Parte 3: Después.

Mousse fue abriendo sus ojos lentamente, sintiéndolos extremadamente pesados, mucho más de lo normal. A medida que lo hacía, su visión borrosa se iba aclarando, sin embargo, aún con los ojos completamente abiertos, no distinguía mucho a su alrededor. Solo una serie de incomprensibles figuras y colores algo oscuros eran lo único que ¨veía¨. Definitivamente necesitaba sus anteojos, más de lo que quisiera admitir. Al ya no concentrarse en diferenciar las figuras del aire, Mousse se percató de que estaba reposando en una cama, cuya inusual suavidad le recordaba un poco a la que tenía en su antiguo hogar. Trató de levantarse, dejando a un lado la colcha que lo arropaba, aunque en el proceso sintió un dolor algo punzante provenir de su cuello. Incrédulo, dirigió su mano sin pensar a la cercanía del mismo. Estaba vendado, aparentemente recuperándose de una herida, pero… ¿cómo se la había hecho? ...

Fue en ese instante que los recuerdos le llegaron como un rayo: el juego, la tortura y la mordida de la forma felina de Shampoo. Un escalofrío recorrió su espalda al preguntarse si podría haber muerto así, en su forma de pato, por una mordida de gato, y encima, una de Shampoo. Después de todo, aún transformado, ese cuerpo era su propio cuerpo, así que el dolor y demás sentimientos que su mente sufría en él, aún residían dentro de él al volver a ser humano. No sabía cuánto tiempo había pasado, pero de lo que sí estaba seguro era que: la herida todavía le ardía un poco e incluso sin cerrar los ojos, podía recordar el sentir de los colmillos de Shampoo sobre él, haciéndolo temblar al hacerlo.

-Oh Mousse, ya por fin te despertaste-dijo Cologne al entrar a la habitación, como siempre, sobre su bastón-Mira que dar tanto escándalo por una simple mordida de gato y encima desmayarte por un día entero, ¿¡tienes idea de cuánta molestia has causado, cegatón!? -exclamó al bajarse de su bastón estando ya cerca de la cama, proporcionándole a Mousse un golpe con el mismo.

-Auch-expresó el chico tratando de apaciguar el dolor del reciente golpe- ¿¡Esa es forma de tratar a un herido, maldita vieja-!?

Cologne le dio otro golpe aún más fuerte, con una expresión enojada, pero se relajó antes de proseguir diciendo seriamente:

-Bueno, no puedo negar que la culpa ha sido en parte mía por haber dejado esa joya sobre la mesa, sin embargo, ¡han sido tu torpeza e ignorancia las verdaderas culpables de lo que te ha sucedido! Si no quieres volver a pasar por algo similar, te recomiendo que te informes un poco más sobre joyas o artefactos malditos antiguos, y también, deberías aprender a controlar esos impulsos ¨amorosos¨ hacia mi bisnieta.

Mousse no pudo más que gruñir suavemente y tratar de no mostrar mucho su mirada aparentemente molesta al oír esto. Él ya lo sabía, no hacía falta que se lo repitiera, y menos de ese modo. Cologne hiso caso omiso de la expresión del morocho y suspiró cansada. Retomando la posición sobre su bastón, se dirigió hacia la puerta, pero antes de pasarla, se volvió hacia el chico pato y dijo:

-Ya que estás despierto vete a cambiar y baja cuanto antes al café, tendrás que trabajar arduamente por el tiempo libre que has tenido. Y esa herida no es lo suficientemente grave como para permitirte descansar más, ¡así que apresúrate!

Y así se fue, tras dar un fuerte portazo. Al parecer la vieja cara de momia estaba hoy especialmente con un humor de perros. Jah, no es que fuera tan diferente que de costumbre. Dejando de lado la irritación que sentía Mousse por el trato de Cologne (a pesar de estar ya completamente habituado a ello), el chico pato se esforzó para encontrar mediante el sentido del tacto a sus tan necesitados anteojos, los cuales estaban colocados sobre la mesita de noche de al lado de su cama. Normalmente le disgustaba usarlos y no acostumbraba a ponérselos a pesar de llevarlos siempre consigo y necesitarlos, pero hoy era uno de esos casos especiales en donde se sentía obligado a hacerlo. Cuando el mundo por fin fue mundo ante sus ojos, Mousse procedió a vestirse con sus habituales ropajes. Al momento de ponerse su túnica, no pudo evitar acercar nuevamente su mano hacia el cuello, todavía incrédulo de lo que había pasado. Tras un mínimo espacio de inactividad de alrededor de medio minuto, este prosiguió a terminar su acción.

Salió silentemente de la habitación, ya vestido con su usual atuendo y bajó las escaleras hasta llegar al primer piso, lugar del café. Había una considerable cantidad de clientes, pero no tantos como los habría en un día de verdadera temporada alta. Desde su puesto pudo sentir la fuerza de la mirada de la vieja jefa, así que se apresuró a tomar su delantal y libreta para ir a atender a los clientes y tomarles sus pedidos. Ciertamente, a pesar del dolor ocasional que sentía emanar de su herida, él estaba perfectamente capacitado para realizar sus labores como camarero.

A los pocos minutos de empezar el servicio, Mousse se reencontró con Shampoo, quien también estaba sirviendo mesas. De estar tan concentrado en su trabajo, él apenas la había notado, pero ahora que por un simple instante se veían frente a frente…él…solo podía visualizar a la terrorífica forma felina de ojos brillantes que lo había atacado. Agitó su cabeza queriendo sacarse esa imagen de la cabeza y rodeó a Shampoo para seguir su camino de servicio, cosa que la extrañó un poco, pero fue por una milésima de segundo. Por suerte, con su acción, Mousse había evitado el temblar.

El tiempo siguió corriendo hasta dar lugar a la hora de cierre. Cuando ya todos los clientes se fueron, el chico pato se dispuso a limpiar el local. Estaba todo muy tranquilo, demasiado en comparación con los hechos pasados, los cuales no paraban de repetirse en su mente, llegando incluso a agregar los sonidos. Volvió a agitarse, queriendo olvidar, pero esta vez, al no sentirse observado por nadie, no evitó el temblar. ¿Pero qué demonios le pasaba? ¿Por qué temblaba? Acaso él…¿sentía miedo? Él había enfrentado situaciones más tenebrosas en varias ocasiones pasadas, sin verse preso siquiera de un pavor como el que al parecer ahora experimentaba. Él era un guerrero, uno de los pocos hombres de su tribu, entonces… ¿por qué ahora se sentía tan cobarde de solo imaginar la figura felina de su amada?... Esto lo hacía sentirse…demasiado patético…

-Ey Mousse, ¿por qué tardar tanto? -reconoció este el forzado japonés de Shampoo a sus espaldas, e irremediablemente un escalofrió subió por su espalda.

-L-Lo siento, y-ya estoy terminando-respondió este, pero su voz fue tan sutil y entrecortada que casi no se pudo oír.

Mousse retomó su actividad con una velocidad tan apresurada por los nervios que nuevamente dejó caer el cubo de agua con la que limpiaba. Rápidamente se volteó, esperando por favor que el contenido no hubiera mojado a Shampoo. Al comprobar que por suerte no fue así, el chico pato dio un largo suspiro de cansancio y alivio.

-L-Lo siento, f-fue mi culpa…-dijo no más al disponerse a limpiar el agua derramada con sumo cuidado.

Por un momento, Shampoo le iba a gritar, enojada por la posibilidad de que el otro la mojara, pero se detuvo en seco al ver lo pálido que este se veía.

-Mousse, ¿estás enfermo? -preguntó la chica intrigada, acercándose un poco a su amigo, con una mano extendida hacia él como queriendo comprobar su temperatura. Después de todo, no era bueno para el negocio que los trabajadores dieran el servicio estando enfermos.

Al ver la cercanía de Shampoo y su mano hacia él, la mente de Mousse nuevamente visualizó a un felino (de gran tamaño) cuya zarpa se le acercaba. Esto provocó que el muchacho diera una serie de apresurados y temerosos pasos hacia atrás, alejándose lo más que pudo de ella hasta quedar contra la pared del local. Desde su posición, Mousse miraba a Shampoo con verdadero terror, intercambiándose constantemente frente a sus ojos la imagen de ella y su forma maldita. Su respiración era agitada, su corazón latía rápidamente, sudaba frío y temblada. Sin duda, estaba muerto de miedo.

- ¿…M-Mousse…? -pronunció Shampoo en un murmuro, sintiéndose muy sorprendida del repentino arrebato de actitud miedosa en él.

Él tenía tanto miedo de… ¿ella? Jah, eso era algo obvio al juzgar por su reacción. Durante muchos años ella lo había maltratado y también le había visto enfrentar situaciones tenebrosas, sin embargo, él nunca le había mostrado una expresión tan débil y asustada, bajo ninguna circunstancia. El verlo así, ahora, siendo ella la ¨aparente¨ causa de su terror, la hacía sentirse inevitablemente sorprendida…pero a la vez…muy molesta…El miedo era una de las formas de dominación y de ganar respeto más básicas a ser usadas por los líderes de algunas tribus (sobre todo las más antiguas), siendo la tribu amazona no toda una excepción en esto, pero…ese miedo que él le mostraba…no la hacía sentirse superior y fuerte…No…Esos ojos tan intranquilos que la miraban como si vieran en ella la encarnación de la misma muerte…solo la hacían sentirse un monstruo…Una sensación demasiado vieja, la cual prefería nunca volver a recordar…

-…Te doy miedo…¿verdad?...-expresó ella en un tono vacío antes de sonreír amargamente-…Pues esto es perfecto.

Y sin decir media palabra más, se volvió de espaldas a él y se alejó, tomando el camino hacia su cuarto. Al ver dejar a Shampoo la habitación, Mousse se fue ¨recuperando¨ de su estado poco a poco. Ya estando completamente ¨bien¨, permaneció unos cinco minutos más así, quieto contra la pared, y después de eso, terminó silentemente la tarea que le quedaba. Fue directamente de vuelta a su cuarto, en un sigilo extremo, y al no más entrar, se dejó caer sobre la cama. Sentía su cuerpo muy pesado, no tenía ganas de vocalizar sonidos, tampoco quería ver entre la oscuridad de su alcoba y mucho menos se sentía en condiciones de comer, por lo que se saltó la cena. Dejó sus lentes a un lado de su cama, sobre la misma mesita de noche de donde los había tomado antes y cambió su posición en sobre la cama. Llevó sin pensarlo una mano hacia su cuello nuevamente…el dolor ya no punzaba…ya no ardía la herida…entonces…¿por qué?...¿Por qué el miedo todavía lo torturaba?...

Pasaron los días hasta convertirse en una completa semana, y ese miedo aún no desaparecía. Cada vez que se reencontraba él no podía evitar marcar una distancia. Ya no se le acercaba, ya no la miraba de reojo al trabajar, ya no se dejaba llevar por esas inevitables ganas de abrazarla, ya él no la molestaba, él ya no hacía nada. A Mousse esto le dolía, pero no había podido luchar contra ello; su miedo siempre le ganaba. Cologne no tardó en darse cuenta de lo que pasaba, sin embargo, no hiso nada por ¨intervenir¨ en el asunto. Shampoo ¨aprovechaba¨ la distancia de Mousse para conquistar a Ranma, dando así más sentido al hecho de que Cologne no hiciera nada. La situación le convenía y eso no lo podía negar. Por su parte, Shampoo, a pesar de tener menos molestias en sus planes de conquista de la semana debido a la ausencia del chico pato, como siempre, seguía siendo rechazada, cosa que la irritaba.

A la mínima presencia de ella, Mousse reaccionaba parecido a aquella primera vez. La única diferencia visible en cada nueva ocasión, era el hecho de que su expresión era cada vez más amargada y dolida. Pero él nunca se daba cuenta de ello, pues rápidamente apartaba su mirada, avergonzado de sus propias acciones reflejo. Si las cosas continuaran así…podría su amor por ella…¿desaparecer? ¿O…transformarse en algo más…?

Esa era la última noche de la semana que aún no pasaba. Era un día libre del restaurante, así que Shampoo había salido desde temprano a la ejecución de un nuevo plan. Mousse por el contrario tuvo que estar todo el día en el local, cumpliendo con sus deberes a pesar de no ser un día laboral. Al oír el fuerte sonido de la puerta del local al abrirse, su mente volvió a tierra de su concentración en su tarea. Creyendo que fuera un cliente, le iba a decir que estaban cerrados, pero sus palabras se cortaron en su garganta: en el umbral de la puerta no se encontraba nadie más que Shampoo, llorando. Antes de poder siquiera pronunciar su nombre o preguntarle preocupado, Shampoo logró correr rápidamente por las escaleras hasta su cuarto. Quiso detenerla en su camino, pero su mano se quedó en el aire, dudosa de si debía hacerlo, considerando el estado de ambos. Sin embargo, la preocupación que le inundaba, esta vez fue más fuerte que nada. Se detuvo frente a su puerta, por la cual, aun estando cerrada, él podía sentir sus sollozos. Tocó suavemente la puerta y esperó medio minuto, al no recibir respuesta, se tomó el ligero descaro de entrar, sintiéndose más aún dolido al poder verla de frente y escucharla con claridad.

Él no había dicho nada, tampoco había hecho nada, sin embargo, su presencia en su habitación no podía ser ignorada. Shampoo giró su mirada hacia él. Su expresión triste que a la vez forzaba seriedad le dio a Mousse cierta nostalgia. Al segundo después, vio como ella le lanzaba el objeto más cercano (su almohada) gritándole que se fuera, pero él atrapó el objeto antes de le diera.

- ¿¡ACASO NO ME ENTIENDES!? ¡TE DIJE QUE TE FUERAS! -la oyó gritar nuevamente, esta vez en chino, su verdadero idioma.

Mousse no se movió, permaneció en su lugar viéndola llorar. La expresión de Shampoo era la viva imagen de un alma débil, desesperada y destrozada, y eso, también a él lo lastimaba.

- ¿…Por qué no te vas…? -pronunció Shampoo suavemente antes de volver a hablar furiosa- ¡YA DEJA DE MIRARME! ¡TÚ TAMBIÉN ERES IGUAL, NI SIQUIERA PUEDES YA ACERCARTEME Y NO TEMBLAR! ¿¡ME TIENES MIEDO VERDAD!?

Recordó por un momento aquellos tiempos de su infancia, allá en China. Él sabía muy bien lo que era sentirse así, repudiado por los demás como una escoria, un demonio en piel humana, justo como ella se volvía a sentir ahora después de tanto tiempo. Él debía saberlo mejor que nadie…y sin embargo…¿cuándo fue que lo olvidó?...¿Cuándo fue que se olvidó de un sentimiento que lo había seguido toda la mitad de una vida?...Un sentimiento tan doloroso y cruel…pero gracias al cual…pudo entenderla y encontrarla por primera vez…

Ignorando el ruido de sus gritos, le extendió una mano hasta acercársele lo suficiente y darle un repentino abrazo. Al segundo después del momentáneo silencio provocado por su acción, Shampoo volvió a protestar a gritos, forcejeando para que la soltara, pero él no cedió. Lentamente, ella dejó de oponérsele. Él ya no temblaba, ya no la veía más que como ella era: una humana, y más que eso, su amada. Ya por fin, el miedo lo había dejado. Ese dolor que los había tocado logró fortalecer una vez más la decisión que él hace tanto tiempo había tomado.

-Está bien Shampoo…-dijo Mousse pausadamente en un murmuro-…No te temo ni te odio, porque…los dos somos iguales, ¿verdad?...

Solo más sollozos fueron su respuesta, aunque esta vez era mucho más tranquilos. Siguió abrazándola y ella llorando sin más, como hace tiempo no se permitía. Cuando hubo un pequeño silencio en su llanto, la oyó susurrar:

-…Perdóname…nunca quise morderte…

-No importa, Shampoo-respondió inmediatamente.

Shampoo escondió su rostro entre el área del cuello de Mousse, tratando de ocultar las nuevas lágrimas que pretendían salir de sus ojos y calmar un nuevo llanto. Él solo permaneció como antes, fundido en el abrazo. Ambos no se habían percatado de que sobre ellos recaía la mirada de la última habitante del local, quien al verles así se alejó discretamente del lugar, procurando no levantar sonido alguno. Al sentirse ya a una distancia aceptable, Cologne dejó escapar un largo y pesado suspiro de cansancio. Sabiéndose sola y sin oídos indiscretos, murmuró entre el silencio:

-Maldita joya del instinto, ¿ha sido esto obra de tu poder? O es que acaso…es el destino de toda mujer de mi linaje el caer enamorada de un hombre indigno para nuestra tribu…