Disclaimer: Shingeki no Kyojin no es de mi autoridad. Hago esto sin fines de lucro.
Rivaille se quedó observando la puerta de la enfermería un largo rato. Hacía ya unos minutos en que dejó al estúpido mocoso ahí, y sí, pudo haber vuelto a sus clases como hicieron todos, pero no pudo explicarse que de pronto sintiera esa necesidad por proteger a ese muchacho de ojos verdes tan bonitos.
"Maldito niño, ni siquiera debería estar cuidándolo. Es más, debería volver a clases ahora mismo si no quiero problemas. Sí, eso haré", dijo para sus adentros el azabache, poniéndose de pie para irse a su lugar de estudio. Total, ese chiquillo podría ir a sus clases tranquilo o, en su defecto (si es que se siente mal por todo lo ocurrido –que es lo más probable–), volver a su casa con sus padres, los cuales seguro le esperarían con una sopa si es que la enfermera los llamaba para decirle que a su hijo lo habían tocado unos mastodontes.
Estaba siendo algo cruel.
Pero qué le iba a importar de todos modos, si total no conocía a ese muchacho. No le importaba en lo absoluto.
Entonces la puerta se abrió y detuvo su caminata casi de inmediato, girando para ver a la enfermera con un rostro de pocos amigos que le decía "este chico se va ahora mismo a su casa".
- ¿Y bien? –preguntó con una voz cansada y, como siempre, desinteresada.
- Llamé a su casa pero nadie contesta. Debe ir a constatar lesiones, no fue un buen recibimiento.
Aquello hizo que su corazón se detuviera tan solo un momento.
- ¿Nadie contestó?
- El chico dijo que su padre podría contestar, pero no lo hizo. Luego me explicó que era médico, así que podría estar trabajando.
Vaya, entonces su suegro sería un colega.
¿Suegro? No, no. ¿En qué demonios estaba pensando? No era momento para pensar en esas cosas, menos tratándose de un chico. Ay, definitivamente este niño debería irse y dejar de poner su mundo de cabeza.
- ¿Quieres pasar a verlo? Si no llega nadie lo despacharemos igual, ya no tiene sentido que esté en clases si está de esa manera.
De esa manera. ¿De qué manera hablaba?
Rivaille suspiró y caminó hacia donde se encontraba el chico. Estaba sentado en lo que simulaba ser una camilla, miraba fijamente sus uñas y sus manos, moviéndolas con torpeza y nerviosismo mientras se rasguñaba. No parecía ser el mismo muchacho que conoció hace un rato frente a la universidad, ese chico que sonreía por todo, ese chico que miró de pies a cabeza para darse cuenta de lo guapo que era.
- ¿Eren?
- No…
Escuchó la vocecilla del castaño como en un murmuro, un hilo de voz que parecía que iba a romperse en cuanto se quedara por más de un segundo en su garganta.
- No me veas, por favor –concluyó y se tapó el rostro con ambas manos.
El corazón del azabache acababa de destruirse al ver esa escena tan lastimera. Por favor, el niño apenas lo conocía, no debía darle vergüenza verlo, además, lo ayudó a venir hasta la enfermería, ya habían compartido durante unos minutos. La vergüenza podía dejarla a un lado en este momento.
Sin embargo le fastidió un poco que comenzara a sollozar. No quería verlo llorar, no quería verlo así. De verdad le partía el alma, esa que se supone que no tenía.
- Oye, mocoso. Todo está bien –se sentó a su lado, pero Eren inmediatamente se movió del lugar, sentándose más alejado del de ojos grises- Escucha, mierda, no vine hasta acá par-…
Rivaille se detuvo. Él tenía muy poco tacto al hablar, no iba a cambiar su forma de ser por ese mocoso maleducado, pero se calló al darse cuenta que el muchacho comenzó a temblar cuando su voz se hacía presente por segunda vez.
Ahora que lo veía, Eren estaba usando otra ropa, seguro que esas que se quedan en 'cosas perdidas' y que nadie reclama jamás.
Hasta esos trapos sucios y usados le quedaban bien. El castaño era realmente guapo. No entendía por qué alguien habría querido golpearlo y… bueno… abusar de él.
- ¿Te irás a casa con tus padres?
- No
- ¿Sólo con tu padre?
- … –Eren mantuvo el silencio. Pudo haber dicho sólo madre, pero mencionó a su padre y eso era extraño. Ah, seguro que la enfermera le había dicho.
En efecto así había sido.
- Si quieres puedo ir a dejarte. No es necesario que me des las gracias.
Vaya ego. Sí, Rivaille solía ser así por costumbre, ni siquiera se daba cuenta de que estaba siendo así, pero simplemente era su forma de ser.
Una risa tímida se hizo presente.
¿Se había reído?
- No, gracias. Prefiero quedarme a esperar. Seguro que papá contesta si vuelvo a llamar, es que, generalmente está muy ocupado y… no quiero que se entere que yo… -bajó la mirada de pronto, dejando esa bella sonrisa oculta en algún lugar de su ser- no quiero que se avergüence de que me acaban de-…
- No se lo digas –le cortó
Sí, tampoco era un buen consejero, pues se supone que lo que debería decir en ese momento es un típico "dile, vayan a la policía y díganle todo sobre los abusadores" o "debes tener confianza con tus padres, así pueden resolver esto más rápido".
Pero no, Rivaille simplemente le decía que no le dijera nada a su progenitor.
- Tú no entiendes.
- Claro que no entiendo, ni siquiera te conozco.
El castaño lo miró a los ojos luego de mucho rato sin hacerlo.
- Deja que te lleve a casa.
Rivaille desvió la mirada de inmediato cuando dijo aquello, sintiéndose realmente avergonzado de decirlo. No lo iba a admitir, jamás, ni en los peores sueños.
- No, lo siento.
- Pero por la mierda, Eren –vio cuando el chico bajó la mirada– te estoy tratando de ayudar. No conoces a nadie acá y, justo cuando llegas, unos imbéciles deciden que tienes un culo bonito y te hacen-…
Silencio. Lo hizo llorar.
- ¡Jamás entenderás nada! –explotó el más joven– ¡Tú no sabes lo que es ser día a día violentado en las calles o ser víctima de que te molesten en todos lados!
No se imaginó que el niño sacaría la voz de esa manera, sólo podía mirarlo y dejar que terminara de hablar tanta basura junta. ¿Quién rayos le haría daño? ¿Quién se burlaría de él? Es una ridiculez, Eren tenía toda la pinta de ser de esos niños adinerados a los que les han dado todo en la vida y que los grandes problemas que surgen en su monotonía es o que se le eche a perder el coche, o que la tarjeta de crédito no le funciona, o que le obliguen a casarse con una niña que no conoce.
- ¡De haber sabido que ser gay era un problema para todos entonces debí haber dejado que mamá me llevara con ella!
¿Qué?
- Así no tendría que dejar que papá me llene de inyecciones de hormonas masculinas que no hacen más que volverme más una chica que antes. Sí, mierda, tengo cara de niña, ¿y?
- Pues yo no creo eso –interrumpió el mayor, algo aterrado de todo lo que estaba escuchando- no tienes cara de niña, sólo la de un niño muy lindo.
Lindo.
Rivaille Ackerman acababa de decirle lindo a un chico.
- Eren, tu padre ha venido por ti –dijo la enfermera, mirando a ambos muchachos que se mantenían en silencio, mirándose como si buscaran algo en los ojos del otro, mirándose como si se conocieran de toda una vida y trataran de encontrar en la mirada del otro la respuesta a todo lo desconocido.
Pero entre tanta mirada, entre tanto coqueteo en un momento bastante inoportuno, un señor entró a la habitación, se acomodó las gafas y se acercó, tomó a Eren del brazo y le obligó a ponerse de pie.
- Deja de hacerme perder el tiempo, Eren.
Rivaille se puso de pie casi al mismo instante en que Eren fue obligado a levantarse, notó que el chico caminaba extraño y se dio cuenta de lo bruto que habían sido con su cuerpo, pero eso no fue lo que llamó su atención, sino la manera en que el sujeto lo trataba.
- Quisiste entrar a esta basura de universidad y ya tienes problemas, no te entiendo. Si Carla estuv-…
- Pero no está –interrumpió Eren, recibiendo una bofetada por parte de su padre-
- No está acá por tu culpa. Por tu culpa y por tu noviecito.
Noviecito. Eren tenía novio. Ah, pero si le dijo que era gay.
- Si no fuera por tu imprudencia Carla estaría a mi lado y no bajo tierra.
Vio que Eren empuñaba las manos y bajaba la mirada, dejándose humillar por ese sujeto de gafas que no parecía haberle ganado a nadie.
- Rivaille…
- ¿Qué dices ahora? –respondió su padre cuando el chico mencionaba el nombre del azabache.
- Dijiste que me llevarías a casa, ¿verdad? –continuó sin despegar la mirada del suelo.
- Sí, yo lo llevaré, señor –vale, sólo debía seguirle el juego al mocoso, se notaba que no quería ir a ningún lado con ese sujeto.
- Tú no te metas. Eren, vine hasta acá para llevarte a casa, no me hagas perder el tiempo una vez más, ¿o crees que tengo que venir cada vez que alguien decida tocarte? Ya no eres un niño, maldición, o te defiendes o haces lo que siempre dices… -sonrió de manera sarcástica el hombre- decir que te gusta.
caNotas autora:
Hola muchachxs, aquí un nuevo capítulo. Sí, el papá de Eren es un cabrón y Carla murió.
Gracias nuevamente a los que se toman el tiempo de leer y seguir el fic, lxs quiero muchito.
A las que comentan les mando un abrazo enorme. Cuando comentan de verdad que me hacen muy feliz xDDD
Me dijeron algo sobre el mpreg y… me lo estoy pensando. Igual podría ser bonito.
Pero no sé, ¡díganme ustedes!
Saludos a todxs.
Chalupa 3
