Cap. 3: Arreglos
Harry estaba en el comedor junto con los demás Weasley, esperando que bajaran Ron y Hermione. Felizmente su gran preocupación había sido en vano, Ginny y su familia sabían que la relación con Hermione era solo de amigos, casi familia y eso no iba a cambiar. Sin embargo, no podía evitar sentirse en un mundo que no era suyo, casi sintió desmoronar su gran apariencia de preocupación cuando vio a los ojos a George, quien abrió la puerta del cuarto en que se encontraba con Ginny. Y vio como los ojos del gemelo se nublaron ante su sorpresa. A pesar de haberse hecho a la idea de que Fred estaba muerto, todavía le dolía ver en los ojos del único gemelo vivo ese dolor tan grande y peor aún cuando sentía tatuada en su frente la palabra "culpa".
Mientras el mejor amigo de ambos pensaba en esto, una castaña depositaba suaves besos en los labios de Ronald Weasley. Él por un momento había perdido el sentido y hecho que su corazón controlase sus actos. La amaba como nunca pensaba que se podría amar y eso hacía que respondiera cada beso. Ella por su lado no cabía en sí misma de felicidad, lo había escuchado decirle "amor" y casi había saltado a sus brazos. Todo fue perfecto por unos segundos, mientras el cerebro de ambos estaba desconectado, pero todo tiene un final, ¿no?
- ¡Ya! Hermione, detente por favor - dijo Ron mientras alejaba a Hermione por el hombro
- ¿Qué te sucede? - ella sentía como las lágrimas se volvían a acumular en sus ojos pero decidiendo que al menos esta vez iba a decirle al pelirrojo todo aquello que su mente guardaba
- ¿QUÉ SUCEDE? Pues te lo voy a decir de una vez Hermione, tú no puedes hacer eso cada vez que puedas, no te quiero lastimar y no lo pienso hacer, así que deja de lanzarte a mis brazos así porque sí, no lo necesito, no me hace bien y ya te lo dije antes, no soy el indicado
- ¿Sabes qué Ronald? Tal vez seas un inseguro, un tonto y todo lo que quieras, pero tú y yo sabemos que esto entre nosotros no es solo de ahora, sino de años y si ninguno pudo borrarlo, ni aunque tú te hayas enredado con Lavender quiere decir que de una forma u otra somos los indicados para el otro
- Creo, sinceramente, que te equivocas - susurró alejándose hacia la puerta y saliendo con dirección a la sala
La castaña no podía más que solo contenerse, demostrar que nada había pasado y salir detrás de él. Era obvio que las cosas iban a ser muy difíciles, que el chico guardaba sus inseguridades, pero que ella ya no podía con tanto dolor. Durante años había guardado en sí la esperanza de poder estar juntos, de hablar como se supone que hablan los enamorados, de sentirse en sus brazos, pero él no estaba dispuesto a darle eso. Era obvio que no. Y ahora ella tenía sus proyectos trazados, sus metas fijadas y él no iba a interrumpirlos.
Bajó y encontró a todos sentados en la mesa para cenar. Bueno, no todos, George todavía no estaba ahí y tenía la leve sospecha de que tampoco había estado las noches anteriores.
- Buenas noches - saludó
- ¿Cómo te sientes linda? ¿Estás bien? - preguntó la Sra. Weasley con su clásico aire de madre
- Si, no se preocupes Sra. Weasley…. Y… bueno, ¿George está en su cuarto?
Inmediatamente Ginny, Ron, Charlie (que estaba tomándose un año sabático) y Percy bajaron la mirada a sus platos. El Sr. Weasley se concentró en el reloj de la cocina y la Sra. Weasley contuvo el aliento. Era obvio que todos habían intentado pasar por alto ese detalle, pero después de tantos años viviendo con ellos, Hermione se preocupaba por cada uno y más sabiendo ella lo que era vivir sin tu familia por un tiempo, no quería ni imaginarse como George se debería de sentir de no poder estar con su gemelo.
Al ver que había dos platos que sobraban en la mesa, solo atinó a ponerlos en una bandeja y decir.
- Yo como con George, ¿ok?
Salió casi huyendo de la cocina, lo sabía, pero tanta como su preocupación por George le afectaba también el estar tan cerca de Ron, tal vez con el tiempo lo pudiese manejar, pero por ahora todavía dolía mucho.
Ahora que lo recordaba, ella no había entrado en esa habitación desde su verano de sexto y no sabía si entrar, si dejar la bandeja en el piso o qué, pero tampoco podía acobardarse si ya había subido las escaleras, ¿verdad? Así que esperó unos segundos en la puerta, a ver si algún ruido le indicaba la existencia de alguien, pero como ningún sonido salió, decidió tocar la puerta una vez. Dos veces, tres veces, cuatro y nada. Definitivamente el gemelo o estaba durmiendo o no quería ser molestado. Pero nadie más que ella sabía lo dolorosa que es la soledad y ansiaba sentirse útil aunque sea en la vida de alguien. Así que entró y lo que vio le rompió el corazón.
Todavía estaban las dos camas, solo que ahora no había separación entre ellas y George no se encontraba en ninguna de ellas. No estaba sentado en la silla que había cerca de la cómoda, ni parado cerca de la ventana, había muy poco luz proveniente de una sola vela puesta en la mesa de noche y podía ver ropas tiradas por todo el piso. El espejo que había en la pared estaba volteado para no ver el reflejo y George estaba en una de las esquinas de la habitación sentado y cogiéndose las rodillas. Destrozaba verlo así.
Hermione no sabía qué hacer y solo se quedó observándolo por unos minutos que parecieron eternos y cuando estaba debatiéndose entre dejar la charola o huir, el pelirrojo levantó sus ojos hacia ella. Y eso, si era posible, la hizo sentirse peor. Eran los claros ojos de quien se dedica día tras día a un negocio que parecía sumirlo en más dolor y que llegaba a casa solo a encerrarse para sufrir. Supo que debía quedarse, dejó la bandeja en la cómoda y se arrodilló mirándolo a los ojos, por un minuto no dijo nada, solo puso sus manos en la rodilla de este.
- Debiste tocar antes de entrar - dijo el gemelo para romper el silencio, pero con una voz muy áspera, como si hubiese llorado por horas o tal vez días - así me dabas tiempo de siquiera arreglar un poco
- Toqué - respondió tímidamente sin dejar de examinarlo, ahora que lo veía bien, se daba cuenta que había descuidado su apariencia, se había dejado crecer la barba y su cabello estaba bastante largo - pero creo que no me escuchaste
- Perdón - fue todo lo que atinó a decir antes de pararse y ayudarla a pararse también
- Debes comer algo, traje la comida de ambos, así no comes solo
- No te tienes que preocupar tanto - agregó mirando al suelo y caminando hacia la cama. Hermione solo cogió los platos y los llevó hacia la cama. Los puso ahí y ella también se sentó. No sabía bien cómo seguir, así que decidió comenzar a comer, tal vez así George la imitaría y no se equivocó. Aunque lentamente, ambos terminaron su comida y ella recogió todo en la bandeja que había traído, pero en lugar de irse, caminó hacia el lado del gemelo y lo abrazó.
Aunque no haya sido lo esperado por él, si fue placentero. Hacía un mes que evitaba el contacto físico con nadie, sentía que su familia rehuía de él y cada vez que Ginny o su madre querían tocarlo, él se alejaba. Pero de alguna forma no pudo huir al sentir el calor humano de alguien que no lo mirase como si fuera un fantasma. Él sabía bien que para su familia y muchos, era solo el reflejo de un muerto, pero parecía que no era así para Hermione. Y eso lo dejó sin saber cómo reaccionar salvo respondiendo. Cuando menos se dio cuenta estaba llorando en sus brazos y se había dejado caer en la cama mientras seguía sujeto a ella.
A pesar de haberse sorprendido, no cortó el abrazo, era lógico que él no se hubiera desahogado así con nadie y además estaba bastante débil. No tomó a mal nada de la situación. Y cuando sintió que George solo sollozaba en lugar de llorar, acarició su cabello en señal de despedida, era mejor dejarlo dormir tranquilo y llevar los platos abajo.
- No te vayas, por favor, no quiero tener pesadillas hoy - dijo el pelirrojo sentándose nuevamente en la cama
- ¿qué pesadillas? - quiso saber la castaña aceptando sentarse a su lado y apoyándose en la cabecera de la cama
- Pues…. Sueño con él… que es mi culpa - poco a poco su voz se fue haciendo solo un susurro - que todos me señalan, que me odian
- Nadie te odia George - aseguró Hermione mientras veía que George acomodaba su cabeza en su vientre y ella solo le pasaba los dedos por el cabello rojo que le recordaba a alguien más - solo es difícil para tu familia digerir las cosas, pero nadie te culpa, tú eres la prueba de que ambos existen, EXISTEN porque esta su esencia en todos; pero sobre todas las cosas, TÚ existes y debes vivir
- Gracias - fue lo único que atinó a decir mientras sentía que el sueño lo iba venciendo para una noche en que después de un mes, no soñaría con cosas malas ni ideas torturantes, sino con buenos recuerdos, que la ayudarían a sentirse mejor a la mañana siguiente.
Y mientras muy lejos un joven pelirrojo conciliaba un buen sueño después de semanas, un rubio despertaba sudoroso luego de apenas una hora en la habitación. De nuevo, había soñado con esa tortura. De nuevo había soñado con la impotencia, el dolor, esa estúpida complicidad y sus ojos. Los ojos miel de Hermione.
