Naruto es de Kishimoto


Capítulo 3.

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Hashirama despertó en calma, se frotó los ojos y bostezó. Salió de la cama buscando a Mito. La halló arrodillada frente un santuario, concentrada en sus plegarias, con un incienso encendido. Quiso marcarse para darle algo de privacidad, pero ella lo detuvo, ya que no había interrumpido su charla.

—¿Hablabas con tu madre?

—Con ella, y con mi hermano.

Él pensó en Itama, Kawarama, su madre y en el futuro de Tobirama. Le reveló su precoz pérdida durante el desayuno. Pero también entre la tristeza, él compartió sus momentos más entrañables y queridos con quienes ahora ya no estaban.

—A mi madre seguramente le hubiera gustado Uzushio tanto como a mí —reconoció, aunque Mito ya había recogido y equipado las pertenencias de ambos en diminutos pergaminos para regresar, la mente de Hashirama estaba pensando en cómo aprovechar al máximo el corto descanso. Total, podía ir al puerto más tarde.

—¿Qué es lo que más le gusta?

—Definitivamente sus paisajes de exuberante belleza, y me encanta el jugo de coco. Hablando de eso, ¿por qué no tomamos unos cocos antes de irnos? ¿dónde se bebe unos buenos cocos?

Muy entretenida con su idea, ella no dudó a llevarlo al mejor lugar que conocía. Situado bien en el centro de la isla, esa taberna había sido el lugar donde su hermano había conocido a su esposa, quedando cautivado temporalmente. Mito sabía por sus palabras que él solamente volvía a concurrir a ese lugar, que le recordaba sus errores, por la frescura que tenían los cocos allí.

Tanto les había gustado, que en medio de un relato de Hashirama explicando cuando había tomado agua de coco por primera vez, casi ingirieron el equivalente a un coquero. Aunque la fortuna de los Senju lo mantuvo inalterable pagando la gran cuenta.

Saliendo del lugar, él descubrió que la comida favorita de ella era el camarón frito que se compraba en las calles.

—¿A qué sabe?

—Es un pequeño instante de felicidad y perfección.

—No sé a qué sabe la felicidad y la perfección.

No había explicación ni descripción que le hiciera justicia al exquisito sabor que en realidad tenía. Luego de varios intentos de Mito para no abandonar el centro del país, al final se resignó y accedió ir a las zonas menos pobladas pero con más puestos de comida para que él entendiera lo magnífico que era ese manjar.

Todos los ninjas tenían un idioma común, pero no se podía comparar con la jerga de las diferentes culturas de cada clan. Los Uzumaki tenían un gran abanico de lunfardos que utilizaban en cada diálogo. Mucha frases, teniendo en cuenta el contexto, eran interpretadas o malentendidas. Hashirama había comprendido; sin necesidad de ninguna explicación; que la frase "atacar al enemigo con caracolas" significa usar ataques que no afectan al contrincante. Pero había otras palabras que escuchaba y no encontraba el significado, asi que se las susurraba a Mito.

—Supongo que 'se ahoga en arena' y 'le pone sal a mar' se refieren a personas inútiles.

—Ahogarse en arena, mas bien, quiere decir que una persona ve todo lo negativo en cualquier situación, incluso cuando no hay —lo corrigió y mordió un pedazo de camarón

—¿Estas hablando de mi padre? —lo dijo con picardía pensando en los dichos de su progenitor. Su ocurrencia casi hizo que ella escupiera la porción que masticaba. Respiró profundo y contuvo la carcajada mientras él la contemplaba muy sorprendido, era la primera vez que la veía perder su acostumbrada elegancia y ser más suelta.

Ellos atravesaron los alrededores menos poblados, no oyeron el principio del diálogo, pero clara como el cristal fue la última frase 'las almejas sólo producen perlas'. A Mito le sobrevino una conocida impotencia que le recorría las venas. Esa bronca enterrada le hizo agudizar un poco la voz cuando Hashirama hizo la pregunta.

—Las almejas son las mujeres y las perlas los hijos —ella se llenó de amargura. Su madre había sido catalogada después de su muerte como una almeja inservible o defectuosa.

—¿Cómo era tu almeja-madre? —en definitiva ese hombre leía sus pensamientos o ella era demasiado obvia.

—No sé nada de ella, a mi padre no le gusta hablar de ella —ella nunca se atrevió a preguntarle nada, hasta los traidores del clan eran mencionados más veces que su madre. De hecho, no recordaba que él hubiera visitado su tumba.

—Creo que si mi madre hubiera muerto en mi nacimiento, tampoco sabría nada de ella —podía haberse ofendido por su comparación y leve presunción. Pero ella entendió su muestra de que sus dolores eran parecidos—. Me aterra olvidarme cosas acerca de ella y de mis hermanos. Cuando regresemos, ¿irías a sus sepulcros conmigo? Significaría mucho para mí.

—Con su compañía iría a cualquier lado —no era tan así como había expresado. Pero no sentía la inmensa necesidad de rechazar su propuesta.

Fueron hasta el puerto y compraron los boletos, él le quedó preguntar el significado de otra palabra que escuchó, pero se inquietó ya que se olvidó qué rara frase era.

Con solamente una hora disponible, se apuraron por llegar para despedir a Arashi y su hospitalidad imperceptible. Imposible para muchos, él ya no tenía ningún trabajo atrasado, toda la explicación se resumió con el fuerte aroma a café que había en la oficina y él profundamente dormido en la posición más incómoda.

Si el hermano de Mito, hubiera estado despierto, ella no lo le hubiera propuesto a Hashirama visitar la tumba de su hermano y su madre.

En la costa, del suelo arenoso salía dos amapolas marinas, sus tallos bailaban por orden del viento, sus pétalos combinaban con la arena. Allí estaban enterrados los cuerpos.

—¿Cómo era tu relación con tu hermano? —aunque él había visto su trato con su hermano mayor. Él mismo nunca se había llevado con Tobirama de la misma manera que con Itama o Kawarama.

—Se suponía que nacería conmigo, ni él ni mi madre pudieron sobrevivir —sus ojos relataban tristeza, pero no por los dos cadáveres debajo de la arena. A todos los hubiera encantado que su desconocido y difunto hermano hubiera sido el vivo y ella la muerta. Era más importante la vida de un hombre que la de una mujer. Si alguien lamentaba la muerte de su progenitora era por no haber parido más descendientes.

—La vidas de los ninjas son tan cortas como el soplo de una vela. Pero la llama de tu hermano apenas rozó la mecha — una comparación tan sentida como dolorosa.

—Tan sentidas no podían ser —sonrió por pura cortesía.

—Quiero mostrarte algo.

Hashirama se apartó en silencio, acercándose a la arena más húmeda y moldeable. Se subió las mangas y formó varias estructuras, una al lado de la otra, al principio parecían montañas. Los arreglos que le hizo las hicieron similares a complejos, había muchos detalles en cada uno. Él escribió con su dedo sobre cada uno algo, los símbolos de los diversos clanes del país del fuego. En el centro estaban los emblemas de los Senju y los Uchiha.

—Este es mi sueño —confesó—. Que todos los clanes puedan convivir en paz, pero siendo una verdadera armonía.

Le estaba mostrando su más gran anhelo, su meta por la cual se levantaba todos los días, su deseo más grande de todo corazón, y ella podía apoyarlo o no. Él necesitaba saberlo.

No podía imaginarlo, paz y clanes eran término contrarios. La locura explicaba porque él eran bastante inusual. Tanto su poder como sueños eran casi imposibles.

—¿Cómo piensa lograr eso?

No le mostró su aprobación, pero era mejor que cerrarse ante su idea, le estaba dando una oportunidad.

—Si nos aliamos con los Uchiha, lo demás no será sencillo, pero será el principio.

Los Uchiha preferían morir luchando contra ellos, que formar una alianza. Ambos clanes se repelían desde generaciones.

—¿Cómo está tan seguro que querrán llegar a un acuerdo?

Él pensó en el jefe de los Uchihas. Ambos se ocupaban de la misma responsabilidad. Ellos eran todavía más conscientes de las consecuencias del actual sistema ninja. Aunque Madara parecía intransigible, él conocía esa parte que el Uchiha no mostraba, que él vio cuando eran niños. Hashirama estaba dispuesto a todo para negociar con él.

—Ellos no son ajenos a las consecuencias de nuestra enemistad.

—Ya deberíamos irnos.

Él le agradeció el recordatorio. De la nada agregó—. Ya recordé la frase —ella sonrió por ese tema que había quedado olvidado—. 'Le sellaron el corazón'

—Cuando alguien ama incondicionalmente a otra persona —lo miró atenta a su expresión.

—… Es muy poético —después de un momento de quietud, se hallaba impresionado con la carga simbólica.

En cuestiones de sentimientos, ella le gustaba, disfrutaba su compañía y cada vez que la veía la notaba más hermosa. Pero su lado más libre era encantador, más cálido y sobre todo, más sincero. Eso producía que la quisiera un poquito más.

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La cantidad de asuntos pendientes del clan era demasiada, una cruel consecuencia de tomarse unos días libres, un recordatorio de por que él no tenía vacaciones. La mirada de los ancianos denotaba que la próxima vez olvidara la idea.

Mientras escuchaba el informe de unos ninjas, de la edad de sus difuntos hermanos, que le informaban que su misión no había tenido complicaciones, él se sentía aliviado. No le gustaba enviar a niños a misiones complicadas, había odiado a su padre por hacer eso y él evitaba por todos los medios imitarlo. Su frustración era grande cuando no le quedaba más remedio que asignarles misiones arriesgadas.

Con el regreso de los chicos, ahora su máxima preocupación era su esposa y su notable nostalgia.

Desde el principio, Mito había sido muy buena ocultando todo registro de sentimiento que no fuera favorecedor. Odiaba equivocarse como si le estuviera fallando a él, incluso, sus acciones buscaban no cometer errores cuando él estuviera presente.

Entonces, habían pasado dos días en Uzushio porque el pensaba que les haría bien a ambos. Lo habían pasado de maravilla, en lugar de pensar en cada uno de sus movimientos, ella vivía las sensaciones sin importarle tanto su entorno. Pero eso había sido un arma de doble filo. Tantas insuperables experiencias, al volver a su rutinaria vida en el país del fuego, hicieron que se sintiera estancada.

Hashirama no podía complacer a todos. Lamentaba tener prioridades, pero no siempre podía ser buen líder y buen esposo. Podría hacer más por ella, pero otras responsabilidades le ataban las manos muy fuerte, hasta el punto de inmovilizarlo observando como su esposa estaba sin apoyo moral.

Decidió darse un descanso, aunque sea quería pasar unos minutitos con ella. En el pasillo, esquivó a su hermano, no quería encontrarse con nadie que interrumpiera su paso. Soltó un suspiro cuanto llegó a su destino, como si estuviera escapando de algún enemigo.

—Que gusto verlo —lo saludó de espaldas y luego se dio la vuelta para sonreirle, se estaba preparando para cenar—. ¿Desea comer?

—¿Cómo supiste que era yo? —se ubicó junto con ella.

—Conozco el sonido de sus pasos —le reveló.

—¿Soy muy ruidoso?

—Yo diría que arrastra un poco los pies.

—Soy propenso a tropezar con las cosas. Hoy entré a la oficina y me llevé por delante un escalón. Estaba muy distraído.

—¿Hay algo que lo preocupa? —ella se acercó un poco más, dispuesta a escucharlo.

—Tú me preocupas.

—¿Yo? ¿Por qué? —se alejó un poco angustiada.

—Sé que estás pasando un momento duro. Extrañas tu país, allí y acá te sientan diferente.

Ella abrió la boca, pero sus labios tardaron en producir alguna palabra, estaba acorralada entre la katana y un barranco. Mordió su labio y no aguantó más su mirada. Exhaló con fuerza y se masajeó la frente. Él la esperó.

—Lamento mucho haberlo preocupado — todavía le costaba mirarlo, él intentó verse receptible, pero no vio cambio—. Admito que le confiero un gran amor a Uzushio, y en estos momentos, no he parado de vivir en el ayer. Estoy muy avergonzada de mi comportamiento.

De principio a fin la confesión le había resultado muy desatinada, pero él había esperado que ese desahogo la liberará, sin embargo no lo había conseguido, la estaba martirizando hasta hundirla.

—No es un error, Mito. Tu amor es sincero, así que no seas dura con los recuerdos de tu niñez.

—Pero no deseo que ese amor termine perjudicando a las personas que aprecio.

—Yo siempre me voy a preocupar por ti, te quiero mucho —ella ocultó lo fuerte que le causaba su revelación—. Pero no por que seas mi esposa. Me preocupo por que veo, aunque intentes que nadie lo haga, como sobresales tanto como yo y cuidas de una manera casi inhumana cada uno de tus pasos.

—Desde siempre he sido juzgada por todos. Es normal que todos me noten, tengo el cabello rojo.

—Pero allá no estuviste al pendiente como aquí de quienes te miraban, ni siquiera destacabas. Por eso mismo estabas cómoda —dejó su sopa medio terminada y se acercó a ella.

Por su movimiento ella podría incomodarse o enfadarse con el estrés que su conversación le generaba. Con cuidado y la curiosa mirada de ella, sacó los accesorios que mantenían a su flequillo peinado. Su dedo índice y el del medio agarraron el mechón rojo como si fueran una pinza en el principio de su frente, los deslizó hasta que llegaron a la punta de su suave pelo—. Allá todos comen muchos tomates —ella sonrió recordando a Reiko y asombrada de que él no había olvidado eso.

Siendo considerado, acomodó su flequillo detrás de su oreja y apoyó su mano en su mejilla. La piel clara de su esposa con contrastaba más su morena mano. Su pulgar acarició su conciso pómulo y el meñique tocó el extremo puntiagudo de su mandíbula.

—¿No tiene que regresar? —su tono era relajado, y aunque sus músculos faciales se habían contraído por el calor que desprendía, su voz no mostraba desagrado.

—Me duele bastante que te desagrade mi compañía.

—Como usted se preocupa por mi bienestar, a mi me preocupa las distinguidas ojeras que tiene.

—Son de nacimiento.

Ella ahora rozó sus ojeras, pero igual parpadeó varias veces por instinto—. Las de nacimientos llegaban hasta aquí —indicó—. Ahora las bolsas llegan aquí — sus dedos tocaban su mejilla, pero su tentadora mano estaba al nivel de sus labios. Besar su mano estaba fuera de sus límites aunque pareciera tan cercano, fácil y tentador.

Alguien entró y Mito alejó su mano, pero Hashirama mantuvo la suya. Al igual que ella conocía su andar, él reconocía el sigilo de Tobirama.

—Lamento interrumpirlos, pero debes acompañarme, hermano.

—Está bien, Tobi. Ya me estaba despidiendo de Mito —pero antes de decir algo, la besó justo en donde estaba ubicado su sello—. Cuídate.

Parsimoniosamente, ella los despidió. Ya sola, seguía sintiendo el calor en sus mejillas.

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Despedirla con un beso en la frente no fue un hecho aislado del momento, se volvió una costumbre tanto de despedida como de bienvenida.

Quizás él quería transmitirle seguridad, o como no se acostaba con ella, así expresaba su deseo lujurioso o tal vez se estaba enamorando de ella. Sin importa cuál fuera su razón, a ella le gustaba ese gesto. Se sentía cuidada. Si ella fuera una persona guiada por todo lo que sentía, hubiera acercado su cara a sus labios para recibir esa agradable caricia. Aun así, cerró los ojos, cuando él repitió el saludo. Recreó esa acción, pero en lugar de su frente, ella imaginaba que él besaba sus labios, y en respuesta, se le contrajo el abdomen.

Muy hipnotizada, queriendo impulsar a su imaginación, miró sus labios y aunque luego los desvió, tuvo una buena imagen visual para su fantasía. Él, en cambio, no la había descubierto porque no estaba mirando sus ojos, sino su frente.

El tremendo control de chakra de los Uzumaki era valeroso, pero entre ellos mismo había quienes estaban más refinados que otros, los cuales estaban más predispuesto a ser usuarios de técnicas prohibidas, o desarrollar nuevos jutsus. El sello yin que ella tenía estaba a un nivel superior, tanto por su singularidad como por la inmensurable cantidad de chakra que guardaba.

Para casi todos, Mito era una simple kunoichi con un simple rombo tatuado en la frente. Los límites de Mito eran más extenso de que cualquiera, incluido él, podían exagerar.

—¿Cuándo despertaste esto? —su índice tocó el sello.

Jamás Hashirama le había preguntado algo respecto a la técnica de sellado que había perturbado a su clan. Muy pocos tenían una idea vaga de lo que le permitía hacer. Él sacaba el tema y no le interesa su función.

—Lo tengo desde los 15.

—Te hace muy imponente.

—Gracias —ella le dio otra observación, para no perder de vista los indicios—. ¿Se cortó el pelo?

Él se lo afirmó, agregando que su pelo crecía muy rápido—. A veces aunque me lo acomode, vuelve a taparle la cara y termino así —agarró un mechón que difuminó su visión. Mito sonrió, con la diversión expresada en sus ojos, colocó las largas hebras castañas en su lugar.

—Gracias.

—De nada —peinó sus dedos en su lacio cabello, sabiendo que estaban muy cerca, pero ella no se inhibió.

Nunca habían estado tan cerca del otro, él podía diferenciar ya su pupila de su iris negro. Ella notaba la curva de sus pestañas, una incluso estaba torcida de manera horizontal. El espacio era finito, él puso su mano en su cabeza, pero en lugar de acercarla para probar sus labios, eliminó sus rodetes, ella sintió un dolor en el cuero cabelludo ante ese alivio y bastante vergüenza, ya no tenía esa seguridad que le proporcionaba su peinado. Se tocó la cabeza y se lo emprolijó con los dedos.

Él muy complacido, la besó con paciencia por primera vez, sintiendo más su cercanía. Se miraron de nuevo, y ella descubrió que él también había estado conteniendo la respiración, todo ocurría lentamente.

Él sonrió encantado y volvió a seguir con la acaricia, con más confianza en expresar sus sentimientos en la acción. Ella recibió sus brazos que la rodearon, tan sobrecargada de sensaciones, no se sintió aterrada cuando él la recostó. Todo dejó de ser tan difuso cuando el extenso cabello de él cosquilleo sus mejillas y orejas, se sobresaltó y puso los pies en la tierra.

—¿Estás bien? —él se apartó unos centímetros—. Lo siento, me dejé llevar.

Le costaba un poco respirar, negó con la cabeza y recuperó el habla—. Hace cosquillas —Mito susurró y se acercó para que él pudiera volver a unir sus labios. Ella enredó sus brazos en su cuello pegando sus cuerpos.

Ella acarició su pecho y lo empujó un poco, deteniendo el beso, tenía las mejillas rojas y estaba muy acalorada, llevó sus manos a su cintura, pero él las detuvo con las suyas, ahí ella entendió que estaba temblando como si tuviera hipotermia. Sus nervios y temores estaban a flor de piel. Lo que más ansiedad le daba iba ocurrir, costara lo que costara. Agarró sus manos para que él, muy perplejo, fuera quien le abriera el kimono.


Bien, creo que no hace falta mencionar que soy un queso escribiendo escena de sexo, además no siento que fueran a quedar bien con el tipo de detalles que yo pongo.

Más cosas que decir:

1- La madre muerta y su hermano gemelo son producto de mi cabeza.

2- No sé burlen de la jerga Uzumaki.

3- Me expresé mal en el capítulo anterior, no veo a Hashirama capaz de acostarse con una mujer desconocida.

4- Hashi (desde ahora acortaré el nombre, muy largo) no ama a Mito todavía, apenas la está conociendo y lo mismo para Mito.

5- El beso en la frente fue una referencia a Tsunade y Dan.

5- ¿Los hice acostarse sin amarse? Sip, a los clanes les encantan los herederos y ellos se estaban tardando.

6- Comenta si quieres.