DISCLAIMER: Los personajes son de Disney y no me pertenecen, obviamente.
No pienso escribir mucho sólo: disfruten la lectura.
Anna apretaba el paso con la platinada pisándole los talones.
"¡Justo ahora podré estar en MI cama con Elsa! " Ese pensamiento rondaba en la cabeza de la pelirroja y se hacía más consciente de aquello con cada peldaño que subían.
Sentía sus piernas estremecerse y ceder un poco con cada paso, todos los entrenamientos que había tenido no habían sido suficientes para poder aguantar el ritmo que Elsa le había impuesto mientras la montaba; en todas las ocasiones que se había masturbado pensando con ese momento lo había hecho sobre su espalda y en su cama, jamás había tenido que hacer más ejercicio que aquél que concentraba en su mano.
Elsa no había hecho ningún sonido desde que le había tendido su mano tan obedientemente cuando ella se lo pidió. Anna ya no aguantaba aquél silencio, quería terminarlo, necesitaba oír la voz de la mayor para asegurarse de que aquello era real.
- ¿Elsa? – Su voz sonó tímida y más tenue de lo que había querido.
- Mmmmmmm… -No supo si aquél gruñido de Elsa había sido una pregunta o una afirmación pero cuando estaba a punto de preguntarle se paró en seco ante la puerta de su habitación.
"Mi ropa…" Justo ahora que estaba ahí de frente recordó que en la mañana no le había dado tiempo de meter su ropa en el cesto y la había dejado desperdigada por todo su piso.
- E-espera aquí, sólo un momento… - Tartamudeó, soltó la mano de Elsa y entró deprisa para poder recoger aquél desastre, no es que Anna fuera desordenada, pero no quería que por ese simple descuido Elsa pensara que sí lo era.
Sin embargo, cuando entró se quedó de piedra ante su cama. Su ropa estaba completamente ordenada y doblada sobre su cama, ella no entendía quién podía haber hecho aquello, ni sus papás ni su hermano solían irrumpir en su cuarto, ellos jamás se asomaban siquiera por ahí, respetaban demasiado su espacio.
Se encontraba sumergida en sus pensamientos cuando sintió unas manos frías rodear su abdomen y brincó cuando sintió el aliento de Elsa en su oreja.
- ¿Qué se te ha perdido, gatita? – El ronroneo de Elsa hizo que un escalofrío recorriera su espalda y un espasmo se apoderara de su entrepierna.
- Mi ropa… - Logró articular mientras mordía su labio inferior para evitar que un gemido saliera de su boca, pero cómo contenerse si empezaba a sentir cómo las ávidas y expertas manos de Elsa comenzaban su recorrido, explorando cada centímetro de su piel, subiendo poco a poco hacia sus pechos que se encontraban duros ante la expectativa.
La platinada detuvo sus manos y la atención que estaba prestando al cuello de la pelirroja, miró sobre su hombro hacia la ropa de Anna y la pelirroja pudo sentir una sonrisa aparecer en la boca de Elsa.
- Cierto… Habías dejado todo eso regado por el piso.
- ¿Fuiste tú? – El horror que Anna sentía por saber que Elsa había visto uno de sus conjuntos más vergonzosos se vio reflejada en su voz.
Anna se liberó de las manos de Elsa y volteó para verla, la platinada tenía una mueca entre divertida y burlona en el rostro, una ceja levantada retando a que hiciera algo.
- ¿Viste mi ropa interior? – Elsa la silenció con un beso y la atrajo con su mano apretando su trasero, Anna brincó al sentir el juguete de Elsa contra la pierna, por un momento había olvidado que lo llevaba.
- Acabo de ver mucho más que eso, Annita… - Dijo socarronamente cuando por fin la liberó de aquél beso.
Anna sintió que se ponía roja desde el cuello hasta la raíz de su cabello pero cualquier reproche que hubiese pensado quedó olvidado cuando sintió que la mano de Elsa se azotaba fuerte contra su nalga izquierda, sintió un escozor y su gritito fue acallado de nuevo por la boca de Elsa, la buscaba desenfrenadamente y Anna no pudo oponer resistencia.
- Pero antes que otra cosa, gatita… Quiero que te deshagas de esas trenzas… - Elsa se apartó de Anna y dio un pequeño tirón a una de las trenzas de Anna, lo que ocasionó que la pelirroja ladeara la cabeza.
Anna siguió las indicaciones de la pelirroja y pudo notar que la platinada se relamía los labios mientras la observaba con aquellos ojos oscuros color hielo. Cuando una nube cobriza cubrió sus hombros, Elsa le dio un empujón que le hizo perder el equilibrio cayendo sobre la cama.
Elsa se subió sobre ella y le recorrió la oreja con la lengua. - Quiero ver a qué hueles… - Y acto seguido hundió su nariz detrás de su oreja e inhalando bajó hasta su cuello, donde dejó salir el aliento con un suspiro. – Hueles de maravilla, gatita; a Anna y shampoo…
Elsa siguió su recorrido inhalando la piel de Anna, sus pechos olían a un sudor dulce, bastante dulce, ese sudor que sólo se tiene en la flor de la juventud. No pudo aguantarlo más, metió su mano entre la cama y la espalda de la pelirroja y de un ágil movimiento desabrochó el sujetador de Anna, la pelirroja le ayudó a quitarlo.
Cuando por fin estuvieron los pechos de Anna expuestos ante ella, se llevó el pezón derecho hasta la boca y lo succionó, sintiendo cómo Anna se retorcía debajo de sus atenciones. Cuando por fin hubo sentido el pezón de la pelirroja completamente duro, le dio una mordidita y siguió con su recorrido.
Se detuvo en su abdomen para pasar su lengua por el ombligo de Anna y después llegó hasta su monte de venus, hace tan solo unos momentos no había apreciado aquél paisaje, el monte de Anna estaba cubierto por un fino vello pelirrojo y bien recortado, era apenas un pequeño triángulo; Elsa inspiró profundamente y luego depositó un suave beso en aquél lugar.
- Quiero ver si hueles así de bien por todos lados, gatita. – Elsa sonrió cuando Anna arqueó la espalda ante la expectativa, acercando sus caderas hacia ella, y después hacía un puchero cuando la platinada se levantaba para pasar muy lejos de la piel de la pelirroja hasta sus rodillas.
Elsa tuvo que arrodillarse en el piso para quedar como quería ante Anna, debía admitir que ver a Anna de esa manera era glorioso, la imagen proyectada por la pelirroja de esa manera era simplemente delirante. Su pecho bajaba y subía bruscamente con cada jadeo, tenía la cabeza echada hacia atrás y apretaba la colcha con ambas manos.
La platinada dejó un beso tierno sobre la rodilla derecha de la menor y empezó a ascender incrementando la presión de sus labios sobre la tersa piel de Anna, a un tercio de sus muslos, Elsa comenzó a morder hasta llegar a su entrepierna.
Ahí se detuvo y hundió su nariz para inhalar el dulce y salado aroma de Anna, era justo ahí en donde se mezclaban todos los olores de la pelirroja, su fresca piel, el dulce sudor y la acidez de los fluidos que emanaban de su entrada. Elsa dio un beso más en su entrepierna y recorrió con la lengua el labio mayor de la flor de "su Annita", lo que fue recompensado con un gemido y un "Oh Dios" que a Elsa le pareció bastante divertido. Su intención era que Anna perdiese el control ante la expectación, quería excitarla tanto como fuese posible.
Así que con esta idea en mente volvió a bajar, con cuidado de ni siquiera rozar la piel de Anna, hasta la otra rodilla y repitió el proceso de ascenso. Cuando por fin estaba de nuevo en la entrepierna de la pelirroja, está hundió su mano entre la melena de Elsa y con un movimiento firme la acercó hasta su sexo.
- ¡Eh! ¡Con cuidado, gatita! – Elsa se apartó del agarre de Anna, divertida por aquél atrevimiento, nunca pensó que la menor pudiese tener un arrebato de esa índole.
La pelirroja se incorporó sobre sus hombros con la cara completamente roja. – Pe-perdón, E-Els… Es sólo que… - Bajó la vista y se mordió el labio, se sentía tan expuesta teniendo a Elsa entre sus piernas y ella completamente desnuda, y por si fuese poco, la platinada estaba jugando con ella y su corazón ya no podía soportar más, necesitaba sentir a Elsa con urgencia. – Ya-ya n-no aguanto más…
La platinada dibujó una sonrisa felina en su rostro y asintió despacio. – Lo sé pero si lo que quieres es jalarme el cabello, deberías esperar a que me deshaga la trenza, será más sencillo para ambas. – Con la elegancia que le caracterizaba, Elsa se levantó y empezó a deshacer con ágiles movimientos de sus dedos la trenza que ataba su cabello, cuando por fin estuvo hecho, una nube de plata líquida cubrió sus hombros. – Ahora quiero que me alcances el oso de peluche enorme que tienes a tu lado.
Anna dirigió su mirada instintivamente a la cabecera de su cama donde tenía el enorme oso de peluche que Hans le había regalado cuando cumplió quince años. Se le había olvidado por completo aquél detalle, bueno, si somos sinceras, la pelirroja se había olvidado de todo el universo desde que había encontrado a Elsa con su uniforme abajo y masturbándose en su sillón.
Sin entender el motivo por el cual la platinada le hubiese pedido aquél peluche se lo pasó sin hacer ninguna pregunta.
Elsa tomó entre sus manos el enorme peluche y dejó aflorar en su rostro una sonrisa triste. – Yo acompañé a tu hermano a comprar esto, ¿sabes? No tenía ni la menor idea de qué regalarte y yo fui la que le sugirió que un enorme peluche y miles de chocolates te harían la niña más feliz del mundo. – Anna no tenía ni idea de que así hubiese sido pero la verdad es que había presumido con sus amigas lo mucho que le había gustado el regalo de su hermano y cuánto la conocía para saber exactamente qué regalarle.
– Pero bueno, ya que hemos decidido pecar, vamos a pecar completamente. – Y justo después de eso, Elsa dejó caer al piso el enorme peluche de Anna. La pelirroja pensó que tal vez debería reprochar y pasarle su almohada o algo más, se avergonzaba de pensar que el regalo inocente de su hermano presenciara de primera mano cómo Elsa la devoraba, ella ni siquiera permitía que el peluche mirara hacia ella cuando se tocaba, siempre intentaba voltearlo y moverlo o inclusive esconderlo, pero todo inicio de reproche se ahogó en su garganta cuando notó que la platinada ya no llevaba su sostén, era la primera vez que veía el pecho desnudo de Elsa y debía admitir que su imaginación no le había hecho ni un poco de justicia a la realidad, sus senos eran más voluminosos que los de ella aunque no por mucho, podía asegurar que cabían en sus manos a la perfección, redondos y firmes, una pequeña envidia femenil cruzó por su cabeza, Elsa era perfecta, no había otra palabra para describirla.
"¿En qué momento se quitó su sostén? ¿Y por qué carajos no lo hice yo?"
Elsa sin tomar en cuenta el escrutinio al que la había sometido una hambrienta Anna se hincó sobre el peluche que Hans le había regalado a Anna y cuando estuvo de nuevo ante la pelirroja tomó sus muslos y los separó de un jalón, con cuidado de que no fuese un movimiento brusco.
La pelirroja dejó escapar un jadeo de sorpresa ante aquél gesto abrupto y casi suelta un grito cuando sintió la lengua de Elsa lamiendo de abajo hacia arriba su sexo. Anna dejó caer su cabeza hacia atrás y cerró los ojos con fuerza, se sentía en la gloria con cada caricia de la platinada.
Elsa comenzó a explorar con la lengua el rincón mejor guardado del cuerpo de la pelirroja, quería conocer cada punto, saber qué le gustaba, qué no y qué la volvía loca, lentamente fue llevando su lengua por todos los rincones, experimentando con fuerzas, velocidades y direcciones; el cuerpo de Anna le iba marcando el ritmo y le decía poco a poco qué era lo que más le gustaba, todo era una simple cuestión de observar. Y por Dios que ella podía pasarse toda la vida observando los gestos y movimientos de Anna, verla arquear la espalda, admirar los movimientos circulares de sus caderas, apretar la colcha con sus manos y ver las gesticulaciones que hacía con cada gemido era un sueño; además, el sabor de la pelirroja era más dulce que el que pudiese haber imaginado nunca.
Anna jamás había sentido una delicia parecida, cada movimiento diferente pareciera que Elsa lo mejoraba cada vez más pero cuando comenzó sólo a centrarse en aquél punto que Anna conocía tan bien, simplemente perdió el control. Sin pensarlo dos veces afianzó su mano a la cabellera de Elsa y con un jalón le indicó, o le quiso indicar, que debía de mantenerse allí, la platinada no dijo palabra ante los jalones que Anna le estaba infligiendo y siguió su trabajo en aquél lugar, la velocidad de su lengua era cada vez mayor haciendo que Anna se dirigiera poco a poco a aquél abismo que jamás había sentido tan profundo, tan infinito, ése iba a ser un orgasmo épico.
Y cuando lo sintió llegar, Anna sólo pudo someterse a él, se abandonó a aquél mar de terminaciones nerviosas que le nublaron la vista con un grito de placer que sabía que bien podría haber sido escuchado por los vecinos sin problema alguno pero no podía evitarlo, era una sensación tan fuerte que hizo que se retorciera completamente, su espalda se arqueó y sus pies los sintió contraídos; jamás había experimentado un orgasmo de aquella magnitud.
Se llevó las manos a la frente y descubrió que una fina capa de sudor le recubría la frente, el cuello y el pecho, estaba completamente sin aliento y se empezaba a sentir muy agotada, ese orgasmo había terminado con su reserva de energías pero cuando todavía estaba recuperándose sintió que Elsa la volteaba con movimientos bruscos, las manos de la platinada empezaron a doblar sus piernas sobre la cama, era obvio, la platinada quería que se pusiera sobre sus rodillas, en una posición vergonzosa y que jamás imaginó durante sus juegos.
- E-Elsa… ¿Qué…? – La pelirroja ya había adoptado aquella posición pero se sentía completamente cansada y todos sus músculos cedían ante su peso, las piernas no podrían sostenerla así, en ese momento todo su cuerpo parecía gelatinoso, temblaba ante cualquier esfuerzo pues aún no se reponía de aquél glorioso orgasmo.
- Ahora me toca a mí, gatita… - La voz de Elsa sonaba grave y entrecortada por su propia respiración frenética. Haber visto a la pelirroja alcanzar tal clímax sólo la había excitado como nunca antes, y el juguete que aún tenía dentro de ella había empezado a latir, como si cobrara vida propia, aunque sabía perfectamente que lo único que había pasado es que ella deseaba sentir el mismo placer que Anna y sabía cómo quería conseguirlo, así que puso a Anna en cuatro, deseaba poseerla toda y esa posición era la mejor opción, tener sometida a la menor era lo que más deseaba.
La boca se le secó cuando observó la maravilla que tenía enfrente, la espalda y el trasero de Anna eran perfectos, trabajados por sus años como porrista, los orificios que se le formaban por la inserción de los músculos de la espalda en su cadera, sus hombros bañados de pecas y con una sutil capa de sudor.
Recorrió con sus dedos el sexo de Anna y para su completo agrado, ella se encontraba tan dispuesta como ella se sentía, aun cuando acababa de tener un orgasmo impresionante, la pelirroja estaba completamente húmeda de nuevo.
- ¡E-ELSAAA! – La pelirroja echó la cabeza hacia atrás y se alejó un poco de la platinada cuando fue consciente de sus intenciones. - ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO? Es-espera un po-poco…
- No puedo esperar, no te preocupes, gatita… Estás tan lista como yo… - Tomó su juguete y comenzó a acariciar el sexo húmedo de Anna con él, el movimiento le resultó muy placentero, jamás imaginó que pudiese sentir tanto con aquella cosa, definitivamente se había convertido en su nuevo juguete preferido.
Cuando notó que las caderas de Anna empezaban a moverse al mismo ritmo, tomó su juguete y lo puso en su entrada y de manera delicada, más de lo que deseaba, introdujo el dildo en la pelirroja, una sensación exquisita recorrió su espina dorsal cuando fue recompensada con un gemido de la pelirroja, no había sido como el primero que había brotado cuando estaban en la sala, esté fue más carnal, más seductor, estaba disfrutando con esa penetración tanto como Elsa.
La platinada no pudo contenerse y empezó a embestir a Anna, por Dios que había pensado en tomarla lenta y dulcemente pero ya no podía más, deseaba tanto llegar al orgasmo que ya sentía tan cerca que no pudo contenerse.
Anna se bamboleaba con cada estocada de la platinada y el espectáculo que presenciaba Elsa con cada embestida contra el cuerpo de Anna era inimaginable. Cada gemido que procedía de la menor era un incentivo para Elsa; amasaba su trasero y cada tanto le daba una buena nalgada, ver el culo de Anna tan rojo le ocasionaba un cosquilleo entre placer y un poco de culpabilidad en su propia entrepierna.
Elsa la tenía aferrada con sus manos a la cintura, marcando el ritmo que ella quería, ya había complacido cualquier capricho de Anna con aquél oral, ahora era su turno de hacer con la pelirroja lo que quisiera, y aquél ritmo era frenético, ella misma soltaba gemidos que podrían pasar por gruñidos, jamás había sentido tanto poder y placer durante el sexo. Pero cuando Anna posó una de sus manos en su propia nalga para retirarla y así hacer más profundas las penetraciones, Elsa supo que no podía dejarse llevar así, Anna aún no alcanzaba otro orgasmo y qué podría ser mejor que llegar juntas al clímax.
Así que tomando a la pelirroja por el antebrazo y la utilizó de apoyo para poder jalarla más hacía sí, y siguió con ese ritmo castigador pero comenzó a tratar de tranquilizarse mentalmente. Pensar en otras cosas, eran trucos que había oído hablar a Kristoff y a Hans cuando sentían que podían eyacular en cualquier momento y que les servía para durar más, y por más que le pareciera imposible, en aras de la verdad habría que decir que funcionó a la perfección; el pensar en la tarea que debía de entregar para ese mismo día y que no había avanzado más de la mitad le sirvió a medias para mantenerse al margen del orgasmo por un poco más.
Los gemidos de Anna se habían vuelto cada vez más frenéticos y los músculos de todo su cuerpo le indicaban a Elsa que el fin estaba cerca, así que salió de dentro de Anna y se alejó. La pelirroja volteó a verla con la boca entreabierta por el placer sin entender por qué la mayor había parado con tan deliciosa tortura.
Elsa estuvo a punto de venirse con sólo ver el rostro de Anna, estaba sonrojada, los labios estaban hinchados porque seguramente se los había mordido, el sudor bañaba todo su cuerpo y la mata de cabello cobrizo de Anna era una maraña desordenada y sensual que le cubría parte del rostro. Para evitar el inminente orgasmo, tomó a Anna rápidamente por las piernas y la volteó sobre su espalda.
- Quiero que volvamos a llegar juntas. Quiero verte, gatita… - Dijo Elsa cuando se posó sobre Anna y buscando a tientas y con manos temblorosas volvió a introducirse dentro de Anna, la que la recibió con un arqueamiento de la espalda y un sonoro gemido.
Anna había gozado como nunca con la posición anterior, sentir que Elsa era ama y señora de su cuerpo como ella lo quería y ser consciente del éxtasis de la platinada mientras la estocaba con aquella manera tan brutal, le había proporcionado un placer culposo que jamás imaginó, le gustaba saber que ella podía proporcionarle ese tipo de placer a Elsa, aunque fuese sólo con entregar su cuerpo a los deseos más oscuros de la mayor. Pero nada podía igualarse a tener a Elsa sobre ella, en la posición más simple y ancestral de todas, la posición del misionero era perfecta, Elsa seguía implacable con sus estocadas pero ahora Anna tenía la opción de poder tocarla y sentir el peso de la platinada sobre ella y entre sus piernas era reconfortante.
Anna podía saborear el aroma de la platinada, siempre olía fresco como a menta, aun cuando hubiese fumado, ella siempre lograba evitar el olor acre del tabaco. Sentir el cuerpo de la platinada cubierto de un manto de sudor, sentir su respiración desbocada en su oído, poder tocar su espalda, sus nalgas, sus brazos, y sentir sus pechos rozando, era una delicia.
- Me encantas, Anna… Eres preciosa y en serio me encantas… - Las palabras entrecortadas de Elsa tuvieron un efecto sobre las piernas de Anna que rodearon inminentemente la cintura de la mayor, quería fundirse con ella en ese mismo instante. – Y te amo… Siempre te he amado, Anna…
Esas últimas palabras activaron un lugar recóndito de la mente de Anna, lo que hicieron que sus terminaciones nerviosas se volvieran más sensibles, como si hubieses quitado todo el material aislante de un circuito eléctrico, y es que en ese momento recordó que no era cualquier persona con la que estaba haciendo algo como aquello en ese momento, era Elsa, "SU Elsa"; la mujer de la que vivía enamorada desde su niñez, no podía negar todo el amor y ternura que sentía al saber que había sido con aquella amiga de su hermano precisamente con la que se volviera mujer.
"Es un sueño hecho realidad…"
Y no pudo aguantarlo más, simplemente no sabía si el pecho le dolía por su respiración cada vez más errática o por el inmenso amor que sentía hacia esa maravillosa y extraña mujer. – Yo también te amo, Elsa… Siempre te he amado… - Y con cuidado depositó un suave beso en la mejilla de Elsa al mismo tiempo que la platinada detenía sus embestidas por un instante.
La mayor se volvió hacia Anna mientras se encontraba con el juguete dentro de ella y la observó como si fuese por primera vez. Era cierto que su mirada voraz y esa chispa de coquetería seguían presentes en el rostro pecoso de la pelirroja pero algo había cambiado, le sonreía no con timidez como lo había estado haciendo, sino con algo más que no quiso identificar como amor.
"Claro que no puede ser eso pero yo amo a esta mujer, con locura."
Elsa se sentía completamente horrorizada y culpable por dejar que los efectos de la marihuana nublaran su razón hasta tal punto de haberse convertido en una bestia que sólo buscaba satisfacer sus necesidades más básicas. A veces, ni beber ni fumar mota eran la mejor opción cuando uno quería ir a la cama con alguien, a menos que esa persona no fuera más que algo pasajero.
Anna posó una de sus manos sobre su mejilla lo que hizo que Elsa saliera de sus oscuras cavilaciones, cuando logró volver a la realidad, la platinada le correspondió aquél gesto tierno con un beso, un beso profundo pero no arrebatado, sentía que la locura y el desenfreno del momento habían pasado a segundo término, quería hacer el amor con Anna, no sólo follarla. Por lo que mientras continuaba aquél dulce beso empezó a moverse de nuevo, ahora lento, más rítmico, más suave, quería amarla como es debido.
Mientras tanto, Anna se sentía desbordante de amor cuando sintió que Elsa cambiaba el ritmo y dejó en aquél beso todo lo que no pudo decir con palabras, y aquello que pudiese faltar por decir lo intercambió por caricias, paseaba sus manos por el cabello platino mientras se deleitaba con su suavidad. Recorrió su espalda haciendo pequeños círculos con los dedos mientras sentía los músculos de Elsa empezar a contraerse por sus atenciones; quería recordar ese momento por siempre, sabía que podría no repetirse.
Cuando los movimientos de Elsa volvieron a acelerar, Anna clavó sus uñas en la espalda de Elsa mientras sentía las deliciosas señales de que el orgasmo volvía a estar cerca.
- Anna… Anna… - El nombre de la pelirroja estaba constante en los labios de Elsa como si se tratara de un cántico oriental, o de una súplica inconsciente de que nunca la dejara, aunque sabía que aquello era inconcebible. – Anna… Anna…
Los movimientos de Elsa volvieron a ser frenéticos y la pelirroja se encontraba cada vez más cerca del borde cada vez que Elsa decía su nombre. Pronto y sin darse cuenta, el orgasmo las invadió a las dos, Elsa ahogó su gemido en el hombro de la pelirroja y Anna mordió fuertemente el hombro de la platinada. Fue una sensación de completa euforia y un sentimiento de estar completa, de estar llena, que ninguna de las dos podría haber explicado en lo que les quedara de vida.
Se quedaron un momento somnolientas, saboreando la delicia del orgasmo y del post orgasmo, Elsa cubría con besos tiernos el cuello y los hombros de la pelirroja.
Anna ya estaba quedándose dormida cuando sintió que Elsa se retiraba de encima de ella.
- ¿A dónde vas? – Logró decir, aunque su voz sonó más asustada de lo que quería, su único deseo era mantenerse así como habían estado por todo el tiempo que se pudiera y el frío que sintió al momento en que la platinada retiró su peso sobre ella lo resintió mucho más de lo que hubiese querido.
- Sólo quiero quitar esta cosa, me está empezando a molestar… - Elsa retiró con cuidado el juguete que las había mantenido unidas por el largo tiempo que se quedaron así y Anna sintió una sensación de vacío. Después de que lo quitó y lo dejó en el escritorio de la pelirroja regresó con ella y la abrazó, entrelazando sus manos y sus piernas. – No me iré a ninguna parte, gatita… Duerme, a penas puedes mantener los ojos abiertos…
Era cierto, Anna ya no podía retener sus párpados, sentía como si pesaran varios kilos, estaba agotada y el sentir el reconfortante calor de Elsa a su espalda fue suficiente para que se sumiera en el sueño más profundo que hubiese experimentado hasta el momento.
- No me dejes… - Fue lo último que pudo articular antes de caer en un sueño reparador y agridulce, pues lo que quería era seguir con la platinada, platicar, acariciarse, cualquier cosa… Sólo quería que su tiempo con Elsa durara un poco más, pero eso no pasó así.
Elsa se encontraba sentada en una silla frente a Anna, la miraba dormir apaciblemente, había sacudido al gran oso de peluche que Hans le había regalado y Anna lo tenía tan firmemente abrazado como la tenía a ella desde hace tan sólo unos minutos, o ya habían pasado horas, la verdad es que no sabía cuánto tiempo llevaba observándola pero es que era hipnótico ver su pecho subir y bajar tan rítmicamente, su cara mostraba una calma absoluta. Una calma que era completamente ajena a Elsa.
Ya hacía varios minutos que la platinada se había despertado, se había alejado de Anna después de haber alargado lo más que se pudiera esa situación, ahora que estaba tan lejos de la pelirroja anhelaba sentir de nuevo su calidez, su respiración…
Pero era algo imposible…
Con amargura se levantó, tapó a la pelirroja y como ésta empezó a buscarla dormida, decidió que la mejor forma de mantenerla tranquila sin que despertara era pasándole su peluche. No debía despertar, el adiós hubiese sido más amargo que cualquier otra cosa y ella no estaba lista para poder explicarle a la pelirroja sus sentimientos y pensaba que si le echaba la culpa al porro que le había regalado Kristoff sería una artimaña muy baja, algo que podría dañar a Anna y eso era lo último que quería, junto con perder la amistad de Hans.
Su celular empezó a vibrar en su bolsillo, sin apartar la vista de Anna lo sacó y suspirando profundamente aceptó la llamada y se lo llevó hasta la oreja.
- ¿Hola? – Hablaba en un susurro.
- Els, ¿dónde diablos te has metido? - La voz de Kristoff sonó por el auricular, agradeció internamente que fuese el rubio y no el hermano de la mujer a la que amaba. – La fiesta está en pleno auge. ¿Ya vienes para acá?
- No, creo que ya no iré.
- ¿Por qué estás hablando en susurros? No te oigo nada con la condenada música.
Elsa se levantó por fin de la silla, tomó su mochila donde tenía su cambio de ropa, sus cigarros, el resto del porro y su juguete, y la puso a su hombro. – He dicho que no iré a la fiesta. – Habló sin levantar la voz pero empezó a encaminarse hacia la puerta del cuarto de la pelirroja.
- ¿Cómo que no vendrás? Aquí tenemos a una señorita que está solicitando tu presencia, es como la onceava vez que me pregunta que si vendrás. Además, Hans está desaparecido, creo que está en una de las habitaciones con Jessie. El muy cabrón me dejó solo…
Elsa guardó silencio con el pomo de la puerta en su mano, soltó un largo suspiro y se volvió para mirar por última vez a Anna. – He hecho algo terrible, Kris…
Al otro lado del auricular se guardó silencio por un momento, se escuchó cómo el rubio se movía de lugar a uno con menos tumulto, tal vez el baño. - ¿Qué ha pasado, Els? ¿Todo bien? No me asustes.
Elsa salió del cuarto de la menor sin hacer el menor ruido y cerró la puerta con un nudo formándose en su garganta, no sin antes dar un último vistazo a aquella niña que siempre le había robado suspiros. – Nada está bien, Kris…
Anna despertó completamente sola en su cuarto muchas horas después, ya era bien entrada la noche cuando regresó al país de los vivos. Estaba desnuda en la cama y abrazando al oso que le había regalado su hermano.
Se sentía completamente desorientada y le dolían todos los músculos del cuerpo, como si le hubiese pasado una locomotora mientras dormía.
"Elsa…"
Y entonces, todo lo que había pasado antes de que ella se quedara dormida la golpeó de la nada. - ¿Elsa? – Obviamente no recibió respuesta, estaba sola y la silla de su escritorio se encontraba a un lado de su cama, como si alguien la hubiese estado observando dormir.
Se levantó aún cuando todo su cuerpo se lo reprochó para buscar una carta, una nota, algo que la platinada hubiese dejado para ella aunque fuese por pura cortesía, pero obviamente no encontró nada. Se puso la pijama y bajó a la cocina por una chocolate caliente, y tal vez por un poco de helado, quería echarse a llorar, nunca imaginó que cuando la platinada la dejara se sentiría así de devastada.
Pero una chispa de esperanza seguía prendida en su pecho, todavía recordaba a Elsa sobre ella diciéndole lo mucho que la amaba, tal vez si lograba hablar con su hermano y explicarle que Elsa no había hecho nada para que ella terminara completamente enamorada de ella; que en el corazón no se manda, tal vez así podría haber una oportunidad con su hermosa platinada.
Cuando estaba terminando de servirse su chocolate caliente llegó Hans, estaba tomado pero no mucho y llevaba una sonrisa enorme en el rostro. Cuando la vio sonrió aún más y corrió a levantarla por los aires, estaba eufórico.
- ¡Annita, la huerfanita! – Anna sofocó un gritito de dolor y trató de alejarse de él, le dolía todo el cuerpo. - ¿Entrenamiento pesado? – Dijo Hans al darse cuenta de la incomodidad de su hermanita y desordenándole el pelo.
- Sí, justamente eso… Mucha actividad física. – Dijo con un sonrojo en las mejillas, aún estaba muy fresco todo lo que había sucedido con Elsa como para poder hablarlo con naturalidad.
- Te entiendo a la perfección. – Dijo Hans robándole una cucharada de helado y sonriendo de forma traviesa. – No sería mala idea que ambos tomáramos un ibuprofeno. – Y sin decir más se alejó hasta el gabinete de los medicamentos que su mamá tenía en la cocina.
- Me dijo Elsa que cuando llegaste habías dicho que ya habías comido, que te habías ido con unas amigas a comer al centro. – Dijo Hans cuando volvió con dos tabletas, una se la entregó a Anna y otra la tomó él con el chocolate caliente de la pelirroja.
- ¿Eh? ¡Ah! ¡Sí! Unas amigas… Porristas… Fuimos por hamburguesas… - Hans asintió y tomó otra cucharada de helado. - ¿Viste a Elsa?
- Sólo por un momento, cuando la vi en la fiesta estaba con Kristoff hablando, no se había cambiado el uniforme, yo pensé que no iba a llegar. – Dijo haciendo un frunciendo el ceño. – Me dijo que se quedó dormida y que por eso tardó tanto tiempo en llegar… ¿Tú también te quedaste dormida?
Anna se atragantó, no sabía qué decirle, entonces decidió seguir con la mentira de Elsa, era lo más sencillo. – Cuando llegué, Elsa estaba dormida en el sillón, la desperté para preguntarle por ti y me dijo que estabas en una fiesta, luego me preguntó si quería comer, le dije que no y me subí a mi cuarto. Pensé que lo mejor era dejarla dormida. – Habló atropelladamente, por suerte para ella, Hans estaba tomado y no se dio cuenta de aquél detalle, sino la hubiese cachado en la mentira. Era horriblemente mala mintiendo.
- Y vaya que tenías razón… - Dijo su hermano mayor riéndose entre dientes. – Cuando yo ya me venía estaba bastante entretenida con Mérida, creo que esas dos van a volver, y probablemente Elsa no duerma hoy.
Y ahí estaba, ese simple comentario hizo que todas las esperanzas de la pelirroja se rompieran en mil pedazos.
¿Cómo había sido tan estúpida para creer que todo lo que le había dicho Elsa fuese cierto? Si su hermano se lo había dicho, nunca creas en nada que te diga algún hombre en la cama o para llevarte hasta allá. Pero no podía negar que también era su culpa, ella había obligado a Elsa a quitarse ese estúpido cojín, debió de haberla corrido de su casa y ya, jamás debió de haberse involucrado con una casanova como la platinada.
- Eh, Annita… ¿Estás bien? ¿Qué…? – Anna no pudo soportarlo más, no podía soportar en esos momentos las preguntas de su hermano, simplemente se fue. Dejando todo lo que había preparado y corrió hasta su cuarto donde se encerró y permaneció hasta que se quedó dormida por las lágrimas.
Hans intentó hablar con su hermanita pero nunca le respondió, le dejó fuera de su cuarto una charola con su chocolate caliente, helado y el ibuprofeno que le había dado, además fue a comprarle chocolates, donas y un pastel de fresas con crema. Probablemente estuviese en su periodo y sólo era algo hormonal. Lo mejor era dejarla sola para que se le pasara pero…
"¿Por qué se había puesto así? Fue justo después de que mencioné que Elsa probablemente volvería con Mérida…"
Ahora sí, chavos. Una disculpa por el tiempo que tardé es que, este tipo de narración no se me da muy bien que digamos pero desfruté mucho, se viene el drama, como podrán observar y pues, ya saben que cualquier reclamo o sugerencia es muy bien recibida.
Darkfantasy88: Espero haber mantenido la expectativa y no haberte decepcionado.
Biaxxx: Espero que éste también te deje sin palabras.
Salnar: I promess you that I really want to write this fanfic in an english version. But I have a very busy life. The university takes away all my free time. But I hope you really enjoy this chapter, I made it with a lot of love. ;)
PD: I don´t know if I can write g!p Elsa, but I could try.
Guest: Y aquí el cap 3
Madh-M: La verdad es que soy una escritora romántica empedernida pero a veces tengo estos arranques de inspiración medio perversa y pues, hay que dejarlos fluir. Me encanta que haya un equilibrio entre amor tierno y esa hambre salvaje que todos experimentamos. Ojalá y este cap te guste.
Sailor chan: También es mi gusto culposo ;)
AbyHzP: He aquí el otro cap ;)
Bunny: Para vuestro deleite! ;)
Jako. : No se diga más
Monii: Porque no había tenido la inspiración necesaria. Pero aquí está! xD
Virza: Gracias por los comentarios, espero que lo disfrutes tanto como los otros dos.
Chat´de´Lune: Sé que los otros tienen faltas ortográficas y pido perdón, aunque sé que no lo merezco, pero si he de ser sincera, la verdad es que escribí este fanfic en como 3 sentidos o como 20 más bien, so… Sólo decidí subirlos antes de arrepentirme y no los edité, este por otra parte decidí verificarlo mejor porque la verdad es que un fanfic de esta índole y con faltas de ortografía lo hacen bastante… Indeseable… Por eso espero que ahora no encuentres ninguna falta ortográfica o gramatical, y que disfrutes el cap. Gracias por tus retroalimentaciones.
Bueno, ahora sí, chicos, he de dejarlos. Espero que todos estén bien con todos estos desastres que se han venido presentando en estos últimos meses. Les mando a todos bendiciones y espero que todos estén bien.
Un abrazo.
