Disclaimer: No me pertenecen los personajes, son de Tess Gerritsen y de los productores de Rizzoli and Isles. Las canciones tampoco, sólo me pertenecen las ideas que surgen al escucharlas.

A/N: Los capítulos que siguen están inspirados en una canción de los 80's en español "Corazón romántico", interpretada por Arianna. Es de un cursi ¡tremendo!, pero es una de mis canciones favoritas.

Originalmente sería un capítulo, pero, el desarrollo natural de la historia propició que se alargara mucho, así que, en esta ocasión, será una canción para tres capítulos o tres capítulos para una canción, como quieran verlo ;)

Y bueno, así también contesto más pronto las preguntas sobre ¿quién está en la puerta?

Saludos a Argentina y Paraguay. Solidaridad para Chile, por lo de Valparaiso.

Lo que me haces sentir

Capítulo 3

Corazón romántico, primera parte

Desde la perspectiva de Maura Isles

Apenas jalo mi bata para ponérmela encima cuando escucho un grito despavorido de Jane.

- ¡Ah!

- ¡Jane! ¿Estás bien?

Grito desde el pasillo. La puerta de mi casa está abierta y distingo que Korsak y Frost están en la puerta.

- ¿Todo bien? ¿Jane, por qué tan nerviosa?

Me apresuro a llegar a la puerta, la italiana está asustada. Aunque Korsak habla en tono amable, Jane lo mira como si quisiera matarlo.

- ¡Bonita forma de presentarse en una casa!

Reclama Jane a voz en cuello y sin ninguna sutileza.

- Íbamos a tocar, pero vimos una sombra detrás de la puerta, tú saliste y ya no lo consideramos necesario.

Contesta Korsak en su defensa, levantando las manos, como si presintiera que la detective de cabello negro le fuera a tirar un puñetazo.

- No has contestado a mi pregunta, ¿estás bien?

Insiste el veterano, pero al ver el gesto adusto de Jane, se interrumpe y se dirige luego a mí

- ¡Doctora! ¿Cómo se encuentra?

Peino mi cabello con mi mano y aunque traigo mi pijama de seda, en un gesto automático, me cubro con la bata.

- Bien Korsak, gracias, todo bien.

Contesto un poco desconcertada, más por lo que escuché de Jane y su reacción de salir huyendo, que por la llegada repentina de nuestros dos compañeros detectives.

- Pasen ¿A qué debemos el gusto de su visita tan temprana?

Me concentro en poner una sonrisa en mi rostro, hablo con la esperanza de que no noten las huellas de llanto en el rostro de Jane y mío. Entran a la casa, mientras ellos nos dan la espalda para sentarse en la isla de la cocina, aprovecho para limpiarme la cara. En un gesto instintivo le hago señas a Jane para que haga lo mismo. Me tranquiliza ver que me entendió y que me hizo caso. No me gusta cuando Jane está enojada o incómoda conmigo.

- ¿Café, Frost? ¿Detective Korsak?

- Sí, gracias, doctora Isles, para brindar por nuestro viaje.

Nos dice contento. Jane y yo los vemos con desconcierto, mientras les servía a ambos su taza de café.

- Gracias, doctora. Léelo, Frost, para que sepan de que se trata.

Dice Korsak con ese tono de orgullo que le caracteriza cuando da buenas noticias. Frost recoge un documento de manos de su compañero veterano, hace un carraspeo para aclararse la garganta y comienza a leer. Al final de la lectura entendemos por qué el viaje: en el marco de la Iniciativa Mérida, el gobierno de Estados Unidos convocó a los mejores grupos de investigación a que asistieran a un congreso que se llevaría a cabo en Cancún, México, para capacitar e intercambiar información con nuestros pares mexicanos. Cabe decir que nosotros formamos parte de esa elite, y en pocas horas debemos estar tomando nuestro vuelo a Washington, D.C. y de ahí al sur de México.

- Bien, entonces, hay maletas que preparar, no tenemos mucho tiempo antes de que nos recojan en el precinto.

Dijo Jane apresurando su café, y recogiendo las tazas de Korsak y Frost.

- Sí, tenemos que irnos.

Secundó Frost y Korsak. Ellos se adelantan a la puerta y yo alcanzo a jalar a Jane del brazo.

- Tenemos que hablar Jane.

Observa mis ojos, y distingo tristeza en su rostro.

- Lo haremos luego, Maura, debemos salir.

No quise forzarla, en parte tenía razón por el viaje apresurado, y por otra, la verdad yo no tendría idea por dónde empezar nuestra conversación, todo fue sorpresivo para mí. Me obligo a pensar en el viaje, eran pocos días, pero era un país que desconocía, atractivo por su cultura, pero una zona donde el clima, los alimentos y las costumbres eran totalmente distintas a las nuestras.

Dos horas después de haber estado preparando maletas, ya estamos en el avión que nos llevaría a Washington, D.C., nos habían reservado en clase turista y los lugares en que nos asignaron están dispersos. En el fondo, siento alivio, sigo sin ordenar por completo mis ideas, ni tampoco mis sentimientos respecto a todo lo que dijo Jane.

Ya en el aeropuerto de la capital política, nos reunieron a todos los convocados en un hangar federal. Ahí se presentaron los coordinadores de grupos, nos separarían en equipos de especialistas, por lo que Jane y yo otra vez quedamos separadas y sin oportunidad de hablar. A estas alturas era una situación que me molestaba y me aliviaba a partes iguales. ¿Cuándo tendríamos oportunidad de hablar sobre nosotras?

A los detectives los sentaron en la zona frontal del avión, a los forenses al centro y los especialistas en manejo de tecnología, en la parte posterior, así que Korsak y Jane están sentados adelante; Frost en la parte de atrás, por cierto, acompañado de una rubia interesante; y yo, estoy sentada junto a Megan Hunt, mi par, pero del departamento de policía de Filadelfia.

- ¿Le da nervios volar, Dra. Isles?

Intenta ser amable conmigo, y bueno, era de esperarse, compartiremos prácticamente cuatro horas de vuelo y estaremos trabajando en los mismos talleres durante nuestra estancia en México.

- No, Dra. Hunt, más bien tengo muchas cosas en mente.

- ¡Oh!, disculpa, no quise parecer entrometida.

- Gracias, no se preocupe, debo decir que es muy considerado de su parte.

Por alguna razón terminamos hablando de nuestras vidas personales. Me cuenta que después de un accidente fatal de tránsito perdió la capacidad de seguir con su carrera de cirujana, y que la vida le brindó una segunda oportunidad al desarrollarse como médica forense.

La azafata nos ofrece un refrigerio, lo que interrumpe nuestra conversación. La Dra. Hunt se levanta al baño y eso permite que me quede un rato en silencio pensando sobre mi vida, sobre lo sucedido con Dennis Rockmond y la confesión de Jane.

Creo que sería tonto negar que el evento con Dennis Rockmond simplemente se convirtió en una segunda oportunidad para vivir. Estuve a minutos de morir, si no hubieran llegado mis compañeros, si Jane no hubiera negociado con él, me hubiera degollado, luego partido en pedazos y me hubiera puesto capa sobre capa de yeso para ser su última obra maestra.

La confesión de Jane, bueno, ¿qué puedo decir? Me tiene aturdida, sorprendida, y posiblemente molesta, ¿cómo no me había dado cuenta de que estaba enamorada de mí? ¿Acaso era tal mi obsesión por encontrar "El señor correcto" que simplemente no vi lo que estaba delante de mí? Francamente eso de tener una pareja del mismo sexo, no me incomoda en absoluto; siempre he tenido claro que todos tenemos derecho de amar a quien queramos. Eso sí, más de alguna persona saltará de su silla, comenzando en el precito, y posiblemente los hermanos de Jane; pero es nuestra decisión y nuestra vida, no la de ellos.

- ¿En qué piensa Dra. Isles?

Reconocí la voz grave y me fue inevitable sonreír. Jane estaba parada en el pasillo, observándome.


A/N: ¿Y qué les pareció este tercer capítulo? ¿Han escuchado la canción? Sí, es de hace algunos ayeres ;) KEy