Título: Reencarnación

Título del capítulo: Tres Palabras.

Personajes: Eh... Los mismos que los del capitulo anterior.

Géneros: Acción/Aventura..

Calificación: T

Advertencias: Errores de ortografía, malas palabras... ¿Especulaciones sin funadmento?

Resumen: Mas recuerdos llegan a la mente de lo protagonistas, mas dudas surgen tal vez, pero se revela tambien una verdad de la que nadie se hubiera querido enterar.


...Entonces vieron como cortes y heridas en todo su delagdo cuerpo se abrian dejando escapar la calida sangre, derramandose en en cesped de la pención, palideciendo su piel, devilitando sus piernas haciendo que caiga de rodillas, cierre sus negros ojos y termine de desmayarse bajo la calurosa noche de Japón.

-Yayoi!!- La noche fue interrumpida por el grito de aquella mitad tan importante en el pasado, Yoh Azakura alzaba a su inerte hija en brazos.

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-¿Pensás seguir con esto?- Preguntó Tokio puntualmente y sin rodeos aún cambaindo los canales del televisor buscando nada en especial.

-A que te refierís- Medio preguntó con la voz apagada Youshiro, de quien se veía nada mas que la silueta traslucir a travez de las puertas corredizas que daban al jardín. Últimamente el muchacho pasaba mas tiempo del acostumbrado mirando las sombras que conjugaba la noche.

-Ya sabés de qué hablo, no te hagas el desentendido- Renegó Tokio, apagando el aparato disgustado ante el poco interés que el peligrís mostraba. -Lo que pasa con vos y Yayoi...- Aclaró de mala gana, arrojando el control en la mesa con poca delicadeza.

-Oh- Susurró simulando irónicamente una sorpresa que no sentía. Era claro que la exasperación del otro no le moslestaba en lo mas mínimo. -Eso... Si, si voy a seguir con ese asunto- Respondió ausentemente.

-¿Por qué?- Preguntó el muchacho Azakura con una gota de pesadez en la voz..

-Tu famila es rara- Dijo Youshiro, sin apartar su mirada de la noche que curbría el pátio de la pención.

-Éso no contesta mi pregunta, dejá de dar vueltas y decime... ¿Por qué?- Insistió.

-...- Youshiro sólo guadó silencio como lo hacía siempre que se cansaba de hablar.

-¡Como quieras¡Con vos no hay caso!- Le reprochó Tokio, vencido. -Me voy a dormir, y vos tendrías que hacer lo mismo- Agregó mientras se incorporaba, estirandose con pereza. -Mañana vamos a salir muy temprano y y va a ser un viaje muy largo. Papá dice que es cerca de uno o dos meses de viaje, hací que hay que salir con tiempo, no se sabe si el camino es el mismo que la última vez. Además somo una multi...tud- Se dió cuenta que el otro chico no le estaba prestando atención, y se odió por su actitud.

¡Há¿Por qué siempre terminaba tratando de ganar la simpatía del muchacho? No era más que un témpano de hielo, todavía no entendía que clase de relación pudo haber tenido su hermana (que era demaciado joven, según él, cabe aclarar) con éste tipo. No le entraba en la cabeza como álguien podía ser capaz de atravezar el glaciar que tenia como escudo a su alrederor. Pero a fin de cuentas, pensó, su hermana era una persona especial, a ella, era casi imposible negarle nada.

- En fin...- Suspiró al terminar su monólogo mental y dió media vuelta lentamente cuando oyó la firme voz del otro hablarle sin voltear verle.

-¿Qué es lo que me querés decir en concreto?- Preguntó con sequedad el frío chico.

-Mi mamá decidió que si no querés seguir con el compromiso...- Soltó por fin el Tokio dejando que el final lo deduciera él, no tenía ganas de que le réten por andar diciendo "cosas que no se dicen".

-Ya te lo dije y no quiero volver a repetirlo- Youshiro volteó y le vió mirarle medio de reojo, mostrando un interesante fulgir en sus fríos y grices ojos: determinación. -Yo voy a seguir con esto hasta el final- Dijo enfatizando sus palabras, incorporandose para acercarse a Tokio y mirarlo fijamente a los negros ojos. -Porque confío en que todo va solucionar- Terminó con la voz mas firme de lo que acostumbraba a hablar.

El segundo hijo de la familia Azakura-Kiouyama, Tokio no entendia como podía tenerle esa confianza a su hermana, después de lo que había pasado, después de todo lo que ella había hecho. Estaba muy confundido, no sabía que pensar, no sabia como hacer para creer en las palabras que el silencioso chico le habia dicho.

Por un momento buscó las respuestas en los apagados ojos que le miraba con un significado desconocido para él. Buscó la verdad que sabía que tenía que estar ahí, que quería que estubiera ahí, pero de nuevo la decepción ganó la partida y no logró pasar mas allá de la sólida barrera que Youshiro nada mas podia ergir.

Suspiró mentalmente, y una vez que el otro muchacho le soltó para volver a su anterior actividad, se dirigió a su cuarto y se acostó vestido. Le iba a ahorrar tiempo por la mañana, pensó, engañandose a si mismo, y a medida que el sueño le ganaba al remolino de pensamientos que era su cabeza, las imagenes empezaron a aparecer sin su permiso, una orden predeterminada que se habia impuesto para tratar de encontar sentido donde no lo a recordar, buscando la explicación perfecta para las acciones de su pequeña hermana. Buscando una excusa para perdonarla.

Yayoi sonrió dejando escapar un suspiro de sus lavios mintras se sentaba con algo de dificultad sobre el prolijo suelo de la sala de estar de su casa, sin preocuparse en protegerlo de la sangre que aun manaba de su flaco cuerpo.

-¿Quién mierda te crees que sos?- Le gritó Ana ni bien si hija se habia acomodado. -¡Mira como manchaste MI piso!- Se quejó la rubia con la mirada furibunda, sientiendo el familiar tic en su ceja al notar que su mas temida técnica no daba resultado en el caso perdido que era su hija. La adolescente le miraba con una vaga sonrisa y los ojos llenos de cansada diverción.

-Ay... Mamá- Suspiró cansadamente Yayoi. -La sangre sale... Y si no llegara a salir, cambiamos el piso...- Dijo con una expreción tan parecida a Yoh, que Ana se irritó inconsientemente. -Además...- Continuó, apollando el codo en la mesa y la cara en la palma de la mano, dedicandole una despreocupada mirada a su madre. -...el piso seria tuyo si lo hubieras lavado aunque sea una sola vez- Anna le miro duramente mientras sentia que la furia crecia dentro de ella con alarmante rapidez. ¿Cómo se atrevia esa mocosa a...?

¡PLAF!

Ana le había plantado manso bife, con la fuerza suficciente para hacerle voltear el sorprendido rostro. Golpe de la cual se arrepintió hasta las lagrimas al ver su mano cubierta de la sangre de su hija.

-Yayoi... Yo...- La rubia no articulaba una disculpa decente, después de todo ¿Existia una disculpa por golpear a tu hija magullada y herida?

-Eso dolio, pero se que te arrepentís... Lo veo en tus ojos- Dijo regresando el rostro con una mirada maliciosa. -Pero no te preocupes, estoy segura de que Phausto me curará en seguida- Aseguró con demasiado entusiasmo para el gusto de su madre.

Ana podia sentir la sangre de su hija secandose en su mano. No entendía, todavía, el profundo significado que tenía el hecho mismo que en su jóven rostro afloraran arrogantes moretones y leves cortes enrojecidos.

Sus ojos paseaban de su mano al rostro de su hija, la cual no era un shaman, quien hacia un minuto se desplomaba rendida en el pátio después de haber peleado con un ser que ella creía mas que desaparecido, muerto. Lo sentía, lo oía, el ligéro zumbido de sus pensamientos al chocar unos contra otros, los que decian tener la razon, y que negaba lo aconteido por no complementar la lógica que ella sabía que habia ahí, y los que le gritaban "¡Despertá, ésta es la nueva realidad!". Y sus ojos se posaron en una herida en particular, que no dejaba de sangrar. ¿Hace cuánto que esa cría habia aprendido a caminar? Se preguntó tratando de concentrar sus pensamientos en otra cosa.

No lo logró. Sentía la cabeza liviana, y a la vez una insistente preción que le exigia liberación.

Lo último que vió fué el techo y lo último que sintió fueron los fuertes brazos de su esposo, quien por esas casualidades del destino todavía no se desmayaba y habia logrado llegar a sostener a su mujer antes de que golpeara el suelo.

-¡Ana!- Susurró Yoh fijando su negra mirada en el palido rostro de la sacerdotiza. Phausto ya estaba atendiendo a la maltratada chica, que había perdido una considerable cantidad de sangre en muy poco tiempo, y a pesar de eso no cerraba la bocaza, parlotenado como cotorra borracha intentado sacar una palabra de los lavios de Eliza, quien asistía a su amado a curar a la muchacha y que no regalaba más que una gentil sonrisa.

-Lo que a mi me llama la atención...- Horo-Horo cortó el (semi) silencio que se habia formado, rascandose levemente la cabeza y cerrando los ojos en señal de concentración. -...es como fué capáz de lastimarte de ésta manera sin que ninguno de nosotros nos dieramos cuenta- Comentó mirando directamente a Yayoi, dadndole a entender que esperaba una respuesta.

-Es que...- Le respondió Yayoi, entendida, mientras que Phausto terminaba de vendar su brazo y continuaba por examinar una herida particularmente fea en su pierna derecha. -Es que nosotros peleamos en un nivel superior al de ustedes- Dijo sin una exprecion en particular, tal vez con algo de orgullo, tal vez era culpa, eso nunca lo supieron.

Nadie respondió, por alguna razón el enterarse del poder del que la joven Azakura era portadora los llenó de cautela, si ella era tan fuerte¿por qué Hao se habia marchado¿Por qué no la eliminó? Nadie se atrevia a preguntar el por qué mas por miedo a la respuesta, no la conocian ni la imaginaban, pero sabian que no les gustaria.

-Entonces...- Comenzó Tokio en un suave susurro. -Eso quiere decir que...-

-Si- La repentinamente alegre voz de Yayoi sonó como una bomba en medio del incómodo silencio. -Eso quiere decir que Hao ha recobrado fuerzas y ha ganado mucha mas de la que se imaginan. Aunque tengo que admitir que es un gran peleador... No me imagino lo que seria usando toda su fuerza...- Comentó Yayoi con el indice sobre sus lavios en un gesto infantil que no paso desapercivido por Youshiro.

-¿Qué querés decir?- Preguntó Len Tao, que se había mantenido al margen de todo, pero que fué vencido por su curiosidad.

-¡Estábamos jugando nada mas!- Respondió Yayoi, impaciente, otro gesto infantil, común en ella, pero inapropiado para la situación. Los grises ojos no perdian detalle. -¿Cómo quieres que usemos toda nuestra fuerza en un juego?-

-Eh... ¿Señorita Yayoi?- Le llamó la atencion Phausto suavemente, y continuó con cautela. -¿Seria tan amble de por favor quitarse la playera para poder examinar su espalda y el resto de su torax?- Preguntó seriamente pero, como ya dijimos, con cautela.

-Si, seguro Phausto- Respondio la niña y procedió a quitarse la playera desgarrada por todos lados en frente de todos (Cheng Tao enrrojeciendo violentamente) sin mayor preocupación, encontrado su mirada con la inquisitiva de su hermano. Le susuró un ligero "Como si tubiera algo que esconder", haciendo alución a su delgadez. Una vez dejando a la vista las heridas que tenia en la espalda, Phausto comenzó a curar sin demora. Pasaron unos minutos en total silencio mientras el doctor curaba a la chica hasta que Tokio se cansó de hechar miradas asesinas en la dirección en la que el hijo del chino se encontraba, y decidió hablar con su hermana

-Entonces eso quiere decir...- Empezó inseguro.

-¡Ay, Hermano! Hasta cuando te vas a dar cuenta de que yo¡soy un shaman!- Dijo incorporandose haciendo que la toalla que Phausto le habia colocado sobre los hombros callera al piso, logrando que Cheng enrrojeciera nuevamente.

-Este...- Comenzó Tokio, volviendo a lo de las miradas asesinas. -¿Me podés decir cuando te pusiente eso?- Dijo señalando la remera que llevaba su hermana.

-Eh...- Todos la miraban, esperando la repuesta al darse cuenta de que nadie la habia visto cambiarse. -Éste... Yo no me acuerdo...- Dijo la chica rascandose la nuca, dejando a los demas con la clasica exprecion de "que pasmada" en los rostros. -Bueno... No va al caso, la cosa es que...- De pronto un sonido, grave, oscuro y escalofriante le interrumpió. Yayoi se paró y se diriguio hacia la joven y bonita Tamao.

-Tamao Tamamura- Dijo con la voz firme.

-¿S-s-i señorita Yayoi?- La peliroza tartamudeó a punto de desmayarse.

-¿Serias tan amable de hacerme algo de comer?- Pregunto con una enorme gota de sudor cayenmdo en su frente.

-Eh...- Tamao reia nerviosamente al pensar lo mucho que se habia asustado sin fundamento alguno- ¡Si! Enseguida- Se incorporó y todavia mareada murmuró algo asi como que no el ambiente no daba para la cena, que mejor iba a preparar té.

-¡No hay caso! No cabe duda de que es hija de su padre- Rió Horo-Horo, tranquilizandose con su propio comentario.

-Tienes mucha razón- Ryu también mostró su caracteristica su sonrisa llena de seguridad.

Yoh rió animadamente hasta que sintió que Ana se movio en sus brazos. La rubia volvió en sí lentamente solo para encontrarse con el rostro sonriente de su marido.

-Yoh...- Se incorporó despacio rechazando la ayuda que el hombre le ofrecía y miró a su alrededor. -¿Qué...?- Sintió que su cabeza se quejaba de sus acciones, y apenas pudo sentir una cálida mano tomando la suya.

-No te preocupes mamá...- Yayoi le llamó suavemente la atención comenzó a limpiar con dedicacion los blancos dedos con un paño húmedo. -Perdón, no tenía por qué haberte dicho esas cosas.- Se disculpó. -Es que aún estaba eufórica por la pelea. Sé que te preocupe, pero tengo otra cosa importante que decir- Yayoi levantó los ojos hasta clavarlos en los de Anna y le dijo con suavidad. -La razón por la que hoy peleé, por la que Hao estubo acá...- Dudó un momento antes de seguir. -Se acerca el torneo de shamanes- Dijo al fin.

El ambiente moderadamente alegre que reinaba hasta ese momento se congeló de repente y cada persona en la sala prestó atención a lo que decia la chica. -No sé exactamente cuándo, pero no hay duda de que está cerca. Todos los integrantes de este grupo van a tener que trabajar duro para volverse lo mas fuertes posible en un lapso de tiempo relativamente corto, la razón por la que Hao...-

-Pero se supone que Hao desaparecio hace mucho- La interrumpió Liserg, con la voz segura. Se habia mantenido callado hasta ese momento, pero no soportó seguir escuchando lo que para él eran puras incoherencias.

-Eso es a lo que voy... Hao no...- Nuevamente una voz mas pequeña evitó que siguiera con su explicación.

-Hao no murió- Resonó en la sala la afirmación segura. Las cabezas se dieron vuelta con tal sincronozacion que casi formaban una melodía.

-¡Manta!- Exclamaron todos con diferentes grados de sorpresa.

-¿Cuándo llegaste?- Preguntó Yoh.

-Tío Manta está acá desde que yo terminé de pelear con Hao- Respondió Yayoi. -¡Hola tío Manta!- Saludó con alegria.

-Jeje, si...Hola- Saludó igual de alegremente el peque, para luego animar a su ahijada a segir con su explicacion. -¿Por qué mejor no sigues? Hace mucho que tengo esa duda...-

-Si, si, ya explico. Pero primero voy a ver que pasó con la señorita Tamao y ese té que iba a traer, que me muero de hambre- Avisó mientras se paraba e iba a la cocina, sin poder evitar que so estomago gruñera sonoramente, como confirmando sus palabras. Pasados unos minutos que Phausto habia aprovechado para revisar brevemente a la rubia, la chica volvió acompañada de Tamao quien se habia demorado porque la verdad es que era mucho el té que habia tenido que preparar. Una vez todos acomodados con su taza de té y su única galleta ("¡El resto son mias!", les habia gruñido Yayoi. Nadie se quejó), la muchacha retomó con su explicación.

-Entonces... Hao, como ya les dije, es la razón por la que tienen volverse más fuertes de lo que ya son. Sé bien que son shamanes con capacidad y habilidad, pero no es suficiente- Explicó con repentina seriedad. -No solamente sobrevivió, si no que tambié consigió no perder todos su poder y desde que volvió no ha hecho mas que afirmar su pocición- Tomó un sorbo de té, demorano más de lo necesario.

-Todos saben que mi papá pudo vencer a Hao sólo y gracias al poder que le brindaron todos sus amigos, quienes los apoyaban e incocientemente formaron un puente permitiendo que las esencias se concentraran en él, hací como todos sus pensamientos, sentimientos e intenciones, generando una conjunción positiva, concentrando una energia que Hao no conocía, que ya olvidó. Gracias a eso y a que en ese momento Hao, quien habia vencido 1080 tecnicas para sellarlo y se creia el rey de mundo, subestimo a mi papá, y al poder espiritual que se logro condensar en su posesion, dejando su defensas bajas, dándoles la chance de "devilitarlo" lo suficiente como para que saliera del escenario... Después de todo, la energia que usaban contra él... Hace mucho que...-

-Ajá...Si- Le interrumpió Horo-Horo al ver que la chica empzaba a desvariar. -A pesar de que no entendí las mitad de las palabras que acabas de decir, la idea general la tengo, aun así hay algo que no me cierra..- Horo-Horo miraba el piso en busca de algún trozo de galleta que se le pudier haber caido. Esa piba era mas amarreta que su madre.

-¿Si¿Qué cosa?- Le llamó la atencion Yayoi, logrando que el peliazúl levantara la vista (mas que nada porque no encontró nada en el piso).

-El Hao que vimos- Comenzó. -... era el mismo- Dijo con cautela, como inseguro de sus palabras.

-Eh... si, pasa que no lo encontré en rubio- Se burló la chica al no encontrar sentido en la pregunta a medio formular del shaman. -No se a donde va, Horo-Horo. ¿Qué quiere decir con...?-

-Que es el mismo Hao con el que peleamos nosotros, un... niño- Puntualizó despues de que las risitas por la burla de la chica cesaran. El slencio en la sala adquirió un nuevo nivel a medida que los shamanes iban tomando conciencia de que era cierto, el Hao que se les habia presentado era el mismo niño con el que habian peleado.

-¡Oooh¡Éso era!- Excamó entendiendo cuál era la preocupación del shaman. Observó brevemente los rostros que ostentaban la curiosidad natural que ese conocimiento había depertado. Se mordió el lavio inferior mientras jugaba con su taza casi llena de la calida infución.

¿Es que era imaginación suya, o la enérgica chica mostraba mas de esos comportamientos infantiles a medida que la conversación avanzaba? Youshiro empezaba a atar los cabos sueltos que sólo él podia ver... Yaoi ocultaba algo, o había algo que no quería llegar a tener que explicar.

-En realidad- Empezó de manera insegura, pensando sus palabras por unos segundos antes de continuar. -En realidad el Hao que vino esta noche no es el mismo Hao que ustedes conocieron durante la úlitma Batalla de Shamanes- Explicó.

-No mientas- Escupió Liserg con los dientes apretados. -Yo lo reconocí, ése...- Señaló el patio de la pención con un gesto de desdén. -Ése era Hao, el desgraciado que mató a mis padres, que destruyó a mis camaradas y...-

-Esos camaradas suyos, señor Liserg...- Interrumpió la magullada chica. -...no eran mas que una montón de Basura- Liserg le miró con dura sorpresa en los ojos. ¿Cómo se atrevia a hablar esa mocosa ignorante del mundo¿Qué remota idea podía tener? -X-Laws... No eran mas que uno de los tantos y patéticos grupos que se presentan a sembrar el caos en nombre de la justicia- Opinó con la voz serena, hasta se podria decir que seria.

De verdad que esta noche Yayoi estaba dejando al descubierto mas de lo que tendria que, Youshiro cerró los ojos en un silencioso gesto de reprobación. Yayoi lo cazó y las manos se le enfiaron al darse cuanta del error que habia cometido.

-¿Cómo sabes acerca...?- Comenzó a pregunta Liserg después de que las palabras de la menor Azakura terminaran de llegar a su muy desarrollado cerebro.

-Hao- Desvio rápidamente el tema la chica. -Como desde hace un rato estoy tratando de explicar, no es el mismo. Este Hao que apareció acá esta noche, es... ¿cómo lo hago simple? Cada vez que el... Revive, o renace...-

-¡No me cambies de tema!- Rugió Liserg golpenado la mesa con el puño cerrado, su hija, que habia viajado a Fumbari con el, le miró confundida. -¿Cómo sabes vos de los X-Laws?- Le preguntó el inglés con rabia en la mirada. Yayoi lo miró con una nueva expreción en sus negros ojos, una que desconcertaba por todo lo que dejaba ver. La mas pura y completa sabiaduría yacía en las profundas púpilas que eran conocidas por su brillante alegría y vagancia (casi) inhumana.

Liserg sostubo la mirada mas de lo que su paciencia se lo permitia, y no logro frenar el reproche que salió de sus lavios.

-¿Por qué no me contestás?-

-Porque no te interesa en lo mas mínimo como mierda sé de tus condenados camaradas- Respondió sin paciencia alguna, olvidando por completo el respetuoso "usted" y, sin dejar que el peliverde se defendiera, sigió con su ataque verbal. Ya que había comenzado, bien podía terminar. -No es mi culpa que fueras por el mundo como pobre marginado dejandote engatuzar por los primeros bastardos que se te cruzan y proclaman ser sembradores de justicia. Si nada más hubieras abierto los ojos te habias dado cuenta de las verdaderas razones que escondia Jeane. Hubieras visto que su intencion no era destruir a Hao. ¡Hubieras visto lo zafada que estaba!- Excalmó con exasperación.

-¡¡COMO TE ATREVES A DECIR ESO DE LA DONCELLA JEANE!!- Bramó Liseg, dejando caer las palmas de las manos con mas fuerza de la necesaria sobre la mesa, provocando que alguna que otra taza callera al piso o tintineara reprochandole la rudeza. Se incorporó dedicandole una mirada de completo y puro odio.

¿Cómo se atrevía a burlarse de aquellos a los que habia querido y en quienes habia creido por tanto tiempo?.

-Ahora que ya te desestresaste- Comento irónicamente, nuevamente dejando el "usted" de lado. -Hacéme el favor de dejarme terminar- Dijo cortantemente haciendo caso omiso a la mirada que le regalaba el hombre al que acababa de ofender. -Hao nunca, en ninguna de las veces que ha aparecido sobre la tierra ha sido el mismo que la primera vez que nació. El Hao que se acaba de ir, es una nueva reencarnación- Levantó la vista de la taza que tena frente a ella y la fijó en el mueble que habia del otro lado de la habitación, que ostentaba orgulloso los trofeos ganados por sus hermanos en la esucela, fotos de la familia, siempre con alguien interfiriendo, como Ryu o Len, quienes eran los que mas seguido visitaban la pención. La delgada muchacha se levantó y bajo la atenta mirada de los shamanes a los que estaba explicandose, examinó conciensudamente los portaretratos, buscando algo en las caras inmortalizadas que exibian los fríos cristales.

Con sus morenas manos tomó con cautela uno especialmente escondido detras de todos los demás. Modesto, como si no se quisiera que llamase la atencion. -Ésta foto...- Volvió a tomar su lugar en la mesa y volteó hacia donde estaba Anna. -...es de cuando aún no se casaban papá y vos¿no es cierto?- Preguntó mostrandosela a su madre.

-Si, es de un par de años antes, aú no cumpliamos la mayoria de edad- Certificó la Itako.

-Bueno, solamente puedo especular, porque en realidad no se hace cuanto que Hao volvió a nacer, pero si miran con atención esta foto, y cambian la sonrisa por una mueca de superioridad, y la cara de vago profecional, le imaginan el pelo mas largo que la melena que tengo la indecencia de llamar cabello e ignoran el hecho de que está muy apapachuchado con mi mamá- Iba aclarando mientras dejaba la fotografía en cuestióon a la vista de todos. -Van a ver lo mas cercano que puede existir al rostro del Hao que vive ahora, que se acaba de ir, y que sin duda esta esperando encontrarnos en su camino para aplastarnos como papas para puré- Terminó dejando la foto en manos de los shamanes para darle un sorvó a su frío té, no porque quisiera, sino porque se le habia secado la boca de tanto hablar. Más mal que bien hizo, ya que la infución habia adquirido un leve sabor a óxido, solamente de haberse dejado enfriar (asco da el té frío).

-Eso no explica casi nada- Objetó Ana con su habitual y neutra voz. -Aún quedan dudas sin aclarar-

-Preguntame lo que quieras y yo te voy a responder- Le desafió Yayoi.

-¿Cómo podés saber tanto si nunca, desde que perdiste tu capacidad shamánica, abordamos el tema con vos¿Cómo explicas que, al menos, tenés dos espiritus acompañantes sin que ninguno de nosotros, ni siquiera yo nos ayamos dado cuenta? Quiero, además, que me expliques donde y con quien aprendiste ese nivel de pelea que exiviste esta noche. Aunque me doy una idea-

-No especules tan libremente acerca mio- Le cortó antes de terminar el (asqueroso) té frío de un sorbo. Después de dar un suspiro algo exagerado le dedicó una calmada mirada y una suave sonrisa a su madre antes de continuar. -Aprendí imitando lo que veia de papá y mis hermanos hacer los primero años que tube de conciencia. Además las regulares visitas que hacia Len Tao, las peleas que constantemente mantenian con mis hermanos y los entrenamientos exagerados a los que sabías someter a todo el mundo- Rió al notar las auras oscuras que comenzaban a enamar los cuerpos de los shamanes a su alredeo, conjuradas sin dudas, por los malos recuerdos. -Todo eso ayudo bastante. Luego, cuando ya no fue suficiente, mis espiritus se encargaron de "pulirme" y mejoré mi potencial con una increible fácilidad. Ellos solos se encargaron de mantener nuestro secreto, y de enseñarme a mantenerlos ocultos y a la vez cerca mio. Uno de mis espiritus es una antigua y poderosa sacerdotisa de las epocas en que los espiritus y los mounstros vagaban libres entre nosotros. Es amable y paciente, pero su corazón fue traicionado de la peor manera y es a veces frio como el hielo- Desvariaba de nuevo Yayoi.

-Es decir que es verdad que tenés mas de un espíritu- Dijo Ana con un dejo de sagacidad.

-No pienso decirte cuantos son- Respondió frenándole los pensamientos. Sabía bien que Anna quería sonsacarle la información como hacía con todos los demás, en serio, a veces su mamá se pasaba con la actutud "a-mi-no-se-me-escapa-nada". -Bueno... Creo que eso fue todo- Exclamó con calma mientras que sus dedos exploraban la longitud de su tranzado cabello, como sopenzando el trabajo que le iba a llevar sacar la sangre y desenrredar los nudos.

-Em... Yo tengo otra pregunta- La voz de Manta volvió a sonar en el moderado silencio que las últimas palabras de Yayoi habian provocado. Todos sabian que habia mas preguntas, pero habian sido demaciadas sorpresas esa noche. Y la chica estaba cansada, sangrando... Iba a ser mejor dejarle descansar. Manta se dijo eso, se reto mentalmente por no poder retener su curiosidad, habia querido dejar a la chica ir, pero las palabras escaparon de su boca.

-¿Tio?- Le llamó con el familiar apelativo con el que Yoh le habia enseñado desde pequeña a llamar al amigo al que habia aprendido a querer como un hermano. -¿Qué pregunta?- Le insitó a preguntar. Aunque Manta tenia la leve imprecion de que ella ya sabia que era lo que daba vueltas por su cabeza, los negros y enormes ojos hechaban chispas de antcipación.

-Hao en realidad nunca murió, eso no lo terminaste de explicar- Apuntó Manta, sabiamente callando el hecho de que Liserg habia desviado a conversacion con sus comentarios sentimentalistas.

-El nunca murió- Afirmó la cansada muchacha. -Hao, de alguna manera u otra siempre se las arrelga para salirse a último momento- Paró sus palabras al notar como las miradas de curiosidad y leve desentendimiento volvian a florecer en los rostros de los shamanes, esat vez con un dejo de astio.¿Qué no era sufientes sorpresas por una noche?.

-¿Salirse¿Qué se supone que quiere decir eso?- Dejó escapar Horo-Horo. Yayoi saltó por lo repentino de la pregunta.

-Por mas veces que destruyan su cuerpo- Empezó a explicar nuevamente con infinita paciencia. -...Hao no va a morir. Él se libera de la prision de carne que representa un cuerpo, guarda su alma en algún lugar que probablemente nadie, ni él mismo conoce. Resguarda su esencia, sus recuerdos, sus vivencias, sus sentimientos. Y cuando es preciso, regresa.- Horo-Horo le miró con creciente sorpresa, reemplezandola con seriedad, para finalmente convertirla en incredulo enojo.

-¿Qué significa eso?- Demandó con la voz mas alta de lo que él hubiera querido. -¿Me estas diciendo que Hao nunca va desaparecer completamente?- Pregunto con una gota de panico en la voz.

¡Por favor! Él habia estado en esa pelea, él le habia visto...

No.

Él no le habia visto morir.

Habiendo dejado esos pensamientos rondar por su mente, se dejó caer sin reparar en cuando es que se habia levantado de su lugar con la vista vagamente fija en la nada, sopesando la gravedad de lo que acababa de escuchar.

-Yayoi- Le llamó Yoh, con sus negros ojos todavía posados en su atontado amigo. -Aún hay una pregunta que no respondiste- Dijo mirandola vagamente sin mas esfuerzo que el movimiento de sus ojos rotando en tras los parpados. Yayoi le devolvió la misma despreocupada mirada. -¿Cómo sabes tantos detalles del último torneo de shamanes y de las acciones de Hao en ese entonces?- No pasó desapercivida la leve sonrisa que los finos labios de Yayoi dibujaron aún cuando su padre no terminaba de formular la pregunta. Tapoco pasó desapercivido el extraño brillo que aparecio en sus ojos mientras contestaba con una aún mas que inapropiada gota de divercion en la voz.

Tres palabras que hubieran quedado mejor calladas.

-La Vitácora Mágica-


No. Tienen. La. Mas. Pálida. Idea.

No, y nunca la van a tener, del tormento que viví editando este cápitulo.

Todavía me quedan 23.

Que alguien me pegue un tiro. ¡Pero para felicitarme, eh! Por la brillante idea mía de ponerme a editar esto primero.

Porque claro, soy taaan masoca, que tengo una-condenada-montaña de cuentos y fanfics que corregir... En fin, que se le va a hacer. Quise resubirlo, hay que re-re-re-editarlo, pero con algo de decencia. Los errores (suspiro), los errores de ortografia son mi punto devil, pero la trama... ¡Por Diox! Si alguien leyó esto antes, se va a dar cuanta de lo que hablo.

Eso es todo. Los quiero mucho... Asi que si quieren expresar su cariño hacia mi, dejen un conmentario, que el neurologo me dio eso o un año de tratamiento para el mal que tengo en la cabeza. Un año de tratamiento significa que no voy a estar interfiriendo con la vida de los demas, y se que no quieren eso. Asi que saben bien que hacer.

Krazy Naoko