Hola a todos!! Mil gracias por los reviews, espero vuestras opiniones con este nuevo capítulo. Sugerencias, críticas, lo que sea xD Creo que he contestao a todos los reviews, pero si no es así lo siento mucho, soy un poco despistada... ^^

No es muy largo porque ahora mismo no tengo mucho tiempo para escribir, la universidad me absorve casi todo mi tiempo libre, lo siento, pero espero que os guste. Intentare actualizar los fines de semana, pero no prometo nada. Sin más tonterías os dejo con el capítulo 3. Hasta el próximo!!


Capítulo 3: Carta desde el corazón.

Una tímida Cho Chang de 15 años le miraba desde el otro lado de la sala con una carta en la mano.

Lo olvidaba. En esos momentos él debería estar bebiendo los vientos por Cho y deprimido porque le había dado calabazas… ¿Qué se suponía que debía decirle?

- Hola… No, no me has asustado, tranquila.

La chica le dedicó una pequeña sonrisa y él desvió la mirada hacia otro lado. Era raro tenerla en frente mirándole a los ojos sabiendo que Cho pensaba que estaba enamorado de ella. Algo cierto para el Harry de catorce años al que le había costado horrores reunir el valor suficiente para pedirle una cita. Pero él no era el mismo Harry, no tenía catorce años y no estaba enamorado de Cho Chang. No de ella…

Pero ese no era el momento de pensar en esas cosas, había ido hasta la lechucería por Sirius, tenía que concentrarse. Levantó la vista y miró a Cho inclinando levemente la cabeza. Se acercó hasta el lugar donde se encontraban las lechuzas descansando y comenzó a buscar a Hedwig. Sin necesidad de ser llamada, la preciosa lechuza blanca voló hasta él y se apoyó en su brazo. Harry se quedó paralizado unos segundos. Aquella noche de verano en la que había llegado a La Madriguera después de huir de Voldemort pensó que nunca volvería a ver a su pequeña amiga con alas. Levantó la mano y la acarició suavemente en la cabeza, con miedo de que el contacto la hiciese desaparecer como en un mal sueño.

- Hola… ¿Qué tal amiga?

Hedwig se frotaba contra los dedos de su amo mientras emitía unos pequeños ruiditos de satisfacción.

- Es muy bonita, Harry.- Le dijo Cho a su espalda.

- Sí, lo es.

Las palabras de su compañera le devolvieron a la realidad y volvió a mirarla mientras dejaba a su lechuza en uno de los postes que había esparcidos por la sala.

Cho le miraba nerviosa y algo sonrojada.

- Oye…

- ¿Qué?

- Nada, sólo quería decirte que… bueno…

Notó como a la chica le costaba decir aquellas palabras, seguramente por vergüenza. Y se sorprendió a sí mismo al darse cuenta de que él, a pesar de lo extraña que se le hacía la situación, estaba tranquilo. Como muy bien se había recordado él mismo hacía unos segundos, ya no era el chico de catorce años al que se le trababan las palabras cuando la veía o derramaba el zumo de calabaza por la boca al sonreírle torpemente.

- ¿Querías algo o no?

No quería sonar borde, pero también era cierto que tenía mejores cosas que hacer que estar compartiendo casi palabras con Cho Chang.

- Decirte que lo siento.- Se acercó a él peligrosamente y le acarició el brazo mientras continuaba hablando.- Siento mucho no poder ir al Baile de Navidad contigo, de verdad. No sabes cuanto lo siento.

Harry miró la mano de Cho sobre su brazo y luego a ella. Era gracioso pensar lo poco que parecía que le agradaba ir al baile con Cedric en ese momento y lo mucho que le lloró después. Cedric… Aún no sabía qué cara iba a poner al verlo.

- Me crees cuando digo que lo siento, ¿verdad?- Preguntó la chica acercándose un poco más a él.

- Supongo.

Pudo notar como la simpleza en sus palabras sorprendía a Cho. El Harry de entonces hubiese estado tartamudeando y poniéndose más rojo que las orejas de Ron cuando se avergonzaba. Igual era mejor intentar actuar como él lo hubiese hecho hace unos años, pero tenía otras cosas en la cabeza y no podía evitar sonar indiferente.

Se fijó como los ojos de Cho miraban a la espalda de este y no hizo falta preguntar qué miraba. Una voz que le heló los oídos al escucharla hizo que girara la cabeza inmediatamente.

- Perdón.

Ginny Weasley se encontraba en el último escalón de la lechucería apunto de entrar en la sala tímidamente mientras sus mejillas se tornaban de un rosa pálido. Le miró fugazmente a los ojos y después dirigió su mirada a la mano de Cho, que aún acariciaba el brazo de Harry. Entonces la expresión de Ginny se volvió triste y sus mejillas volvieron a su color habitual.

- No quería interrumpir…

Lo dijo en un susurro casi inaudible y a Harry se le calló el alma a los pies al imaginarse lo que estaba pensando la pelirroja. La siguió con la mirada observando cada paso que daba hasta el grupo de lechuzas que revoloteaban por el alto techo de la estancia y sobre los comederos.

- Nos vemos.- Dijo Cho.

Se despidió de ella con un gesto cansado de la mano. Ni siquiera supo en que momento se fue de allí. No podía apartar la vista de la pequeña persona que mirada exasperada a las lechuzas buscando a una en particular. Una pequeña bola de pelo un tanto hiperactiva se acercaba a ella y le entregaba un paquete junto a una carta. La abrió y comenzó a leerla distraídamente mientras acariciaba a Pig con la mano.

Quería hablar con ella. Quería escuchar su voz. No podía estropear nada diciéndole algo acerca de ellos. No podía empeorar las cosas. Pero si conseguía volver al futuro en poco tiempo quería hacerlo teniendo el recuerdo de su voz fresco en su memoria. ¿Y qué demonios? Mantener una inocente conversación con ella no podía suponer nada peligroso.

- ¿Quién te ha escrito?

Ginny se sobresaltó y pegó un brinco que hizo salir volando a Pig.

- Pe-pensé que te habías ido. Ya sabes, con…- Frunció el ceño mientras intentaba volver a coger aire después de ese pequeño susto.- ¿Qué me has dicho?

- Preguntaba quién te había escrito.- Dijo señalando la carta y acercándose a su lado mientras Ginny, todavía un poco sobresaltada, trataba de reaccionar ante el hecho de estar hablando con él.

- Mi madre.- Harry dirigió su mirada hacia el paquete que tenía Ginny en los pies.- Me acaba de mandar el vestido para el baile.

En ese momento Harry intentó recordar cómo iba Ginny vestida aquel día. Pero no pudo.

- ¿Puedo verlo?

Las mejillas de Ginny se pusieron más rojas que antes por la sorpresa de la pregunta. ¿Desde cuándo Harry Potter se interesaba en sus cosas? Mejor dicho, ¿Desde cuándo Harry Potter intercambiaba con ella más de tres palabras?

- No. No creo que… mejor no.

Harry no insistió. Recordó una conversión que tuvo con ella sobre el baile poco después de empezar a salir juntos. Ginny le había contado que ese día había estado muy avergonzada porque su vestido no era nuevo y hecho a medida como el de las demás chicas.

- Vas a ir con Neville al baile ¿no?

- Sí.- Harry sintió una punzada en el estómago al imaginarse a Ginny bailando con Neville y no con él.- ¡Pero sólo somos amigos!- Se apresuró a decir ella. Quería dejar clara la situación.- Ya sabes que él quería invitar a Hermione, pero- se encogió de hombros.- es mi amigo y de todos modos, si no voy con él no voy con nadie.

- Seguro que lo pasáis muy bien.

Sabía que entre Neville y ella nunca había habido nada, que sólo eran dos amigos haciéndose un favor. Pero esa punzada de dolor al imaginarse a Ginny en el baile con alguien que no fuera él no se le iba del estómago. Era como revivir la boda de Bill y Fleur y eso no le gustaba.

Un silencio incómodo les invadió. Era todo muy raro. Recordaba estar con Ginny sentados en los jardines del colegio o en la sala común, sin hacer nada, simplemente juntos y pensando en sus cosas. Y aunque estaban en silencio era agradable. Muchas veces no necesitaban las palabras para entenderse. Pero no sabía cómo tenía que tratar a la Ginny que tenía ahora mismo delante.

- ¿Y tú ha quién vas a escribir?- Se aventuró a decir ella. Harry Potter no le hablaba todos los días y tenía que aprovecharlo.

- ¿Qué?

- Para eso estás en la lechucería ¿No? Para mandar una carta.

- ¡Ah! Sí, es para Sirius.

- ¿Sirius? ¿Sirius Black?- Ginny le miraba esperando impaciente la respuesta.

- Eh… sí.- Contestó dudoso.

- Entonces él… ¿Es bueno?

Harry puso una mueca en la cara ante el comentario. ¿Cómo no iba a ser su padrino bueno? ¡Bueno! Eso era quedase corto… Entonces una vocecilla en su cabeza que se parecía mucho a la voz de Hermione le recordó que Ginny aún no conocía a Sirius y, que para ella, seguía siendo el todavía dudoso responsable de la muerte de sus padres. Se quedó unos segundos en silencio intentando buscar la respuesta adecuada, pero Ginny interpretó mal su falta de palabras.

- No hace falta que me contestes.- Le dijo rápidamente.- No tenía que haber preguntado nada. Soy una entrometida. Lo siento. No volveré a decir nada.

Harry le miró sorprendido. Ginny Weasley sin querer enterarse de algo… La vio alejarse y apoyarse en una de los grandes ventanales sin cristales por los que cada día entraban y salían las lechuzas del colegio. En ese momento comenzó a darse cuenta de lo mucho que había cambiado Ginny en los dos últimos años, sobretodo respecto a él. Sonrió divertido al volver a ver a una Ginny que no quería enterarse de las cosas, que se disculpaba por sus comentarios ante él y que se sonrojaba cuando se cruzaban sus miradas.

- No pasa nada.- Comentó mientras se acercaba a ella.- Puedo contártelo si quieres.

Se apoyó junto a ella en la gran ventana y le pasó un brazo por los hombros ante la mirada atónita de la pelirroja. Apenas la había rozado cuando sintió una descarga eléctrica por toda la mano. Había sido un acto reflejo, una de las tantas costumbres que había adquirido después de muchos paseos juntos y largas conversaciones que parecían durar apenas segundos.

Ginny se giró y le miró directamente a los ojos, con el corazón latiéndole a mil por hora. Nunca había estado tan cerca de Harry, ni siquiera tenían conversaciones en las que no estuvieran Ron o Hermione. Sentían su mano en su espalda y no podía creérselo. Se habían quedado tan cerca el uno del otro que si no supiese que era imposible juraría que Harry quería besarla. Pero él no hacía nada, sólo la miraba fijamente a los ojos como metido en sus pensamientos.

Recordaba la última vez que vio esos ojos, lo poco que le gustaba mirarla fijamente las últimas veces que la vio porque sentía que le traspasaba con la mirada, que si la seguía mirando mandaría a tomar por saco a Voldemort y se quedaría a su lado. No era la Ginny de la que él se había enamorado, pero ¡Era Ginny! ¡Su Ginny! Ahí, delante de él, tan cerca que podía sentir como le latía el corazón. No quería ni pensar cómo cambiarían las cosas si en ese momento la besaba, si él se iba y volvía un Harry que no sentía nada por ella. La destrozaría. Pero… la tenía tan cerca que la tentación de besarla era enorme.

Pero no pudo. Él se iba a ir e iba a volver un Harry que en lo último n lo que estaba pensando era en besar a la hermana pequeña de mejor amigo. No podía hacerle eso a Ginny. Se separó de ella y volvió a mirar por la gran ventana dejando a Ginny algo aturdida por la situación anterior. Miró los alrededores del castillo, todo Hogwarts estaba nevado.

- ¿Quieres que te cuente la verdad de Sirius Black?

En el fondo, pensó él, eso no era hablar del futuro, es contarle a la chica algo que dentro de poco sabría. Ginny se giró también en dirección a los jardines del castillo y asintió.

- Después de matar a mis padres y huir al intentar hacer lo mismo conmigo, vino Sirius. Él era el mejor amigo de mi padre, era mi padrino.- Ginny le miró sorprendida.- él no fue quien los traicionó, fue Peter Petegrew, alguien que pensaron que era de fiar.

- Pero…- Ginny le miró sin entender.- ¿No estaba muerto? Sirius le mató…

- Él lo planeó todo para que la gente pensaran eso. Todos pensaban que el guardián del secreto de dónde se escondían mis padres era Sirius, pero en realidad fue Petegrew.

- ¿Cómo hizo para que todos creyeran que había sido Sirius?

- Mató a unos muggles y se cortó un dedo para hacer creer que también estaba muerto y que había sido Sirius. Después Colagusano desapareció y se refugió con una familia.

- ¿Colagusano?

Harry sonrió ante la cara de desconcierto de Ginny.

- Era su apodo. Podía trasformase en una rata. Mi padre, Sirius y el profesor Lupin también podían transformarse en animales.

- ¿Eran animagos?- Preguntó, sorprendida ante la afirmación de Harry.- ¿Cómo supiste la verdad?

- Cuando Sirius se escapó de Azkaban no fue para matarme a mí como todos creían.

- Quería acabar con Petegrew por haber traicionado a tus padres.

Harry asintió con una sonrisa en los labios. Ginny siempre entendía lo que él le quería decir sin necesidad de tener que explicárselo.

- Pero ¿cómo lo encontró? Hay millones de ratas en el mundo…- Pareció que Ginny se quedaba pensando un segundo y luego volvió a mirarle con los ojos como platos.- ¡Scabbers!

Ginny bufó de rabia al enterarse, pero no por saber la verdad como Harry creía.

- ¡Es alucinante!- Dijo con rabia.- ¿Se puede sabe por qué en mi casa nunca me cuentan nada? Ni que tuviese tres años, sé entender como son las cosas.

Esa Ginny malhumorada porque la dejaban al margen ya empezaba a parecerse a la que él conocía…

- ¿Y ahora dónde está?- Preguntó ya más calmada.

- La verdad es que no lo sé, en algún sitio por ahí escondido. Colagusano escapó y no podemos probar que fue él y no Sirius el responsable de todo.

- Debe ser difícil no tenerle contigo.

- Sí.

Pensó en su padrino y en todo lo que le echaba de menos. Extrañaba a su Sirius, estaba lejos de él. Pero a una distancia mucho mayor de la que Ginny podía imaginarse.

- ¿Le escribes muy a menudo?

- De vez en cuando.- De repente Harry se acordó de la razón por la que había ido hasta allí. El estar cerca de Ginny había hecho que lo olvidase.- ¿Tienes pergamino y tinta para prestarme?

Se pegó una colleja mentalmente. ¿Cómo pensaba escribirle algo a Sirius si no se había llevado nada para hacerlo? Ginny se acercó al paquete que había dejado en el suelo junto a su mochila, de la que sacó papel, un tintero y dos plumas. Se acercó a Harry y le tendió una.

- Gracias.

- De nada, yo también tengo que responder.- Dijo alzando la carta de su madre.

Se separó un poco de él y comenzó a escribirle a su madre. Pero él se había quedado con la pluma entre los dedos mirando el pergamino como si fuese lo más interesante del mundo. ¿Qué iba a escribirle a Sirius? ¿Iba a decirle la verdad? Le había dicho a Hermione que esperaría a hablar con Dumbledore antes de hacer nada, pero.. ¿Entonces qué le iba a decir?

- ¿No sabes qué escribirle?

- La verdad es que no…

- Cuando Charlie se fue a Rumanía por primera vez lo pasé muy mal.- Comenzó a explicar mientras enrollaba su pergamino y se lo daba a Pig.- Esperaba sus cartas todos los días, y aunque me encantaba que me contase las cosas que hacía con los dragones, la parte que más me gustaba de la carta era donde me decía que me echaba de menos y que me quería.- Se despidió de Pig y cogió el paquete del suelo y su mochila.- Luego me lo devuelves.- Dijo refiriéndose a la pluma y la tinta.

- Claro.

Vio como Ginny cruzaba la sala y se acercaba a la entrada donde se paró un segundo y le miró de reojo algo sonrojada diciendo "Hasta luego, Harry" antes de desaparecer rumbo al castillo. "Luego me lo devuelves". Sonrió por dentro al saber que luego tendría una escusa para volver a hablar con ella. Se quedó mirando las escaleras por las que acababa de irse. No sabía cuánto tiempo iba a permanecer en el pasado, pero hablar con Ginny no podía ser tan malo cuando su corazón se lo pedía a gritos.

Miró el pergamino en blanco que tenía entre las manos y suspiro. No iba a alarmar a su padrino, no todavía. Colocó la pluma entre los dedos, la metió dentro del tintero y comenzó a escribir. A veces lo más simple era lo acerado…

Querido Canuto,

Te echo muchísimo de menos. No sabes la falta que me haces.

Harry.