Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, solo la historia es mía y uno que otro personaje.


"El remordimiento es el único dolor del alma que el tiempo y la reflexión no logran calmar jamás."

-Madame Stael

Capítulo 3.

Culpa

Bella

—Esa es la verdad, no hay otra.

Mis nudillos están rojos de tanto presionarme contra la mesa. Los ojos de Edward están inyectados de odio que pienso que en cualquier momento va a estrangularme. Me siento sofocada en mi propia casa, cohibida por la presencia del mismísimo Edward Cullen. Cuando lo vi detrás de la puerta, sentí que estaba cayendo del elevador hacia el precipicio.

—No te creo.

—Ese no es mi problema.

No me cuesta ser dura e insensible, es algo que he manejado con el tiempo.

Y Edward no parece manejar muy bien la ira, puesto que va a estallar.

—Es posible que la Bella que tengo enfrente sea una persona asquerosa, pero no lo eras con 16 años, eso te lo puedo asegurar.

—A lo mejor no conociste muy bien a la Bella de aquel entonces.

—No me vengas con idioteces.

—No me digas lo que tengo que decir en mi propia casa.

La irritación me permite dejar de estar tan nerviosa. Si no me calmo ahora, voy a agarrarlo del pelo y tirar los platos al suelo. Edward puede hacer lo mismo si le parece. La poca distancia entre nosotros, no hace más que enfadarme más. Él se aleja con sus ojos puestos en los míos. Hay algo en los ojos grises de Edward que me perturban demasiado.

—Te busqué —Escupe las palabras— pero para mi sorpresa, tu casa estaba desalojada. Aun con todas las pruebas de tu abandono, te esperé —Para entonces, sus ojos han dejado de intimidarme— y nunca volviste. Nunca diste la maldita cara.

—Era lo mejor.

—¿Lo mejor? —De alguna manera, Edward y Elif me miran con el mismo odio— Mi hija te buscó por la ciudad para poder… entender un poquito tus razones. ¿Y dices que fue lo mejor?

Lágrimas asoman mis ojos, sin embargo, las aparto con brusquedad.

—Lo va a terminar superando.

Edward suelta una risa amarga.

—Eso lo pensé durante años. Pensé que al haber crecido sin ti, no iba a necesitarte. No serías esencial. Creí que mi madre sería su apoyo, pero me equivoqué. ¿Sabes una cosa? Elif no merece vivir con tanto odio en su corazón por tu culpa, Isabella.

Volteo el rostro a otro lado, segura de que me romperé delante de él si sigo mirándolo. Camino unos pasos hasta el balcón donde el sol comienza a esconderse.

—¿Y qué quieres que haga? —No controlo la brutalidad con que ha sonado eso.

Le sigue el silencio. Si no fuera porque siento como exhala con coraje, diría que se ha ido.

—Nada —Dice agotado— Te felicito por atormentar a una niña que no tenía la culpa de nuestros errores.

Camina hacia la puerta y da un tal portazo al salir que mi corazón vuelve a encogerse de la misma manera que antes, de la misma manera en que Elif salió furiosa después de nuestro primer encuentro. Yo no soy inocente, no soy la víctima completamente. Siempre fui consciente del daño causado y el que me causé a mí misma. Sin embargo, no soy la mala de la película como todos piensan.

.

Saludo a la recepcionista luego de haber subido cinco pisos del edificio. Debo tener una cara horrorosa a juzgar por la forma en que ella me saluda devuelta. Llevo ropa ligera y un café cargado en una mano. Ingreso al estudio justo para escuchar como Tyler y Eric se parten de la risa por algo que ha dicho Paul. Arreglo mi cabello tan pronto dejo mis cosas sobre la mesa, haciendo caso omiso de sus murmullos.

Hace un calor insoportable, no puedo imaginarme como será cuando el verano llegue de manera oficial.

—¿Alguien está de mal humor? —Tyler me tiende los audífonos.

Hago una mueca.

—Algo así ¿Cómo están, chicos?

—Bien, ya sabes… —Señala hacia atrás— Paul se terminó arrastrando a Tanya hasta su departamento.

—¿A la guionista?

—See —Paul ríe— rubia, bajita, ojos de gatito. Seguramente debe estar durmiendo todavía.

Echo un vistazo a mi reloj.

—Ya casi comenzamos ¿tienes el guion del programa, Eric?

—Sí, sí —Me alcanza de inmediato los papeles. Luego se dirige al otro lado del ventanal, una barrera que separa del estudio.

Repaso el guion del programa en unos segundos, sentándome en la cómoda silla de cuero. Tyler y los chicos comienzan a prepararse, encienden las luces y yo estoy casi lista.

—Comenzamos en 2.

Suspiro contra la maltratada hoja blanca, intentando que el rostro de Edward y Elif no surjan en mi mente ahora. Ha sido una semana agotadora y me he propuesto a empezar con el pie derecho esta mañana.

—30 segundos…

La luz roja del cuarto parpadea.

Reviso una última vez el programa; tema de hoy: Familias.

Bufo al tiempo que Paul grita:

—¡Al aire!

Trabajo como locutor radial desde hace tres años. Conocí a Eric en la escuela secundaria y él fue quien me ayudó a conseguir un puesto en este empleo. Estudié locución en la Universidad de Kansas. Cuando niña soñaba con estudiar periodismo pero al crecer mis intereses cambiaron. Me gustaba hablar en público y que estos me pusieran atención. Recuerdo haber hecho algunos ensayos en casa con Nessie, ella por supuesto siempre me aplaudía.

Finjo que mi vida está en perfectas condiciones, dejando los problemas fuera del estudio y haciendo lo que hago cada lunes a viernes.

Una vez que anuncié mi sueño de estudiar Locución, mi padre fue tajante en su negativa. Él deseaba que fuese doctora o abogada, de modo que lo exigió. Tan pronto cumplí los 18, poco me importaron sus reglas y me inscribí sin su consentimiento. Mi madre me daba su apoyo. Nany también lo hizo aunque no pudo esconder su deseo de verme como doctora.

Tanya entra al estudio a grandes zancadas en cuanto las luces se apagan. Ella es mayor que yo y es conocida por todos como la chica de los grandes zapatos. Es de baja estatura, razón por la que siempre se la ve con sandalias altas.

Sostiene unos papeles desordenados en las manos, luciendo con ojeras bajo los ojos.

—¡Bella! —Grita— ¡Qué bueno que te encuentro!

Tengo la impresión de que va a besarme en cualquier momento.

Paul enciende la luz de la habitación, reprimiendo la risa al verla. Ella hace caso omiso de la morisqueta o solo no se ha dado cuenta.

—No pareces estar bien ¿quieres que te traiga un vaso con agua?

—No, gracias —Agita la cabeza— Vine porque necesito tu ayuda con urgencia ¡Eres mi única salvación!

Me arrastra fuera del estudio, dándome el tiempo suficiente para quitarme los audífonos.

Tanya es una de las tantas guionistas de la emisora. A veces también soy sugerida para alguna propuesta, ayudándole al resto.

—¡Tanya! Me vas a desligar la muñeca.

Suelta mi brazo de inmediato.

—Lo siento —Remueve los papeles— Tengo una reunión ahora con el jefe y sé que tienes una hora libre por tu almuerzo. Mira, voy a ir al grano. Olvidé enviar estos papeles al colegio de mi hija y si no lo llevo hoy perderá el cupo para septiembre.

—¿Me estás pidiendo que…?

—… si me haces el favor de ir a dejarlos —Sus ojos ruegan por un sí— Por favor, por favor… mi ex marido va a tener más razones para querer que se vaya con él y no creas que trato de persuadirte con mi trágica historia, pero es verdad que hoy vence el plazo.

Entrecierro los ojos pensando en ello. Sus manos temblorosas no se quedan quietas y no tardo en decidirme.

—Está bien

Eso le sorprende.

—¿En serio lo harás? ¡Ay, Bella! —Me ahoga en un abrazo claustrofóbico— No sabes cuánto te agradezco, ya mismo te doy todos los datos que necesitas saber.

Me anota la dirección, el nombre completo de su hija y todo lo que tengo que entregar. Suspiro al recibir otro abrazo de Tanya. Salgo con bolso en mano a la calle cubierta por el desagradable sol. Estoy desesperándome por el clima que se avecina.

Mi camioneta ya está templada cuando subo.

Esta es mi mayor inversión. La compré hace cuatro años en mi antigua ciudad. No es para nada a lo que buscaba, algo semejante a mi porte y peso, pero la camioneta es grande. El motor me hace vibrar de emoción cuando lo enciendo.

No soy fanática de autos ni motos ni nada que se le parezca. Aun así la camioneta tiene algo que… no tengo idea, pero desde que la vi me enamoré por completo. Desde mi divorcio mi camioneta fue como una distracción, casi como un amante. Bastante penoso, por cierto.

El colegio es algo lejano. Eso sumado a todos los semáforos en rojo que me tocaron. La cámara de seguridad está casi pegándose al parabrisas cuando aparco en el estacionamiento. No me sorprendería si los guardias me escolten para revisarme con algún protector de metal. El lugar es algo prestigioso y sin duda costoso. Me aseguro de tener los papeles correspondientes mientras decido subir la infinita escalera que tiene. Llego sin aliento a la entrada principal.

Apoyo los brazos en la pulida madera del mesón, viendo a la recepcionista atender llamadas de tres teléfonos distintos.

—Hola, espere un segundo por favor —Pide a lo que asiento todavía intentando recuperar la respiración.

La recepción es igual de grande que mi departamento. No hay un solo espacio en las paredes que no estuviese cubierto con cuadros de ex directores.

Durante la espera me siento en las sillas plegables y amarro mi pelo en una coleta alta. Sostengo los papeles con los dientes suavemente mientras hago esto, tratando luego de alisar la hoja para que la marca desaparezca. Estoy en eso cuando la recepcionista me llama. Me manda a secretaría para hablar con una tal Julianne. No tengo idea cómo es que logro traspasar el pasillo atestado de alumnos sin que terminen pisándome. Estos chicos de ahora no tienen educación. Una mujer que no es Julianne me atiende y tan pronto me dice su nombre lo olvido por completo ¿Puede ser Kate, Kayle o Kristen? No lo recuerdo, pero estoy segura que comenzaba con K.

La mujer ríe a carcajadas con otra chica. Como si yo tuviera todo el tiempo del mundo para que ella se ponga a bromear con su compañera.

—¿Qué haces tú aquí?

Su voz me paraliza. No necesito voltearme para averiguar de quién se trata.

Es Elif.

Lo primero que veo en ella es su atuendo. Lleva una falda a cuadrillé, una blusa blanca con listón color vino como corbata. Su cabello cae al costado de su brazo derecho y sus ojos azules brillan pese a la poca luz que hay en el lugar.

No tengo idea de qué hacer.

—Hola —Saludo un poco indecisa— ¿Qué haces aquí? Quiero decir… es obvio que estudias aquí ¿no? O no estarías con ese uniforme…

—Yo pregunté primero. ¿Me estás siguiendo?

—¿Qué? ¡No! Solo vine porque…

La mujer de antes regresa haciéndome trastabillar. Me entrega un papel con el nombre de Julianne Peeves y una autorización para que pueda atenderme. Frunzo el ceño mientras leo el papel.

—Tiene que ir al piso 2, pasillo 4, puerta 135. Toque antes de entrar, que tenga buen día.

Se va antes de que pueda preguntarle que carajos ha dicho.

La voz de Elif capta mi atención.

—Sé dónde queda eso —Da una vuelta para irse y me quedo parpadeando en mi lugar, eso hasta que gira para darse cuenta que sigo inmóvil— ¿Vas a venir o no?

No lo pienso dos veces. Sigo los talones de Elif en la escalera sin que nos digamos una sola palabra. Saluda a algunas chicas con la mano y luego llegamos hasta el final de un pasillo vacío, donde se marca claramente "Pasillo 4" Busco el rostro de mi hija, que cruza los brazos mientras me mira sin ninguna emoción.

—Gracias —Sé que un "gracias" no va a hacer que Elif sea simpática. Tampoco es que me lo merezca.

Toco dos veces a la puerta antes de que me dejen entrar. Con tristeza pienso que lo más probable es que al salir, Elif ya no se encuentre allí.

.

El calor está siendo demasiado intenso en la ciudad. Bajo las escaleras con ello pegado en mi rostro. No me agrada el calor, para nada, sin embargo, tengo que acatar las decisiones del clima. Aun me quedan unos cuantos escalones antes de terminar y mis pies no dan para más. ¿A quién se le ocurrió construir un colegio con una escalera tan larga? Ni siquiera tiene acceso para discapacitados. Ese detalle debería significar una multa para los sitios que no lo tengan.

—Espera. —Elif se aparta del grupo de compañeras que están enfrascadas en una conversación, al notar que ella se detiene, se quedan mirándola confusas— Espérenme abajo.

Todas desaparecen sin percatarse de nada extraño.

—Pensé que no te iba a ver. —Confieso.

—Sí bueno, yo tampoco —Asegura con nerviosismo— ¿Vas a venir siempre aquí? No es como si me agradara la idea.

Tal vez no son las palabras que espero, pero voy a tener que tragarme todo es tipo de cosas el resto de mi vida. Por mucho que me duela escucharla, si eso significa que puedo verla aunque sea unos segundos, podría aguantarlo.

No presto atención al dolor en mi pecho.

—No te preocupes por eso —Hago ademán con la mano— solo estoy haciéndole un favor a una compañera de trabajo.

—Ah —Me mira con duda— ¿Es apoderada de acá? —Asiento con la cabeza— ¿Puedo saber de quién?

¿Es idea mía o tiene un aro en la lengua?

—Reese McCall, algo así —Se queda mirando a la nada— Bueno, será mejor que me vaya—Digo con tristeza— Que estés bien, Elif.

Continúo bajando la escalera, dejando sola a Elif en medio del colegio. A lo mejor debí de quedarme allí hasta que decidiera hacerlo primero, pero es demasiado tarde para arrepentirme… como siempre.

.

La casa de mamá es un caos cuando llego. Dejo la bandeja de pastelitos sobre la encimera, viendo a mamá y Nessie discutir de lo lindo y a Nany disfrutando del espectáculo con un tazón de cabritas. La casa es grande, amplia para mucha gente.

Mamá apunta a mi hermana con el uslero.

—¡Es que tú siempre me dices que vas a estudiar y te levantas al medio día!

—¡Porque hoy no tenía que estudiar y no me levanto todos los días al medio día!

—¡Eres tan desconsiderada conmigo!

—¡Y tú tan injusta!

Saludo a Nany con un beso.

—¿Qué pasó? —Ella se ríe a carcajadas con diversión, palmeando su asiento vacío para sentarme.

—El 5to round —Me tiende su tazón de cabritas, lo cual rechazo— Ellas no van a durar viviendo juntas, te lo digo yo, pecosita 1, que tengo 70 años de experiencia encima.

—Y tú te escapaste de casa a los 15 años, recuerdo esa historia.

Nany ríe.

—La gran diferencia es que mi santa madre, que en paz descanse, me llevo de regreso a cinturonazos. Tu madre no haría eso ni aunque se le pagara. —La discusión sigue. Si eso sigue pronto estarán agarrándose del pelo. Me pongo de pie para detenerlas y Nany toma mi mano con fuerza— Déjame divertirme un ratito poco más. ¡Me aburro tanto en casa! Ellas son más interesantes que la novela de la cieguita que perdió a su hijo y ahora la encerraron en la cárcel por asesinato y resulta que ella no lo mató y la suegra que la odia la inculpó y ahora el guapetón del protagonista no le cree a la cieguita.

Miro a mi abuela por su rápida explicación, sorprendida y vuelvo a escuchar los gritos insufribles de Nessie. Hago caso omiso de la insistencia de Nany, poniéndome en medio de las dos y empujándolas con la mano.

—¡Es suficiente! —Pido. Mamá sigue sosteniendo el uslero— ¡DETÉNGANSE!

Hay silencio. Lo único que escuchamos son las cabritas que Nany mastica.

—¡Es que Bella…! —Trata de explicar Renesmee, pero la corto.

—¡No quiero escuchar nada! Lo único que quiero es que se callen de una vez. Desde que llegué no han dejado de gritar, y tú mamá, suelta el bendito uslero.

Mamá baja el uslero, depositándolo dentro del mesón de cocina.

—Así se hace, pecosita 1. Nadie más que tú sabes controlar a la mocosa de tu hermana y a la insufrible de tu madre.

—¡Mamá!

—¿Qué? Si es la verdad…

Por suerte ellas no vuelven a pelear y cada una se sienta lo más lejos posible de la otra. Seguramente mi abuela está esperando que se tiren las cabritas sobre la cabeza, puesto que deja el cuenco en la mesa para husmear el paquete café de pastelitos. Mamá pone a hervir agua y Nessie acomoda las tazas para el té en cada puesto. La discusión ha pasado a segundo plano, pronto estamos sentadas a la mesa conversando como una familia civilizada.

Nunca he creído que mi familia fuese normal. Desde niña crecí en un ambiente de discusiones, reglas y actitudes correctas. Mi padre fue muy estricto en todo aspecto. Él fue militar y por algún motivo pensaba que nosotros debíamos actuar como estatuas. Por eso es que cuando Charlie murió, tuve la sensación de que nosotros nos habíamos liberado de alguna guerra. Incluso mi madre se ve más feliz. Lo único que no rescato son sus peleas constantes con mi hermana.

—El profesor Cooper me recomendó en un casting —Cuenta mi hermana con entusiasmo.

Nuestras reacciones son de asombro.

—Pero si todavía no te gradúas —Le recuerdo.

Mastica un pedazo de su pastel, limpiándose la boca con la servilleta.

—Es solo para una nota. Él nos recomienda en un casting y nosotros hacemos lo demás. ¿No es eso genial?

Alcanzo su mano.

—¡Que emoción!—Digo con sinceridad, ganándome una sonrisa por su parte.

Nany golpea el bastón contra el piso.

—Cuando pecosita 2 salga en los créditos de alguna película de Hollywood voy a gritar en el cine que es mi nieta… y que tiene un carácter podrido —Nos reímos y Nessie sacude la cabeza— ¡Felicitaciones, pelirrojita!

—Gracias, Nany.

Mamá levanta su taza de té.

—Eso merece un salud ¿no creen? —Todas le imitamos— ¡Por Nessie!

—¡Por Nessie!

Me despido después de la medianoche, consciente de que debo levantarme temprano mañana para el trabajo. Sintonizo la única emisora que está en al aire a esa hora, escuchando una antigua canción que mamá acostumbraba a cantar día y noche. Sin poder evitarlo, la imagen de Edward viene a mi mente.

Suelto un suspiro contra el manubrio, incapaz de controlar el frenar de golpe justo cuando el semáforo cambia.

También pienso en Elif y me dan unas terribles ganas de llorar.

Edward tiene razón en una cosa, o en muchas cosas.

Elif no tiene la culpa de sus errores. Aun así, logré que me odiara.

Cuando supe que estaba embarazada a los 16 años, caí en un ataque de pánico del que no lograba controlar. No sabía cómo contárselo a papá. Sabía que se me venía el mundo encima con esa noticia y más porque le temía muchísimo a Charlie. Edward estuvo allí conmigo incluso si no le permitían verme. Pasé la mitad de mi embarazo encerrada en mi habitación. Nessie ni siquiera recuerda que alguna vez estuve embarazada.

Jamás negaría mi responsabilidad y parte de mi cobardía.

.

Mi jefe arregla algunos detalles del guion para mañana y pregunta si alguien tiene otra propuesta. Muerdo el lápiz distraída. Tengo propuestas que no salen de mis labios, por más intentos que haga. Al final no las digo y Jeff finaliza la reunión. Todos se ponen de pie con sus estómagos rugiendo de hambre. Sin mucho apetito, regreso al estudio para encerrarme a beber lo que queda de mi bebida energética.

Me reclino en el asiento sin lograr enfocar los ojos en las letras del papel. Pestañeo sin resultados, de modo que suspiro con resignación, escuchando a Tanya pisar fuerte contra el suelo antes de ingresar a la habitación.

—Pensé que te gustaría un café —Lleva dos tazas de café humeante. A pesar del calor, un café nunca viene mal.

Agradezco con una sonrisa, tomando un sorbo de inmediato para calmar mis nervios. Mi lengua pica al sentir el contacto de la cafeína.

—¿Tiene leche? —Pregunto.

—Unas gotitas ¿no te gusta? —Ambas bebemos de la taza al tiempo.

—Sí, obvio que me gusta.

Tanya se limpia las comisuras de su boca con una servilleta, inquieta por algo que no puede preguntarme.

Después de unos instantes, decide hacerlo.

—¿Bella? —Pienso que Tanya es muy bonita. Creo que aunque se estuviera recién levantando, el pelo le quedaría igual de genial— Paul ha estado hablando de mí ¿verdad? Es decir… te ha dicho algo o has escuchado algo como…

—¿Cómo qué? —Finjo no entender a lo que se refiere.

Aclara su garganta.

—No lo sé —Encoje los hombros— Salimos una vez, luego bebimos más de la cuenta, ya sabes… no sé cómo llegué a casa —Sus mejillas se tornan rosáceas— y las chicas me han comentado que él habla sobre mí… Bella yo te juro que no recuerdo nada.

Chasqueo la lengua.

—Si quieres mi opinión, yo no tomaría muy en serio a Paul. Nadie lo hace, así que quédate tranquila.

Los ojos de Tanya se abren y suspira con tranquilidad.

—Gracias —Me sonríe.

—¿Bella? —Gianna la recepcionista, interrumpe tocando la puerta. Nos volvemos a verla— Alguien te busca.

Espero a que entre el invitado y agradezco no estar sosteniendo la taza de café porque de seguro la doy vuelta en mi ropa. Elif entra fijándose de inmediato en mí. Todavía no me acostumbro a la sensación extraña que me provoca su presencia o su mirada azul. No sé lo que es, pero estoy segura que no es malo. Es como una mezcla de remordimiento, culpa, felicidad… no lo sé.

Tanya apoya los codos en la mesa para mirar a Elif.

—¿Tú no deberías estar en la escuela?

Suena como una típica reprimenda de policía cuando encuentran a los estudiantes en la calle en jornada escolar, no obstante noto que Tanya la conoce.

—Eh… sí. Solo vine porque tengo que hablar con… con Bella.

Es primera vez que me llama por mi nombre.

Tanya me mira.

—Elif cursa con mi hija… bueno, es un curso más abajo pero van al mismo taller ¿verdad? —Dice poniéndose de pie— Yo las dejo, después seguimos charlando —Me guiña un ojo y sale por la puerta junto con Gianna.

—Tanya —Llamo antes de que se vaya— Tu café.

—¡Oh! —Vuelve rápidamente para tomar su taza— Permiso

Abandona el estudio. Elif camina dentro del cuarto y observa todo con sumo cuidado. Me muerdo la lengua con ansiedad, sintiéndome intimidada por todo.

—Trabajas en una radio —Me dice, tocando el micrófono.

—Sí, soy locutor.

—¿Locutor? ¿Tienes programa y todo?

—Sí

Luce impresionada.

—¿Por esto me abandonaste?

—¿Qué?

Se encoge de hombros.

—Digo, teniéndome contigo no podrías haber ido a la Universidad ¿no? Era una carga.

—No digas eso.

—Es la verdad.

Me mira con brío. Mis labios se fruncen sin poder hablar; temo decir algo de lo que me pueda arrepentir. No es momento de echarme atrás o hablar de arrepentimiento. Elif saldría por esa puerta dejándome sola. No quiero que se vaya, incluso si solo viene a reclamarme. No importa.

—¿Te quieres sentar? —Ofrezco.

Ella no deja de mirarme.

—No, tengo que volver a la escuela.

—Si quieres te puedo ir a dejar yo.

Niega con la cabeza.

—Un poco tarde para ese tipo de molestias.

Es difícil y lo sé.

—Elif, dime lo que tengas que decir. Insúltame si quieres, pero dilo.

Hace puño las manos con los ojos cerrados, esa es suficiente respuesta para que se me forme un nudo en la garganta. Trato de tragar el dolor profundo en mi boca, un dolor como cuando uno se siente enferma. Mi hija vuelve a abrir los ojos, esos ojos rencorosos pero hermosos. Suplico en silencio que me grite, que me insulte, que vuelva a decir que soy una maldita. No quiero que se guarde para ella misma las cosas, por mucho que eso me parta en dos. Pagué un error 14 años y es momento pagar la sentencia final.

—¡Llegó por quién llora…! —Nessie abre los brazos en el umbral de la puerta, cortando la frase a la mitad y alejando toda tensión del estudio. Me mira de reojo para luego fijarse en Elif— ¿Tú de nuevo? ¡Pero si eres la chica de la kermés!

Se quedan mirando un breve momento y Elif levanta la ceja de una manera tan familia que quiero echarme a reír aun con el nudo en mi garganta. Yo también levanto de esa forma la ceja.

—¿Qué haces aquí, Nessie?

Mi hermana se sienta en la silla de cuero con los pies sobre la mesa.

—Hola para ti también, hermanita. Vine para que fuéramos almorzar a tu depa.

Elif se ve incómoda.

—No tengo hambre ¿Por qué no me avisaste?

—¿De dónde se conocen? —Pregunta sin prestarme atención. Nos miramos entre las tres sin saber cómo actuar a continuación. Nessie toma la taza de café ahora fría, dándole un sorbo— Esto sabe fatal ¿acaso no sabes lo que es el azúcar? ¡Puaj!

—Si tiene, lo que pasa es que a ti te gusta con 9 de azúcar y eso es demasiado.

—¡No es demasiado, es lo normal! —Gime pero vuelve a beber otro sorbo de café, luego se da cuenta que Elif sigue de pie escuchando la conversación— Y bueno ¿me van a decir de dónde se conocen?

Elif me mira alzando otra vez la ceja.

—¿No le vas a contar? —Me desafía, lo noto. Miro a Ness que termina bebiéndose toda la taza de café. Estoy dispuesta a hablar sin secretos, pero Elif me interrumpe incluso antes de comenzar— Soy la hija de un antiguo amigo de Bella.

Pasmada, no hago más que sacudir la cabeza.

—Los Cullen ¿verdad? —Se vuelve a mí— ¿Te acuerdas de los Cullen? Yo no me acordaba.

Ahora tengo otro nudo en la garganta. Estoy en una encrucijada del que no puedo salir.

—Sí, me acuerdo —Contesto con las mejillas ardiendo.

Elif suelta una risa amarga.

—Bueno, ya me voy —Se arregla la correa de la mochila— Gracias por la ayuda.

—¿Qué? ¡Pero si vamos a comer! —Nessie se levanta de la silla.

—No puedo, tengo colegio.

—Bah, auséntate un día. ¿Te gusta la pizza?

—De verdad, gracias pero no puedo —Elif es diferente con Nessie, es obvio. No tiene esa mirada frívola con ella, es más serena, pacífica... más amable. ¿Y cómo esperas que te mire? ¿Con nostalgia? Dice adiós y pronto desaparece del cuarto.

Mi corazón se detiene. Si voy tras ella ¿qué voy a decirle? Nessie dice algo que no presto atención y salgo del cuarto rápidamente. Elif es rápida, ya que no hay rastro de ella en el pasillo. Llegando al elevador, la encuentro fuera del cubículo.

—Elif —Mi voz suena ronca. Ella se da la vuelta sorprendida por mi presencia— ¿Por qué no me dejaste decirle?

Frunce el ceño ante mi pregunta.

—No me voy a involucrar en algo que no quiero —Dice con firmeza— Que lo supiera por mí estaría aceptándote… y no quiero hacerlo.

Se da vuelta para irse, bajando la escalera en vez de tomar el elevador. Después de asumir lo que ha dicho, regreso con mi hermana, un poco aturdida y sofocada.

De esto es lo que trata mi castigo; pagar. Pagar como los reclusos en la cárcel: una eterna tortura.


La canción que Bella escucha en la radio de su camioneta es Can't fight this feeling de REO Speedwagon


Holaaaa, pues aquí ya subí capítulo. Espero haya sido de su agrado, me cuentan por supuesto que les pareció, me gusta saber su opinión :)

En el próximo cap habrá más interacción de B/E y tal vez pronto tengamos (más pronto de lo que creen) un ElifPOV porque es absolutamente necesario, ya ven que es casi tan protagonista como los propios protagonistas.

No estoy segura si el viernes o sábado actualice nuevamente

Un beso enorme y gracias por el apoyo!