Capítulo 3

Feliciano empezaba a marearse en los brazos del sueco; llegaron al hospital y por suerte no había mucha gente, inmediatamente le atendieron.

El italiano permaneció en la camilla en la cual había sido dejado por el sueco, cerró sus ojos por un momento tratando de calmar el mareo y el dolor de cabeza que recién había empezado a sentir.

Abrió los ojos luego de unos minutos y observó al rubio de mirada intimidante…

—¿Ludwig? —Preguntó Feliciano confundiendo al sueco con su amigo alemán.

El rubio escuchó el nombre humano de Alemania y recordó que Feliciano y él habían sido aliados.

Sin responder al castaño sacó su teléfono y buscó entre sus contactos al germánico… estuvo a punto de llamarle, pero ¿Qué se supone que haría el alemán?

Berwald era el país anfitrión, así que él debía de hacerse cargo de lo que sucediera en su territorio… por lo que él debía de hacerse cargo de la recuperación del italiano.

Un doctor atendió la herida de Feliciano y le aseguró que el mareo desaparecería si descansaba… eso no sería un problema para el de cabello castaño.

El sueco decidió que lo mejor sería tomar todas las precauciones necesarias y llevarlo a su casa para que pudiera descansar mejor.

—¿A dónde vamos? —Preguntó Feliciano al salir del hospital tomado de la mano por el sueco.

—A mi casa. —Respondió el de lentes.

Feliciano seguía tratando de procesar esas palabras cuando el rubio hizo que entrara a un taxi.

¿Debería abrir la puerta y huir? La mirada asesina del sueco estaba sobre él, huir sería una mala idea, aún no se recuperaba completamente del mareo y su intento de huida podría tener peores consecuencias, por lo que se vio en necesidad de permanecer sentado junto al nórdico.

Llevaban aproximadamente quince minutos en el automóvil y el italiano empezaba a quedarse dormido cuando se percató que Berwald abría la puerta del taxi para que él saliera.

"Berwald no es una mala persona." Habían sido las palabras de Tino, y al parecer él tenía razón, aunque esa mirada le decía todo lo contrario.

Feliciano salió del taxi y su vista se encontró con una casa común y corriente al estilo sueco, parecía una gran casa para que solo una persona viviera allí…

—¿Vives con alguien más? —Preguntó curiosamente el italiano mientras entraba a la estancia del rubio.

—Mi gato. —Dijo Berwald señalando a un gato negro que llevaba en el cuello un listón con los colores de la bandera sueca.

El gato al ver que su dueño había llegado a casa intentó acercársele, pero las manos del italiano lo atraparon, el pobre gato trataba de escapar de los mimos de Feliciano, aunque luego de unos minutos perdió la batalla tras haber sido acariciado tras las orejas.

El rubio miraba la escena en silencio, se acercó al italiano y le quitó al gato.

—El doctor dijo que debías descansar. —Mencionó al ver la cara de confusión del castaño.

El sueco caminó por el espacioso pasillo de su casa siendo seguido por Feliciano, el cual observaba los simples detalles que decoraban la casa del escandinavo.

Veneciano no se percató de que Berwald se había detenido e inesperadamente chocó contra su espalda.

—L-lo si-siento. —Se disculpó Feliciano.

Berwald no mencionó nada al respecto y abrió la puerta que se hallaba frente a él.

El de ojos ambarinos entró a la pequeña habitación a la que nórdico le había guiado.

—Puedes descansar aquí. —Dijo el rubio mientras cerraba la puerta.

Feliciano se encontraba solo y observó la cómoda cama que se hallaba allí, sin pensarlo dos veces se lanzó a ella y abrazó la almohada.

Estuvo a punto de caer profundamente dormido, pero su estomagó le exigió que se levantase y consiguiera comida, a lo cual el italiano no pudo negarse… no había comido desde esa mañana y aguantar hambre era considerado una tortura para él.

Feliciano abrió la puerta de la habitación y asomó la cabeza a través de ella para asegurarse que no hubiera moros en la costa, el pasillo estaba vació, pero ¿En dónde se suponía que estaba la cocina? Lo único que se podía observar desde donde se hallaba era la puerta principal, el corredor seguía unos cuantos metros más allá del cuarto en el que se hallaba, y había varias puertas que seguramente llevarían a otras áreas de la casa.

El italiano empezó su búsqueda sin pensarlo dos veces, lo tomaría como si estuviese en una misión secreta y actuaría como los ninjas de las películas japonesas que había visto con Kiku… ese era el plan original, pero antes de poder abrir la primera puerta sintió que algo le arañaba la parte baja de su pantalón.

Feliciano observó al gato de Suecia que se estaba encargando de arruinar sus pantalones nuevos de Armani, el de cabello castaño se agachó para acariciar al felino que al parecer lo que quería era su atención.

—¿Cómo te llamas gatito? —Preguntó Feliciano sin dejar de mimarlo… Era imposible enojarse con el felino.

Obviamente no recibió respuesta alguna, los gatos no hablan… pero la mirada penetrante del gato le decía que le estaba prestando atención.

—¿Sabes dónde está la cocina? —Preguntó el de ojos ambarinos.

El gato se alejó de él y empezó su marcha a alguna parte de la casa, pero antes de desaparecer ante la vista del italiano se detuvo y volteó a verle esperando que le siguiera.

Feliciano permaneció estoico por un momento, pensó que el gato se había aburrido y había decidido irse a quien sabe dónde, pero allí estaba… observándole con unos ojos azules intensos como los de su dueño.

¿El gato le había entendido?

Feliciano le regaló una sonrisa al gato y empezó a caminar para alcanzarle.

El gato le llevó frente a dos puertas, el italiano las abrió con cuidado y observó lo que había adentro… ese era el comedor, el gato entró y se asomó a una puerta que se hallaba al extremo contrario de donde se hallaba Feliciano.

Feliciano sabía a la perfección que la cocina siempre se encuentra cerca del comedor así que se acercó a la otra puerta después de haber cerrado la que recién había abierto.

El italiano estaba tan feliz de que él gato de Suecia se apiadara de él, olvidándose totalmente de que se hallaba en la casa del escandinavo abrió la puerta encontrándose con algo que jamás pensó ver…

El gato no se había equivocado, esa puerta llevaba a la cocina, pero el sueco de mirada terrorífica se hallaba allí sosteniendo un cuchillo que daba la apariencia de ser muy filoso.

El sueco aún no se había percatado de la presencia del italiano, pero el gruñido del estómago del mismo hizo que se diera la vuelta y le observase.

El italiano temblaba frenéticamente, el rostro de sueco más el cuchillo que le acompañaba no le daba otra apariencia más que la de un terrorista psicótico.

Berwald ignoraba la razón por la que el italiano se ponía cada vez más pálido frente a él, dejó el cuchillo junto al resto de ingredientes que estaba picando y se le acercó.

—Deberías estar descansando. —Le dijo mientras se agachaba lo suficiente para estar a su altura.

El italiano había perdido la capacidad de moverse y de hablar, su mente le decía que saliera de allí y salvara su vida, pero su cuerpo parecía no parecía tener intención alguna de alejarse ni un centímetro.

Su estómago volvió a rugir exigiéndole que consiguiera algo de comer, y en su mente lo único que pudo hacer Feliciano fue maldecir a su estomagó por ocurrírsele quejarse en momentos como ese.

El sueco no le quito la mirada de encima, pero se enderezó antes de hacerle una pregunta.

—¿Qué quieres comer? —Esa pregunta extrañó al mediterráneo… ¿Acaso no iba ser acuchillado por haber desobedecido al sueco?

—Cu-cualquier co-cosa esta bi-bien. —mencionó el italiano temiendo enfadar al rubio, su voz había regresado.

¿Qué clase de comida solía comerse en Suecia? Sabía que comían albóndigas… o al menos eso era lo que siempre compraba cuando iba a algún IKEA en Italia, aunque en realidad no sabía si debería basarse en la comida de una tienda de muebles para juzgar la comida de todo un país.

—¿Pu-puedo ayudarte? —Mencionó el italiano tratando de sonar amable, acercándose un poco al nórdico, el cual se había alejado para seguir preparando lo que estaba cocinando.

Berwald asintió, sabía que Feliciano era buen chef.

El sueco había tomado nuevamente el cuchillo en sus manos y empezó a picar nuevamente las verduras que tenía frente a él, se detuvo al ver el par de manos que se posaron sobre las de él.

—Estás agarrando el cuchillo de una forma peligrosa… —Mencionó Feliciano mientras acomodaba la mano del rubio de manera apropiada sobre el cuchillo. —Si lo sostienes de esta manera es más sencillo.

Feliciano se percató de lo que estaba haciendo… estaba corrigiendo al escandinavo, le estaba enseñado a utilizar adecuadamente un cuchillo… el mismo cuchillo que podría atravesar su cuerpo y herirlo.

Esa clase de pensamientos pasaban por la mente del Feliciano haciéndole olvidar que sus manos aún estaban sobre la del nórdico, y allí se hallaba Berwald, sintiendo la calidez de las manos del italiano sobre las de él.

Berwald por un momento pensó que la calidez de Feliciano era como la del finlandés, pero había algo diferente, el italiano era más cálido, seguramente porque él pertenecía al mediterráneo y Tino a Escandinavia.


Fin del capítulo.

N/A: Creo que el gato de Suecia me salió muy Oc.

kaname lin-chan: Espero que te haya gustado este capítulo, no te equivocaste en cuanto al golpe… adivinaste la razón por la que herí a Feliciano XD

Rosadargento: Chocala! Que viva esta hermosa pareja Crack!

Infinitas gracias a los Reviews, a los Fav y Follows… Iba a actualizar esta historia desde antes, pero últimamente he estado decaída y hay muchas cosas dando vueltas en mi mente y estuve pensando en dejar todas mis historias, pero decidí no hacerlo… al menos no aún.

Gracias por leer.

Hasta entonces, Sayonara!