Tres días después de aquel misterioso cambio, Harry entró al vagon del tren donde Hermione estaba sentada, leyendo un libro.
-Hola Hermione.-
Harry se sorprendio cuando Hermione, (O más bién, Amanda) levantó la mirada y lo miró con extrañesa, tardo un poco de tiempo en responder, pero cuando vió su cicatriz sus dudas parecieron disiparse.
-Hola Harry.- dijo, aunque con voz ligeramente dudosa -¿Que lees?-
Amanda escondió el libro a toda prisa en su mochila.
-Nada, nada.-
Harry frunció el ceño. Notaba algo diferente en Hermione.
-¿estás bien-
-Si, si, muy bien-
-No sé, te noto... diferente.-
Amanda tragó saliva.
-Diferente? En qué sentido?-
Harry se encogió de hombros.
-No sé. Sólo es una sensación-
-Imaginaciones tuyas Harry, seguramente.-
Pero aunque Harry no lo notó, Amanda tenía los dedos cruzados detrás de la espalda
