Capítulo 2: "Conocerte de nuevo"

Hace unas semanas que Vivio no se caía ni tropezaba con sus pies mientras hacía deporte. Ahora siempre hacía ejercicio cada vez que tenía tiempo libre. Ya era fin de semana y Vivio quería salir a jugar con su madre al parque, pero ella tenía planes con Yuuno, por lo que la pequeña decidió pedirle a sus tías Signum y Hayate que fueran con ella al parque.

Nanoha se duchó y alistó para la ocasión para salir con Yuuno a un restaurante por su aniversario. Hayate fue a recoger a la pequeña y se la llevó al parque donde, para la sorpresa de la joven Takamachi, la esperaban Signum y Fate. Ésta, al verlas, salió corriendo para su profesora y le dio un abrazo.

- ¡Fate-sensei! –la llamó alegremente.

- Hola, Vivio. –le acarició la cabeza– ¿Quieres jugar un rato conmigo a la pelota?

- ¡Sí! –exclamó sonriendo.

Las dos se fueron a jugar a la pista de baloncesto. Un rato más tarde, se unieron a ellas Signum y Hayate, quienes aprovecharon para acariciarse cada vez que una intentaba quitarle la pelota a la otra. Hayate, como siempre, le guiñaba un ojo o le daba un beso en la mejilla, cosa que hacía ruborizar a la pelirosa y ponerla nerviosa. Estuvieron jugando hasta la hora de la cena. Después, las cuatro fueron a una hamburguesería donde las dos rubias disfrutaron de su hamburguesa. Signum y Hayate se miraron y sonrieron al ver lo parecidas que eran ambas. Tras eso, las cuatro se fueron dirección a la residencia Takamachi. Vivio estaba cansada y tenía sueño, por lo que Fate la cargó a su espalda donde la pequeña se quedó dormida. Al llegar a su casa, Hayate acompañó a Fate a la habitación de la niña, donde la rubia la colocó en la cama y la cobijó. Al volver al salón, Fate se despidió de Hayate y Signum y se marchó. Al llegar al portal, se encontró con Yuuno y Nanoha. El rubio, al ver a Fate, besó con pasión a la cobriza. Ésta, ante el gesto de su novio, lo separó bruscamente.

- Yuuno-kun, ¿qué haces? –preguntaba la cobriza enfadada.

- Takamachi, Scrya. Buenas noches. –saludó la rubia al pasar por su lado.

- Buenas noches, Testarossa. –dijo el rubio mientras sonreía de lado.

- ¿Fa…Fate-chan? –la cobriza abrió los ojos como platos– ¡Yuuno-kun! –lo llamó enfadada– No vuelvas a hacer eso.

- Lo siento, Nanoha, pero estoy tan enamorado de ti que no lo pude evitar. –le sonrió.

- Es hora de que entre, Yuuno-kun. Gracias por lo de hoy. Adiós. –dijo amablemente y entró en casa sin darle oportunidad al rubio a decir o hacer algo– Hola chicas. He visto salir a Fate-chan… ¿qué hacía ella aquí?

- Pues, hemos estado las cuatro juntas en el parque. Hemos estado toda la tarde jugando. Fue muy divertido. Al principio, solo jugaron Vivio y Fate-chan mientras que Signum y yo disfrutábamos de lo lindo del espectáculo. Es una lástima que tuvieras que salir con el hurón de Yuuno… Vivio la aprecia de verdad y parece que Fate-chan a ella. Tu hija ha acabado tan cansada que se quedó dormida por el camino y Fate-chan la trajo cargada en su espalda.

- ¿Eh? ¿En serio? –preguntaba incrédula.

- Deberías pasar más tiempo con tu hija, Takamachi. –decía la pelirosa.

- Nosotras ya nos vamos, Nanoha-chan. Que descanses. –decía la castaña mientras jalaba del brazo a su pelirosa novia.

- Hayate-chan, ¡espera! ¿Cuándo me dirás lo que le pasa a Fate-chan? ¿Por qué actúa así conmigo?

- No sé de qué hablas, Nanoha-chan.

- No te hagas la tonta, Hayate-chan. Sé que habéis seguido siendo amigas desde que se marchó. Nunca habéis perdido el contacto. ¿Me equivoco? –decía seria.

- Yo…

- ¿Por qué contigo sí y conmigo no? ¿Por qué dejó de escribirme, Hayate-chan? ¿Por qué es tan fría conmigo?

- Te dije que no es la misma.

- Respóndeme, Hayate-chan. Tú sabes la verdad. Sabes qué es lo que le ha pasado para que esté así. Con solo mirarla se me congela el corazón. Tiene una mirada triste y vacía que hace que me duela el pecho, que sienta un dolor horrible. Y no me digas que no es la misma porque contigo sí lo es.

- Lo siento, Nanoha-chan. Tengo que pensar si soy yo quien debo decírtelo. –tomó a Signum de la mano y se marcharon a casa– ¿Sabes amor? Me encanta cuando te pones seria y miras por el bienestar de Vivio, pero es Nanoha-chan quien tiene que darse cuenta de eso. –decía la castaña a la pelirosa.

- Hayate…

- Me encanta cuando pronuncias mi nombre. Ahora, date prisa, quiero llegar rápido a casa. Tengo ganas de… –se acercó a la oreja de la pelirosa y le dio un suave mordisco.

La pelirosa entrelazó sus dedos con los de la castaña y corrieron hasta su casa. No les dio tiempo de entrar en la casa cuando ya se estaban besando con pasión en la puerta. Como pudieron abrieron la puerta y se fueron directamente a su habitación para tener una noche maravillosa, llena de pasión, amor y lujuria.

Por otro lado, Fate se fue al bar donde trabajaba para conseguir un salario extra para hacer frente a los gastos que tenía. Las horas se hicieron eternas y los clientes ya se estaban poniendo pesados intentando tocar partes de su cuerpo. Ella aguantó todos los tocamientos por parte de éstos, ya que no podía darse el lujo de perder ese segundo empleo, hasta que llegó su hora de salida. Al recoger sus cosas y disponerse a salir, vio a Yuuno en un rincón de la sala con una chica encima. Fate se marchó a casa y se fue a dormir. Estaba completamente exhausta.

Al día siguiente, se levantó, se duchó, se alistó y salió a correr un rato antes de desayunar. Cuando terminó de correr, fue al Midoriya, pidió un dulce y un café y se sentó en una de las mesas que había cerca de una ventana. Estaba tranquila tomando su desayuno hasta que escuchó una dulce voz. Giró a ver y era Vivio quien abrazaba a la mujer cobriza que la había atendido: la madre de Nanoha, quien no la había reconocido al servirle.

- Buenos días, Fate-chan. –dijo una cobriza que estaba a su lado y que no la había visto llegar.

- Buenos días, Takamachi-san. –dijo la rubia sin mirarla.

- Pareces cansada… Siento si Vivio ayer te dio muchos problemas. Cuando se trata de jugar nunca se cansa, y menos desde que le enseñaste que hacer deporte es divertido. Nyahaha.

- No estoy cansada por eso. –se puso en pie– Si me disculpas, debo irme.

- Fate-chan –la tomó por el brazo– Por favor… ¿Has pensado en lo que te dije?

Flashback

- Fate-chan ¡espera! –la tomó del brazo– Por favor, permíteme hablar un momento contigo.

- ¿Qué es lo que pasa? Sólo hablaré contigo si es sobre Vivio, si no es el caso, no tenemos nada de que hablar, Takamachi-san. –dijo seriamente haciendo que la cobriza abriera los ojos como platos y se le humedecieran.

- ¿Qué es lo que ha pasado para que me hables así? ¿Por qué no me llamas por mi nombre? ¿Hice o dije algo que te molestara? ¿Por qué no devolviste mis cartas a partir del segundo año? Cada día miraba el buzón esperando por una carta tuya. ¿Qué es lo que te ha hecho cambiar? Tú no eres así. ¿Por qué tienes esa mirada? Sigues teniendo unos ojos hermosos, pero reflejan una profunda tristeza y dolor. Déjame acercarme a ti. Quiero recuperar tu amistad, por favor. Déjame ser tu amiga otra vez. Fuiste mi mejor amiga y siempre lo serás. Nunca he dejado de pensar en ti. Cada día me he preguntado si te encontrarías bien. Por favor, Fate-chan. Prometo estar ahí siempre como lo han estado y están Signum y Hayate-chan. No sé lo que hice mal, pero quiero arreglarlo. Déjame acercarme de nuevo. –la cobriza intentó acercarse a ella, pero Fate dio varios pasos atrás y se marchó sin decir nada a Nanoha.

Fin Flashback

- Yo… Tú no hiciste nada malo –suspiró– Tú no tienes la culpa de lo que pasó, Nanoha. –dijo su nombre suavemente como solo ella solía hacerlo, cosa que hizo que la cobriza sonriera.

- Fate-chan… –la llamó en un susurro y con lágrimas en los ojos– Siempre me gustó cuando me llamabas por mi nombre y me sigue gustando, incluso más. Haces que suene especial. –decía alegre mientras la rubia se ruborizaba, cosa que le pareció adorable a la cobriza– Por favor, déjame ser tu amiga de nuevo. Te prometo que siempre estaré para ti. –le dijo con una sonrisa.

- No lo entiendes, Nanoha. Las cosas cambian. Las personas cambiamos. Yo ahora soy una persona fría y vacía. No puedo ofrecerte nada bueno.

- Eso debo juzgarlo yo, Fate-chan. Por favor –se acercó lentamente– déjame conocerte de nuevo. Déjame conocer a la nueva tú.

- Cabezota… –susurró.

- Tan cabezota como tú. –le sonrió de nuevo– Vivio y yo vamos a ir al parque. ¿Quieres venir, Fate-chan? –preguntaba la cobriza con ilusión– Vivio se pondría muy feliz… y yo… también. Te invitaré a un helado.

- ¡Fate-sensei! –corrió Vivio hacia su rubia profesora y la abrazó.

- Buenos días, Vivio. –le sonrió y acarició la cabeza.

- ¿Fate-chan? –preguntó dudosa la cobriza mayor.

- Señora Momoko. Mucho gusto verla de nuevo. –le sonrió.

- ¡Fate-chan! –la madre de Nanoha abrazó a la rubia– ¿Cómo no me dijiste que eras tú? Dios mío, como has crecido. Estás guapísima, aunque siempre lo fuiste. –le guiñó un ojo y la rubia se puso tan roja como un tomate.

- Gra…gracias. –tartamudeó.

- ¿Nos vamos al parque, Vivio? –preguntó la cobriza menor a su hija.

- ¡Sí! Fate-sensei, ¿también vendrás? –puso su mejor sonrisa y mirada de cachorrito a lo que la rubia solo pudo asentir.

Tras reír todas de esa escena, Vivio, Nanoha y Fate se dirigieron al parque. Una vez llegaron allí, las tres jugaron. Nanoha y Vivio intentaron atrapar a la rubia, cosa que fue imposible a pesar de que pusieron todos sus esfuerzos. Tras un rato jugando, Vivio fue a jugar con una amiga que estaba también en el parque. Nanoha compró un helado para Fate y otro para ella y se sentaron bajo la sombra de un árbol a comerlo.

- Gracias por venir, Fate-chan. Vivio se lo pasa muy bien contigo. Y la verdad es que yo también me lo he pasado muy bien jugando. Tenemos que repetirlo muchas veces. –decía con entusiasmo.

- Creo que sería mejor que fuera su padre quien jugara con ella y no yo.

- ¿Padre? –la miró confusa– Creo que no sabes la historia sobre ella, Fate-chan. Déjame explicarte… –la rubia la miró fijamente– Hace tres años, mientras caminaba, la encontré abandonada en un callejón. Me acerqué a ella, pero tenía tanto miedo que empezó a llorar. Le hablé suavemente y poco a poco fue confiando en mí. La tomé de la mano y la llevé a la comisaría. Estaba tan preocupada por ella que me quedé allí hasta saber qué es lo que pasaría con ella. Cuando me dijeron que servicios sociales vendrían a llevársela, me opuse y la adopté. Al ser profesora, todo fue muy rápido y esa misma noche ya tenía su custodia provisional, por lo que me la llevé a mi casa. Le di un baño y le puse ropa limpia. A partir de ese día ella no quiso separarse de mí. Cuando intentaba ir a comprar o a algún sitio, ella empezaba a llorar y se agarraba fuerte a mis piernas. Cuando la encontré tenía la misma mirada que tú tienes ahora. Ella nunca me dijo qué fue lo que pasó antes de yo encontrarla, así que no puedo hacerme una idea de qué ha sido lo que te ha pasado para que actúes de esta manera. Sólo te digo que, si Vivio puede ser ahora feliz, tú también. Sea lo que sea que te haya pasado, puedes contar conmigo Fate-chan.

- Pensé que su padre era Scrya.

- No, Yuuno-kun no es el padre. Él y yo empezamos a salir en la universidad. Desde que dejaste de enviarme cartas, me sentía muy sola y él me hacía sonreír. Cuando me confesó sus sentimientos no pude decirle que no, no quería herirlo. Pero, si te soy sincera, no sé si lo que siento por él es amor o cariño. Lo quiero mucho, pero me estoy dando cuenta de que mis verdaderos sentimientos no son esos…

- No tienes que explicarme nada, Nanoha. –la interrumpió la rubia– Sólo te digo que siempre te gustó, no sé porqué dudas ahora…

- Fate-chan, ¿has venido sola o con tu familia? –cambió de tema la cobriza.

- He venido con mi madre. Durante dos años nos hemos estado mudando hasta que ya tiene un puesto fijo aquí en Japón.

- ¿Eso significa que no tendrás que mudarte nunca más? –preguntó alegre Nanoha.

- Sí. Este será mi hogar ahora y siempre… –la cobriza no pudo evitar la alegría y se lanzó sobre la rubia dándole un abrazo– Nanoha, por favor. –la rubia se tensó.

- Lo siento, Fate-chan. Me hace mucha ilusión que estés aquí y saber que te quedarás para siempre. Con esa noticia me has hecho muy feliz. –sonrió cálidamente.

- ¡Fate! –se escuchó a alguien llamarla. La rubia alzó la mirada hacia dónde provenía esa voz.

- ¿Gin…ga? –susurró la rubia mientras una pelimorada corría hacia ella.

- Hola, Fate. Esta mañana te fuiste muy temprano y tenía que hablar contigo. Esto… –miró hacia la cobriza– ¿Te importa que me la lleve, Nanoha-san?

- ¿Eh?

Ginga tomó a Fate de la mano y se la llevó corriendo un poco más alejado del árbol donde se encontraba la cobriza mirándolas fijamente. Después de un breve momento hablando Fate y Ginga, ésta última abrazó a la rubia haciéndola ruborizar y dio un beso muy cerca de la comisura de los labios, cosa que a los ojos de la cobriza pareció ser un beso sobre los labios. Tras despedirse, Fate volvió hacia donde se encontraba Nanoha y se sentó a su lado nuevamente.

- Ginga es muy guapa, Fate-chan. No sabía que eran pareja. Ahora comprendo porqué no me escribías, estabas muy ocupada. Nyahaha.

- ¡No digas tonterías! –dijo la rubia alzando la voz y sorprendiendo a la cobriza– El motivo por el que dejé de escribirte no tiene nada que ver con Ginga. ¡Tú no sabes nada sobre mí! –Fate se levantó, pero Nanoha la sujetó del brazo.

- Fate-chan… lo siento. Tienes razón. No sé nada de ti. Perdóname. –la rubia, que tenía los puños cerrados, los fue abriendo poco a poco y se tranquilizó.

- Lo siento, Nanoha. Será mejor que me vaya. Estoy cansada. Nos vemos en la escuela. –dijo y se marchó.

- Fate-chan… ¿por qué estás tan lejos de mí que no puedo alcanzarte? ¿por qué no me dejas entrar en tu vida? –susurró al viento.


Gracias por el apoyo que siempre me dais.

Saizouh, rijaja.77, nadaoriginal, con el tiempo veremos qué fue lo que hizo cambiar a la joven rubia...

LostNeko120, tomo nota. Si vosotros sois felices, yo también lo soy :)

Nos vemos en el siguiente capítulo