Disclaimer: Los personajes son propiedad de Hayao Miyazaki.
Sin más que mencionar, empecemos.
«Porque desde ese día entendió
del ser amado la agonía
de estar preso en la mentira
que su alma, el amor, no defendió.»
Para las personas normales, por llamarlas de algún modo, sentir dolor puede hacer referencia a un mal del cuerpo, incluso asociarse con alguna enfermedad por distintos factores, normalmente adquiridos de manera empírica. Un dolor de cabeza, de huesos, de cuerpo, etcétera, dolores del cuerpo, que precisamente nos dan alerta de un mal del cuerpo, que pueden ser combatidos y sanados con un determinado remedio. Pero… ¿Cómo se solucionaban los dolores del alma? ¿Cómo se perdía y eliminaban el pesar y el desconsuelo del espíritu? Ambas, una de la otra, eran completamente distintas, una brecha enorme que ponía distancia inmensa, pero que a su vez podrían ser consecuencias una de la otra.
Cuando pierdes a un familiar cercano, un tío, un primo, un hermano o hasta a un padre o madre, es difícil aceptar que ya no están más en este mundo, que jamás se volverá a escuchar su risa o a ver sus acciones y, aunque Chihiro realmente no había pasado por algo como eso, podía decir que era realmente doloroso, pues, sentir que casi perdió a sus padres durante la infancia, aún afligía su pecho.
Pero dejando a un lado esto, cuando un amor no te es correspondido, ¿Cómo se supone que debía lidiar con eso? Nunca, en su escasa vida, había sufrido algo la situación mencionada y lo lamentaba, porque, quizás, ahora sabría más o menos qué hacer con el calvario por el que pasaba su corazón. Como muchas chicas, había leído muchos libros de romance, drama y desamor, todas, tenían pasados trágicos y bastante desgarradores, pero al fin de todo, no eran más que eso, eran novelas creadas con maestría y dedicación, y ninguna portaba con alguna sección especial que diera instrucciones específicas y fáciles para librarse de situaciones como en la que estaba. Sólo tenía que pensar un momento para caer en cuenta del pozo en el que se encontraba, pues su corazón se oprimía cuando el hecho de ver a Haku casado con una hermosa princesa como las de los cuentos, pasaba por su mente.
Desde que el hermoso dragón de resplandeciente pelaje había salido por la sencilla puerta de su hogar, tras el fascinante momento de haberle robado sus labios con rapidez y pasión, en un momento tan desenfrenado e impulsivo, días atrás, el bello semblante de Chihiro había perdido parte de su bonita silueta. Y parecía que cada vez que buscaba la efigie de su amado por la amplia ventana de su morada, de un momento a otro aparecería ese hermoso rostro de porcelana de algún lugar en el espacio, sin embargo, no eran más que juegos de su mente, vanas ilusiones que la engañaban día y noche, creyendo que al fin Haku volvía al menos para visitarla, pero no. Durante esos días que él no había aparecido frente a sus tristes y chocolates ojos, podía sentir su corazón tensarse, como si fuera apuñalado por una filosa daga y un fuerte dolor oprimirse en su pecho. ¿Cómo no iba asentir eso después de aquello?
Chihiro había estado bastante afligida en esos días y, sincerándose a ella misma, aunque deseara con su propia vida ver a Haku, —que era lo que realmente quería en ese instante—, su cabeza no formulaba las palabras que tendrían que salir de su boca cuando estuvieran frente a frente. ¿Qué debía decir? ¿Cómo debía actuar? ¿Acaso sólo ella había sentido aquella flama en su interior, que le pedía a gritos deleitar a sus pequeñas y modestas manos tocando el cuerpo ajeno? ¿Había sido sólo su piel la que ardió al toque directo de las amplias palmas de Haku en su espalda? El recuerdo de esa noche, la torturaba a diario, apenas unos simples y no tan castos toques, bastaron para hacer que sus piernas doblegaran y por un momento olvidara su propia noción del tiempo, haciéndola viajar a través de un universo en el que el razonamiento se perdía con rapidez, pudo sentir su respirar agitado y la necesidad por morder aquí y allá. Años atrás se habían dado abrazos, y a veces Haku se despedía de ella estampando en su frente el más tierno de los ósculos; se habían tomado de las manos y habían sentido el calor, uno del otro, a través del lazo que formaban cuando las unían, ''simples caricias'' de amigos. Pero jamás, algo como la noche de hace días, la cual, del sólo recuerdo, prendía cierta zona de su anatomía, y le subía el calor a su rostro, sintiéndose completamente avergonzada de sí misma por tales pensamientos, y hacía el mayor de los esfuerzos para que su mente lo olvidase … Olvidarlo … ¿De verdad quería olvidarlo?
No, no quería. Y era una persona egoísta, pues, aunque su mente lo negara a capa y espada, y su intelecto le apuntara a ''sólo fue por instinto y la tensión del momento'', su corazón quería custodiar y atesorar con amor, cada uno de los segundos de aquel acto instintivo, tal vez engañando a su alma, convenciéndola, de que aquel beso y caricias significaban algo más. Y era esa, precisamente, la razón por la cual surgían todas esas preguntas, que encerró en una sola, única y especial, una solamente, una singular y significativa pregunta y, por supuesto, no faltaría más que una simple respuesta para tomarlo todo, u olvidarlo para siempre:
¿Qué sentía Haku por ella?
La respuesta, bien o mal, podría ser amistad, cariño, afecto: ''somos amigos''. Por alguna razón era la que más resonaba en su cabeza, ''amigos''. Ella ya no lo quería de esa manera tan pulcra e inocente. Por su puesto que lo querría para toda su vida, pues su amistad jamás se iba a romper, pero su corazón quería más de él. Su alma estaba deseosa y rebosante de tener todo de él, y a ella no le importaría darle su vida, pues lo sabía, su mente hace mucho tiempo se lo había aclarado, no tenía dudas ni pormenores, ya que sus largas reflexiones se caracterizaban por eso, por encontrar una respuesta clara y concreta a sus interrogantes: «Te amo Haku» pensó, mientras se hacía más pequeña, enrollando sus piernas en sus largos brazos, que lograban hacer que sus rodillas casi se fundiesen con su frente. Se abrazó más, tratando de encontrar el consuelo no recibido en su abrazo. Fue entonces, que en medio de su agonía, una pequeña y solitaria lágrima escapó de sus ojos. No quería llorar. Era algo que se venía repitiendo desde hace tres días, pues no tenía con certeza el por qué lloraba, ya que los factores parecían reunirse con malicia de modo que su aflicción hiriera su valor y terminaba confundiéndose más, pero la espera terminó por quebrantar su fortaleza, y su voluntad se entregó a un profundo pesar que le hacía doler el pecho, querer gritar hasta desgarrar su garganta y rasguñar su rostro por la impotencia fuertemente acumulada, tan horrible, que parecía que le estuvieran arrancando el centro de su amor, su corazón, en una tortura consecuente y nefasta, donde no sabía si tal vez podría morir de un momento a otro, pues esa horrible sensación que se alojaba sin pistas de marcharse, había creado ya un hogar en su alma, plantándose tan profundamente como las firmes raíces de un abeto.
Durante esos pocos días, trató de pensar en alguna posible solución a su pesar, a su dolor, algo que pudiera al menos, retornar su apetito o sus ganas de dormir, pues, al igual que Haku, se habían marchado, como si él las hubiera raptado y llevado consigo a su reino. Pero no encontró ninguna. Ni comer su postre favorito, ni ver películas, intentó de esto y aquello, engañándose a ella misma que olvidaría ese momento de locura, pero todo era en vano, nada funcionaba e incluso, era como si todas esas acciones en lugar de ahuyentar la miseria, acunaran con más rudeza sus inestables sentimientos y, le recordaran a Haku y su sonrisa, viva en cada una de ellas.
El rechazo dolía. Todos los días, en la universidad, los chicos la elogiaban, por sus lindos ojos almendrados y su nariz respingona. Sus labios rojizos y ligeramente gruesos. Por su cabello y su andar. Que era bonita, dulce, simpática, valiente, audaz, tranquila y elegante, que merecía a un buen tipo, que sería una excelente esposa y una amorosa madre. Que conseguiría un buen trabajo y sería reconocida por sus arduos esfuerzos… Pero… Pero...e toda su vida abos esfuerzos madre dulce, simopatica, a e incluso, era como si todas esas acciones le recordarab aHaku, ¿De qué servía todo eso? Había impresionado a muchas, muchas personas, chicos en verdad guapos a sus ojos, recibido miles de invitaciones para salir, cartas de amor y regalos de anónimos, pero...
— ¿De qué sirve?—susurró Chihiro, pues su garganta parecía fallarle, y las lágrimas que con esfuerzo había soportado, delataban su tristeza, y al igual que las nubes cuando están llenas de agua, lloran, su alma había estado ya soportando con demasía toda esa aflicción, y la lluvia de su alma, por consecuente, había llegado. ¿Quién podría entenderla? Probablemente ese era el sentimiento de todos esos chicos que rechazó alguna vez, pensando en una mísera oportunidad con Haku. ¿Se arrepentía? Claro que no, pues inconscientemente, su corazón no rechazaba a los chicos porque no le gustaran, sino que el hecho, la esperanza, la alegría y en ocasiones nostalgia, de que Haku iba a regresar, se acunaba perfectamente en ella, aún esto jamás fuese posible, sabía con certeza que lo esperaría por siempre. Además que ese ansioso beso, con significado actualmente perdido, jamás hubiera ocurrido.
Había intentado de todo desde el día en que descubrió sus sentimientos por él, no había sido muy difícil, ya que está más que explotado, el hecho de que dos buenos amigos lleguen a ser pareja. Cuando se lo preguntó a sus amigas en la escuela, estas se asombraron mucho, pues, la inteligente y bonita Ogino Chihiro, una de las chicas más deseadas e inconquistables de la universidad, por fin se había interesado en un chico. La noticia no tardó en propagarse, y muchas miradas—principalmente de chicos— la seguían a todas partes, interrogándola con un vistazo o buscando indicios de la afortunada persona. La pregunta de Chihiro, en aquel entonces, había sido sencilla: '' ¿Qué puedo hacer para gustarle a un chico?'', y sus amigas no tardaron en aconsejarle, pero antes de eso, no sabían si alegrarse o reír, en pocas palabras, Chihiro había estado recibiendo toda su vida declaraciones de amor, ¿y no sabía qué hacer para llamar la atención de un hombre? Era el colmo. Aunque ella jamás reveló la identidad del amado, pues no podía decir algo como ''es un dragón que conocí hace muchos años y que ahora viene a visitarme por las noches'', sus amigas insistieron mucho en saber quién era, con resultados infructuosos, pues le tomarían a loca. Entonces, ese todo intento, empezó.
Realizó muchos cambios en su persona. Usaba ahora perfumes más intensos y de atrayente olor, pintaba sus labios de rojo, de manera sublime y delicada, a veces adornaba sus mejillas con polvo rosa, dándole un aspecto adorable a su perfil. Rizaba sus pestañas y acomodaba con paciencia sus cejas, su cabello lo intentaba traer peinado y con olor a frutas exóticas, consiguió acondicionadores y cremas para su cabellera, dejándola hermosamente reluciente y suave como la seda. Había cambiado gran variedad de su closet, integrando a éste, ropa más femenina: blusas con estampados de flores, escotes U, de barco, cuadrados, e incluso contaba con un vestido straple, aunque según sus recuerdos, Haku sólo la había visto una vez con él, pues la vergüenza que le causaba portarlo era demasiada, así que, en aquella ocasión, había optado por colocarse un pequeño suéter encima y cubrir sus hombros con mucha vergüenza. Procuraba siempre estar limpia cuando se iban a ver, adornada sus oídos con unos pequeños aretes y algunas ocasiones añadía a su muñeca una linda pulsera. Cambiaba constantemente su peinado cuando él se encontraba allí y su andar se transformaba elegante y recto.
Pero no había logrado nada, absolutamente ningún avance, su relación de amigos eternos con Haku no se había descompuesto en lo absoluto, todo marchaba horriblemente de maravilla. Así que, una tarde, impulsaba por su desespero, leyó una de las revistas para chicas que le había recomendado una de sus amigas. Su consiente mente se moría de la vergüenza sólo por leer. Pero no importó. Lo hizo, por más vergonzoso que le había costado. Comenzó a usar ropas un poco más llamativas durante la estancia de Haku en su casa; shorts más cortos y apretados a su cadera, blusas, entalladas a su cuerpo, de tirantes y cortas, que en ocasiones dejaban al descubierto su ombligo—inconsientemente—. Según la revista de origen un tanto dudoso y cuestionable, era una carta definitiva, que no había como fallar.
Cuando había sentido los ojos de Haku sobre su figura, no pudo hacerle frente y sólo bajó su mirada jugando con sus pies y recibiéndolo con un simple saludo, en ningún momento levantó la mirada para encontrarla con la del chico, y por la respuesta de él, ante la visión, podría jurar que no habría mucho por ver en sus aguamarina ojos y mucho menos de alegrarse, ya que sólo estuvo parado unos segundos frente a ella y después la evitó, dejando bastante distancia entre ambos cuerpos, apresurando su andar hasta la sala. Juró haber escuchado su corazón caerse y extinguirse su voluntad, estuvo tentada a llorar, pero no lo hizo, resistió. En ese entonces, y hasta ese día que se encontraba sin remedio en su casa, se había cuestionado: ¿Qué había pensado él de ella? ¿Qué era vulgar, insana, corriente, inculta? Después de todo, Haku venía de un palacio, de un cuento de hadas donde vivían princesas de suma y gran belleza, pudorosas y educadas, doncellas con una bonita y resplandeciente sonrisa, de risos dorados como el oro y postura fina, entonces, ¿la habrá visto como una chica desesperada por llamar su atención? Esos pensamientos la acompañaron durante toda esa tarde con Haku mirando el televisor. Pero no hubo nada, ni una mirada, ni una sonrisa. Unas cuantas palabras como '' ¿qué tal tu día?, '' ¿Qué tal todo?' habían acabado con el pesado ambiente que se había empezado a formar, y a pesar de aquellas palabras de apariencia importante, fueron tan distantes y sin siquiera mirarla, incluso recordaba como su corazón había dolido por la indiferencia de Haku, en aquella tarde no hubo realmente una conversación de amigos, siquiera de conocidos. Haku se la había pasado mirando la tele todo el rato, incluso cuando comieron y para mayor fracaso, se marchó al poco tiempo. La habría encontrado horrible y sinvergüenza probablemente, pero su esperanza no decayó y todos los días restantes de ese verano, vistió de esa manera, convencida y decidida en la firme esperanza de que algo más pasara. Pero como ya dicho antes, nada.
Lo que Chihiro no sabía, es que la imagen que le brindó a Haku aquella calurosa tarde de verano, donde aquella ropa mostraba lo oculto de su persona, resaltando su cuerpo, —algo completamente nuevo para Haku—, perturbó los sueños del muchacho, haciéndolo despertar sudoroso y agitado, con su amigo más que despertado hasta que la temporada, finalizó. Con el tiempo, Haku había ido acostumbrándose a su manera de vestir llamativa, era por eso que la vergüenza se había ido de su cabeza y ahora podía estar con plena libertad vestida de esa forma, y como era de esperar, al buen Haku, no le había afectado para nada, claro, que eso pensaba Chihiro.
Pero nada sucedió, inclusive era como si a Haku ya no le importara realmente cómo vistiera ahora, en esas épocas. Así que, ¡¿DE QUÉ SERVÍA TODO ESO?! ¡¿De qué servía que le dijeran bonita, inteligente, elegante, valiente, que sus ojos eran bonitos y su cabello también?! ¡¿De qué servían todos esos halagos, si la única persona de quien quería escucharlo ni siquiera se había dado cuenta que ella había cambiado por él?! Usó tantas y tantas cosas que jamás imaginó, sin recibir al menos un insignificante elogio por Haku.
No servía de nada.
Pensó ella.
¿En verdad que no había causado nada en él? ¡¿Nada?! Se había esforzado tanto en que Haku volteara a verla de una forma un poco más insana y aunque sonara horrible viniendo de una mujer, de su amiga, ya no podía hacer más. No eran más que amigos, eso la perforaba con dolor y le recordaba su posición como sólo amiga, y no es que fuera del todo malo, ya que muy pocas personas son capaces realmente de hacer verdaderos amigos y generalmente, podían ser contados con los dedos de una mano. Pero, ¿acaso ella no podía también soñar, como muchas otras chicas, algunas veces con él siendo más que amigos de toda una vida? Y al parecer, cada vez… No, cada vez, no, ahora era más difícil de soportar su cercanía. Había ocasiones en las que Haku se acercaba demasiado a ella, momentos en que de verdad podía sentir el calor que su cuerpo emitía.
En más de una ocasión, Haku tenía la mala manía de sorprenderla por detrás mientras estaba cocinando, tan cerca de su cuerpo, excusándose con una inocente pregunta de ''¿qué preparas Chihiro?'' Sin ser al menos consiente de lo que provocaba en su interior, no, no lo era. Cuando se acercaba de más a ella, sus fosas nasales eran conquistadas por su olor, no sabía en qué momento el olor de Haku había empezado a ser tan atrayente, no podía inclusive describir su aroma y lo único que podía pensar era, si alguna vez le pedían describirlo, ''el aroma de Haku''. Cuando, en esa misma posición, susurraba con firmeza en su oído su mente se llenaba con su voz, y no es exactamente que estuviera totalmente cambiada, desde pequeño su voz era dominante y fuerte, pero ahora, ¿cómo decirlo?, era mucho más grave, madura, masculina, era tan ronca que al roce de ésta acompañado de su aliento, su corazón pegaba tan fuerte en su pecho que podría tener un fallo en él, además de su cuerpo, el niño que un día conoció se había marchado hace mucho, dejando a un hombre bastante formado, ¿Músculos? ¿Cómo es que los había conseguido? ¿Cuándo? ¿De qué forma? Otra de esas paradojas sin explicación. Se tachaba a ella misma de ser una pervertida, aunque su vergüenza era colosal, así era, sólo bastaba con recordar que se había encontrado a ella misma en diversas ocasiones, alucinando con tocar su marcado abdomen, acariciar sin prontitud sus fuertes brazos, y último, pero no menos importante, enredar sus dedos en ese cabello tan largo que poseía, más que el suyo. De algún momento a otro, esas fantasías se crearon en su mente, pero es que, ¡por Dios! Ya no era una niña inocente, tampoco una adolescente alterada hormonalmente, no era una joven fiestera ni alocada, era casi un adulto, y no sabía por qué, pero la manera en que su cuerpo reaccionaba cuando Haku estaba cerca, o cuando sus miradas se encontraban, era cuestionable y a veces le resultaba bastante agobiante, el hecho de tener que soportar el instinto de querer abrazarlo por detrás o de colar sus manos dentro de su ropa para sentir su piel. ¿Qué pensaría Haku de ella si supiera de todas esas fantasías de su mente?
Pero ante estas acciones por parte del príncipe dragón, siempre permanecía con una paz inalterable. Con una sonrisa respondía su pregunta aunque su piel se estuviera derritiendo en deseo, había desarrollado esa gran habilidad de permanecer inmutable ante situaciones como esas, y le debía ese gran favor a Noah Blair, hace un buen tiempo…
Flashback
Sucedió hace algunos años—antes de encontrarse con Haku—, cuando Chihiro aún se encontraba en la escuela preparatoria, bebido al gran prestigio del colegio al que asistía, los alumnos de intercambio eran frecuentes, no tanto para acostumbrarse y tener uno nuevo en cada mes, pero lo suficientemente separadas las fechas de ingreso, para que a las chicas se les botara la canica cada vez que veían rasgos distintos a los propios. Si su memoria, un poco aturdida por ahora, no le fallaba, fue exactamente en diciembre, mes del frío y de sacar tanta ropa como se pueda. Era una mañana bastante fría y Chihiro no había querido salir de su cama, pero con mucha fuerza y empeño, pudo hacerlo. Al levantarse, se había encontrado con nada más y nada menos, que con chocolate caliente, algo demasiado raro viniendo de su madre.
— Chihiro—llamó su atención la voz de su madre, quien se encontraba con una sonrisa bastante bonita en esa fría mañana. Curiosamente, su madre pocas veces despertaba de buena manera en las mañanas de invierno e incluso, eran mucho más escasas las veces que preparaba el desayuno, naturalmente se encontraría durmiendo, raro, pero era la realidad de Chihiro, su madre no soportaba el intenso frío de esas épocas. Estaba lista, probablemente saldría a algún lugar, su cabello, largo ahora, estaba prensado en con una pinza negra en la parte inferior, precisamente en su nuca, y tenía una perfecta partidura en el centro de su cabeza, ligeramente maquillada y perfumada. Aun así, ¿había hecho chocolate esa mañana y estaba de buenas? Tal vez, ese sería un frío, pero buen día. —, desayuna, tienes que estar fuerte para la escuela y lograr aprender más en tus clases— caminaba sin parar, dando vueltas alrededor de la mesa, colocó en frente de Chihiro la taza con el caliente chocolate junto con dos piezas de pan tostado, ambas adornadas con una fina capa de mantequilla y azúcar, la chica ahora estaba sentada, con un claro semblante de duda.
— Ah… Sí… hm, ¿sucedió algo bueno?— cuestionó el actuar de su madre, que si bien no le molestaba, le intrigaba de mil maneras. Dio un mordisco al pan y bebió un poco de chocolate, estaba dulce y caliente, muy rico, como pocas veces lo hacía, tal vez era por la lejanía con que lo preparaba, pero su sabor le era tan estupendamente delicioso, muy en el fondo lo agradecía. La dulce combinación de la mantequilla y el azúcar le estaba sentando como anillo al dedo, quizá era por el frío o la resplandeciente sonrisa de su madre, pero todo estaba delicioso esa mañana.
— Pues… Siendo sincera, Chihiro— volteó a ver a su hija con una sonrisa y un brillo especial en los ojos, como a quien van a dar una sorpresa y no puede esperar más— tengo una corazonada.— soltó una pequeña risa y tapó sus labios con el reverso de su mano.
— ¿Una… Corazonada?— preguntó Chihiro, centrando su atención en su madre, quien aún la miraba con alegría.— Eso… ¿se supone que es …Bueno?— la poblada ceja de Chihiro se arqueó, pues la suposición de su madre era extrañamente parecida a la suya, además de que la duda crecía en su mente, bien podría ser sólo cuestión de tiempo para que desapareciera, pero igual, vale más una pregunta tonta, que un tonto que no pregunta.
— ¡Por supuesto que sí Chihiro!— caminó unos pasos más y llegó de nuevo a la cocina bajo los expectantes ojos de Chihiro. Ahora sí estaba segura de que algo estaba sucediendo. Pero siendo sincera, ella también lo había sentido desde que despertó. Una de esas mañanas que crees que pasará algo bueno, no sabes en qué momento o en qué lugar. Sólo que pasará. Algo parecido a la fuerza de atracción, o algo con alguna difícil explicación científica. Se decidió a terminar su desayuno y finalmente partió de su hogar, no sin antes despedirse de su madre con un beso en la mejilla, y obviamente, abrigándose mucho.
— ¡Sonríe Chihiro! ¡Sé que hoy pasará algo bueno!— la madre de Chihiro levantó la voz emocionada y le guiñó el ojo, a lo que Chihiro respondió con una mueca más o menos de desagrado.
Apresuró su andar hasta la puerta de la residencia, colocó sus zapatos y después su acolchonada bufanda. Cuando salió, sintió como el aire frío le helada todos los huesos y observó como la nieve iba ganando terreno en el asfalto de las calles, en algunos lugares las lucecitas navideñas se empezaban hacer presentes, recibiendo con los brazos abiertos la cercana navidad ¿cómo se suponía que ese sería un buen día?
El camino no fue realmente nada especial. Se encontró con sus amigas en éste, pero hasta allí no había nada interesante, todo marchaba como siempre, tranquilo y sin prisa. Hasta que, de la nada, en un parpadeo fugaz, todo dio un vuelco gigantesco y comenzó, con una simple foto.
— ¡Oigan Chicas!— llamó las miradas distantes de las chicas, la joven alegre del trío, Hanaichi Moe, una linda chica de cabello negro y largo, y personalidad pegadiza, pero para nada molesta, de esas personas que contagian su felicidad sólo de verlas—, ayer por la noche recibí un mail de Misaki-chan, y me dio una información bastante valiosa…— la sonrisa pícara que se formó en sus labios, delató más de lo que podía decir, pues sus amigas ya bien le conocían: cuando tenía un posible chisme, hablando exactamente de chicos, lanzaba esa sonrisa un tanto linda, pero de doble intensión, así que, las chicas ya sabían por dónde iría el asunto.
— ¿Un chico nuevo?— preguntó otra de las amigas de Chihiro con alegría en sus ojos, Kawamiya Yuuka, una chica bastante tranquila, como Chihiro, pero también muy divertida y con un sentido del humor bastante gracioso. Yuuka, según Chihiro, era de esas personas que hablan poco, pero cuando lo hacen, son capaces de hacer sentir bien a alguien con sus chistes y buenos consejos, hablan justo cuando es necesario. Físicamente, daba toda una apariencia de nerd que se mostraba en las películas, pues usaba unos lentes de gran armazón y contaba con diversas pecas que adornaban con delicadeza sus mejillas sonrosadas, su cabello lo traía siempre atado en una coleta alta y sus ojos eran de un negro bastante profundo, capaz de perderse en esa oscuridad, pero nada de eso, pues, siempre era la que sacaba a conversación los chicos de la escuela, principalmente de los intercambios, bastante loco. — ¿de dónde? ¿Cómo se llama?— apresuraba la información aun no obtenida.
— Calma, pequeña— dijo con aires de grandeza Moe. Sacó de su bolso su celular y comenzó a buscar el contenido de la información. Un brillo especial se apoderó de sus ojos cuando la encontró— ¡Aquí está!— se aclaró la garganta, dándole importancia al asunto, asunto que para Chihiro era indiferente y sólo se dedicaba a observar con una sonrisa a sus grandes amigas, definitivamente sería un gran día, pues verlas sonriendo de esa manera, le traía mucha felicidad.— Ayer, a las veinte horas,—cambió su voz un poco chillona, como si estuviera imitando la voz de su compañera de grupo, Misaki—''Moe- chan! ¡Moe-chan!, A qué no adivinas de qué me enteré por mi papi— leyó con tranquilidad— mañana llegará un chico nuevo, de intercambio, por supuesto, de Estados Unidos, al parecer estará con nosotros un buen tiempo. Mi papi no se dio cuenta, pero registré sus carpetas y ¡por Dios! ¡Está guapísimo! Te mando una foto, ¿Verdad que lo es? Bueno, nos vemos mañana, ya verás que alboroto encontraran Chihiro, Yuuka y tu cuando lleguen''.— seguido de esto, enseñó a las chicas la foto del susodicho que se encontraba en su celular y ambas abrieron mucho sus ojos tras ver las imagen, era realmente guapo.
— ¡Woah!—exclamó Yuuka— Por primera vez Misaki no estaba mintiendo, ese chico es muy guapo, ¿no Chihiro?— cuestionó Yuuka, pero ambas, Yuuka y Moe se asombraron mucho al ver a Chihiro, aún absorta en la pantalla del celular de Moe, completamente ida. — Al parecer, nuestra Chihiro-chan se ha fijado en alguien después de tanto tiempo. —le dio un codazo disimulado a Moe, quien ya tenía una sonrisilla malvada en su rostro, señal de que tendría diversión por el resto del día.
— Oye Chihiro-chan— habló Moe con una voz melosa, mientras que acercaba su rostro al de la impresionada chica—, Chi-hi-ro-chan— pero no hubo respuesta por parte de Chihiro, sus ojos estaban completamente perdidos en la imagen, como si estuviera en un mundo ajeno al suyo, era casi como si quisiera meterse en la pantalla del teléfono por lo cerca que se encontraba de éste. Ambas amigas se miraron confundidas, Yuuka levantó su ceja en señal de duda, cuestionando silenciosamente a la chica, y Moe soló levantó su mano libre junto con sus hombros en señal de respuesta. Mientras que el mundo de Chihiro era un manojo de sentimientos y dudas, la forma en que Moe había dado la noticia, realmente no llamó para nada su atención, pues bien sabían que era propio de la chica, traer chismes de manera divertida, y a pesar de su forma de ser, jamás había revelado algún secreto nacido entre las tres, aunque, no sin confianza, sino más bien por prevención, Chihiro evitaba desenvolverse en grandes cantidades con ellas a pesar de sus largos años de amistad. Sin embargo, en esta ocasión, algo, alguna fuerza inexplicable la impulsó a mirar la foto, algo que normalmente no hacía por restarle importancia a los asuntos de sus dos amigas, como las veces en que haces por inercia las cosas y luego terminas arrepintiéndote.
Estaba aún absorta en sus pensamientos, cuando el movimiento brusco del celular de Moe la regresó al mundo real. Fue entonces que cayó en cuenta que había pasado minutos observando la imagen y de las miradas un tanto preocupadas de Moe y Yuuka. Sonrió nerviosa, pues las miradas acusantes de las chicas la estaban poniendo avergonzada. Miró hacia los lados, como intentando evitar algún dialogo y luego terminó bajando la cabeza, mirando sus pies, sin poder lograr pensar en algo para la cantidad de preguntas que se le vendría encima.
— Ohm…— tragó grueso, tratando de que su mente despertara y se le ocurriera algo bueno que decir, pero simplemente su cabeza estaba estancada, y ninguna idea aprobable llegó a su mente. Así que, con pena, habló con lo primero que se le vino a su lado consiente— Y… ¿Qué tal sus vacaciones?— Yuuka y Moe se miraron con un atisbo de fastidio, y supieron al instante que lo más seguro era que Chihiro no quería hablar del tema. Pero es que, realmente ella jamás decía cosas que la delataran en algún romance, algún amor no correspondido o simplemente datos de su niñez. Temas de esos eran frecuentes en sus pláticas durante el almuerzo en la escuela, pero Chihiro siempre, aunque estuviera poniendo mucha atención en las historias divertidas y múltiples anécdotas, parecía que su mente estuviera en algún otro lugar del mundo. Prácticamente, desde que la conocieron, era así. Por extraño que pareciese, ambas agradecieron al cielo que Chihiro se hubiera interesado en el tema de muchachos por esta única y tal vez irrepetible ocasión, ya que ese lado de ella, era sinceramente el que ninguna conocía; en una ocasión, años atrás, le habían hecho la interrogante sobre el amor o relación con algún chico de manera sentimental, aunque no hubo precisamente palabras, su gesto, habló por sí mismo. Sólo una sonrisa torcida, que parecía más una mueca de desagrado y una mirada perdida en la ventana, les hizo saber que era un tema demasiado amargo para recordarlo, así que decidieron no preguntar más sobre eso. Pero ahora, mucho tiempo después, parecía que al fin ella ponía sus hermosos ojos en alguien más, y ellas, por supuesto, querían saber.
— Chihiro, las vacaciones pasaron hace meses— mencionó con una cara de desgano pero de risa suprimida, Yuuka—, no trates de evadir el tema. Sé que no te gusta hablar de estas cosas, pero, en verdad queremos— volteó a ver por un momento a Moe, y regresó su mirada a Chihiro—, Moe y yo, queremos conocerte un poco más. Si ese chico de la foto te resultó atractivo, sabes que puedes contárnoslo, no nos molestaremos, de hecho—Yuuka llevó una mano a su nuca y bajó ligeramente la cabeza, buscando qué palabras utilizaría—, estaríamos … Muy felices de que lo hicieras, ya que bueno… uhm, no siempre te abres de esta forma con nosotras, así que…-
— Bah…—interrumpió Moe—demasiado sentimentalismo, —Moe Tomó las manos de una sonrojada Chihiro con fuerza y la atrajo hacia sí— Lo que Yuuka intenta decir, es que no te lo guardes todo para ti, y que nos cuentes. Si este chico ha robado el corazón de mi amiga—señaló su celular—, yo la ayudaré a que la mire. Es todo.
Chihiro se sonrojó aún más. Soltó una mano de Moe con delicadeza y la llevó hasta su bufanda, allí, tomó el borde de esta y la subió por su rostro hasta que sólo sus ojos fueron visibles, tratando de ocultar su sonrojo, asintió. Yuuka y Moe le dedicaron una cálida sonrisa y su caminar empezó de nuevo. Ellas sabían que aunque Chihiro dijo sí en silencio, no hablaría al instante, así que decidieron continuar su camino, primero en un confortante silencio y luego en risas y una que otra broma de parte de Moe a Chihiro.
Llegaron casi congeladas a la escuela. Retiraron sus zapatos y cogieron sus impecables uwabaki, cada una se colocó los suyos y emprendieron, de nuevo, su camino. Justo iban doblando el primer pasillo, cuando el alboroto y gritos de muchas chicas, llegaron a sus tímpanos, creando molestia en las tres. Todas las chicas se juntaban en un gran círculo, alborotadas, mientras las numerosas preguntas inundaban el estrecho lugar. Estaban todas amontonadas en la pared gritando animadas, casi una encima de la otra, peleando por llegar hasta el frente, algo que en verdad parecía complicado, era como estar mirando la peligrosa y divertida escena de un día de ofertas en ropa de mujer. No se necesitaba ser tan inteligente para adivinar qué sucedía en tan grande alboroto, seguramente, el chico nuevo ya estaba entre ellas, sí entre ellas, las chicas, pues dudaban de que algún hombre se encontrara entre el tumulto. Chihiro, para sorpresa de las chicas, pasó del alboroto, o estaba tratando de hacerlo, ya que el espacio era bastante reducido, y hacía un tanto costoso el poder caminar en el área, incluso moverse parecía complicado. Moe y Yuuka siguieron a Chihiro entre la poderosa trifulca de chicas enamoradas, con muchas preguntas ya formulas, que obvio, le harían a Chihiro al llegar al aula. Pero todos los planes se vinieron abajo, pues el acontecimiento de recién, al parecer, no terminaría ahí.
— ¡Oye Ogino! ¡Te más cuidado la próxima vez!— gritó una chica del mismo grupo de Chihiro, que desde que recordaba, Chihiro era algo así como alguien que no le caía bien. Chihiro estaba en el suelo ahora, tenía una pierna flexionada y la otra pegaba en el suelo, sus manos le sirvieron de soporte para no caer completamente de boca, y así, sólo recibir daño en su rodilla. Su cabeza estaba gacha, mirando al suelo, o esa aparentaba, pues mantenía sus ojos cerrados con tranquilidad, como si rogara a su mente contener alguna emoción. — ¡No por el hecho de que traigas a los chicos babeando por ti, puedes ser la primera en todo! ¡Si tanto quieres mirar a Noah..-
— ¡Oye Reika! —interrumpió Moe con euforia— ¡Deja ya tu maldita envidia! ¡Chihiro ni siquiera te tocó, incluso, es ella la que está en el piso!— señaló a Chihiro, quien aún no se levantaba y su mirada seguía siendo estropeada por sus párpados.
— ¡¿Envidia yo?! ¡JA!— lanzó una carcajada, siendo cortada al instante— ni que fuera la gran cosa, sólo se la pasa rechazando chicos como una cualquiera y luego se defiende a ella misma como la víctima. — cruzó sus brazos, y el bullicio silenció, dando paso al sonido común de cuando la gente invita a dos personas a luchar, con el afán de molestar a un contrincante con el comentario de la otra persona.
— Estas siendo demasiado grosera Reika…— dijo Yuuka en tono calmo.
— ¡Cállate cuatro ojos!— volvió a gritar Reika, alarmando y entusiasmando a las demás chicas, quien ahora parecía interesarles más el pleito recién iniciado detrás de ellas, que el chico, motivo del cual estaba reunidas allí.
— ¡PELEA!—gritó una voz entre muchas, y luego fue seguida al unísono por muchas más.
Moe levantó los brazos con claro disgusto y preocupación, haciendo un intento fallido para calmar a la multitud— ¡Oigan! ¡Aquí no pasará nada! ¡Cállense de una vez!— gruñó al no conseguir nada.
Mientras tanto, un lindo chico de ojos oliva observaba entre los espacios de chica y chica, la disputa, al parecer, formada, lo cual, le causaba bastante disgusto, no por el hecho de que fuera por él, pero sinceramente, no le agradaba ver a dos chicas peleando, y siempre habría creído que era algo bastante triste, pues una mujer, a su pensar, no debería pelearse con otra por pequeñeces ya que le quitaba su lado interno hermoso. Caminó entre las chicas, causando uno que otro sonrojo, y llegó a la escena. Observó a una chica de cabello negro, largo, tratando de reducir el ajetreo de las demás chicas, luego otra, alado de ésta misma, también de cabello negro, pero al contrario, estaba atado en una coleta alta y sus ojos eran enmarcados por unas gafas sin mencionar que se encontraba bastante calma en cuanto a la escena representaba. Casi arrodillada, en el suelo, estaba una chica de cabello castaño, largo, éste impedía ver su rostro, pues su cabeza estaba gacha en el suelo, y la última, una chica un poco más alta que las otras, se encontraban de pie, de ojos negros y cabello rizado, quien minutos atrás se había presentado ante él como Furumatsu Reika. Comprendió al instante lo que había sucedido, así que se decidió a parar el jolgorio, pero fue interrumpido.
Chihiro, ya no lo soportaba, esa chica siempre buscaba la manera de dejarla en problemas, o inventaba miles de cosas de ella, sólo por el placer de verla sufrir, era realmente molesta para Chihiro, pues una vez puso en el hilo flojo la relación con sus amigas por uno de sus múltiples chismes, y por más que le suplicaba la dejase en paz, ella, al parecer, más se alentaba en molestarla. Esta vez, sólo haría lo que su mente creyó necesario, un ridículo frente a esas chicas.
Tomó aire suficiente y se preparó para levantarse. Primero su pierna que estaba flexionada, ésta ya empezaba a mostrar síntomas de dolor en su rodilla, lo cual originó un ligero tambaleo en su propósito, Yuuka asistió rápidamente por temor a que Chihiro fuese a caer y la tomó con urgencia de su brazo. Chihiro le dedicó una sonrisa a Yuuka por su apoyo. Fue entonces que el chico pudo ver su rostro. Esa chica era en realidad muy linda, sus labios estaban rojizos y sus leves mejillas sonrojadas, dándole un toque adorable a su hermoso perfil, sus ojos, por otra parte, almendrados y avellanados, tenía unas largas y gruesas pestañas y una nariz respingona. Entonces entendió lo que dijo la chica minutos atrás: ''se la pasa rechazando a los chicos'', lo demás era mejor no mencionarlo. Pero no fue eso lo que lo sorprendió, sino la acción de la Chihiro, fue lo que hizo huella en su mente.
Al notar a la anterior caída Chihiro, de pie y con una mirada seria hacia Reika, el barullo cesó. Todo estaba en silencio ahora y, las miradas expectantes parecían quemar el ambiente. Justo cuando el chico iba a hablar, Chihiro lo interrumpió.
Cerró los puños con fuerza y al instante los soltó dejando sus manos completamente rectas y pegadas a sus costados, posteriormente, relajó sus ojos. Y, para impresión de todos, hizo una firme reverencia, una saikeirei, sus cabellos colgaron a su alrededor, pero permitieron ver los ojos de Chihiro.
— ¡Lo siento!— levantó la voz por sobre las demás— por haberte empujado, discúlpame. Yo, en verdad lo lamento Furumatsu-san.
Todas las chicas se quedaron de impacto, incluso la misma Reika, Moe y Yuuka, que no lo podían creer. La escena protagonizada por Chihiro era demasiado surreal para ellas.
— ¡O-oye Chihiro-chan! ¿Por qué te estás disculpando si ella ha sido quien te empujó?— trató de quebrantar su idea, pero no obtuvo respuesta por parte de Chihiro. Muy en el fondo, Moe sabía qué le estaba dando a entender Chihiro con esa respuesta silenciosa ya bastante común, ''No, no lo haré'', aunque pareciera raro, ellas habían aprendido a leerla. Ciertos patrones se repetían en Chihiro cuando quería algo y sólo no lo decía, por prudencia o respeto, Chihiro no era la persona más callada del mundo, de hecho, hablaba bastante con ambas, Moe y Yuuka y los momentos en los que estaban juntas eran siempre divertidos, pero en ocasiones ella sabía que las palabras no eran necesarias y con un simple gesto quedaba ante ella como un libro abierto, muy en el fondo agradecía tener amigas como ellas dos. Así que, dejando todo su orgullo en algún lugar del mundo, imitó a Chihiro en su posición y realizó la reverencia sin dudar. — ¡Discúlpame Reika! Yo…—apretó la mandíbula con fuerza—, No quise gritarte…— Moe mordió su labio inferior y apretó con mucha fuerza sus puños, pues le estaba costando más de lo que parecía, si bien su orgullo no la estaba consumiendo, sí la estaba molestando.
Por otro lado, Yuuka se encontraba observando, llevó su mano hasta su cara y con su dedo medio acomodó sus gafas en el puente de su nariz, con un pequeño empujoncito hacia atrás, luego cruzó los brazos y decidió que le tocaba entrar en acción. —Yo también me disculpo. — Fue lo único que pronunció. Al contrario que sus dos amigas, ella sólo pidió una disculpa innecesaria, pero si sus dos mejores amigas se estaban rebajando a esa vergüenza, ella también lo haría, no tanto como ellas, pues, aunque no pareciera, el orgullo de Yuuka era mucho más grande que el de Moe, pero lo haría, porque sabía que ellas harían lo mismo si de ella se tratara.
— Deberías disculparlas. — Pronunció el chico nuevo, quien desde hace rato encontró su piel erizada por las diversas acciones de las tres chicas, su mente formuló lo obvio, eran amigas. Llamando la atención de todos o más bien todas las presentes, a excepción de Chihiro, que aún no recobraba su postura erguida. Varias chicas, al escuchar su petición, fulminaron con la feroz mirada a Reika. — Todos estamos propensos a errores, no somos perfectos, y el saber perdonar es una virtud propia de una buena persona. — los ojos profundos del chico penetraron la avergonzada mirada de la chica. Dejó en libertad un suspiro y asintió.
— Yo… Está bien…—miró avergonzada a otro lado, apretando con fuerza sus puños. Al escuchar las casi imperceptibles palabras de Reika, Moe reacomodó las postura habitual y observó por un momento a Chihiro que no se había movido ni un poco.
— Oye, Chihiro-chan, Reika dice que está bien, no tienes por qué seguir así. — Habló Moe, pero Chihiro pareció no haberla escuchado. Al contrario, permaneció allí de manera que la paciencia de Reika decayó y volvió a explotar, claro, con menos pólvora.
— ¡Oye Ogino! ¡¿Qué más quieres?!-
— ¡Que me disculpes! ¡Quiero escuchar de ti que me estás disculpando!—interrumpió con una tonalidad igual a la que Reika había utilizado hace unos momentos. El asombro volvió al lugar y Reika sólo pasó una mano por detrás de su nuca.
— Te… Yo-…Te perdono. — Dudó, pero sabía que en la situación que se encontraba, no podía hacer más. Se acercó lentamente a Chihiro, la tomó de los hombros y la levantó hasta quedar frente a frente, con una mirada de fastidio, la enfrentó— no te pases todo el día así. Ya está bien. —Debido al extraño gesto de la chica, involuntariamente, el cuerpo de Chihiro se movió hacia atrás, y un pequeño sonrojo pareció asomarse por su aun puesta bufanda.
— Gracias. —seguido de una sonrisa. Lo que pareció un pleito cualquiera de chicas, para Chihiro había significado la tregua, más que para con Reika, con ella misma, pues incógnitamente, le pidió perdón por las cosas que en un pasado le pudo haber hecho mal, o le pudieron haber dañado. Estaba segura que si al menos Reika no lo entendía, su conciencia estaría más tranquila, pues humillarse de aquella forma frente al montón de chicas, le aseguraba una semana entera de miles de chismes, además de que cualquiera con un poco de sentido común hubiera sabido con certeza que la que inició la pequeña discusión, no había sido Chihiro, pero algo estaba claro, su pierna le estaría molestando por todo el día.
— Ven, no tenían por qué pelearse, las chicas se ven lindas cuando sonríen y se llevan bien entre ellas, no cuando compiten como locas por ser mejor una que la otra. — llamó la atención la voz del chico. Reika fue la primera en voltear y hacer grande su presencia frente a él.
— ¡Eso es cierto Noah-kun!— gritó de la manera más chillona que alguien puede hablar, atrayendo las miradas del montón de chicas que aún se encontraban en la escena.
Chihiro sintió el miedo apoderarse de su piel, si ese chico que les estaba hablando era el mismo de la foto, no sabía de qué manera iba a soportar lo que podría venir. Incluso su voz era semejante a la de…Él.
Volteó con lentitud su rostro y lo que vieron sus ojos, le trajeron fuertes consecuencias.
Al notarse observado por los ojos avellanos de Chihiro, Noah, volteó su mirada a ella y entonces todo se rompió.
— Hola, mi nombre el Noah, —sonrió— ¿el tuyo?
« '' ¡No deberían estar aquí! ¡Váyanse! Es casi de noche ¡Váyanse ahora mismo! ¡Ya están encendiendo las luces, vamos!, ¡Yo los distraeré! ¡Debes cruzar el río!»
«Tranquila… No temas, soy tu amigo. Abre la boca y come esto. Tienes que comer algo de este mundo sino desaparecerás, toma esto, mastícalo y trágalo. Buena niña, ya estás bien, puedes comprobarlo. Ahora, ven. No hay tiempo, ¡corramos!, Tranquilízate y respira hondo, en el nombre del viento y del agua, libérenla. ¡Levántate!»
« No respires mientras cruzamos el puente. Quédate tranquila. Inspira profundamente, sostén el aire. Resiste, ya casi llegamos. ¡Alto! ¡Vámonos! Saben que estás aquí.»
«No Chihiro, lo has hecho muy bien. Escúchame, te diré lo que tienes qué hacer, si te quedas aquí te encontrarán, yo los distraeré mientras tu aprovechas para escapar. No te muevas, cuando las cosas se calmen, sal por la otra puerta, baja las escaleras hasta que llegues a la sala de las calderas, donde alimentan, todos los fuegos, Kamaji está ahí, búscalo. Pídele que te dé trabajo, seguramente se negará pero tú sigue insistiendo. Ahora debo irme.»
«Recuerda esto siempre Chihiro, yo soy tu amigo.»
«Te conozco desde que eras pequeña, mi nombre es… »
—¿Ha-Haku?— dijo en un susurro, sus ojos y alma estaban atónitos, la voz de Haku resonaba en su mente y miles de imágenes empezaban a pasar de forma fugaz por sus memorias, su voz resonaba en cada lugar de su alma como un gran cuarto vacío que generaba eco, un eco triste y melancólico, aquella esperanza que había comenzado a perder hace años, parecía, mágicamente surgir del abismo, como una flor de loto, en medio del pantano, tal fue la impresión que su cuerpo comenzó a actuar ante ella. Sin advertencia previa, sintió como todo lo que había degustado en la mañana le dio un vuelco en el estómago, empalideció y su equilibrio fue presa de un mareo por un instante, sintió subir el líquido rasposo por su esófago, amenazando en salir. Tapó con rapidez su boca con la palma de su mano, y sin mirar al chico otra vez, corrió tan rápido como pudo hasta el sanitario, dejando sin palabras a todos los presentes.
—¡Chihiro!— gritaron Moe y Yuuka corriendo tras ella.
Noah se quedó de sorpresa y parpadeó un par de veces, tratando de que su mente asimilara todo lo ocurrido, sólo le había saludado, entonces ¿por qué? Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por la horda de chicas que iniciaron de nuevo, como si no hubiese pasado nada, el escándalo por él. Mientras lo acorralaban, dio un último vistazo al pasillo, notablemente preocupado, pero ya no había nadie.
Chihiro corría y corría, pero parecía que ese pasillo jamás tenía fin, y por consecuente, no podría llegar a sanitario de chicas a tiempo, hasta que, a lo lejos divisó la puerta con la figurilla rosa, y apresuró más. No se detuvo en ningún momento, prácticamente, corrió y pasó de la puerta con un golpe, y agradeció porque estuviera vacío el lugar. Entró en la primera puerta y dejó a su estómago sentirse mejor. Moe y Yuuka estuvieron para ella todo ese rato, hasta que finalmente salió mucho mejor, se dirigió al lavamanos y enjuago su boca, sacó de su bolso una pequeña toalla, la mojó un poco en un lado y la pasó por su frente que era ahora adornada por una fina capa de sudor, sin evitar pensar en el rostro de hace un momento, el cual provocó que todos los recuerdos que empezaban a enterrarse por el polvo, volvieran a surgir. Ahora el problema venía cuando llegaran al salón de clases. Él estaría allí.
Las tres, para su buena fortuna, llegaron hasta el aula mucho después de que Noah hiciera su presentación, pues, Chihiro tenía que ir a la enfermería al menos para que se le quitara el mareo. No recibieron reprensión del profesor por intervención de Reika, la cual contó los eventos sucedidos, e internamente agradecieron el gesto, tal vez su relación comenzaba a mejorar. Chihiro divisó al chico que las miraba con un semblante de preocupación entre todos sus compañeros, pero no pudo resistir esos ojos oliva que la miraban de aquella manera, haciendo su corazón estremecer y su alma sangrar, era tan parecido a Haku, así que apartó sus ojos de la mirada ajena, desconcertándola. Por algún favor de un Dios, su lugar estaba —literalmente— hasta la otra punta del suyo, tenían todo un salón de por medio que les impedía la vista, pues, no sabía si hubiera soportado esos ojos mirándola. La clases, dentro de lo que cabe, transcurrieron normal, o al menos para los otros chicos, ya que Chihiro no podía evitar recordar al chico y hasta ahora, ya iban tres ocasiones en que lo observaba por prolongados ratos sin darse cuenta, perdiendo por completo el hilo de la clase, pero lo malo no era exactamente el hecho de mirarlo como si no hubiera otra persona en el lugar, sino que precisamente él la había atrapado en el acto. Después de haber sido descubierta por tercera vez, dejó de hacerlo, aunque lo que estaba haciendo ahora, era resistir la tentación de hacerlo.
« ¿Cómo te llamas? Sígueme Sen. »
«No me hables, y debes llamarme, maestro Haku.»
Las palabras de Haku, todas y cada una de ellas estaban en su mente, repitiéndose una y otra vez, dando vueltas, viniendo y viajando, recordando. Era como si pudiera escucharlo otra vez hablarle, de nuevo ayudándola. Como si pudiera sentir su esencia en ese lugar, todos esos recuerdos estaban regresando, viva y plenamente, exactamente como pasaron las cosas, todo tan claro y doloroso, que sólo pudo apretar los puños para no llorar. Su rostro tenía una mueca de profunda tristeza, su entrecejo estaba fruncido y sus ojos cerrados con mucha fuerza, de tal manera que pareciera que estaba siendo presa de una terrible pesadilla. A lo lejos, unos ojos aceituna la miraban con tremenda preocupación y con unas ganas inmensas de abrazarla, de protegerla. No sabía con exactitud si él tenía algo que ver con que la chica estuviera así, su nombre al parecer, era Chihiro.
Noah había estado buscando a Chihiro, pero esta se escabulló a algún lugar en todo el terreno, incluso había preguntado a sus amigas si le habían visto, pero estas contaron que Chihiro, después de pedir permiso para salir al sanitario minutos antes de culminar la clases y salir al descanso, no había regresado, incluso habían tratado de llamar a su teléfono, pero estaba en su bolso además, dijeron que a veces con ellas hacía igual, y que jamás sabían a qué lugar se iba, por lo que, el tiempo del recreo fue inservible, sin mencionar que la gran multitud de chicas aún lo seguía y eso, hasta cierto punto le era un poco molesto.
Después del toque que indicó el final del descanso, Noah regresó desilusionado al aula, pues no había encontrado a Chihiro, incluso unos minutos después del toque, justo cuando llegaba el maestro, Chihiro llegó a la par de éste mismo.
La campana que indicaba el final del día escolar, sonó. Moe y Yuuka, fueron rápido por Chihiro para preguntar por su estado, quizá se había estado sintiendo mal aún y ellas no lo sabían o simplemente no lo habían notado.
— Chihiro-chan, ¿te encuentras bien?—habló Moe en primer lugar, como siempre, tratando de que Chihiro se abriera un poco más con ellas. Pero sólo recibió un asentimiento de cabeza. Un sí silencioso, que bien sabían, no era del todo verdadero. O eso creían hasta que les dedicó una de esas sonrisas tan reconfortantes, características de ella, el pequeño pero gran gesto les sirvió a ambas, Moe y una tranquila pero preocupada Yuuka a calmar su preocupación. — Bueno— dijo más convencida, volviendo a animar el ambiente con sus actitud explosiva, mientras que los pasos de la gran mayoría de chicos y chicas sonaban, dando a entender que abandonaban el salón— ¡Vamos!— dijo con una gran sonrisa y alegría propia de ella.
Yuuka asintió con una sonrisa fresca y Chihiro les siguió inmediatamente que comenzaron sus pasos. Caminaron tranquilas hasta la puerta corrediza, donde Yuuka, por estar más cerca, abrió sin pesar. Primero salió Moe y Yuuka, dejando un poco atrás a una calmada Chihiro. Estaba a punto de salir y deslizar la puerta, cuando, desde el lado opuesto de esta, un brazo se colocó sobre el suyo.
— Ohm, ¿Chihiro?— sonó la voz grave del chico, logrando darle un pequeño susto a la chica. Chihiro reconoció la voz al instante y volteó lentamente, encontrándose con la última persona que se imaginó toparse.
— ¿A-ah?— del asombro que sintieron sus sentidos y la cercanía del muchacho, además de la familiaridad con que la había llamado, le hizo tartamudear. Y es que, por dios, ni siquiera sus compañeros, le llamaban de eso modo.
— Ahm, yo… ¿Podríamos hablar un momento?—Noah rascó levemente su nuca, avergonzado por lo que acababa de pedir.
Por otra parte, Chihiro no sabía que responder, sólo no tenía un respuesta, así que decidió voltear por una en dirección a sus dos amigas que los miraban con una sonrisa cómplice. —Ahm…—miró sus pies, sin encontrar que decir— ¿Moe y Yuuka, ahm…?— volteó a verlas de nuevo y ellas seguían sonriendo. Al parecer, el hecho de que Chihiro quería salir de allí, ellas no lo entendieron o fingieron no hacerlo, pero un chico, que aún sostenía el brazo de Chihiro, lo hizo. Así que lo soltó rápidamente.
— ¡OH! Si estas ocupada, realmente no hay ningún problema, en verdad, yo…-
— ¡Por nosotras no hay problema!— dijo Moe, levantando sus manos al nivel de su pecho, moviéndolas para restarle importancia, miró momentáneamente a una asombrada y preocupada Chihiro, que las miraba con total aflicción, claramente les estaba pidiendo ayuda y ellas lo sabían muy bien, literalmente les estaba gritando que la sacaran de ese embrollo, la mueca que tenía por sonrisa y sus mejillas rojas, no por el frío, les suplicaban piedad. Pero si lo pensaban bien, podría ser ese el momento en el que al fin Chihiro saldría de ese caparazón y Moe sabía con certeza que Yuuka pensaba exactamente igual. Sí, tal vez estaban siendo un poco crueles con ella, pero exactamente eso necesitaba, enfrentarse por un momento a la incomodidad y extremo nerviosismo de estar con alguien por quien se tiene sentimientos y aunque Chihiro probablemente no tenía algo así, quizá Noah podría despertar ese sentimiento que le empezaba hacer falta a su amiga. Hizo un gesto de despedida a ambos y tomó la mano de Yuuka— Hasta mañana Chihiro-chan, Noah-kun— seguido de esto, desapareció junto con Yuuka.
Pasaron unos segundos incómodos y el lugar solitario, se puso un poco tenso. Minutos antes, Noah había estado seguro de que iba a decir y que iba a hacer, había repasado miles de veces que palabras usaría y ahora, viendo la pequeña espalda de Chihiro, no sabía qué hacer. Así que recordó una que otra situación parecida a su situación actual, y trató de no parecer nervioso o entusiasmado, respiró profundo y dejó fluir su habla con el viento.
— ¿Vamos Chihiro?— preguntó, logrando que Chihiro saliera de su ensimismamiento y un sonrojo bastante notable, así que no pudo evitar preguntarse, mentalmente, el porqué de esta linda acción. Recibió un asentimiento de su parte y ambos comenzaron a caminar, tranquilos. El pasillo se veía, ahora, larguísimo, como si jamás fuera a terminar, de verdad que estas situaciones siempre eras un misterio, podías estar completamente calmo con un amigo o amiga, preguntar cosas graciosas y hacer bromas, todo fluía naturalmente y con facilidad, pero cuando se trataba de alguien así, con quien jamás había entablado conversación y que le parecía colosalmente hermosa porque sí, estaba hablando de Chihiro, todo se tornada difícil y sofocante, como si ninguna palabra fuera lo suficientemente fiable para no aburrir al acompañante silencioso y en los peores casos, hablar sin antes pensar en las consecuencias que traería y posteriormente cometer algún acto torpe, dejando una mala faceta en lugar de una buena presentación. Así que debería disminuir la tensión que volvía a formarse entre los dos, pensó una que otra vez lo que diría, pero al final sólo actuó su instinto. — ¿Estás mejor ahora?— Dijo con un poco de nerviosismo, y luego cayó en cuenta de su pregunta, maldijo internamente lo que había dicho, pudo haber dicho algo mejor, pero su mente, su lado racional ya estaba hecho un caos. Así que sólo rogó al cielo que no se ofendiera por hacerle esa pregunta.
— S-sí, gracias por preocuparte— Después de su presentación-petición ante Kamaji y Yubaba, nunca había estado tan nerviosa. A decir verdad, después de haber conocido a todos, en su corazón habitaban más los sentimientos de melancolía y tristeza, pues el recuerdo ferviente de todos aquellos momentos había regresado de nuevo con la aparición de ese misterioso chico, así que, una ligera alegría comenzaba a formarse dentro de ella, ya que la esperanza que una vez creyó muerta, estaba floreciendo con sólo el hecho de hablar con él. Estaba nerviosa, sí, pero también entusiasmada y contenta, tenía esa sensación de alegría que experimentó cuando voló junto con Haku hace tanto tiempo, esa sensación, que hace mucho, amenazaba con alejarse de ella. De cierta manera, el ambiente empezaba a amoldarse a su situación y los nervios de apoco parecían relajarse, tomando una pequeña porción de confianza de su ración del día, habló— Tu nombre es ¿Noah?— preguntó ya más clamada, relajando su ceño y hablando de lo más natural que podía, pues no podía ocultar del todo aún su nerviosismo, estar al lado de un chico tan lindo como él, le estaba afectando por primera vez en su vida.
— ¡Sí!— dijo asombrado y agradeció el hecho de que estuvieran teniendo un buen inicio, la pregunta, para su total alivio no había afectado en absoluto, así que, sin perder el pequeño hilo de la conversación, continuó— ¿lo recuerdas? Te lo dije, pero saliste corriendo así que no sabía si en verdad lo habías escuchado— sonrió con entusiasmo.
— Por supuesto que lo recuerdo. Me lo dijiste de frente después de todo. — Chihiro regresó, sin mirarlo, la sonrisa recibida. Todo empezaba a ponerse más relajado y las palabras salían con más naturaleza.
Noah rompió la formalidad y el ambiente ''delicado'' que había querido formar frente a ella y estalló en una carcajada. Chihiro sólo bajó la mirada a sus pies, la razón de esto, es que aún no tenía la fuerza suficiente de verlo a la cara y cuestionar su rostro riéndose, pero ¿acaso había dicho algo gracioso? No pudo evitar que se le pasara por la mente eso, tal vez se estaba riendo de la forma rígida con la que caminaba por ahora, o del hecho de que le estaban temblando las manos.
Su risa cesó por un momento y habló menos agitado —Por supuesto, en verdad creí que no lo habías escuchado— ambos siguieron caminando hasta llegar a la salida y sintieron el frío aire recorrer hasta sus huesos, entonces como un déjà vú, se recordó al salir de su casa en la mañana. Ambos soltaron un asombro y sus ojos se iluminaron por el espectáculo tan hermoso de la naturaleza, el lienzo blanco que cubría las calles era hermoso, y a la vista una que otra masa amorfa de la misma blancura se acomodaba en algunos lugares: estaba nevando. La época del año por excelencia, donde la felicidad estaba presente en cada fibra de las personas— Será un frío invierno, ¿no crees?— Noah volteó a mirar a Chihiro, pero se decepcionó por ver que su mirada no era correspondida y en su lugar, estaba una distante que miraba hacia la calle, tranquila. — ¿Chihiro?— llamó su atención, ella sólo dio un respingo y asintió.
— Claro… Muy frío. — Sin querer dejó ver a Noah una parte de ella que nadie conocía, su tristeza. Lo que normalmente ocultaba y es que estar en esas fechas le recordaba que un año más acabaría, un año más se iba, un año más, cargado de recuerdos escolares y unos que otros familiares, un año más, empacaba todo, tomaba sus maletas y emprendía un vuelo sin retorno, en el cual llevaba consigo miles de sonrisas y por supuesto de malestares, eso era para ella la navidad, el fin de un año, un año más en el que… No veía a Haku.
Suspiró, olvidando por completo la compañía. Bajó la cabeza de nuevo, resistiendo esa presión en el pecho que siempre venía a ella cuando recordaba a su buen amigo que había conocido, el que había hecho una promesa con ella y aún no cumplía. Cuando lo había prometido en aquella ocasión, le había parecido fácil decir que lo esperaría, creer en que lo prometía, pero jamás pensó en cuánto tiempo llevaría esta tarea, los sentimientos que traía consigo, la horrible nostalgia y tristeza de la que era presa desde hace ya tiempo. El primer año fue fácil, por tratar de explicar, pero todo empezó a complicarse después del segundo, y se cuestionó si la promesa en verdad sería cumplida, incluso si es que Haku había regresado a su mundo, si Yubaba le había concedido el permiso tal y como él aseguró y, muchas veces rogaba al Dios del Río por su bien y lo que más le entristecía, si Haku aún la recordaba así como ella lo tenía presente siempre. En algún punto de todo ese tiempo, había caído en la posibilidad de que Haku la hubiera olvidado y ahora estaba bien, si ese era el caso, sólo quedaba preguntarse ¿qué estaría haciendo en este momento? ¿Dónde? ¿Con quién? Pero de cierta manera, un sentimiento agridulce se formaba en ella, y le respondía a todos sus interrogantes, si Haku estaba en su mundo, con su familia, con sus amigos y personas cercanas, estaba feliz, y si Haku estaba feliz, ella también lo estaría, aunque para eso se resignara a jamás verlo de nuevo, ella también tenía que estar feliz por él.
Noah volvió a notar esos melancolizamos ojos, tristes, sin vida, tan hermosos pero profundamente apagados. — Chihiro, —ahora fue él quien dirigió su mirada a la nada, cubierta por la lenta lluvia de nieve, metió sus manos en sus bolsos, logrando así cobijar sus palmas del denso frío y exhaló un poco de aire formando el característico vaho de esas fechas— si de algo sirve, yo no podré ver a mi familia este año— sonrió— ¿Sabes? Mi padre quiso que viniera aquí, en ningún momento se lo pedí, pero él lo quiso, no fue por excelencia académica o por beca, mi padre pagó para tenerme lejos de… Mi hermano…—entonces fue él quien ahora tuvo esa sonrisa melancólica— Pero no pienses que me arrepiento, si no hubiera venido aquí, no hubiera podido conocerte— sonrió, pero Chihiro parecía absorta en lo que acababa de escuchar, al igual que antes, Chihiro mantenía su mirada fuera de él. Así que, en un impulso, la tomó fuertemente por los hombros y la obligó a mirarlo, haciendo que el cabello de la chica ondeara. — Oye Chihiro—dijo sin brusquedad, pero de cierta forma molesto —, deberías ver a las personas a los ojos cuando ellas te están hablan…— pero no pudo seguir hablando y cayó en cuenta de algo, los rumores no eran falsos. Esa chica en verdad era hermosa, ahora que la estaba viendo de cerca, era más bella que sus anteriores novias, su rostro parecía bastante cuidado y refinado, sus labios rojos y su nariz pequeña además de sus ojos, estos eran… Y una cosa más notó, ella no lo había estado evitando.
De tan brusco movimiento, su reacción involuntaria fue abrir con temor sus ojos, sintió las fuertes manos de Noah sujetar sus hombros y voltearla con rudeza. Pero eso sólo fue el comienzo. Fue entonces, que lo miró detenidamente y tan cerca: Sus ojos eras verdes oliva, su cabello era rubio y ondulado, sus pómulos bien remarcados y su piel era increíblemente pálida, todas sus facciones eran tremendamente atractivas, sincerándose a ella misma, era la primera vez que veía a un chico de esa forma, tan hermoso, tan delicado, como si fuera un príncipe, era una persona tan bella, tan perfecta que quería tocarlo, allí en ese momento, pero algo se removió dentro de ella, un sentimiento estancado hace mucho uno que según había sido expelido hace mucho de sus entretelas, entonces aquella voz, volvió…
« Aquí te llamas Sen, pero tu nombre real es Chihiro, guárdalo como un secreto…»
Y su cabeza dio un clic interno…
« Yo ya no puedo recordar cómo es mi nombre, pero lo más extraño, ¡es que sí recuerdo el tuyo!»
Dos lágrimas comenzaron a bajar de sus ojos y sintió un nudo en la garganta. Era tan enormemente parecido, podría jurarlo.
Ella no estaba describiendo a la persona que tenía enfrente, bastante cerca, ella estaba recordando en él…
A Haku.
Todo lo que había descrito en Noah, que era hermoso y guapo, no lo decía por él mismo, no lo describía a él, no estaba admirando su cabello rubio, ni sus ojos oliva y aceitunados, mucho menos estaba escuchando su japonés un tanto cortado por su lengua madre. No. Ella no se había presentado ante Noah, no le había hablado a Noah, en ningún momento lo miró a él. Ella desde que la primera vez que sus ojos se encontraron en el aparato de su amiga en la mañana de ese mismo día, había visto a Haku, era tan parecido, como si Haku estuviera allí, en frente de ella, cumpliendo su promesa de años atrás, tal vez era sólo su idea y sólo había perdido, por fin, la cordura y, lo peor de todo era que no había nadie con quien pudiera consultarlo, absolutamente nadie a quien pudiera decirle ''Se parece a Haku, ¿cierto?'' Porque para muchas personas, si escuchaban la manera en que lo conoció, sólo les parecería un sueño infantil y lejano, estaba sola en eso. Dos lágrimas más cayeron, aún ensimismada en su mundo, quería abrazarlo, quería decirle que lo había extrañado tanto y preguntarle por qué se había olvidado de ella, cómo había estado y que se había encontrado haciendo, cómo estaban todos y si él estaba bien…
Noah se sintió tremendamente culpable por haberla hecho llorar, y francamente estaba en un conflicto mental ahora, no sabía qué decir o qué hacer, incluso se reclamó el haber querido hablar con ella, pues bien se habría podido esperar al siguiente día, pero no. Así que en un intento de tranquilizar a la chica que estaba LLORANDO frente a él, suavizó un poco el agarre, pero sin soltarla.
— ¡Chi- Chihiro! ¡E-espera! ¡N- no llores! ¡Lo siento mucho!— Noah cerró sus ojos con fuerza, pues la mirada dolorida de Chihiro aún estaba fija en él, como si lo inspeccionara o lo estuviera examinando, cerró lo más fuerte que pudo mientras estaba disculpándose, y en un momento fugaz agradeció que ya no había gente en el edificio, de lo contrario estarían de espectadores ante una escena parecida a una declaración— ¡Lo siento mucho en verdad Chihiro, no fue mi intensión agredirte ni ser brusco contigo, es sólo que por un momento yo…— pero su disculpa fue interrumpida por… ¿Un caricia? El sutil paseo de la suave palma de Chihiro por su mejilla le hizo abrir los ojos, pero al contrario de sentirse asombrado, primero relajó su semblante, disfrutando del tacto. Abrió sus ojos lentamente, como si con cada caricia proporcionada de su mano, lo impulsara, lentamente a hacerlo. Al abrir sus ojos, no los abrió al límite, sino que los dejó entreabiertos, con una mirada inquisitiva y melosa, que en cualquier otra chica hubiera ocasionado desmayo. Noah observaba la perfecta escena de la chica de ojos y cabello caoba que se adueñaba de su mejilla izquierda, como si quisiera grabar la textura de piel con piel que ahora se encontraba, así que Noah, no tardó en reaccionar a sus impulsos, dejó libre el hombro derecho de Chihiro y con lentitud, colocó su palma encima de la ajena. Era cálida, a pesar de la cruel temperatura de esa tarde, la pequeña mano de Chihiro era increíblemente cálida y se amoldaba por completo a la suya, en un instante pudo sentir como su mano se embriagaba de la calidez propia de la otra piel, una sensación exquisita y abrazadora. Entonces fijó su vista en los ojos avellana y para su total sorpresa, estos no se desviaron, al contrario, estaban fijos en los propios con una resolución impresionante y supo algo son seguridad: quería besarla. Pero su voz lo sacó de ese estado un tanto lleno de melaza.
—¿Por qué…— sonaba como si su garganta se rasgase ante cada vocal, como si se fuera a romper, sus mejillas rojas y sus ojos cristalizados daban a entender que ese momento le estaba perforando cada fibra de su cuerpo, cada hebra de su cabello, cada poro de su piel, el entrecejo fruncido y un gesto sin forma, ella estaba sufriendo— has tardado tanto, Haku? —su voluntad se quebró y se entregó por completo al llanto, pero antes de dejar a Noah observar su pesado lamentar, lo envolvió con sus brazos, enterrando su cabeza al pecho del chico.
Noah, no había que mencionarlo, estaba temblando. Hace apenas unos momentos parecía que empezaba a formar una bonita relación con Chihiro, bueno un inicio de relación, pero de un momento a otro, la situación dio un giro inesperado. Recordaba vagamente haber hablado de un sentimiento, una acción por parte de su progenitor que le causaba una penetrante tristeza, luego se desesperó al notarse ignorado por Chihiro y sus manos se aferraron a los pequeños hombros de la muchacha involuntariamente, sin pensarlo siquiera. Había intentado reclamar por su falta de atención hacia sus palabras, pues no le pasó desapercibido el hecho de que Chihiro no le había dirigido la mirada durante todo el trayecto y eso, dañaba un poco su ego de chico. Pero no recordaba con plena seguridad en qué momento las cosas habían quedado así: Ella lo estaba abrazando y llorando sobre su pecho, no le molestaba en lo absoluto, al contrario, era una sensación endemoniadamente agradable, sentir el cuerpo pequeño refugiándose en él y poder ser el refugio para éste, agradeció por primera vez tener esa gran estatura que antes le causaba problemas, le hacía sentirse levemente excitado y emocionado, sin mencionar que ella estaba, bueno su cuerpo estaba bastante pegado, esa acción, en otra situación, lugar y con más calor en el ambiente, habría sido tremendamente peligroso.
Pero, por extraño que resultara, podía sentir su pesar en ese abrazo. Un dolor acumulado con parsimonia, pero al mismo tiempo totalmente ajeno de conocimiento. Pudo sentir su aflicción en la manera en que las pequeñas manos pegaban su cuerpo a aquel pequeño pero magnifico ser, un abrazo cargado de emociones y sentimientos reprimidos, tal vez por mucho tiempo y no pudo evitar preguntarse, cuánto tiempo habría pasado que alguien no le dedicaba un abrazo sincero a esa hermosa chica. Así que, una vez más comprensivo de la situación, sus manos abandonaron de una vez por todas el nerviosismo, y se pegaron al abrigo de Chihiro con delicadeza, como si pudiera romperse, por encima de su cabeza, abrazó con ternura a Chihiro, y permitió a su mano derecha sentir el suave cabello, repasando la zona una vez seguida de otra, mientras que con la otra mano, daba pequeñas palmaditas en su pequeña espalda. Podía escuchar con claridad los pequeños sollozos de Chihiro, así que sintió un profundo alivio al notar que su cercanía y, más que nada su acción de reconfortarla, no le molestó y como agradecimiento, las pequeñas manos se aferraron más a su gran espalda. Pudo grabar en sus recuerdos el dulce aroma de su cabello y de su cuerpo y, aquel momento con el que iniciaba la navidad.
La mente de Chihiro divagó por un determinado lapso en el espacio-tiempo de su estadía en los baños públicos, con sus amigos y por supuesto con Haku, el cual su mente tenía como el muchacho que estaba abrazando. De un momento a otro, cayó en un estado de autoengaño en el que Haku estaba frente a ella—realmente— y le correspondía el abrazo que ella con tanta necesidad había necesitado durante esos tiempos en los que más sola se sentía. Sus padres con regularidad discutían y ya varias veces había hablado del divorcio, pero afortunadamente sólo quedaba en hablar y todo seguía como antes. La situación familiar estaba densa y pesada y, Chihiro siendo hija única cargaba con ese peso, sin ningún pilar que la sostuviera, más que el pequeño oasis que la mantenía con vida en aquel desierto, era la firme espera de que Haku llegaría en cualquier momento, pero últimamente la esperanza había estado en una mala racha y comenzaba a amenazar la bancarrota, además de que los ciertos cambios físicos y emocionales empezaban a aturdirla, jamás contaría esos problemas a sus amigas, puesto que ellas siempre se mostraban felices y no quería dañar esa felicidad con sus problemas de adolescente.
Pero estaba completamente fuera de su control, esos días había estado fuera de sí, había llorado en las noches durante largas horas resignándose a escuchar las discusiones de sus padres al otro lado de la puerta y eventualmente recordando por qué Haku no regresaba, así que, el acontecimiento de que alguien, precisamente un chico de otro país, de otra cultura, completamente ajeno a su saber, apareciera delante de ella y con un parecido excepcional a quien había estado esperando por tanto tiempo, la había descolocado por completo y porque no decirlo, claro, se había quebrado delante de él. No sabía en qué momento el impulso de tocarlo había dominado su cuerpo y para cuando hizo un intento vano de disipar su ensoñación, la mano de Noah ya estaba sobre la suya y sus ojos, tan idénticos a los de Haku, la derritieron al momento. Así que, una vez más su cuerpo se movió sin pensar, y su mente se inundó del engaño, de la ilusión perenne de tener a Haku entre sus brazos, al no recibir respuesta se sintió un poco afligida, pero fue rápidamente disipada la duda al sentir sus manos acariciar con atención su cabello.
—Chihiro…—
Esa voz no era de Haku. Un escalofrío se adueñó de toda su piel y el inminente balde de agua fría llegó, regresándola a la cruda realidad. Así que al recordar lo que estaba haciendo, sus reflejos hicieron presencia.
Toda su cara se enrojeció y por un momento sudó frío. Literalmente quería que la tierra se abriera en mil partes y desapareciera su existencia. Se alejó con lentitud del cuerpo un poco tenso por su contacto, con la mirada oculta entre su cabello largo. ¿Ahora qué? ¿A correr no? Pero para su sorpresa fue precisamente Noah quien volvió a hablar.
—¿E-estas me-mejor?— dijo, pero en ningún momento sus ojos la miraron. Noah quería verla inmediatamente, pero al instante que se retiró perdió su vista en cualquier otra cosa que no fuera la chica frente a él. No podía, simplemente no podía, pero quería ver como estaba su cara después de eso.
—Yo… —susurró. ¿Qué ahora? ¿Qué ahora? ¿Qué ahora? ¡Rayos! No sabía que lentejas hacer. La opción de salir corriendo aún estaba vigente y la reflexionó de manera sutil y fugaz… No. Tenía que ser valiente y dar cara a sus actos, como una vez lo hizo en el pasado. Se decidió. Miró firmemente a Noah y esperó obtener esos ojos oliva sobre los suyos.
Al sentir la pesadez de la observancia, dirigió su mirar a los avellanos. Su nariz estaba completamente roja igual que su cara, y sus ojos conservaban esa cristalización y enrojecimiento propio de haber llorado, pero lo miraba con determinación, eso le agradó y entonces, supo cuál sería su siguiente carta. Pero fue muy lento, ya que sin darse cuenta, Chihiro ya estaba en una profunda reverencia frente a él.
—¡LO LAMENTO!— gritó, literalmente, gritó. — Yo estoy realmente apenada no quise, no-no quise… Y-yo…— Ok, tomaba la opción, era hora de correr. Justo dio un paso hacia atrás para comenzar a correr, vaya cobarde que era.
Noah notó su nerviosismo, a decir verdad estaba pasmado, ella le pedía disculpas a él, pero él no las tomaría y que por favor lo perdonara, pero el tomaría otra cosa y estaba seguro. —Chihiro… — ella se tensó y su mirada lo percibió— está bien—, dijo acercándose a su cuerpo— levanta la cara— al ver el gesto adorable de negación, su sonrisa se pintó y supo que esa chica de verdad le gustaba mucho. Soltó su risilla, obteniendo la respuesta indirecta de Chihiro, quien no volteaba a verlo. —Vamos, no estoy enojado por eso, arriba pequeña— su risa fue en aumento.
—No- no puedo hacerlo…— negó con un hilillo de voz, bastante parecida a la de las ardillas en la película.
—Oye, no querrás que se repita la escena de hace unas horas ¿verdad?— una de sus manos fue hasta su cabeza y la masajeó un poco, justo jugando con el hermoso y suave cabello de Chihiro, en respuesta su cuerpo tembló un poco. — vamos, no te avergüences. Levanta tu rostro, no estoy enojado, de verdad, lo prometo.— repitió manteniendo su sonrisa de oreja a oreja, por qué negaría que se sentía enormemente feliz. Quería verla.
— Hasta que me digas que me estas perdonando— Dijo con determinación
Noah miró con resignación y ternura en sus ojos. La temperatura ya no estaba siendo tan soportable como minutos antes y sentía que podría congelarse allí mismo. Entonces la idea surgió. — Está bien, te perdono si levantas la cara, bueno, si te levantas ¿de acuerdo?— dijo inquisitivo, esperando la respuesta.
Chihiro no tardó mucho en hacerlo. Pero para sorpresa de Noah, ella tenía ambas manos cubriendo su rostro, impidiéndole ver, lo que ya había visto antes. Su carcajada sonó. ¡Cielo santo! Cómo era posible que una persona le diera tantas sorpresas en un día, definitivamente, las personas del otro lado del mundo eran muy distintas. Sin hacer ruido alguno, acercó ambas manos al rostro oculto de Chihiro, las colocó encima ganándose un pequeño salto en sorpresa. Coló sus dedos pulgares en la pequeña abertura que dejaban ambas manos con delicadeza, al sentir la intención, Chihiro apretó con más firmeza y Noah volvió a sonreír, pero al instante las aflojó, permitiendo que Noah las retirara.
La vergüenza de Chihiro era tanta que apretó con fuerza sus ojos, si bien había podido quitar sus manos, no estaba dispuesta a mirarlo. Pero se abrieron con sorpresa al sentir la ligera frialdad de las manos ajenas sobre su mejilla, lento, muy lentamente, con una delicadeza y cuidado, propio de quien toca a un bebé. Noah la miraba como si fuera el tesoro más grande del mundo. Inspeccionaba cada detalle de su cara y admiraba su belleza, dios, esa chica, no se cansaba de decirlo, era realmente hermosa, ¿de dónde había salido?
No lo pensó más.
Acercó su rostro al ajeno con lentitud, y Chihiro se escandalizó por la cercanía que mantenían, ¿Cuál cercanía? No había más que milímetros entre sus rostros, en el instante que Chihiro sintió el aliento caliente de Noah rozar sus —en ese entonces, vírgenes— labios, se tensó bajo el pensamiento de cuál era su objetivo y, habló. Total error.
—No-Noah, ¿Qu- qué estás ha- haciendo?— tartamudeó. Sus frentes estaba pegadas ya, sintió temblar sus piernas y sus mejillas arder, pero por alguna razón, que jamás debió estar allí, no se movió.
Noah la miró, pero sus ojos estaban completamente fijos en los cafés de Chihiro, perdidos, junto con sus sentidos. De sus ojos, a sus labios, no recordó en qué momento su mano derecha se posó en la suave mejilla de Chihiro y la zurda en cabeza con suavidad, pero era lo que había querido desde el principio.— te perdono, Chihiro-chan— fue la primera vez que usó el honorífico con ella.
Pero la completa sensación de tranquilidad y paz que sintió, se esfumó por completo, cuando de manera inesperada, sus labios probaron la textura a la cual eran ajenos hasta ese momento. Los suaves labios de Noah se posaban apenas en un roce perceptible con los suyos. Eran cálidos y tranquilos, pero era una sensación que le liberó las famosas mariposas en el estómago, tan única, tan extraña, ya que su boca estaba estática y sus ojos podían ver los de Noah cerrados en un semblante de paz envolvente y tranquilizadora. Ese estaba siendo su primer beso, con alguien a quien no conocía.
Ahora, de nuevo en su realidad, aún sentada sobre el sofá de su pequeña sala en su apartamento, sola, y un poco más relajada con ella misma, pudo sonreír ante tal recuerdo, sí, le daba gracia recordar aquellos tiempos y poder comprobar que Haku había cumplido su promesa y que no la había olvidado como juraba siendo una adolescente desesperada. Después de eso, corría una historia bastante larga y graciosa junto con uno de sus amigos de la preparatoria, con quien pasó sin duda momentos muy alegres, además de haber rechazado sus propuestas de salir y técnicas de seducción americanas, el siguió insistiendo hasta el día en que regresó a su país, la verdad, pasó momentos bastante bochornosos ya que la confianza con la que se le acercaba y el amor que demostraba al hablarle le ponía todos sus bellos de punta y la sonrojaban al límite. Así fue como se acostumbró a no flaquear ante los hombres guapos, volvió a sonreír, ojalá Noah, en el lugar que estuviera ahora, le estuviera yendo muy bien.
…
Pasaban de las diez de la noche y la joven cabellera rubia, alborotada como siempre, se asomaba por las grandes puertas de la mansión Blair, entró un poco cansado del arduo trabajo de ese día, pero con su elegancia típica, saludó al mayordomo del hogar.
—Buenas noches, Albert.
—Buenas noches amo, ¿qué tal el trabajo de este día?— preguntó mientras dos jovencitas recogían su maletín y su abrigo con rapidez y respeto.
—Bastante bien, como siempre. ¿Alguna noticia?— se aflojó la corbata que desde horas sentía le ahorcaba sin piedad el cuello.
—Ninguna noticia señor. — Dijo, y le hizo gesto de acercarse, una vez estando a la misma altura habló en voz baja. — llegó una carta de su hermano, señor.
Los ojos del joven se abrieron con sorpresa y sintió la emoción correr por todos sus sentidos, abordándolos de alegría, una alegría escondida para todos, excepto su mayordomo. Recibió el pequeño sobre de mano de su mayordomo— Muchas gracias.— dijo y se marchó derecho a su despacho, cuando se hablaba de su hermano, era asunto privado, su padre no debía saber jamás que ellos tenían alguna especie de conexión.
Al llegar a la sala, sosteniendo con fuerza el blanco sobre en su mano, tomó por un lado la silla corrediza, elegantemente tapizada de piel, y se sentó con rapidez, abrió rápido el sobre, contenía dos tarjetas: la primera era pequeña con la letra de bolígrafo azul, que reconoció como la impecable caligrafía de su hermano, la otra se veía un poco deteriorada, pero finamente doblada en tres segmentos, como una carta jamás abierta. A esta segunda la miró con ligera extrañeza, ya que normalmente eran recuerdos lo que le llegaban por parte de su hermano mayor. Al notar más atractiva la de su hermano, fue la que sus manos sostuvieron primero.
''Siempre has sido un olvidadizo, pero mira que ¿dejar a una chica esperando?
Saludos desde Florida,
Zack. ''
Sonrió al pensar en qué payasada estaría inventando Zack ahora, pues era costumbre molestarlo con tarjetas graciosas, se había convertido en su pasatiempo favorito— cada bastante tiempo—, pero aun así, deduciendo casi de qué se trataría, desdobló con cuidado el fino papel. Ese día no se pudo llevar una sorpresa más grande.
''Buena suerte Noah, nos volveremos a ver.
Me alegra haberte conocido y pasar estos meses juntos.
Puedes hablarme cuando gustes ''xx- xxx-xxx-xx''.
Con cariño,
Ogino Chihiro.
¡Hola! ¿Qué hay de nuevo chicos? Sí, un capítulo. No, esta vez, la obra no la abandonaré. Además la computadora decidió suicidarse justo cuando estaba terminando el capítulo y pues tuve que pagar cyber, de hecho lo iba a publicar desde hace una semana pero mi dinero se acabó XD (Disculpenme)
Bueno, para empezar, quiero decir algo bastante curioso (bueno, varias cosas), en primera, no sé si antes alguien escuchó ''que se le votó la canica'', no sé si sólo en México —al menos en mi región— viene siendo el sinónimo de ''se te salió/aflojó un tornillo''; otra cosa, no sé por qué puse ''lentejas'' en un diálogo, de verdad no tengo idea y, lo último, el nombre de ''Noah Blair'', no está vacío del todo, explico brevemente: La primer historia que hice —hace como cuatro años tal vez— trataba de una chica que se llamaba ''Noah'' y que se enamora de un chico que también se llama Noah, entonces, cuando la madre de Noah (mujer) se casa con un hombre muy rico, su nombre pasa a ser ''Noah Blair'' en la historia, historia que por cierto jamás terminé... Como muchas otras...
Bueno, espero les haya gustado, como siempre, disculpen mis faltas de ortografía.
Agradezco a: trastuspies por su review TwT me hizo muy feliz.
