¡Hola! Gracias por sus comentarios, me han servido de ayuda.

Maru: Que bueno que te gusta. La personalidad de Juliet es algo loca y muy directa, creo que es lo que le hace falta a Edward y a toda la familia Cullen.

Raquel de Salvatore: ¡Gracias! tus mensajes me alientas mucho. Espero que este capítulo también te guste.

Sabaku no akari: ¡Yo también detesto a Bella! jajaaja pero tengo que confesarte que sí va a salir Bella, pero como ya mencione, no me agrada. Así que quizás te guste lo que vendrá. y respondiendo a tu pregunta, sí, aparecerán los lobos.

capítulo 3.

No iba a negar que tengo miedo y que más de una vez intenté persuadirme para correr en la dirección contraria, pero esa no soy yo. Siempre asumo mis problemas, no me escondo y no dejo las cosas para después. Era ahora o nunca. Había sido una decisión de último minuto así que Alice no debió verlo venir. Quería hablar a solas con Carlisle, me sentía segura con él y rogaba que la suerte estuviera de mi lado. Buscaba en el horario del hospital donde podía estar Carlisle. Más me valía que siguiera aquí o Rosalie me mataría en la madrugada. Agradecí que apareciera su nombre. Camine más rápido. No quería que Alice se me adelantará, si lo hacía podía no ser bueno.

-Doctor Cullen ¿Podría hablar con usted? –dije cuando lo vi salir de una habitación.

-Juliet, claro –me sonrió y se puso serio al verme- ¿Pasa algo?

-Aamm –solté el aire- Es algo delicado.

-Entiendo, vamos a mi oficina.

Mi corazón no era de gran ayuda, latía como loco y luchaba con mi pecho para salirse. Esperaba en cualquier momento la llamada de Alice. Entré a la oficina y me senté en una de las sillas para pacientes. Carlisle se sentó y me miró paciente.

-Dime, de que se trata Juliet.

-Usted menciono que debemos ayudar a las personas. Que si podemos evitar que ciertas cosas pasen, hay que hacerlo.

-Sí, eso dije. La noble profesión que escogimos nos exige eso, pero no creo que estés aquí para hablar de ese tema.

Negué con la cabeza y me concentré en un punto de su escritorio.

-Necesito que por favor, me escuche y no me interrumpa hasta que acabe. Sé que querrá preguntar cosas, pero por favor espere hasta que termine y yo les responderé todo lo que desee.

Carlisle me miraba curioso y asintió.

-También necesito que me prometa dos cosas más, que quizás me hagan quedar como loca, pero no me mandará a un loquero y la otra es que su familia no tomará represarías.

Noté que de inmediato se tensó y frunció levemente el ceño al verme. Después de unos segundos asintió.

-Se lo prometo, señorita Swan,

¡Rayos! Ya no me llamaba por mi nombre, eso era mala señal, pero ya estaba allí y Alice debía saberlo todo.

-Yo no soy de por aquí Doctor Cullen. Sé que sabe que soy la sobrina del jefe Swan, pero no es así. Yo no lo conocía hasta hace unas semanas. En realidad lo conocía, pero no por ser de mi familia. Si no por ser el padre de Isabella, la pareja de Edward. Su hijo.

Carlisle ya no disimulaba su ceño fruncido.

-Hace unos años fui a ver una película que me llamó la atención, así que al poco tiempo me compré los libros. Trataban sobre Isabella Swan, ella venía a Forks a vivir aquí con Charlie, su padre. Ella y Edward se enamoran y él la salva de ser atropellada. Después de eso ella sospecha que él es algo más, algo diferente. Hasta que descubre lo que es.

Detuve mi relato, había millones de cosas por decir, pero veía el rostro de Carlisle. Estaba en shock, si es que un vampiro puede estarlo.

- Y ¿Qué es? –dijo lentamente.

-Un hombre con una segunda oportunidad, uno muy valiente. Alguien que a pesar de ser lo que es, busca ser una mejor persona todos los días. Que al igual que su familia es vegetariano, sólo se alimentan de animales.

-¿Qué quiere decir? –Se apoyó los brazos en la mesa-

-Son vampiros.

Carlisle me miraba sorprendido.

-No hace falta la amenaza, no se lo contaré a nadie. Ni siquiera tenía pensado decirles a ustedes, pero usted y su esposa han sido tan amables conmigo que no podía dejar que por mal entendidos y terribles decisiones, sufrieran. Sé que no me conocen, pero le garantizo que le tengo una gran estima y cariño a su familia. Yo les ayudará en lo que pueda. Si así lo desean.

En ese momento solo el celular de Carlisle.

-Debe ser Alice –le dije antes de que tomará su celular y contestó.

Por su reacción al contestar, debía ser Alice.

-Mi familia quiere que la plática se traslade a casa.

Miré el reloj. Ya debía estar en casa.

-Esme le avisará a Charlie.

-Gracias –sonreí.

Seguí en mi coche a Carlisle. Al llegar a la mansión Cullen, quede deslumbrada. Nadie me había preparada para conocer así a los Cullen. Este era su territorio y yo era una chica loca con tendencias suicidas al estar allí.

-Hola. Buenas noches –saludé y Alice vino corriendo a abrasarme- No me digas, seremos grandes amigas.

Alice se rio y asintió feliz.

-Pasa, por favor –me invitó Esme-

Todos entramos y sentía la mirada hostil de Rosalie y la de preocupación de Jasper. Suspiré. Fuimos al comedor y me senté entre Esme y Alice.

-Bueno, supongo que Alice ya les habrá informado de la plática que tuve con Juliet. Así que ahora quería preguntarte varias cosas –me miró.

-Contestaré todo lo que pregunten.

-¿De dónde eres?

-Soy de Nueva York. Mis padres y mi hermano vivimos allí. Pero supongo que su pregunta es que cómo en mi mundo ustedes son solo una historia. La verdad no lo sé, no sé qué hago aquí. Cuando llegue aquí, creí que era un mal sueño y ya, pero han pasado semanas y sigo aquí. Así que puede ser un coma o un universo alterno –me encogí de hombros-

-¿Universo alterno? –Preguntó Jasper.

- Sí, de donde yo vengo. Nada del mundo mágico existe. Me refiero a vampiros, híbridos, hombres lobos y metamorfos.

-¿Híbridos? –Preguntó Edward-

-Sí, existen los híbridos. Mitad humanos, mitad vampiros. Son escasos, pero existen.

-Eso no puede ser posible –negó Rosalie.

-Sí, lo es. Si… –me callé y mire a Edward. Mi parte egoísta no quería contarlo-

-¿Ya te dio miedo estar entre nosotros? –Se burló Edward-

-¡No! No les tengo miedo, sé quiénes son, nunca me harían daño. A lo tengo miedo es a herirte.

-¿Qué? -me miro confuso-

-Te casarás con Isabella y -movía mi mano- ella quedará embarazada.

Jamás imagine dejar en shock a tantos vampiros.

-Nosotros no podemos tener hijos –Rosalie seguía llevándome la contraría-

-Sí, por eso dije que Isabella se quedará embarazada, pero ella lo hará mientras sea humana. Por eso la bebe será híbrida.

-Sé que es algo nuevo, pero en Brasil hay una cantidad considerable de híbridos. Por si quieren confirmar. Hay un tipo loco que se cree un dios científico y embaraza a mujeres para tener una nueva y mejor raza humana –bufé- idioteces –miré a Esme- lo siento.

-Me niego a creerlo –por fin habló Edward.

-¿Por qué? ¿Por qué encontraras a alguien que no te vera como el monstruo que crees que eres? ¿Por qué tendrás algo que nunca creíste que tendrías?

-Tú no me conoces –me miraba furioso-

-Cuando Isabella venga, pasaras dos horas soportando su aroma. Pasarán por tu mente mil y un formas de matarla, pero ¿Sabes que sucederá Edward? Nada. La dejarás vivir. Porque jamás podrías mirar de nuevo a Carlisle a los ojos, nunca te perdonarías el daño que le causarías a Esme. Luego te –me detuve- enamoraras de Isabella y lucharás cada segundo que estés a su lado para no matarla –Apoyé mis manos en la mesa- Te tengo noticias nuevas Edward, los monstruos no tienen remordimiento y tú si tienes. Así que ve buscando una mejor idea para tu depresión.

-¡No estoy deprimido!

-Lo estas. Te has pasado las últimos décadas con parejas felices a tu alrededor. Eso me deprimiría hasta a mí que no soy nada sentimental.

-Entonces según tú lo único que necesito es una novia ¿No?

-Yo nunca dije eso. En realidad lo que necesitas es madurar y aceptarte cómo eres. Debes empezar a agradecer la nueva oportunidad que te dio Carlisle.

-No tienes idea de a cuánta gente he matado.

-Te repito que sí, lo sé, pero por más que insistas; nunca te veré como un monstruo.

-Eddie necesita una novia –cantó Emmet-

-No entiendo que cosas puedo verle a una humana.

-¡Oye! Más respeto que yo soy humana y tú también lo fuiste. Que ya no seas humano no te da derecho a menospreciarnos. No tendremos súper fuerza, no correremos a velocidad de la luz, ni seremos súper hermosos, pero merecemos respeto.

-Lo siento –se disculpó Edward.

-¿Cómo es la novia de Edward? –preguntó Esme.

-No creo que deban escuchar eso de mí.

-¿Por qué no? Tú eres la que la conoce –dijo amable Rosalie.

-Bella no es mi personaje favorito. Por favor, no mal interpreten. Ustedes la querrán mucho y la cuidaran como a un miembro de su familia, pero yo prefiero no interferir en su relación.

-Así que vienes aquí a decirme que la hija del jefe Swan será mi compañera, pero no la soportas –dijo divertido Edward-

-¡No! Yo no dije eso. Ella es linda. Te enamoraras de ella por algo, pero entiéndeme Edward. Yo no soy tú, no quiero influir en tu decisión, al fin y al cabo es tuya.

-¿Entonces por qué quisiste contarnos esto? –preguntó Carlisle.

-Lo hice para que estén prevenidos. Sera su decisión hacer algo o no. Isabella llegará a mediados del siguiente semestre, en marzo. Edward no podrá leer su mente y bueno, tengo que admitir que ella es un inmenso imán para los problemas. La muerte la tendrá entre ceja y ceja.

-No logró verla con nosotros –dijo Alice.

-Es porque aún no se ha tomado la decisión de venir. En febrero se casará la madre de Isabella y después de eso ella planteará venir a vivirse con su papá.

-Sí, quizás sea eso –Alice hacia puchero- Sólo te veo a ti con nosotros –sonrió-

-¿Qué? –dije sin entender-

-¿No creerás que te vas a librar de nosotros?

-Nadie puede escapar de ti Alice, no hay forma.

La mayoría se rieron y Alice hizo un puchero.

-Creo que ya es hora que me vaya –mire mi reloj y me levanté-

-Una última pregunta –dijo Rosalie- ¿Cómo sé que no nos traicionarás?

La miré detenidamente y tomé varias respiraciones.

-Porque en este momento son lo más cercano que tengo a una familia –dije sincera.

Las dos mantuvimos nuestras miradas y luego ella miró a Jasper, noté una pequeña inclinación de su parte. Lo entendía, Jasper era el detector de mentiras y Rosalie la asesina.

-Bien. No intentaremos matarte.

-Supongo que gracias –dije algo confundida.

Después de eso me fui a mi casa. Charlie me pregunto que si desde cuando era amiga de los niños Cullen y sólo le dije que Alice era muy linda y divertida. Me daba cuenta que le agradaban y lo entendía, para los pobladores de Forks, los Cullen eran ejemplares.

Al día siguiente Alice estaba en mi puerta en el segundo que acabe de desayunar.

-Hola Alice –dije sin poder creerlo- ¿Qué haces aquí?

-¡Hola! –Me abrazó- vine a secuestrarte –dijo emocionada-

-¿Debería tener miedo?

-Mucho –apareció Edward- deberías correr por tu vida.

Me reí, mientras Alice fulminaba con la mirada a Edward.

-Entonces chicos ¿Qué hacen aquí? No me mal entiendan, me agrada verlos, pero…

-¡Buenos días Charlie! –saludó Alice

-Buenos días Alice –sonrió y miró a Edward-

-Buenos días, jefe Swan. Soy Edward Cullen.

-El compañero de clase de Juliet.

Edward me miró divertido. Ahora me arrepentía de la información que le había dado a Charlie.

-Ya que hoy es el día de descanso de Juliet. Queríamos ir de paseo a Seattle –explicó Alice-

-Pero hoy no es mí.. –Me callé en cuanto Alice me miró-

-Carlisle, lo arregló –me susurró Edward-

Alice como siempre se salió con la suya. Ella y yo subimos a mi habitación, en cuanto vio donde dormía, empezó a criticar todo. El espacio, la cama, la ventana, el aroma a humedad, el closet, mi escasa ropa, según ella. Todo. Era verdad que mi habitación no era la mejor del mundo, pero no quería estar en el cuarto de Bella. Temía tener que compartirla con ella y eso sí que no. Yo no quería ver a Edward y a Bella juntos y menos cuando él la llegue a ver mientras duerme. No lo soportaría, era verdad que no lo amaba, pero si me gustaba.

-Alice, basta, por favor. No quiero que te escuche Charlie –dije preocupada.

-En cuanto Esme sepa que vives así –negó con la cabeza- ella lo arreglará y yo claro –se rio-

-Alice, no. Esme ya ha hecho mucho por mí –Tomé la ropa que me había escogido y me fui al baño. Cuando salí Alice insistió en arreglar mi cabello y maquillarme.

-Si no tuviéramos prisa, haría mejor mi trabajo –decía algo molesta Alice.

-Hagas lo que hagas, siempre me veré hermosa con tu ayuda Alice. Tus manos son mágicas –le sonreí y ella se veía satisfecha.

-¡Lista! Vamos Charlie ha estado entrevistando a Edward sobre qué tipo de relación tiene contigo.

-¿Qué? ¡Oh no! –Tomé mi bolsa y casi me caigo de la escalera, si no fuese porque Alice me sostuvo- lo siento –baje y encontré a Edward siendo interrogado por Charlie.

-¡Tío Charlie! ¿Qué crees que haces? –Gruñí. Tome el brazo de Edward- nos vamos. Ahora –Él muy bruto sólo me sonreía divertido- adiós –Casi arrastré a Edward hacia la salida, aunque obvio yo no podía hacer eso, él se dejó.

-Vámonos. Hay mucho que hacer hoy. Adiós Charlie –se despidió Alice.

-Hasta luego, jefe Swan.

-Recuerda lo que hablamos, muchacho.

Volví a gruñir. Alice se subió atrás en el auto y cuando estuve a punto de seguirla, ella cerró la puerta y Edward me abrió la puerta de copiloto. No dije nada y sólo entré. Miré el auto y no pude evitar sonreír.

-Me gusta tu auto –le dije a Edward.

-Gracias –conducía a su casa-

-¿Y a dónde vamos? –miré a Alice.

-De compras a Seattle –dijo como si fuera obvio-

-Cierto, como pude creer otra cosa –me reí.

Me gusto la sensación de la velocidad a la que iba Edward. Tenía la certeza de que no moriría mientras él condujera, sin importar la rapidez. Llegamos a la casa Cullen en pocos minutos.

-Me gusta como conduces –sonreí cuando se detuvo el auto- siempre me gusto la velocidad, pero ahora es segura.

-¿Y qué más te gusta de Eddie, Juliet? –Dijo Emmet-

-¡No me digas Eddie! –gruño Edward.

No pude evitar reírme. Era divertido ver a Edward molesto. Entre a la casa y abrase a Esme en cuanto la vi.

-Buenos días Esme –sonreí.

-Buenos días, Juliet ¿Lista para ir de compras con Alice?

-No hay nada en este mundo que me prepare para este maratón, Esme.

Ir a Seattle en un auto conducido por un vampiro fue toda una locura. En el auto de Edward, sólo íbamos él y yo. Aún no sé cómo paso, pero Alice tiene todo que ver en eso. Ya que había comentado que me gustaba el auto de Edward y además como conducía, bueno. Ahora él era mi chofer asignado.

-Lamento que te hayan encargado de mí –le dije apenada.

-¿Te molesta venir conmigo?

-No, claro que no. Es sólo que siento que por mi comentario, estas siendo obligado a tener que aguantarme.

-No eres una molestia.

-Gracias.

-Entonces cómo van tus teorías.

-Un universo alterno va ganando. No creo que mi cerebro tenga tanta imaginación, como para recrear todo esto en coma.

-En tu mundo ¿Existo? –Asentí- ¿Cómo soy?

-Lamento informarte que sigues siendo deseable para cada mujer del planeta. Eso no cambia ni aunque seas humano –me reí- aunque allá tienes la ventaja de no leer sus mentes y escuchar sus pensamientos hacia ti.

-¿Para cada mujer en el planeta?

-Todas y cada una.

-Eres actor, creo que tienes como veinte y algo de edad. Eres inglés; tienes, si mal no recuerdo, dos hermanas. Eres canta autor y tienes la manía de jugar con tu cabello todo el tiempo. Por lo mismo, Nunca estas peinado. Aunque –lo miré- eso sigue siendo igual aquí ¿No? –me reí.

-¿No tuviste miedo de decirnos lo que sabes?

-Claro que sí –él asintió- pero no de que me matarán, si no de que no me creyeran. Temía que Carlisle me enviará al loquero. Sé que estoy medio loca, pero aún no reúno todos los requisitos para estar en la granja de risas.

-No creo que eso pasará. Cuando Alice nos dijo lo que ocurría, no podíamos creerlo. Antes ella te había visto interactuando con nosotros, pero nada más. Cuando te vi en su visión, te creí loca, lo admito. Pero sabes de las visiones de Alice y de mi capacidad para leer la mente, eso sólo te lo pudo contar uno de nosotros. Por eso te creímos.

-Además del hecho que Jasper, sabe que no miento. –Edward me miro asombrado- Él puede saber mis sentimientos, es cómo un detector de mentiras. Ustedes pueden escuchar mis latidos, pero los nervios y otras emociones son más eficaces.

-Eso también ayuda –Edward se estaciono y espere a que abriera la puerta-

-Gracias –le dije al bajar y fui a reunirme con Alice-

-¡Empecemos!

Vi el rostro de dolor de los chicos y me reí de ellos, antes de que Alice me arrastrara por todas las tiendas. Yo no era como Bella, si le había dejado en claro a Alice que no quería que gastara mucho en mí, pero es como hablar con una pared y ninguno fue de ayuda, todos dijeron que no me preocupara por los precios. Así que habíamos acordado que me dejaría comprar cosas que me gustaran y que realmente fuera a usar en los próximos meses. Nunca en mi vida me había probado tanta ropa. Era divertido, no lo negare. Me sentía una princesa.

-Necesito un descanso –me senté en unos de los muebles de espera, junto a los chicos-

-¿Cansada? –Preguntó Emmet-

-Sí, ya me duelen los pies y aún falta más de la mitad del centro comercial.

-Te dije que debías correr.

-Sabes que no hubiera funcionado, Edward –suspiré derrotada.

Miré las bolsas que traía Edward, luego observé como Alice entraba al probador. Sonreí rápidamente. Tomé las bolsas de Edward y las dejé en el suelo. Podría notar la duda en su rostro. Me levanté como rayo y lo jalé de la mano.

-¡Corre!

Sólo escuche el gritó de Alice, mientras me reía al escapar de ellos. No sabía cómo, pero Edward y yo habíamos acabado al otro lado del centro comercial. Por el momento estábamos fuera de peligro, en cuanto Alice nos pusieras las manos encima, estábamos muertos. Dejé de correr y me apoyé en una pared, respiraba agitadamente y reía, era bastante difícil respirar por lo mismo. Pero había sido muy divertido. La adrenalina en mi cuerpo aún no se iba. Edward me miraba sonriendo.

-Gracias, pero sabes que nos torturará ¿No?

-Sí, pero tenemos unos minutos para nosotros.

Edward alzó una ceja.

-No, no para nosotros. Quiero decir a solas.

Ahora también sonreía de lado.

-No nosotros, si no lejos de ella –gruñí- vampiro tonto –susurré y se rio de mí.

-¿Qué quieres hacer? –Miró alrededor- allí está la tienda de música.

-Hasta que dices algo inteligente –me separé de la pared- vamos, en las cosas que me trajo Charlie. No había nada de música.

Entramos a la tienda de música y empecé a recorrer los muebles llenos de discos. Escogía algunos que había tenido y otros que parecían interesantes. Edward me daba su opinión sobre algunos discos, pero su opinión era de alguien que tenía 100 años, no contaba para mí.

-Ok, ok. Los clásicos siempre serán buenos, pero me gusta bailar Edward. Lo siento, aunque no te guste. Voy a comprar este disco –lo metí en la pequeña cesta de mis discos.

-También puedes bailar escuchando música clásica.

-No lo creo –me burlé de él.

Me miró serio. Se alejó de mí y fue hasta un estéreo, puso el disco que quería y regreso hasta mí. Me quitó mi cesta de compra y tomó mi mano. Me arrastró hasta una parte oculta por un mueble lleno de vinilos y tomó mi otra mano y la puso en su hombro.

-¿Qué?

-Ssshh –puso su mano en mi cintura y me guiaba mientras bailábamos.

-Esto es divertido –sonreía- nunca había bailado así.

-Bailas muy bien –le aplasté el pie.

-Lo siento –dije apenada.

-Tranquila, no dolió –me dio una vuelta- te saldrá mejor con la práctica.

Seguimos bailando hasta que Alice llegó y nos miró furiosa. Tenía los brazos cruzados. Esperaba una explicación.

-Yo lo arrastré, Alice. No te enojes con Edward, además venimos a comprar discos. Así que seguimos de compras.

-No, venimos a comprar ropa.

-Entonces la joyería y las dos últimas tiendas de accesorios eran innecesarias.

Ella me miró horrorizada. Alice empezó a recitar los cánones de belleza en la moda y miré a Edward derrotada. Él se encogió de hombros, dándome a entender que estaba igual.

-Tienes razón, Alice. Lo lamento, pero necesito música en casa, si sigo escuchando más juegos, entrevistas, repeticiones y programas de deportes. Te juró que me disparo con el arma de Charlie.

-No juegues con eso –dijo serio Edward.

-Bueno –hizo una mueca Alice- pero me lo vas a recompensar –entrelazó nuestros brazos- hay un vestido hermoso que será perfecto para el baile de inverno caminamos hacia la salida.

-Está bien, pero debo ir por mis discos.

-Tranquila, Edward se está encargando de eso.

-Pero…

-Nada. Los dos me lo deben –hacia puchero-

-Ok ¿Dónde está ese maravilloso vestido?

Alice me llevo a una tienda exclusiva en el centro de Seattle. Eran vestidos sacados de un cuento de hadas, telas que llamaban a tocar y vestidos que sólo se veían en revistas. Brillaban como joyas. Me sentía como gato, entre más brillaban, más los quería. Estaba en el paraíso de vestidos. Los chicos como siempre estaban esperando, sólo que esta vez en una pequeña sala para nosotros. De verdad esta tienda era única. Según Rosalie, está tienda tenía ropa de todos los diseñadores y cada planta del edificio, estaba dedicado a una sola cosa. Así que estábamos en el piso de los vestidos. No era la primera vez que venían los Cullen, sobre todo por las miradas que le tiraban a Edward. Al parecer sabían, que era el único soltero. Porque miraban con miedo a Rosalie. Eso sólo indicaba que ella les había dejado muy en claro que Emmett era suyo. Jasper era guapo, pero por su cara de dolor nadie se atrevía a mirarlo. Por lo cual sólo quedaba Edward. Su cara de fastidio, me dio a entender que cosas pensaban.

-Edward ¿Quieres que te ayude? –susurré

Él me miró con frunciendo el ceño y sólo asintió levemente. Una de las chicas se animó a acercarse a Edward, se había desabotonado dos botones de su blusa y se había subido la falda. Edward miraba asqueado el suelo.

-Buenos días –le sonrió a Edward- ¿Deseas que te ayude con algo? Puedo mostrarte el área de caballeros, personalmente –dijo con una voz melosa y sexy.

-No es necesario –me acerqué a ellos y entrelacé mi brazo con el de Edward- Yo me encargó de él, personalmente –dije aclarándole-

Me miró sorprendida y luego hacia sus compañeras.

-Yo creo que tu hermano no necesita estar aquí, mientras…

Levanté mi mano frente a su cara para callarla.

-Él no es mi hermano –la miraba cada vez más molesta.

-¿No?

-No vine aquí a contar mi vida privada.

-Dis… disculpe –se alejó molesta y fue con las otras chicas-

-Ahora te odian –me susurró Edward.

Me encogí de hombros, indiferente. No me interesaba lo que pensaran desconocidas de mí, al cabo no las pensaba volver a ver.

-Yo no puedo escuchar sus pensamientos, así que por mí está bien. Lo importante es que ya no escuchas todas las posiciones en las que te quería en su cama –Edward me miró sorprendido.

-Es obvio que eso quería, no era necesario leer su mente.

-Juliet, vamos. Deja de jugar –decía divertida Alice.

-Ya voy.

Solté a Edward y fui con ella a probarme el vestido que quería para mí. Ella tenía una pequeña montaña de vestidos preparados para mí. La mire con un poco de miedo y Esme sólo me sonrió comprensivamente. Nadie podía detener a Alice cuando quería jugar a las muñecas y yo, era su nueva muñeca.

¡Hasta el próximo capítulo!

Sus comentarios, son mi apoyo :)