Disclamer: Los personajes cannon pertenecen a Amano Akira-sensei, los Occ donados para esta historia pertenecen a sus respectivos creadores.
Aclaraciones:
-Dialogo-
Narracion.
-"comunicación a través de un Aparato tecnologico"-
-"Pensamientos"
-Cambio de Idioma-
Beta: 19'Mika-chan'91
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Era un lugar bullicioso, mujeres casi desnudas iban de un lado a otro entre las personas, hombres trajeados charlaban entre ellos con alguna muchacha sonriente entre sus brazos, fumando algún cigarro o bebiendo de una copa.
El olor a humo y excitación dominaba el ambiente, eso ponía a Lambo un poco incómodo, puesto que Mamma siempre le había enseñado a ser un caballero entre las mujeres, educación que fue apoyada por sus compañeros guardianes y sus amigas.
En cambio, Yokubo parecía estar como un pez en el agua, la mujer estaba ataviada en un corto vestido azul eléctrico que realzaba cada uno de sus rasgos y hacia a su cabello resaltar como una llamarada.
Saviera se había negado rotundamente a entrar en un burdel y Gwinvere se rehusaba a pasar más tiempo de lo necesario con Lambo, así que la chica era realmente, su única opción.
Ambos estaban buscando al siguiente integrante de los Guardianes Varia, habían llegado a Venecia hace unas horas y trazado un plan de los posibles lugares en los que ese escurridizo hombre se encontraría.
Y así fue como acabaron en el burdel más famoso de los barrios bajos, llevaban ya casi una hora allí, pero ni rastro del Guardián.
Lambo comenzaba a irritarse ante la molesta cantidad de personas que se acercaban a coquetearle.
Cuando de repente escucho el grito de su compañera. Se acercó velozmente, solo para verla con una copa en la mano y sentada frente a una máquina de apostar.
Resistió el impulso de golpear su cabeza contra la pared, inspiro profundamente para serenarse y entonces escucho una voz masculina.
Giro el cuello a tal velocidad que pensó que se rompería, pero una expresión satisfecha surco su rostro. Lo habían encontrado.
Un hombre alto, de piel morena, ataviado con un impecable traje negro, el cabello plateado peinado hacia tras, los ojos grises y un parche cubriendo uno de ellos.
-Yokubo Soleil Della Notte, levántate ahora mismo de esa silla si no quieres que te prohíba beber y apostar durante un año entero –amenazo Lambo sin dejar fuera de su vista al hombre que permanecía ajeno a su presencia.
-Eso es malvado Lambo-chan –refunfuño la chica, obedeciendo a duras penas, sin embargo, sus ojos amarillos captaron lo mismo que Lambo vigilaba y no pudo evitar soltar un chillido.
Con la habilidad digna de una acróbata, la mujer se abrió paso delante de la multitud y salto a los brazos del hombre, que la recibió sorprendido.
-¿Yolo? –inquirió el de cabellos claros mirando completamente estupefacto a la mujer sonriente en sus brazos.
-Bambino –ronroneo la chica claramente encantada con el apodo. El joven hombre alzo la vista y la fijo en un serio Lambo.
-¿Ocurre algo? –inquirió de nuevo mientras hacía señas para guiarlos en dirección a una cabina privada.
Tan pronto todos estuvieron sentados y acomodados.
-La ultima orden de Vongola Decimo ha entrado en vigencia, el escuadrón Zero debe reunirse –declaro Lambo- Santino, esta es la razón por la que todos ustedes fueron entrenados. Deben venir ahora –dijo con total seriedad, su mirada fija en la del otro hombre.
El hombre más joven entrelazo los dedos y apoyo los codos en las rodillas, su mirada gris se fijó en la verde de Lambo, finalmente cerro los ojos y suspiro antes de formar una sonrisa.
-Estoy dentro, le debo mucho a Tsunayoshi-sama y al Boss –dijo antes de pararse -¿Cuándo nos vamos? –pregunto con tono alegre.
-Tan pronto salgamos de este lugar –inquirió Lambo sin darle oportunidad a Yokubo de hablar.
-¡Apuestas! –chillo la chica repentinamente antes de salir corriendo, Lambo la miro irse con resignación, Santino rio brevemente, sus ojos suavizados con cariño.
-¿A quiénes ya has reunido? –pregunto el veinteañero cruzándose de brazos.
-Yokubo, Saviera y Gwinvere –nombro Lambo con tono resignado, Santino soltó una risotada.
-¿Tienes a Yolo, Queen y Diva? O es tu harem celestial… o te has hundido en el infierno –comento dando un sorbo a su bebida, a lo lejos se podían escuchar los reconocibles chillidos de su compañera.
-Lo segundo –dijo Lambo con rostro de haber sido condenado a un castigo de Reborn.
-Oh bien, se dónde se está quedando Sasha y sé que él sabe dónde está Liv –informo Santino recostando la espalda contra el mullido sofá.
-Bien, partiremos de inmediato –inquirió Lambo. La expresión de Santino vacilo.
-Tengo algunas cosas que atender… ¿podrías darme tiempo hasta mañana en la noche? –preguntó con tono inocente
-¿Por qué? –fue la seca interrogante de Lambo.
-Tengo unos asuntos que arreglar antes de partir –una sonrisa maliciosa se abrió paso en sus atractivas fracciones – veras, un gigoló tiene cosas que hacer –insinuó, Lambo rodo los ojos.
-No mientas –amonesto haciendo volar una chispita de sus dedos de manera amenazadora.
-Soy prestamista, tengo que cobrar algunas deudas –su sonrisa adquirió un tono espeluznante mientras sus ojos se cerraban por completo.
Lambo sonrió ligeramente, esa avaricia sin duda era heredada por Mammon antes de morir.
Recordar a los Arcobalenos causo una amarga sensación en su interior, la muerte de cada uno de ellos había dejado un vacío en el corazón de cada Vongola, pero sin embargo la muerte que más les afecto, fue la de Reborn.
Ellos casi habían enloquecido cuando el sádico asesino desapareció de sus vidas, ya no había una trampa escondida en algún lugar, no había comentarios secos ni maliciosos, ya no había un Reborn que los guiara.
Pero habían seguido sus últimas órdenes con férrea intensidad: Protejan a Vongola, incluso hasta la muerte. Había dicho el siniestro bebe.
-Hazlo, pero solo tienes hasta el mediodía, no podemos atrasar más el viaje, Millerfiore está intentando cazarnos desde Sicilia –dijo Lambo volviendo a la realidad.
Santino hace una mueca, pero asiente.
-No te preocupes, ¿Dónde nos encontramos? –pregunta con los ojos brillantes.
-Vendré a buscarte aquí a esa hora, si no estás…te matare –la mirada del hombre de ojos verdes se volvió intimidante, unos rayos chispearon alrededor de sus manos para más advertencia.
Santino sonrió nerviosamente, Lambo y él podían tener edades similares pero la vaca era el doble de poderoso que todos ellos, había sufrido mucho más y sus ojos habían visto toda la crueldad posible. Era un guerrero, un sobreviviente. Era un Guardián Vongola.
Horas más tarde, cuando lo vio retirarse mientras arrastraba a una muy borracha Yokubo que chillaba tonterías, pensó en lo doloroso que sería vivir después de perder a todos, solo por la orden de un ser amado.
-Él es el ejemplo, de que la muerte no es un castigo –musito antes de prender un cigarro y llevárselo a la boca.
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Exactamente a la hora acordada Santino se encontraba parado frente al local con su aura misteriosa y sonrisa seductora.
-Sube de una vez –mascullo Gwinvere que no estaba nada contenta de haber tenido que levantarse tan temprano. Saviera seguía en el lugar más seguro de todo el vehículo, el co-piloto.
-Buenas tardes, Santino –sonrió la joven a su homónimo masculino, y es que ambos tenían el mismo tono de cabello y ojos, con la diferencia de que solo uno de ellos era natural.
De repente, la sonriente cabeza despeinada de Yokubo salió por la ventana, los ojos de la chica brillaban ligeramente desquiciados mientras con una mano apartaba el pie de Gwinvere.
-Entra, rápido –susurro la pelirroja de tonos chillones – Vaca-Boss tiene la mirada –dijo proféticamente.
El joven prestamista miro fijamente a esa bola de locos mientras se replanteaba su decisión, casi al segundo siguiente se dio cuenta de que en realidad, él también estaba desquiciado, así que se las arregló para quedar en medio de las dos pelirrojas con cuerpos esculturales.
-Esto es vida –dijo con tono satisfecho, mientras sus brazos reposaban en los hombros de ambas jóvenes y sutilmente bajaba sus manos para tocar los pechos voluptuosos de ambas mujeres.
Lambo ni siquiera despego la mirada de la carretera mientras manejaba a toda velocidad cuando escucho el sonido de un golpe y los gritos enfurecidos de la Tempesta.
-¿Cuál es nuestra siguiente parada? –pregunto Lambo una vez que estuvo seguro de que no había soldados de Millerfiore siguiéndolos.
Y es que a pesar de que las ciudades visitadas se vieran normales, alegres y pacíficas, era obvio para ellos que era una falsa utopía. Puesto que cada calle parecía estar monitoreada, si escuchabas atentamente podías oír la maldad, gente desapareciendo misteriosamente, Byakuran estaba llevando el mundo a su fin desde las sombras y nadie sabía de nada.
Excepto claro, la mafia. Que había sido cruelmente subyugada a las órdenes de ese malcriado amante de los malvaviscos.
Lambo regreso de sus pensamientos cuando los escucho discutir, porque si, incluso Saviera se había unido a la discusión.
-Te digo que busquemos a Corinne, si la conseguimos a ella… tenemos a Liv –insistió Saviera con medio cuerpo girado hacia atrás.
-No creo que la enana este con ella, la gente cambia con el tiempo –replico Gwinvere – debemos buscarla primero. Por lo que recuerdo, podría estar muriendo bajo un puente de lo perezosa que es –mascullo arqueando la ceja femeninamente.
-Vamos por Sasha –chillo Yokubo, solo para causar discordia, a ella le importaba una mierda todo, en sus manos se encontraba una botella de licor.
-¿de dónde sacaste eso? –pregunto Lambo repentinamente y girando la cabeza medio segundo.
-Me lo dio un señor –canturreo la chica soltando risitas de vez en cuando.
-Se lo robo a un tipo distraído cuando sacaba la cabeza por la ventana –comunico Santino comiéndose unas patatas fritas- también le saco esto –se apresuró a decir ante la fulminante mirada del Rayo de Vongola-¿quieres? –ofreció con una sonrisa nerviosa.
Lambo rodo los ojos y volvió la vista a la carretera.
-Decidan rápido, tengo que elegir una ruta –ordeno el mayor bajando sutilmente la velocidad.
-Reggio Callabria, Sasha está allí y según recuerdo de la última vez que nos vimos, sabe dónde están esas dos –dijo rápidamente el de cabello plata con una sonrisa coqueta.
Lambo solo dio un volantuzo que los lanzo a todos contra la ventana y causo que Saviera terminara con la cabeza en el regazo de Gwinvere, un adorable piececito enfundado en un zapato de tacón bajo en la cara de Santino y el trasero en el piso.
Yokubo solo atinaba a reírse como desquiciada, ante la mirada avergonzada de la adorable damita Varia que ya comenzaba a cabrearse.
-Maldito Reborn, no sé cómo…pero esto es idea tuya –gruño el Bovino con expresión mosqueada, incluso después de tantos años, Lambo seguía creyendo que Reborn era el diablo.
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Los cansados hombres y mujeres finalmente llegaron al lugar, habían sido unas agotadoras horas de viaje, y en varias ocasiones Lambo tuvo que ser reemplazado por alguno de ellos para poder dormir un poco.
Gwinvere y Saviera tenían terminantemente prohibido volver a tocar siquiera el volante.
Yokubo era decente mientras estuviera centrada, lo cual quería decir que solo podía manejar por el periodo de tiempo de cinco minutos como máximo. El resto del tiempo estuvo a punto de asesinarlos una cantidad de veces similar a Gwinnie y Savie.
Por lo tanto, la responsabilidad de no morir había recaído en Santino, pero el muy bastardo paraba a cada momento para ofrecerle un aventón a cualquier mujer u hombre atractivo que encontraba.
En fin, volviendo a la realidad. Los cinco se encontraban ahora desparramados en la habitación de manera poco elegante.
Gwinvere se había adueñado del sofá de inmediato mientras que Lambo y Saviera compartían cama, el primero por ser el mayor y el tutor, mientras que la segunda no dudo en utilizar su rango como cielo y por lo tanto, Líder legitima de Varia.
Podría verse como una dulce y amable señorita que no encaja en lo absoluto en un modelo de Soldado Varia, pero la realidad era que sin duda alguna, quiera o no…en sus genes estaba la sangre del Líder Varia y de aquel que sería el Líder de no ser porque juro lealtad al primero.
Ah, Mami tiburón era tan romántico a veces. Saviera tuvo la repentina necesidad de tomar un relajante Té de Aguja Dorada.
-Voy a salir a comprar algunas cosas ¿Necesitan algo? –pregunto con ese tono y sonrisa brillante que la hacían parecer tan...no-Varia.
Lambo mascullo una negativa desde su posición, Yokubo chillo algo sobre alcohol y Gwinvere pidió algo de comer.
-Mientras no sean mariscos, creo que puedo conseguir algo –dijo a la pelirroja menor mientras que se negaba rotundamente a permitir que Yokubo siguiera emborrachándose a las ocho de la mañana. Porque si, llegaron a esa hora. Santino mascullo algo de comida también desde su posición en el suelo.
Saviera salió sigilosamente de la posada, con sus ojos vagando sobre el terreno con total desconfianza. Sin embargo, cuando miro a los niños corretear, mientras las madres hablaban tranquilamente y los hombres charlaban entre risas… se sintió libre.
Con una sonrisa se relajó y comenzó a explorar, deleitándose con la vista de las tiendas, aceptando alguna que otra muestra gratis, maravillándose con el paisaje.
Sin embargo, de alguna manera se había distraído tanto que ya no sabía dónde se encontraba. La joven de cabello plateado miro a todas partes intentando ubicarse, completamente alerta y a la defensiva.
Maldijo por lo bajo mientras sopesaba la posibilidad de usar la tapadera de turista rusa perdida de nuevo, pero lo desecho de inmediato, lo que menos quería es ser llevada a la policía y posiblemente reconocida.
Se cruzó de brazos y considero preguntar a los pueblerinos el nombre del Hotel, si, esa era una buena idea.
Comenzó a caminar confiadamente hacia el primer negocio que encontró cuando su cerebro de advirtió una cosa.
No sabía el nombre de la maldita posada.
Saviera estaba a punto de gritar con frustración cuando sus ojos captaron una figura absurdamente alta de largo cabello castaño. Saviera sonrió como un gato al cazar un gordo y jugoso ratón.
Con la habilidad digna de una hija criada en Varia, se las arregló para confundirse con la gente y seguir a esa misteriosa persona.
A pocas cuadres lo vio pararse delante de un gran edifico llamado "Corriere della Sera" y de un momento a otro desapareció. Saviera se exalto y su instinto de supervivencia le grito una alarma.
Con un movimiento rápido hecho su cuerpo a un lado, justo en el instante de una mano cubierta de nudillos de acero con tres filosas puntas se estrellaran en el exacto lugar donde la Heredera Varia se encontraba. Obviamente, el lugar quedo pulverizado y una grieta se extendió peligrosamente en dirección a el edificio de enfrente.
-Vaya, pero si es la señorita –ronroneo el hombre al que Saviera seguía. Se irguió en toda su estatura (Saviera calculaba un metro noventa aproximadamente) y sus atractivos rasgos formaron una sonrisa de lado, los mechones sueltos de la larga coleta castaña enmarcaban surostro con sutileza y detrás de las gafas destellaban unas preciosas gemas azules.
-Tanto tiempo querido Sasha –dijo amablemente Saviera con una suave y animada sonrisa en los labios.
-Hace tiempo que nadie me llama así –murmuro el hombre relajando brevemente su posición defensiva. Saviera en cambio permaneció tan tensa como le fue posible.
-Tuve un gran golpe de suerte al encontrarte –comento ella ladeando levemente la cabeza y apartando los mechones plateados de su rostro.
-¿Qué puedo decir? Mi belleza siempre es oportuna –respondió con tono jocoso el nombrado como Sasha mientras se cruzaba de brazos, bajo la oscura camisa se notó la definición de los músculos tensarse- ¿Qué te trae a Reggio Calabria? –inquirió con tono sospechoso.
-Ordenes de Vongola –respondió con simpleza, Sasha se tensó ante la respuesta y su torso se hecho brevemente hacia adelante.
-Vongola ya no existe –dijo con tono neutro el hombre, la confusión brillando en su mirada.
-Te equivocas –canturreo Saviera con una brillante sonrisa, las manos tras la espalda en una posición de travesura.
-Habla –exigió el castaño con la impaciencia colándose en su voz. La sonrisa tembló en los labios de la chica pero se mantuvo en su lugar.
-Lo hare si vienes conmigo –negocio la joven dando media vuelta y mirando el callejón, ausentemente noto que la grieta en el suelo comenzaba a subir lentamente por el edificio.
-¿Por qué debería? –inquirió presionando los labios en una fina línea, señal de que su paciencia se estaba acabando.
-Es el Guardián del Rayo el que se encarga de esas formalidades –confeso la joven comenzando a caminar hacia donde escuchaba el bullicio de los compradores.
-¿Lambo está contigo? –el tono del de ojos zafiro era de sorpresa.
-Lambo, Santino, Yokubo y Gwinvere –nombro la chica mirando a ambos lados para intentar orientarse.
-Escuadrón Zero –relaciono rápidamente el hombre y luego recordó la última orden de Xanxus ese fatídico día en que Varia decidió hacer su última misión- Cuando sea el momento…
-…esa escoria les revelara su misión –completo la joven con tono de añoranza al pronunciar la palabra favorita de su padres después de comida, sexo y licor- Bueno, ha llegado el momento.
-¿Cuál es? –insistió el hombre de largo cabello avanzando hacia ella de manera elegante.
-Nuestra misión será revelada cuando todos estemos juntos –murmuro Saviera girando a mirarlo con una expresión seria- ¿Vienes? –inquirió, presionando las cosas compradas contra su pecho.
-Vamos por ropa y dinero –acepto el hombre, Saviera sonrió de esa manera brillante que solo los cielos pueden poseer.
Ambos fueron al departamento de Sasha, donde la joven guardiana del cielo Varia no se vio para nada sorprendida ante el absolutamente meticuloso orden de las cosas.
Eran pocas, acomodadas de tal manera en que no estorbarían en caso de una huida apresurada. Todas siguiendo un patrón perfecto y ordenado.
-No has cambiado mucho, sigues siendo un maniático de la perfección –rio la chica dejándose caer con elegancia en el sofá de cuero negro. Dejo las bolsas de compra en la mesa de enfrente y se sobo las cansadas muñecas.
-No desordenes –advirtió Sasha desapareciendo en un pasillo.
-¿me prestas el teléfono? Olvide el nombre y dirección del hotel –confeso la chica elevando la voz.
-Tu tampoco has cambiado –se burló el joven que parecía de la misma edad que Lambo, mientras le lanzaba un teléfono.
-aja –dijo ausentemente la chica mientras pensaba a quien llamar- veamos, Gwinvere se mosquearía y me cortaría en la cara, Santino…nunca en la vida, Lambo no tiene celular…entonces solo queda Yolo –murmuro la chica comenzando a teclear con velocidad.
Espero pacientemente mientras sonaba la tonada de "Lady Mermelade" cuando de repente una voz chillo en su oído.
-Aquí la más sensual y sexy jovenzuela de todos los tiempos, este es el fono erótico de Madam Francesca –comenzó sonar la voz de Yokubo, el rostro de Saviera se desencajo mientras ponía el altavoz- si quieres hablar sobre el erotismo sensual estas con la persona correcta, si quieres hablar sobre sadomasoquismo hard-core llama a Lady Winnie-Saviera casi se ahogó con su saliva cuando comenzó a recitar el número telefónico de Gwinvere, la cabeza de Sasha se asomó curiosamente en la habitación-…si estas interesado en el homo-erotismo el Marques Blaise estará a tu disocian –Sasha dejo de empacar su maleta y se sentó al lado de Saviera con la mirada incrédula fija en el teléfono, la chica estaba muriendo de risa mientras intentaba conseguir aire -…si te interesan las señoritas sofisticadas y un amor prohibido: tenemos a la perfecta candidata, llama a la Señorita Xina –Saviera dejo de reírse de inmediato cuando su número comenzó a ser recitado, Sasha intentaba inútilmente mantener una expresión estoica, puesto que su labio temblaba en una risa silenciosa- pero si quieres hablar normalmente presiona uno- Saviera presiono el botón y al segundo timbrazo la estridente voz de Yokubo hizo su aparición.
-La más guapa mujer del mundo al habla, ¿Qué quieres? –pregunto con tono arrogante, en el fondo se escuchó un "¿eres estúpida? Habla como gente normal, retrasada" que sonó sospechosamente a Gwinvere.
-¿Yokubo? Soy yo, Saviera –hablo calmadamente la chica cuando hubo recuperado el aliento, Sasha se levantó y fue a seguir empacando.
-¡HIME! –Chillo la chica y Saviera agradeció haber puesto el altavoz y dejado el teléfono en la mesa, porque de otra manera habría acabado sorda – ¿Dónde diablos se metió? Estamos locos aquí, Mucca-chan salió a buscarla, Bambino está llorando y gimoteando como nena y Winnie de Pooh se estuvo quejando todo el rato de que tenía hambre, como si no estuviera lo suficientemente gorda –se escuchó el sonido de algo estrellarse contra algo y el chillido de Yokubo.
Saviera sonrió nerviosamente y se rasco el brazo mientras que un tic aparecía en su ojo derecho.
-Yokubo, ¿podrías decirme la dirección y nombre del Hotel? Les tengo una sorpresa –hablo suplicando que la pelirroja mayor no haya muerto a manos de la menor.
-Bieeeen…mira que eres confianzuda – se quejó Yokubo.
-¿confianzuda? Yo no confió ni en mis dientes porque me muerdo la lengua –replico ofendida, pero anoto la dirección y nombre del hotel en su mano con una pluma del escritorio de Sasha- por cierto, ya hablaremos sobre tu fono erótico –dijo con voz melosamente dulce.
Sasha salió de su habitación con un único bolso pequeño en su mano y ambos partieron hacia el hotel.
Donde un flash blanco se tiró a los brazos de Saviera, era Santino. Yokubo y Gwinvere estaban a pocos pasos de distancia gritándose obscenidades hasta que la figura de Lambo hizo su aparición.
-Alexandr Voroviob –pronuncio el joven Bovino con rostro serio, ambas miradas se enfrentaron por largos minutos y finalmente Lambo sonrió –Bienvenido de nuevo mocoso –expreso dando una digna media vuelta con la intención de volver al interior de la posada.
-Lambo, eres mayor que yo por unos meses –se burló Alexandr con los brazos cruzados, Lambo no se giró, pero todos pudieron ver el tono rojizo en sus orejas.
Todos entraron al interior de la posada, pero cuando pasaron por la recepción se escucho la voz de la presentadora de televisión.
-A continuación, un edificio fue brutalmente derrumbado en medio de una pelea callejera, testigos afirman ver a un hombre de cabello largo y una mujer albina –todos se congelaron al escuchar eso. Saviera y Sasha se tensaron de inmediato mientras el sudor frio bajaba por su espalda.
Tétricamente, la cabeza del Guardián del Rayo Vongola se giró en su dirección con una expresión temible.
-Ustedes….-murmuro siniestro mientras que sus manos brillaban de un suave tono verdoso.
Santino y Yokubo se escondieron detrás de Gwinvere que mascaba su chicle de forma aburrida mientras que Lambo les gritaba.
-¿ACASO NO SABEN COMPORTARSE?- grito rostizándoles.
-Voy por las maletas –menciono Santino escabulléndose hacia arriba como un vil cobarde.
-…uy, tengo clientes –canturreo Yokubo saliendo por la ventana.
Gwinvere miro a sus cobardes compañeros, se encogió de hombros y se sentó en el sofá para seguir mirando la TV.
Y la travesía continua, pero esta vez: con dos compañeros más.
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Yai! Solo faltan dos integrantes más de varia y después comenzaremos con los peluchines Vongola.
Espero que les haya gustado!
Lynne
Fuera
PAZ!
