Disclaimer: Phineas y Ferb no me pertenece y sus personajes tampoco.

Y la imagen de este Fic, le pertenece a "Vanillarouge", usuario de DeviantART.


Categoría: Romance, Drama, Humor.

Cursiva: Pensamientos, susurros o recuerdos lejanos.

Cursiva en negrita: Charlas por teléfono y letras de canciones.

Pareja: Todo gira entorno a el pobre de Ferb y su eterno amor, Vanessa.

Advertencia: Posible lenguaje soez.


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Un verano demasiado largo.


Capitulo tres: Tu ausencia y presencia me agotan.


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Un paso para atrás. Otro para adelante. Dio repetidamente otros cuatros antes de detenerse y apretar sus puños, cabizbaja. Tal vez había sido mala idea… después de todo, podría haberle dado cualquier pobre excusa a su amiga pelirroja, decirle de una gripe contagiosa o de un terrible dolor de estómago, sin embargo… en esos momentos, aquella invitación dirigida por los propios labios de Stacy, le pareció lo más común del mundo, algo demasiado inofensivo y si se podría decir… incluso aburrido. Oh sí, porque ella era exigente con las fiestas y la mayoría de las que presencio, fueron una completa pérdida de su tiempo. Pero lamentablemente para ella, ese no era el punto ahora.

Estúpidamente sin pensar con la cabeza fría, esa misma noche empezó a prepararse para todo. Duro toda una hora eligiendo su ropa para la ocasión, probó casi todo su vestuario y casi a su última instancia, encontró un perfecto atuendo para ella. Posteriormente, se vistió en un santiamén, peino cuidadosamente su cabello castaño, dejándolo preferiblemente suelto, a merced del frío viendo de Danville y finalmente por ultimo pero no así, menos importante, antes de salir se dio un vistazo en su espejo de cuerpo, feliz sin siquiera pensar en las consecuencias con las que estaba acarreando ahora.

No solo era la fiesta bienvenida de Candace, la idea cruzo como un rayo de pronto.

También era la de sus hermanos. Y eso conllevaba a encontrarse con Ferb Fletcher.

A una cuadra, se detuvo en seco. Toda esa porquería que llamaba realidad cayó sobre ella como un balde de agua, igual a la sensación de cuando la ilusión es rota por la dura desilusión o cuando toda esa pacifica felicidad es rota por una mala noticia, una que puede arruinar tu noche de planes. Bueno así era la sensación.

No es que le desagradara el chico, solo que… sabia de aquellos sentimientos de los cuales él profeso por ella un día. Sí, un día antes de que él partiera a comenzar la universidad y ella también lo hiciera para empezar a la otra mañana un nuevo semestre. Las imágenes difuminadas chocaron suavemente en su mente, parecidas al final feliz de una película de romántica, pasaron rápidamente en secuencias. A un día de entrar a la universidad, ella se encontraba en el aeropuerto lista para abordar el avión sin embargo cuando él llego y se confesó… todo se fue hacia abajo, claro que desde mucho antes, cuando ella era una adolescente intermedio y él apenas un pre adolescente, obtuvo la ligera sospecha de sus sentimientos para con ella. Pero su mente en esos tiempos llegaba solo a una conclusión: un simple coqueteo inocente.

¡Vamos! O sea, todos nosotros siempre nos sentimos atraídos por alguien de pequeños pero… ¡Hasta ahí llega todo!

Pues al parecer Ferb no es de esos, puntualizo su consciencia.

Sin tiempo y gracias a la interrupción de los amigos del chico, no pudo hacer o responder a la confesión de Ferb y por un momento lo agradeció porque en esos lentos minutos, su mente quedo totalmente en blanco durante mucho tiempo, incluso más del que ella hubiera querido. Segundos, minutos, horas, días, semanas... e incluso meses, que no evitaba recordar un borrador del escenario y las diluidas palabras con las que él se había confesado.

Pero actualmente todo se remontaba en ese justo momento, en donde ella se encontraba parada, pisando el gélido cemento de la vereda. ¿Qué momento vergonzoso le esperaría si decidía entrar a la fiesta?

Bueno… ha pasado el proporcionado tiempo como para que Ferb se hubiese olvidado de sus sentimientos, aquella idea la animó y a la vez provoco un quejido lastimero dentro de ella. ¿La razón…? Era desconocida. Pero de pronto pensar en que el chico que tenía fama de Don Juan y hasta había llegado a mimarla en todos sus deseos indirectamente, olvidándola… le provoco como consecuencia algo de frustración y una mueca de disgusto e insatisfacción.

Pero, ¿Por qué pensab…

¿Vanessa? — un gran susto. Una voz grave y dudosa la saco de sus pensamientos y rápidamente levanto su cabeza para encontrar al otro lado de la vereda, descansando a un lado de la pequeña entrada de madera, a Jeremy Johnson mirándole con intriga hacia ella. Diablos, por su falta de ingenio y sigilo había sido descubierta y lo más seguro era que ya no podría dar marcha atrás ¿Ahora como escaparía de esa cuando su plan de retirada ya estaba siendo formulado?

— ¿Jeremy…? — se acercó torpemente, tartamudeando nerviosa —. ¿Cómo va todo? — improviso lo que por su mente avanzo con prontitud. Vio al rubio sonreír ligeramente sin borrar de sus cejas levantadas y de su entrecejo fruncido la curiosidad y las ganas de cuestionar si la que se encontraba bien era ella. Vanessa mordió sus labios ligeramente y mirando hacia abajo con incomodidad, pronto supo que había hecho el ridículo, moviéndose de un lado a otro con la cabeza gacha y refunfuñando de vez en cuando por la vereda ligeramente alumbrada.

Sin embargo, al levantar su mirada para conectarla con la de él, lo vio sonreír con más seguridad mientras que con sosiego relajaba sus cejas. Él reposo la palma de su mano en el hombro pálido de ella, alentándole con la suficiencia para darle seguridad — Tranquila Ness, dudo que él te odie — su cabeza se inclinó, pensativo. Ness… el apodo que Jeremy le había otorgado. De pronto sonrió al recordar como Candace rodo sus ojos, frustrada por ser la excluida de los famosos apodos de su novio — Tal vez te sientas mal pero no te desanimes — por ultimo sonrió, apretando la palma en su hombre como apoyo — Tú no eres una mala persona.

La verdad, tengo un padre genio malvado que sería para mí un ejemplo del que yo tendría que crecer… ¿Eso cuenta?— Gracias por alentarme.

— Para eso están los amigos. Ahora, ¿Qué te parece si entramos? — ella asintió después de dudar un momento —. Me escabullí de Candace y Stacy por un momento. Ya sabes, hablaban cosas de chicas — con una sonrisa pegada a su rostro, rodo los ojos abriendo la entrada, expectante aun en su lugar, esperando porque Vanessa diera sus primeros pasos dentro del patio para después pasar él, cerrando la puerta tras sí.

En el jardín, Vanessa pudo presenciar a una gran multitud regada por todo el lugar. Bueno… Phineas y Ferb tienen muchos amigos ¿No?, pensó casi boca abierta, sorprendida por el sinnúmero de personas, todas haciendo una acción diferente. Unas bailaban al ritmo de la tonada en una pista de Led multicolor, otras charlaban en bandas separadas e iban de diferentes tamaños, de grande hasta pequeños grupos, reían, comían, tomaban bebidas de la mesa central de botanas y zumos, correteaban ¡Hacían una infinidad de cosas! Se tomó un tiempo para formar su típica sonrisa aliviada en su rostro ante el paisaje que contemplaba. Desde el momento en que llego a Danville, sabía que las personas no eran normales.

La música que resonaba de un gran Hi–Fi, sonaba más fuerte que antes de entrar y apenas podía escuchar lo que Jeremy decía cerca de su oído para evitar repetir. Sabía que era algo acerca de Candace y su paradero.

— La última vez que las vi, estaban sentadas en uno de los muebles de por allá — Jeremy señalo una sección del jardín, apartada de casi toda la multitud que se encontraba levantada; lejos del centro de baile, era una zona llena de sillones. En donde muy pocos, estaban sentados ahí y ninguno de ellos era Candace o Stacy.

Genial…— Vanessa murmuro con hastió. Digamos… que no era muy paciente en la tarea de buscar personas perdidas entre el gentío. Le dio un vistazo a Jeremy que aún seguía a su lado, miraba a su lado izquierdo con los ojos entrecerrados, tratando de visar entre la muchedumbre a su novia de cuello largo y de cabellera rojiza y pues claro… también a su inseparable, amiga asiática. Sin perder tiempo pensando en tonterías, tomo algo de determinación y empezó a ejercer la misma acción que el chico de buscarlas a su alrededor con la vista.

— ¿Vanessa? — y un segundo susto la tomo de sorpresa ¿Qué tenía todo el mundo hoy con su nombre? O… ¿Es que ella era la paranoica de que hoy ese nombre fuera pronunciado por... — ¡Oh dios, eres tú! — giro su cabeza hacia Jeremy, quien también se giró sobre sus talones lentamente descubriendo a sus espaldas a una Candace emocionada correteando y pasando por su lado, para abrazar a la chica gótica y a una Stacy siguiéndole el paso más atrás, con tranquilidad y una sonrisa satisfecha en su rostro — ¡No sabes cuánto te he extrañado!

Vanessa sonrió finalmente con sosiego, correspondiendo el abrazo de su amiga — Yo también te he extrañado, Candace.


— Bueno — descontinuo la conversación para carcajear — Así fue como hice para no llegar tarde ¡Lo sé, toda una aventura! — después de terminar su historia, su pecho se llenó de satisfacción al oír la risa de todos. Hace rato atrás el grupo se había incrementado cuando llegaron Coltrane y Jenny Brown para integrarse al grupo. Se encontraban sentados en el área de sillones, charlando sobre cualquier tema que les pudiera entretener, sin embargo la única persona del grupo que se ganaba el puesto de la reina de los temas interesantes era Candace Flynn, contando sobre todas sus desventuras.

Oh oh oh, cuenta la de esa vez cuando tuviste que viajar a Antártida por culpa de Phineas y Ferb — Todo el grupo volvió la vista a Stacy quien hablo, inclinándose entusiasmada mientras salía un poco del abrazo de Coltrane. Todos asintieron emocionados, menos Vanessa que solo carraspeo y se encogió un poco en su asiento ante el comentario de la asiática. Tal vez era la trigésima vez que pronunciaban ese nombre y sabía que era inevitable mencionarlo ¡menos cuando hablaban de las desventuras de Candace… Candace Flynn! O cuando se encontraba en la mismísima casa del "diablo" por así decirlo… Bueno, está bien, era mucha alteración por parte ella y eso le hizo pensar que tal vez se estaba estresando por nada, aun cuando no lo había visto en toda la noche.

Tenía que darse un tiempo para pensar en otras cosas ¡Se iba a volver loca si seguía pensando en Ferb Fletcher! Con mucho cansancio, suspiro a la vez que miraba hacia el suelo, solo tenía que pedir un momento el baño, encerrarse un momento, pensar, lavarse la cara y alentarse un poco mientras miraba su reflejo con determinación. Exacto, eso era lo que tenía que hacer.

— ¿Pasa algo? — susurro su amiga del cabello rojizo a su oído, preocupada. Gracias a dios, la tenía un lado y solo ella supo que tenía un problema existencial; nadie más se percató de que algo le pasaba.

Vanessa hizo su mejor esfuerzo por sonreír — Solo necesito el baño.

Sabía que nunca jamás, su amiga le iba a creer y su cara se lo podía confirmaba — Ajam, es la primera puerta a la derecha, subiendo las escaleras — su voz sonó desinteresada y a la vez algo preocupada. La chica gótica asintió, captando la información — Cuando termines, vienes y me cuentas la verdad — ordeno, resaltando lo último.

Sabía que en algún momento lo tenía que hacer


¡Bah, no sabes nada sobre las buenas películas! — Esta vez fue Buford peleando con Baljeet. La sarta de tonterías iba aumentando cada vez más. Él, como siempre no pudo evitar quedar de espectador ante todo, al fin y al cabo, él siempre seria así. Sentado en un cómodo sofá del comedor, se quedó pensativo un minuto mientras saboreaba el agrio gusto de la cerveza en su mano. Pero él no quería pensar… no en esos momentos, al menos no sobre ella. Por eso su mirada se volvió hacia el comedor y parte de la cocina, ver el desastre en que se habían convertido esos tres, era divertido. Incluso él no pudo evitar que una sonrisa se escapara de sus labios.

Pero casi de inmediato, su entrecejo se frunció y su boca formo una mueca, haciéndole ver el cansancio en su rostro. Entre ellos, le sorprendió mucho más su propio hermano... Sus parpados exiguamente abiertos, demostraban mucho más el agotamiento en la cara del chico, dejando ver, sus acuosos zafiros, perdidos en la cabeza sin fuerzas de moverse, descansaba duramente contra la incómoda mesa del comedor. Aquello… además de penoso, era la suficiente evidencia para Ferb de que su hermano, ahora era esclavo de algo más que los simples efectos del alcohol

Hermano, me siento mal… — y ahí estaba el hecho oficial. El susodicho apenas y pudo arrastrar aquellas exigentes palabras entretanto se levantaba del taburete tambaleándose en dirección hacia lo desconocido.

— Creo que ha sido mucho por esta noche — murmuro Ferb que se levantó con parsimonia de su asiento y dejaba la bebida en la mesa para ir a auxiliar a su hermano. En el ínterin, Buford y Baljeet sin decir nada de nada, solo quedaron tirados en sus respectivos lugares y allí, prefirieron caer rendidos ante los brazos de Morfeo. Tomando la iniciativa, él chico coloco uno de los brazos de Phineas alrededor de su cuello para ayudarle a caminar — Apóyate de mí, te voy a llevar a la habitación y recuerda que tendremos que subir escaleras — Phineas solo asintió derrotado. Ferb les dio una última mirada a los chicos antes de salir con su hermano a cuestas del umbral.

Tan penosamente y a la vez graciosamente, ebrios.


Tap. Tap. Tap. Pudo escuchar su taconeo perfectamente al cerrar tras sí, la puerta corrediza anexa al jardín. Ahora todo estaba mejor e incluso podía escuchar con claridad sus pensamientos, la música había cesado un poco y dejaba escuchar el embriagador silencio que ella hubiera querido desde hace un buen rato. Se quedó en su sitio un momento, analizando el salón en donde se encontraba, nunca antes había entrado a la casa de los Flynn–Fletcher, sin embargo por lo que podía apreciar, tenía un buen cuidado y una bonita decoración.

Recordando las palabras exactas de Candace, siguió la dirección que le había dado para llegar al baño — La primera puerta a la derecha, subiendo las escaleras… — susurro, saliendo aventurada del salón y entrando a una sala nueva, donde se apreciaba la puerta principal de la casa y a su lado, la escalera; además de otra sala pegada a su izquierda a centímetros de la puerta, no se apreciaba mucho su interior sin embargo por lo que pudo ver al entrecerrar los ojos, podía ser posiblemente la cocina. Recuerda el baño. Volvió su vista hacia el segundo piso de la casa y comenzó a subir las escaleras.

Tap Tap Tap. Su taconeo al impactar con la madera lisa de la escalera, se escuchaba más fuerte y comenzaba a ser molesto y vergonzoso al ser el único ruido de la silenciosa casa. Mordió sus labios y maldecía a cada Tap que sonaba al impactar con cada escalón, Solo un escalón más y no sonara más, lo prometo.

La primera puerta a la derecha, la voz de Candace sonó en su mente.

Al llegar al último escalón, quedo hipnotizada un momento, calificando con sus ojos el segundo nivel de la casa. Era un largo pasillo que seguía hasta cruzar y perderse a la derecha, con muchas puertas a los costados, separadas cada una de la otra, por cierta distancia en donde había varias fotos familiares en cada de esos espacios, Vanessa supuso entonces que, seguramente la madre de la familia los había colocado por decoración y tenía que admitir, le daba un toque ¿acogedor? al lugar.

Volvió su cabeza a la primera puerta a la derecha. Bueno, Candace conocía su casa, no podría equivocarse. Trago saliva, se arriesgó y dio algunos pasos para llegar al pomo de la puerta.


— Hay una batalla naval en mi estómago — aulló.

— Estoy seguro de eso.

— Creo que vomitare.

— Bueno… — pensó en sus palabras un instante. Subieron otro escalón — Tienes suerte de que el baño este cerca — Phineas soltó un quejido mientras se sujetaba el estómago.

Ferb se abstrajo en sus pensamientos mientras miraba el escalón actual. Había estado pensado en algo único desde que la noche cubrió todo el atardecer y con ello el sol. Aquello en lo que su mente cavilaba iba así: si su hermana era muy amiga de Vanessa, entonces estaba seguro de que ella no dudaría en invitarla a la fiesta de bienvenida y eso le resultaba exasperante sabiendo que su último encuentro con ella no fue agradable en nada.

Con un suspiro volvió a la realidad, dándose cuenta de haber estado subiendo las escaleras con prontitud inconscientemente sin tomar en cuenta de que su hermano difícilmente caminaba a pesar de ir aferrado a él. Mientras esperaba porque su hermano terminara de subir el último escalón, murmuro una disculpa entretanto ofrecía su brazo para que Phineas se apoyara más en él.

Al llegar finalmente al segundo piso, Ferb lo condujo al baño, empero su hermano se detuvo un momento con la vista hacia abajo — Um, creo que está ocupado el baño — menciono Phineas, mas mareado que nunca.

— Genial… — Ferb mascullo incrédulo, mirando también hacia abajo para ver por la rendija de la puerta, el destello de luz prendida. Su hermano se desprendió de su hombro y decidió apoyarse en la pared, a un lado de la puerta. Su cara era un poema, mas blanca que un papel — ¿Nauseas?

Phineas carcajeo realmente sin ganas — Hermano — aclaro, tratando de sonreír mientras se estrujaba el estómago ante el dolor— Puedes hacer un batido con él y repartirlo en la fiesta y ¿Sabes…? Aun así, alcanzaría para más. — dijo casi en un suspiro. El alcohol nunca sería lo de él.

Tal vez debieron ir al baño de abajo en primer lugar, pensóFerb mientras se apoyaba en el otro lado de la pared, a un lado de la puerta. Después de dos minutos y medio de espera en silencio, finalmente abrió sus labios al ver a su hermano tan mal, casi arrodillado en el suelo. Iba y tenía que sugerir aquella idea. Sin embargo al dar un paso hacia adelante, les llamo la atención el sonido al abrirse el seguro de la puerta ¡Por fin, ya era hora! Como en una de esas películas de suspenso que tantas veces vieron, la escena pasó lentamente: El pomo giro en cámara lenta y con ello, la puerta hacia atrás, abriéndose y dejando ver una parte del baño, los azulejos color crema de mamá. Para cuando sus ojos se devolvieron a la puerta después de analizar la cerámica, está ya estaba abierta y en vez de visar la puerta, los dos pudieron apreciar por poco tiempo a una chica de largos cabellos castaños con ojos perdidos en el suelo, al parecer perdida en sus pensamientos. Y que sin querer y sin darse cuenta, choco con el mayor de los hermanos al salir con apuros del baño.

Ella se sobresaltó al sentir como su hombro dio contra algo, devolviendo todo su cuerpo hacia atrás y haciéndola perder el equilibrio. Abrió muy grande sus ojos y de sus labios solo salieron algunos alaridos, sintió caer por un momento.

Y lo hubiera hecho si no fuera por el chico con el que tropezó, quien la tomo de la muñeca y después la jalo devuelta a no solo a la estabilidad, si no a la realidad — Oh dios… lo siento.

Sin prestar atención a las disculpas o a las miradas extrañas de su hermano, Ferb la escudriño por un momento sin soltar su muñeca. La cabeza de ella gacha, mirando hacia al suelo, no le ayudaba mucho a su mente que carcomía en su interior como si algo inusual hubiera en esa chica. Pensó otra vez mientras sus ojos la analizaban de arriba hacia abajo, pensó en sus apenas visibles ojos zafiros, en ese cabello largo castaño obscuro que caía como una cascada hasta la mitad de su espalda, en ese atuendo completamente negro que solo una persona que él conocía usaría. La luz tenue en la segunda planta no ayudaba mucho, entrecerró sus ojos pero inmediatamente los volvió a abrir ante la ocurrencia de su cabeza. Esa chica se parecía demasiado a…

— ¿Vanessa? — la voz de Phineas lo sobresalto a él y a la vez fue captor de su mirada. Todo empezó a correr muy rápido dentro de él, su cerebro, su pulso… su corazón. Ella levanto su vista tal vez mas desconcertada que ellos dos.

— ¿Phineas? — miro al hermano pelirrojo.

El asintió y con una gran sonrisa en su cara, se acercó a la chica trastabillando — Hey nena.

Hubo un momento de silencio.

Con su entrecejo fruncido, Vanessa no dejo de pensar que aquello había sido lo más raro hasta ahora. Ferb tampoco creía lo que su hermano borracho había hecho.

El nunca había sido el chico de los coqueteos. Ni siquiera era bueno haciéndolo.

Ignorando a Phineas, se devolvieron a concentrar en el reencuentro que tanto habían querido evitar. Ella retorno su vista, esta vez con las mejillas pintadas de rubor, a el otro hermano — ¿Ferb? — temerosa, a duras penas su voz salió. Ella le miraba con timidez, por poco tragando fuerte ante tal situación. Y a pesar de la cara de póquer del chico, sus nervios de acero temblaban ante los ojos azules y temblorosos de la chica, aquellos ojos que para su infortunio, lo seguían volviendo loco.

— ¿Vanessa? — Aquello fue más una pregunta retórica. Ella asintió, mordiendo su labio inferior, sin mirarlo. Y aquello lo intrigo, ya que prácticamente no se movía y su respiración estaba paralizada como si algo le inquietara, siguió su vista hasta ver que aquellos ojos zafiros se dirigían a la mano izquierda de él que aun retenía su muñeca. Diablos… quito rápidamente su mano como si hubiera sido quemada. Sus mejillas se colorearon, no tanto como las de ella pero si lo hicieron. Ferb la miro de reojo por unos segundos en los que ella tenía su vista en otra parte. Había cambiado bastante, demasiado hasta el punto de no reconocerla.

Chicos, chicos, chicos — Phineas se abrió paso entre los dos tratando de caminar bien y no lográndolo — Tengo que decirles algo — su dedo índice se levantó más allá de su cabeza y su boca se abrió en una perfecta "o", tomando una gran cantidad de aire. Ferb y Vanessa esperaron por lo que el chico tenía que decir. El menor de los hermanos duro mucho en esa posición, tanto que inclusive llego a parecer una estatua. Y cuando su hermano y la chica gótica intercambiaron miradas de preocupación, bajo muy rápido su mano — ¡Tengo muchas nauseas! — hablo rápidamente mientras colocaba su mano contra su boca, pasando por un lado de Vanessa y llegando veloz al trono.

— ¿Él tiene… — pregunto Vanessa dudosa, buscando las palabras indicadas. Aun avergonzada de estar cerca del chico lacónico.

— Él esta borracho — Ferb termino con sus dudas, llevando una mano a su cabello y revolviéndolo un poco.

Oh.

Solo escucharon las arcadas de Phineas contra el retrete.


Ya era muy tarde.

— ¿Te sientes mejor? — Ferb pregunto por enésima vez. El pelirrojo le miro con agobio, teniendo su cara de que si en serio él estaba bromeando al preguntar aquello. Pasó más de veinte minutos luchando contra excusado, unos diez en calmar sus náuseas y finalmente otros cinco en llegar a la habitación, sin devolverse al baño por un tercer asalto con el retrete. Lo único que podía sentir ahora, era cansancio y un terrible desazón por todo.

— Solo necesito dormir — arrastro sus palabras. Un niño de tres años podía hablar mejor que él en aquel instante — Adiós — estuvo a punto de cerrar la puerta cuando su hermano interpuso la mano, entonces la abrió por completo.

— Phineas.

— ¿Qué?

— Yo duermo en la misma habitación que tú.

¿Si?

— hablo firme — ¿Sabes qué? Déjame pasar — sin esperar a que su hermano le concediera el permiso, se abrió paso por un lado. Entrando en su antigua alcoba y yendo directo a su cama, sin siquiera pensar en cambiarse de vestuario, se tumbó en el lecho. Suspirando de cansancio, mientras cerraba sus ojos y se embriagaba con el placer de sentir algo mullido atrapándolo.

Phineas llego también a su cama e hizo lo mismo que Ferb, solo que con más lentitud y torpeza. Hubo un momento de silencio, tanto que el mayor de los hermanos se preguntó si su mejor amigo había quedado rendido ante el sueño. Sus ojos se abrieron entre la penumbra, tratando de confirmar si sus pensamientos eran los correctos pero aun cuando Phineas estaba boca arriba, no supo bien si tenía sus ojos abiertos o cerrados.

Él también se colocó en la misma posición que su hermano, acomodándose en la cama; ubicando sus antebrazos bajo su cabeza y mirando hacia el techo pensativo.

— ¿Qué paso con Vanessa? — pregunto Phineas, no estando dormido del todo.

— Se fue — la chica gótica había decidido irse a casa después de que Phineas se hubiera recuperado un poco de su regurgitación.

— ¿La acompañaste? — claro.

— Hasta la puerta.

Phineas volteo hacia Ferb, mirándole extrañado — Vaya… que caballeroso — ironizo.

— Sí… bueno — no había mucho que agregar. Ferb mostraba desinterés en el tema, Phineas no estaba tan ebrio como para no notarlo. No quería pensar en eso en aquel momento, no quería pensar en nada en realidad. Tenía una gran migraña.

No había mucho que agregar, siempre había sido así con el chico lacónico y seguramente, siempre será así. Sin embargo, constantemente, en la cabeza de Ferb pasaban muchas cosas juntas a la vez, palabras no pronunciadas, memorias, ideas, entre otras. Y esta no era la excepción, sabía que tarde o temprano tenía que volver a ver a Vanessa Doofenshmirtz, lamentablemente y sin estar preparado, fue temprano para el reencuentro.

¿Cómo decir esto sin contradecirse? Ella había cambiado y a la vez no. Seguía teniendo ese algo que lo hacía viajar a otra dimensión y hacerle sentir como antes, un niño pequeño completamente inferior e indefenso ante… ella, superior y prácticamente una diosa o algo así, como le hacían recordar sus memorias juveniles. Se llevó una mano a sus ojos, tapándolos. Eso era un gran problema, un terrible problema.

¡Después de mucho tiempo, Vanessa seguía haciéndolo sentir como un prematuro!

No. No. No. ¡No!

— Lo mejor es pensar en nuestros problemas mañana, Ferb — Phineas le aconsejo, como si le hubiera leído la mente. Él chico le hizo caso, lo mejor era dejar todo aquello para mañana. Aunque no pudo evitar en pensar si todavía seguía con su novio.

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Buenas… ¿Cómo se encuentran?

¿Qué puedo decir? Lamento el retraso, es que tuve que actualizar mis otros fics, además de problemas familiares y ese tipo de cosas, pero ahora estoy aquí. Tengo lamentablemente el afán de subir después de ver algún Review opinándome de si el capítulo anterior estuvo bien o no, ya que suelo preocuparme mucho por esas minorías. Pero espero que el tiempo y la inspiración estén a mi favor y que ustedes le den una oportunidad a esta historia.

Inspiración: "Anna Molly" de Incubus, "To Binge" de Gorillaz, "Chandelier" de Sia. Y por último "Whithin you" de David Bowie, fue lo que necesitaba para el título de este capítulo, (Que lo encontré de último momento).

¿Me dejas un Review? Me harías muy feliz.