Hola. Gracias por haber comentado. Espero les guste el capítulo.
AVISO: Este no será la continuación del capítulo 2, será una especie de antecedente a Imitation Black, tratará de cuando Len y Kaito conocen a Rin. El próximo capítulo será la continuación del segundo, o sea, cuando Rin va en busca de Len y Kaito después de revivir.
Vocaloid no me pertenece, tampoco la saga Imitation Black.
Capítulo III: Setsugetsuka
Las flores de sakura caían por todo el pequeño parque, en el cual sólo habían pocas personas, era tan amigable el viento, que parecía cantar una melodía de flauta.
Un joven con kimono, cabello rubio y ojos azules iba caminando, y vio algo que hizo que su corazón saltara de alegría, si él fuese un humano como los demás hasta se hubiera sonrojado.
Comparaba a esa chica con las estaciones del año: Tan blanca como la nieve del invierno, tan linda como la primavera, tan fresca y joven como el verano y de tan buen corazón como el otoño.
Al mismo tiempo, un joven de cabello y ojos azules que también usaba kimono, miró con atención a una joven de cabello rubio como el sol y ojos azules como el mar.
Cómo deseaban hablarle, pero les daba vergüenza, se sentían poca cosa al lado de ella, en ese momento sólo podían admirarla.
Ella era tan elegante, con ese kimono rosa con flores que resaltaba sus ojos, y en su mano llevaba un abanico color blanco con detalles en rojo. Su cabello estaba recogido y lo adornaban muchas flores, todo su arreglo tenía la misma flor: sakura. Como si esos pétalos que caían hubieran creado a esa humana tan hermosa, que los pétalos de cerezo sólo resaltaban su belleza y llamaban más la atención de esos vampiros.
La joven estaba de espaldas y volteó al sentirse observada, sólo que no supo a dónde mirar, ya que ambos vampiros se encontraban en lados opuestos y ocultos para que ella no lo pudiera ver.
Llegó la noche, todos dormían, excepto los vampiros, que no vuelven a dormir. Pudieron divisar que aquella joven vivía muy lejos, tal vez sólo estaba de visita en ese parque, ya que su casa era un castillo, ello explicaba que su ropa fuese tan fina.
Empezó a llover, ella miraba hacia el cielo protegida por el pequeño techo de la entrada de su castillo.
El vampiro rubio la veía desde un árbol algo lejano. No podía quitársela de la cabeza, parecía estar hechizado. Ella era tan natural, sin la intención, es más, sin siquiera que ella supiera de su existencia, él ya se había enamorado. Deseaba conocerla, tal vez, para enamorarse más.
Por otro lado, el vampiro de cabello azul la contemplaba detrás de una gran roca. También la había seguido. Ella tan hermosa y fina. Muchas mujeres deseaban tanto el amor, incluso de cualquier persona que usaban todo tipo de cosas para llamar la atención, pero ella era la excepción. Se veía tan elegante, tan linda, podía notar con el simple hecho de mirarla, que ella no andaba tan desesperada por buscar el amor.
El vampiro rubio Len, y el vampiro peliazul Kaito, deseaban poder hablar con ella, pero sentían que no podían. No sólo era el hecho que no sabían cómo acercarse, sino que también ella podía rechazarlos en cuanto se enterara de lo que eran: monstruos al punto de vista de ellos mismos.
Tal vez esa chica viviría con miedo de que ellos alguna vez pudieran morderla y transformarla en uno de ellos, o peor: matarla.
La lluvia humedecía las mangas de los kimonos de Len y Kaito, pero no importaba, ambos ya no podían enfermarse.
Agradecían no dormir, pues la verían todo el tiempo, ya ella ocupaba sus pensamientos, era más que suficiente, pues ambos enloquecían por ella.
¿Cuál sería su nombre?
Querían saber primero eso, su nombre.
Si esto era un sueño, ellos no querían despertar, pero tal vez nunca hubieran imaginado a una chica tan bella como ella.
¿Ella los conocería o ellos la conocerían primero?
Eso no importaba, lo que importaba era que pudieran hablar con ella para poder conocerla.
Pero al mismo tiempo había algo inevitable: En algún momento sentirían ansias por la sangre de aquella chica. Eran vampiros, y tal vez su naturaleza podría más que ellos, no sabían qué hacer si ese momento llegaba a presentarse.
Ya no había remedio. No podían dejarla de ver y menos de sacársela de la mente.
Luego pudieron notar que de los ojos de esa chica salían algunas lágrimas, a pesar de que llovía, esas gotas provenían de sus ojos, no de las nubes.
¿Por qué lloraba?
Cuánto deseaban saberlo para poder calmar su dolor, aunque apenas la conocieran.
-¿A causa de quién mi corazón y mis pensamientos permanecen en esta inquietud?... No lo hago queriendo.
Dijo Len mientras levantaba su cabeza y cerraba sus ojos, mientras unas gotas de lluvia mojaban su cabello.
-¿A causa de quién mi corazón y mis pensamientos permanecen en esta inquietud?... No lo hago queriendo.
Se preguntó Kaito mirando hacia la pared del castillo, tratando de dejar de ver a aquella joven.
Todo era tan confuso en sus pechos, tantas preguntas tenían. En sus vidas como humanos se habían enamorado, pero ahora el sentimiento era diferente, era de amor, pero se sentía muy profundo, como si unas cadenas gruesas de acero los ataran a la mirada azul de aquella chica.
Al día siguiente, esa joven estaba debajo de un árbol tocando una flauta asiática. Kaito la espiaba detrás de una pared del castillo y Len la miraba detrás de un tronco del bosque.
-Deseo que haya un sendero que conduzca a tu corazón.
Susurró Kaito.
-Todo el camino hacia lo más profundo de tu corazón, el cual nadie conoce.
Susurró Len.
-Hasta que yo lo vea.
Completaron ambos.
Mientras, la joven tocaba una melodía parecida a la que soplaba el viento el día anterior. El día era soleado, parecía que no había llovido la noche anterior.
Len y Kaito estaban dispuestos a acercarse a esa chica a cualquier costo.
Pronto se enteraron que habría un baile en un salón muy elegante dentro de algunas semanas. Sospecharon que ella iría, pues era rica y seguramente la invitarían.
Esos vampiros no se conocían uno al otro, y extrañamente no se divisaron cuando iban a ver a la chica de cabello rubio todos los días.
Kaito consiguió boletos en medio de una noche, la noche antes de que repartieran las invitaciones, tomó una al azar y se la llevó.
Mientras que Len sólo necesitó ver una invitación de un conocido suyo rico, para poder falsificarla.
El día del baile se acercaba. Rin estaba dudosa de ir a ese baile. Le parecía aburrido, pero tenía que ir, según sus sirvientes, "para distraerse un momento".
Tomó su vestido rojo con negro y lo contempló.
-Tal vez no sea tan malo ir…
Aunque los vampiros no la habían ido a ver los últimos días para hacer sus preparativos para el baile, no dejaban de pensar en ella, y a cada momento que pasaba, deseaban más el poder conocerla.
Para ellos esa época era como la luna nueva.
Sólo esperaban que el astro llegara de nuevo, en cuanto conocieran a esa joven, entonces sería como la luna creciente, y poco a poco llegaría la luna nueva.
El día del baile llegó, al igual que el día en que ambos conocerían a la chica que recordarían para toda su vida.
