°°Ćāşũąłìďāđ°°
Acotaciones:
&&&&& Cambio de escena - Diálogos " " Pensamientos
Sesshoumaru estaba recostado en la cama sin sentirse muy bien, esos extraños mareos que tenía con cada embarazo Lin lo mantenían en reposo siempre durante las primeras semanas. Sus ojos estaban cerrados cuando escuchó la puerta abrirse y los pasos de su esposa entrar.
- Ya voy a acostar a los niños… -se sentó con los ojos cerrados luego de hablar intentando darse ánimos, sabía que el humor de Lin no era el mejor.
- Ya están dormidos. –la respuesta de él fue una mirada algo sorprendida.
- ¿Qué tienes en mente¿Vas a asesinarme?
- No, en realidad pensé en traerte la cena. –le extendió una bandeja que contenía un vaso de leche con chocolate, al cual Izayoi lo mal acostumbró desde niño, y unos trozos de sandía cubiertos con helado de diferentes sabores. –Siempre se te antoja esto cuando estoy embarazada. –él la recibió extrañado y contento.
- ¿Quieres?
- Mmmm… ya cené, gracias. –pero su respuesta sonó más bien un "Ni loca".
- No es que me moleste que hagas esto pero creí que estabas enojada. –Lin se recostó a su lado y encendió el televisor.
- Lo estoy. – mientras él cenaba sin demostrar mucho su nerviosismo ella miró varios canales una y otra vez hasta que el plato estuvo vacío. Entonces apagó el aparato y retiró la bandeja para acercarse a Sesshoumaru y comenzar a besar su cuello. Por un momento él se dejó llevar pero luego recapacitó en que así empezaba su tradicional forma de torturarlo cuando la hacía enojar.
- ¿Me vas a mandar a dormir al sillón después del calentamiento?
- No entrenador, esta vez vas a ser titular toda la noche… -murmuró suave en su oído. Sin embargo esa actitud era tan extraña dadas las circunstancias que él se separó un poco para mirarla a los ojos.
- Pero dijiste que estabas enojada.
- Sí, lo estoy y lo estaré hasta que el menor de nuestros hijos duerma fuera de casa. Pero estuve pensando… ¿cuándo crees que mi vientre sea suficientemente grande para dejarnos hacer esas jugadas que tanto te gustan entrenador?
- Unos cuatro meses más…
- Exacto, además los niños se durmieron por su propia cuenta temprano y tus malestares están a raya.
- Sí... pero aún no entiendo.
- A veces me sorprendes, cómo puedes idear esas jugadas y no entender algo tan simple… sólo quiero aprovechar el tiempo que nos queda antes del vientre grande, la cuarentena, bebés llorando, niños asustados por una película o un par de gemelas que no pueden dormir… -de pronto Sesshoumaru pareció entender todo y se aproximó para besarla y dar inicio a una noche larga y activa.
&&&&&
Con el paso de los días tanto Inuyasha como Kikyo tuvieron que admitir con su madre y con su hermana que por fin habían entablado una relación formal. Ambos se veían diferentes, él estaba de mejor humor siempre y ella sonreía mucho más y se arreglaba todos los días para verlo. Una vez que terminaron las vacaciones de Inuyasha no podían verse a diario pero aún así él dejó de pasar tanto tiempo en el hospital y se dedicó más a su novia y a su madre. Comenzó a aprovechar los tiempos libres para llevarlas a pasear, incluso alguna vez casi fantaseando pensó en ir a pescar junto con su hermano, quien de alguna u otra forma parecía contento a pesar de que todos juraban que Lin estuvo próxima pedirle el divorcio.
Esas siguientes semanas, que se hicieron algunos meses, resultaron en una paz y felicidad que los envolvió, descubriendo que las cosas no eran tan malas como pensaron y que el estar juntos podía transformarlo todo en algo mucho mejor.
Una noche Inuyasha y Kikyo regresaron de ir a cenar comida tailandesa, a la cual él se había hecho extrañamente adicto, Kaede se quedaría a dormir con unas amigas esa noche e Izayoi tenía la peculiar idea de que su hijo podría no regresar a dormir. Entraron al departamento de las chicas y Kikyo le ofreció una taza de té, la cual él aceptó gustoso.
- ¿Pasa algo? Estás muy callado. –lo cuestionó a la mitad de la taza.
- No… em… no es nada… -él decidió que quitarse de la cabeza la idea que lo rondaba era lo mejor. Toda la cena pensó en qué podría pasar esa noche, en si tal vez se quedaría con ella y harían el amor, lo deseaba, eso era seguro pero no sabía si ella también.
- Está bien. –pero en realidad no estaba convencida, quizás Inuyasha tenía la misma inquietud que ella sobre estar solos.- ¿Tu hermano ya sabe si son gemelos?
- Sí –rió recordando la llamada de su cuñada.
- ¿Qué pasa? Son gemelos…
- Peor –continuó sin detener su carcajada- Trillizos…
- ¿Están seguros?
- Sí, hace dos días que Sesshoumaru duerme en el sillón. –un rato ambos rieron. – Pero ellos lo sabían, en el historial de la vagabunda hay más gemelos que otra cosa. Por cierto… nunca te lo he preguntado¿en tu familia hay gemelos?
- No, en realidad mis padres eran hijos únicos y hasta donde sé así eran casi todos, Kaede y yo somos de las pocas excepciones.
- Que bueno, entonces no tengo que preocuparme por estar en el lugar de Sesshoumaru. –las palabras salieron de sus labios como lo más natural del mundo, aunque a Kikyo la paralizaron como una insinuación de algo, de pasar esa noche juntos, de vivir juntos, de tener hijos… -Bueno… tal vez me estoy adelantando… -habló por lo bajo empezando a teñir sus mejillas. –No quiero que nos presionemos…
Luego, con otras pláticas más sin importancia terminaron la bebida y él decidió que sería mejor irse antes de seguir alimentando su mente con ideas. Kikyo se puso de pie junto con él para acompañarlo hasta la puerta, aunque por alguna razón se detuvieron antes de las escaleras, justo en la entrada a recámara.
- Es la primera vez que voy a dormir sola…
- ¿Nunca has dormido sola?
- Ya sé que suena raro, pero en realidad no… y me da miedo… -Kikyo miraba hacia el suelo y a pesar de las muchas interpretaciones de sus palabras, no lo dijo más que con su significado literal, le daba miedo quedarse sola.
- No e preocupes, todo va a estar bien
Él le habló suave y levantó su rostro para poderla besar, unieron sus labios como tantas veces antes y comenzaron en una caricia suave y cálida. Un par de minutos más tarde él le pidió la entrada y ella accedió. Profundizaron su beso tornándolo pasional, Inuyasha la envolvió con ambos brazos y se acercó tanto a ella hasta hacerla recargarse contra la pared, la respuesta que obtuvo fueron dos manos femeninas acariciando su cuello, provocándolo inconciente para traspasar esa línea de sólo besos que habían mantenido hasta ahora.
Sin saber exactamente cuánto tiempo había pasado Inuyasha por fin se atrevió a cambiar su posición y bajó sus manos hasta la cadera de su novia, las mantuvo en los costados acariciándola un poco mientras se besaban ininterrumpidamente. De nuevo esas ideas en su cabeza.
Kikyo sintió por un momento que él se atrevía, que iba algo más allá, que se acercaba a lo que ella estaba segura de querer. Con un par pasos lo guió hasta la habitación, donde por fin al pie de la cama dejaron de besarse en los labios cuando Inuyasha paró para saborear su cuello. Ella sintió esa forma de caricias que nunca antes tuvo y que eran embriagantes. Dejó de acariciar su cuello y su nuca para bajar las manos hasta los pectorales masculinos que contenían un corazón acelerado.
Él recorrió su piel sintiéndola erizada debajo de sus labios, reconoció su aroma, tan dulce, tan único. Además las manos delicadas acariciaban su cuerpo, podía sentirlas juguetonas sobre su camisa incitándolo, como probándolo para que se atreviera. Inclusive Kikyo llegó a desabrochar un par de botones para inmiscuir sus caricias a la piel.
Por muchos instantes se reconocieron así, sin pensar en lo que hacían, sólo guiados por su pasión hasta que como balde de agua fría la mente de Inuyasha dio un feo salto del momento a todo lo que éste traía consigo. Parecía que ella estaba segura, que confiaba en él… sin embargo dentro suyo sabía que toda esa inmensa confianza era frágil, que ella era insegura, que nunca antes estuvo con un hombre, que él tenía siente años más de experiencia, que en ese momentos podría hacerle el amor simplemente así… que no era correcto.
- Kikyo… -murmuró en su oído mientras pasa ambas manos de sus caderas a sus antebrazos para detenerlo todo. – No podemos… -habló otra vez bajo y contra sus labios lamentando su propia interrupción con la respiración entrecortada. Ella lo miró sin entender. – No sé si es el momento, pero sí sé que no es el lugar, ni las circunstancias… -ella guardó silencio varios segundos.
- Está bien… -habló al fin casi con decepción en la voz, Inuyasha lo sintió, sabía que si deja sólo las cosas así las consecuencias serían mucho peores.
- Kikyo… -la tomó de las manos y ambos se sentaron en la cama- No sé cómo decírtelo… en estos momentos daría mi alma por estar contigo… por poder… bueno… tú sabes…
- ¿Entonces por qué no? –preguntó con un tono de voz que él reconocía, estaba callando muchas cosas.
- Te amo y quiero pasar toda mi vida contigo y por eso mismo quiero que tú sientas lo mismo, quiero que nunca te arrepientas de nada y que cada momento sea especial… no quiero que sea una noche cualquiera en la cama de tu hermana. –ella cerró los ojos y relajó su expresión, empezaba a entender. - ¿Está bien Kikyo? –preguntó acariciando su rostro, ella asintió sonriendo y mirándolo a los ojos.
- Además… no queremos trillizos ahora ¿verdad? –respondió ya más relajada.
- No, no queremos. Pero si me haces el favor de dejarme dormir contigo esta noche, sería todo un honor.
- Está bien pero mira hacia la pared, me voy a cambiar.
Y así fue como pasó, él no la miró ponerse la pijama y casi de inmediato Kikyo subió a la cama de arriba dejándolo en la de abajo, lo prefirieron así para evitar cualquier tentación. A la mañana siguiente Kaede llegó temprano sorprendiéndolos así, su hermana en la orilla con una mano extendida hacia abajo como si Inuyasha la hubiese estado sosteniendo hasta que los venció el sueño.
Inuyasha escuchó ruido proveniente de la cocina y abrió los ojos imaginando que se trataría de Kikyo, sin embargo al mirar hacia la pared pudo ver aún como caían los dedos largos de la chica por el borde de la cama de arriba. Se puso de pie y antes de salir despertó a su novia llamándola suave por su nombre, un par de minutos después los dos salieron de ha habitación muy sorprendidos de que Kaede hubiese regresado temprano y preparado el desayuno. Luego de saludarla y eludir sus miradas suspicaces el chico fue a tomar un baño rápido.
- ¿Y bien?
- ¿Y bien qué?
- Ya hermana suelta la sopa… ¿pasó algo especial anoche¿Algo que quieras compartir con tu hermana?
- ¿Qué sopa? No pasó nada.
- Sí claro, él se quedó aquí toda la noche y quieres que crea que cada quien durmió en una cama sin tocarse.
- Pues… nos agarramos de la mano un buen rato.
- Sí, sí, sí. A mi no tienes que venirme con cuentos, pero si tú quieres… puedo pretender que te creo. Sólo espero que la señora Izayoi haga lo mismo. –Kikyo se sorprendió al darse cuenta de que no pensó en eso antes, sólo esperaba que de verdad la amable mujer no tuviese objeciones. Por fortuna, no sería así.
&&&&&
El paso de los días siguió totalmente normal, Inuyasha estaba en el hospital con sus turnos normales pero siempre se daba tiempo para verla al salir o entrar a guardia. Hasta que un día resultó especial y quiso sorprenderla con una noticia y una petición. No se suponía que él llamara hasta la noche, al terminar su guardia, sin embargo se las había arreglado para salir antes y desde las diez de la mañana empezó a llamarla a su casa, pasaron varios timbrazos en muchas tandas y nunca contestó, entonces pensó que tal vez había salido e intentó con el celular, pero no obtuvo ningún resultado. Las horas se acumularon hasta casi dar la una. Entonces el chico pensó que quizás Kaede pudiera darla la respuesta que lo tenía ya muy desesperado.
- ¿Inuyasha qué pasa?
- ¿Sabes dónde está tu hermana? –habló rápido – No contesta en tu casa ni su celular.
- No, según me dijo tenía trabajo que hacer en el vivero. No pensaba salir. ¿Insististe?
- Estoy insistiendo desde las diez de la mañana. ¿A dónde pudo haber ido?
- No sé… -respondió dubitativa. – Ayer... ayer estuvo ocupada todo el día quizás pospuso comprar algo… y por eso salió hoy.
- ¿Qué estuvo haciendo? –y fue entonces que la joven se dio cuenta de un detalle que podía ser muy importante, de algo que ya había pasado antes.
- Estuvo recolectando todas las fresas… las limpió y las puso en el refrigerador... Inuyasha eso hizo la otra vez cuando…
- Sí –la interrumpió – Me contó. Pero tú tienes todavía escondidas las pastillas ¿no? El frasco nuevo que te di. –pero Kaede no respondió por varios segundos como intentando hilar las palabras.
- No… esta mañana… se me hizo tarde y las dejé junto a la cama… no pensé que fuera necesario seguir ocultándolas… perdóname.
- No me pidas perdón. Te veo en diez minutos para que me abras la puerta. No tardes. Ambos colgaron y salieron lo más a prisa que les fue posible con horribles ideas en la cabeza ¿cómo era posible¿Qué habían hecho mal? Sin pensar en más posibilidades los dos asumieron lo peor, que Kikyo a pesar de su semblante y sus palabras seguía como antes, sumida en su agonía. Ninguno había sido capaz de ayudarla, de ser un apoyo… de hacerla ver cuánto querían y necesitaban. Ojala no fuera demasiado tarde.
Cuando por fin llegaron luego de un camino eterno Kaede abrió la puerta y pasaron sin atreverse a gritarle y que no respondiera. El vivero estaba cerrado con llave, ahí no estaría. Inuyasha subió corriendo las escaleras seguido de ella. Tampoco estaba en la pequeña estancia, sólo les quedaba la recámara. La puerta estaba abierta y eso les dejó ver que como dijo Kaede en la mesita junto a su cama estaba el frasco de pastillas, aunque también había un vaso vacío y a su lado tendido sobre la colcha el cuerpo de ella. Estaba recostada con los ojos cerrados y las venas intactas. Al instante Kaede sintió que las piernas le fallaban y tuvo que dejarse caer recargada en la puerta, la voz y todos sus sentidos la traicionaron. Sin embargo a él lo ayudó su instinto de médico y corrió hasta ella levantándola por los hombros con la esperanza de que sus labios todavía contuvieran el aliento.
- ¡Kikyo¡Kikyo reacciona! –pero ella no tardó más que dos segundos en abrir los ojos y recargarse ella misma semi sentada viéndolo como sin entender y con miedo en la mirada. - ¿Cuántas pastillas tomaste?
- ¿Qué pastillas¿Qué hacen aquí? –preguntó mirándolos alternadamente, Inuyasha la miró y tomó el frasco agitándolo para darse cuenta de que estaba lleno casi hasta el tope. Nadie dijo nada. Kikyo los miró molesta empezando a entender todas sus suposiciones. - ¿Creyeron que lo hice otra vez? –pero nadie respondió- ¿Por qué no confías en mí? –preguntó con la voz furiosa abofeteando al hombre.
- ¡Hermana no¡Fue mi culpa!
- No lo defiendas Kaede…
- Sí, tu hermana tiene razón… no confié en ella –habló por lo bajo con la mirada perdida en el suelo mientras sus ojos se notaban cristalinos. – Tuve miedo de perderte…
- Pero… ¿por qué pensaste que haría eso?
- Ha estado llamándote desde la mañana –interrumpió Kaede también con lágrimas en los ojos. Kikyo tomó su celular y vio las muchas llamadas no respondidas y el modo de silencio activado, respiró profundo y lo abrazó despacio, de la misma forma en que dejó un beso sobre sus labios. –Perdóname… -Inuyasha se calmó un segundo antes de decir o hacer cualquier cosa y correspondió el abrazo y el beso todavía con la sensación de intranquilidad. –También perdóname tú, Kaede.
- Sí, está bien… sólo perdí la última clase…
- ¿La que odias?
- Algo así… odiar es una palabra muy fuerte…
- Oigan muchachas. –interrumpió Inuyasha.
- Es cierto¿por qué me llamaste? Tú no sueles llamar cuando estás de guardia.
- Era justamente para hablar contigo, decirte que me acaban de ascender e invitarlas para pasar fin de año fuera, con lo que queda de Sesshoumaru.
- ¿Cuándo nos vamos? –preguntó Kaede.
- Inuyasha no podemos –interrumpió Kikyo. –El vivero… no podemos dejarlo.
- Terapea a tus flores porque de verdad… quiero que vayan… -y la miró con expresión de cachorro a medio morir sin dejarle más opción que ceder.
- Está bien, está bien. Vamos, pero no me veas así.
&&&&&
Un par de días antes de navidad Kikyo, su hermana, Inuyasha y su madre fueron a pasar las fiestas con Sesshoumaru y la familia. Era la primera vez que las chicas iban a no estar solas en esas fechas desde que murieron sus padres. Al llegar Lin, con su gran vientre, y su esposo, los recibieron en el aeropuerto y los advirtieron de cualquier nueva moda en bromas que tuvieran las gemelas en esos días. Ellas y el niño esperaban en casa con la chica que muy ocasionalmente aceptaba cuidarlos. Desde que cruzaron la cochera se notaba que la nueva casa era muy grande, suficiente para criar a seis niños, incluido el jardín trasero con varios árboles.
Una vez en la sala las niñas llegaron corriendo a abrazar a su abuela y decirle cientos de cosas al mismo tiempo. Mientras que el pequeño fue caminando con su misma parsimonia habitual y al ver a Kikyo no dudó en extenderle los brazos como alguna vez en el pasado. La muchacha complacida fue directo y lo cargó sonriendo, él pareció también más contento y expresivo de lo normal. Sin embargo un frío silencio se hizo cuando todos notaron la mirada de hielo que Lin posó en su marido, aunque disimuló una sonrisa disfrazando su tono de ira.
- Nos permiten un momento, por favor. –y tomó a Sesshoumaru de la manga de la camisa para llevarlo hasta la cocina y golpear su hombro varias veces con toda la fuerza que pudo.
- El masoquismo no es algo que en realidad disfrute ¿Qué pasa? –preguntó sin entender sintiendo como la fuerza con que era agredido aumentó un poco más.
- ¡Deja de jugar¡Te gusta!
- ¿Me gusta qué?
- ¡Te gusta ella!
- ¿Y eso viene… a…?
- Ese niño es un clon tuyo y le extendió los brazos como si la conociera de toda la vida. ¡Ni siquiera hace eso conmigo y soy su madre!
- Sí, es extraño pero… vuelvo a preguntar ¿Eso tiene que ver conmigo porque…?
- Si le gusta a él, te gusta a ti. Además yo ya no te gusto, estoy gigante, peso cien kilos y ruedo como barril… Seguramente prefieres a cualquier otra…
Pero antes de que pudiera continuar con cualquier reclamo o adivinación él la abrazó casi por la fuerza estrechándola contra su propio cuerpo para poder besarla. Unió sus labios y casi al mismo tiempo se inmiscuyó entre ellos, sin pedir permiso ni sentir que se lo negaran. Fue un beso profundo e intenso que para cuando terminó se había llevado consigo todas las ganas de pelear que tenía la mujer embarazada.
&&&&&
Es misma noche después de la cena en familia Kaede llevó a las gemelas para adormir, se suponía que iba a leerles algo. Sin embargo el niño decidió quedarse al lado de padre.
- Estás muy gorda vagabunda, vas a explotar. –señaló Inuyasha a su cuñada mientras le pasaba los platos de la cena.
- Sí, y todo es culpa de tu querido hermano.
- En primera, no es querido. Y en segunda sí, tienes razón, yo se lo advertí, le dije que se hiciera la vasectomía.
- ¡Ah! Pero se la va a hacer. De mi cuenta corre, de una u otra forma se la va a hacer.
En ese momento como salido de la nada y con su pequeño a un lado, Sesshoumaru apareció dedicándole una mirada casi mortal a su medio hermano, a lo cual éste respondió riendo y haciendo con su mano un movimiento como de tijeras diciendo "corta, corta, corta…". El mayor casi enfureció o hubiese sido así, pero su hijo lo interrumpió jalando su pantalón. Al voltear pudo ver al pequeño haciendo exactamente la misma seña que Inuyasha. Y diciendo en voz baja "corta, corta, corta…"
- Inuyasha, te prohíbo terminantemente que te vuelvas a acercar a mi hijo. –tomó de la mano al pequeño para salir de ahí mientras a su hermano le costaba trabajo mantenerse en pie por la risa incontenible. Un segundo después comenzó a seguir a su hermano y sobrino que iban al estudio para ver la televisión.
- Espera, espera aún tengo que contarte los detalles de la vasectomía.
- Aléjate de mí, mata sanos.
- Ese par no tiene remedio -señaló Izayoi, quien estaba sentada en la mesa aún mientras Lin seguía lavando y Kikyo había tomado el lugar de Inuyasha para pasarle las cosas.
- Sí, así han sido desde siempre y así seguirán por el resto de sus vidas. –señaló la mujer embarazada.
- ¿Son amigos desde hace mucho tiempo? –preguntó curiosa Kikyo.
- Sí, desde que nos conocimos en la preparatoria nos hemos estado soportando mutuamente.
- Excepto por esa vez en que se pelearon por… ¿seis meses¿No? Cuando no se halaban ninguno de los tres.
- Es cierto, sí fueron seis meses más o menos y todo fue culpa de Inuyasha.- dijo Lin haciendo memoria.
- Fue la vez de la apuesta y el perro ¿no? –a lo que su nuera respondió solando un plato que de milagro sobrevivió y volteando a verla, mientras Kikyo no entendía mucho.
- ¿Tú sabes todo eso Izayoi?
- Inuyasha nunca ha sido bueno resistiéndose a una cena y un vaso de leche con chocolate en su habitación… en realidad Sesshoumaru tampoco. Me lo contaron todo cuando pasó a cambio de que fingiera no saberlo. Pero supongo que ahora ya no tiene mucha importancia que te enteres.
FLASH BACK
Inuyasha llegaba a su salón muy enojado, cargando una computadora que contenía su trabajo de toda la noche y ostentando unas grandes ojeras que según él no debían estar ahí si la que llamaba su "mejor amiga" hubiera llegado como prometió para hacer el trabajo en equipo. Cinco minutos después en la puerta apareció Lin siendo acompañada por su ahora novio, Sesshoumaru, hacía apenas una semana que habían formalizado, a pesar de tener cinco meses saliendo constantemente.
- ¡Cachorro! Te ves fatal. –saludó a su amigo acercándose con la mayor alegría. – No dormiste bien ¿verdad? Porque yo sí.
- Claro, dormiste perfectamente luego de estar hasta no se qué horas con el tarado de Sesshoumaru, mientras yo tuve que hacer solo el trabajo para que no reprobemos.
- ¿Pero el trabajo no era para el martes?
- Hoy es martes.
- No es cierto.
- Claro que sí ¡Maldición! Si estuve toda la noche despierto por tu irresponsabilidad.
- Bueno, te debo una. Dame lo que voy a decir para estudiarlo.
Él conteniendo su enojo usó la razón y le pasó una hojas esperando que el día se encargara de quitarle el mal humor y para la última clase estuviese relajado para hacer bien la presentación. Ese día el chico estuvo casi dormido en todas las clases con la confianza de que cada que volteaba a ver a Lin ella parecía concentrada leyendo algo. Para el final se acercó a su banca antes de ir a conectar todo para la clase y fue hasta entonces que vio que lo oculto en el libro no eran sus hojas, sino una historieta que llevaba por título "Ranma ½"
- Espero que te hayas aprendido tu parte y no hayas estado perdiendo el tiempo todo el día con esas tontas cosas japonesas. Además la autora de esa no sabe hacer finales….-la sentenció con rigidez.
- Sí, claro que no hay problema. ¿Cómo se llama el tema? –preguntó revolviendo su mochila en busca del material entregado por Inuyasha, él respiró profundo y dio media vuelta.
- Quiero creer que estás bromeando y tengo confianza en que el maestro nos calificará por separado. –poco tiempo después estuvo todo listo y dieron inicio, el chico habló con fluidez llenando las expectativas del profesor, a diferencia de la parte de ella, que resultó lenta, incompleta e incomprensible, siendo interrumpida varias veces por sí misma para preguntarle a Inuyasha sobre el contenido de las tarjetas. Al final, todos se dieron cuenta de cómo habían sido las cosas.
- Me parece bastante obvio –habló el profesor- que uno de ustedes se preparó e hizo toda la exposición mientras el otro –volteó a ver a Lin- no hizo nada, ni siquiera leer antes. Entonces les doy dos opciones, pueden decirme quién hizo todo y quién no y los califico por separado. O pueden quedarse juntos y sacar cinco… los dos. –hubo un silencio en que tanto Inuyasha como el resto de las personas presentes miraron a Lin hasta que ella se acercó a su amigo y lo empezó a arrastrar del brazo hasta su asiento.
- No, no vamos a decir nada. Podemos sacar cinco los dos.
- Está bien. Es todo por hoy. –y mientras los alumnos y él mismo abandonaron el aula el chico de ojos dorados se quedó callado y en su asiento, todos lo miraban. Al estar solos fue y desconectó todo con la ayuda silenciosa de Lin para luego desde la puerta comenzar a explotar.
- ¿Qué crees que hiciste? –preguntó levantando una ceja.
- Nada, es simple lógica. Si nos pone cinco en esto a los dos, tú tienes nueve al final y yo seis. Pero si te pone diez, y conservas tu diez, a mi me va a poner cero, obviamente, y entonces voy a reprobar al final. ¿Y no queremos que repruebe verdad?
- No lo puedo creer. Algún día tendrás que hacerte responsable de tus actos. –azotó la puerta y salió de ahí furioso.
Esa misma tarde la joven fue a casa de los Tashou a visitar a su novio más que nada y de paso para ver si su amigo estaba ya más tranquilo para hablar con él y quizás, si la convencía, reponerle la exposición con una tarea. Se encontró con Sesshoumaru en la planta baja y decidieron subir a jugar videojuegos, sin embargo nunca llegarían a hacerlo. A unos cuantos metros del estudio se toparon con el hermano menor, quien estaba aún más enojado que un rato atrás y sin provocación alguna comenzó el ataque.
- La pequeña Lin, siempre detrás del gran Sesshoumaru, como un ser insignificante y sin voluntad.
- ¿Qué te pasa? –contestó ella extrañada y ofendida.
- Nada, nada. Simplemente digo que es bueno tu método de esconderte detrás de él para todo.
- ¿Ah si? Por lo menos yo no tengo un perro viejo de peluche bajo mi almohada y hablo con él todas las noches. –sus palabras salieron sin pensarlas, Inuyasha se quedó helado, jamás pensó que fuera capaz de decir eso que juró mantener en secreto, especialmente frente a su hermano, quien no esperó para comenzar a reír.
- Búrlate lo que quieras niño trofeo –se dirigió a su hermano mientras Lin se tensaba de pies a cabeza. - ah… no le has dicho de la apuesta. Pues déjame decirte "querido hermano" que si ella está a tu lado es porque hicimos una apuesta contigo de por medio. –Sesshoumaru volteó a ver fríamente a Lin, quien intentó explicarle entre muchas palabras que el otro no escuchó encerrándose dentro de su habitación. - ¿Ves? Consecuencias, Lin. –y él también se marchó no dejándole más opción a la joven que regresar a su casa enojada con uno y preocupada por no tener al otro.
Las siguientes semanas Inuyasha y Lin se evitaron, no hablaban, ni siquiera cuando era necesario en el salón. Inexplicablemente las calificaciones de Inuyasha subieron de casi perfectas a perfectas, en proporción a las de Lin que decaían de malas a apenas suficientes. Ella buscó muchas veces a Sesshoumaru para intentar explicarle, decirle que existió una apuesta pero no tenía nada que ver con que estuviera a su lado, que de verdad lo quería. Pero él jamás recibió una llamada o se quedó para escuchar palabras, inclusive le pidió al entrenador que cerrara las prácticas para que nadie ajeno al equipo entrara.
Esos insoportables días se les volvieron rutina hasta que acabó el semestre, Sesshoumaru se había graduado ya y ella no podría verlo más, ni siquiera de lejos. De Inuyasha ella no sabía nada, ni quería hacerlo, ni tenía tiempo con las clases de verano que debía tomar para no repetir el grado.
Habían pasado ya casi seis meses desde que ninguno de ellos hablaba con el otro, ni siquiera los hermanos entre sí, a pesar de la insistencia de su padre y la habilidad de Izayoi, que en algún punto venció la terquedad de los dos.
Una mañana Lin salía cansada de sus clases, desde que no tenía a Inuyasha a su lado todo era aburrido y tedioso, además de muy laborioso. Atravesó el umbral del salón y bajó las escaleras hasta el estacionamiento, donde esperando en la entrada estaba Sesshoumaru recargado en el auto, en cuanto lo vio se paralizó ¿la estaría buscando a ella? O tal vez estaba esperando a alguien más, después de todo ya había pasado mucho tiempo y más de alguna mujer ahí hubiese estado encantada de salir con él.
- Lin… -la llamó cuando iba pasando por su lado sin querer mirarlo.
- ¿Qué pasa? –respondió con tono casi tembloroso deteniéndose.
- ¿Tienes tiempo de ir a comer?
- Claro. –sonrió mientras subía al auto cuando él le abrió la puerta. En realidad al día siguiente tenía un examen difícil pero ¿qué más daba? Sesshoumaru era todo lo importante.
Fueron hasta la casa del chico y no había nadie ahí, así que tomaron de la cocina algo de lo que se había preparado del día anterior, a momentos parecían casi extraños que no tenían mucho en común sin embargo cuando sus miradas se tocaban los dos sonreían y todo parecía perfecto. Para cuando iban en el postre él por fin decidió hablar, muy a sabiendas de lo que escucharía.
- Entonces soy un trofeo.
- No –se apresuró a decir ella tomando sus manos sobre la mesa. –No fue así.
- ¿No hubo apuesta?
- Sí, sí la hubo pero… verás, cuando nos topamos la primera vez… le pedí a Inuyasha que me presentara contigo y él me dijo que nadie te soportaba más de dos citas. Apostamos un mes de tareas a que yo no te soportaba por tres citas. Pero fueron eso, tres citas solamente… los otros meses han sido por mi cuenta, porque me enamoré de ti… -habló con énfasis intentado explicar todo sin derramar las lágrimas necias que se negaban a desaparecer.
- ¿Por qué nunca me lo dijiste? Sabes que hubiera salido contigo las tres veces sólo por fastidiarlo. –Lin lo miró y notó una cierta expresión maquiavélica en su rostro, ya no estaba enojado.
- No lo pensé, debí hacerlo. –rió más relajada y él se puso de pie para abrazarla y besar sus labios de nuevo después de un interminable tiempo. – Perdóname.
- No tengo nada qué perdonarte. Al contrario, discúlpame por estos últimos meses de no escucharte.
Esa tarde la pasaron ahí, conversando y poniéndose al corriente, él tenía ya todo listo para empezar en la universidad de la ciudad y hasta había participado ya en más de algún entrenamiento con su futuro equipo. Fue hasta una hora luego del atardecer, más o menos, que Inuyasha regresó de algún lugar cargando un par de libros, vio luces encendidas en el estudio y fue para verificar quién estaba en casa. Lin al verlo se sorprendió aunque él no pareció para nada extrañado, como si estuviese esperando topársela.
- Voy por otras bebidas. –dijo Sesshoumaru poniéndose de pie para salir obviamente por un pretexto. –No estorbes. –le dijo a Inuyasha pasando a su lado, era la primera vez desde la pelea que se hablaban, aunque fuera para pseudo-agredirse.
- Supe que te quedaste a cursos de verano, vagabunda. Te lo dije, es lo que pasa por no afrontar tus responsabilidades. –ella lo miró sonriendo casi por derramar un par de lágrimas, de alguna forma tampoco estaba enojado ya, inclusive había vuelto a tratarla como antes. Lo único que pudo hacer fue levantarse y abrazarlo.
- Ya me vas a volver a ayudar con mis tareas¿verdad? –preguntó emocionada sin soltarlo.
- Feh! Por fuerza te tengo que ayudar a pasar, si no, no voy a tener a quién molestar en la universidad. –ella lo soltó y le dio un golpe en las costillas.
- Claro, además recuerda que de no ser por mí, no tendrías vida social, exactamente como va a ser en la universidad si no me ayudas a pasar.
Cuando Sesshoumaru entró de nuevo cargando tres latas de soda le dio una a Lin y la otra a su medio hermano, él muy intrigado por el gesto apenas respondió con un "gracias" algo cauteloso. La pareja abrió su bebida e Inuyasha se dispuso a hacer lo mismo, por desgracia para él no fue hasta una fracción de segundo antes de ser bañado con el contenido de la lata agitada, que vio la expresión maquiavélica de su hermano. Los tres quedaron en silencio los segundos suficientes para escuchar la puerta de la entrada abrirse, antes de que Inuyasha comenzara a decirle palabrotas a su hermano y Lin riera sin control.
- Ya llegamos. ¿Alguna novedad? –gritó desde abajo Inutashou que entraba con su esposa.
- ¡Mamá¡Sesshoumaru agitó mi lata! –el "aviso" del menor no terminó más que en la risa más incontenible de su amiga, la mirada más burlona de su hermano y una discreta risa de sus padres abajo.
FIN DEL FLASH BACK
- Entonces fue por ti. Ninguno de los dos me lo dijo nunca, los interrogué durante horas por varios días pero siempre fueron tumbas. –señaló Lin a su suegra apenas, tantos años después, enterándose quién fue la causante de que ambos chicos milagrosamente la quisieran de nuevo. Izayoi sonrió y miró a Kikyo, quien parecía divertida con toda la historia.
- Kikyo, hay tres cosas que debes aprender de los hombres de esta familia. Número uno; son despistados, número dos; puedes sacarles casi cualquier cosa con un vaso de leche con chocolate y tres; si se lo proponen jamás admitirán que se equivocaron.
- Sí, mientras quieras mantenerlo bajo control esas son las tres reglas básicas de tu vida. –acto seguido las tres mujeres rieron un rato hasta que escucharon un grito desde la terraza "¡Vagabunda, tu marido agitó mi cerveza!".
&&&&&
La noche de año nuevo hicieron una pequeña reunión para su familia más cercana, los padres Lin, junto con su hermanito de diez años y sus hermanos gemelos algunos años más grandes que ella acompañados cada uno por sus respectivas familias, Izayoi, Inuyasha, Kikyo y Kaede. En un momento que tuvieron el médico y su novia salieron al jardín a caminar. Esa noche él no pudo despegarle los ojos de encima, el vestido blanco sin hombros que llevaba era demasiado hipnotizante para no notarlo, además era una de las pocas ocasiones en que ella se dejó el cabello suelto caer sobre la espalda.
- Estás hermosa… -susurró en su oído cuando llegaron a lo más alejado entre los árboles. Luego la abrazó por la espalda. –Hueles bien… -ella se dejó llevar y envolver por sus brazos, la noche era más que perfecta.
Sin pensarlo Inuyasha besó el oído femenino varias veces, primero jugando y luego sin poder detenerse, sin pensar en lo que hacía. Murmuró su nombre varias veces mientras sin darse cuenta, sostenía su mano izquierda sobre la de ella y la derecha firme en su abdomen atrayéndola hacia sí mismo con fuerza. Así entre esos dulces besos y el momento de pasión Kikyo sintió, sin saber cómo, que Inuyasha se contenía de tocarla. Guiada por su instinto y sus sentimientos por él, tomó la mano que mantenía en su abdomen y con cuidado y algo de timidez la subió hasta uno de sus pechos. Con este acto a él pareció perder el control de lo que hacía y besó con más vehemencia el cuello de su pareja mientras la acariciaba sin pensar en nada más. De esta manera la provocó un rato hasta sentir que ambos tenían la respiración entrecortada.
- ¡Tía Kikyo ven a abrir los regalos! –fue el grito de dos niñas iguales lo que los detuvo en seco volviéndolos a una no muy agradable realidad en la que las gemelas estaban cerca de ellos llamándolos para regresar a la casa. Lo único que los chicos pudieron hacer fue quedarse en la misma posición y fingir que sólo se abrazaban, con suerte las pequeñas intrusas no supondrían nada más.
- Ya vamos niñas. –respondió en seco Inuyasha deseando que por la emoción de los presentes las chiquillas se fueran, por fortuna así pasó.
- Debemos ir… -fue Kikyo la que entró en razón.
- Sí, sólo dame dos minutos. –suspiró él resignado, ella se encogió de hombros y se recargó más en él. –No hagas eso –la separó y él se alejó.
- ¿Por qué? –preguntó inocente.
- ¿Cómo te lo digo? Pues porque… si te quedas así en lugar de dos minutos tendríamos que esperar más, mucho más.
- No te entiendo… -volvió a cuestionarlo todavía sin captar la idea.
- Mira, hay ciertas funciones en los hombres que a veces…
- ¡Ah ya! Ya entendí. –lo interrumpió apenada con las mejillas en rojo comprendiendo al fin lo que él intentaba decirle.
&&&&&
Luego de las fiestas ellos regresaron a su vida normal, Kikyo en el vivero e Inuyasha con su nuevo puesto de jefe de residentes. Al principio las cosas estuvieron iguales y todo marchó bien, sin embargo en algún punto las nuevas exigencias administrativas del médico empezaron a pesar en su vida y, sobre todo, a quitarle tiempo. Cada vez sin que él lo deseara y sin que Kikyo le reclamara nada, se veían menos, hablaban menos, se comunicaban menos. Ahora tenían suerte si salían un día por semana y se llamaban otros dos. La joven intentó entender todo, pasarlo por alto, tratar de hablar con él… todo lo que se le ocurrió, pero de todas formas se sentía abandonada.
Una tarde la joven atendía al hombre extraño que iba a diario, a veces ni siquiera la miraba pero en otras ocasiones como esa se detenía a tener una larga conversación sobre las últimas novedades del medio, al parecer era un gran coleccionista con mucho dinero para gastar en flores y semillas.
- En cuanto me lleguen esas semillas será el primero en saberlo, joven Onigumo. –le sonrió ella con tristeza.
- Gracias señorita Kikyo, me alegra que a pesar de su relación con ese hombre todavía tenga tiempo para cumplir mis caprichos. –ella en realidad no supo cómo reaccionar, sólo lo miró nerviosa y un instante después se sintió aliviada al ver entrar a Inuyasha con un fólder y una caja de chocolates. Onigumo la vio sonreír y volteó para darse cuenta de quién entraba. –Creo que vienen a buscarte. Es mejor que me vaya. –se acercó y la besó en mejilla con mucha familiaridad, como si fueran grandes amigos, ella no entendió el por qué lo hizo ni se dio cuenta de que al dirigirse a la entrada su cliente vio a su novio como retándolo.
- Inuyasha, qué sorpresa. –lo saludó ella sonriendo con el otro ya fuera de la mente.
- ¿Quién es ese tipo? No me gusta cómo te mira, ni cómo se despide, ni cómo me retó con la mirada.
- Inuyasha… eres un paranoico, no me has saludado y ya estás inventando cosas.
- Feh! Lo que pasa es que tú no te das cuenta pero él quiere algo contigo.
- Sí hermana, yo he visto cómo te mira. –habló Kaede regresando del vivero.
- Kaede guarda silencio, no ayudas. ¿Vamos arriba? –preguntó a Inuyasha mientras su hermana menor se quedaba para atender. - ¿A qué debo tu visita? –le preguntó una vez arriba la chica, su respuesta fue un beso más que tierno, pasional, él la tomó de la cintura y ella se abrazó de su cuello, parecía que no se vieron durante siglos.
- En realidad… sólo tenía ganas de verte. Y te traje dos cosas. –le extendió la caja con sus chocolates favoritos. – Pensé en traerte flores, pero me iba a sentir algo tonto. –Kikyo rió y lo besó en la mejilla. – Y te traje esto, son los papeles de tu nueva escuela.
- ¿Qué? –tomó el fólder de sus manos y empezó a hojear lo que parecía una inscripción pagada y un plan de estudios junto con una pequeña lista de papeles por entregar.
- Sólo tienes que llevar lo que dice ahí.
- Pero Inuyasha… no tengo tiempo… -le dijo entre contenta y preocupada.
- Claro que lo tienes, son sólo dos horas dos días a la semana. Además eres muy inteligente y sólo te falta un semestre. Después veremos lo de la universidad.
- Estás loco. –lo abrazó con fuerza. – Gracias… -murmuró en su oído.
- No hay de qué. Además en verdad, si quieres entrar a medicina puedo ayudarte y ayudarte a estudiar. –ella se separó y lo miró alzando una ceja.
- De esa manera al menos podría verte más ¿no? –él sintió como un cubo de hielo en la espalda el comentario, por un momento las palabras de ella le habían recordado los constantes avisos que recibía de su padre, todos traducidos en un "Trabajas demasiado ya casi no podemos pasar tiempo juntos… y lo extraño".
&&&&&
Unas dos o tres semanas después de Kikyo comenzó a asistir a clases decidió que era el momento de dar el paso que hacía falta en su relación. Inuyasha se esforzaba por estar con ella sin obtener muchos resultados, en algunos momentos sintió que perdía la paciencia por ese hombre, hasta empezar a odiar el sonido de su celular, sin embargo su amor fue más fuerte decidió que una noche juntos sería más que suficiente para repararlo todo.
Planeándolo muy bien eligió un hotel hermoso algo en las afueras de la ciudad, cada habitación tenía una terraza y un jacuzzi, además mucho espacio como para organizarle la sorpresa. Llevó muchas flores para todo el lugar y mandó a hacer cena ahí mismo con instrucciones de la hora en que debían servirla y se aseguró de que Kaede durmiera en casa de unas amigas esa noche, la joven recordando una experiencia pasada se mostró renuente ante la insistencia de Kikyo para que se fuera esa noche, hasta que la mayor tuvo que explicarle los planes. Ya cerca del anochecer ella sabía a qué horas terminaba el turno de Inuyasha y fue al hospital, hasta la salita afuera de la oficina de su novio. Donde prefirió llamarlo.
- ¿Inuyasha?
- Sí ¿pasa algo?
- ¿Sigues en el hospital?
- Sí, creo que me voy a quedar un rato, tengo cosas que hacer.
- Necesito que vengas por mí, me siento muy mal. –se fingió enferma para hacerlo salir.
- Ves, eso te pasa por dejar de tomarte así las pastillas.
- No me regañes, Kaede no está y me da miedo quedarme aquí sola… -al final hasta parecía que estaba a punto de derramar algunas lágrimas.
- Espera. Voy para allá. –colgaron y medio minuto más tarde la puerta se abrió dejando ver a una doctora de la edad de Inuyasha y a él mismo saliendo juntos. – Kikyo… -se sorprendió al darse cuenta de su presencia, aunque quizás no tanto como ella al verlo salir con otra mujer. -¿Qué haces aquí?
- Quería darte una sorpresa… -pero miraba más bien a la doctora que sostenía varios archivos, Inuyasha se acercó y la besó en los labios.
- Ah… sí me sorprendiste… Doctora Cameron, ella es mi novia, Kikyo. Kikyo, ella es la doctora Cameron. –la dos mujeres estrecharon manos e intercambiaron un saludo frío y agresivo mientras se veían de arriba abajo. -¿Nos vamos?
- Sí… vámonos Inuyasha. –los tres se despidieron y la pareja salió de ahí, llegaron hasta el auto de él y Kikyo lo guió hacia algún lugar desconocido. Todo sin decir más de lo indispensable y fue hasta la mitad del camino que él se atrevió a preguntar.
- Estás enojada ¿verdad?
- No.
- ¡Claro que estás enojada!
- No, sólo estoy terriblemente celosa.
- ¿Qué no es lo mismo? Además es sólo una compañera de trabajo, es residente y fue a consultarme algo...
- No es necesario –lo interrumpió – No tienes que decirme todo eso. Te dije que no estoy enojada.
- ¡Pero sí lo estás!
- No ya te lo dije, estoy celosa, no enojada
- ¿Ya la diferencia es…? –el hombre cada vez entendía menos y sin saberlo se aproximaba más a lo que debía ser una gran noche.
- Estar enojada es por algo malo que hiciste, pero no hiciste nada incorrecto, me presentaste como tu novia y me besaste enfrente de ella, además salió con una torre de archivos y no la ayudaste… pero eso no evita que me sienta celosa porque esa mujer está a tu lado todos los días muchas horas y yo apenas te veo una o dos horas a la semana, si tengo suerte. Es en la siguiente entrada.
- Pero es un hotel –señaló él todavía tratando de entender la explicación.
- Sí, sé que es un hotel, ahí vamos. –Inuyasha la miró sin entender y casi pasándose de la entrada, las cosas se ponían raras. Pasaron por la recepción y la encargada pareció decirle a Kikyo que todo estaba listo según sus órdenes.
- ¿De qué hablaba esa mujer? –le preguntó mientras subían al ascensor.
- Que impaciente eres. Ya lo verás. –se acercó a él y tomó su brazo sin dejar que la atmósfera hasta cierto punto tensa que él creaba afectara su buen humor. Al entrar en la habitación Inuyasha por fin pudo ver de qué se trataba todo, la mesa lista con la cena, el cuarto lleno de flores y la cama cubierta de pétalos de colores.
- ¿Tú planeaste esto?...
- No, fue la recepcionista, ahora viene a acompañarte. –bromeó ella en tono algo sarcástico mientras le quitaba la bata. –Ponte cómodo y sírveme vino. –él levantó una ceja mirándola quitarse el suéter y dejando ver por completo el vestido sencillo que llevaba, se veía hermosa y no lo notó antes.
- ¿No debería ser yo el de la iniciativa?
- Sí, pero como no quiero morir virgen, mejor la tomé yo. –él nunca esperó ese comentario, sólo se quedó moviendo los labios como sin poder articular palabra o idea en la cabeza, Kikyo río y lo abrazó. Inuyasha se tiñó de rojo.
- Perdón… nunca he sido bueno para… para…
- Sí, ya me lo habían advertido. –lo interrumpió recordando las palabras de Izayoi "…hay tres cosas que debes aprender de los hombres de esta familia. Número uno; son despistados…". -¿Vas a servir el vino? –murmuró en su oído para luego separarse.
Entonces los dos pudieron relajarse y cenar, se tomaron su tiempo para hablar y re-reconocerse en un intento por mantener sana esa relación que significaba tanto para ambos. Después de la cena Kikyo puso a llenar el jacuzzi para bañarse juntos, mientras, salieron a la terraza para ver la ciudad de noche. Estando ahí Inuyasha no pudo contener más sus ganas de besarla.
Inició todo como un roce suave en sus labios varias veces, la abrazó y ella desabrochó el primer botón de su camisa. Así sin separarse ella murmuró un tenue "vamos dentro" y él obedeció. Con cortos pasos terminaron en la puerta del cuarto de baño, donde dentro el agua caliente todavía no estaba en el nivel adecuado, pero tenían tiempo. Siguieron besándose mientras Kikyo se dio a la tarea de quitarle la camisa y dejar su torso desnudo para poder acariciarlo. Él pasó sus manos por cada centímetro del cuerpo femenino que tenía delante, siempre sobre la tela pero aún así lo reconoció como suyo, como propiedad de la mujer que amaba, que lo amaba.
Sin dudarlo la tomó firme por la cintura y la acercó a él lo más que pudo, quería sentir sus cuerpos juntos, dejó sus labios y bajó hasta su cuello dejando marcado el dulce camino de besos y humedad que a ella le erizó la piel. Se acercó a su oído para rozarlo varias veces y susurrar su nombre en tono suave. Luego, regresó para probar el éxtasis de la boca de su mujer.
En un momento Kikyo palpó el celular que se sostenía del cinturón de su pareja y sin dudarlo lo quitó para dejarlo en algún sitio, ese pequeño aparato que ya aborrecía por apartarlo de su lado tantas veces. La mesita estaba a un metro escaso, no tenía más que acercarse y dejarlo, pero como maldición justo un segundo antes de su cometido comenzó a sonar y vibrar como loco. Inuyasha no lo pensó dos veces antes de separarse y quitarle el teléfono de las manos respondiendo presuroso y en tono indiferente como si no lo hubieran interrumpido.
- ¿Si?... claro… sí… voy para allá. –la llamada no duró más un minuto y ni él ni la persona del otro lado hablaron mucho, pero eso fue suficiente para arruinarlo todo. –Kikyo yo… -se intentó explicar pero la mirada furiosa de ella lo detuvo, junto con la camisa que la joven vio tirada cerca y le aventó a la cara.
- Vete. –fue tajante mientras iba hacia la cama por la bata.
- Pero Kikyo, es que es necesario… sabes que no quiero.
- ¡Vete! –le gritó tomándolo de la muñeca para llevarlo hasta la salida y empujarlo fuera junto con su bata que acabó en el suelo. – Y no me busques… ya hiciste tu elección. –azotó la puerta y le puso seguro. Él no se atrevió a intentar nada, sólo se fue con la convicción de que era necesario en el hospital y con la esperanza de que Kikyo se calmara para hablar otro día.
Esa noche entera ella se quedó en la misma habitación dando vueltas y esperando sin decirlo que él regresara, que llamara a la puerta, que le pidiera perdón… que le dijera que se equivoca… que le demostrara que la ama como decía. Pero nada pasó.
&&&&&
Al día siguiente Kikyo decidió no contarle a Kaede nada de lo sucedido, muy a pesar de su insistencia, sólo le dio instrucciones de negarla en el remoto caso de que Inuyasha llamase. Esas horas fueron algo eternas y pesadas, hasta las flores se veían decaídas. No fue hasta ya muy cerca de la hora de cerrar que él llamó, Kaede levantó el teléfono y Kikyo se puso a su lado para escuchar.
- Kaede ¿está tu hermana?
- Em… está muy ocupada ahora Inuyasha pero si quieres venir aquí va a estar. –al instante la chica sintió un golpe en su hombro, no debió decir eso, a pesar de que una pequeña esperanza nació en Kikyo, la cual no tardaría mucho en desaparecer.
- No, estoy muy ocupado. Mañana la llamo otra vez. Buenas noches. –y colgó dejando a ambas chicas sin dar crédito de lo que escucharon, no parecía el mismo de siempre. Kaede pensó en decir algo para consolar a su hermana pero las interrumpió el cliente raro de todos los días, quien sin dudarlo saludó a la más grande.
- Señorita Kikyo. Buenas tardes, no pude venir antes.
- Buenas tardes joven Onigumo. Tiene suerte, me llegaron hoy sus semillas. –lo condujo al vivero con su frialdad habitual, esa que siempre la acompañó antes de Inuyasha. –Estoy segura de que tendrá muy buenas flores con estas semillas.
- Gracias, eso espero. –la muchacha sacó el paquete y se lo entregó viendo hacia la nada. - ¿Te pasa algo?
- No, nada. –le sonrió de manera falsa y luego notó en sus ojos algo, una chispa de interés. -¿Crees que soy bonita? –preguntó sin saber por qué a él, quizás fue sólo porque su estima y su vanidad como mujer fueron hechas añicos la noche anterior al ser dejada así.
- ¿Bonita? Si tú siempre has sido la mujer más hermosa del mundo. Hasta ese día que te encontré en el charco de sangre. –le dijo señalando el lugar exacto donde todo había pasado. Ella se sorprendió.
- ¿Tú me viste ese día?
-Sí, como te lo dije, yo te encontré. Kaede abrió la puerta y subió a buscarte pero yo sabía que no ibas a estar arriba, que tú amas tus flores y siempre estás a su lado. Cuando entré me lo expliqué todo, quisiste terminar entre ellas. A mi me gustaría tener algo así de especial para terminar ahí con todo… -habló viéndola directo a los ojos. Ella no supo cómo reaccionar, lo miró extrañada y pensó en mil cosas a la vez, que era raro, que quizás no estaba en sus cinco sentidos, que tal vez debía hacer algo, que alguien la ayudó a ella cuando lo necesitó, que ese tipo había evitado que Kaede la encontrara… que de alguna manera le debía una…
- No diga esas cosas joven Onigumo. – habló intentando parecer tranquila, aunque por dentro no lo estaba.
- ¿Tienes tiempo de salir a hablar un rato ahora?
- Claro. –respondió ella pensando que cualquier cosa era mejor que quedarse esperando por un hombre que no llegaría, además quizás ese era el momento para hacer la diferencia en la vida de alguien.
De esa forma los dos se fueron a caminar por el parque más cercano, no fue mucho tiempo ni hablaron de muchas cosas, pero Kikyo pudo darse cuenta de que en verdad se trataba de un sujeto muy extraño, como de otro mundo ausente. Pero aún así parecía darle más importancia que el mismo Inuyasha.
&&&&&
La siguiente tarde el silencio del hombre de los ojos dorados fue permanente, ni siquiera había vuelto a llamar como lo dijo. Kikyo había decidido ya que no dejaría que la afectara, continuaría su vida como a diario sin prestarle importancia, aunque por dentro sintiera que se estaba marchitando.
De repente, mientras Kaede estaba en el mostrador sin hacer nada y ella miraba hacia el vacío sonó la campanilla y entró el cliente raro con una caja de los mismos chocolates que Inuyasha le llevó la última vez que estuvo ahí. Saludó a Kaede al pasar y fue directo con la mayor para dárselos en agradecimiento por su atención el día anterior y para pedirle un par de horas más esa tarde. Ella aceptó por las mismas razones que el día anterior. Su rutina fue la misma, pocas palabras y nada especial, sólo que cada vez le parecía más extraño y un poco más interesado en ella. Ya cerca de la hora de cerrar regresaron, ella trató de entrar y despedirse en el interior, sin embargo él la detuvo afuera, mirando hacia la florería.
- Kikyo, gracias por tu tiempo… nunca pensé que podrías verme como algo más que tu cliente.
- Pero… -intentó hablar ella cuando el ruido de un vehículo estacionándose detrás suyo la interrumpió, intentó voltear pero Onigumo detuvo su rostro y se acercó hasta besarla.
¿Qué hacer? No sentía nada por él, sin embargo necesitaba a alguien, pues la ausencia de Inuyasha la sobrepasaba a cada instante… de nuevo… ¿qué hacer? No quería, pero sí quería… otra vez… ¿qué hacer¿Cuántos segundos la había besado ya¿Ella estaba respondiendo? No tenía idea. De repente el beso fue interrumpido abruptamente cuando Inuyasha tomó por el cuello de la camisa al extraño cliente. Lo miró con rabia y recordó cuántas veces lo vio ahí, con Kikyo, cómo lo retó antes… cómo la miró siempre.
- ¡Detente Inuyasha! –gritó la mujer cuando él golpeó a Onigumo y lo empujó haciéndolo caer.
- ¡Así que de eso se trataba todo¡Si no era conmigo era con cualquiera! –pero no siguió cuando Kikyo lo abofeteó con todas sus fuerzas y las lágrimas en el rostro.
- ¡Retráctate¡Te exijo que te retractes Inuyasha!
- ¿Por qué? –rió sarcástico- Sabes que estoy diciendo la verdad.
- ¡Lárgate! –gritó ella intentando dejar su otra mano marcada en la mejilla limpia de él, pero Inuyasha la detuvo- Lárgate niño idiota. –dijo esta vez con voz baja, conteniendo su ira. –Ve y escóndete con tu mamá, eso lo sabes hacer ¿no? Huye de tus problemas como siempre…
- Está bien –la soltó- Sólo no me culpes cuando te estés cortando las venas. –subió al vehículo y lo encendió derrapando al arrancar.
Kaede observó todo desde adentro sin entender cómo la misma persona que había logrado hacer sonreír de nuevo a su hermana, podía estarla lastimando tanto, tal vez ella se había equivocado y el doctor Tashou no era un héroe como pensó…
CoNTiNuaRá...
Hello!! Pues heme aquí de nuevo con otro capi. Espero que les siga gustando y si tienen un segundo les pido un comentario. Muchas gracis por todo.
