Capítulo 3

UNA NOTICIA.

"Y"

No se habían quedado hasta las diez de la noche como había dicho Robert, ya pasaban de las once y media y apenas estaban saliendo de los ensayos, todos tenían cara de fastidio y cansancio y el día siguiente prometía ser igual; los ensayos se alargaban cada vez más y resultarían ser una tortura casi interminable hasta el día del estreno de la obra.

Terry estaba por subir a su auto pero sintió un pequeño jalón de su abrigo, al darse la vuelta se encontró con la mirada pizpireta de Karen.

— Hola Terry — le saludó ella sonriente a pesar del frío y del cansancio.

— Hola Karen — le contestó él con una pequeña sonrisa.

— Me preguntaba si me podrías llevar a mi casa, tú sabes que no es correcto que una dama ande sola a éstas horas por la calle — Terry sonrió de una manera más abierta, aún no estaba seguro cómo, pero esa mujer siempre lograba convencerlo de llevarla a su casa.

— Sube — dijo al tiempo que abría la puerta del auto — hace frío.

— Vaya, afuera está helando — Karen estaba frotándose las manos una contra otra tratando de calentarlas mientras que Terry se acomodaba en el asiento del conductor.

— Nevará pronto, ha bajado muy rápido la temperatura — Terry arrancó el auto al tiempo que hablaba y se encaminó por varias calles de sobra conocidas por él.

— Casi no hemos platicado en estos días Terry — soltó de pronto Karen — sé que no eres el hombre más elocuente del mundo, pero ahora te retraes más que antes.

— No sé por qué pienso que Robert te ha enviado para hablar conmigo — le espetó Terry sin apartar la vista del frente, Karen se sonrojó levemente y él se dio cuenta.

— Bueno… sí, pero también me tienes preocupada.

— No me ocurre nada, estoy bien y mi vida es maravillosa — la voz de él se escuchaba algo cortante y Karen observó como sujetaba el volante con tal fuerza que los nudillos se le notaban blancos.

— Entonces, ¿Por qué ya casi no te dejas ver en los ensayos?

— Por que me fastidia ver como esos actores recién llegados piensan que lo saben todo cuando la verdad es que son malos para actuar.

— Sí que eres duro con ellos, deberías de pensar que ellos están bajo tu sombra y se sienten aún más presionados.

Terry no le contestó más a Karen, ya no deseaba continuar discutiendo, tan solo quería llegar a su casa y dormir, al menos así olvidaba su realidad por algunas horas.

— ¿Y qué hay de Susana? — Terry tragó saliva en silencio, detestaba que las conversaciones con todas las personas tomaran esa vertiente y siempre le preguntaran por ella cuando era de quien menos quería hablar — supongo que no se enteró que saldrías tarde del ensayo y debe estar retorciéndose las manos preguntándose con quién estarás.

— No debe preguntarse nada, sabe que estoy trabajando.

— Vamos Terry, no has sido muy discreto en tus últimas correrías, a cada tanto aparecen en los diarios tus romances con todas esas mujeres…

— Bien, servida señorita, ahí está su casa — Karen miró la fachada de su casa mientras Terry bajaba para abrirle la puerta.

— Ya hablaremos después Terry, no te vas a escapar.

— Ya lo creo, hasta mañana Karen — se despidió Terry desde el interior de su auto y se marchó.

"Y"

Esos eran temas de los cuales prefería no hablar ni hacer mención, desde hacía unos meses atrás había comenzado a tener ciertas aventurillas románticas con algunas actrices, cantantes y bailarinas de moda, en todas esas mujeres cuyos nombres ya ni recordaba, esperaba encontrar ese calor que tanta falta le hacía a su espíritu, pero entre más las buscaba, más vacío se sentía y su alma se secaba más y más al ver el rostro enamorado de Susana que estaba decidida a quedarse con él para siempre…

Parpadeó fuertemente al tiempo en que daba vuelta por una de las calles, estaba oscura y húmeda por la escarcha que comenzaba a formarse sobre el asfalto, el piso brillaba reflejando la escasa luz que despedía un farol solitario y entrecortándose contra el trémulo halo de luz estaba una silueta, iba caminando con las manos dentro del abrigo y sin mayores prisas; una vez que pasó junto a esa persona Terry la miró, era la chica que le había servido el café esa mañana en el restaurante y llevaba la vista fija en el piso y ni siquiera la alzó cuando pasó él en su carro junto a ella.

Él avanzó un trecho corto y casi sin pensarlo se detuvo un poco más adelante esperando a que esa mujer pasara junto a su auto y ella lo hizo sin volver la vista hacia donde estaba él.

— Oye muchacha — dijo sacando su cabeza por la ventanilla — puedo llevarte si quieres.

Ella se detuvo y lo miró de reojo, lo reconoció como el tipo callado que había llevado a cenar a su prometida al restaurante y que esa misma mañana había tomado una taza de café.

— No, gracias — contestó con voz clara y sin emoción.

Terry la miró irse, no le extrañaba la respuesta que le había dado, lo que le parecía extraño era la falta de emotividad en sus palabras y su semblante distante y frío, si hubiese sido otra mujer, se subiría a su auto sin rechistar ni pensárselo dos veces, en cambio, ésta siguió caminando como si él no estuviera ahí.

Avanzó lentamente mientras ella caminaba hasta dar vuelta en un callejón sucio y estrecho y ahí entró en un edificio destartalado, él la miró hasta que la perdió de vista en los escalones de madera apolillada y fue hasta ese momento en el cual él se dio cuenta de que estaba siguiendo a una desconocida con la que apenas si había intercambiado un par de palabras.

— Debo estar volviéndome loco — dijo para si al tiempo que suspiraba y escondía su rostro entre sus manos.

Arrancó su auto y Ginebra lo escuchó alejarse mientras estaba recargada contra el rellano de la escalera, sentía como su corazón latía desbocado, ese hombre comenzaba a ponerla nerviosa.

"Y"

Esa noche de guardia apenas si había tenido tiempo para dormitar un poco, sus ojos se sentían arenosos y le ardían al parpadear, lo único que la mantenía de un buen humor era el pensar que esa tarde saldría con sus amigos a pasear por la ciudad y eso la llenaba de emoción.

Caminaba desganada hacia su dormitorio y arrastraba los pies como niña pequeña, lo que más deseaba en ese momento era darse una ducha caliente y dormir un par de horas; se encaminó a las escaleras y se disponía a bajar cuando algo llamó su atención.

Frente a la escalera, junto a un ventanal que daba vista al jardín principal estaba un hombre joven, sentado en una silla de ruedas y con las manos cruzadas sobre sus muslos, se veía pensativo y cabizbajo.

Candy caminó hasta donde estaba él y se paró a su lado.

— Disculpa — le dijo ella — ¿Esperas a alguien?, ¿tienes consulta?

Él alzó la cabeza y fue cuando Candy pudo ver bien su cabello castaño un poco crecido que inevitablemente le recordó el aspecto de descuido seductor que tenía Terry, pero sus ojos casi en su totalidad eran blancos en su totalidad, dirigió su cabeza hacia el lugar de donde provenía la voz de ella, pero sus ojos estaban dirigidos a un punto distante, el chico estaba completamente ciego.

— Sí — le contestó él con voz profunda — espero a Flammy.

— Bueno… no creo que tarde mucho en llegar… tú eres, ¿su prometido? — a Candy le costó un enorme trabajo pronunciar su pregunta, era como si las palabras se negasen a salir de su boca y se le enredaran en la lengua como hiel amarga.

— Sí, soy su prometido, me dijo que la esperara aquí mientras hablaba con un médico.

— Bien, no creo que tarde entonces, yo soy Candy, Flammy y yo fuimos compañeras en la escuela de enfermería.

— Mucho gusto Candy — contestó él ofreciéndole su mano esperando que ella la sujetara y cuando lo hizo la estrechó cálidamente — mentiría si te dijera que sé mi nombre, la verdad es que no lo recuerdo, pero en el pabellón Flammy comenzó a llamarme Bruno.

— Candy, ¿Qué se supone que haces? — la voz de Flammy sonó fría y cortante a comparación de la de Bruno, ella llegó sin hacer ruido y se paró detrás de la rubia, que al escucharla dio un respingo.

— Bu… buenos días Flammy, ¿Cómo estás?

— Como si eso fuera de tu incumbencia — contestó Flammy sin rastro de simpatía mientras sujetaba la silla de Bruno y se lo llevaba de ahí.

— Flammy, no tienes por que ser así con ella — Candy alcanzó a escuchar la voz de Bruno mientras se alejaban del lugar a lo que Flammy respondió con un resoplido enfadado.

"Y"

Por tercera vez Archie sacaba del interior del saco su reloj para consultar con una rápida ojeada la hora, ya más bien su acto parecía un reflejo involuntario al estar inquieto dentro del auto, estaba sentado junto a Paty y Annie que cuchicheaban sin prestarle mucha atención; el chofer había estacionado el auto junto al hospital mientras esperaban a que Candy saliera y por cuarta vez, Archie dirigía su mirada nerviosa a las manecillas de su reloj dorado.

— Creo que debería ir a buscarla — anunció él finalmente haciendo un intento por abrir la puerta del auto — ya se tardó.

— Vamos Archie, seguramente no tomará mucho tiempo más, lo más probable es que haya tenido algún imprevisto con un paciente.

La respuesta de Annie no lo dejaba del todo tranquilo, sabía que el trabajo de Candy podía llegar a ser muy estresante y absorbente pero no le gustaba que llegara tarde, siempre le corría por la cabeza la idea de que le pudiese ocurrir algo o de que algún patán aprovechado la estuviese molestando, deseaba salir del auto y entrar al hospital a buscarla y estar seguro de que se encontraba bien, pero trataba de controlar sus nervios tamborileando sus dedos sobre su pierna derecha.

— Mira Archie, ahí viene — no hacía falta que Paty se lo dijera, ya la había visto tan radiante como siempre con una falda de lino, recta y entubada que le resaltaba su figura curveada, ella era capaz de que a cualquier hombre se le escapara el aliento con sólo verla caminar, a Archie le encantaba ésa moda ya que de vez en cuando podía echar una furtiva mirada a los bien torneados tobillos de Candy.

— Perdonen el retraso — se excusó Candy cuando Archie bajo a abrirle la portezuela del auto — tuve que entregar los reportes de la guardia de anoche y se me fue el tiempo con eso.

Se acomodó junto con sus amigas y a una indicación de Archie el auto arrancó.

— ¿A dónde iremos? — preguntó Candy después de un rato, el auto dobló una esquina y Candy reconoció que llegaban a una zona muy exclusiva de la ciudad.

— La tía abuela quiere que almorcemos con ella — le anunció Archie sin tratar de darle mucha importancia al asunto, aunque sabía que posiblemente eso le incomodara un poco a Candy ya que continuamente seguía chocando su personalidad con la de la tía abuela.

— Pensé que iríamos a pasear — soltó Candy un poco consternada con la noticia, se sentía desilusionada, ésa no era precisamente la manera en la cual ella deseaba pasar su día libre. A pesar de que la tía abuela finalmente la había aceptado como un miembro más de la familia Andley, aún no aceptaba del todo que ella trabajara ni que viviese con las extravagantes modas que estaban invadiendo al mundo.

— Lo lamento Candy — se apresuró Archie a disculparse — pero la tía abuela insistió en que fuéramos a almorzar con ella, creo que últimamente se ha sentido sola y quiere algo de compañía, cuando terminemos qué tal si vamos a pasear al centro, no tenemos por qué quedarnos aquí toda la mañana.

— Claro Archie, no hay problema — aunque realmente sí lo había por que no quería estar escuchando las múltiples quejas y reprimendas que la tía abuela estaría dando durante todo el almuerzo.

— Oh, Candy, Patty, miren — Annie estaba señalando hacia la calle, justamente hacia un grupo de chicas que caminaban por la acera - ¿No creen que es hermoso ése corte de cabello?

— No se te vaya a ocurrir cortar tu cabello Annie — se quejó Archie en un tono seco — eso de que las chicas ahora parecen chicos creo que no me agrada mucho.

— Vamos Archie, está de moda el estilo garçon, es algo menos formal, pero no pierde el estilo elegante.

— Patty tiene razón Archie, no seas tan serio, Candy, ¿qué tal si vamos a cortarnos el cabello?, anda, sería divertido.

— No lo sé Annie, sería un cambio muy radical.

— Nunca te has hecho nada diferente, anda, no pierdes nada con experimentar — Annie, Archie y Candy miraron extrañados a Patty con su propuesta — es más, yo también pienso cortar un poco más mi cabello.

— Está bien, pero solo un poco — Annie sonreía emocionada ante la respuesta de Candy, aunque ella aún no se sentía del todo segura de querer cortar sus rizos rubios.

— Van a parecer muchachos — suspiró Archie con resignación — no le digan nada a la tía abuela, será mejor ver su reacción ya que las vea con el cabello corto.

"Y"

Llegaron en poco tiempo a la casa que estaba ocupando la tía abuela, grande y aristocrática como su posición requería, llena de habitaciones y viejos recuerdos escondidos entre antigüedades y pasillos interminables en donde las palabras se ahogaban y la soledad se hacía presente a cada respirar.

Entraron siendo escoltados por el mayordomo y los guió hasta un pequeño recibidor que era ocupado para ocasiones menos formales, ahí estaba parada la tía abuela, con su porte recto e impecable mientras veía un retrato al óleo.

— Buenos días tía abuela — saludó Archie dirigiéndose hacia ella.

— Él es mi hermano Preston — le dijo ella tranquilamente, como si no hubiera escuchado el saludo de Archie — tenía espíritu aventurero y le encantaba viajar, fue una lástima que muriera tan lejos del hogar.

— ¿En dónde murió? — las palabras de Candy hicieron que la anciana saliera de sus pensamientos y clavó los ojos directamente en ella.

— En África, le llamaba la atención explorar las ruinas egipcias y enfermó de malaria — el tono de voz que utilizaba con Candy era rígido, aún no la aceptaba completamente como un miembro de la familia — era muy joven, apenas tenía veintiocho años, no se casó ni tuvo hijos, de no haber enfermado él hubiese sido la cabeza de la familia por derecho de herencia.

Candy miró el retrato y le recordó muchísimo a Albert, ya que al igual que él, tenía el cabello rubio y los ojos azules y al parecer, el mismo carácter curioso e inquieto.

— Pasen a la terraza, he pedido que nos lleven el almuerzo ahí — la tía abuela se adelantó hasta la terraza y ya estaba dispuesto el almuerzo sobre una mesa con un mantel blanco con bordados a mano, seguramente hecho por ella misma en sus momentos de ocio.

— Y bien Archie, dime, ¿ya han fijado fecha para la boda? — preguntó la tía abuela mientras veía como una de las doncellas servía jugo de naranja en las copas.

— No, aún no — Archie sintió como si se le enredara algo en la garganta y le impidiera respirar bien, a pesar de que quería a Annie, aún no la amaba lo suficiente como para querer formalizar ésa relación.

— Bien, cuando lo hagan, quiero que me avisen con anticipación para poder organizar una recepción adecuada-

— No se preocupe señora Elroy, usted será la primera en saberlo — le ontestó Annie con una gran sonrisa, esperaba que Archie le pidiera matrimonio en poco tiempo.

— Disculpe señora — se disculpó el mayordomo que traía una carta sobre una charola plateada — le ha llegado éste telegrama urgente.

— ¿Un telegrama?, no me imagino de quien podrá ser — la tía abuela tomó el papel y comenzó a leerlo al tiempo que los labios se le secaban y comenzaba a faltarle la respiración — por Dios…

Fue lo último que alcanzó a decir ya que se desplomaba inconsciente, Archie se levantó como impulsado por un resorte para auxiliarla mientras el mayordomo la sostenía.

— No la muevas Archie — le ordenó Candy que ya estaba junto a ella tomándole el pulso.

— Patty, ¿qué dice ése telegrama? — preguntó Annie mientras abanicaba con una servilleta a la anciana, Patty tomó el papel del piso y comenzó a leerlo.

— Han encontrado vivo a Stear… — contestó Patty al borde del llanto.

"Y"

Toda la mañana habían pasado ensayando la escena del baile de máscaras y Terry se sentía al borde de la desesperación, aunque ya en las últimas dos horas por fin habían conseguido un gran avance y ya nada más faltaban algunos detalles por arreglar, pero eso no evitaba que el casnancio lo invadiera, junto con deseo de echarse en su cama y no despertar por varios días, pero como sabía que eso era prácticamente imposible lo único que atinó a hacer fue el irse a su camerino en el descanso y recostarse sobre un diván que tenía para su uso personal.

Cerró sus ojos por un momento tratando de relajarse y de olvidarse de todo lo que sucedía a su alrededor, había veces en que deseaba a quedarse a vivir para siempre en el teatro con tal de escaparse de Susana que día a día se volvía más aprensiva con él, pero inevitablemente trataba de hacerle frente a ése problema de la manera más estoica posible, aunque a veces, al llegar a su casa y ser recibido por la oscuridad y el frío se desquitaba con cuanto mueble encontrara a su paso mandándolo a volar a un rincón de un certero puntapié.

Estaba comenzando a sentirse más tranquilo cuando un par de golpecillos trémulos a su puerta hicieron que diera un respingo, intentó ignorarlos girándose sobre su costado derecho, pero alcanzó a escuchar como giraban lentamente la perilla.

— ¿Terry? — una voz femenina que no reconoció le hablaba desde el hueco de la puerta, no le interesaba quien fuera, así que ni siquiera dio señas de haberla escuchado – Terry, perdona que te moleste, pero… es que yo…

— Vete de aquí — ordenó él con voz ronca y cansada.

— No te molestes Terry — se justificó ella nuevamente — lo que pasa es que me preguntaba si te gustaría ir a almorzar conmigo-

— ¿Quién eres? — preguntó él alzando la cabeza para verla mejor, pero no la reconoció.

— Soy Grace Spencer — contestó con una sonrisilla tímida — no tiene mucho que entré a la compañía y pensé que sería lindo conocernos un poco.

— Hmmmmm, no gracias — le contestó él sin rechistar, al tiempo que volvía a recostarse sobre el almohadón del diván.

—¿Cómo? Pero es que, es un simple almuerzo.

— Tienes razón — contestó él incorporándose — tengo hambre, así que iré a almorzar, pero no contigo, prefiero hacerlo sólo.

Pasó junto a ella tomando su chaqueta del perchero y abrió la puerta parándose a un costado mientras le hacía una seña a la chica para que saliera.

— Es mucho mejor comer acompañado, ¿no crees? — ella le sonreía de una manera un poco más seductora esperanzada de que lograría convencerlo.

— Y es mucho mejor cuando mi acompañante me agrada — las palabras de Terry le cayeron como agua helada, ya le habían dicho que él era muy reservado, pero nunca creyó que le daría ésa respuesta y sin más, él salió por la puerta trasera sin mirarla otra vez.

"Y"

Caminó por las calles congeladas, el frío era cada vez mayor pero le agradaba ése ambiente grisáceo con aire de melancolía que se respiraba por toda la ciudad.

Llegó al restaurante de la señorita Goldsmith y al abrir lo recibieron los repiqueteos de las campanillas que él comenzaba a odiar, se fue a sentar directamente en la mesa que siempre ocupaba y echó un vistazo al negocio, quizás sería por el frío que imperaba en la zona, pero el restaurante estaba vacío o excepción de él, que era el único cliente.

— Buenos días, le dejo la carta — era aquella chica que ahora era la nueva mesera, Terry sujetó la carpetita de cartón negro que ella le ofrecía mientras la miraba directamente.

— Lamento haberte asustado anoche — le dijo sin dejar de verla mientras ella colocaba el azúcar y la crema sobre la mesa.

— No me asustó — le contestó sin mirarlo, algo en él la ponía nerviosa.

— No creo que sea correcto que una dama camine sola por las calles a ésas horas de la noche

— Es la hora en que salí de trabajar, en seguida vuelvo a tomarle su orden – Ella se alejó bamboleando su larga trenza mientras recogía algunos saleros vacíos y servilletas sucias de las otras mesas y las colocaba en una charola que llevaba a la altura de su hombro.

Detrás del mostrador estaba Frederick retocándose su envaselinado cabello mientras veía de reojo a ésa chica, llegó un momento en que no le quitó la mirada de encima y se dedicó a mirarle descaradamente las caderas y las pantorrillas, desvió su vista únicamente cuando se dio cuenta de que Terry lo estaba viendo.

— ¿Ya está listo para ordenar? —había regresado la mesera y llevaba una pequeña libreta en su mano y estaba atenta esperando a que Terry le dijera qué quería comer.

— Deberías cambiar de empleo, en el teatro en donde trabajo están solicitando una chica que haga el aseo — ella lo miró sin comprender parpadeando un par de veces — no es muy conveniente que sigas aquí y más sabiendo cómo es Frederick.

— ¿En el teatro? — preguntó ella, como si con eso comprendiera mejor lo que Terry le acababa de decir.

— Sí, hace días que no se presenta a trabajar la mujer que hacía la limpieza, así que será despedida, podrías pasar en la tarde a preguntar.

— Como si fuese tan sencillo, soy extranjera y no tengo recomendaciones.

— Ve al teatro hoy, pregunta por Robert Hattaway, dile que te envía Terry.

Ginebra suspiró, no estaba segura de poder cambiar de empleo tan rápido aunque eso de ser mesera y la que hacía la limpieza en el lugar no era nada sencillo.

— ¿Ya está listo para que le tome su orden?

"Y"

Listo el tercer capítulo, muchas gracias a las personas que han estado leyendo mi historia, pero quisiera puntualizar algo sumamente importante:

Hace unas semanas se dio un conflicto con una chica del fandom de Yuri On Ice, ella escribía un fanfic que no terminó como sus seguidoras lo esperaban y fue atacada de manera personal, las chicas publicaron información de ella, sus teléfonos e incluso su dirección para que los demás pudieran agredirla y todo porque no escribió lo que ellas esperaban. No sé cómo va el asunto de ella, pero resulta frustrante que las personas se vayan a esos extremos del fanatismo; y se preguntarán ¿Qué tiene qué ver esto con el fandom de Candy Candy? Pues que hace unos tres o cuatro meses, comenté en un grupo de seguidoras de la historia, que quizás Terry y Candy pudieron sanar sus heridas y seguir sus propias vidas sin encasillarse en una relación que no pudo ser, quizás solamente era un amor inmaduro de adolescentes y que con el tiempo, habían encontrado a alguien más para seguir adelante. Recuerdo la cantidad de insultos y ataques que recibí por haber hecho ése comentario y mejor opté por salir del grupo.

Esto lo escribo porque no creo que Terry se haya quedado célibe como santo, esperando a que Candy volviera por él, ni tampoco creo que Candy se quedara a convertirse en una pasa de uva esperando a que pasara un milagro y que volviera a poner a Terry en el camino de su vida. Por eso es que quise escribir esta historia, todos quedamos frustrados con el final tan escueto que nos dieron las dibujantes del manga y muchos buscamos un final alternativo. Así que por favor, si no les gustan los OC o esperan que esto sea puro amor y dulzura de la pareja Canon y no son tolerantes con las ideas de los demás, les pido de la manera más atenta y amable, que sigan de largo, para evitar conflictos y que alguien me suelte algún insulto por no pensar como los demás o aceptar la historia sin refutar. Así no funciono yo.

Y ahora sí, pasemos a algo más agradable después de ésta rápida aclaración.

Phambe, merci beaucoup pour tes commentaires, toi es la premiere personne qui m'écrire en a different idiome. Excuse moi pour mon français, c'est pas bon, j' ai etúdie le français, mais que j' ai oublie tout.

Vialsi, no te preocupes, el soldado ciego no es Stear y tienes razón, también a mi me molesta Candy cuando está de bondadosa con la gente que la trata con la punta del pie. Tengo aproximadamente hasta el capítulo 20 de éste fic, tengo que hacerle muchas correcciones, pero espero ir subiendo un capítulo por semana.

Dianley, creo que Terry nunca le hizo caso a Susana y ahora más que nunca y como dicen por ahí "Las palabras lastiman, pero la indiferencia mata".

Darling Eveling, gracias por seguir mi historia, significa mucho para mi.

Gracias a las personas que llegan como visita y que me dejan un comentario y a los lectores fantasma que me leen, su apoyo es muy importante. Nos leemos la próxima semana.