Solo ha pasado una semana desde que he despertado. Una semana desde que mis recuerdos se han dormido.

Alice, Alice es ahora una parte de mi vida ahora, ya que la veo en todas partes, siempre tratando de ayudar, aunque solo logra asustarme, porque yo se que ella no es real.

En mis sueños ha tratado de que conosca a alguien, alguien que yo se que conosco. Alice trata de que acepte verlo, que él tambien me ayudará, pero no quiero, no quiero volverme más loca de lo que ya estoy. Porque si bien, los doctores me creen loca, en el sentido literal de la palabra. Solo hay unas pocas veces en las que de verdad quiero hablar con Alice, y esas veces son cuando los doctores me dejan sola pòr un muy largo tiempo.

Las enfermeras que en un principio me atendian con mucha atencion, ahora se alejan de mí. Piensan que voy a hacerles daño, quiza.

Siempre me llevan de un lugar a otro haciendome estudios y pruebas. Siempre tratan de que este sedada para ahorrarse problemas, creo yo. Quizá eso no sea bueno, quiza yo debería irme y dejar mi suerte correr; se ahorrarian un cuarto y bolsas de suero.

Han empezado a hacer investigaciones sobre mi vida. Pero no han podido sacar nada, necesitan un apellido y Alice no ha sabido darmelo.

Me habían cambiado a otra planta, la más alta donde el cuarto era mucho más grande y no estaba muy habitado, solo había otros 3 pacientes en el area, creo que fue una precaución.

Este nuevo cuarto tenía una gran ventana que cubria casi toda la pared y de paisaje se veía un gran campo con flores amarillas y una gran casa blanca con un gran arbol de manzanas a un lado.

Sabía que era de manzanas porque el doctor dijo que esa casa erade un amigo suyo que, lamentablemente, se había ido hacía 20 años y le había dejado a su esposa esa casa al marcharse.

-¡Bu! -grito una vocecita musical tras de mí.

-¡Alice! Me asustaste -dije volteando a ver al duende

-Siempre lo hago -dijo haciendo una mueca -¿Quieres hablar conmigo?

-Creo que si, los doctores me abandonaron de nuevo.

-Lo sé

-¿Vas a contarme algo más?

-Sip, algo que ya sabes.

-Dime

-Ellos piensan que estás loca

-Tienes razón, eso ya lo sabía

-Te tienen miedo

-Lo sé

-Solías jugar entre esas flores cuando tenías 3 años -dijo señalando el campo de flores amarillas

-¿Ah, si?

-Claro, tu y tu mamá vivían ahí, ¿lo recuerdas?

-No

-También solías vender las manzanas en el mercado, cuando querías ganar tu propio dinero para poder comprar una guitarra.

-¿La compré?

-Si, pero no sabías tocarla.

-¿Nunca aprendí?

-Si, pero eso fue hasta que cumpliste 8 años.

-4 años después.

-Vamos mejorando -me sonrió

-Y después empecé a vender las manzanas de nuevo, para comprar un pasaje que me llevara muy lejos, cuando mi mamá se volvió a casar, cuando tenía 13 años.

-Quisiste escapar, y fué cuando tu papá te dio una solucion facil, gratis y que implicaba un sacrificio enorme para tí.

-Odiaba ese lugar

-Lo odiabas, ¿recuerdas el nombre?

-No, ¿y tu?

-No...

Tocaron la puerta y Alice desapareció.

-Señorita, Isabella, ¿puedo pasar? -preguntó en doctor Harrison

-Claro -dije con dolor. ¿Es que no confiaba en mí? Yo no era peligrosa, solo estaba loca, para mi desgracia, lo estaba.

-Necesito hablar con usted. -dijo sentandose en el sillon de piel falsa que adornaba el cuarto, moví mi silla de ruedas -de la que me tenían prohibido moverme a menos de que me fuera a acostar- y me puse frente a él.

-Claro

-Bueno, no sabemos que te pasa. No podemos mantenerte más tiempo aquí en el hospital y te vamos a transportar a un hospital psiquiatrico, ahí tienen estudio especializado para poder entender tu caso.

Asentí con la cabeza.

-Doctor Harrison, yo acabo de recordar algo.

-Dimelo

-Yo viví en esa casa, en la de las flores amarillas.

-Claro, claro

Genial. No me creía. ¿Por qué no me creía?

-Bueno, tengo que salir, voy a preparar tus expedientes para mandarte al hospital psiquiatrico.

-No estoy loca.

-No puedo ver a esa tal Alice.

-¿Y eso es lo que me hace estar loca?

-Bella, calmate -dijo Alice a mi lado ¿Cuando llego?

-¡Tu callate, Alice! ¡Solo me traes problemas!

-Hey, hablamos muy bien hace rato

-¡Pero ahora no quiero verte!

-¿Ves? -preguntó el doctor - Le gritas al vacío, a una imagen irreal. Algo que solo tú ves, y lo ves porque estas mal, nunca dije que estubieras loca.

¡Pero lo pensó! Lo penso cuando me dijo "No puedo ver a esa tal Alice" Es un hipocrito. Dije para mis adentros.

-Bueno, ya puede retirarse, ¿no cree que es hora?

-Vendran por tí en 6 horas máximo

-Adios -dije cortante

-Lo siento -dijo Alice cuando el doctor hubo salido

Me asusté. Bueno, quiza si estaba mal. Muy mal. Estos cambios de humor hacia Alice no daban nada que pensar que fuera bueno. Mi comportamiento era el de una loca; el de alguien que debería estar en una celda acolchada por el resto de su vida.

-¡Vete! ¡Dejame tranquila! -dije alejandome de Alice. Me había levantado de la silla.

-Bella, no quiero hacerte daño, lo sabes

-¡Dejame! ¡No te acerques! -dije interponiendo mis manos como una barrera

-Bella...

-¡Ayuda!

-Calma

-¡Ayuda!

Los doctores y enfermeras entraron corriendo y me llevaron hacia mi cama, después me sedaron. De nuevo.

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Bueno, hoy no fue un dia muy bueno, asi que lamente el mini cap y que haya sido el peor… bueno, tengo quee irme