Seiya.

El sol se filtraba por entre las ramas de los árboles. Serena apenas había logrado dormir un par de horas y ahora tendría que despertarla para continuar con nuestro camino. No podíamos permitirnos perder el tiempo o de lo contrario estábamos perdidos. Casi estaba seguro de que en ese preciso momento Darien Chiba ya se había dado cuenta de que su prometida había huido conmigo, casi estaba seguro. Darien Chiba era todo menos tonto y sabía muy bien que en cuanto se enterara de su desaparición haría una investigación a fondo, al no encontrarme en las listas de detenidos sabía que investigaría más hasta saber toda la verdad. Darien Chiba probablemente ya sabía la conexión entre Serena y yo.

Serena dormía acurrucada contra un enorme árbol. La había cubierto con mi chamarra pues no tenía nada más que ofrecerle. Seguía sin comprender por qué había decidido venir conmigo. Ella lo tenía todo a sus pies. Un futuro prometedor, un trabajo, dinero, un esposo que le daría todo y que la amaba. Por mucho que yo odiara a Darien Chiba, él podía darle todo lo que una persona como yo jamás podría. Serena había hablado de lazos, recuerdos que hacía mucho tiempo había decidido enterrar. Cuando me separé de ella le había prometido que cuidaría siempre de ella, que estaríamos juntos pero éramos chiquillos, ¿qué significaba eso ahora? Ahora ambos éramos adultos y esas decisiones no podían tomarse a la ligera, pero a Serena parecía importarle mucho esa promesa que nos habíamos hecho, y no entendía por qué.

Su cabello brillaba bajo los rayos del sol. Ella creyó que no me di cuenta pero había llorado toda la noche, y cada vez que la escuchaba así me atormentaba la idea de regresarla con los suyos. Quién era yo para arrastrarla con mi mala suerte. Recordé que había dejado mi caja de té en la oficina. Dentro tenía los únicos bonitos recuerdos que me quedaban, tenía a mis padres, la tenía a ella…

Serena tenía razón. Yo había cambiado demasiado, pero me era casi imposible actuar de otra manera cuando toda mi vida había vivido bajo la marginación y la discriminación de todos ellos. Duré años encerrado en una escuela, que a pesar de que aprendí mucho, también aprendí a odiar. Duré años separado de la gente, separado de todo lo que conocía y solo conocí el odio y el rencor. Cuando logré estudiar en la universidad, fue cuando conocí a los Krawls con los que después cree la Resistencia. Liuk se convirtió mi mentor, mi mejor amigo, mi padre… Y ahora lo defraudaría, huiría de este país para siempre sin hacer nada por todos los míos que ahora estarían probablemente detenidos y encerrados en horrendas cárceles.

Cuando volví a saber de ella me encontré perdido y lastimado. Ella siempre fue la única persona a la que respeté, a la que alguna vez quise, y ahora era importante, y lo peor de todo… era la novia del hombre al que más odiaba. Era algo inalcanzable y por mucho tiempo quise acercarme a ella, pero sabía que no tenía derecho porque yo no era nadie, era tan solo un Krawl. Cuando nos encontramos de nuevo, ella lucía feliz, se me acercó, me habló como si nada hubiera pasado, pero entonces yo ya había cambiado. Y ahora ella estaba aquí, conmigo, sacrificando todo por ayudarme a mí.

De pronto me vino Kakyuu a la mente. La había conocido en el Corporativo Ágora e inmediatamente noté el interés que tenía por mí. Al comienzo me pareció interesante, era muy bella e inteligente, pero con el tiempo me di cuenta de que jamás podría sentir algo tan fuerte como lo que ella parecía sentir por mí. Era un cobarde, un tonto… la había dejado ahí y ahora probablemente era prisionera. Qué pensaría al saber que me encontraba con una Lirio y que estaba por huir del país.

Me dediqué a recoger las pocas cosas que llevaba encima y desperté a Serena con cuidado. Ella parpadeó un par de veces antes de adaptarse a la luz. La ayudé a incorporarse y tenía el cabello revuelto. La vi acomodarse el cabello y el vestido que estaba un poco sucio.

-Lamento levantarte tan pronto pero tenemos que seguirnos moviendo, no podemos tomarnos tanto tiempo libre.-dije colocándome la mochila sobre la espalda.

-Está bien.

-Toma un poco de agua.-dije dándole la botella.-Pasaremos con cuidado a una zona rural que está aquí cerca. Dejamos Hitachi atrás gracias al carro. Debemos de estar muy cerca de Iwaki.

-Pero no vamos a entrar a Iwaki, ¿o sí?-preguntó Serena preocupada.

-No, no, sería un riesgo. Entraremos a la zona rural y de allí tomaremos camino por las afueras de Iwaki hasta Fukushima, que debe de estar a unas cuantas horas a pie.

Caminamos hasta salir del bosque. La zona rural parecía desolada a excepción de unas cuantas personas que transitaban por los caminos enlodados. Nadie pareció percatarse de nosotros, de cualquier manera tratamos de no ser vistos por precaución. Supe de inmediato que esa zona rural era zona Krawl, pues no había casi nadie en las viviendas ni en los pocos negocios que había allí. Serena observaba cada detalle y parecía asustada por la soledad del lugar. Encontramos una pequeña tienda de abarrotes a las afueras del lugar, cuando entramos no había nadie dentro y le pedí a Serena que llenara la mochila con toda la comida que pudiera. En cambio, yo me dediqué a revisar el lugar para ver si encontraba algo que pudiera servirnos. Encontré un cuchillo carnicero, el cual guardé con cuidado en mi bolsillo, luego encontré algo de dinero en la gaveta y después de asegurarme que allí ya no vivía nadie lo tomé todo también. Encontré una bolsa en la cual podríamos guardar más cosas y tomé un par de cobijas que había en el cuarto trasero. Las eché en la bolsa y también eché botellas de agua. Me encontré con Serena de nuevo y cargados con cosas nos salimos de allí y comenzamos a caminar. Tras un rato volvimos a adentrarnos en el bosque ya que habíamos evitado el camino de la carretera.

Darien.

-Señor.-dijo Hikari al entrar a mi oficina.-Aquí está el informe de la investigación que ordenó.

No había pegado el ojo en toda la noche. No había noticias de ellos, nadie los había visto y el carro en el que habían huido lo encontraron varado a un costado de la carretera. Pero no había rastro de ellos por ningún lado cerca de allí. Me sentía impotente y enojado como nunca. Tenía que encontrarlos, a los dos y hacerles pagar. A ese maldito lo mataría frente a los ojos de todos y a ella… a ella la obligaría a casarse conmigo, viviría a mi lado para siempre. No podían escapar de mis manos.

Tomé la carpeta que Hikari me ofrecía y le pedí que me dejara solo. Era una investigación que había mandado hacer para saber cuál era la conexión entre ellos dos. Sakura y Ryu Kou. Ryu Kou era un granjero japonés que conoció a Sakura cuando acababa de llegar de Corea. La ayudó a refugiarse y se enamoraron. Tiempo después nació Seiya Kou. Durante la persecución huyeron y se escondieron por mucho tiempo hasta que llegaron a la zona rural a las afueras de Osaka. Allí una familia los ayudó a refugiarse. Kenji e Ikuko Tsukino, ellos los ayudaron los alimentaron y se hicieron grandes amigos. El matrimonio tenía una pequeña hija, Serena Tsukino. Cuando las cosas se calmaron un poco los Tsukino le ayudaron a los Kou construir una cabaña muy cerca de la de ellos. Trabajaban juntos y eran grandes amigos. Serena y Seiya pasaban días enteros juntos, eran muy amigos y así transcurrieron varios años hasta que volvieron a ordenar la segregación de los Krawl. Para ese entonces Kenji Tsukino ya tenía varios años muerto, cuando llegaron a la zona rural, Ryu Kou trató de defenderse y fue asesinado. Ikuko Tsukino y Sakura Kou se defendieron, murieron juntas frente a los ojos de Serena y Seiya. Seiya fue tomado, fue tatuado y luego fue llevado al centro juvenil para Krawls. Serena Tsukino fue a parar a un refugio y luego llegó hasta acá. Todo tenía sentido. Ellos habían pasado demasiado tiempo juntos, tenían un pasado demasiado fuerte para ser olvidado. Yo no podía permitir que se salieran con la suya, eso jamás.

Serena.

Llevábamos casi dos horas caminando. Seiya iba un poco delante de mí y yo cargaba la bolsa con comida. Sentí que mi estómago rugía y me detuve junto a un árbol para tomar un poco de aire. Seiya se dio cuenta de mi retraso y regresó a mi lado.

-¿Qué haces? Debemos apresurarnos.

-Tengo hambre.-dije antes de que se diera la vuelta.-¿Tú no?

Seiya dudó unos segundos, miró hacia todos lados y luego asintió.

-No hay que perder mucho tiempo, vamos a sentarnos.

Saqué de la mochila algo de jamón y pan. Comimos rápidamente. Yo comí varias rebanadas de jamón y dos piezas de pan. Luego comencé a mordisquear una manzana cuando sentí la mano de Seiya deteniéndome.

-Serena, si sigues comiendo así te acabarás nuestras reservas de comida.-dijo Seiya quitándome la manzana de la mano para morderla él.

Bebí agua hasta saciarme y luego me eché hacia atrás. Seiya se terminó de comer la manzana y luego me ayudó a recoger las cosas. Nos dispusimos a seguir caminando. Mis pies comenzaban a doler pero tenía que aguantar, aun teníamos mucho camino por recorrer. Varios minutos después miré a Seiya. Seguía caminando delante de mí y traté de alcanzarlo, pero no podía, siempre me adelantaba por poco.

-¿Qué hiciste?-pregunté un rato después.- ¿Qué hiciste cuando… cuando nos separamos?

Seiya me miró unos segundos y luego volvió su mirada.

-Me llevaron a un internado para hombres del cual no podíamos salir. Era solo para Krawls.

-¿Internado?

-Sí. Estudiábamos, hacíamos ejercicio, pero no podíamos salir a la calle.

Me estremecí de pies a cabeza tratando de imaginar a un montón de jóvenes encerrados en un internado.

-Cuánto tiempo duraste ahí.

-No lo sé, no recuerdo bien… tres, cuatro años.

Seiya parecía no querer hablar al respecto, pero seguí insistiendo.

-¿No quieres saber qué fue lo que hice yo?-dije de pronto al notar que a Seiya no le interesaba.

-Te escucho.-fue lo único que dijo.

-Tuve que ir a un refugio.-dije tras un silencio.-Caminé mucho, después de los soldados te llevaron. Duré días enteros en la calle, sin comer, sin dormir, no dejaba de llorar. Unos soldados me encontraron días después y me llevaron a un refugio. Duré algo de tiempo allí, aprendí a hacer muchas cosas y luego una de las monjas me ayudó a entrar a una escuela para concluir mis estudios. Tuve el mejor promedio y eso me ayudó a conseguir una beca en la universidad de Tokio. Fue así como paré en Tokio.

Seiya seguía en silencio y cuando terminé de hablar no dijo nada. Seguimos caminando y sentí algo de coraje porque no me decía nada.

-No te interesa, ¿cierto?-dije rompiendo el silencio.-Después de ese día jamás volvió a interesarte lo que pudiera sucederme.

Seiya me miró durante unos segundos y volvió a desviar la mirada.

-Antes solías hablar conmigo, nunca te callabas… siempre me contabas todo, me enseñabas muchas cosas que yo no sabía. Y ahora… ahora parece que prefieres estar inmerso en el silencio, parece que mis palabras no… te importan.

Caminamos unos cuantos metros más y sentía el coraje subir y bajar por todo mi cuerpo.

-¿Lo ves? Ni siquiera deseas responderme, ni siquiera cuando nos reencontramos después de tantos años fuiste capaz de… alegrarte. Yo no te hice nada, Seiya, y siempre estuve para ti… acepté fingir que no te conocía, pero ahora creo que lo único que te importaba era deshacerte de mí.

De pronto Seiya se giró y me tomó bruscamente por los hombros.

-Tú no tienes idea de nada, Serena, será mejor que dejes de decir todas esas tonterías porque estoy cansado de escucharlas. No tienes ningún derecho a reclamarme nada porque no tienes idea de todas las veces que intenté escaparme de ese internado, ¿y sabes por qué? Porque quería buscarte, quería ayudarte porque sabía perfectamente que estabas tan sola como yo. ¿Crees que no me da coraje enterarme ahora de que duraste días desamparada y sola en las calles? Por supuesto que me da coraje porque pude haber estado ahí y estaba encerrado en ese horrible lugar. Me castigaron cada vez que intenté escaparme, cada vez me golpeaban más duro y nunca… nunca pude vencerlos.

Seiya había elevado demasiado la voz, casi estaba gritando y yo lo escuchaba con una punzada en el pecho. El corazón me latía fuertemente mientras lo miraba a los ojos llenos de coraje.

-No voy a discutir contigo quién sufrió más y quién menos, Serena… no lo voy a hacer.

Me soltó y sentí una extraña liberación. Seiya continuó caminando y lo seguí en silencio durante las siguientes horas sin decir nada. Me quedé pensando en sus palabras todo el tiempo. No imaginaba a Seiya tratando de escapar para buscarme. Reprimí las lágrimas. Lo único que trataba de hacer era encontrar al Seiya que yo conocía en ese hombre que tenía delante de mí. Había muchas raíces grandes en el bosque, había muchas cosas que me eran difíciles de saltar. Seiya lo hacía fácilmente y yo trataba de alcanzarlo. Cargando la bolsa de comida era difícil pero teníamos que sobrevivir de alguna manera. Estaba cansada y necesitaba tomar agua, pero Seiya era el que traía las botellas de agua y de pronto sentí que algo se me atoraba en el zapato, cuando intenté seguir caminando no vi un cúmulo de rocas y tropecé. Caí sobre la raíz de un árbol y rodé hasta caer sobre las piedras de nuevo.

Seiya se detuvo al escuchar lo que sucedía y corrió hasta mí. Yo me encontraba en el suelo tratando de recuperarme un poco y sentí que Seiya me elevaba en el aire al cargarme en brazos.

-Serena, ¿qué es lo que estás haciendo? Debes fijarte por donde vas…-dijo mientras caminaba conmigo en brazos.

-Suéltame.-dije golpeando su pecho.-Puedo seguir caminando.

-Te lastimaste el tobillo.

-No…no…-dije tratando de liberarme de sus brazos.

Lo observé detenidamente. Noté sus facciones endurecidas y el cabello que le caía por la espalda. Sus brazos grandes y fuertes me cargaban y su enorme pecho casi me asfixiaba.

-Tendremos que parar aquí porque con ese tobillo no vas a poder hacer nada.

-No, no, tenemos que seguir caminando, déjame ya.-insistí.

Nos detuvimos en un claro y me dejó con cuidado sobre el suelo. Me ofreció una botella de agua y él también tomó un poco.

-Será mejor que no te levantes y no camines. Tendremos que quedarnos aquí hasta mañana para que se te baje la hinchazón o de lo contrario no podrás seguir caminando.

Agaché la mirada. Seiya no dijo durante durante algún tiempo y luego lo vi sacar una de las cobijas que habíamos llevado y la acomodo para poder recostarse. Supe que descansaría un rato pues él no había dormido nada, así que lo dejé descansar. Yo me quedé observándolo todo el tiempo. Observé el paisaje, observé todo por si notaba algo extraño. No supe cuánto tiempo pasó, pero seguro que varias horas porque el sol ya estaba por ocultarse. Sentí que el estómago me rugía y decidí comer algo. Me comí una manzana y como todavía sentía mucha hambre también así que decidí abrir el paquete de papas fritas y me comí toda la bolsa. Bebí algo de agua y luego me dio un poco de sueño también. Me quedé dormida recargada contra aquél árbol durante algún tiempo hasta que abrí los ojos abruptamente y me di cuenta de que Seiya no estaba. Sentí miedo por un momento hasta que lo vi acercarse a donde yo me encontraba. Traía una manzana en la mano y la mordisqueaba. Se sentó en donde había dejado la cobija y lo vi sacar del bolsillo de su pantalón una caja de cigarrillos. Tomó uno entre sus dedos y lo encendió con un cerillo. Lo observé darle caladas al cigarrillo y se me antojó.

-¿Puedo tomar uno?-dije rompiendo el silencio.

Seiya me miró extrañado y luego me lanzó la cajetilla y los cerillos. Encendí uno con dificultad y me encontré con sus ojos sobre mí.

-No sabía que fumaras.-me dijo.

-No creo que sepas muchas cosas de mí.-respondí sin dejar de mirarlo.

Seiya dibujó una mueca y continuó fumando.

-¿Es cierto?-pregunté con incertidumbre.

-¿Qué cosa?

-¿De verdad trataste de escapar para… encontrarme?-dije con voz temblorosa.

Seiya guardó silencio durante un largo rato hasta que decidió contestar.

-Sí.

Sonreí instintivamente.

-¿De qué te ríes?-me dijo de pronto.

-De nada.-mentí.

Tras varios minutos lo volví a mirar y mis ojos se cruzaron con los suyos.

-Seiya… ¿cómo crees que hubieran sido las cosas si nada de esto hubiera sucedido?-pregunté.-Durante muchos años me he puesto a pensar en ello y… y hay muchas cosas que me imagino.

-¿A qué te refieres?

-Me refiero a que si nunca hubiera tenido lugar esa persecución… si nunca te hubieran llevado a ese internado.

Seiya agachó la mirada.

-Muchas cosas pudieron haber pasado entonces. Es difícil pensar en eso. Una vez que algo ya ha pasado, y que te ha dañado tanto, es difícil imaginar que algo diferente pudo haber sucedido.

Lo miré.

-Claro…

Estuve a punto de decir algo cuando Seiya me indicó con la mano que guardara silencio. Yo no lograba escuchar nada fuera de lo normal pero Seiya se puso de pie y me pidió que esperara allí en silencio. Lo vi desaparecer entre los árboles y regresó al poco rato algo agitado.

-Tenemos que irnos.-dijo apresuradamente mientras guardaba las cosas.

-Pero… qué…

-Rápido.

Cuando ya había recogido todo me tomó por la cintura y me obligó a ponerme de pie. Me sostuvo por la cintura y me pidió que caminara con un pie. Tratamos de caminar rápido pero mi tobillo hinchado no me lo permitía. Seiya lucía agitado y asustado.

-Qué sucede.-logré decir con la voz entrecortada.

-Están muy cerca.-respondió.-Los vi, eran soldados.

Seguimos caminando y de vez en cuando Seiya tenía que levantarme para sortear obstáculos. Traté de ir lo más rápido que podía pero Seiya lucía desesperado. Nos alejamos todo lo posible pero me era muy difícil seguir.

-Ahí.-dijo Seiya apuntando hacia una especia de cueva. No era precisamente una cueva, era muy pequeño el lugar pero cabíamos los dos y podríamos ocultarnos un rato al menos hasta que los soldados desaparecieran. Me obligó a entrar y traté de acomodarme, pero cuando él también entró apenas cabíamos los dos. Seiya trató de moverme para acomodarse él, pues él era más alto y tenía que encontrar el lugar adecuado para acomodarse.

-Tienes que… moverte, así no podemos…-dijo moviéndome un poco.-Te pondré encima de mí… es la única manera.

De pronto me encontré encima de Seiya. Nuestros cuerpos estaban demasiado juntos al igual que nuestros rostros. Nos miramos a los ojos y sentí que el corazón me latía rápidamente.

-Guarda silencio.-dijo en voz baja.

Ahí escondidos pudimos escuchar pasos. Eran muchos pasos y se movían rápidamente. Alguien gritaba y los otros seguían moviéndose. Todo estaba muy oscuro ahí dentro y apenas podía percibir el rostro de Seiya y sus ojos sobre los míos. Ni él ni yo nos atrevimos a desviar la mirada. Solo se escuchaban nuestras respiraciones y los pasos que provenían del exterior. El espacio era tan reducido que no podía siquiera moverme. Seiya me seguía sosteniendo de la cintura y sentía que mi tobillo dolía. No supimos cuánto tiempo pasó, los minutos parecían eternos. El sol ya se había ocultado porque ya no podía ver ni siquiera el rostro de Seiya a pesar de tenerlo tan cerca, los pasos se alejaban poco a poco hasta que ya no se escuchaba nada.

-Parece que ya se fueron.-dije susurrando.

-Sí… pero no podemos arriesgarnos, esperemos un poco más.

El tiempo pasaba lentamente. Sentía la respiración de Seiya en mi rostro y tenía mis manos sobre su pecho. No podía moverme. Comenzaba a sentirme desesperada y el tobillo me dolía. Rato después la voz de Seiya llegó a mis oídos sutilmente.

-¿Qué fue lo que te imaginaste? ¿Qué es lo que te imaginas que hubiera pasado si no me hubiera ido?

De pronto no estaba segura de querer responderle. Eran muchas cosas que me había imaginado por años que en ese momento probablemente no hubieran tenido sentido.

-Seiya…

-Dímelo.-me interrumpió.-Tú querías saber qué pensaba yo, por eso hiciste esa pregunta. Ahora quiero saber qué es lo que imaginas.

Respiré profundamente.

-Por mucho tiempo yo… imaginaba que si nada de esto hubiera pasado… quizá… quizá seguiríamos viviendo en el campo. Quizá hubiéramos ido a la escuela, hubiéramos ido a la universidad… nuestros padres estarían allí, en el campo, y nosotros los hubiéramos ayudado siempre. Por mucho tiempo pensé que quizá… quizá… quizá tú y yo… quizá nos hubiéramos… casado…-logré decir con voz temblorosa.

Hubo un silencio prologando. Seiya no respondía pero sentía perfectamente su corazón latir con fuerza. Sentí sus manos tensarse alrededor de mi cintura.

-Sé que es una tontería.-dije para tratar de disipar la tensión.-No me hagas caso.

-No lo es.-respondió entonces.

Después de eso nadie habló. El tiempo pasó y comencé a sentirme realmente cansada. No me di cuenta cuando me quedé dormida y reposé mi cabeza sobre el pecho de Seiya.

Seiya.

Cuando abrí los ojos me di cuenta de que ya había sol. En el lugar en el que estábamos apenas entraba un poco de luz pero era suficiente para ver a Serena. Ella se encontraba sobre mí y dormía tranquilamente. Tenía una ligera sonrisa en el rostro y lucía sumamente tranquila. Su cabello alborotado brillaba con la poca luz que se filtraba y entonces recordé nuestra última conversación. Ella me había dicho que quizá se hubiera casado conmigo si nunca nos hubiéramos separado. No había tenido palabras para responderle. Hubiera querido decirle muchas cosas en ese momento pero no tenía derecho. Ella estaba enamorada de alguien más, incluso estaba por casarse con otra persona y aun así estaba allí, conmigo. Eso jamás iba a terminar de entenderlo. Cómo es que si ya tenía una vida armada, un futuro prometedor, había decidido dejarlo todo a un lado para irse conmigo. Acaricié su cabello durante unos momentos. Cómo podía decirle que durante años había soñado con ella. Cómo decirle que yo también había soñado casarme con ella mil veces, cómo decirle que durante años quise encontrarla y llevarla conmigo. Tampoco podía decirle que cuando al fin la encontré ella ya era de otro y yo no tenía derecho a hacer nada. Viví en el rencor durante mucho tiempo, por verla al lado de otro hombre. Sin duda yo no podía ofrecerle todo lo que Darien Chiba podía, pero nunca logré olvidar todo lo que pasamos juntos y ahora la tenía ahí, durmiendo sobre mi cuerpo y con mis manos rodeando su cintura. No sabía qué era lo que me dolía más, si tenerla lejos al lado de otro hombre, o tenerla ahí, junto a mí y sin poder decirle nada.

De pronto me di cuenta de que Serena había abierto los ojos y me miraba. Quité mi mano de su cabello rápidamente y traté de moverme un poco.

-Es hora de irnos.-fue todo lo que pude decir.

Ayudé a Serena a salir de allí y me di cuenta de que su tobillo ya no estaba tan hinchado. Sentía todo el cuerpo entumecido y decidí estirarme para poder despertar. Le dije a Serena que debíamos de comer un rato y nos sentamos cerca del lugar para comer algo de jamón, pan y una lata de atún que llevábamos.

-¿Todavía te duele el tobillo, cierto?

Serena asintió sin decir nada.

-Déjame ayudarte.-dije mientras tomaba su pie con cuidado y le quitaba la zapatilla. Toqué su pie delicadamente y comencé a moverlo de un lado hacia otro, así como en círculos. Sentí la mirada de Serena sobre mí y no pude evitar fijarme en sus piernas mientras movía su pie.

-Me siento mejor.-dijo Serena.-Gracias.

-Tendremos que seguir caminando, seguramente no estamos muy lejos de Fukushima, pero nos desviamos gracias a los soldados que estaban por aquí ayer. Tendremos que tener mucho más cuidado de ahora en adelante. Parece que están dispuestos a encontrarnos. ¿Crees que tu tobillo aguante? No quiero exponerte a nada.

-Mi tobillo estará bien. Ya no me duele y la hinchazón ha bajado demasiado.

-De acuerdo. Si veo que vuelve la hinchazón será mejor que paremos.

-Ya no deberíamos perder tanto tiempo.

Comenzamos a caminar. Pasaron varias horas hasta que llegamos a la orilla de Fukushima. Nos subimos a la troca de un señor que transportaba ovejas y nos quedamos quietos hasta que se alejó de Fukushima. No teníamos idea de hasta dónde se dirigía pero nos quedamos allí para descansar los pies un rato. Serena volvió a quedarse dormida y yo decidí quedarme despierto para estar alerta. Era un camino lleno de tierra y el bosque se había quedado atrás hacía un rato. El tiempo me parecía eterno, era como si siguiéramos en el mismo lugar y nada cambiara. Las horas pasaban tan lento que me desesperaba y deseaba correr y jamás detenerme. La troca se detuvo en un poblado pequeño y desperté a Serena para bajarnos antes de que alguien nos viera. Nos escondimos entre las viviendas y tratamos de que no encontrarnos con alguien que pudiera llegar a reconocernos. Había muchos soldados por todo el lugar y necesitábamos llegar hasta Sendai para poder llegar al río que nos llevaría hasta Morioka. Sabía que era unas cuantas horas hasta Sendai y no creía que Serena o yo aguantáramos caminar más de lo que ya habíamos caminado. Tenía que pensar en algo y robar un carro me parecía algo arriesgado pero era nuestra única opción.

-Vamos a tener que robar un carro.-le dije a Serena mientras nos escondíamos de unos guardias.

-Pero… es muy peligroso… podrían darse cuenta de nuestra posición.

-Sí, lo sé, pero para cuando se den cuenta de que el carro no está estaremos muy lejos y además nos perderemos por una carretera que nos llevará al río de Sendai.

-¿Cuál carro piensas que es el indicado?-preguntó Serena mientras se dedicaba a estudiar cada carro estacionado por el lugar.

Observé cada uno de ellos tratando de averiguar cuál podría tener más gasolina. Algunos eran más lujosos que otros y entonces decidí que uno blanco y espacioso era el indicado. Lucía casi nuevo y asumí que tendría gasolina suficiente al menos para llegar hasta Sendai. Le pedí a Serena que esperara ahí mientras yo intentaba abrir el auto. Le pedí que si alguien se acercaba hiciera algún ruido para poder esconderme rápido. Batallé para poder abrir el auto ya que era muy nuevo y no estaba tan fácil como lo pensé. Tuve algunas dificultades hasta que logré forzar la puerta y le hice señas a Serena para que se acercara con cuidado. Le abrí la puerta del copiloto y se subió rápidamente echando las mochilas hacia atrás. Le corté los cables al automóvil y logré encenderlo. Como predije, el tanque de gasolina estaba lleno y le dije a Serena que se ocultara porque sería más fácil que la reconocieran a ella ya que yo me había cortado el cabello y tenía un poco de barba. Conduje despacio hasta que encontré la salida hacia la carretera. Algunos soldados me miraron extrañados pero nadie me detuvo ni dijo nada. Cuando llegué a la carretera aceleré todo lo que pude y le dije a Serena que ya podía sentarse bien. Manejé tan rápido como pude por aquella carretera desolada. Durante el camino Serena se dedicó a preparar algunos sándwiches y comimos mientras escuchábamos la radio. Observé a Serena sobarse el tobillo con cuidado y me di cuenta de que la hinchazón ya casi había desaparecido.

Serena.

Casi cuatro horas después me di cuenta de que Seiya tomaba un camino diferente que era casi imperceptible. Había reducido la velocidad y no se escuchaba nada más que la música que provenía del radio. Ninguno de los dos había dicho casi nada y yo me sentía algo cansada de no hablar. Habíamos escuchado cientos de avisos en la radio acerca de nosotros y nuestros nombres eran mencionados tantas veces que sentía que toda la población de Japón se sabía mi nombre ya. El nuevo camino era de tierra y teníamos que ir a una velocidad baja. El sol había descendido un poco y me dediqué a observar lo sucio que tenía el vestido. Estaba lleno de tierra y alguna que otra rasgadura a causa de los árboles y piedras. Mi cabello también estaba sucio y enredado y mi rostro parecía el de una pordiosera. Seiya también estaba sucio y lucía totalmente diferente a lo que recordaba de él con su traje formal y el cabello largo. Casi dos horas después logré visualizar el río que se abría ante nosotros. Seiya se detuvo en la orilla y el bosque se alzaba ante nosotros nuevamente. Me di cuenta de que el carro seguía encendido y escuché que Seiya me pedía que me bajara y que bajara las provisiones. Cuando estuve fuera del auto Seiya le quitó el freno de mano y el carro comenzó a andar lentamente hacia adelante al tiempo que se hundía en el río poco a poco. No esperaba que Seiya hiciera eso pero me pareció que era lo más sensato.

-Si seguimos el río llegaremos hasta Morioka, pero te advierto que es un camino muy largo. Tendremos que caminar mucho ya que es peligroso que andemos en la carretera. Si caminamos siguiendo el río tendremos más probabilidades de tener agua y comida para el camino, porque al menos podremos pescar algo de vez en cuando. Caminemos un poco hacia el bosque para poder descansar hasta mañana.

Seguí a Seiya en silencio hasta un claro en donde decidió que allí acamparíamos. Saqué las cobijas y Seiya sacó la comida. Me le quedé mirando mientras abría una botella de agua y sus ojos se encontraron con los míos.

-¿Qué sucede?-preguntó cerrando la botella.

-Quiero que me digas la verdad.-dije de pronto.-Acerca de Darien.

-Ya te la dije.

-Darien no sería capaz de asesinar a alguien… no…

-Es un soldado, Serena, fue entrando para eso. Yo mismo lo he visto asesinar a Krawls sin piedad. Incluso lo he visto reírse por ello, ¡reírse!-dijo apretando los puños.

-No te creo.-logré decir mientras un nudo en la garganta me impedía articular palabra.

-Ya basta, estoy harto de que seas tan ingenua. Tu maldito novio es un asesino, odia a las personas y es un egoísta. No le interesa nada más que tener poder, tener dinero y eliminarnos a todos nosotros de aquí.-dijo elevando la voz.-Será mejor que comiences a darte cuenta de quién es realmente, de conocer a las personas con las que sales.

-No tienes derecho a juzgarme… si odias a Darien yo no tengo la culpa de que…

-Lo que me molesta.-dijo interrumpiéndome.-Es que seas tan ciega, que seas tan tonta, que te dejes engañar por un hombre como él. No fuiste la única que dejó a alguien, ¿sabes?, yo también dejé a Kakyuu, ni siquiera tuve consideración alguna de despedirme o de buscarla.

-¿Kakyuu?-pregunté confundida.-¿Kakyuu Fireball?

-Sí, Serena, Kakyuu y yo éramos novios. Teníamos un año de relación y yo la dejé.

-¿Por qué nunca me lo dijiste?-dije de pronto sintiéndome molesta.

-¿Tenía que hacerlo?

-Tú… tú eres un idiota.-me puse de pie.-Vienes, te crees la víctima, te enojas conmigo, me echas la culpa de todo y además sigues haciéndome pensar que eres un pésimo amigo. Desde que volví a verte eres mezquino, amargado, me dejaste de hablar, me ignoraste… ¡sacrifiqué todo por ti! Y ahora me tratas así.-lágrimas en los ojos.

-Yo no te pedí que lo hicieras.-respondió.-De hecho te dije que no lo hicieras.

-De cualquier manera.-continué.-Estoy cansada de que hables así de mi prometido.

-Yo solo digo la verdad. Nunca he sido mentiroso, y lo sabes. ¿Tú crees que si algún día vuelves a encontrarte con Darien Chiba él te va a sonreír y tendrá pospuesta la fecha de la boda? No, Serena, no será así. Darien Chiba es incapaz de perdonarle la vida a alguien solo por ser diferente mucho menos será capaz de perdonarle a su novia que haya huido con el Krawl más buscado de todo Japón. Madura, eres solo una niña tonta e incongruente.

-Es bueno saber lo que piensas de mí.-dije dándole la espalda y caminando hacia el río.

Me alejé rápidamente. Sentía las lágrimas resbalar por mis mejillas y el coraje inundando mi cuerpo. Seiya no tenía derecho a tratarme así, él siempre había estado en un lugar muy especial de mi corazón y ahora me trataba como si yo fuera igual a todas las personas que alguna vez lo trataron mal. Seguí caminando hasta que tropecé con unas raíces y me quedé allí sentada en el suelo mirando el río. No supe cuánto tiempo pasó y luego decidí que me daría un baño en el río. Me sentía sucia y necesitaba lavar la única pieza de ropa que llevaba conmigo. Me quité el vestido y lo extendí sobre una roca al igual que mi ropa interior. El agua estaba fría pero valía la pena. Me sumergí poco a poco hasta que todo mi cuerpo quedó bajo el agua y luego sumergí la cabeza. Nadé durante algún tiempo sintiendo pequeños peces en mis pies y el agua fría entumirme los huesos. Sentí mi cabello remojarse y expandirse por el agua. El sol cada vez bajaba más y la luz se extinguía poco a poco. No había dejado de llorar desde la discusión con Seiya y no deseaba volver todavía.

Seiya.

Serena ya se había tardado demasiado y había decidido ir a buscarla. No me sentía orgulloso de todo lo que le había dicho, sabía que me había portado como un idiota pero no podía evitarlo. Odiaba escucharla hablar sobre Darien Chiba y odiaba mucho más el hecho de que ella creyera que era un buen hombre. Caminé algunos metros tratando de buscar huellas o algo que me ayudaran a encontrarla pero no veía casi nada debido a que el sol casi estaba por ocultarse. Minutos después encontré un trozo de tela del vestido de Serena y decidí caminar por la orilla del río para ver si la veía. La corriente del río era lenta y había demasiado silencio en el ambiente. Comenzaba a desesperarme cuando de pronto encontré la ropa de Serena extendida sobre una roca. Me di cuenta de que el vestido ahora estaba limpio nuevamente y también estaba su ropa interior. Era negra y combinaba. Traté de no mirar pero me fue imposible. Como la ropa estaba allí decidí echar un vistazo hacia el río y fue entonces cuando la vi. Serena acababa de salir del río y no pude evitar fijarme en su cuerpo desnudo y mojado. Yo me encontraba oculto tras la enorme roca y me fije en cómo Serena exprimía su cabello remojado. Serena era hermosa. Me fijé en sus piernas largas y firmes, en su vientre plano, en sus glúteos firmes y definidos, en sus senos… era probablemente la mujer más hermosa que había visto y era tal y como siempre la había imaginado en mis sueños. La vi caminando en dirección a la roca y comencé a ponerme nervioso. De pronto la vi resbalar hasta el suelo y caer sobre su espalda, por lo que instintivamente corrí a ayudarla.

-¡Serena!, ¿estás bien?-dije alzándola entre mis brazos.

Cuando Serena se dio cuenta de que la había alzado comenzó a gritar. Sentí su cuerpo húmedo temblar y forcejaba conmigo. Su rostro se había enrojecido y evitaba mirarme a los ojos.

-¡Seiya, bájame! ¡por lo que más quieras!-gritó mil veces.

La obedecí y cuando la bajé al suelo corrió a esconderse tras la roca.

-¿Cómo te atreves?-gritó mientras tomaba su ropa y se vestía.-Eres un degenerado, un imbécil, ¿me estabas espiando? ¿qué es lo que sucede contigo? Hay algo que se llama privacidad…

-¡Lo siento!-dije interrumpiéndola.-Fue sin querer, yo te buscaba y de pronto…

Serena salió de detrás de la roca ya vestida y caminaba en dirección a nuestro pequeño campamento.

-Espero que estés contento ahora, Seiya Kou, no puedo creer que actúes de esa manera.

-No lo hice a propósito.-seguí diciendo.

Cuando llegamos al campamento Serena se enredó en una de las cobijas y se recargó contra el árbol.

-Perdón.-fue todo lo que pude decir.

Serena no respondió y había tomado una manzana para comer. Yo decidí abrir una lata de atún y mientras comía la observaba tratando de evitar mi mirada. La verdad era que no lo sentía, no me arrepentía de haberla visto. Cuando la oscuridad reinó el lugar por completo me di cuenta de que Serena ya se había quedado dormida. Decidí que ahora era yo quien debía darme un baño y me dirigí al río sin alejarme demasiado. Me desnudé y me dediqué a nadar durante algún tiempo. Cuando volví Serena seguía durmiendo y ahora era yo quien moría de sueño. No se escuchaba nada y decidí dormir por lo menos unas pocas horas para poder descansar.

No supe cuánto tiempo tenía dormido cuando de pronto vi a Serena nuevamente desnuda acercándose a mí. Ella sonreía al tiempo que tomaba su cabello entre sus manos y lo enrollaba. Yo la miraba desde lejos y cuando ella me alcanzaba rodeaba mi cuello con sus manos y pegaba su cuerpo contra el mío. Justo cuando yo iba a ponerle las manos en la cintura desnuda abrí los ojos abruptamente. Aun había mucho silencio y todo seguía oscuro. Me aseguré de que Serena siguiera durmiendo y decidí quedarme despierto durante algún tiempo hasta que el sueño volvió a apoderarse de mí.

Serena.

Me encontraba nadando en el río, era muy temprano y el sol apenas se visualizaba a lo lejos. Salí del agua para poder vestirme y entonces lo vi. Seiya caminaba hacia mí con una sonrisa en el rostro y no me quitaba los ojos de encima. Me quedé quieta esperando a que llegara a mi lado y cuando lo hizo me tomó por la cintura y me atrajo hacia él. Mi cuerpo remojado humedecía su ropa y yo comencé a desabrocharle la camisa. Él no dejaba de mirarme ni de mirar mi cuerpo. Comencé a temblar. Comencé a sentirme desesperada y de pronto sentí que me asfixiaba.

Cuando abrí los ojos me di cuenta de que ya era de día. Seiya dormía a unos cuantos metros de donde estaba yo y tardé unos momentos en acostumbrarme a la luz. Me sentía extraña y confundida y odiaba haber tenido ese sueño. Aún seguía muriéndome de la vergüenza por saber que Seiya me había visto desnuda. No podía olvidarlo y ahora no me atrevía siquiera a mirarlo a los ojos. Me quedé allí sentada mirándolo dormir un rato hasta que sentí que el estómago me rugía. Comí algo de atún y luego comencé a recoger las pocas cosas que teníamos. Rato después escuché que Seiya también despertaba y se incorporaba. Lo vi alejarse del claro y no regresó hasta muchos minutos después. Me di cuenta de que tenía el cabello húmedo y supuse que también se había bañado en el río.

-Será mejor que nos marchemos de una vez.-fue todo lo que dijo.

Caminamos durante mucho tiempo. Seguimos el río y como siempre Seiya iba un poco delante de mí. Me sentía mejor así pues así no tenía que mirarlo a los ojos. Comenzaba a cansarme de toda aquella situación, si no nos encontrábamos discutiendo no existían las palabras entre nosotros. Podría volverme loca en cualquier momento.

Darien.

No había ido a mi departamento en días. Me la pasaba encerrado en mi oficina atendiendo asuntos del gobierno y atento a cualquier noticia nueva sobre Serena y Seiya. Regresé para poder darme un baño y cambiarme de ropa. Al entrar había demasiado silencio. Caminé hasta el cuarto de baño y abrí la llave para que el agua comenzara a caer. No me di cuenta de cuánto tiempo duré bajo el agua, pero definitivamente me hizo sentir más relajado y limpio. Al salir enredé una toalla sobre mi cadera y caminé hasta mi habitación. Al encender la luz lo primero que vi fue a una mujer tendida sobre mi cama durmiendo plácidamente.

De pronto recordé que yo mismo había ordenado que trajeran a esa mujer a mi departamento y no le permitieran salir. Me molesté mucho al encontrarla en mi propia cama y lo primero que hice fue zarandearla para que despertara. Ella abrió los ojos precipitadamente y se asustó al verme allí. Recorrió mi cuerpo con la mirada y se detuvo al ver mi torso desnudo. Noté que se sonrojaba y desviaba un poco la mirada.

-Quién te dijo que podías estar en MI cama.-dije en voz alta.

La tomé del brazo bruscamente y la arrastré hasta la sala para dejarla caer sobre el suelo.

-Olvidé por completo que estabas aquí.-continué diciendo.-Pero ya que regresé por unos momentos, aprovecharé para hablar contigo, mujer.

Ella no me miraba. Tenía la vista clavada en el suelo y los brazos en posición de abrazarse a sí misma.

-Ahora sí vas a decirme qué relación tienes con Seiya Kou.-ordené esperando a que me respondiera.

Pasaron varios minutos y ella parecía no querer responder así que decidí animarla.

-¡Habla, carajo!-grité.-¿Acaso no has escuchado los rumores acerca de mí? Tu gente se la pasa hablando de eso, ¿no?, todos me temen. Sabes, entonces, que puedo ser muy, pero muy cruel si me lo propongo, y sobre todo si me retan. Así que será mejor que me digas cuál es tu relación con Seiya.

Ella me miró por primera vez. No logré descifrar lo que había en su mirada, era odio, rencor, tristeza, no lo supe. Su cabellera rojiza le caía sobre el rostro y por primera vez me di cuenta de que tenía puesto un camisón blanco para dormir. Era el mismo camisón que yo mismo le había comprado a Serena para que lo usara cuando por fin aceptara dormir en la misma cama que yo, cosa que jamás había logrado convencerla y sentí que el coraje subía por mi garganta.

-¿Qué rayos haces con ese camisón?-dije tomándola por ambos brazos para obligarla a ponerse de pie.

Kakyuu comenzó a temblar y de un solo jalón le arranqué la tela. Ella quedó solo en ropa interior y la estudié de pies a cabeza. A decir verdad no estaba nada mal. Tenía un cuerpo casi perfecto a excepción de una cicatriz que se dibujaba en su muslo derecho. Ella volvió a abrazarme a sí misma y la vi ruborizarse de nuevo.

-Este camisón.-volví a decir.-Le pertenecía a mi novia. ¿Quién te dio permiso de tomarlo?

-Yo… mi ropa…

Como no respondía rápido decidí enredar su cuello con una de mis manos y apretarlo fuerte. Ella apenas podía tomar algo de aire y comenzó a jadear.

-Per…dón…-decía entre jadeos.-Suél…te…me…

La solté y ella cayó al suelo mientras trataba de tomar aire precipitadamente al tiempo que tosía unas cuantas veces.

-Primero estabas muy enojada, ansiabas que encontráramos a esos dos, prácticamente me vendiste a tu novio y me diste las fotografías que encontraste. Ahora no comprendo por qué no hablas.

-Éramos novios.-respondió al fin en voz baja.-Como ya se lo había dicho.

-¿Desde cuándo?

-Todavía no se cumplía un año.

-¿Dónde lo conociste?

-En el corporativo… entré a trabajar allí hace poco más de un año y… al poco tiempo nos hicimos novios.

-¿Alguna vez los viste hablar? ¿Alguna vez los viste… estar juntos?

Ella negó con la cabeza fervientemente.

-Jamás. Ellos jamás se hablaban, jamás se miraban… nada…-respondió confundida.-No… lo comprendo…

Saqué del cajón de la sala unas cuerdas que tenía allí y la tomé del cabello y la jalé hasta los barrotes de la ventana. La amarré fuertemente de cada brazo y ella había comenzado a llorar.

-Tú sola te metiste en todo este embrollo, querida.-dije apartándole el cabello del rostro.-Ahora vas a tener que aguantarte. Podrás decirme todo lo que quiero saber, pero no dejas de ser una maldita Krawl.

Ella me miró con los ojos rojos y volvió a agachar la cabeza. Yo aún seguía con la toalla enredada y decidí quitármela. Me quedé completamente desnudo y ella no pudo evitar mirarme y desviar la mirada nuevamente. Tomé su rostro bruscamente y la obligué a mirarme.

-Tú vas a ser mi esclava.-sentencié.-Y vas a tener que hacer todo lo que yo diga, absolutamente todo lo que yo diga.

Su cuerpo temblaba al ritmo de mis palabras. Ella trataba de desviar la mirada pero no se lo permitía. La solté para poder mirarla de nuevo.

-A decir verdad.-dije mientras le desabrochaba el sostén.-No estás nada mal.-le bajé las bragas lentamente hasta dejarla completamente desnuda.

-No… no me… mire…-dijo tratando de ocultar su rostro con el cabello.-Por favor… no…

Me acerqué a ella lo suficiente para sentir su respiración y deslicé una de mis manos por su vientre hasta llegar a la entrepierna.

-No…no…me toque… por favor…

Ignorando sus peticiones comencé a acariciar su clítoris con lentitud. Por más que ella se resistía sentí cómo su cuerpo comenzaba a temblar como cada vez que lo hacía al tenerme cerca. Poco a poco logré notar la humedad esparcirse por toda su entrepierna hasta que introduje dos dedos dentro de ella y escuché que ella emitía un gemido sonoro mientras cerraba los ojos fuertemente.

-No, señor Chiba, no lo haga…-trató de suplicar.

-Tus palabras no significan nada para mí.-respondí.-Entre más me supliques que no, más ganas tendré de hacerlo.-sonreí maliciosamente.

Sentí cómo el miembro se me endurecía mientras me dedicaba a ultrajarla con mis dedos. Sentía la humedad por toda mi mano y cuando la liberé me llevé los dedos a la boca y los lamí al tiempo que ella me miraba asustada. Cuando decidí separarle las piernas un poco más solo vi cómo ella negaba con la cabeza. Rocé mi pene contra su cuerpo y ella tembló con más intensidad. Mientras me acomodaba entre sus piernas introduje poco a poco mi miembro dentro de ella y con mis manos toqué sus senos mientras los besaba y mordía los pezones. Ella jadeaba y vi el dolor en sus ojos cuando la embestí por completo. Saqué mi miembro de su cuerpo y me di cuenta de que había sangre en él. La miré inmediatamente sorprendido y ella parecía más que avergonzada.

-¿Eres… virgen?-pregunté casi sin creerlo.

Ella no respondió pero su silencio me afirmó lo que preguntaba. Sonreí nuevamente y volví a penetrarla con más intensidad. Una y otra vez la embestí mientras le sostenía fuertemente de una pierna. Ella jadeaba con cada embestida pero también la vi derramar unas cuantas lágrimas. No me importó. Esa mujer me excitaba, era sensual, era bonita pero sobretodo había algo en mí que me hacía odiarla y desearla al mismo tiempo. Si podía hacerla sufrir de esa manera, para mí mejor, pues para mí no representaba un sacrificio poseerla cada vez que me diera la gana, y ella pagaría cada minuto que esos dos estuvieran fugitivos. La penetré bruscamente hasta que logré derramarme dentro de ella. Me separé de ella con cuidado y la desaté de las manos y Kakyuu cayó al suelo sin fuerza alguna. No me miró, no dijo nada. La dejé sola y me fui a mi habitación a ponerme algo de ropa. Cuando estuve cambiado me dirigí a la sala y ella seguía allí, en el suelo.

-Volveré después.-fue todo lo que dije y al salir le ordené a mis hombres que volvieran a cerrar con llaves.

Kakyuu.

Cuando Darien Chiba salió del departamento me sentí aún más sola que antes. Me quedé en el suelo mirando hacia la nada durante demasiado tiempo. Me sentía terrible, me sentía sucia y depravada. Él me había quitado lo que había guardado tan recelosamente para la persona que siempre creí amar. Seiya era el hombre al que había deseado entregarme y ahora Darien Chiba me había ultrajado, me había tocado hasta mis adentros y no había vuelta atrás. Cuando anocheció decidí ponerme de pie con las pocas fuerzas que tenía y caminé hasta el baño. Dejé que el agua resbalara por mi cuerpo y comencé a llorar. Recordé cada minuto en que Darien me tocó y me penetró sin cuidado alguno y me estremecí. Me odiaba a mí misma por ser débil, por ser una estúpida y sobre todo por haber disfrutado aunque fuera solo un poco lo que Darien me hizo. Sabía que no estaba bien, que no debería de haberlo disfrutado pero era algo que ni siquiera yo podía controlar. Era algo que me sobrepasaba y que definitivamente no podía dejar de lado. Lo recordé desnudo, recordé cómo me miraba y cómo me arrancaba la ropa. Darien Chiba era realmente guapo, lo sabía muy bien, pero era un hombre despiadado y cruel, era malo… Tallé mi cuerpo con jabón un par de veces, me quedé bajo el agua hasta que el agua se enfrió y cerré la llave.

Al salir del cuarto de baño me di cuenta de que el camisón que había tomado ya no servía, estaba roto e inservible y la ropa que yo tenía estaba sucia y algo desgarrada. No podía ponerme nada de eso así que decidí abrir el closet del señor Chiba. Lo revisé detenidamente. Había muchas camisas de colores similares, todas de telas muy finas, de marcas caras. Pantalones perfectamente doblados y acomodados por colores y cortes, cinturones, corbatas, sacos que hacían juego. También había trajes militares en excelentes condiciones, todos ellos muy hermosos pero al mismo tiempo temidos por todos nosotros. No había nada de color vivo, nada de vida en aquél closet. Elegí una camisa grisácea y me la coloqué encima. Darien Chiba estaba muy alto y su camisa me llegaba hasta poco más arriba de las rodillas. Abrí los cajones y encontré ropa interior perfectamente doblada y acomodada. Tomé un bóxer de licra y me lo puse encima. Cuando estuve a punto de cerrar el closet hubo algo que me llamó la atención. Encontré un pequeño baúl de madera oscura arrinconado junto a las camisas. Lo tomé entre mis manos con cuidado y me di cuenta de que estaba abierto. Dentro se encontraba una fotografía muy vieja y algo arrugada junto con un collar de plata del que colgaba una piedra roja en forma de estrella. Tomé la fotografía con mucho cuidado y la observé detenidamente. Era una mujer muy hermosa. Tenía el cabello muy largo, muy negro y unos ojos enormes y violáceos. Era demasiado hermosa y lucía muy joven, sin embargo esa fotografía era muy vieja y seguramente esa mujer ya tendría más años. Volví a guardarla con cuidado y cerré el closet. Decidí cenar algo y como sabía que si el señor Chiba me encontraba en su cama se enojaría así que decidí recostarme en el sofá.

Seiya.

Ya teníamos bastantes horas sin parar de caminar. Desde que el sol se había ocultado el ambiente se había puesto bastante frío y la brisa del río no ayudaba. Ni Serena ni yo habíamos abierto la boca en horas pero me di cuenta de que ella tenía demasiado frío. Ahora caminaba más lento y ya había oscurecido completamente así que decidí que era mejor que nos detuviéramos. Me detuve y esperé a que Serena llegara a mi lado y me miró sin decir nada.

-Será mejor que descansemos aquí.-dije lanzando la mochila al suelo.-Ya es de noche y no podemos seguir avanzando.

-Bien.-respondió haciendo lo mismo que yo.

Ella comió algo de pan y jamón mientras que yo decidí comerme la última lata de atún que quedaba. Compartimos la última botella de agua y entonces ella se echó sobre la cobija y se enredó en ella. Yo batallé un poco para lograr descansar, Serena se había quedado dormida hacía más de dos horas y yo no podía dejar de pensar. Lo único que deseaba era llegar cuanto antes a nuestro destino, necesitaba alejarme cuanto antes de ese lugar. La miré mientras dormía. Parecía no estar muy tranquila y era evidente que no podía dejar de temblar a causa del frío. Yo también tenía pero Serena nunca había soportado mucho las bajas temperaturas, y así lo recordaba desde que éramos niños. Me acerqué a ella dispuesto a darle mi cobija, no podía dejar que sufriera así toda la noche y me senté a su lado mientras la cubría. ¿Ella realmente regresaría al lado de Darien Chiba una vez que todo esto terminara? ¿Se iría conmigo para siempre? Esas preguntas me atormentaban día y noche.

De pronto escuché la voz de Serena. Apenas tenía abierto los ojos un poco y había dicho mi nombre.

-Seiya…-volvió a decir. Le toqué la frente y me di cuenta de que tenía un poco de fiebre, por lo que le quité una de las cobijas y decidí recostarme junto a ella. Tenía que equilibrar su temperatura de algún modo. Justo cuando me acomodé junto a ella sentí cómo Serena se giraba sobre sí misma y se apretujaba contra mí. La abracé por los hombros y fue entonces cuando me quedé profundamente dormido.

Darien.

Kakyuu dormía en el sofá y ni siquiera le presté atención. Fui directo a mi habitación y me quité la ropa. Me coloqué el pijama y abrí el closet. Tomé el baúl entre mis manos y lo abrí cuidadosamente. Me quedé observando dentro para tomar la fotografía y entonces me di cuenta de que algo no estaba bien. La fotografía estaba desacomodada y sentí cómo la ira subía por todo mi cuerpo. Dejé el baúl en su lugar y me dirigí hacia la sala. Kakyuu dormía tranquilamente pero la tomé del brazo y la obligué a despertar. Ella abrió los ojos abruptamente y se incorporó con rapidez. La miré con los ojos inyectados en sangre y la tomé por los hombros.

-No te atrevas a tocar mis cosas otra vez, ¿entiendes? ¡nunca! Mucho menos toques ese baúl, ¡jamás!-grité con furia.-Ningún maldito Krawl va a tocar mis cosas. Te has puesto mi… ¡maldita!-dije lanzándola al sofá de nuevo.

-No tenía ropa…-trató de excusarse.-Yo no…

Le di una fuerte cachetada y ella se quedó callada de inmediato. No se atrevía a mirarme ni a abrir la boca.

-Gírate.-ordené después de un rato.-¡Gírate!-grité.

Ella me obedeció y se giró lentamente hasta quedar de rodillas dándome la espalda sobre el sofá. Me acerqué a ella y me desabroché el pantalón. Mi miembro estaba duro ya y lo saqué con cuidado. Escuché que Kakyuu sollozaba y la ignoré. Le levanté la camisa y le bajé bruscamente la ropa interior que traía puesta. Le separé las piernas y sin pensarlo dos veces me acomodé por detrás de ella y la penetré. Ella emitió un grito pero la ignoré y comencé a embestirla con más intensidad. La agarré fuertemente de la cintura y le jalé el cabello. No podía permitir que hiciera lo que le daba la gana, ella tenía que aprender que nadie, absolutamente nadie pasaba por encima de mí. Terminé por derramarme dentro de ella y me separé con cuidado. Me abroché el pantalón y cuando quise acercarme nuevamente a ella la vi hacerse a un lado. Me molesté e intenté acercarme de nuevo pero volvió a retroceder. Caminé hacia ella y ella seguía retrocediendo. Cuando intenté tomarla por el brazo gritó "¡no me toque!" y se encerró en el baño. Toqué la puerta fuertemente.

-Cuando salgas de ahí, querida, me las vas a pagar muy caro.-sentencié antes de golpear la puerta otra vez.

Regresé a mi habitación golpeando la puerta y tomé la fotografía de Rei entre mis manos. Sentía rabia, furia, todo. Nadie podía tocarla, nadie podía siquiera mirarla. Mi Rei… ella no tenía la culpa de nada y sin embargo había sufrido demasiado. Ella había sido tan solo una víctima de la guerra y jamás iba a perdonarle a los Krawls el error de uno de ellos. Esa fotografía era lo único que tenía de ella y no podía permitirme perderla. Tenía diez años con esa foto y era lo único que tenía de Rei junto con ese collar que yo mismo le regalé. Kakyuu, Seiya y cada uno de los Krawls pagarían uno por uno por culpa de aquél imbécil que se atrevió a arrebatármela hace diez años. Dejé la fotografía en su lugar y volví a guardar el baúl.

Regresé al baño y seguía cerrada. La golpeé fuertemente hasta que logré abrirla y allí se encontraba ella hecha un mar de lágrimas. La tomé fuertemente del brazo y la jalé hasta mi habitación. La tomé por los hombros y la obligué a mirarme. Ella lanzó su mano contra mí y me dio una cachetada, por lo que yo respondí y cuando estaba a punto de golpearla nuevamente me detuve a unos cuantos centímetros de su rostro y la miré largamente a los ojos. Había temor, odio, ira, pero sobre todo, tristeza. Sin siquiera saber lo que estaba haciendo, tomé su rostro entre mis manos y la besé. Pude ver los ojos de Rei en los ojos de ella y la besé. Sentí sus labios resistirse y conforme yo seguía besándole fui notando cómo dejaba de resistirse hasta que comenzó a responder. Sin dejar de besarla llegamos hasta la cama y volví a bajarle la ropa interior. Desesperadamente me quité los pantalones y sin dejar de besarla me introduje en ella, primero con lentitud y luego con intensidad hasta que sentí que todo mi cuerpo se vaciaba dentro de ella. El rostro de Kakyuu estaba sonrojado y ella jadeaba sin dejar de mirarme.