El felino feroz y el canario de fuego

Capítulo 3

La chica más ruda del pueblo

Disclaimer: Ninguno de los personajes, lugares o nombres aquí mencionados me pertenecen, ya quisiera yo, son propiedad de Nickelodeon, Dante Dimartino y Bryan Konietzko. Basados en la Leyenda de Korra (He empezado a trabajar en la máquina del tiempo pero aún no hay avances).

Resumen:

El padre de Asami decide enviarla a trabajar en un proyecto conjunto con Zaofu para la construcción de un tren que comunique a Ciudad República con esa ciudad. Al llegar conoce al antipático capitán de la guardia y a su mejor amigo e ingeniero de proyecto quienes le harán la vida imposible en su estancia en aquel lugar.

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"El amor es... en los brutos, ciego y en los inteligentes... bruto."

Anónimo

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Después de su broma pesada, Asami regreso a buscar su radio comunicador, sin embargo aunque estuvo intentando no logro hablar ni con su padre ni con Korra. Se lamentó sobremanera el no poder desahogarse con ellos y no pudo aguantar más llorando en la ducha. Que para colmo de males y su mala suerte, el agua estaba helada. Pegó otro grito cuando comenzó a caer sobre su piel y sintió la frialdad en cada gota.

—¡Maldición! —fue lo que dijo—. ¡Odio a esa mujer!

Masculló el resto del tiempo hasta irse a dormir. Opal le había dejado un par extra de cobertores y algo para cenar. Cuando olió la comida se dio cuenta que no había comido nada más desde el medio día. Muy a su pesar aún con el enojo en ella comió lo que le dejaron, un sándwich de carne con un poco de ensalada y té caliente, este último lo agradeció ya que le ayudó a volver a entrar en calor. La chica le dejó una nota de disculpa por la broma de los otros dos y le recomendaba comer bien pues necesitaría estar bien alimentada para seguirles el ritmo por la mañana.

Se mordió los labios pensando en que cosa maligna estaría tramando Kuvira o Baatar para fastidiarle el día. Se fue a la cama tratando de conciliar el sueño y deseando que el día de mañana lo sobreviviera y tuviera un día más que contar en aquel lugar de los demonios.

Durmió soñando con Ciudad República, Korra, Mako y Bolin persiguiendo a algún maleante. Los extrañaba cantidad. Tambien soñó con su padre y su madre tomando un picnic en la isla del memorial del Avatar Aang, estaba tan feliz y alegre pasando una hermosa mañana con sus padres, pero todo cambio cuando de la nada apareció cierto capitán de la guardia sonriendole con esa estupida sonrisa suya que la irritaba tanto.

El sol apenas comenzaba a despuntar en el cielo, solo se podía ver la claridad inicial cuando se despertó al oír movimiento en la tienda. Se alistó lo más rápido que pudo y al salir de su cubículo se encontró a Kuvira en la mesa donde la noche anterior habían estado jugando a las cartas. Estaba consultando algunos papeles. Recordó si sueño y el malestar se hizo presente al verla allí.

—¡Buenos días princesa! —le dijo en su tono chocante o asi lo sentia ella—. ¿Estas lista ya? —dejó los papeles ordenándolos y colocándolos en un portafolio—. Acompáñame, ¿tienes hambre? —se dirigió hacia afuera de la tienda—. Iremos a desayunar y ya que eres la primera en despertar te ganaste un tiempo conmigo —sonrió de forma extraña o mas bien de un modo diferente al que estaba acostumbrada Asami. "Eso fue raro" pensó.

—¿Un tiempo contigo? Eso sería lo último que querría ganar —le contestó hoscamente levantando una ceja de manera desdeñosa.

—Tranquila princesa —se carcajeo—, no eres de mi gusto.

—Y tú del mío definitivamente tampoco —puso cara de asco al imaginarse a Kuvira pretendiéndola.

Salieron de la tienda y Asami la siguio, caminaron por el pueblo hasta llegar a la fonda donde el día anterior Opal la había llevado. Saludó a todos los presentes y estos le respondieron efusivamente a Kuvira. Eso sorprendió a la joven ingeniera, ver la forma tan respetuosa en que la trataban. Pidió el desayuno sin preguntarle nada y enseguida les trajeron un plato con comida. Detestaba la manera en que tenía que imponerse siempre sin pedir su opinión o darle alguna opción.

Casi no hablaron, manteniendo Asami un silencio incómodo que no quiso romper con nada, ni siquiera por cortesía. Kuvira tampoco intento hacerle plática y se dedicó sólo a comer distrayéndose en cualquier otra cosa pero no pudo evitar dejar caer sus ojos en la joven ingeniera. Asami agradecio que Opal y su hermano llegarán poco después pues ya no sabía que hacer con la insistente mirada de la otra mujer. Terminaron de comer y de nuevo salieron del lugar de regreso al campamento.

Algunos trabajadores ya estaban realizando sus labores y otros se preparaban para la excursión. El equipo estaba conformado por un par de topógrafos y sus ayudantes, otros obreros generales encargados de llevar los equipos de trabajo, algunos maestros metal y maestros tierra.

Kuvira no tardó mucho en disponerlos, era natural en ella el dar órdenes y que fuera obedecida sin rechistar. Eso molestaba demasiado a Asami, la forma en como todos parecían rendirle pleitesía cuando en realidad solo era una idiota con don de líder. Había algo en ella que no lograba hacer que le cayera un poco bien.

Anduvieron por el bosque librando obstáculos en los todo terreno, tardaron un poco en llegar al sitio en que trabajarían ese día. Durante el trayecto los trabajadores se fueron quedando cada cierta distancia para empezar a trabajar, al final solo quedaron Kuvira, Baatar y los topógrafos con sus ayudantes.

Estos sacaron sus equipos y comenzaron a trazar con su teodolito y su nivel, Asami se unió a ellos para ver su avance. Los otros dos antipáticos, como los veia ella, se dedicaron a hablar y caminar, Baatar tomaba nota de lo que Kuvira decía y ella comprobaba el lugar.

El calor se abrió paso con las horas y el frío matinal cedió ante el poder del sol. Pronto estaba sudando terriblemente y asediada por los mosquitos y los bichos del campo. Necesitaba agua con urgencia, se deshidrataba de forma rapida. Su ropa se pegaba empapada con el sudor a su piel. Esto era un fastidio. El suelo era fangoso y sus botas y sus pantalones estaban llenos de lodo. Cada paso era pesado por la acumulación de la tierra húmeda en ellos. La frente de Kuvira estaba sudada al igual que su ropa, se notaba la mancha más oscura en su espalda, pecho y brazos, sin embargo eso parecía no molestarla en lo absoluto. La maldijo por dentro diciendo "¿como diablos puede mantenerse como si nada con este odioso clima?". Baatar sufría un poco más pero estaba en mejores condiciones que Asami.

Llegaron hasta un área de jagüeyes que se habían llenado parcialmente de agua por recientes lluvias como lo dijeron los topógrafos. No eran muy grandes, más bien era una serie de pozas de tamaño medio que no fueron señaladas en los planos originales.

—¡Me lleva el demonio! —Kuvira estaba molesta con lo que veía, sin duda esto iba requerir una reingeniería para volver a trazar la ruta—. No vamos a pasar por aquí fácilmente —camino como pudo por el lugar mirando y analizando todo el terreno—. ¿Sugerencias? —preguntó mirando a Baatar y a Asami esperando una respuesta.

—Quizás rodear el área o traer maestros fango que trabajen la tierra y… —comenzo la joven ingeniera pero Kuvira la interrumpio y movió la mano para señalar al chico de gafas.

—Alzar el nivel y construir un puente no muy elevado para librar el área y seguir el tramo —dijo el otro y Kuvira se llevó la mano al mentón sopesando las ideas.

—Rodear el área por un pedazo nos llevará tiempo que no tenemos. Maestros fango, es una buena opción, pero no tenemos disponibles y traer algunos hasta aquí llevará tiempo y dinero que nos sacaría de presupuesto —me miró de forma seria—. Un puente es algo caro de costear y también requiere de tiempo y trabajo extra que no estaba contemplado.

Se retiró un momento caminando entre las pozas. Salió y me pidió que la siguiera, dude por un segundo mirando a Baatar que me dio la espalda para ir con los topógrafos, al final fui tras ella. Anduvimos un buen tramo en los alrededores, creo que estaba sopesando la idea que le hubiera dado, al menos tenía esa esperanza.

Queria tomar notas en mi bitácora para idear un plan a seguir, sin embargo el camino que habia elegido seguir era demasiado complicado y requería de toda mi atención y el cuidado para ver donde y que pisaba. Rodeamos el area de los jagüeyes y llegamos a un pequeño claro con suelo propicio después de andar un buen rato. Hizo un par de bancos de tierra y se sentó en uno ofreciéndome el otro.

—Muy bien princesa —puse mala cara, odiaba que me dijera así—, es tu oportunidad de demostrar un poco de tu valía. Tienes hasta mañana para que me presentes la ruta alterna para librar los jagüeyes.

—¿Un día? —exclamé incrédula, era muy poco tiempo para hacer algo, me estaba pidiendo imposibles—. ¿Qué voy a hacer en un día? Necesito más tiempo.

—Tres días hasta que los trabajadores lleguen a este punto, solo puedo darte dos para que hagas la planeación y tenga al menos un día para disponer todo y llevarlo a cabo —la miré, su pose era inescrutable, estaba en modo de jefe y sin duda hacia lo que consideraba mejor para el proyecto—. Baatar te apoyará en lo que necesites, pide a Opal lo que requieras y puedes trabajar el resto del día con los topógrafos.

No le dio tiempo de replicar, se levantó y camino de regreso tomando el camino más corto, chifló a los otros que se acercaron para ponerlos a las órdenes de Asami.

—¿Es en serio? —se volteó y con sus ojos oliva la fulminó.

—No me hagas arrepentirme princesa, estoy apostando por ti —tragó saliva—. No lo arruines.

Delineó una nueva ruta y tomando los puntos para el nuevo plano regresaron al campamento. La chica trabajo con Baatar y los topógrafos durante la tarde y al finalizar el día tenía un plano en borrador. Opal prácticamente la había obligado a comer algo y Kuvira había desaparecido desde hacía un buen rato de la oficina, aunque estando tan ocupada no lo había notado.

Dejó el preliminar en su escritorio para que pudiera ver los avances y decidiera si era de su satisfacción o no. Había trabajado a marchas forzadas y ahora estaba literalmente muerta de cansancio. Baatar se tallaba los ojos después de quitarse los lentes y Asami recogía los papeles sobre su mesa de trabajo cuando un hombre apareció por la puerta.

—¿Qué sucede? —Opal que andaba por allí se acercó al tipo preocupada por la cara que traia— No me lo digas —dedujo al instante—. Baatar, Kuvira otra vez se metió en líos. ¿Qué fue esta vez? —miró con exasperación al hombre.

—Un grupo de montañeses llegó pidiendo su parte del dinero por dejarnos trabajar, la jefa se negó y ahora está peleando con ellos —Baatar se colocó los lentes con rapidez y todos salieron aprisa de la tienda.

—Esos tipos no saben en la que se metieron —la pequeña Beifong temía más por los ilusos tipos que por Kuvira.

"No era para menos, si ella era la capitana de la guardia en Zaofu, seguramente no tenía el puesto porque sí", se dijo Asami.

Llegamos hasta el lugar, un nutrido grupo de personas vitoreaban y gritaban a los que estaban peleando en un improvisado ring de lucha. La chica del lunar se había quitado su casaca, su cabello suelto le caía a los lados y esquivaba los ataques de sus adversarios. Eran cinco contra ella y nadie parecía meterse a ayudarla.

—¿Por qué no hacen algo? —La ingeniera le habló a Opal señalando la escena.

—Tranquila, esto no es nada para ella —Baatar respondió antes de irse con otros a hablar muy quitado de la pena.

Lo vio alejarse en dirección de los agresores y conversar con ellos como si eso fuera lo más normal del mundo. Asami estaba anonadada con lo que pasaba a su alrededor.

—Te irás acostumbrando, es la forma en que se hacen negocios con ellos —empezó a explicar Opal—. Según las costumbres aquí, para ganarte el respeto de la gente debes demostrar que eres digno de confianza. Los montañeses hacen competencias regularmente para demostrar quien es el más fuerte.

—¿Y por eso pelean así? —la chica comenzaba a preguntarse si todos estaban locos por actuar de esa manera tan primitiva y brutal.

—Verás, si no lo haces te tratan como basura y nos harán el trabajo difícil, de vez en cuando los clanes bajan a pelear, el clan de Zaofu no es muy popular debido a que ella siempre les patea el trasero —volvio a mirar al improvisado ring de lucha y todos estaban aniquilados para su sorpresa.

"En que momento había pasado todo eso", se preguntó.

Kuvira sola los había sacado de combate usando su metal control y Baatar cerraba el acuerdo con el líder del clan agresor que se veía bastante contrariado. No entendía nada de lo que estaba sucediendo.

—No te preocupes poco a poco irás conociéndolos —esas palabras realmente no le daban ningún tipo de consuelo.

"¿En qué clase de lugar me he metido?", se sintió desubicada la ingeniera.

Por un instante los ojos oliva de Kuvira se posaron en ella y sentio una extraña sensación que ignoró apartando su vista de aquella mujer que la molestaba. Regresó a la tienda principal y se retiró a la carpa de descanso. "Sinceramente estas personas están locos de remate."

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—Te lo juro, se peleó con cinco maestros tierra y metal y los venció, prácticamente estaba jugando —la voz al otro lado de la bocina se rió ligeramente.

—¡Wow! Por lo que dices me encantaría poder medirme contra ella —Korra estaba emocionada por lo que acababa de decirle.

—¡No! Por los espíritus, debí imaginar que eso te agradaría —esa actitud exasperaba a Asami, esperaba un poco de apoyo y su mejor amiga no se lo estaba brindando.

—En el polo sur tenemos algo parecido, es una cuestión de ver quien es el clan más poderoso y que puede dirigir al resto —pateó la maleta que estaba a sus pies, ¿qué podía decirle?

—Testosterona —suspiró sin animos—, quizás ustedes se llevarán bien en ese caso —estaba frustrada—. Korra, por favor un poco de apoyo.

—Tómalo con calma Sami —la voz de la morena se volvió dulce—. Tienes razón, la tipa es terrible, seguramente le apestan los pies —Asami rió con su comentario.

—Gracias —se escuchó su risita al otro lado y un "para eso están los amigos"—. Me encantaría que estuvieras aquí —se mordió los labios ante esa perspectiva.

—A mi también, probablemente pueda hacerte una visita pronto, junto con los chicos —brincó de alegría al oír eso.

—¿En verdad? Me harían el día, tenerlos aquí sería la mejor cosa que pudiera pasarme —la idea de tener a sus amigos consigo en ese momento le ayudaría mucho para sobrellevar la situación.

—Entonces no se diga más, nos veremos pronto —hasta su oídos llegó el sonido de voces y pasos, los chicos ya estaban en la tienda.

—Estaré esperándolos, ahora debo irme —cortó la comunicación.

Iba saliendo del cubículo cuando se topó con Kuvira. Estaba toda sudada, llena de tierra y parecía haber estado celebrando pues un ligero aroma a alcohol llego hasta su nariz.

—Buenas noches princesa, no te quedaste a la fiesta —la mujer delante de ella se acercó peligrosamente recargando su mano contra el marco de la entrada del cubículo.

—Tenía un trabajo que hacer, lo recuerdas —tomó uno de los mechones que le caían sobre el rostro y lo llevó detrás de la oreja, no pudo evitar estremecerme cuando sentió el roce de la yema de sus dedos contra su piel.

—¡Oh, es verdad! Baatar me dijo algo al respecto, revisaré el plano mañana a primera hora —Asami cruzó los brazos sobre su estómago para tratar de ocultar el nerviosismo que le estaba invadiendo, la mirada fija de la otra mujer la incomodaba. "¿Qué rayos me estaba pasando?"

—Será… Será mejor que tomes un baño, apestas —dió un paso atrás para poner espacio entre las dos.

—Si, tienes razón, hacia allá me dirigía antes de que ocuparás mi atención —se retiró un poco sacándose la camisa que llevaba puesta dejando al descubierto su bien tonificado cuerpo, sus ojos esmerlda no pudieron evitar mirar su abdomen—. Con tu permiso princesa iré a darme una ducha.

"¿Qué significa esa estúpida sonrisa en su cara?" La irritó la manera en que le estaba sonriendo Kuvira, sobre todo porque se estaba riendo de ella por la reacción que tuvo al ser pillada viendo su cuerpo. "La detesto, es una horrible persona, tan malditamente arrogante e idiota. Alardeando como un macho, pavoneandose como si fuera lo máximo. ¡Que le den! Lo único que me provoca es repulsión. ¡La odio, la odio, la odio!"

Se encerró en su cubículo echa una furia, estaba más que molesta. Le desagradaba la idea de que hubiera siquiera bajado la mirada para ver su cuerpo, era una persona que la sacaba de sus casillas y le hacia la vida miserable, ni en un millón de años se llegaría a fijar en ella. De ningún modo que no fuera sólo repulsión. Quiso sacarse la idea de su cabeza y decidió que debía irse a dormir para dejar atrás el desafortunado encuentro y la imagen de idiota de Kuvira. Lo unico que le alegraba era el saber que Korra y los chicos vendrían a visitarla pronto, esperaba que eso la ayudara a soportar el tiempo allí y hacer más llevadera su estancia.

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Esa mañana había hablado con su padre, apenas unas palabras pues estaba ocupado, tendría una junta con el presidente Raiko y no podía hacerlo esperar, el hombre era muy quisquilloso y Hiroshi Sato no quería un altercado más que unir a las disputas que ya tenía con él en cuanto al diseño y la obra del muelle. Extrañaba a su padre, a los chicos y a Ciudad República, no era lo mismo sin ellos.

Salió de su cubículo y en el área común se encontró con Opal, Kuvira y su hermano habían salido minutos antes para arreglar algo con el clan que estaba de visita. Tomaron camino para ir a desayunar y al llegar a la tienda Asami se encontró el plano que habia hecho el dia anterior sobre su mesa de trabajo con las correcciones ya hechas por la jefa del proyecto. "¿A qué hora hizo esto? No debió dormir anoche."

Trabajó en las observaciones, que eran pocas. Pudo ver para su asombro por su caligrafía que ya estaba algo cansada cuando revisaba el plano. Al principio sus trazos eran pulcros y bien delineados para después volverse ligeramente inclinados. "Sin duda Kuvira tuvo un día pesado." Sacudió la cabeza pensando que no debía tenerle en consideración, pues era lo mínimo que podía hacer después de presionarla con ese trabajo.

Para el medio día los dos amigos llegaron a la oficina, las ojeras en el rostro de la capitana de la guardia eran notables. Apenas y saludó sumergiéndose en el trabajo. Ya tenía el plano listo, Asami había corregido las observaciones, y se dedicó a checarlo. Después de un rato vino hasta la mesa de la ingeniera dejando caer una pila de papeles y planos.

—Muy bien princesa —levantó la mirada esmeralda—, hiciste un buen trabajo. Ves como solo necesitabas un día —le guiño un ojo y la chica torció la boca—. Ahora quiero que le des una leída a estos documentos y corrijas lo que haga falta —dijo con una sonrisa de autosuficiencia y Asami se sintió abrumada por la cantidad de trabajo que era aquello.

Exhaló por la montaña de planos, esto le llevaría varios días, pero se imaginó que Kuvira quería tenerla ocupada y esclavizada a la mesa hasta que se le ocurriera otra forma de tortura.

Asami revisó cada uno, eran los planos que había diseñado con anterioridad para el proyecto. Todos tenían notas, algunos estaban tan llenos que tuvo que escribir en la parte de atrás. Los contó, cincuenta y cuatro. "¡Esto me llevara semanas!" pensó. Kuvira se alejo del escritorio pero antes de irse dejo caer la sentencia.

—Tienes de plazo una semana —le sonrió de forma burlona y los colores se le subieron a Asami al rostro.

—¡Eso es muy poco tiempo! —dijo frustrada y Kuvira solo alzó los hombros.

—Si no deseas trabajar la puerta de salida es muy grande, aunque sería una pena que regresaras a Ciudad República porque no pusiste con un poco de presión princesa —Asami masculló una muda maldición y comenzó a ordenar los planos para iniciar el trabajo.

Ya no la vio pero la capitana de la guardia se paso el resto de la mañana mirándola cada cierto tiempo riéndose de su enojo mal disimulado.

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Opal vino a la hora del almuerzo y la sacó a rastras del lugar para ir a comer y distraerse. Asami había pasado pegada de esos planos y le hacia falta descansar la vista un rato.

—Parece que has hecho algo bien —Opal comenzó la plática durante la comida—, mi hermano y ella estaban hablando de eso. Le gusto tu trabajo.

—Solo cumplía con mi deber, no necesito de su aprobación —le molestaba eso, aunque en el fondo respiró tranquila porque de esa forma ya no la considerarían una niña tonta como Kuvira creía.

—¿En verdad? Te estas esforzando mucho para que no sea así —una sonrisita se dibujó en sus labios—. En dos semanas moveremos el campamento al siguiente punto. Kuvira ya acordó con el clan vecino para que nos permitan acampar y movernos libremente por su territorio.

—¿Son con los que peleó anoche? —pregunté curiosa.

—No, ese fue el clan Ming. Las tierras donde estamos les pertenecen, ahora iremos a su frontera con el siguiente clan, Hogarth, el viejo clan de Kuvira hasta que la expulsaran —eso se oía interesante, pensó—. Ellos estuvieron, pero sólo como observadores, aunque apostaron una buena cantidad de dinero contra ella. Hogarth evita pelear con Kuvira, lo consideran deshonroso.

—¿Qué fue lo que pasó para que la expulsaran? —la joven ingeniera quiso saber y puso su atención para escuchar la historia.

—Bueno, no se si lo sepas, pero el clan Hogarth es de los más competitivos. Sino eres apto simplemente te echan, sin contemplaciones. No se exactamente que pasó, solo que mi madre recibió a Kuvira cuando tenía doce años y desde entonces la adoptó como parte del clan de Zaofu —eso la consterno, ¿qué podía haber hecho para que tan joven la sacaran de su clan?—. Al parecer tuvo una disputa con el líder. Ella detesta a la familia que los controla y se que tenía razones para celebrar ayer que los venció para ganar el derecho de paso.

—Vaya, eso suena como un gran drama de novela —terminó de comer y ahora estaba más intrigada por saber qué fue lo que ocurrió.

—Ni que lo digas, mamá apareció un día con ella en la casa luego de ir como invitada a presenciar los combates en las tierras de Hogarth —Opal pidió la cuenta haciendo una señal a la mesera—. Kuvira venía herida y nos pidió que la acogiéramos como un miembro más de la familia. Baatar fue quien más enganchado quedo con ella.

—¿Tu hermano y ella son más que amigos? Disculpa si la pregunta te molesta —la pequeña Beifong pago y salieron de la fonda.

—No te preocupes, al principio pensé que algo pasaba entre los dos, pero Kuvira es de otro tipo de gustos y definitivamente mi hermano no entra en esa categoría aunque él quisiera —comenzó a reír—, por otro lado he visto como te mira y aunque lo niegue se que le llamas la atención —le picó las costillas a Asami con su codo y ella solo hizo cara de asco.

—¡No por los espíritus! Si ella es de ese tipo de gustos esta bien, pero yo no —se tuvo que morder la lengua por mentirosa, sin duda tenía algunos sentimientos hacia Korra pero eso no venía al caso comentar—. Creo que es evidente que nos llevamos pésimo y lo mal que me cae.

—¡Ah claro! Si tú lo dices —siguió riendo—. No me voy a meter en esos asuntos.

—Además… ¡No! Saca esa idea de mi mente, lo único que quiero es que no me fastidie demasiado, hacer mi trabajo he irme de aquí —quiso borrar la imagen de Kuvira sin camisa de su mente pero la muy idiota no se iba y eso la sonrojó.

—Bueno, si quieres eso, el camino más rápido para que deje de molestarte es que le patees el trasero en una pelea —"¿luchar contra ella? Eso es una locura." Miró con cara de no comprender lo que decía Opal.

—¿Qué? —pronunció incrédula.

—Vamos, he escuchado algunas de esas historias del equipo Avatar y se que no eres una niña mimada como ellos creen, demuéstrale eso —Asami lo sopesó por un momento—. Esa es la forma en que se hacen las cosas por aquí. Yo misma tuve que hacerlo en alguna ocasión.

—Lo pensaré —sin duda tenía ganas de golpearla para borrarle su estúpida sonrisa cuando la molestaba—. Pero, ¿cómo es que tú peleaste contra ella?

—Puedes pedir un duelo sin control de elementos, ella deberá aceptarlo ya que eres un no maestro —"eso sería interesante, ver su cara cuando pudiera vencerla." La idea le produjo regocijo—. Yo tuve que hacerlo poco después de que ella llegara a la casa. Definitivamente no era su favorita y ella y mi hermano se la pasaban fastidiándome hasta que le plante cara y comenzó a respetarme.

—Eso se oye muy de actitud arcaica —la chica Beifong movió la cabeza dándole la razón.

—Lo es si vienés de Ciudad República, aquí las cosas son un tanto más tradicionales y la vieja usanza es algo que muchos practican y si no quieres que te molesten debes jugar con sus reglas —finalizó llegando con ella a la tienda de trabajo.

No estaba muy convencida de lo que Opal le había dicho. Ella no era así, por lo que decidió que lo haría a su manera. Demostrándole con su trabajo lo que valía una Sato.

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Pasó los siguientes días metida dibujando y corrigiendo los planos. El plazo estaba por cumplir y la ingeniera casi no había dormido con tal de tener todo listo. Llevaba treinta y ocho planos y su mano no daba para más. Solo le quedaba un día del plazo y apenas llevaba poco más de la mitad. No iba a terminar a tiempo y eso la tenía sumamente estresada, prácticamente sin dormir esos días.

En el último día, sin darse cuenta se quedó dormida sobre su escritorio, ya era bastante tarde. El plano cincuenta yacía acabado encima del restirador y había ido a su escritorio a buscar uno nuevo cuando el cansancio la tomó por sorpresa y cerrando los ojos un instante el sueño la venció encima de él.

Sintió un tirón y cuando se dio cuenta Kuvira la cargaba en brazos llevándola hasta la tienda de descanso. Creo que estaba demasiado cansada como para protestar y solo dejó que la llevará. Su olor característico llenó sus sentidos, una mezcla a pino y lana, y su respiración le sirvió para volver a hacerla caer dormida. No recordó mucho más que eso.

Despertó al día siguiente sobre su cama y cuando reaccionó se dio cuenta que pasaban de las nueve de la mañana. Nadie la había llamado para despertar.

Corrió cual pumacela a arreglarse y salio a toda prisa de la tienda hacia la oficina. Kuvira seguramente la iba a colgar o algo parecido que no sería nada placentero. Quedarse dormida y faltar al trabajo eso era inaceptable. Nunca le había pasado algo así, aunque en realidad nunca se había visto exigida de esa manera.

—¡Asami! —escuchó su nombre y volteó a ver quien la estaba llamando.

—Opal, lo lamento se me hizo tarde, me quede dormida —la chica la tomó de los hombros y la hizo dar vuelta para regresarla a la tienda de descanso.

—Tranquila, Kuvira te dio el día libre, creo que has estado exigiéndote demasiado y debes descansar —me encaminó de regreso a la tienda—. Duerme otro poco, distraete, has lo que quieras.

—De acuerdo —alzó las manos dándose por vencida y fue a dormir de nuevo, le hacia falta.

El descanso le cayó muy bien a Asami, estaba necesitando un poco de tranquilidad y olvidar por un rato de todo lo relacionado con la obra. Al medio día salió a buscar algo de comer y anduvó dando la vuelta por el pueblo. Si bien no era muy grande me entretuvo mirando a los niños jugar en el parque y leyendo uno de los libros que trajera consigo de Ciudad República. Para el atardecer dio otro recorrido al pueblo y notó una aglomeración de personas.

Kuvira jugaba con algunos chicos enseñándoles algunas técnicas de combate mientras Baatar charlaba con otros hombres por allí. Me quedé un rato mirándola. Parecía alegre, sin la tensión sobre sus hombros como usualmente estaba cuando tenía que dirigir la obra. Era como ver a alguien completamente distinta. Las palabras de Opal la asaltaron y cuando pidió si alguien quería enfrentarla en una pelea para mostrar lo que acababa de enseñarle a los chicos Asami dio un paso al frente.

No sabia qué diablos la había impulsado a hacer eso pero lo hizo. Ahora estaba de pie frente a ella dispuesta a luchar.

—Princesa, ¿estás segura de que quieres hacer esto? Podrías romperte una uña, no creas que tendré piedad o que me voy a contener de lastimarte —se cruzó de brazos desestimandola frente a los demás que se comenzaron a reír.

—No, claro que no —le respondió—. Entiendo que los brutos como tú… comprenderás, solo entienden de una forma. Si gano dejarás de llamarme princesa, de fastidiarme con tu mal humor y tus bromas pesadas —una sonrisa socarrona surgió de los labios de Kuvira.

—¿Y si yo gano? —dijo con desdén alzando una ceja.

—¿Quién dijo que ibas a ganar? —la capitana pegó una risotada y todos los presentes le siguieron.

—Muy buena esa princesa, pero eres una no maestra y yo una maestra metal, estamos un poco desiguales —le dio la espalda desestimando su petición cuando Asami volvio a hablar.

—Un combate sin manipulación de los elementos, una pelea cuerpo a cuerpo. ¿Qué dices o acaso tienes miedo? —se detuvo mirándola, escudriñando para tratar de saber que es lo que la orillaba a actuar de esa manera, al final alzó los hombros.

—De acuerdo princesa, acepto tu reto, si yo gano tú harás lo que yo quiera sin rechistar y podré llamarte como se me dé la gana —tronó su cuello para alistarse para el combate.

Asami calentó un poco sus articulaciones y músculos. Moría de ganas por darle una lección a esa arrogante fastidiosa y esta era la oportunidad que buscaba. Baatar y ella hablaban en un extremo al parecer el chico de gafas le estaba dando ánimos o se burlaba de ella por pelear con ella, no supo como interpretarlo la joven ingeniera. Decidio que no le importaba. Se quitó la chaqueta dejándola solo con una camiseta blanca, aunque resintió el fresco de alrededor. Kuvira envolvió sus manos y brazos con vendas para la lucha y ella hizo lo mismo con los suyos. El frío de la tarde estaba cayendo y eso le puso la carne de gallina.

—Veamos qué es lo que tienes fierecilla —se puso en posición de pelea he hizo la seña para que Asami fuera por ella.

Se miraron por un momento escudriñandose, estudiando la postura y determinando cuál sería el primer ataque. Asami se lanzó primero. Esquivó su golpe apenas por milímetros, era ágil, bastante ágil, incluso más que Korra, determinó la chica. Para ser un maestro metal, tenía su gracia al moverse. Su estilo le recordó un poco a los movimientos de los maestros aire e imaginó una forma de vencerla, solo tenía que acercarse lo suficiente.

Intercambiaron algunos lances pero Kuvira era bastante agresiva, apenas dandole tregua. Asami cubría su guardia cuando uno de sus golpes impactó en un costado. Eso le dolió a Asami pero no dejandose amedrentar aprovecho la cercania y usando uno de los agarres que Korra le enseñará la sujetó del cuello y envolvió con sus piernas su torso llevándola al suelo. Kuvira era muy fuerte pero el peso de Asami encima de ella la mantuvo en una llave de donde se le estaba dificultando escapar. Sus manos alrededor de su garganta y las piernas en su pecho le impedían moverse. Bufó como un animal salvaje que es sometido y Asami se sintió ganadora. Sin embargo Kuvira se revolvió y de alguna forma logró zafarse del agarré tirandola a un lado.

—No estuvo mal —tosió por la falta de aire en sus pulmones—, pero necesitas mas que eso para vencerme.

Retomaron la pelea, las dos jadeaban por el esfuerzo, ni Asami cedía ni ella tampoco, aunque Kuvira seguía sonriendo como si jugará con una niña. La ingeniera volvió a acercarse lo suficiente para aplicar otra llave pero Kuvira se anticipó y fue ella quien termino sometida. Tenía su fuerte respiración en su oído y con voz entrecortada le habló.

—Vaya princesa, quien diría que puedes luchar —tomó aire y pegando sus labios a su oreja le susurró—. Moría de ganas por averiguar si realmente eras capaz de pelear como cuentan acerca del equipo Avatar.

Su aliento cálido y lo cerca que la tenía a sus espaldas la hizo reaccionar de forma involuntaria haciendo que un escalofrío le recorriera el cuerpo. Kuvira aflojó el agarre y la alejó, Asami retomó su posición de pelea cuando fueron interrumpidas.

—¡Capitan! —un hombre llegó corriendo hasta donde estaban.

Por la manera tan agitada en que se encontraba y los rastros de haber estado en una lucha, tenía algunas heridas y sus ropas tenían manchas de suciedad y sangre, alertó a todos en el lugar.

—¿Qué es lo que sucede? —Kuvita dejó de lado su disputa con Asami y tomando seriedad se aproximó al hombre.

—¡Bandidos! —practicamente gritó—. En el tramo veintisiete. Estábamos trabajando en colocar los durmientes cuando aparecieron de la nada y empezaron a atacarnos.

—¡Maldición! —exclamó frustrada—. ¿Estas bien? ¿Quienes más estaban contigo? —le interrogó preocupada.

—Eramos cinco, tomaron de rehenes a tres compañeros, el otro esta con los sanadores —Kuvira hizo una señal a Baatar y los dos se reunieron para hablar.

Asami se mantuvo cerca para escuchar lo que decían. Ambos discutían sobre que hacer. Al final Kuvira decidió que iba a enfrentar a los bandidos y Baatar debía cerciorarse de que los hombres que trabajaban allí estuvieran bien.

—Entonces vamos —dijo la capitana.

—Yo iré contigo —se ofreció Asami y Kuvira la miró como si le hubiera salido un tercer ojo de la frente.

—No —respondio tajante.

—No te lo estoy pidiendo —fue por su chaqueta y comprobó que traía su guante eléctrico en él.

Al ver la determinación en su cara resoplo, Asami no cedio aunque trató de intimidarla.

—No me hago responsable si algo te pasa —de mala gana término aceptándola.

—Se cuidare sola —Baatar las miró a las dos y una ligera sonrisa se formó en sus labios.

—Muy bien, entonces a darle —el chico de gafas dijo y se separaron.

— ? —

"Cuando eres tan grandioso como yo, es difícil ser humilde."

Muhammad Ali.