Muchas gracias por los reviews laura de uchiha, DaneIi, Adahi, Chibi Sakurita, nekiita, Arantxa Swan, -X-KathO-Chan-X-, leosapiens29 y Arai! Me hacen muy feliz las palabras que me dicen ^o^
Esta vez no voy a contestar a los reviews porque hay una regla en fanfiction que no deja contestarlos, pero quiero que sepan que se los agradezco mucho, mucho. Quizá me cree algún blog o algo así y ahí, entre las cosas que ponga, los responda n.n
Por cierto, lamento si hay personas a las que les parecen cortos los capítulos, pero lo hago así a fin de no agobiar a nadie con la extención n.n.
Sin más, los dejo con el capítulo tres: Pain (dolor).
Hyuuga Hinata.
·Pain.
Sentí ese agudo dolor en mi corazón por lo que llevé mi mano a él. Abrí la boca por el fuerte daño que me estaba haciendo, pero no dejé escapar sonido alguno. No quería sufrir frente a los otros, no quería las miradas de preocupación ni que Naruto-kun me viese en ese estado deplorable en el que me tocaba estar por los dolores. Quería ser fuerte. Ino se dio cuenta y levantó el brazo para que Kurenai-sensei la viese.
—¿Qué ocurre, Yamanaka? –le preguntó con exasperación y, claro, le había llamado la atención varias veces esa clase.
—¿Puedo acompañar a Hinata al baño? –la preocupación era clara en su voz. Era muy buena amiga.
—¿Qué te pasa, Hinata? –la profesora sabía de ese pequeño problema mío y por eso se acercó a la mesa.
—Me duele el pecho –le murmuré.
—Acompañala a la enfermería, Ino –le ordenó y mi amiga me tomó de la mano con cuidado y me hizo parar.
Seguramente todos me veían con intriga; era la quinta vez en dos semanas en la que salía del salón acompañada de Ino por no sentirme bien. La enfermera nos hizo entrar y a mí me ordenó sentarme en la camilla para poder comenzar a examinarme.
—¿Sentiste mareos nuevamente?
—N-no.
—¿Te duele la cabeza?
—U-un poco –murmuré.
—Vamos a ver si tenés fiebre –comentó mientras sacaba del mueble blanco que había junto a la camilla un termómetro que colocó en mi boca.
—¿Te dolía el pecho?
—S-sí –intenté decir pero salió un poco raro porque debía ocuparme en sostener el termómetro entre mis labios.
—Vamos a darte el remedio de siempre, pero quiero que sigas viniendo cada vez que te duela algo, ¿si? Nada de pensar que ya se te va a pasar.
—Bu-bueno.
Poseía una enfermedad terminal desde hacía casi un año. No era una enfermedad común —ninguno de los médicos que me atendieron habían visto algo parecido— pero nadie de mis amigos, salvo Ino, era conciente de que la padecía. Intentaron muchas veces encontrar la raíz del problema, pero no lo consiguieron nunca. Me iba debilitando cada vez más en el aspecto físico y, de vez en cuando, sufría dolores en el pecho y me costaba respirar. Todas las enfermedades que podía tener con esos síntomas habían sido descartadas y ninguna operación solucionaría algo. Pero no me importaba, yo no quería operarme, corriendo el riesgo de morir antes de tiempo.
Aunque el dolor seguía ahí.
La enfermera me sacó el termómetro de la boca y arrugó la nariz al verlo. Supe que diría después.
—Tenés fiebre –se paró—. Voy a darte algo para que se te baje, ¿si?
Primero me dio el medicamento para bajar mi alta temperatura corporal y luego el de siempre, el que mantenía a mi enfermedad controlada.
—Será mejor que vayas a tu cuarto y descanses un poco.
—N-no, estoy bien.
—No, Hinata –me regañó Ino—. Vamos a ir al cuarto para que estés relajada. Quiero a mi amiga.
Ella era tan conciente como yo de que podía dejar de estar en cualquier momento y que, aunque descansar no hiciese nada relevante, me ayudaba en mi estado de ánimo. Mi corazón podía parar de hacer su trabajo cuando quisiese.
Por suerte, ya no podía llorar más por ese tema. Se me habían acabado las lágrimas hacía mucho; el sólo pensar que tenía los días contados y debía vivir cada día como si fuese el último, me angustiaba, pero tenía que ser feliz.
—Vamos.
Mi amiga Yamanaka me agarró de la mano, nuevamente, y me llevó a nuestro cuarto con paso lento para que no me esforzase tanto. Nos detuvimos al ver a Sakura caminando hacía la puerta; Ino comenzó a gritarle, sacudiendo su brazo para que nuestra nueva amiga la viese y, por suerte, lo hizo.
Nos esperó hasta que nos acercamos y nos observó con curiosidad.
—¿Se escaparon de clase? –nos preguntó, interesada en la respuesta.
—No –le contestó Ino—. Hinata no se sentía bien.
—¿Qué te pasa? –cuestionó, preocupada.
—Na-nada, só-sólo me dolía la-la cabeza –no quería contarle la verdad. Si no quería preocupar tontamente a mis amigos, menos a alguien que estaba conociendo.
—Ah.
—¿Dónde estabas? –le preguntó Ino.
—Paseaba por el patio –hizo una pequeña pausa— para conocer.
—Bueno, nosotras íbamos a nuestro cuarto, ¿querés venir?
—Está bien.
Aún seguía con el dolor en mi pecho cuando llegamos a nuestro dormitorio, pero iba calmando de a poquito. Sakura me aconsejó que me acostara, pero por suerte, Ino dijo que me sentara a tomar algo. No quería acostarme; la mayoría de las veces, cuando me dolía el pecho, me costaba respirar y el estar acostada lo empeoraba.
—No tenés buena cara, Hinata –murmuró mi nueva amiga de pelo rosado, acercándose a mí.
—Vo-voy a-a estar bi-bien, só-sólo hay que-que esperar a que e-el remedio ha-haga efecto –no me molestaba decir eso, pero me sentía mal por no contarle.
Era cierto que no nos conocíamos pero si estábamos planeando con Ino convertirla en nuestra amiga, no contarle ese secreto era algo malo para nuestra confianza. Pero todo sería para no preocuparla; bastante que la rubia había oído aquella vez hablar de mi enfermedad a la directora.
—Sakura, ¿querés quedarte a dormir hoy?
—N-no… e-es que planeo ordenarme hoy –lo decía como si pidiese perdón por su contestación—. Tal vez otro día, si no les molesta…
—Bueno –acordó con una sonrisa.
Nuestra nueva conocida nos acompañó un buen rato en el que nos dedicamos a hacer un poco de la tarea que nos habían dejado y a ver televisión. Descubrí que Sakura poseía una obsesión por los pockys y que no soportaba mucho el ruido. Ino, para hacerle la contra, montó un gran escándalo ella sola, logrando irritar a la otra chica que terminó pegándole con mi mochila.
—¡Eso es agresión física! –espetó Ino, riendo cuando recibió el golpe.
—Sos molesta –le espetó.
Sonreí, pensando en la confianza que habían tomado en tan poco tiempo. Las ganas de toser se me estaban haciendo insoportables, pero no quería hacerlo para no tener a Ino preocupada por mí todo el tiempo. Ya me bastaba con haber tenido que rogar por el derecho a una vida como cualquier persona normal, que va a la escuela con amigos.
Naruto-kun…
—¡Hinata está roja! –exclamó Sakura.
—Ese sonrojo –noté que la voz de mi amiga se tornaba pícara—. Es por haber pensado en alguien, ¿cierto?
Rió jocosamente y nuestra invitada se puso a exigir una explicación, pero no me creía cuando le decía que no era nada.
—A Hinata le gusta Naruto.
—¡I-Ino! –susurré.
—¿Enserio?
—S-sí –bajé la mirada, no soportaba el calor que tenía mi cara cuando me sonrojaba.
—Espero que puedas decírselo algún día –la miré, sorprendida por el tono nostálgico que había tenido esa frase y ví en sus ojos un destello de tristeza.
—¿Sa-Sakura…?
—Pe-perdón –se pasó las manos por los ojos con apuro y sonrió—. Tengo que terminar cosas en mi pieza.
Nos saludó con la mano y se fue rápidamente.
—Es rara –musitó Ino.
—No-no so-somos quienes pa-para decir e-eso, ¿ci-cierto? –reí débilmente y ella sonrió con orgullo.
—Perder la memoria de vez en cuando es una buena excusa en la escuela –comentó ella entre carcajadas.
—¿To-todavía no…?
—Algún día la voy a recordar, Hinata.
—Se-sería he-hermoso que fu-fuese así, ¿no? –nuestra charla había tomado un rumbo serio y triste. Moví mi cabeza de un lado a otro y sonreí—. Se-sería mejor que-que continuásemos co-con nuestro tra-trabajo de historia.
—El era Meiji no se investigará por sí sola –asintió varias veces con una sonrisa graciosa plasmada en su cara.
Nuevamente, sentí ese dolor punzante y agudo en mi corazón que me hizo agarrarme la zona del corazón con más fuerza de lo normal. Estaba doliendo, y mucho.
—¿Hi-Hinata? ¿Qué-qué te pasa?
—No-no e-es nada –la calmé—. ¿Ha-hacemos e-el trabajo?
Me vio con un poco de desconfianza pero aceptó a seguir con nuestra tarea.
Nos llevó poco más de una hora para terminar con las preguntas que Iruka-sensei nos había dado y, en el instante en que guardamos todo, el celular de Ino vibró en nuestra pequeña mesita de madera.
—Naruto quiere que bajemos –me miró con su sonrisa traviesa—. Está preocupado por vos.
—¿Po-por mí?
—¡Te pusiste roja, te pusiste roja! –canturreó, burlándose de mí.
—No-no digas e-esas cosas, Ino –le pedí.
—Ya, ya.
Fuimos a la entrada del edificio de los dormitorios de las chicas y allí nos encontramos con Naruto-kun y Kiba-kun que inmediatamente se acercaron a mí, con los ojos llenos de preocupación.
—¡Hi-Hinata! ¿E-estás bien? –me preguntó mi preciado rubio.
—S-sí.
—Ya van muchas veces que salís del salón sintiéndote mal, Hinata, ¿qué te pasa? –más que una pregunta de preocupación, Kiba parecía exigir respuesta.
—E-es nada, lo-los ca-cambios de clima me-me suelen po-poner algo ma-mal –les contesté, tratando de idear una buena excusa.
—Pero no puede ser que estés así por simples cambios de calor y frío –me contradijo Kiba. ¿No podía aceptar mi explicación? No iba a ser causa de su preocupación; yo era fuerte.
—Hinata –susurró Ino.
—La-las vacaciones de-de i-invierno se a-acercan, ¿se-se van a ir? –me miraron mal por haber cambiado el tema tan rotundamente.
—No hagas eso –me regañó Kiba—. ¿Qué es lo que te pasa?
—Na-nada.
—Si no nos quiere decir no la forcemos, Kiba –a mi me gustaba mucho cuando Naruto-kun mostraba su personalidad de alegría desbordante, pero la seriedad no le iba mal.
Finalmente, terminaron respondiendo a la pregunta que había creado para desviar la atención de mi problemita. Ninguno de los dos se quedaría esa semana en el colegio al igual que Ino y que yo. Talvez, deberíamos haberle preguntado a Sakura sobre eso. ¿Y si se quedaba sola? La mayoría —si no es que eran todos— de los chicos del salón se iban también en esas vacaciones.
—Hinata –llamó mi atención Ino—. Vamos a ver qué hay en el comedor, ¿venís?
—S-sí.
—Espero que haya torta de chocolate como el martes pasado –expresó Naruto-kun, abrazando a Kiba de costado.
—Con tal de que haya cosas ricas, está bien –rió el castaño.
—¿Te acordás del té raro que había ayer? –me preguntó Ino con diversión en su voz pero con expresión de asco en su cara.
—E-era raro, pe-pero no e-era tan feo –murmuré, conteniendo la risa.
—Sos demasiado suave con la cocinera.
—N-no… -reí suavemente.
Para la felicidad de Naruto-kun, había porciones de torta de diferentes cosas —algunas raras. Cada uno agarró una y nos fuimos a sentar a las mesas para poder comer tranquilos.
Como otras veces, el dolor me llegó de repente por lo que apreté con mi poca fuerza a la mesa, conteniendo el suplicio que estaba sufriendo. Intenté seguir comiendo como si no pasase nada pero no me estaba sintiendo bien y comenzaba a tener frío.
Pasé mi lengua por mis labios secos y comencé a padecer la falta de fuerza en las manos que muchas veces me tocaba vivir. Suspiré y le sonreí a Ino que se encontraba mirándome con cuestionamientos en sus ojos.
—E-estoy bien –le dije con mi tono de voz habitual.
Seguimos comiendo tranquilamente pero no pude evitar sentir la angustia de saber que pronto vería todo negro y no podría hablar más con Ino, ni con Kiba-kun, ni con Naruto-kun.
Todo, todo sería… vacío.
-
-
Capítulo cuatro: Yamanaka Ino. Memories.
"…pero ahora que podía que fuese capaz de volver a poseer los recuerdos de mi vida, estaba asustada."
Espero que les haya gustado este capítulo.
Ahora…
¿Me regalan un review n.n?
