Capítulo 3
"Los mejores amigos"
Biblioteca. Hogwarts.
En pocos días, llegó diciembre, y con él la cuenta atrás para las vacaciones de Navidad.
Después del encuentro en el pasillo con Neville, ambos habían empezado a hablar y quedar más a menudo, tanto en la biblioteca como fuera de ésta. Neville esperaba que así los slytherins no se meterían tanto con ellos, y no se volvería a repetir una escena como la que se encontró junto a Hermione con James en el suelo tras un ataque de Malfoy. Según él, James era el único motivo por el cual lo aprobaba todo, asi que se merecía algo de protección y amistad por su parte, por mucho que Harry insistiera en no necesitar.
El joven miró a su alrededor, asegurándose de que estaba solo y de que Neville no le había seguido, como había tomado por costumbre aquellos últimos días. Volvía a estar en la biblioteca, pero no estaba estudiando para ningún examen.
Harry pasó sus dedos por la cicatriz de su frente, siempre oculta tras su espeso flequillo. Llevaba casi dos horas allí, devorando libro tras libro, asegurándose de que era capaz de memorizar los hechizos interesantes que iba encontrando. Uno tras otro, en total soledad y concentradose en las palabras escritas, en silencio.
- ¿No te aburres de leer tanto?
"James" dio tal respingo en su asiento que movió la silla de su sitio. Sujetó con fuerza el libro que estaba leyendo contra su pecho, mientras buscaban el origen de esa voz. Al levantar su vista se encontró con unos ojos grises que le miraban fijamente. Draco Malfoy.
- Con razón llevas esas gafas. Es malo leer tantas horas seguidas, ¿no lo sabías? – el slytherin le miró con una sonrisa burlona en sus labios.
El corazón de Harry latía con mucha fuerza. Observó a Draco con extremo cuidado, sin relajar ninguno de los músculos de su cuerpo.
- ¿Hooola? ¿estas sordo? - preguntó Malfoy, pasando una mano delante del gryffindor.
Harry reunió algo de dignidad e intentó relajarse en su asiento, apartando el libro de su pecho y sosteniéndolo en sus manos, apoyándolo ligeramente en el borde de la mesa frente a él.
- N-no se puede hablar en la biblioteca. – dijo Harry en voz baja.
- Ya, claro, pero estamos en el sitio más perdido de la biblioteca, nadie se enterará de que estamos hablando. – le sonrió con picardía.
Draco estaba en lo cierto, no había nadie cerca, nadie a quien molestar si hablaban ni que les pudiese oír, ni tampoco nadie a quien pedirle ayuda si Malfoy decidía hechizarlo. Harry se removió incómodo durante unos instantes, antes de volver a centrarse en su libro, esta vez más nervioso sabiendo que quizás al slytherin no le haría gracia ser ignorado.
- … Siempre que paso por aquí, te encuentro leyendo un libro. Y ya sé que estamos en una biblioteca y que leer aquí es normal, pero me he fijado en que los libros que lees no son de clase. ¿Para qué leerlos si no te van a servir en un examen? - Draco parecía bastante interesado en mantener una conversación.
- Me gusta leer... – dijo el joven gryffindor, mientras se encogía de hombros sin mirar a Draco, y prefiriendo no pensar en por qué el slytherin se ha dedicado a espiar lo que hacía en sus tiempos libres.
- Mmm, ya, claro. - continuó el slytherin, inclinándose hacia él. Por puro instinto, Harry se pegó contra el respaldo de la silla para mantener las distancias, pero seguía observando el libro.
Permanecieron en silencio durante un rato. Harry, aunque tenía el libro abierto delante, no podía pasar de la primera línea sin comprender algo de lo que estaba leyendo.
- Si lo que buscas son hechizos poderosos, tal vez deberías ir a la sección prohibida. - dijo de repente Draco.
Harry bajo su libro ligeramente para mirarle.
- N-no, gracias. - le contestó. Hablaba con una voz tan baja que a Draco le estaba costando escuchar lo que le decía. - ...Además, la sección prohibida se llama así por una razón. – añadió, no sabiendo muy bien por qué seguía hablando con Malfoy.
- Vamos Evans… tú a mí no me engañas, he visto el tipo de libros que lees. Y créeme cuando te digo que en la sección prohibida hay libros más interesantes. No te preocupes, si quieres alguno yo podría conseguírtelos. Tengo algunos privilegios en este colegio…
El joven Potter le miró, sin saber que decir. Malfoy... ¿siendo amable? ¿Y queriendo infringir las reglas del colegio, por él?
- ¿Y por qué harías eso por mí? - no pudo evitar preguntar.
- Evidentemente, no pienso hacerlo gratis Evans. Yo no hago las cosas sin pedir algo a cambio. – Harry perdió el interés rápidamente y volvió a esconderse tras el libro que tenía en sus manos. – ¡Espera! Todavía no has escuchado mi oferta. – protestó ofendido Draco.
Pero era normal que no quisiera tener nada que ver con él. Draco no estaba en la lista de los más apreciados por Harry.
- Te prometo que no es nada humillante, ni fuera de las normas de Hogwarts.
- … ¿d-de qué se trata? – pregunto Harry en voz baja finalmente, intentando no sonar muy interesado.
Pudo ver como Malfoy se ponía algo nervioso, miraba para todos los lados, como si temiese que en cualquier momento iba a ser descubierto. Asegurándose de que estaban solos, el slytherin se sentó justo al lado del gryffindor, mirándole fijamente.
- Escúchame bien, porque solo lo diré una vez, y no quiero que nadie sepa esto, ¿queda claro? – era una amenaza directa. A Harry le empezaron a sudar las manos. Hasta que no asintió con la cabeza, Draco no continuó. – Verás, quiero pedirte un favor... - siseó - A cambio, te dejaré algunos libros interesante de la sección prohibida.
Harry tragó saliva.
- … Te he estado observando... desde hace tiempo. – ese comentario, más que inquietarle, hizo que Harry se sonrojase profundamente, y tener a Draco tan cerca le intimidaba. El slytherin le observaba con genuina curiosidad, y Harry tuvo la sensación de que le estaba analizando meticulosamente. – Ambos sabemos que me detestas, y que siempre me meto contigo. Sin embargo, aquel día me liberaste de un maleficio, por lo que no sé si pensar que eres tonto, o demasiado bueno para tu bien... Eres... no sé, interesante.
Era la primera vez, desde aquella vez cuando ocurrió, que Draco le hablaba sobre aquel día. Aquello fue algo que ambos mantuvieron en secreto, y que nadie más sabía. Al menos, Harry nunca se lo había dicho a nadie (y cuando decía nadie se refería a Neville).
El gryffindor tardó en darse cuenta de que Draco esperaba algún tipo de respuesta por parte suya.
- … ¿E-entonces? - susurró.
Draco rodó los ojos y se inclinó más a él.
- ¿Cómo que entonces? ¿Es que no me has oído? – Malfoy se paso una mano por su cabeza, peinando su pelo perfecto. - Quiero que seamos amigos. - dijo finalmente.
Harry no supo que decir. Sentía cierta desconfianza, como si Malfoy no le estuviera contando el verdadero motivo por el cual le estaba pidiendo su amistad, de entre todas las personas de Hogwarts. Miró a Draco a los ojos, intentando descubrir si todo aquello se trataba de una broma. Pero El slytherin parecía más serio que nunca, y aunque sabía que en el fondo se iba a arrepentir, aceptó sin pensarlo lo suficiente.
Luego, en la soledad de su cuarto, se preguntó una y otra vez por qué había aceptado. Porque él sabía que no debía tener amigos, y aun así le había dicho que sí a Malfoy.
No pasó más de un día, cuando Draco quiso quedar con Evans por primera vez para hablar. James supo que no se trataba de una broma cuando de repente, mientras se encontraba tranquilamente lavándose las manos en el baño de los chicos, Draco le sorprendió por detrás y sin siquiera saludar le dijo que se reuniese con él a las ocho de la tarde en un aula en desuso, cerca de las mazmorras.
Harry no sabía si debía ir o no. Existía una posibilidad de que aquello fuera un plan para volver a ridiculizarle. Quizás, en cuanto entrase en aquella aula, sería sorprendido por un grupo de slytherins y acabaría irreconocible por la cantidad de maldiciones que le lanzarían.
Pero dieron las ocho y se encontró delante de aquella puerta. Detrás, muy seguramente estaría Draco, esperándole, o quizás no. Se removió inquieto en el sitio.
"Por una vez, se un Gryffindor, y entra" se dijo.
Tomó el pomo de la puerta en una de sus temblorosas manos. Suspiró hondo, intentando calmar sus nervios, y entró lentamente.
Allí, sobre un viejo pupitre, sentado elegantemente... estaba Malfoy. Harry miró la habitación con cuidado. No había nadie más. Era una simple aula medio vacía, con las típicas mesas y sillas de madera, alguna estantería desnuda y un par de cajas en un rincón. No había ventanas, y la habitación solo estaba iluminada por una lámpara de gas que seguramente habría traído Draco.
- Entra y cierra la puerta. - le ordenó Malfoy como saludo.
Harry lo hizo.
Después, armándose de valor, empezó a acercarse en silencio hacia el slytherin.
Pero, a mitad de camino, se paró cuando vio que Malfoy sacaba la varita y le apuntaba con esta. Reconoció al instante aquel golpeteo en su pecho cuando su corazón se aceleró. Cerró los ojos como reflejo, esperando que lo que fuera que fuese a hacer el slytherin, lo hiciese rápido.
- Fermaportus – Escuchó decir a Draco, y abrió los ojos en seguida. El sonido de un cerrojo retumbó en la habitación. Draco había cerrado la puerta que había detrás de Evans con un hechizo. - Muffliato – dijo después Malfoy, insoronizando el aula para que nadie que pasase por fuera pudiera oír algo. Satisfecho, Draco guardó su varita de nuevo. Se cruzo de brazos y esperó a James con paciencia.
Aun algo nervioso, Harry caminó nuevamente hacia el slytherin. Dudó un poco, pero finalmente acabó sentándose en otro pupitre, enfrente de Malfoy. Se llevó las manos a su regazo y esperó.
Se hizo un silencio entre los dos. Ninguno sabía qué decir, o qué hacer. Los ojos de Draco seguían observando a James, estudiándolo.
Harry se mantuvo callado sin atreverse a hablar.
- ¿Qué opinas de mí? - preguntó repentinamente Malfoy.
Pillándole por sorpresa y haciéndole palidecer, Harry se tomó su tiempo para contestar. No sabía que esperaba averiguar Malfoy.
Harry juntó las palmas de sus manos en su regazo, y las miró con repentino interés.
- U-um... - murmuró.
- ¿Te caigo bien? ¿Me odias? ¿Querrías tirarme por una escalera si pudieras? Vamos Evans, no creo que sea muy difícil de contestar.
Harry levantó la vista. Malfoy le miraba fijamente.
- Tú me odias. - contestó Harry. No era una pregunta.
Draco no dijo nada. Luego, volvió a hablar.
- ¿Sabías que mi padre fue un mortífago? - preguntó Draco en voz alta. El silencio que se hizo después era aun más intenso e incómodo que el anterior.
- No. - respondió "James" con un nudo en la garganta.
Por dentro estaba aterrado.
- … Yo... le odio. - continuó Draco finalmente.
- ... ¿C-cómo dices? - preguntó el gryffindor a los pocos segundos.
- Le odio. - volvió a repetir, mucho más seguro que antes. - Odio a mi padre. Le odio por haber manchado el apellido Malfoy, por arrastrarse para otra persona, y por querer arrastrarme a mí también junto a él. Odio tener que aparentar ser lo que él quiere en mi propia casa y en Hogwarts, con miedo de que mis propios compañeros de casa me delaten ante mi propio padre. Y sinceramente, ya me estoy cansando.
Harry dejó que Malfoy siguiera con su largo discurso. El slytherin le explicó, sin dar nunca muchos detalles, cómo se sentía, qué era lo que pensaba, qué temía... Básicamente, un discurso que seguramente se habría preparado para quella ocasión sobre cosas que según él no podía saber nadie, solo Harry.
En aquel momento Draco no parecía ser el maléfico compañero de curso que tantas veces le había insultado y martirizado. Le habló durante varias horas... tomándose su tiempo. Harry le escuchó pacientemente, y nunca, durante todo el tiempo que estuvieron juntos, rompió su silencio.
Era media noche.
Cuando finalmente se despidieron, Harry aún no sabía por qué Draco le había contado todo aquello, pero se sintió como si acabase de conocer a una persona totalmente nueva.
Al día siguiente, hablaron sobre quidditch. O más bien, Draco criticaba los equipos de Hogwarts mientras Harry escuchaba.
Dos días después, Draco le habló sobre su madre.
A Harry no le importaba escucharle. Todavía no había descubierto por qué Draco le había elegido a él, a James "el Espantapájaros". Harry se sintió como un psicólogo escuchando a un paciente. Se avergonzaba siempre que, indirectamente, Draco le daba las gracias por lo que estaba haciendo. A cambio de guardar los no-tan-oscuros secretos de Malfoy consigo, Harry consiguió lo prometido: un libro de la sección prohibida.
Cuando empezó a leerlo descubrió casi al instante que no le gustaba lo que había allí escrito, lo cerró y se lo devolvió a Malfoy. Draco le trajo varios más, pero Harry nunca encontraba el valor suficiente para decirle que no siguiera haciéndolo, porque no quería aprender nada de ellos.
Si no lo hizo, fue porque en realidad quería seguir escuchando a Draco, y aquellos libros se convirtieron en una excusa.
Hablando con Draco pudo llegar a conocerle mejor. No todas las "sesiones" que tenía con él eran tan dramáticas como la del primer día. A veces solo hablaban de cosas como qué había comido aquel día, o cuáles eran sus asignaturas preferidas. Harry descubrió que en el fondo Draco no era tan mala persona. Aún guardaba una pizca de desconfianza hacia él por el pasado que habían compartido lleno de maleficios e insultos, y por eso Harry no bajaba del todo sus defensas.
Aunque debía de tener en cuenta que llevaba semanas enteras sin haberle vuelto a insultar o a hechizar, y aquello ya era decía bastante a favor del slytherin.
Finalmente, llego la navidad. Hogwarts se quedo casi vacía, ya que los alumnos aprovechaban estas fiestas para visitar a sus familias. Harry temió que sus dos amigos se irían y le dejarían allí solo, en Hogwarts.
Pero afortunadamente para él, ni Neville ni Draco se fueron.
La familia de Neville consistía simplemente en su abuela, la cual había tenido que ser ingresada en el hospital San Mungo por culpa de una enfermedad vírica, y decidió que lo mejor sería que su nieto se quedase durante todas las vacaciones en Hogwarts. En cuanto a Draco, aún parecía odiar a su padre, así que decidió por su cuenta quedarse en el castillo aquel año.
Harry quiso pensar que se quedó por él, y no por su padre.
Por muy poca gente que hubiese en el castillo, Harry todavía no podía ir en público con Draco, así que se pasó la mayor parte del tiempo con Neville, hablando de cosas, jugando al ajedrez mágico, o haciendo muñecos de nieve.
- ¿Qué crees que recibiremos de regalo estas navidades? – le pregunto Neville de forma casual, mientras ordenaban sus baúles.
- No lo sé... – le contestó Harry en voz baja, mirando el fondo de su casi vacío baúl.
- Yo espero que no sean tan aburridos como los del año pasado. Me enviaron unos calcetines que cambiaban de color según la temperatura de mis pies. ¿Te lo puedes creer? ¿Para qué querría yo algo así? Es más, deben de estar por alguna parte de mi baúl. Nunca los llegué a usar.
Harry sonrió débilmente ante la imagen mental que se le vino a la cabeza de su amigo con unos calcetines cambiando de color como si fuesen camaleones.
Hablaron durante mucho rato, y cuando terminaron de dejarlo todo ordenado, decidieron dar un largo paseo por el castillo, memorizando cada rincón y cada aula por la que pasaban.
- James, ¿no te gustaría montar algún día en escoba voladora?
- Pues… no sé, nunca lo he probado... - dijo algo avergonzado.
- Anda ya... ¿y las clases de vuelo de primer año?
James se puso algo nervioso de repente.
- Las suspendí.
- ¡Qué! – exclamó Neville espantado.
- Pues eso…
- ¡Pero si nadie suspende esa asignatura! ¿Qué te pasó para que suspendieras?
Los pasos de Harry por aquel pasillo se hicieron cada vez más lentos, hasta que finalmente se detuvo. Estaban cerca de la torre de las lechuzas, y se las podían oír desde allí. Era un lugar bastante tranquilo, con amplias ventanas, y un banco de piedra bajo una de ellas que invitaban a sentarse. Sin pensárselo dos veces, Harry se sentó para descansar de tan larga caminata.
- Pues…verás. Es que justo antes de empezar en mi primer año... sufrí un accidente cuando vivía con mis tíos muggles.
Neville se sentó a su lado, escuchando con atención a su mejor amigo, mientras este parecía intentar hacer memoria.
- C-creo... que fue... yo... me hice daño al caerme por unas escaleras... - confesó en voz baja y mirando al suelo.
Inconscientemente, se llevó los brazos alrededor de su cuerpo, pero poco después volvió a colocar sus manos sobre sus rodillas.
- Montarme en aquella escoba solamente me dio dolores por todo el cuerpo. No fue muy agradable. Así que le dije a la profesora de vuelo que no podría hacer su asignatura, y que me suspendiera hasta que pudiera hacerla.
- Hm... ¿y por qué no lo intentas ahora? Ya estás bien... quiero decir, bueno, no te duele nada, ¿verdad? Además. - empezó a sonreírle - Se que no te pierdes nunca un partido de quidditch, te gusta mucho. ¿Por qué no aprovechamos que tenemos el campo de quidditch para nosotros solos y damos una vuelta?
Harry juntó sus rodillas para poder entrelazar sus dedos. La verdad, siempre había querido montarse en una escoba, y perdió su oportunidad en primer año.
- Me encantaría. – dijo bastante contento con la idea.
- No se hable más, hablaré con Oliver, creo que se ha quedado aquí estas navidades. Es el líder del equipo de quidditch en Gryffindor. Seguro que él nos prestará un par de escobas. – Neville parecía enorgullecerse de tener amistad suficiente con Oliver Wood como para pedirle aquel favor.
Harry asintió, y siguieron hablando en aquel banco de piedra, escuchando el ulular constante de las lechuzas de fondo.
Esa misma noche, y aprovechando que Neville estaba durmiendo, Harry se puso su viejo y desgastado abrigo gris sobre el pijama. Se cubrió el cuello y la boca con su bufanda, y después salió a hurtadillas de la torre gryffindor.
Había quedado con Malfoy.
Las Navidades habían puesto al slytherin de mal humor, y necesitaba a alguien con quien desahogarse. Quedaron en la entrada de Hogwarts.
- Llegas tarde.
- Lo siento, tuve que esperar hasta que Neville se durmiese.
Draco arrugó un poco la nariz, pero no hizo ningún comentario al respecto. Los dos empezaron a andar, dando una vuelta por los exteriores de Hogwarts, aguantando el frío y la nieve. La noche estaba muy tranquila, no se escuchaba ningún tipo de ruido, excepto el murmullo de algún ave nocturna que pasase cerca.
- Mi padre se ha enfadado conmigo porque no he ido a casa.
- Es normal Draco, - dijo Harry al rato – Es tu padre, y quiere celebrar las fiestas en familia.
- No, lo que quiere es seguir hablándome sobre… ya sabes… cosas de mortífagos. Cree que no estoy de su lado en esta batalla, y es cierto que no lo estoy, pero no quiero darle motivos para que piense eso. Al menos, todavía no.
- No entiendo a tu padre, - murmuró Harry. - No hay ninguna batalla... El-que-no-ha-de-ser-nombrado murió, pero aun así sigue creyendo que volverá.
- Pero él… piensa que lo hará.
"Piensa que lo hará"… Por unos segundos, Harry no supo qué decir. Sabía que aquello no podía ser cierto, seguramente eran los delirios de un seguidor del Señor Tenebroso.
- Hagas lo que hagas, Draco, no olvides que él es tu padre... - contestó en voz baja al cabo de un rato, intentando apartar aquellos pensamientos. - Tú dale tiempo y verás como acaba cansándose y dejando el tema aparte.
- Espero que tengas razón James.
Hablaron sobre más cosas, algunos temas que ya había comentado con Neville, u otros que no tenían nada de que ver. Cando ya estaban muertos de frío volvieron al castillo.
Ya por los pasillos guardaron silencio para no ser descubiertos. James se frotaba las manos con cuidado, no tenía guantes, y por culpa del frío las tenía heladas.
- Agradezco lo que haces por mí Evans. Es agradable poder tener a alguien que te escuche. Y para ser un gryffindor, lo haces bastante bien. – susurró Draco, caminando junto a James.
- No hace falta que me lo agradezcas… somos amigos, y me gusta escucharte. – murmuró Evans en voz baja, avergonzado.
Draco le miró intensamente.
- ... ¿Realmente me consideras tu amigo?
El joven se detuvo, y le miró tras sus gafas.
- ¿Por qué lo preguntas? – le susurro. – Claro que lo somos... yo... aprecio mucho lo que hay entre nosotros.
- ¿Te refieres a lo de que yo hablo y tú escuchas? - Harry pudo detectar cierto sarcasmo en el tono de voz del slytherin.
- … Me refería a la confianza.
- ¿Confianza? A veces siento que soy el único que confía. - Draco le retó con la mirada. - Todos los días te cuento algo de mí, algo privado de mi vida. Si realmente somos amigos... si realmente confías en mí, ¿por qué nunca me dices nada de ti?
Harry enmudeció por las palabras de su amigo. Tenía razón, él había oído sus secretos y nunca había sido de otro modo. Pero Draco nunca antes le había preguntado nada. Harry daba por sentado que el slytherin no estaba interesado en conocer algo de su vida. Aun así, aunque Draco hubiese mostrado más interés por conocerle mejor, Harry no sabía si hubiese sido capaz de contarle algo. El gryffindor tenía miedo de que la gente le conociese.
Pero Draco le había contado todos sus secretos, los cuales harían peligrar su vida si la persona equivocada los conociese. Draco confiaba en él, y se merecía, por una vez, escuchar algo sobre su vida.
- Draco… ¿crees que si yo te contase algo, un secreto mío, serías capaz de guardarlo?
Draco puso todos sus sentidos alertas.
- ¿Bromeas? Claro que lo haría. Es lo mínimo que haría por ti.
Harry le miró unos segundos, y luego agachó la cabeza, aún frotando sus manos muy cerca de su pecho. El slytherin le contempló, intentando descifrar el repentino cambio de lenguaje corporal del gryffindor.
- … Por favor, no se lo digas a nadie. No se lo he dicho ni a mi amigo Neville. – Harry tomo aire, y se apoyó contra una pared del pasillo.
Draco también se apoyó en la misma pared, muy cerca de él.
- Verás… Yo tengo un problema parecido al tuyo... – Draco esperó a que se explicase. – Yo... vivo con mis parientes. Y... um…
- ¿Por qué vives con tus parientes? - preguntó el slytherin, al ver que Harry no sabía cómo continuar.
- P-pues... porque mis padres estan muertos.
Draco se quedó callado unos minutos, sin saber que decir.
- ... Pero, ¿que tiene que ver con mi problema? - preguntó el joven finalmente. - Yo... lo siento, no sabía que fueras... huérfano... pero no sé por qué...
- El problema no es ese... sino mis parientes. - confesó el gryffindor.
- ¿Qué quieres decir?
Draco seguía sin saber a dónde quería llegar el joven pelinegro, pero éste parecía tomarse su tiempo en contestar.
- Verás... ellos me odian.
- … ¿Que te odian? ¿Por qué dices eso? - preguntó Draco con curiosidad, esperando que continuase.
- Antes de llegar a Hogwarts, me trataban fatal. Me... - calló durante un par de segundos, sin saber si debía continuar o no. - Yo... - Harry selló sus labios de nuevo, pero sabía que algún día tendría que hacer lo mismo que hacía Draco y contar sus problemas a alguien. Inspiró hondo para reunir el valor suficiente y decir lo que nunca creyó que diría en su vida. - ...no puedo. – confesó finalmente, su voz casi un susurro.
Malfoy le miró sin mover ni un músculo de su cuerpo, y como no dijo nada, James siguió hablando.
- Tengo miedo... Porque sé que cuando este curso acabe, tendré que volver a ir con ellos... Pero no puedo decírselo a nadie, porque no tengo otro sitio a donde ir. Lo peor de todo, es que no puedo hacer nada por cambiar las cosas. Ellos siempre me han odiado, y nada de lo que haga hará que de repente me traten bien... Cuando estoy allí, encerrado en aquel lugar... temo que algún día... que algún día decidan no dejarme venir aquí nunca más.
El joven slytherin permaneció en silencio, viendo como el gryffindor se frotaba las manos débilmente.
- A veces pienso que no tiene sentido tener amigos aqui, ¿sabes? - murmuró Harry - ¿Qué sentido tendría si puede que al año siguiente no los vuelva a ver nunca más?
Pasaron un par de minutos antes de que James se separara de la pared.
- Bueno, yo... mejor me voy a la torre Gryffindor. Nos vemos mañana, ¿de acuerdo?
Pero antes de que pudiera alejarse lo suficiente, Draco le sujetó de un brazo.
- ¿Ya está? - preguntó Malfoy. - ¿Eso es lo que te costaba tanto confesar? ¿Que te odian en casa?
- ... Sí.
Después de varios segundos mirandose fijamente, Draco empujo a James contra la pared, ocultándose junto a él en la sombra de una estatua, perdiéndose en una completa oscuridad.
Harry se sorprendió por aquello, e iba a preguntarle a Draco qué estaba haciendo cuando éste le dio un tirón a su bufanda.
Draco acababa de quitarle la bufanda. Horrorizado, intentó sujetársela para poder volver a ponérsela sobre su rostro, pero el slytherin se lo impidió.
Malfoy puso su rostro muy cerca del de James, y mientras que con una mano le sujetaba la bufanda, con la otra le sujetaba el rostro. No podía ver a Draco con claridad. La oscuridad que les rodeaba a ambos le hacía imposible distinguir su rostro.
- Esos muggles no pueden impedirte nada, ¿me oyes? - le susurró Draco muy cerca de sus labios. - Eres un mago, eres mejor que ellos.
Harry no se atrevía ni a respirar, notando como todo su cuerpo temblaba. Intentó separarse de Draco, pero éste seguía aferrado a él.
Entonces, algo húmedo se posó sobre sus labios. Draco le estaba besando.
Era la primera vez que Harry besaba a alguien, o más bien que era besado.
Fue tan inesperado, que era incapaz de responder el beso.
Notó como Draco soltaba su bufanda, mientras trataba de profundizar aquel beso. Su lengua le acariciaba lentamente sus labios...
Harry empujó a Draco. Se puso la bufanda y se marcho corriendo, sin mirar atrás.
Continuará...
