Franz, el Leal.

Por Fox McCloude

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(III): Pasando la antorcha.


Castillo de Renais…

La ceremonia de ascensión para los caballeros de Renais era siempre un evento muy esperado por todos. Los reclutas llenos de esperanzas, una vez que completaban su entrenamiento se mostraban ansiosos por recibir el título de caballeros, y cumplir su sueño de servir a la familia real para proteger a su nación, como muchos de sus antecesores.

Aquel día, sin embargo, era particularmente especial. La ceremonia de ascensión estaba precedida por otro evento igualmente importante. Específicamente, el hecho de que el actual líder del ejército, el General Seth, había decidido que era tiempo de retirarse y pasar su puesto a la siguiente generación. Y cuando fue nombrado su sucesor, Franz se quedó sin aliento.

Mientras aguardaba su momento, el joven rubio se preguntaba si realmente era merecedor de tal honor. Él no creía haber hecho nada realmente remarcable en toda su carrera, salvo quizás su participación durante la guerra por las Piedras Sagradas, pero no había sido el único con dicha credencial. No se veía a sí mismo a la altura de otros caballeros más veteranos y destacados, como su hermano mayor, el propio General Seth… o su difunto padre.

- ¿Nervioso, Franz? – preguntó una voz familiar detrás de él. Franz se giró para ver a su mentor, también vestido con su propia armadura ceremonial.

- Solo un poco, señor. – dijo Franz. – Aún sigo sin poder creer que me haya nombrado su sucesor. ¿A mí, de todas las personas?

- No hay nadie más en quien pueda confiar para legarle mi puesto, muchacho. – dijo el General, poniéndole la mano en el hombro mientras adoptaba una expresión nostálgica. – Te miro ahora, y casi puedo ver la imagen de tu padre. Te pareces tanto a él…

- Mi padre… – Franz también se sintió invadido por la nostalgia. – Incluso ahora, sigo pensando que jamás podré compararme con él. Ni tampoco con usted, que fue mi mentor todo este tiempo. Y siempre lo será.

- Franz, me halaga que pienses eso de mí. Pero llega un momento en que el discípulo supera al maestro. Si me lo preguntas, si tu padre estuviera vivo ahora, se sentiría muy orgulloso de ti. Igual que yo.

Franz miró fijamente al General Seth, el llamado Caballero Plateado entre el ejército de Renais y más allá. Un hombre al que siempre había admirado, y estaba a punto de legarle una gran responsabilidad. Una que a pesar de sus dudas, y que no se sentía digno de tal honor, había aceptado cuando este le dijo que confiaba plenamente en él. No podía defraudarlo.

- Se lo agradezco profundamente, General. Le aseguro que la fe que tiene en mí no será en vano.

- Tengo la certeza de ello. – dijo el General. – Ahora vamos, la ceremonia ya está por comenzar.

Franz asintió, y juntos se dirigieron hacia el salón del castillo. Ya no había vuelta atrás, había aceptado ya la responsabilidad y todo lo que ello implicaba. No iba a fallarles, ni al General, a los demás caballeros, ni a sí mismo de ninguna manera.

La ceremonia procedió tal como se había planeado. Todos los caballeros, veteranos y aspirantes, se formaron en el salón y permanecieron en silencio mientras el a punto de retirarse General Seth pronunciaba su discurso.

Franz escuchaba atento a cada una de sus palabras, si bien ocasionalmente su mirada se desviaba hacia las caras conocidas que alcanzaba a ver entre los asistentes. Estas incluían, desde luego, a su hermano mayor Forde, que se encontraba junto a su amigo Kyle, y las hermanas jinetes de pegasos de Frelia, Vanessa y Syrene, según las recordaba de la guerra por las Piedras Sagradas, que habían sido invitadas en calidad de embajadoras. Del otro lado, podía ver a Amelia, que le sonreía radiantemente, y se encontraba junto a la instructora de arquería, Neimi, sabiendo que las dos se habían hecho muy buenas amigas. Y desde luego, muchos de los caballeros con los cuáles él entrenó desde que era un recluta, que lo veían con expresiones variadas, desde orgullo hasta quizás algo de celos y deseando estar en su lugar, pero claramente todos se alegraban por él.

- … y así como he cumplido con mi deber al mando de este ejército, ha llegado el momento de pasar la antorcha a la siguiente generación. Es mi esperanza que mi sucesor continúe con este legado que siempre nos ha caracterizado a todos nosotros. – declaró el General Seth, sosteniendo la lanza ceremonial en alto. – Y ahora, ha llegado el momento. Sir Franz, un paso al frente, por favor.

Franz obedeció al instante, y se puso cara a cara con su antiguo mentor. Había llegado la hora más importante de la ceremonia: pronunciar el juramento.

- Por la autoridad que me otorga la familia real de Renais, te otorgo esta lanza, el símbolo de mi autoridad como general del ejército, y de todas las responsabilidades que lleva consigo. Con todos nuestros hermanos soldados y los dioses como testigos, lego en tus manos la responsabilidad de continuar guiándonos a todos por el camino de la rectitud y la justicia, como muchos antes que nosotros.

Franz asintió y aceptó recibir la lanza en sus manos. Era un arma verdaderamente hermosa: bien ornamentada de plata fina, y una vez que la sujetó pudo sentir su peso. Un peso que era más que físico: era simbólico de que ahora las vidas de muchos estarían en sus manos. Sin embargo, al sostenerla probó ser capaz de llevar consigo esa carga, y se sintió con mucho vigor para pronunciar su juramento. Tal como lo había ensayado millones de veces antes de ese día.

- Humildemente, acepto mis responsabilidades. Como nuevo general del ejército de Renais, prometo guiar a todos bajo mi mando, apegándome a los ideales de justicia y de protección al inocente por los que siempre nos hemos regido. Daré mi vida por esta nación, y por todos ustedes.

- ¡Presenten armas! – declaró el ahora ex-General Seth, dando lo que sería su última orden oficial. – ¡Larga vida a Sir Franz de Renais, el nuevo Gran General del ejército de nuestra nación!

- ¡LARGA VIDA! – corearon todos los presentes mientras la audiencia estallaba en aplausos.

Franz tuvo que luchar por evitar ruborizarse, pero ver las expresiones de todos, conocidos y extraños a su alrededor, no pudo evitar sonreírles. Inclusive, el propio General Seth aprovechó de enviarle un gesto de aprobación. Eso sin duda era lo más satisfactorio de todo.

- "Padre, madre… espero que estén observando ahora." – pensó mientras observaba ausente hacia arriba. – "El General Seth me ha otorgado una gran responsabilidad. Haré mi mejor esfuerzo por llevarla, y haré que se enorgullezcan de mí."

Ahora llevaba en sus manos la llama que guiaría a la nueva generación de caballeros de Renais. Igual que el General Seth lo guio en su momento, le transmitió sus enseñanzas en combate, y sus ideales de justicia y protección a los inocentes, él se encargaría de transmitirlo a los nuevos reclutas, y a aquellos que le siguieran cuando les llegara su momento.

FIN.


Notas del autor:

Y bien, ¿qué les parece? Con este se acaba la mini-trilogía del joven Franz. Más pronto de lo que creyeron, ¿verdad? Bueno, este no fue tan difícil y viendo que tenía tiempo libre, pues decidí hacerlo de una. Ya aquí con esto logré tocar las tres relaciones que quería explorarle al personaje: familiar, romántica, y de mentor y discípulo.

Pero bueno, espero que la hayan disfrutado. Con esto tal vez pueda mantenerme más activo en el sitio y sacar algunas cosillas de vez en cuando, mientras caliento motores para mi siguiente gran proyecto.

Gracias por los reviews a darkdan-sama y LordFalconX. A ambos les debo un par de historias cortas de este mismo juego, y ya eligieron a sus personajes. La oferta, ya les dije, sigue abierta para quienes quieran entrarle. ¡Hasta la próxima!