sé…por cierto— se giro para poder mirar a Alfred— acompáñame a mi habitación, para poder devolverte el libro, ya lo termine de leer.
Alfred alzo las cejas sorprendido y asintió lentamente. Pasó por entre Alice y Ghislaine con la cabeza baja y comenzó a subir las escaleras detrás de Arthur, sin dejar de ser observado por el pelirrojo.
Mientras subía las escaleras miraba la espalda del rubio, sentía que su cabeza iba a explotar de un momento a otro, fueron demasiadas imágenes las que pasaron por su mente y aun continuaban haciéndolo a pesar de no estar tocando al chico.
Cuando llego al final de las escaleras, el pasillo frente a él le pareció eterno trato de seguir caminando pero estaba seguro que de un momento a otro iba a caer en el suelo. Detuvo su caminar al chocar con la espalda del otro, no pudo mantener el equilibrio, apuño los ojos ya que estaba seguro que caería de la manera más vergonzosa posible.
Justo cuando estaba a punto de caer al suelo unas manos lo detuvieron por la espalda, abrió los ojos, y no había nadie frente a él. La persona detrás de él lo empujo suavemente para que el chico pudiera estar de pie.
— Deberías de fijarte por donde caminas— el susurro justo detrás de su cuello le erizo los cabellos por completo.
— ¿Cómo es que te mueves tan rápido?— el chico se volteo y miro a Arthur con el ceño fruncido.
— Se supone que ya sabes eso…— murmuro el inglés pensativo mientras se ponía una mano en la barbilla— ¿no sabes que soy?
— ¿eh?... un humano cualquiera—contesto el rubio con indiferencia.
El otro frunció el ceño y avanzo hasta una puerta, la abrió y le hizo una seña al americano para que entrara, en cuanto paso por el umbral, lo primero que noto fue lo ordenada que estaba la habitación, miro el librero repleto de libros, miro más libros en el escritorio y otros más sobre la mesita de noche.
—Al parecer no has cambiado mucho…— murmuro el chico parándose en el centro de la enorme habitación.
El otro asintió sin dejar de fruncir el ceño. Se suponía que Alfred debía de haber recordado todo sobre lo que había ocurrido, lo que Arthur era y lo que el mismo era. Algo había salido mal y que alguien estaba detrás de esto. Y la sabia que persona era.
Te juro que destruiré el muro que nos separa, no interesa que tan grueso sea este.
Miraba con diversión las casas que había a su alrededor, la sonrisa infantil sobre su rostro podía asustar a cualquier persona que lo mirara. Fue entonces cuando una casa llamo su atención, podía sentir su presencia, la reconocería en cualquier lugar.
—Te encontré…— cualquiera que hubiera escuchado la risa que el chico soltó después de las palabras se hubiera muerto del susto, todos menos una persona.
— ¡Hermano!—
El chico se tenso cuando escucho la voz femenina y aun más cuando sintió los brazos alrededor de su cintura. Bajo la mirada y observo las manos blancas que había ahí, tembló ligeramente del miedo y sonrió nerviosamente. Quito las manos con delicadez para poder mirar a la niña que segundos atrás lo abrazaba.
—N-Na-talia— tartamudeo el chico, ella trato de sonreír lo más dulce que podía pero lo único que causo fue que el más alto casi llorara.
La adolescente borro su sonrisa al instante y lo miro a un punto desconocido a los lejos. El la miro fijamente, hace ya varios años que se había encontrado a la joven, cuando apenas era una niña, en lo más profundo del bosque, cubierta por sangre y con un cuchillo en la mano.
A los días se supo que un hombre y una mujer fueron encontrados muertos en medio del bosque, los padres de la niña habían sido asesinados por ella, aunque nunca se supo la verdad. Fue entonces cuando decidió cuidarla, tratándola como a la hermanita menor que nunca tuvo, pero no se imaginaba que con el tiempo la niña iba a crecer y se iba a enamorar de él. Y hace tiempo que ella le había hecho esa petición.
Pero no podía hacerlo, no podía ligarla a una vida tan fea. Miro el cabello platino de la chica y esta noto su mirada, lo miro fijamente, el chico sonrió con miedo otra vez y abrió la boca para decir algo pero ella lo interrumpió.
— ¿El está cerca verdad?—
El chico asintió y fijo su vista en la casa que estaba detrás del, ella miro la casa y frunció el ceño, metió la mano por debajo de su vestido y saco un cuchillo, pero antes de que pudiera correr, el la detuvo.
— Aun no es tiempo… recuerda el plan para deshacerme del демон de una vez por todas— sonrió nuevamente, mientras que ella guardaba nuevamente el cuchillo en su entrepierna— Por fin vamos a estar juntos, te lo prometo…
Y miro una vez más hacia la casa, con aquellos ojos morados que demostraban felicidad, dio media vuelta no sin antes acomodarse aquella bufanda color blanco, que él le había regalado.
Caminemos por ese campo verde y olvidémonos de los demás, vámonos lejos y huyamos del mundo, para ser felices de una vez.
—Alfred… ¿tú sabes que eres?— el chico despego su vista de el librero para poder mirarlo a los ojos, este alzo una ceja y volvió a mirar al librero para poder sacar un libro.
—Un chico, un humano— los ánimos de Arthur cayeron al suelo, al parecer había recordado todo lo sucedido, pero no recordaba que era ni que era él— No creí que tuvieras el libro de Romeo y Julieta todavía.
El chico no contesto y miro como el otro ojeaba el libro con aburrimiento. Fue entonces cuando sintió aquella sensación, ya habían pasado varios años desde la última vez que la sintió.
— ¿No sientes eso?— Pregunto mientras se acercaba a la ventana con cautela. El otro acomodo el libro nuevamente y se acerco al inglés que miraba por la ventana.
— ¿Qué cosa?— Pregunto Alfred intentando mirar por la ventana.
—…al parecer también perdiste habilidades…— susurro el de ojos verdes.
Fue entonces cuando su mirada se cruzo con una color morado que él conocía a la perfección. Se alejo de la ventana sin dejar de mirar hacia afuera. Alfred contuvo la respiración un momento al notar quien era esa persona.
— Es el— el más alto se escondió detrás de Arthur sin dejar de mirar a aquella persona que reía infantilmente. Ahora si escondió su cabeza con miedo detrás del otro aspirando el suave aroma que el chico desprendía.
— Y al parecer no está solo…— Saco la cabeza y miro a la chica junto al otro— no te preocupes por eso, esta vez sí vamos a ganar.
Alfred cerró los ojos, deseando con todas sus ganas que lo que el chico dijera se cumpliera, por lo menos una vez.
Duerme tranquilo que yo voy a vigilar tus sueños.
La alarma resonó en sus oídos, saco una mano por debajo de la sabana con intención de apagar el sonido del infierno que tenia. Destapo su cabeza y fijo su vista en los números rojo del reloj. Las 7:15 de la mañana, se tapo nuevamente aun le quedaba mucho tiempo para la hora de entrada. Estaba a punto de dormirse cuando de pronto…
—Es mejor que te despiertes—
Se sentó en la cama bruscamente mirando en la dirección en la que la voz provenía, sitio el aire frio pegar contra su cara y miro a Arthur recargado en el marco del ventanal de su cuarto.
— ¿Qué demonios haces aquí?— el chico susurro la más bajo que pudo mientras que se levantaba, Arthur se sentó en la cama poniendo la mochila junto a la del americano.
— Vengo a despertarte—
El americano se estaba sacando la camiseta cuando alguien intento abrir la puerta, el chico se lanzo hacia ella con la intención de que no vieran al ojiverde.
— Alfred ábreme la puerta— Era su papá el que estaba detrás de él objeto, sabía que su papá tenía más fuerza que él y que no iba a soportar mucho tiempo, y eso sucedió, el mayor empujo la puerta con fuerza y casi tumbo al ojiazul.
El hombre se fijo en el interior de la habitación, había nadie más que el chico sin camiseta, frunció el ceño y miro a su hijo, que se asusto con la mirada de su padre.
—Creí que había alguien dentro— murmuro el hombre— Más vale que te apures para que no se te haga tarde.
El chico asintió y el castaño salió de la habitación cerrando la puerta, Alfred le puso seguro, solo por precaución, busco señales de donde podría estar el inglés, la mochila aun estaba ahí. Se acerco al ventanal para poder mirar hacia afuera, tal vez se escondió en algún lugar del balcón.
Y justo cuando estaba a punto de cruzar el umbral, el ojiverde saco su cabeza desde arriba, el americano se asusto y se fue hacia atrás ahogando un grito. El otro lo miro con aburrimiento y se dejo caer con un elegante mortal.
— Se me olvido que te asustabas fácilmente—
—Pues ahora ya lo recordaste— el chico ya se había terminado de poner los pantalones, se puso rápidamente los converse y saco una chaqueta del armario.
—Nos vemos abajo— miro con curiosidad como el inglés tomaba su mochila y se acercaba al balcón.
Y cuando llego al final dio un brinco, Alfred corrió hacia donde hace unos segundos había estado Arthur, se agarro del barandal y miro hacia abajo. Arthur no estaba. Lo busco por todo el jardín de la casa pero el chico no estaba.
— Alfred— levanto la vista y se encontró con la mirada del anglosajón, que venía saliendo de su casa.
Parpadeo varias veces, sorprendido, e intento ignorar eso. Sabia a la perfección que Arthur hacia eso desde siempre. Camino al interior, cerrando el ventanal, tomo su mochila y salió de su habitación. Miro el reloj en su muñeca, ya eran las 7:43, que rápido paso el tiempo.
Cuando bajo las escaleras, lo primero que percibió fue el olor de que provenía de la cocina, Entro en ella y miro como Ghislaine ponía pan francés sobre la mesa. Tomo uno y lo puso en su boca, se acerco a una puerta y saco un vaso, luego al refrigerador y tomo la leche. Se metió el pan en la boca y abrió la botella y le dio un trago.
— Para que tomas un vaso si no vas a utilizarlo— regaño la rubia al joven, este se trago el pan por completo y la miro.
— La costumbre—
La mujer suspiro, sus dos hijos siempre decían lo mismo. Alfred agarro otro pan y se lo comió justo igual que el otro, se limpio el pequeño hilo de leche que bajaba por la comisura de sus labios con la manga. Le dio un beso a la mujer en la mejilla y salió de la cocina no sin antes gritar.
— Nos vemos en la tarde—
Tomo las llaves de su auto, estaban sobre la mesita del recibidor, se paro cuando miro su reflejo en el espejo sobre esta. Sus ojos se miraban más brillantes de lo normal, su piel tomaba un color rosado, su cabello se miraba mas dorado que el día anterior y sus labios se miraban de un color rojizo claro que le daba miedo, se miraba demasiado femenino.
Salió de la casa ignorando lo que acababa de ver en su reflejo. Se acerco a su hermosa Chloe y abrió la puerta del copiloto, estaba a punto de tirar la mochila cuando se dio cuenta de que Arthur estaba sentado ahí.
— ¿Qué haces en mi auto?— pregunto mirando al chico, este tenía recargada la cabeza en su puño, mientras que esta estaba recargado en el objeto que separaba los asiento.
— Me vas a llevar a la escuela— contesto simplemente.
El otro suspiro y dejo su mochila en el regazo del rubio, le dio la vuelta al auto y subió a él. Encendió el auto y avanzo por la calle, miro de reojo al otro, que parecía más interesado en mirar las casas.
— Ha cambiado mucho este lugar…— murmuro el chico con un deje melancólico en su voz.
— ¿Cómo le hiciste para llegar a la puerta de tu casa tan rápido?— el americano no había escuchado las palabras de el otro e hizo una pregunta que el otro no pensaba responder.
— No te voy a decir… tienes que saber otras cosas primero—
El chico no pregunto más y continúo su camino hacia el instituto. Durante el trayecto el silencio predomino por completo, Alfred se sentía incomodo, quería saber muchas cosas pero no sabía cómo preguntarle al chico.
— Ya llegamos— paro el auto en uno de los lugares del estacionamiento más cercano a la entrada.
El otro bajo al igual que el. Miro como Arthur empezaba a avanzar, Alfred corrió para poder alcanzarlo. Caminaba a la par del británico, la mayoría de los estudiantes los miraba, se incomodo aun más. Y en cuanto cruzo la puerta de entrada alguien se colgó de su cuello.
— Petit Alfred— era el francés pervertido, lo lanzo al suelo con un movimiento sencillo, por algo era el Coreback del equipo de futbol americano.
— No te cuelgues de mi— las palabras los menciono con un tono tan frio que hasta a el mismo le dieron miedo.
— Vaya, hoy te vez más lindo de lo normal, petit Alfred— el chico alzo una ceja e intento ignorar al otro.
Se giro hacia el otro lado para buscar a Arthur, pero este ya no estaba, el timbre sonó por todos los pasillos y los alumnos entraron en sus respectivas aulas. Alfred continúo buscando al rubio unos segundos más y cuando cayó en cuenta de que se le hacía tarde intento correr, pero fue detenido por alguien tomándolo de su mochila.
— Te encontré— se tenso al reconocer la voz, se giro robóticamente para encontrarse con un par de ojos morados que lo miraban contento. Detrás del estaba aquella chica de cabellos platinados. Abrió la boca pero ninguna palabra salió de ella, hasta después de varios segundos.
— Braginski…— y esa fue la única palabra que podía mencionar el chico, sin evitar que el miedo fuera encontrado en estas.
Protégeme, y yo cuidare de tu corazón hasta el último día de mi vida.
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