Bueno, quizás si devió hacer caso de las amenazas de lo que pasaría si seguía ignorando al maldito oso. Pero nunca creyó que arrojaría su cama a un maldito barril de acido. Suerte que había decidido levantarse para cepillarse los dientes e ir por algo de comer o ahora estaría teniendo que repetir la misma vida, otra vez.

-Espero que ahora entiendas las consecuencias, Naegi-Chi.

Monokuma apareció detrás de él con un semblante sombrío.

-Espero que reemplaces mi cama. –Naegi dijo con molestia mientras recogía su abrigo y se iba bastante molesto al gimnasio.

Monokuma no se molestó en decir nada, simplemente dejó que su cabeza se llenara de venas.

Naegi realmente esperaba que reemplazara su cama. Lo único bueno que había encontrado de la vida en esa academia era la comida y las camas suaves.

...

-TAARDEEE-

-No te molestes. –Naegi le tapó con la boca con un pastelillo que había recogido de la cocina antes de entrar al gimnasio.

-Maizono-San. –La saludó un tanto sorprendido. –Así que está viva. ¿A quien habrá matado ahora?

Maizono lo ignoró con rostro molesto. Posiblemente ofendida por lo de anoche, aunque Naegi también noto que le costaba controlar ese temblor en todo so cuerpo. Tarde o temprano se rompería.

-Veamos: Asahina, Byakuya, Oogami, ¿Leon? ¿Otra vez?

-Cielos. –Naegi suspiró mientras desenvolvía una chocolatina y se la comía lentamente. – ¿Cuántas veces van ya? –En ese punto realmente se sentía un poco aburrido de que Leon fuese el primero. Quizás sus pensamientos fuesen algo desalmados, pero realmente, traten de vivir el mismo día durante un año entero, cualquier persona se volvería loca antes de finalizar un simple mes. Para Naegi era lo mismo, simplemente había encontrado aburrido saber que alguien moriría la segunda noche.

-¿Y bien? ¡Ya estamos todos! ¿Ahora qué?

-Ahora comienzan a sonar las bocinas con esa cancioncita estúpida mientras el muñeco estúpido sale de la mesa de discursos.

Una canción comenzó a sonar mientras Monokuma salía de la mesa de discursos.

-Bienvenidos malditos, me alegra que todos pudiesen asistir. Menos uno. –Mirando exclusivamente a Naegi mientras se comía la chocolatina con una cara de No-Me-Importa-Nada-En-La-Vida. – ¡No se come en medio de las reuniones!

-No está contra las reglas. –Naegi continuó indiferente mientras comía.

-Ahora sí. –Monokuma anotó la nueva regla y los identificadores de todos sonaron.

Naegi no se molestó en mirar el suyo y guardó su chocolatina. Entonces sacó un refrescó y comenzó a bebérselo lentamente.

-¡Tú…!

-No especificaste.

Monokuma se sujetó fuertemente su cabeza mientras el vapor escampaba de sus orejas.

-En fin. Acabemos de una vez con todo.

Naegi sacó con block de notas. La otra noche tuvo la idea de ir anotando las distintas líneas y cambios que sus decisiones podrían traer, no entendía como no se le había ocurrido antes. Existía riesgo de que alguien las viese, pero realmente no importaba. Es decir, "Viajero en el Tiempo", ¿Qué tan creíble era eso? Y lo olvidarían de todas formas.

-Veamos, ¿Qué pasó la última vez que salvé a Mukuro y qué pasó cuando no la salvé? – ¿Se abrirían nuevas vías si la salvaba? Que más da, estaba de vacaciones. Simplemente anotaría un par de cambios y trataría de memorizar los más importantes antes de… bueno, morir. Hay que decirlo como es.

-Bien, voy a salvarla.

En ese momento un poco de sangre cayó sobre su block de notas.

Ups.

El cuerpo de Mukuro estaba empalado por lanzas que habían salido del piso del gimnasio. Parece que había perdido tanto tiempo hablando y anotando en su block que se había olvidado que el tiempo no se congelaba, simplemente lo regresaba a donde todo había comenzado.

-Como decía.

Tachó "salvar a Mukuro" y escribió "Dejar que muera Mukuro".

Guardó su block de notas.

-AAAAAAAAAAAHHHH.

Maizono comenzó a gritar mientras caía al piso con sus ojos abiertos por el terror.

-Oh, vamos. Anoche mataste a Leon, ¿Qué es otro cadáver? Intenta ver los mismos cuerpos una y otra vez antes de que te conviertan en papilla.

-Realmente esperó que las muertes no tengan que ser de este modo, no sería divertido en lo absoluto. Espero que ahora entiendan lo serio de esto. –Miró nuevamente a Naegi, quien había guardado su block de notas y tomaba de su refresco con pose relajada. Más venas se dibujaron en su cabeza, y comenzaba a pensar que quizás si había cierto marguen de error en la cirugía, o quizás con las drogas.

-¡El culpable fue Naegi!

Maizono gritó después de que Monokuma se marchara.

Naegi la miró un segundo antes de seguir con su refresco. Esto era tan obvio.

-¿El culpable?

-Yo lo vi. Anoche lo vi tocado la puerta de Kuwata, y estoy segura de que tenía un chuchillo en su mano.

-¿Cómo sabes que Leon Kuwata fue la victima?

-Sí, la buena de Kirigiri al rescate. –Pensó con sarcasmo. ¿Qué tenía de bueno ser salvado por una chica que lo condenaría a muerte por una maldita respuesta?

-Yo… él… ¡Él no está aquí! Así que tuvo que ser la victima, ¿Quién más pudo ser? –Maizono retrocedió un paso asustada mientras la mirada de Kirigiri la seguía estudiando.

-Sí. Siempre me pareciste sospechoso. ¡Seguramente trabajas para el maldito que nos trajo aquí!

Oowada se acercó peligrosamente a Naegi. Era más que claro que no le agradaba en lo más mínimo la actitud de Naegi, especialmente su actitud tan relajada ante esta situación.

-¿Es eso? Seguramente tienes un trato con ese oso, ¿Es por eso que no estas preocupado de que algo te pase? –Tomó a Naegi de la camisa mientras le gritaba a la cara.

Naegi lo miró con expresión aburrida mientras recordaba el modo en que se lo había sacado la última vez. –Oh, sí. Ya me acordé.

Crack.

Oowada cayó al piso mientras sacaba espuma por la boca. Seamos sinceros, ¿Qué clase de hombre aguantaría un rodillazo directo ahí abajo?

Todos lo miraron con miedo y más desconfianza después de eso. Si quería parecer inocente, entonces iba por mal camino. Por otro lado, estaba de vacaciones. Sacó su chocolatina a medio comer y se la terminó.

-¿Él empezó?

-Hasta que averigüemos que pasó, te quedarás encerrado en tú habitación. –Kirigiri lo dijo fríamente mientras Naegi le entregaba sus llaves.

-¿Por qué tenemos que investigar? Ya les dije lo que vi, y vieron lo que le hizo al pobre de Oowada. –Maizono seguía atacando mientras se ocultaba detrás de todos. La típica actitud de la inocente niña indefensa que tiene que ser protegida antes de atestiguar en un juicio por homicidio.

-Oowada estaba apunto de atacar a Naegi, y él se defendió. Eso es lo que todos vimos.

-Aun así es culpable. Seguramente lo es. –Fukawa de ocultó detrás de Byakuya mientras miraba a Naegi.

Si llegaban a declararlo culpable, entonces sería su estadía más corta. Excepto por esa vez donde terminó el mismo empalado por esas lanzas del gimnasio. O la vez que simplemente se cortó el cuello en la cocina antes de que terminara el primer día, no recordaba muy bien porque lo hizo, pero seguramente tuvo una buena razón para suicidarse el primer día.

-¿Me traerán algo de comer después?

-¡No! Seguramente tratará de matar al pobre que le traiga algo de comer.

-Es muy arriesgado si eres el asesino.

-¡Es él!

-¿Y si quieren inspeccionar mí cuarto en busca de evidencia?

-Entonces nos aseguraremos de que estés bien vigilado.

Naegi no podía decir nada contra eso, excepto…

-¿Y si existen evidencias incriminatorias? Como algún arma blanca, algún plan que hubiese escrito mil veces a papel y el estar encerrado me da tiempo para esconderlo o arrojarlo al inodoro.

-¿Es que esto realmente te da alguna gracia? –Asahina lo miró desaprobadoramente. –Alguien murió y simplemente te quedas así, ¿Estas loco o qué?

-Estoy cansado. Simplemente digo lo obvio. De ser el culpable me esforzaría por no dejar evidencia de nada. Especialmente en algo tan importante como un asesinato escolar.

Kirigiri lo miró fijamente por un segundo. – ¿Tienes algo que ocultar?

-Mojé la cama hasta los ocho.

-¿Es realmente necesario encerrarme en el cuarto de limpieza?

-Ya cállate.

Naegi sacó su block notas. –Desafiar a Kirigiri igual a problemas. –Nada muy diferente a apoyarla.