"Una vida a tu lado"

DISCLAIMER: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, le pertenecen a Rumiko Takahashi, la historia si es mía y también algunos otros personajes. No hago esto con fines de lucro.


Capítulo 3. Sucesos.

******************* Inuyasha's POV *******************

Percibí como mi sangre youkai comenzaba a despertar y a tomar control de mi mente y cuerpo. Sentí las conocidas palpitaciones de mi ser al empezar con la transformación. Vi como mi youki comenzó a incrementarse exponencialmente y a rodearme cual tornado. Pude sentir como aparecían las marcas en mi cara y cómo crecían mis garras y colmillos.

-¡Contrólate Inuyasha! – Ordenó mi hermano con desidia –¡Es el momento en que controles tu mente y cuerpo para que hagan tu voluntad! ¡Ahora aprenderás a controlarte en ese estado y a explotar tus habilidades estando transformado!, así que ¡Pelea! – Gritó lanzándose al ataque nuevamente…

El dolor de mis lesiones se desvaneció completamente y mis sentidos se agudizaron en extremo, con facilidad esquivé su ataque y aterricé a su espalda. Alcé mis garras en un rápido movimiento y destrocé al youkai que estaba por atacarnos. Sesshomaru pareció sorprenderse al darse cuenta de que no lo había atacado por la espalda como lo esperaba, pero luego recompuso su expresión a una de indiferencia y volvió a agredirme.

Nuevamente intenté esquivarlo pero en un ágil movimiento él me tomó de la parte inferior de mi hakama y me impactó contra el suelo posicionándose sobre mí. Con sus garras venenosas de la mano izquierda me aprisionó del cuello con fuerza y levantó su mano derecha preparándose para darme el golpe de gracia; su shouki (veneno, miasma) comenzó a concentrarse en sus afiladas zarpas y nuestro youki se arremolinó violentamente a nuestro alrededor.

No iba a llorar ni suplicar por mi vida, mi parte youkai gritaba en mi mente sin cesar que exterminara a la amenaza, en esos momentos me percaté que no solo estaba luchando contra el daiyoukai sino que también me encontraba peleando con un oponente inesperado, no era otro más que mi instinto de supervivencia. Pude sentir como mi parte youkai intentaba tomar el control de mi cuerpo y mente, mi conciencia parecía ir y venir intermitentemente. Cuando sentí que mis fuerzas flaqueaban y perdía la lucha contra mi instinto, Sesshomaru me sacó de mi estado de abatimiento:

-¡Así de fácil te das por vencido híbrido!, ¡No eres más que escoria!, ¡Haces que mi padre se retuerza en su tumba de vergüenza al saberte de su progenie!, ¡No eres digno de nada!, Así que ¡Muere!- Gritó con furia el daiyoukai.

-¡Maldito! ¡Cállate! ¡Tú no sabes nada!- Respondí furioso a la vez que desviaba la dirección de su zarpazo con un fuerte golpe en su muñeca.

Giré mi cuerpo llevándome a Sesshomaru conmigo y ambos nos levantamos del suelo con prontitud. Nuevamente nos pusimos frente a frente y todo el ambiente se mantuvo en un tenso silencio.

Estaba intentando prever los próximos movimientos de mi hermano observándolo detenidamente cuando me percaté de que tenía pleno control de mí aun estando transformado. No tuve tiempo de terminar mis cavilaciones cuando Sesshomaru ya había lanzado un ataque con su látigo venenoso. Logré saltar a tiempo fácilmente e intenté contra-atacarlo, sin embargo él en un hábil movimiento se libró y mis garras dieron de lleno contra el suelo que se derritió al instante dejando un gran cráter en su lugar. Casi quedé paralizado por la sorpresa, ¿Qué demonios acababa de pasar? Miré mis garras con curiosidad unos breves instantes.

-¿Con que tienes garras venenosas? ¡Veamos qué más tienes híbrido! – Vociferó el daiyoukai dirigiendo otro latigazo hacia mi pantorrilla derecha tan rápido que no pude reaccionar a tiempo.

El golpe fue muy certero, mi pantorrilla ardía como si la hubiera sumergido en un poderoso ácido, un tremendo calambre se extendió hasta mi cadera haciéndome difícil el mantenerme en pie. Sin descanso Sesshomaru volvió a precipitarse hacia mí una y otra vez, cada vez me era más difícil esquivarlo, pero no desistí. En un sorpresivo ataque mi hermano logró golpearme con fuerza en el estómago, inmediatamente fui despedido por los aires y caí de espaldas a varios metros de ahí. Intenté incorporarme pero el dolor agudo de mi abdomen me lo impidió y caí de rodillas al suelo escupiendo un poco de sangre.

Me tome unos segundos para intentar recuperar el aire que me faltaba, limpié el hilo de sangre que escapaba de mi boca con la manga de mi haori e hice un segundo intento de levantarme, teniendo éxito esta vez. El daiyoukai me miraba expectante y parecía verme con algo de burla.

—¿Todavía puedes pelear? —Me pareció escuchar a Sesshomaru burlarse, pero estaba tan concentrado en mantenerme en pie que apenas puse atención—. ¡Este será tu fin, hanyou! —Exclamó con furia. Aunque no sé si fuera producto de mi imaginación, pero casi puedo jurar que había cierto tono de admiración en su voz.

Sin detenerse lanzó su látigo hacia mí pero en vez de golpearme con él, me aprisionó. Cual boa constrictora se enroló en mi cuerpo y me dejó completamente inmovilizado, mis extremidades estaban atrapadas y yo me hallaba a su merced. El látigo de veneno pareció contraerse y apretar intensamente mi cuerpo. Casi todo el aire de mis pulmones se vio forzado a salir por la presión que se ejercía a mi caja torácica, mis huesos crujían violentamente, sabía que estaban a punto de quebrarse si no hacía algo rápido. Mi prisión pareció calentarse de un momento a otro hasta volverse insoportable, comenzaba a sentir que quemaba como el fuego.

De repente todo se volvió negro, había perdido la conciencia, nuevamente mi sangre youkai clamó para liberarse de mi control y exterminar a Sesshomaru, pero logré dominarme y recuperar el sentido. Mi cabeza y cuerpo dolían, entonces comprendí lo que había sucedido, mi hermano me había azotado ferozmente contra el suelo provocándome un fuerte golpe en la cabeza y todavía me encontraba cautivo por su látigo que volvía a apretarse a mi alrededor quemándome lentamente.

"Lo siento Kagome, te defraudé, por favor perdóname" pensé con tristeza y recordé su precioso rostro por última vez. "¡No!, ¡No me daré por vencido!" recapacité con decisión y sentí como una nueva fuerza proveniente desde mi corazón creció paulatinamente extendiéndose por mis extremidades. Mi youki aumentó drásticamente y una energía poderosa recorrió mi columna vertebral, apenas podía mantenerme consciente pero pude sentir que mi rostro y mi cuerpo cambiaban a los de un ser distinto, la sensación era muy extraña ligeramente dolorosa como si fuera pellizcado en la cara y estirado de las extremidades, no supe cómo pero el látigo cedió liberándome. Caí al suelo pesadamente sin terminar la transformación y regresé a mi forma demoniaca. Todo me dolía intensamente pero agradecía que el aire regresara a mis pulmones. Si bien éste estaba terriblemente contaminado por el concentrado shouki de todos los demonios, era un gran alivio contar con su presencia.

Me encontraba muy débil, así que me mantuve tirado en el suelo por largo rato, me extrañaba que en ese lapso de tiempo nadie ni nada me atacara por lo que levante mi cabeza para divisar a Sesshomaru pero no logré encontrarlo con la vista por lo que intenté ponerme de pie sin mucho éxito. Lo intenté nuevamente obteniendo los mismos resultados y al tercer intento logré mi objetivo y me levanté. Tanta tranquilidad en el ambiente me ponía nervioso, algo no andaba bien, no lograba encontrar el aroma de mi hermano por ninguna parte debido probablemente a la peste del shouki y a sangre que había en el lugar. Tuve un extraño presentimiento y di un salto hacia atrás justo a tiempo para evadir las garras del daiyoukai que iban directo a mi estómago, pero por mi debilidad la velocidad no fue suficiente y logró dañarme la pierna.

La lesión me hizo severamente más lento por lo que unos cuantos ataques y golpes después me tenía como al principio, debajo de él a punto de morir en sus garras, sin embargo para mi sorpresa, después de unos momentos que parecieron eternos Sesshomaru se levantó y comenzó a caminar parsimoniosamente dejándome atrás sin tener idea alguna sobre lo que había sucedido.

Lo miré con una pregunta en el rostro y pareció leerme la mente porque enseguida se detuvo y dirigiéndome una rápida mirada por el rabillo del ojo respondió:

-¡Andando!, El entrenamiento terminó, luego nos concentraremos en que domines tus poderes y transformaciones, por ahora hemos terminado – Y sin decir más siguió su camino.

Me tomó unos minutos recuperarme de la impresión y me levanté, intenté caminar normalmente pero las heridas de la batalla me lo impidieron. Busqué a Tessaiga con la mirada y la recogí, la coloqué en mi cintura y luego proseguí a seguir a Sesshomaru. A diferencia de las veces anteriores en las que al tomar a Tessaiga regresaba a ser un hanyou, esta vez no ocurrió instantáneamente, en un principio me preocupé pero al ver que seguía teniendo el control de mí mismo decidí no darle más vueltas al asunto y seguir a los demonios que ya se habían adelantado.

Un rato más tarde observé detenidamente mis manos y vi que ya habían vuelto a la normalidad, toqué mi rostro en busca de mis marcas y pude apreciar que éstas habían desaparecido junto con mis colmillos; eso me tranquilizó bastante, me revisé el cuerpo superficialmente mientras caminaba para evaluar mis heridas y noté que habían desaparecido casi todas, solo quedaban unas pequeñas heridas que no me molestaban casi nada. Me sorprendí porque a pesar de que mis lesiones siempre se curaban más rápido que un humano, esto era mucho más de lo normal, sin embargo después de reflexionar un poco concluí que seguramente se debía a mi sangre youkai que se había acelerado el proceso.

Caminamos casi toda la noche, solo nos tomamos un par de horas para descansar junto a un río, aproveché para lavarme toda la sangre seca que tenía impregnada, beber un poco de agua y pescar la cena. Pensé en conseguir tres especímenes para mí, pero luego pensé que los demás posiblemente también tendrían hambre por lo que pesque una docena.

Posteriormente prendí una fogata y los puse a asar mientras me relajaba recargado en un árbol. Miré de reojo hacia donde se encontraba Sesshomaru y lo vi descansando en su pose acostumbrada. Al parecer él sintió mi mirada porque inmediatamente me habló sin siquiera abrir los ojos.

—Al parecer no eres una pérdida de mi valioso tiempo, hanyou. Tal vez puedas convertirte en un guerrero lo suficientemente digno para enaltecer el nombre de nuestro honorable padre. —Declaró, con voz tranquila y estoica.

En un principio me molesté ya que a pesar de todo, todavía me creía una vergüenza, pero después de pensarlo un poco concluí que eso era lo más parecido a un "Bien hecho hermano, estoy orgulloso" que obtendría de él, por lo que decidí tomarlo como un cumplido. En ese momento el olor del pescado captó toda mi atención y me levanté. Le ofrecí a Ah un y a Jacken unos cuantos pescados, el primero pareció agradecerme al soltar un suave rugido y se los comió gustoso, el segundo refunfuñó bastante pero lo engulló con avidez; me acerqué al daiyoukai y le ofrecí cuatro pescados, él me miró sin interés y me ignoró completamente. Yo simplemente dejé los pescados a su lado y regresé junto al fuego para disponerme a cenar. Al terminar con los alimentos me dormí profundamente en la rama de un árbol pensando en la mujer que me inspiraba a vivir día a día, aquella mujer que había robado mi corazón y que se encontraba 500 años en el futuro, Kagome.

Los primeros rayos del sol acariciaron mi rostro y un golpe en la cabeza con una piedra me hizo volver bruscamente a la realidad. Me levanté rápidamente y por la sorpresa del ataque me coloqué el posición defensiva, pero por la velocidad de mis movimientos en la estrecha rama y mi estado aturdido, perdí inevitablemente el equilibrio y caí de bruces por 4 metros hasta al suelo.

-¡Maldito Sesshomaru, apenas amanece y ya estás molestando!... ¡Oe! ¡No me dejes hablando solo!... ¡Regresa y pelea, maldito! – Refunfuñe sonoramente mientras me levantaba con lentitud de donde había caído al ver cómo mi hermano continuaba con su camino ignorándome olímpicamente.

Suspiré, "Si, éste va a ser un lindo día" pensé con ironía, pero en fin, adoptar a Sesshomaru como mi entrenador y torturador personal había sido mi decisión o ¿no?, por lo que tomaría las cosas con "fislolofia" o como quiera que se diga eso que hacía el "señor del Plato" que Kagome mencionó alguna vez y aceptaría lo que la suerte me ofreciera, lo haría por ella, así que caminé deprisa para alcanzar al grupo y continuar con lo que sea que mi hermano estuviese tramando.

Exhausto era poco para describir cómo me sentía, y no era para menos, nos la pasamos "caminando" por dos días enteros sin descanso, bueno tal vez caminar no es el verbo correcto, tomando en cuenta que Sesshomaru se transformó en una esfera luminosa y salió volando a toda velocidad seguido por el sapo gruñón sobre Ah un y por mí, que a pie intentaba alcanzarlos. Pasados los 2 días paramos a descansar en un pequeño claro a los alrededores de una aldea. Me extrañó que llegáramos a un lugar como ese por el conocido odio de mi hermano a los humanos, pero al ver que había enviado a Jacken por cosas para Rin, todo cobró sentido. El sapo volvió con unos kimonos de colores varios de excelente calidad y unos marcados golpes en su cabeza, seguramente producto de la gente de la aldea que tuvo una reacción violenta al divisar al youkai.

-¡Aquí tiene lo que me pidió, amo bonito! – Dijo de forma respetuosa el nervioso sirviente con una expresión de absoluto terror en su cara.

-¡Andando! - Fue la única respuesta del Daiyoukai al darnos la espalda e ignorarnos por completo.

Casi sentí lástima por el pequeño demonio que apenas podía cargar con el peso de los kimonos y su enorme báculo, por lo que al verlo trastabillar me decidí a ayudarlo con la carga de los presentes que había adquirido para la pequeña Rin.

-¡Feh! ¡Trae acá!, un pequeño demonio como tú no debería cargar tanto – dije y le arrebaté los regalos.

-¡¿A quién le dices pequeño?! Muchacho malcriado, yo soy el terrible Jacken servidor leal del amo Sesshomaru… así que no sé qué es lo que te has creído pero… ¡Oye no me dejes hablando solo! ¡Regresa! - Fue lo último que dijo antes de empezar a correr tras de mí.

Pasado el atardecer llegamos a la aldea de la anciana Kaede y en un acuerdo silencioso, nos separamos a la entrada de la misma y cada quien se dirigió a su destino.

-¡Señor Sesshomaru! – Gritaba Rin mientras corría a abrazar cariñosamente la pierna de su amo.

-¡Inuyasha, amigo, volviste! - Exclamó Miroku mientras salía con Sango, Kohaku, la anciana Kaede y Shippo detrás de él.

-Inuyasha, ¡eres un tontote!, ¿Por qué te fuiste sin despedirte de nosotros? ¡Buaahhh! – Berreaba Shippo mientras saltaba en mi cabeza.

Mi paciencia se agotó rápidamente, una venita comenzaba a palpitar en mi frente mientras apretaba uno de mis puños con fuerza, en un ágil movimiento agarré al pequeño Kitsune de su colita y luego le pellizqué y estiré los cachetes con vehemencia mientras le decía:

-¡Ay ya cállate enano llorón! Solo he venido de visita, ¡Así que porque no te callas de una vez y me dejas en paz! – Grité exasperado.

-Inuyasha, no deberías ser tan malo con el pequeño Shippo, ahora pasa para que podamos hablar- dijo elocuente el bonzo mientras entraba a la cabaña.

-¡Feh! – Fue mi única respuesta y cargando a Shippo de su colita lo seguí al interior de la vivienda…


******************* Kagome's POV *******************

El día de la competencia de arquería llegó y los nervios me estaban carcomiendo, si llegaba a la final, estaba segura que me tendría que enfrentar contra Daisuke, el competidor invicto de los últimos dos campeonatos de distrito, por lo que mis posibilidades de salir triunfadora eran pocas. Además de todo, yo tenía algunas desventajas, él contaba con un arco profesional y equipo de última generación mientras que yo solo contaba con mi viejo arco traído del Sengoku. Sin embargo igual lo prefería de esa manera, me había vuelto una arquera estupenda practicando con ese arco por lo que no iba a ser un hueso fácil de roer.

Mis otros oponentes no habían sido un problema, al verme con mi rústico arco una sonrisa de superioridad se dibujaba en sus expresiones al subestimarme y equívocamente se confiaban, por lo que arrasaba con su orgullo al barrer el suelo con ellos.

Estaba en cuartos de final y me enfrentaba contra uno de los mejores arqueros del distrito. Él había quedado en segundo lugar los últimos 2 años al enfrentarse contra Daisuke. Íbamos empatados y ya era el noveno tiro, solo quedaba uno más para decidir quién pasaría a la final y competiría con el campeón. Su último tiro dio en la zona roja dándole una buena puntuación, aspiré profundamente y con tranquilidad apunté a mi objetivo, tensé el arco y lancé una flecha, dando justo en el centro.

Durante unos segundos todo se quedó en un sorpresivo silencio y de repente la multitud enloqueció en gritos y felicitaciones, se oían ovaciones y silbidos por todas partes. Mi oponte abrió los ojos desmesuradamente y me miró con incredulidad, yo únicamente me limité a dedicarle una amable sonrisa y hacerle una respetuosa reverencia, la cual después de unos instantes me respondió.

En ese momento sentí una intensa mirada a mis espaldas, por lo que bruscamente me voltee en busca de la persona que me la dirigía. No me fue difícil darme cuenta de dónde provenía ya que identifiqué rápidamente al personaje en cuestión, era nada más ni nada menos que Daisuke Kimiyama, mi próximo rival.

Nos dieron un largo receso para comer, por lo que el abuelo, Souta, mi mamá, mis amigas y yo salimos a comer a un Wacdonald's cercano. Comimos tranquilamente nuestras hamburguesas y malteadas, conversamos un rato y nos dispusimos a salir del establecimiento, cuando nuevamente sentí aquella penetrante mirada en mi nuca. Era increíble, aún después de enfrentarme sin temor a cientos de poderosos youkais cuyo único propósito era comerme y de entrenar como desquiciada por medio año, la sola mirada de un muchacho me ponía extremadamente nerviosa.

-Kagome, el joven Daisuke te está observando - Susurró Yuka a mi oído –Parece bastante interesado en ti, tal vez deberías de ver qué es lo que quiere – Agregó guiñándome un ojo y con una traviesa sonrisa.

Un terrible sonrojo iluminó mis mejillas y mis amigas comenzaron a reír con complicidad. Pensaba responderles que mi corazón ya tenía un dueño llamado Inuyasha, pero eso sería aceptar que no lo había superado y que seguía sin recuperarme, por lo que opté por quedarme callada y esperar a que nos fuéramos del lugar para librarme de aquella molesta presencia.

En cuanto nos distanciamos un poco del lugar, me relajé, solté un suspiro de alivio y me uní a la charla que mantenían Eri y Yuka sobre los próximos eventos escolares. Regresamos al lugar de la competencia y me dirigí a los vestidores para cambiarme al uniforme del club de arquería, hice algunos estiramientos, me puse el carcaj en la espalda, respiré profundamente y agarré mi arco para salir al enfrentamiento. Pero antes de poder cumplir con mi cometido, al momento de voltearme, me estrellé contra un fuerte torso masculino. Perdí el equilibrio y estuve a punto de caer, pero unos poderosos brazos me sujetaron con delicadeza de la cintura y me colocaron en el suelo nuevamente. Antes que me pudiera disculpar por mi torpeza y ver el rostro del héroe que me había ayudado escuché:

-¡Buena suerte Higurashi! – Fue lo único que dijo Daisuke al darse la vuelta y salir por la puerta en una apresurada carrera sin sentido.

Me sonrojé nuevamente por lo acontecido y lo miré interrogante ¿Qué hacía Daisuke en ese lugar? Cuando la única respuesta coherente que se me ocurrió fue que me estaba esperando, mis mejillas volvieron a arder, después de unos instantes sacudí la cabeza para alejar las distracciones de mi mente, debía ser capaz de concentrarme para ganar el enfrentamiento. Sin perder más tiempo me encaminé rápidamente a terminar con el reto del día.

El silencio era bastante tenso, llevábamos 8 tiros cada uno y los puntajes estaban muy parejos, yo iba abajo por tan solo un par de puntos, si lograba dar en el centro los últimos dos tiros podría ganarle. Kimiyama apuntó y lanzó la flecha, fue un tiro casi perfecto, la flecha cayó bastante cerca del centro. Tensé el arco cuidando la mira y pequeñas gotas de sudor perlaron mi frente, sin duda daría en el blanco, pero justo al momento de soltar la flecha, una oscura visión captó mi atención haciéndome fallar en mi tiro. La flecha irremediablemente cayó en la zona roja de la diana y mis posibilidades de ganar prácticamente se desvanecieron a la vista de todos.

Mi rival me miró con asombro, parecía haberse dado cuenta de mi momento de distracción y de la preocupación que mi rostro presentaba. Había visualizado a Inuyasha convertido en Youkai y en posición de pelea ¿Estaría en peligro?, lo extraño era que no parecía haber miedo, dolor o ira en su rostro como las veces anteriores en las que se transformaba, sino que era su clásica expresión de confianza y orgullo que mostraba al ser un hanyou ¿Qué estaría pasando allá en el Sengoku?, con toda mi alma esperaba que se encontrara bien. Confiaba en él y sabía que lograría salir adelante y triunfar sobre la adversidad, por lo que en estos momentos no me quedaba de otra más que rezarle a Kamisama por que todo estuviera bien hasta que yo pudiese regresar a su lado.

Los gritos de sorpresa de la multitud me sacaron de mis pensamientos, voltee en busca de la razón de aquél alboroto y me encontré con el hecho de que Daisuke había fallado el tiro y su flecha había caído en la zona negra de la diana, dejándonos empatados en puntaje. Miré su rostro con una pregunta dibujada en mi cara y él me respondió únicamente con una amable sonrisa que me sorprendió a sobremanera. El altavoz anunció mi turno y me dispuse a tirar, esta vez no fallaría, apunté firmemente a la diana, solté mi flecha y esta cayó justo en el centro, luego mi oponente hizo lo mismo, pero su flecha dio a un lado por lo que me declararon como la ganadora del enfrentamiento.

-¡Felicidades Higurashi! – me dijo un sonriente Daisuke ofreciéndome una reverencia y dirigiéndome una mirada que no supe interpretar.

Inmediatamente se dio la vuelta para salir del lugar, estuve a punto de seguirlo para preguntarle el por qué había perdido el noveno tiro para que quedáramos iguales, pero la gente que comenzó a rodearme me lo impidió, por lo que lo perdí de vista. Sin embargo tenía la ligera corazonada de que no sería la última vez en que nuestros caminos se cruzasen y que ya tendría la oportunidad de hablar con él en otra ocasión.

Todos mis seres queridos insistieron en hacer una celebración por mi más reciente triunfo, aunque me negué rotundamente, no logré hacerlos desistir, hasta Chie asistió a la fiesta que se ofreció en el templo; sin embargo lo único que yo quería era poder hablar con ella sobre la visión que tuve en la competencia para hallarle una posible explicación. La fiesta culminó casi a la media noche y al retirarse los invitados, Chie aprovechó el momento para enseñarme a hacer invocaciones de demonios, dándome una nueva puerta para comunicarme con mi amado…


El personaje Daisuke no es de Rumiko, es mío, su nombre significa "sobresaliente, ser excelente, salvar, socorrer, auxiliar", se me hizo buena idea ponerle un nombre según sus cualidades.