~ Capítulo 2: Confusión en el Expreso ~

King´s Cross estaba abarrotada de estudiantes, como todos los años al inicio de clases en Hogwarts. Harry, Ron, Hermione y Ginny se aparecieron allí, acompañados por la señora Weasley, que había insistido en ir a despedirlos.

—Es tu último año, Ron—le había dicho, con lágrimas en los ojos—Y el penúltimo de Ginny. Quiero que todo sea perfecto. Todos ustedes están tan crecidos…

Al llegar, Harry fue el primero en despedirse de Molly, y atravesó corriendo la pared de ladrillos entre la plataforma nueve y la diez. La plataforma 9 ¾. Tal como había hecho hacía ya siete años, cuando no tenía ni idea de qué era lo que debía hacer. Los demás lo siguieron.

Abordaron el tren justo a tiempo, y se sentaron los cuatro juntos en el compartimiento que antes solían compartir. Hermione y Ron parecían haber olvidado su responsabilidad de prefectos, y estaban tomados de la mano. Harry y Ginny no dejaban de mirarse y sonreír. Parecía una especie de extraña e incómoda cita doble. Por suerte, la puerta del compartimiento se abrió y Luna Lovewood entró, canturreando alegremente.

— ¡Hola chicos! —Saludó, y se sentó con ellos— ¿Puedo sentarme aquí, cierto? Estoy esperando a Neville, pero no sé dónde está.

—Por supuesto—respondió Harry. Luna ahora estaba de novia con ían una pareja muy peculiar, se entendían bien, y Harry se alegró por ellos. Ambos eran buenas personas y se merecían. No pudo evitar pensar en lo distinto que era todo ahora. Habían cambiado tantas cosas…

Entonces Neville por fin apareció, con un sapo en la mano.

— ¡Hola! ¡Se me había escapado Trevor! —explicó, y se sentó al lado de Luna. Harry sonrió para sí mismo: tantas cosas seguían siendo iguales…

La puerta volvió a abrirse unos minutos después. Esta vez, Draco Malfoy estaba allí parado, mirándolos a todos con una expresión altanera en su cara afilada. Su cabello rubio parecía resplandecer. Hermione fijó su vista en el suelo del vagón, examinándolo como si fuera muy interesante. Este gesto no le pasó desapercibido a Ginny, que recordó que Hermione había estado murmurando el nombre del chico de Slytherin mientras dormía. ¿Qué estaba ocurriendo?

—Oh, olvidé que este es el vagón de los perdedores—dijo Malfoy.

—A ti nadie te invitó—replicó Harry, poniéndose de pie.

—Granger, necesito que hablemos. ¿Tienes un segundo de tu nada valioso tiempo de sangre sucia? ¿O vas a seguir haciendo arrumacos con Weasley?

— ¡No le hables así! —saltó Harry, sacando la varita. Aparentemente, Draco tampoco había cambiado mucho desde la Segunda Guerra. Seguía siendo el mismo imbécil de siempre. No iba a permitir que se dirigiera a su mejor amiga de esa forma tan insultante.

Ron también parecía a punto de levantarse y golpear a Malfoy en la cara, pero lo único que hizo fue agarrar con más fuerza la mano de su novia, en un gesto posesivo. ¿Qué quería ese cretino hablar con su Hermione?

—Le hablo como yo quiera, y puede defenderse solita—declaró el rubio, ignorando a Harry. Miró a Hermione—Tenemos que hablar.

—Ella no va a…

—Está bien—Hermione interrumpió a Ron, se levantó y salió al pasillo detrás de Malfoy. Harry, Ron, Neville y Luna se quedaron sorprendidos, sin habla. Ron estaba a punto de estallar de furia. Harry parecía incrédulo. Ginny simplemente entornó los ojos: algo pasaba entre esos dos.


Había soñado con él. Había soñado que se besaban. Y se había sentido tan real, tan… No podía mirarlo a los ojos. Al mismo tiempo, se sentía culpable, aunque no tenía por qué. Uno no puede decidir qué soñar, ¿o sí?

En ese momento, seguía a Malfoy por el corredor del Expreso a Hogwarts.

— ¿A dónde vamos? —Inquirió la castaña, — ¿No podemos hablar aquí?

— ¿Estás loca? Cualquiera podría escuchar. Y mi reputación ya está bastante arruinada con todo lo ocurrido el año pasado como para que ahora también crean que tengo interés por una sangre sucia.

Hermione puso los ojos en blanco, exasperada.

Entraron a un compartimiento vacío. Malfoy bajó la cortina del vidrio de la puerta, de modo que quedaban aislados de los demás. Hermione se estremeció: quizás no hubiera sido una buena idea. ¿Malfoy no iría a atacarla, verdad? Después de todo, había sido mortífago…

— ¿Qué quieres? —le preguntó.

—Anoche tuve un sueño muy… fuera de lo común—comentó él, arrastrando las palabras. —Por alguna razón, creo que tú también, ¿No es así? En el callejón Diagon, dijiste que tenías pesadillas donde yo aparezco…

Ella asintió con la cabeza, despacio.

— ¿Qué está pasando?

—Eso mismo me pregunto yo—dijo Draco, tomando asiento. —Sabes que no te soporto… así que no entiendo por qué diantres tengo esos estúpidos sueños.

—A mí tampoco me caes nada bien—replicó Hermione, mirándolo con los brazos cruzados.

—Lo más curioso es que desde que empecé a tener estos… sueños… —Malfoy bajó la voz hasta convertirla casi en un susurro—La Marca Tenebrosa me arde.

— ¿Qué…

—No se… No quiero tener nada que ver con las fuerzas oscuras de nuevo. A veces quisiera poder borrarme esta estúpida cosa de mi piel-Se arremangó y le mostró la marca- Y tampoco quiero tener nada que ver contigo, Granger. Pero algo raro está ocurriendo.

Aquello no era algo que se viera todos los días: Hermione y Draco de acuerdo en algo.

— ¿Qué haremos al respecto? —preguntó la chica.

—Esperaba que tú supieras que hacer—confesó Draco, aunque parecía odiar la idea de tener que pedirle ayuda a alguien a quien consideraba inferior—¿No eres el cerebro de tu grupito de tarados?

—Si sigues insultándome o a mis amigos, no llegaremos a nada, Malfoy—recriminó Hermione, molesta— Y no tengo ni idea de qué hacer. Tendríamos que preguntarle a alguien… Quizás los chicos…

— ¡Ni se te ocurra! —gritó él—No puedes decirles nada. Lo único que me falta es tener a Potter persiguiéndome para ver si tengo algún plan malvado como hizo en sexto año.

—Y tenía toda la razón—alegó la joven de Gryffindor. A Hermione le preocupaba no poder hablar del tema con sus mejores amigos. Con su novio. Ron ya parecía bastante molesto cuando ella había abandonado el compartimiento siguiendo a Malfoy… no quería pelear. Tenía que decirles lo que estaba pasando.

—Tendrás que jurarme que no dirás nada—dijo Draco—Esto tenemos que resolverlo nosotros.

—Podríamos hablar con algún profesor…

—No. Nadie, y me refiero a nadie, debe enterarse.

—Y entonces… ¿qué se supone que vamos a hacer?

—Lo resolveremos de alguna forma—prometió él, aunque parecía igual de inseguro que ella. Al cabo de unos momentos recuperó su arrogancia de siempre—Sí, no puede ser algo tan malo como parece. Lo resolveremos. Soy inteligente, y tú tampoco eres lo que se dice una tonta.

—Gracias—dijo ella, con sarcasmo. Era lo más parecido a un halago que jamás recibiría de aquel chico. — ¿Buscamos información sobre sueños compartidos… y artes oscuras en la biblioteca? ¿Crees que encontraremos algo?

—Eso espero, Granger. Ahora, mejor salgamos de aquí antes de que piensen que intenté asesinarte.

Malfoy se levantó del asiento donde estaba, y quedó parado justo en frente de Hermione. Igual que en el sueño, cuando le había sacado su bufanda y… No, esto era real. Ambos se miraron por un instante, en silencio.

—Draco…

En la mente de Hermione se estaba formando una escena que era tanto ridícula como excitante… ¿Qué ocurriría si Draco la tomaba ahí mismo y la besaba? Y ella le devolvería el beso, porque se moría de ganas de hacerlo… y se quedarían ahí, juntos, el resto del viaje a Hogwarts… Besándose como lo habían hecho en sus sueños…

— ¿Sí?

Al escuchar la voz del rubio, salió de sus pensamientos. Cayó en la cuenta de lo que había estado pensando y se odió a sí misma por un segundo. ¡Estaba fantaseando con aquel infeliz!

— ¿Me dejas pasar? Estás bloqueando la puerta.-le dijo.

Draco salió del trance en el que se había quedado, y se apartó hacia un lado. No se había dado cuenta de lo cerca que había estado de ella. Un montón de imágenes se cruzaron en ese momento por su cabeza: él y la sangre sucia, besándose apasionadamente en aquel compartimiento… lejos de las miradas ajenas… sus labios recorriendo cada centímetro de la piel de la chica… Las de ella en su espalda, en su cabello…

—Adiós, sangre sucia—le dijo—Y recuerda, Granger, ni una palabra.

Ella asintió y salió de allí.

— ¿Dónde están los demás? —le preguntó Hermione a Ginny cuando regresó al compartimiento de siempre. La hermana menor de Ron estaba comiendo un chocolate en forma de corazón que seguramente Harry le había comprado (pues últimamente tenía esa clase de gestos "románticos" con ella).

—Luna y Neville fueron a buscar a la señora del carrito de dulces. Harry y Ron se fueron hace unos diez minutos a dar vueltas por el tren—respondió la pelirroja—Se preocuparon porque tardaste bastante y decidieron buscarte.

— ¡Solo tardé diez minutos!

—Diez minutos hablando con Malfoy—aclaró Ginny— Todos coincidimos en que no es una buena persona. Y además, nos odia.

—Que exagerados—dijo Hermione, aunque sabía que Ginny tenía razón. No había manera de que pudiera confiar en Draco Malfoy. Pero estaba ese temita de los sueños…

— ¿Qué estabas soñando anoche? —inquirió la joven Weasley con despreocupación, como si estuviera preguntándole el clima o su color favorito. Hermione parecía alterada.

— ¿Por qué lo preguntas?

—Por nada. Es que… —bajó la voz—mencionaste a Malfoy varias veces…

—No lo recuerdo. Seguro fue una pesadilla—mintió Hermione, aunque Ginny la miró con la ceja levantada.

—Sí, seguro… Y ¿de qué quería hablar contigo? ¿Qué ocurre entre ustedes dos?

—Ya sabes, tonterías. Me dijo "sangre sucia", y cosas así… Y quería unos apuntes de Pociones del año pasado…

—No sabes mentir, Hermione—se rió Ginny—No necesito que me lo cuentes, pero te pido una cosa: ten cuidado. Malfoy es malo. Malísimo. Un cobarde, engreído, mentiroso.

—Ya, una cucaracha. ¡Nada pasa entre él y yo! — afirmó la castaña, fingiendo indignación.

—Bueno, si tú lo dices…


—Harry… ¿Crees que pasa algo entre Hermione y Malfoy?

La pregunta de Ron sorprendió a Harry. Se encontraban en el corredor del tren, buscando señales de Malfoy o Hermione. Que Ron sugiriera que Hermione pudiera estar en algo con ese imbécil era ridículo.

— ¡Por supuesto que no! —se rio el pelinegro, negando con la cabeza al mismo tiempo— Es algo rayano a lo imposible.

—Es que…

—Ron, por favor—dijo Harry—Piensa: Hermione te tiene a ti. Es tu novia. Nos tiene a ambos como amigos, odia a Draco tanto como nosotros…

La conversación se vio interrumpida por unas risitas y voces que murmuraban. Un par de chicas que acababan de salir de uno de los compartimientos del tren los observaban y cotilleaban entre sí. Una de ellas, rubia de cabello ondulado y ojos azules, miraba con especial atención al pelirrojo.

La otra se acercó al par de amigos agitando su cabello cortado hasta los hombros, y sonrió con confianza.

—A mi amiga Cathy le pareces lindo—le dijo a Ron, señalando a la rubia, que estaba roja como un tomate, y volvió a meterse en el compartimiento a toda prisa—Y quiere saber si saldrías con ella.

Ron, que al principio estaba sorprendido y algo avergonzado, sacó pecho, en un intento por parecer varonil y atractivo.

—Bueno, yo…

—Ron—le espetó Harry, hablándole de costado. No podía creer que pudiera considerar la cita con esa chica desconocida, por más linda que fuera: tenía novia.

—Tienes razón—respondió él, también hablando en voz baja. La chica de pelo corto los miraba, impaciente. —Lo lamento, tengo novia.

—Bueno, mala suerte, entonces…—dijo la joven, y se alejó, no sin antes guiñarle un ojo a Harry.

— ¿Qué fue eso? —Preguntó Harry, atónito— ¿Lo notaste? ¡Eran de Slytherin!

Aquello era rarísimo: los miembros de Slytherin en general los odiaban. Odiaban a Harry Potter, a Gryffindor y a todo lo relacionado con esas dos cosas.

—Con todo lo ocurrido el año pasado, probablemente nos consideran héroes—Ron sonrió ante la posibilidad. Aquello era inesperado y muy aprovechable. Pero él amaba a Hermione. Entonces retomó la conversación que estaban teniendo antes de ser interrumpidos. —Entonces, ¿Qué hay con Malfoy y mi chica?

Harry suspiró, frustrado.

—Nada, Ron. Olvídalo.

No sabía si le molestaba más el hecho de que su amigo insistiera con esa ridícula teoría, o el hecho de que quizás fuese cierto. Podía tolerar ver a Hermione con Ron: el joven era su mejor amigo, ella su mejor amiga, y no hacían mala pareja. ¿Pero Draco Malfoy? ¿Malfoy? No, ni hablar. Si algo pasaba entre Hermione y ese intento de bravucón insoportable, Harry iba a enloquecer. Así que prefirió pensar que nada raro pasaba.

Entonces notó que acaba de pensar en Hermione de una manera distinta a la de siempre. Como si su amiga fuera de su propiedad, o como si fuera algo más que una simple amiga… Habían pasado por tanto juntos… No, no era posible que siquiera estuviera pensando en una cosa así. Hermione era como una hermana: una hermana de su misma edad, muy inteligente, demasiado cariñosa y con un cuerpazo, pero una hermana en fin. Ginny, en cambio, hacía que se quedara sin aliento, le gustaba tanto que parecía humanamente imposible.


El Expreso se detuvo con una sacudida final al llegar por fin a Hogwarts. Todos tomaron sus cosas y se apresuraron para bajar. Hermione había pasado el resto del viaje leyendo "Runas Antiguas, una explicación mágica", e intentando ignorar la mirada de curiosidad de Ginny.

Harry y Ron habían regresado al compartimiento, y se habían alegrado de encontrar a Hermione allí nuevamente, aunque Ron había montado una pequeña escena de celos.

—No puedo creer que hayas ido a hablar con ese idiota—soltó ni bien entró, sin pensar.

—Ron, simplemente quería averiguar qué quería Malfoy—contestó ella, por décima vez—Y no pasa absolutamente nada entre Malfoy y yo.

Harry se limitó a acariciarle el largo cabello a Ginny, mientras observaba a Ron y Hermione discutir. Si él estuviera con Hermione, estaba seguro de que no vivirían discutiendo… Sacudió la cabeza para dejar de pensar en eso. ¿Por qué había comenzado a pensar en eso?

— ¿Pasa algo, Harry? —le preguntó Ginny. Él negó con cabeza.

Ahora que por fin habían llegado al castillo, se dirigieron con los demás alumnos al gran salón, para el banquete de bienvenida. Ron y Hermione habían dejado de pelear y se encaminaron hacia adentro juntos.

—Espera un segundo—frenó Ginny a Harry, tomándolo de la mano.

— ¿Qué sucede? —preguntó. La chica acercó su cara a la de él, y lo besó. Nunca dejaba de sorprenderlo. El beso se hizo más profundo, Harry respondió con ansias…

—Ejem.

Se separaron al notar que Hagrid estaba plantado delante de ellos, seguido por un grupo de niños de primer año.

—Y aquí verán a Harry Potter, que venció al Innombrable el año pasado—dijo, señalando a Harry, que estaba algo ruborizado. Los de primero parecían aturdidos, lo contemplaban admirados.

Hagrid le sonrió y siguió el recorrido. Ginny había empezado a reírse.

—Wow, eres un verdadero héroe, ¿No? —le dijo, volviendo a tomarle la mano. —Vamos adentro, muero de hambre.

Por un momento, solo por un ínfimo instante, algo dentro de Harry lo hizo preguntarse cómo serían las cosas si fuera Hermione, y no Ginny, la chica que caminaba a su lado hacia el gran salón.


Los vio entrando juntos y por alguna razón sintió un vuelco en el estómago. Granger y Weasley, Weasley y Granger. ¿Y por qué a él le importaba tanto verlos de la mano? ¿Por qué a él, Draco Malfoy, le importaba un comino lo que hiciera esa sangre sucia?

Aquello tenía que ver con esos sueños, estaba seguro. En el tren, cuando habían estado solos, había estado a punto de cometer una estupidez, un error garrafal. Había querido besarla, había sentido tantas ganas que se había quedado como congelado.

Cada vez sentía más odio por aquella muchacha de cabello castaño. Cada vez crecía más su odio hacia él mismo. Necesita respuestas, necesitaba comprender que estaba pasando. ¿Por qué soñaba con ella? ¿Por qué le dolía la Marca?

La Marca Tenebrosa no podía brillar, arder ni hacer nada a menos que alguien (un mortífago) la invocara, o que Voldemort mismo lo hiciera. Voldemort estaba muerto. Los mortífagos, muertos o en Azkaban.

Además, ¿Qué tenía que ver Granger con la Marca Tenebrosa?

No entendía nada. Decidió concentrarse en la comida. Solo sabía una cosa: necesitaba quitarse a esa chica de la cabeza, antes de que se volviera loco y no hubiera vuelta atrás.


¡Hola! ¿Qué les pareció?

De a poco se van dejando entrever los sentimientos de confusión de nuestro querido Harry Potter, que aunque ama a la pelirroja, quiere a su mejor amiga más de lo que debería.

Y Hermione y Draco, con esos sueños y escenas tan raras… y la Marca… Y Ron, bastante celoso, aunque no desaprovecha hacerse el lindo con las otras chicas…

Esperen y verán (?

Mañana viajo, y voy a estar sin internet unos días. El Martes, ni bien vuelva a mi casa, publicaré el próximo capítulo (Lo voy a dejar ya preparado en estos días, total para usar Word no necesito conexión)

Bueno, nos veremos pronto. Goodbye:)