Draco Malfoy se paseaba por el castillo de Hogwarts sin rumbo aparente. No parecía muy apurado, ni muy interesado en llegar rápidamente a su destino. Solo caminaba como si este acto le diera un puro placer, que nada ni nadie más le podía dar.

Había salido hacía ya diez minutos de la biblioteca con la intención de buscar un libro que lo ayudara con una tarea de Transformaciones, la cual se trataba de la influencia de la transformación Homorphus en un licántropo fuera de la luna llena. Tal vez a ustedes, lectores, esto parezca bastante complicado, pero para Draco Malfoy era pan comido. En todo caso, habría sido pan comido si es que hubiera encontrado el libro.

La biblioteca se encontraba desierta a esas horas de la noche, ya que todos los estudiantes que se quedaban en Hogwarts, y hasta la anciana bibliotecaria señora Pince, se encontraban cenando en el Gran Comedor a la luz de las velas flotantes sobre sus cabezas. La gran estancia que era la biblioteca, no tenía nada que envidiarle al Gran Comedor, que era tan grande como ésta.

La única diferencia era que el Gran Comedor tenía tan sólo cinco mesas, mientras que la biblioteca tenía muchísimas. Aproximadamente unas treinta, y vacías. Todas, a excepción de una sola, en la cual se sentaba muy erguidamente una chica, por lo visto. Era una chica ya que tenía el cabello largo y… pajoso? Castaño?

Draco Malfoy advirtió en que la única persona que lo acompañaba en ese momento era, sin lugar a dudas, Hermione Granger. La sangre sucia. "Tal vez ella no merezca ser llamada una persona", pensó.

Pasó a su lado, justo cuando la chica se estiraba en la silla, después de (tal vez) unas varias horas de una concentrada lectura sobre, por lo visto, un tema bastante interesante para ella. Simplemente se estiró, y Malfoy notó que tenía un poco de baba junto a la boca, que seguro había soltado al quedarse en algún momento dormida. Su túnica también estaba bastante arrugada, como si se hubiera sentado incorrectamente, y sus ojos estaban un poco enrojecidos. Tenía las pupilas pequeñas y las manos, abiertas en un bostezo repentino, chocaron contra el cuerpo de Draco Malfoy.

Malfoy, que había estado riéndose por dentro por unos segundos debido a las babas que la chica había soltado y que por lo visto no había notado, le gritó a todo pulmón:

-Aléjate de mi, sangre sucia asquerosa! No me toques ni con la hoja de tu libro.

Hermione simplemente terminó su bostezo y, decidida a ignorarlo, se volteó y fingió leer el libro un rato más. Durante esos momentos Draco Malfoy se irguió y luego continuó su camino hacia la fila en la que se encontraban todos los libros sorbe los hombres lobo.

Las estanterías eran largas, todas tenían millones de libros amontonados y arrugados, pero él tenía que encontrar UN solo libro entre el montón. Parecía difícil, pero Malfoy comenzó con su búsqueda poco a poco, decidido a encontrar el libro sea como sea.

Pasaron unos diez minutos en los que Hermione finalmente se concentró en su lectura, después de un rato de ensimismamiento por el encontrón con Draco Malfoy, hasta que se percató de que Malfoy estaba caminando en el pasillo que ella antes había concurrido. ¿Estaría buscando el libro que ella estaba utilizando en ese momento? No le interesaba. Pero por alguna razón, se levantó y reacomodó la túnica, para luego amarrarse el cabello en una cola alta y tomar el libro. Luego se dirigió, casi en contra de su voluntad, al pasillo donde estaba Malfoy.

El pasillo se encontraba casi al fondo de la biblioteca, y por lo tanto estaba muy iluminado, al contrario de lo que se podría pensar. Esto se debía a que había muchísimas lámparas entre los estantes que se arremolinaban cerca de ambos personajes.

Draco estaba cansado, quería dormir, y tenía muchísimas ganas de terminar esa semana que lo tenía tan ajetreado. No eran las prácticas de quidditch ni mucho menos. Era su cerebro que no tenía donde caerse muerto. Estaba cansado sin saber por qué, pero sabía que todo era por la culpa de Dumbledore, que hacía que les dejaran tantas tareas. Aunque fáciles, estas lo ocupaban demasiado.

¿Acaso un joven como yo no merece un descanso?- se preguntaba casi todo el tiempo. Pero una voz muy bien escondida entre las luces se había echo notar.

-Malfoy, ¿qué buscas?

Se sorprendió tanto por la voz que pensó que estaba soñando otra vez (N/A: explicaciones más adelante). Granger se había acercado hasta él, con el libro entre los brazos y una cara bastante enrojecida.

-¿Qué te importa, estúpida?- dijo insolentemente Malfoy.- Acaso no estabas leyendo ese libro… ¿Qué libro es ese, dime?

-No me importa… olvídalo, yo solo intentaba ayudarte.

-Aquí hay gato encerrado. Tú jamás me ayudarías, Granger.

Hermione no sabía que responder, por lo que se sentó, a una distancia prudente de Malfoy, en una mesa cerca de la estantería que parecía tan concurrida.

-Tal vez no, pero hoy me siento un poco… amable- dijo con voz melodiosa, que sorprendió a Draco Malfoy.- Ha de ser porque es Navidad. Supongo que hasta los seres abominables como tú saben lo que es eso.

Malfoy se precipitó contra ella. Sus palabras lo habían molestado, y a pesar de que estaba cansado, tenía que vengarse.

-Suéltame, pedazo de alcornoque, o gritaré!

-No lo haré, estúpida sangre sucia!- bufó Malfoy. - O… bueno, creo que he cambiado de opinión.

-¿Qu-

Malfoy se irguió y corrió estantería tras estantería hasta la mesa en la que anteriormente Hermione había reposado ensimismada en su lectura. El lugar estaba completamente vacío, a excepción de un pedazo de madera en el suelo. Un pedazo alargado de madera.

La varita de Hermione.

Y en efecto…

-Devuélveme mi varita!- Hermione gritaba al ver como su peor enemigo tomaba su varita y se la guardaba dentro de los pantalones.- DEVUELVEMELA!

-No lo haré, sangre sucia. No lo haré hoy, sino mañana- dijo Malfoy con malicia en la voz- O tal vez pasado mañana, o cuando acaben las vacaciones de Navidad. Lo pensaré bien. De cualquier manera, tendrás tu varita, pero por ahora…

-¿Cómo te atreves, estúpido engreído, a…- pero Hermione fue cortada por el Petrificus Totalus que le lanzó Malfoy con su propia varita, quedando en el suelo paralizada, mientras Malfoy salía de la estancia elegantemente, no sin antes tomar el libro que le serviría para hacer su trabajo de los licántropos.

-Felíz Navidad, Granger.

Malfoy se regocijaba de haber echo un regalo a la humanidad por Navidad, joder a la sangre sucia. Vaya vida la mia, si que tengo suerte, se decía. Ojalá algún día todos los sangre sucias del mundo desaparezcan, y así podría estar tranquilo de una vez.

Tranquilidad, eso buscaba, y tal vez lo pudiera encontrar si es que no estuviera deambulando por los pasillos del colegio. Si es que las vacaciones se acabaran, pero eso no iba a pasar. Recién era sábado y faltaba una semana para que se acabaran. La vida era difícil, pero más en Navidad, porque no tenía con quien distraerse, y esos sueños que tenía a veces lo volvían a atacar.

No era un enigma soñar con ella, sino una tortura. Vaya tortura, de las peores.

Al llegar a su sala común, Draco Malfoy caminó hasta su habitación y es echó en su cama. Instantáneamente se quedó profundamente dormido, quedando en un profundo ensimismamiento. Y es que había sido un día bastante largo para él, aunque mejor no hablamos de Hermione Granger, que seguía (y seguirá- broma-) reposando en el frío suelo de la biblioteca.