Autora: ineedyoursway
Traducido por: Camila Carrera
Beta: Jocelynne Ulloa (FFAD)
Fanfiction addiction (Twilight)
Charlie finalmente me dejó usar mi coche. Me di cuenta de que a mi coche le gusta resoplar gases misteriosos fuera del tubo de escape (la mayor parte no se parece a algo que pudo estar clasificado como tubo de escape). Me di cuenta de que no podría tener la pintura que quería, mi camión rojo fuerte tendría que notarse como un pulgar lastimado en el estacionamiento de la escuela. Y me di cuenta de que Charlie puso un dispositivo de localización en la cabina del carro que le permite saber exactamente dónde está el coche a toda hora del día. Entonces, en esencia, en realidad no podría usar el coche.
Charlie me compró un teléfono. Mis contactos solo son, la estación de policía (él), y 911 (que casi de inmediato me entregue a él). En realidad era un teléfono muy bonito, también. Uno de esos de marca-flamantes que ves en las vitrinas cubiertas de vidrio en las tiendas de teléfonos celulares. De esos que se les extraen los teclados y de diapositivas y, apuesto a que será capaz de estar flotando con nosotros como nuestros propios demonios personales.
Estaba en mi dormitorio y me senté en mi escritorio color rosa, y me quedé con la mirada fija en mi tarea. Mi tarea me devolvió la mirada hacia mí. Tuve calificaciones despreciables. No hice nada en el primer año. Fui a clase, presté atención, e incluso, en ocasiones, hice la tarea. Excepto en la segunda prueba, el maestro puso la prueba delante de mí, me congelé. Fue como si mi cerebro simplemente dejara de funcionar o se hubiera suspendido, e incluso no podría comprender lo que era un lápiz. Todo el mundo terminaba antes de que yo lo hiciera. Me puse nerviosa las personas me ponían atención porque estaba atrasando la clase, haciéndoles a todos ellos permanecer quietos. Así que devolví el examen a la mitad del trabajo. Y entonces fallé.
El segundo año me di por vencida. Supe que lo mismo ocurriría, así que dejó de importarme. El director había hablado conmigo cada período de calificaciones, él me dijo que tendría que repetir cada clase en la que fallé o si no, no me graduaría. Y entonces tendría que permanecer en la Escuela Secundaria más tiempo Ajá!…
Yo Sabía que la mitad de mi clases de tercer año clases iban a ser repeticiones, así que no estaba sorprendida cuando fui colocada en el historial del estudiante de segundo año, el idioma inglés y español. En cierta forma logré subsistir con las matemáticas y la ciencia, razón por la cual me senté en mi escritorio cada noche preguntándome qué diablos ―un número imaginario daría resultado―. La escuela tenía tutores de matemáticas, pero cuando supe que todos eran estudiantes universitarios y todos eran niños, me arrepentí. No trabajo muy bien con ellos.
El segundo viernes del año escolar fue siempre la última semana para cambiar clases. La mayoría de las personas no esperaban tanto tiempo porque significaba dos largas semanas de trabajo de recuperación, pero pocas personas retardadas tuvieron que esperar sus horarios para ser cambiados. El segundo viernes del tercer año fue igual de indeterminable como todos los demás días del año, hasta que Edward se cambió a mi clase de español. La clase de español que estaba repitiendo... La clase de español que no acerté el año pasado, como estudiante de segundo año mi éxito sería rotundo. Clavé los ojos en la imitación de madera del escritorio, haciendo círculos con mi dedo pequeño, usando mi pelo como un escudo.
―Hola todos.
No acerté español porque nunca hablé. Oh, y porque fui una mierda en las pruebas. Digo, ¿cómo diablos estoy dispuesta a leer una historia cuando está en otro lenguaje? Hey! Hablo Inglés. Espera. Falle en eso, también.
― ¿Como están hoy?
Señaló respuestas con multiples lenguajes incluyendo español, inglés, y el lenguaje secreto de niños.
―Vamos a trabajar con…
Bueno. Revisado apagado. Empezando a soñar despierta. Garabateé distraídamente en mi escrito, un montón de palabras sin sentido siendo inactiva en plan simpático con la página. Tuve una cabeza estupenda de un gato, cuando alguien golpeó su cadera contra mi escritorio, echando abajo mis lápices y mis libros al piso. No miré hacia arriba. Me puse a recoger los libros, tarde o temprano fui olvidada y la clase continuó donde quiera que el maestro la hubiera dejado. Incluso no noté cuándo empezaron a hablar todos los estudiantes porque la clase, para todos, se terminó.
―Bella―. Brinqué del susto en estado de shock. Nadie alguna vez dijo mi nombre… nadie dijo mi nombre alguna vez. Incluso en casa, ya sea Belly o Bells. En la escuela, fui ese Cisne de niña o señorita Swan, o, usualmente, nada. Edward se sentó en mi lado, en realidad se sentó al lado mío .Cuando miré hacia arriba, fue extraño. Era como si nunca lo hubiera visto el aula antes, si bien había estado en esta clase todo el año pasado... Las chicas se tapaban con sus manos en alto, hablan o susurraban. Los niños asintieron con la cabeza el uno para el otro, hablaron de sus juegos, se mostraron el uno al otro, fotos sospechosas en sus iPhones con una sonrisa afectada permanente en sus caras. El maestro se sentó en su escritorio, ingresando a internet desde su computadora mientras intentaba aparentar como si ralamente estuviera haciendo algo. Y Edward; Edward me miró a la derecha.
―Um―. Tosí. En verdad. Me cubrí la boca con mi brazo y me apoyé. Fue vulgar. Probablemente estaba enfermándome.
― ¿Estás enferma?
Me encogí de hombros. ―Supongo.
―Entonces, estaba pensando―. Él insertó su pluma en su boca colocándola entre sus dientes. De arriba abajo. La pluma fue de arriba abajo en medio de sus labios. De arriba abajo. Observé. ― ¿Recuerdas cuando en sexto grado estuvimos en una excursión de estudio y nosotros tuvimos que ser algo así como peregrinos o algo parecido? ― Él estaba actuando como si esto fue normal. No había hablado con este chico desde que fui una perra rugiente con él en octavo grado, y de repente él estaba pretendiendo que esta conversación era algo de todos los días. Esto no era normal.
―Tú, ― él apuntó su dedo en mí, su boca doblando una curva arriba en una media sonrisa. Él incluso dejó escapar una risa ahogada pequeña. ―tu odiabas esos sombreros que las chicas tenían que usar. ¿Los gorritos o lo que sea? Pienso. Sí, de cualquier manera. Y entonces estaba burlándome de ti porque tuviste que llevar puesto ese horrible sombrero. Ese fue un sombrero tan horrible, ¿sabes? Eran tan feos. Y tu pelo se encrespó, estabas tan molesta conmigo que te quitaste el sombrero, lo ataste tan apretadamente a mi cabeza que estaba atragantándome. Estaba tosiendo porque me estaba estrangulando en ese lugar de mierda del peregrino, y estaba tan bien atado que el maestro no me lo pudo quitar sin las tijeras―. Él se rió de su propio chiste. Podría verme los ojos recordando el pasado. No tuve el corazón para decirle que no tenía recuerdos de aquel día en absoluto. Apenas recordé cualquier cosa de antes. Mis memorias fueron básicamente inútiles.
Él dejó de reírse. Él me miró. Su sonrisa descendió.
―No lo recuerdas, ¿verdad?
Me encogí de hombros. ―No.
La campana timbró. Me puse de pie y salí.
Fui una amiga tan horrible. Fui incluso una mala amiga en ese entonces. Estreché mis libros de español contra mi pecho y caminé para la sala de arte. Joder. Uf. La TV estaba encendida en la esquina y todo el mundo estaba cantando en conjunto el anuncio publicitario. Encontré mi lugar en la parte trasera y pegué con cinta adhesiva un pedazote de escrito en el atril. Ataqué dicho escrito con pintura negra. El escrito no fue lo suficientemente fuerte, y se dobló bajo el peso de la pintura. Sus bordes rizados encima y los goteos salpicados encima del piso y encima de mi ropa.
―Es bueno verte pintando otra vez―. Mi maestra era una chica. Ella tenía pelo negro crespo que ella siempre lo intentaba llevar en una cola de caballo, pero parecía que un fuego de artificio había estallado en la parte trasera de su cabeza. Su nombre solía ser Mrs. Gregor pero ella experimentó un divorcio ofensivo durante el verano. Ella vino a enseñar este año con su nombre de soltera, Ms. Miner. A veces cuando ella piensa que nadie está mirando, destroza su viejo arte y lo pone en una trituradora de papel. Pienso que esto le recuerda a él.
Me encogí de hombros. ―Esto no cuenta realmente.
―Deje de encogerse, no es bueno para su columna vertebral―. ¿Qué?
Ella recogió un pincel de pintura limpio y lo bañó en pintura color rojo sangre. Entonces, ella asaltó mi masa negra con ello. Solamente una salpicadura. Una herida con goteo grande atravesando el negro, como un cuchillo para la carne.
― ¿Qué le recuerda esto? ―. Sus pregunta no era una pregunta, era una delcaración. Era porque ella siempre tenía la respuesta en su cabeza y ella solamente la esperaba para leer su mente.
―Sangre. Un corte.
―Espantoso.
―Sí.
―Yo también.
Ella regresó a su escritorio, a recoger algunos pedazos más pequeños de arte y deslizarlos en la trituradora de papel. Uno por uno.
Una vez consideré cortar de un tajo todo mi pelo. Como jalar a una Britney Spears y sólo afeitarlo. Incluso compré una máquina de afeitar. No una máquina de afeitar para piernas, sino una de esas que en verdad usan para afeitar cabezas. Me senté enfrente de mi espejo y clavé los ojos en mi cara, en mi pelo graso. Era simplemente peso muerto. Eso es lo que yo me dije a mí misma. Ya no era una parte de mí. Esto importa. Células muertas. Conecté la rasuradora y la puse en mi frente, el zumbido de las láminas ronroneando. Estaba preparada y lista. Sólo… no lo podría hacer.
No nos permitieron comer en el salón de arte, o si no nunca saldría. Tuvimos que comer en la cafetería. En mi escuela, todos tenemos que comer en la cafetería. Dios prohíbe que dejemos un a miga de alimento en la cafetería. Había señales en todas partes. Ninguna comida fuera de la cafetería. Los empleados de limpieza sólo pueden limpiar la cafetería. Somos todas ovejas y todos nosotros debemos permanecer en la cafetería.
Me senté sola. No es gran cosa, realmente.
Observé mucho a Edward. Edward y Tanya. Comí mi mantequilla de maní directamente del frasco y yo obsesrvé a Edward y Tanya.
― ¿Eddie?
― ¿Si cariño?
¿Por qué les gusta hablar justo detrás de donde me siento?
― ¿Podrías hacer algo por mi?
― ¿Qué necesitas?
―Bien, realmente estamos quedándonos sin espacio en esta mesa… y ella realmente no comparte.
Edward me miró. Su cara transformada en una mueca de disgusto. Él le dijo algo a Tanya que yo no debía escuchar, pero estaba segura de que fue algo como 'pero Tanya ella no tiene amigos. Es por eso que ella se sienta sola. Sin embargo, tú puedes serlo, supongo'.
― ¿No podrías tú por lo menos hablar con ella?
―No puedo prometerte nada.
―Cariño, ¿por favor?
―Lo intentaré.
Me quedé con la mirada abajo. Miré hacia abajo a fin de que no tuviera que chocar con sus ojos. Supe lo que él iba a preguntar. No tenía a donde ir. Tuvimos que permanecer en la cafetería. No podríamos dejar la cafetería. Tuvimos que comer en la cafetería
― ¿Bella? ― Carajo, con esta son dos veces en un día
Miré hacia arriba. Él me miró. Miré hacia debajo de nuevo.
―No lo haré.
―Sí que lo harás.
― ¿Por qué no me hablabas en clase de Español? ¿Por qué Ahora?
―Porque no tuve nada que decir en español. No podría recordar. No puedo recordar.
―Eso está bien.
― ¿Necesitas la mesa?
Él miro a Tanya, quien estaba observando nuestra conversación. Ella apretó los labios y jaló su pelo detrás de sus orejas. Ella sonrió y movió los dedos, y si eso ocurriera en una película que el editor sensato sumaría en un tintineo detrás de ella él le devolvió la sonrisa. No fue una sonrisa falsa. Fue una sonrisa real. Hubo una razón por la que que él gastó un año comportándose servilmente a arrogantes y morales pies.
―Ni si quiera eres cristiano―. No podría creer que acababa de decir eso. Abofeteé una mano sobre mi boca. Él me miraba ahora. Eso lo hizo enojar. La cruz colgaba de su cuello.
―Las personas cambian, Bella. Tú más que nadie deberías saber eso.
―Pero te conozco.
―Me conociste.
―No, yo te conozco.
― ¡No Bella! En realidad no lo haces.
―Estupendo.
Recogí mis libros y salí.
