Pues aquí os traigo el segundo capítulo.

Quería primero asentar a Quinn en la nueva ciudad.

Gracias por los comentarios y los ánimos, que ayudan a que quiera continuar con la historia. Espero que sigáis dándome vuestra opinión.


Capítulo 2: Bienvenida

Hace un par de horas que el Sol ha salido de su escondite dando por iniciado un nuevo día, un día con tintes optimistas y diferentes, o al menos eso piensa Quinn mientras se despereza y se abrocha el cinturón de seguridad y pone el respaldo de su asiento en posición vertical, según las indicaciones del capitán que pilota el avión que está apunto de aterrizar en el Aeropuerto de El Prat de la ciudad de Barcelona. En un acto reflejo la rubia mira por la ventana y divisa el paisaje barcelonés, no lo había hecho hasta ese momento a causa del pesado sueño que la atrapó en medio del vuelo; la costa catalana a escasos kilómetros de donde se posiciona el aparato parece darle la bienvenida con un día caluroso, aún no ha acabado el verano en el sur del mediterráneo y eso se hace presente en las madrugadoras personas que ya ocupan un lugar en la arena de la playa que puede observar desde su ventanilla.

- Queridos tripulantes, estamos a punto de aterrizar en el Aeropuerto de Barcelona, la temperatura media es de unos 21 grados centígrados, la hora local es de 6.45 de la mañana y el cielo como pueden observar se presenta despejado. Espero que hayan disfrutado del vuelo y esperamos volver a viajar con ustedes lo más pronto posible, muchas gracias y feliz estancia- dice el piloto justo antes de empezar las maniobras de aterrizaje.

Al otro lado del océano Atlántico, concretamente en la ciudad de Lima del estado de Ohio, un pequeño cuerpo hecho un ovillo descansa sobre la cama con la lámpara de la mesita de noche encendida. Rachel mira hacia la ventana de su habitación mientras escucha una voz proveniente del cuarto de baño:

- Rachel, te has dormido?- le pregunta la voz.

- No, Kurt. No puedo dormirme- balbucea con la mirada perdida en la ventana.

- Qué piensas hacer mañana?- le inquiere el chico justo al abrir la puerta y entrar en el dormitorio.

- No lo sé…-contesta incorporándose en la cama- Creo que primero debería de hablar con Finn, no se, el pobre se merece una explicación. Todo esto ha venido de golpe y ni siquiera yo lo he asimilado…-continúa haciéndole un hueco a su amigo que seguidamente se posiciona a su lado.

- Vaya día, eh?- pasa el brazo por su nuca y la abraza- Quién me iba a decir a mi que Rachel Berry dejaría plantado al quaterback del equipo de fútbol, por el que lleva suspirando desde hace tres años, nada más ni nada menos que por la ex de este y que encima era su mayor enemiga- formula irónicamente.

- Joder, Kurt… Creo que la he fastidiado, Quinn no querrá volver a verme en la vida…- se lamenta.

- Claro que sí, solo que a veces las cosas no salen como queremos y es de humanos cometer errores, ella debería de ser la primera en saberlo- dice intentando consolarla- Y si nadie se ha dado cuenta de lo vuestro, a excepción de mi y de Santana, aunque por lo visto tienes que hablar con ella también- le recuerda- si nadie se ha dado cuenta es porque Quinn realmente quería que te aclararas, te dio el espacio y el tiempo suficientes, y eso no lo hace cualquiera, Rachel. Alguien que de verdad te quiere esperaría la vida entera para estar contigo- señala mirándola a los ojos.

- Ya, pero me he comportado como una niña caprichosa que quiere tenerlo todo y le he hecho daño a ella y a Finn… Y ahora estoy aquí lamentándome por no haber tenido el valor de haberme comportado como una adulta- se lamenta.

- Bueno cariño, no todos tenemos la misma capacidad de reacción ante los dilemas que nos aparecen, y tú necesitabas tiempo para aclararte, y bueno te has aclarado justo hoy..

- Kurt…-le susurra- de verdad te parece una locura que me vaya a Barcelona?

- Por ahora será mejor que nos vayamos a dormir, mañana será otro día. Con una taza de café se piensa mejor, no crees? Además, tenemos que hablar con Santana, creo que en este caso ella sabrá qué hacer- finaliza y los dos se acomodan en sus respectivos lados de la cama cayendo rápidamente en un sueño profundo.

El aire entra por sus pulmones como una ráfaga revitalizadora: cálida, suave, sedosa como si de un manto aterciopelado se tratase. Después de dar una gran bocanada, se dispone a bajar las escaleras auxiliares del avión; al llegar al último escalón lo hace despacio, con gracia y expectación antes de pisar suelo barcelonés. De la pista de aterrizaje pasa adentro del aeropuerto a la zona donde se encuentran las cintas transportadoras de las maletas del vuelo procedente de Nueva York, donde previamente tuvo que hacer una escala. Cuando se hace con la suya se dirige con paso ligero hacia la salida, en primera instancia no ve a nadie con un cartelito con su nombre como se suponía que tenía que ser. Dos meses atrás cuando recibió la carta de aceptación de la universidad se volcó en buscar un apartamento, a ser posible compartido, y dio con el lugar idóneo: una chica llamada Sara Miranda buscaba compañera de piso para compartir en Barcelona, concretamente en la calle Aribau que casualmente era una de las calles con la que la facultad de Quinn hacía esquina, así que lo vio como una oportunidad idónea. Al ponerse en contacto con la chica congeniaron de inmediato, Quinn le explicó las circunstancias de su traslado a la ciudad de Barcelona, cosa que Sara entendió a la perfección y le ofreció irla a buscar ella misma al aeropuerto, la rubia aceptó con agrado ya que le pareció una chica en la que se podía confiar. Después de aquella llamada intercambiaron un par de emails durante los dos meses posteriores; al parecer Sara se encontraba en la ciudad como becaria del Cuerpo Nacional de policía, tanto su padre, su abuelo y dos de sus tías eran agentes de policía, así que decidió ir por el mismo camino y empezar a labrarse un futuro haciendo cumplir la ley, o al menos a eso aspiraba, ya que por ahora debía preparar sus oposiciones para el ingreso en el cuerpo. Por esto y por algunos cuantos motivos más, relacionados con el piso, Quinn decidió que lo mejor para guardar la expectación de conocerse, lo mejor sería no hacer ninguna clase de videoconferencia, y le comentó que el día que la fuera buscar lo hiciera con un cartelito con su nombre y así poder dar la una con la otra. Y en eso estaba la nueva residente, buscando a Sara que al parecer se retrasaba, y en ese momento se lamentó de no haber traído algún papel con el número de teléfono de la chica para poder llamarla, así que no le queda más que esperar al lado de una de las muchas columnas que forman la terminal de llegadas del aeropuerto.

Después de media hora de espera, Quinn levanta la vista a un grupo de chicos y una chica que llegan casi como un torbellino delante de la barandilla que separa la puerta de llegadas a la terminal.

- Seguro que esta es la terminal?- pregunta uno de los chicos del grupo, la rubia se fija que tienen un estilo muy rockero, lo que le llama aún más la atención.

- Que si, saca el cartel, anda- contesta la chica de pelo rubio, ojos azules y voz cándida, de constitución delgada y más o menos de la misma altura que Quinn, mientras rebusca en la mochila del chico donde encuentra un cartel de color rosa con un nombre que Quinn reconoce al instante, pero no hace ningún amago por ir al encuentro del grupo, quiere saber qué harán al ver que llegan treinta minutos tarde.

- Joder, Dani… Llegamos con media hora de retraso-dice al mirarse el reloj de la muñeca izquierda- y si le ha pasado algo? Dios, es que no se ni dónde llamarla-se preocupa levantando el cartel por encima de su logra entender lo que han dicho en español, ya que como buena estudiante que es, en cuanto tuvo el beneplácito de la universidad se puso a estudiar el idioma de Cervantes en un par de cursos intensivos para mejorar el ya buen nivel que tenía de la lengua.

- Tranquila, tiene que estar por aquí, no creo que haya ido a ninguna parte si nunca ha estado en la ciudad- contesta el chico para tranquilizarla mientras alza a la chica encima de sus hombros.

- Quinn Fabray!?- gritan los cinco chicos a la vez provocando que la gente a su alrededor se gire a mirarlos con cara de perplejidad ante el fuerte grito. En ese momento la ex animadora decide que ya ha sido suficiente sufrimiento por los chicos que a saber que podrían hacer después del grito.

- Emmm…Ujum…-carraspea la rubia justo detrás de ellos- Sara?

- Quinn?- se gira la chica encima de los hombros de su compañero, Quinn se ruboriza en el momento en que la chica posa su mirada sobre ella, desde la columna no había tenido un buen ángulo de la que ahora se baja de su improvisado andamio, y no puede evitar que sus penetrantes ojos azules la intimiden.

- Eh… si- le responde con una tímida sonrisa- Soy Quinn. Inmediatamente la rubia recibe un fuerte abrazo por parte de Sara que se muestra aliviada por haberla encontrado, mientras los otros cuatro chicos no dejan de mirar a la nueva compañera de su amiga con la mandíbula casi desencajada, como si de un ángel de Victoria's Secret se tratase.

- Dios, Quinn! Lo siento muchísimo, hemos tenido un pequeño problema en el local de ensayo y nos hemos retrasado- se excusa Sara con un claro halo de pena.

- Tranquila, tampoco he tenido que esperar mucho- le devuelve la rubia con una sonrisa.

- Vaya, no esperaba que fueras así!-declara su nueva compañera de piso.

- Así como? Tan mal aspecto tengo?- le devuelve Quinn dándose un repaso a sí misma para cerciorarse de que no tiene alguna mancha en la ropa o el pelo muy revuelto, lo que hace que Sara suelte una pequeña carcajada.

- No, la verdad es que es todo lo contrario-confiesa- Pareces una modelo de la pasarela Gaudí o algo parecido. Tienes un aspecto estupendo-añade guiñándole un ojo, cosa que deja descolocada a Quinn.

- Gra… gracias. Tú también me has sorprendido para bien- balbucea con las mejillas sonrojadas. No sabe porqué pero la chica consigue intimidarla. "Por el amor de Dios, Quinn, eras la capitana del equipo de fútbol, la gente del instituto besaba el suelo que pisabas y ahora solo estás en una ciudad diferente, muéstrate como tal y no como una estúpida niña timida" piensa mientras los chicos la ayudan con su equipaje y echan hacia la salida del aeropuerto.

- Encantada de conocerte, Quinn. Me presento formalmente, soy Sara Miranda, tu nueva y genial compañera de piso. Estás preparada para la aventura?- la mira con los ojos brillantes acompañados del entusiasmo que muestran sus palabras- Y estos también están encantados, creéme, lo que parece que nunca han visto a una chica guapa a menos de cincuenta metros- señala a los cuatro jóvenes que la miran con cara de querer estrangularla.

- Ho… Hola, Quinn yo soy Dani, el mejor guía que puedas encontrar en todo Barcelona- le dice el más alto de todos y pelirrojo tendiéndole la mano que la rubia acepta educadamente- Y no le hagas caso a esta- mira a Sara- te aseguro que ella tampoco ha visto a una chica tan guapa como tú, no al menos fuera de las series que ve por la tele. Y estos son Joan, Marc y David-dice señalando a los otros tres chicos que les acompañan que aún siguen sin poder articular palabra por la presencia de la rubia, solo asienten con un leve movimiento de cabeza.

- Pues pongámonos en marcha, tenemos que ir en tren y pasa en diez minutos- anuncia Sara y todos aceleran el paso directos a la estación que hay a pocos metros de donde se encuentran.

Quinn está completamente alucinada por la ciudad, después de subir al tren decidieron bajar estación de metro de Sants, que tenía conexión con la línea con la que procedían del aeropuerto, es una de las principales estaciones de metro de la ciudad, tan grande que parece otro aeropuerto, concurrida hasta decir basta. Entre todos deciden que será mejor empezar a enseñarle la ciudad a la forastera en taxi, al menos por hoy ya que la rubia presenta una cara que señala las casi doce horas sin dormir y la incomodidad de estar sentada tanto tiempo en una misma posición y no quieren cansarla más de lo que ya está.

El viaje se presenta tranquilo, son las siete y pocos minutos de la mañana, y el Sol ya se alza resplandeciente por la ciudad. El trayecto en taxi no es tan largo como parecía en un principio, a decir verdad solo eran no más de diez minutos, pero los chicos se ofrecieron pagar el viaje solo por enseñar un poco de Barcelona a la chica antes de llegar al apartamento y por intentar compensarle la media hora de retraso. Lo poco que pudo ver la rubia fue la calle Aragón que hace un cruce con la calle donde se dispone a vivir, aún así todo le parece tan diferente, tan excitante, tan ella, las calles de la ciudad desprenden ese aire bohemio y cosmopolita que a ella tanto le gusta, los bloques de los edificios se le antojan fastuosos e imponentes, el estilo modernista se hace presente de una manera abrumadora, la verdad es que nada tenía que Lima con aquello, no podía esperar a disfrutar de todo lo que sus ojos ahora veían. El taxi logra sacarla de su ensoñación en el momento en que se detiene delante de un portal idéntico al de los edificios que antes la fascinaban y eso le saca una sonrisa. Los chicos salen al mismo tiempo, bajan las maletas del coche y pagan al taxista que ahora desaparece por la calle Aribau, aquella calle que ahora es su residencia, su hogar en la ciudad de sus sueños.

- Bienvenida a tu casa, Quinn- le dice Sara abriéndole la puerta del portal- espero que te guste tu habitación.

- Después de todo lo que he visto de camino estoy segura de que me va a encantar-le contesta la rubia adentrándose con los demás.

- Bueno nosotros nos vamos- dice David dándole dos besos en las mejillas a cada una, gesto que descoloca un poco a Quinn antes de recordar de que esa es la costumbre en el país.

- Qué tengáis un buen día- le dicen los demás- y bienvenida, Quinn- le desean.

- Muchas gracias, chicos y gracias por el viaje-les devuelve la rubia para posteriormente ver como se marchan calle abajo.

- Después de ti, guapa- le suelta Sara abriéndole la puerta del portal, gesto que vuelve a ruborizar a la rubia. El portal es pequeño, la puerta es de cristal reforzada en hierro, las paredes son de ladrillo macizo pero revestidas de color verde pastel y blanco, el suelo es de baldosas blancas y negras dando la impresión de ser una mesa de ajedrez y la escalera es de madera rodeada de una barandilla de acero negro. Al final se divisa el ascensor.

Gracias… eh.. guapa?-balbucea.Y las dos emprenden el camino hacia el ascensor.

Al llegar al tercer piso, el ascensor se detiene y las dos acceden al rellano en frente de la puerta número uno.

- Pues aquí es-anuncia Sara con una sonrisa pícara y con expectación para ver la cara que pondrá Quinn- Bienvenida. Y en ese momento la recién llegada accede al piso dejando la maleta en el recibidor.

El sitio no es muy grande pero si bastante acogedor, las paredes están pintadas de blanco y el suelo es de parquet marrón oscuro que logra darle un toque moderno y sofisticado, después del recibidor hay un pasillo que lleva directamente al salón que también tiene las paredes de color blanco y al fondo un gran ventanal que da una luminosidad impresionante y vistas a la calle. En la estancia hay un sofá de color azul y dos sillones de color blanco que están situados encima de una alfombra de color negro, en frente del sofá hay un televisor de plasma que está colocado en una estantería también de color blanco que ocupa toda la pared, en un rincón a Quinn le llama la atención una guitarra acústica de color natural recostada en uno de esos soportes que se suelen ver en las tiendas de música o en los conciertos.

- Tocas la guitarra?-pregunta Quinn a Sara que se posiciona justo al otro lado del salón.

- Si, y también canto-responde- la verdad es que he llegado tarde a recogerte porque justamente estábamos ensayando en un local que hay por aquí cerca, lo que nos hemos quedado a dormir allí y esta mañana no podíamos marcharnos sin que el dueño viniese a hacerse cargo-se excusa acercándose a Quinn que rápidamente sigue inspeccionando el lugar.

- Yo cantaba en el coro de mi instituto-le explica- no era una eminencia pero me hacía muy feliz- dice acordándose de Rachel por primera vez desde su llegada y no puede evitar sentir el cansancio de golpe y preguntarse qué estará haciendo la morena en esos momentos aunque prefiere no imaginárselo, no ahora, duele demasiado.

- Vaya, eso tampoco lo sabía, una cosa que tenemos en común. Pues, ya me cantarás algo-le guiña el ojo-Ven que te enseño tu habitación, deberías descansar.

El resto del salón está formado por la cocina de estilo americano, del mismo color que el parquet, lo que hace que todo haga juego a la perfección; el frigorífico y la lavadora son de acero inoxidable y están situadas al final de la estancia, donde hay un pequeño balcón que da al patio de luces, hay un pequeño muro que sirve como encimera separa la cocina del comedor de color negro. Al lado izquierdo hay un gran arco que permite el acceso a las habitaciones. La primera habitación es la de Quinn.

- Esta es tu nueva habitación-anuncia Sara abriendo la puerta de la misma- No te molesto más. Estaré aquí al lado como puedes ver-señala la puerta que hay justo en frente- Si necesitas cualquier cosa, avísame, no me voy a mover en todo el día. Emmm... Buenas noches?-dice con gracia la chica regalándole otros dos besos en la mejilla a Quinn que la vuelven a sorprender.

- Muchas gracias por todo, en cuanto sea una persona de nuevo nos ponemos al día-le contesta la rubia mientras ve como la chica le guiña un ojo, se gira sobre sí misma y se adentra en su habitación.

Quinn se queda unos segundos parada en la puerta de su habitación. "Esto va a ser realmente emocionante" piensa para sí misma mientras se adentra en su cuarto. No es capaz siquiera de abir la maleta para ponerse una ropa más cómoda, cae como una roca en la cama, ni siquiera es capaz de inspeccionar el lugar, se hace un ovillo y cierra los ojos.

- Buenas noches, Rachel…- susurra entredormida y así cae rendida en un profundo sueño.


N/A:

El personaje de Sara en realidad lo he tomado prestado de una serie de aquí de españa que se emitió hace algunos años, el personaje era interpretado por la actriz Michelle Jenner, para que así os sea más fácil ponerle cara, ya que será importante en la trama. Los demás chicos ya les iré poniendo cara, no os preocupéis

Y muchas gracias otra vez.