Muchas veces los adolescentes caen a cuenta de grandes senos o algún buen trasero. En especial un rubio de apariencia descuidada. Lo que marcaba la diferencia en esa ocasión, es que a Kenny le atraía algo muy distinto a lo de siempre: un par de ojos azules, tan claros como el cielo.

Escuchó a sus padres gritar de nuevo, y juraba que el estruendo de una botella romperse, reprendió contra su puerta. Abrió su viejísimo teléfono móvil y observó las pocas imágenes que había alcanzado a guardar con tan poca memoria. Esbozó una sonrisa de medio lado y tras colocarse su parka, salió de casa acompañado de Karen.
Después de asegurarse de que la castaña entrara a sus clases correspondientes, corrió como pudo hasta la preparatoria de South Park –la única en aquel pequeño pueblo- a sabiendas de que llegaría tarde. Con suerte lograría entrar a la tercera clase.

Como lo esperaba, el profesor ya se encontraba dentro del aula cuando llegó. Asomó la vista y en el momento preciso en el que el señor Lowell tomó su celular, Kenny corrió –sigilosamente- hasta el único asiento vacío, justo al lado de Leopold y junto a este, cierto castaño aburrido de teclear números e ingresarlos en una base de datos que consideraba totalmente inútil. Butters se encontraba contra la espada y la pared; se recriminaba mentalmente por no haber impedido el comienzo de un plan –si bien maestro- turbulento.

—Oye, Butters —siseaba el rubio señalando a su computador, después de un rato.

Se veía claramente un perfil de Facebook que conocía. Ya había pasado una semana entera y el menor había buscado un par de formas para eliminar susodicha cuenta, pero al parecer las denuncias no fueron suficientes. Marjorine Miller seguía ahí. Un recuerdo bastó para hacerle drenar la idea de confesar todo ahí mismo.

Eric, no puedes hacerlo… ¡Kenny es un buen chico! —chilló el pequeño Stotch.

Kenny me jodió —escupió con toda la ponzoña que su expresión podía otorgar—. Quítate de encima, maldito marica.

Butters vio pasar su dignidad de inmediato, burlándose y al mismo tiempo dándole una gran bofetada a la vergüenza. El nudo en la garganta se hacía cada vez más grande y sus enormes ojos azules mostraban un eterno viaje a la nada. ¿Qué había hecho?

Pero Kenny es… —atoró en su garganta un quejido y no pudo terminar la frase.

Si le dices a Kenny sobre esta cuenta, no lo sé, tal vez estas fotos podrían llegar a mano de tus padres —añadió Cartman.

Ellos no te creerían —saltó asustado. En realidad, Leopold estaba seguro de que sus padres le creerían a Eric—. No lo harías.

Pruébame.

—¿Butters? —habló por tercera vez Kenny, quien con una enorme sonrisa apuntaba a la fotografía de una chica… Esa que en realidad se llamaba Leopold Stotch— ¿No es bonita?

—S-sí, me parece linda
Se encogió de hombros y su mirada se perdió en el monitor, justo en los ojos celestes… Se tuvo que morder el labio cuando sintió un pellizco directo en las costillas; no tuvo que girarse para encontrar al causante, estaba más que claro que había sido el castaño.

Stotch regresó a su anterior postura, concentrándose esta vez en el trabajo encomendado. Los nervios lo acechaban y es que estaba en medio de un embrollo terrible. Deseaba ablandarse, tener el mismo valor que Kyle y decirle a Kenny a pesar de cualquier consecuencia, pero no podía, no es que fuese un cobarde, simplemente… No, si estaba siento un completo cobarde.

—Butters.

Quien hablaba esta vez era Cartman. El gordo había escrito en la pantalla un pequeño mensaje dentro de un archivo de texto que rezaba: "Dame tu móvil, Kenny no deja de insistir. No puedo darle mi número". El pequeño rubio negó con euforia, atrayendo una que otra mirada, incluso la de McCormick quien levantaba una ceja y terminó soltando una risita que descolocó a Stotch.

Esa distracción fue basta para el castaño que ya tenía en manos el teléfono móvil del rubio menor. Butters miraba disimuladamente la sonrisa de Kenny, se sentía un maldito hijo de perra. Intentaba despabilarse al mirar a la pizarra en retrospectiva, ¿eso era normal? No, y se dio cuenta tarde que ese retroceder en su visión, se debía a que el mismo empujaba la silla de adelante hacia atrás, en un vago intento de escapar de sus tormentosos pensamientos.
Para cuando se dio cuenta, ya se había pegado en la cabeza y espalda. Los omóplatos sufrieron el mayor daño por suerte, pero el mareo no se hizo esperar. Vio claramente como Cartman devolvía su móvil a la mochila. ¿Cuándo lo tomó? ¿Qué importaba ahora tenía la cara de McCormick frente a la suya, con el ceño fruncido? Escuchó claramente como chasqueaba la lengua mientras el resto de la clase, irrumpía en carcajadas.

—¿Qué es todo ese escándalo? —habló el profesor Lowell quien había estado distraído mensajeándose vía Skype.

—¡Lo siento! Es mi culpa —debía calmarse pronto y lo supo cuando Eric le clavó la mirada, como si así pudiese advertirle.

—Oye, ese fue un golpe tremendo, Leopold ¿estás bien? —susurró el chico de la parka. Se notaba que intentaba contener la risa ahora que Stotch se había recuperado de la caída— Sé que soy muy atractivo, pero intenta mantenerte en la silla la próxima vez —se mofó. En realidad había notado lo mucho que Butters lo miraba por encima del hombro.

—¿Eh? Ah… Estoy bien —se limitó a decir y volver al computador.

Cuando el anuncio se escuchó, anunciando el termino de la clase; fue Kenneth el primero en salir huyendo. Fuera se encontraban Kyle y Stan esperando, la hora del almuerzo y sinceramente Leopold no tenía ánimos. Tarde para huir lejos de Kenneth, Cartman le apretó el brazo y lo apartó de su escape. Sus ojos marrones reflejaban gran molestia.

—¿Me quieres joder? —Preguntó a brazos cruzados—. Si te paseas por todos lados con esa puta cara, Kenny se va a enterar y yo te juro que si lo arruinas, le mostraré las fotos a tus padres, Butters.

El menor carraspeó negando efusivamente con la cabeza. Con ello, el castaño se dio por satisfecho y se retiró junto con el trío de muchachos.
Leopold fue directo al comedor, recogió un par de alimentos, tan solo una manzana y un cubo de leche. No miró al frente, tampoco a sus lados, simplemente observó sus pies hasta llegar lo más lejos posible de la mesa donde se encontraba el cuarteto de amigos. ¿Cómo es que esos tres consideraban hablar con una persona como Cartman? Bueno, no tenía mucho que debatirles, pues se encontraba en la misma situación y todavía peor.

Suspiró ajetreado y lleno de arrepentimiento, pues no había podido pegar los parpados en toda la noche, pensando en numerosas posibilidades de ser descubierto y los problemas que esto acarrearía consigo.
El rubio quedaría afónico de tanto tragar saliva y suspirar con lástima. El vibrar a su lado lo descolocó por un momento y con pesadumbre tomó su teléfono celular encontrándose con un mensaje de texto, de un número que no tenía registrado.

"¡Las clases fueron tan aburridas! ¿Qué tal tu día?"

Cayó entonces en cuenta de que se trataba de Kenny, no había nadie más en la escuela que conociera su número, excepto Eric, a petición del restrictivo de su padre, quien solamente confiaba en el gordo. Qué bobo.

Había dejado de respirar y hasta que la ausencia del aire necesario se hizo presente, pudo soltar la gran bocanada que estaba sosteniendo. ¿Contestar o no? Cartman seguro lo mataba si intentaba decirle a Kenny por mensaje privado, y se debatió mentalmente. Se pellizco el labio al morderlo tan fuerte, después recordó las palabras de Eric, las procesó y dejó el teléfono celular a un lado, dio un mordisco a su manzana y se dedico a mirar a su alrededor. Clyde jugaba con patatas fritas e intentaba ser gracioso para Bebe, quien ponía cara de asco; Token simplemente mordía su emparedado y se dedicaba a observar las estupideces de sus amigos, como Craig y Tweek, que estaban en la esquina de la mesa; Tweek temblaba más de lo normal y solamente veía una de las manos del azabache… Butters pronunció un "Oh" al darse cuenta y desvió la mirada a su cubo de leche. ¿Por qué se esperaba un día tranquilo en la escuela de South Park? El estúpido era él por pedirlo.

El móvil volvió a escandalizarlo, otro mensaje y del mismo número de antes. Dudoso lo abrió y miró a la mesa donde se encontraba Cartman, este parecía bastante ocupado discutiendo con Kyle, Stan rodaba los ojos y Kenny… observaba atento su celular viejo. Se sintió un idiota y sopesó contestar; después podría borrar los mensajes y entonces el castaño no podría debatirle nada.

"¿Estás ocupada? Te deseo un bonito día, y cuidado con los paparazzi"

Butters alzó las cejas sorprendido. Eric lo había llevado bastante lejos, ahora resultaba que también lo perseguían los paparazzi… ¿Y Kenny le creyó?

"Tomo mi almuerzo, lamento que tus clases sean aburridas"

No tardó en recibir otro mensaje y a lo lejos pudo ver la sonrisa del rubio, una pequeña y de medio lado, parecía ajeno a todo el engaño, con tranquilidad y como si fuese lo más normal del mundo. Bueno, era cierto que Kenny tenía unos ojos preciosos, un cuerpo envidiable –seguro a cuestas del baloncesto- y una cabellera rebelde y bastante bonita… A cortas palabras, Kenny era…

—Muy atractivo —murmuró fuera de sí, y agitó la cabeza despabilándose.

"Sí, bueno, pasó algo gracioso en clases"

A Butters se le achicó el corazón, lo estrujaron y después lo lanzaron lejos al cubo de basura. Creía que Kenny era el único chico de la escuela con un poco de dignidad.

"Ya veo, ¿qué sucedió?"

Lo peor de todo, es que seguía su martirio y contestaba casi mecánicamente. Los mensajes llegaban y él solamente los contestaba con la mirada perdida.

"En clases de base de datos, el profesor tenía el peluquín chamuscado, parecía una enorme ardilla"

¡Leopold ni siquiera lo había notado! Y sonrió para sus adentros calmándose, de alguna forma, textear le había devuelvo el color a sus mejillas. Es por eso que le agradaba Kenny, él podía ser bastante extrovertido y bromista, leal y jovial… alegre y seductor. ¡Qué mierda! Estaba pensando demasiado las cosas y no se dio cuenta de que ya tenía compañía.

—Leopold, ¿cómo va el mareo?

—¡Salchichas! —se sobresaltó y guardó el celular torpemente en su bolsillo.

Kenneth rió y colocó los antebrazos en la mesa, enseguida los usó como almohada dejando reposar ahí su cabeza. No apartó la mirada de Butters, quien frotaba sus nudillos y apretaba los dientes, no le podía retener la mirada por más de dos segundos.

—E-stoy mejor, gracias —pronunció abatido.

—Eres malo para mentir, Leopold —asomó una sonrisa socarrona y se acercó inquisitivo al menor, miró en sus profundos ojos celestes.

¿Lo abría descubierto? Que Marjorine era una farsa y se trataba de él. ¿Por qué otra cosa lo vería de tan cerca? Casi escrutándolo y dejándolo desnudo a la intemperie. Kenny colocó una cara de suspicacia y frotó su barbilla con la diestra, después sonrió como si nada y empujó la frente del menor con su dedo índice.
Pronunció un par de cosas agitando las manos en el aire, pero Stotch estaba con la mirada fija en los labios ajenos, intentando leerlos, porque al parecer se había quedado sordo a cusa de sus perturbaciones.
Se le veía más perdido en sus propios pensamientos, y el rubio mayor estaba seguro de que no escuchaba ni una sola palabra de lo que había dicho.

—…y tienes unas ojeras enormes, no soy un experto —se encogió de hombros con una sonrisa de medio lado—, pero diría que no has dormido porque estás enamorado. ¿Me equivoco?

Butters asintió, en realidad no había dormido mucho y eso que apenas habían pasado sete días desde que Marjorine regresó. Lo más extraño, es que Kenny se lo hubiera tragado.

—No dormí muy bien —confesó y después negó—, pero…

Kenny lo calló colocándole la palma en la boca y le entregó una sonrisa socarrona que al menor lo partió en dos. De verdad estaba engañando a una persona como McCormick y eso le provocaba arcadas, le estrujaba las entrañas y empujaba al llanto, pero las lágrimas no salieron, para suerte de Stotch, se había quedado seco después de tanto. Nunca había sido un traidor de esa calaña. La estaba pasando verdaderamente mal, mientras Eric continuaba su maquiavélico plan.

—Te ayudaré a ser todo un matador como yo —apuntó esperanzado. Butters solamente alzó las cejas—. En cambio… ¿me explicarías matemáticas? —retiró su mano.

—Claro, Kenny.

—Te buscaré después de clases, ¿dónde es tu última asignatura?

—Biología en la segunda planta, en el laboratorio del profesor Jhonson —titubeó al final.

—Cierto, tienes clases con el gordo y Red —suspiró. Qué fastidio le acomodaba la vida.

Kenneth revolvió el cabello del menor y se despidió alzando la mano. Justo cuando el timbre sonó. Vio a Cartman a lo lejos fulminarle con la mirada. Kenneth solamente se tiró encima de Kyle y Stan rompiendo su burbuja cariñosa.

Nada que hacer, simplemente se dirigió a su casillero corriendo y tomó los libros de la asignatura de Historia. Esta pasó relativamente rápida. Mientras la señorita Carroll explicaba la revolución francesa y las desventajas de la burguesía en aquel entonces. Butters garabateaba en su cuaderno inconscientemente… Se podía leer claramente "no más mentiras" en varias ocasiones, cosa que el perspicaz ojo de Kyle admiró.

Este torció una mueca y al ver el rostro perturbado del chico le dio una palmada en hombro a ojos ciegos de la profesora. Algo no andaba bien con Stotch y no solamente McCormick se había dado cuenta de eso. Tal vez solo necesitaba distraerse un poco, por lo que el pelirrojo escribió en un pequeño papel y lo entregó al rubio. Butters extrañado, abrió el papel que en tinta negra decía, "Te ves mal. Stan, Kenny, el culo gordo y yo iremos el sábado al parque acuático, ¿quieres venir?".

Giró la mirada para encontrarse con los ojos verdes de Broflovski y con una pequeña curvatura de labios asintió. En ese mismo momento, se escuchó la campana de nuevo y antes de que Kyle tuviera la oportunidad de preguntar al otro, este ya había salido corriendo a la clase de biología con un bebé en manos, uno falso que sacó de debajo de su escritorio.

La pizarra estaba repleta de nombres y una tabla reflejaba los avances del proyecto en curso. El redimiendo más bajo estaba más que claro: Cartman y Red, seguro totalmente culpa del castaño y al llegar estos dos ya estaban peleando sin importarles que Mr. Jhonson estaba ahí clavándoles una severa mirada.

—¡Joven Eric, señorita Rebecca! En lugar de pelear, deberían atender a su bebé. Si no consiguen un "eficiente" para la próxima clase, ambos estarán reprobados y en mi asignatura no hay puntos extra que puedan salvarlos.

Ambos callaron y se sentaron sin mirarse, su bebé lloraba y Red furiosa no podía callarlo. ¡Tan fácil como quitarle las pilas al maldito muñeco! Pero no, porque iba contra las reglas y eso sería una rotunda "F" en sus calificaciones. La pelirroja bufó bien alto y le dio una pequeña patada al marica de Cartman. ¡Joder, por eso le encantaba la de ojos azules! Esa rudeza.

De uno en uno las parejas pasaron con sus bebés y estos fueron examinados. Butters y Heidi rebasaron a Wendy, quien furiosa alzó la mirada y la giró enseguida frente a Stotch. Craig sin duda había sido el causante de que el bebé falso presentara una leve abolladura en el brazo, cosa que les restó puntos. ¡Hasta Tweek con todo y sus espasmos cuidó mejor solo del bebé!

—También eres buena madre —soltó el azabache muy cerca de la oreja del rubio.

—¡Jesucristo! —saltó Tweak y por poco deja caer a su "hijo".

Podía decirse que Bebe y Clyde la llevaban bastante bien… como relación, no como padres, pues Clyde era un completo descuidado y Bebe prefería salir con sus amigas, de milagro salían con una "C" al final de biología.
Para suerte de Stotch, Heidi se ofreció a cuidar esta vez del muñeco, pues ya habían sido dos semanas consecutivas en las que Butters cuidada del pequeño Ethan. Así es, ambos chiquillos le habían puesto un nombre al proyecto.

—Gracias, Heidi.

—Pero no olvides que la próxima semana es tu turno de nuevo. No podré cuidarlo si estoy lejos de la ciudad —suspiró cansada, no quería ir de viaje familiar, pero al menos el bebé la mantendría ocupada—. Oye, ¿ese es Kenny? —apuntó a la puerta, el chico estaba recargado en el marco y se podía ver claramente parte de su parka y el cabello rubio despeinado.

Butters volteó y se dio cuenta de que la mayoría de la clase ya salía por la puerta. Al parecer, las clases habían terminado, pero al estar absorto en el proyecto, todo lo dejó ir bastante rápido. Se despidió de la castaña y cuando estuvo a punto de salir, sintió un empujón, era Red que daba brincos hasta la salida, para después colgarse del brazo de McCormick.

Estuvo presente para admirar como Eric apretaba los dientes y echaba fuego por los ojos, ciertamente eso asustó más a Stotch. Ahora entendía un poco de esa venganza. ¿Cartman estaba celoso? ¿Por qué otra cosa se enfadaría con Kenny, el casanova de la escuela?

Butters aprovechó la distracción del castaño para salir con sigilo por la puerta, pero antes de girar por el pasillo hacia la salida de la preparatoria, un brazo lo detuvo en el proceso y al girarse vio claramente como Kenny se deshacía del agarre de Rebecca quien furiosa chasqueó la lengua.

—Espera, Leo. Prometiste estudiar conmigo hoy, ¿recuerdas?

—¡Dijiste que estudiaríamos juntos, Kenny!

—Ah, sí, lo siento pero hoy no puedo. Leo me ayudará con matemáticas —soltó como si nada—. Mira el lado positivo, si Leo me ayuda a mí, entonces podré enseñarte a ti también —guiñó un ojo y eso bastó para relajar a la pelirroja.

—Pero la próxima vez estudiarás conmigo.

—Claro —dijo llevándose una mano a la nuca.

Cartman lo vio todo. Ahora una nueva idea pasaba por su cabeza; planeaba revelar los mensajes y pegarlos por toda la escuela adjunta a una fotografía de Butters y otra de Marjorine, pero ahora esto iba en grande. Kenneth todavía tenía el descaro de coquetear con su chica. Porque así lo consideraba Eric, ese guiño y la promesa de estudiar juntos. Ambos rubios ya se habían retirado del aula, rumbo a la pequeña y vieja biblioteca del pueblo.

Para suerte de ambos, esta se encontraba vacía y tranquila. La anciana tras el computador les clavó la mirada cuando pasaron al fondo y seleccionaron una mesa alejada de las demás. Butters no dejaba de mover sus manos inquieto. Kenny lo había llamado Leo. Por un momento sus ojos se aguaron, nadie le llamaba así, ni siquiera sus propios padres y de cierta manera lo hacía sentirse en confianza con Kenny.

—¡Bien! Muéstrame lo que tienes.

—¿Q-qué? —Tartamudeó Stotch— Oh sí, claro —sacó su libro de matemáticas y lo abrió en el capítulo en el que se habían quedado, pero Kenny solo lo observaba sin muchas ganas de estudiar realmente.

Se escuchó el resonar de los libros caer sobre la mesa de madera y Kenneth se sintió culpable por engañar de esa manera a Butters, pero necesitaba una forma de escapar de Red ese día, aún más teniendo en cuenta que Eric se encontraría cerca de ella ese día. Excusas, no deseaba saber nada de matemáticas, porque las odiaba y sabía bien que Kyle no le ayudaría, pues le enseñaría inglés a Stan. Kenny no era tonto, no estudiarían en absoluto, pero tampoco deseaba ser el mal tercio con sus amigos.

Aburrido, el mayor tomó su móvil y miró de reojo a Butters quien explicaba algo acerca de triángulos y sus ángulos. Dibujaba un plano cartesiano y se veía entretenido con ello, por lo que decidió enviar un mensaje a la linda rubia de Facebook. Cuando apretó enviar, algo vibró sobre la mesa, era el celular de Butters.

Extrañado acercó la vista sobre la pantalla, pero antes de que pudiera ver algo, Leopold ya lo había tomado y en su rostro se veía el temor. Lo miró levantarse de la mesa y abrir el mensaje.

"Hey, estoy fuera de clases"

El menor sintió el corazón en la garganta y antes de que Kenny pudiese preguntar cualquier cosa, Butters tomó sus libros y los metió con rapidez en la mochila, dejando a un desconcertado McCormick con la palabra en la boca.

—Es mi mamá, debo volver a casa, está molesta —apresuró sus palabras y salió de la biblioteca.

Estaba mal, todo estaba realmente mal. No podía seguir con la farsa.

"¿No tienes tarea?"

Tecleó con las manos temblorosas, ahora su prioridad era no ser descubierto; porque Kenny le agradaba, porque él no se merecía esa clase de trato… Sobre todo porque sus agallas no le permitieron confesar las fechorías de Cartman y las propias, porque ahora también estaba metido hasta el cuello.

"No es la gran cosa… pero acaba de suceder algo realmente extraño"

"¿De verdad? ¿Quisieras contarlo?"

"En realidad…"
Kenny borró el mensaje y cerró su móvil. Después respondería. Definitivamente Butters estaba raro esos últimos días.