Sus ojos azules eran el todo el mar alrededor de mi, ahogandome, atrapandome, pero a fin de cuentas salvandome.

Y su voz era como el frío aire de las mañanas, capaz de quitar el sueño de un cuerpo recién levantado.

Su cuerpo eran las suaves olas de nuestros tranquilos mares, tan lejanos de las grandes olas, pero a veces cuando un pedazo de hielo se desprendía o el barco adecuado las provocaba eran olas salvajes, de frenéticos movimientos, de inesperadas reacciones.

Su habilidad con el agua era lo único que igualaba su enorme corazón.

Y la primera vez que me beso su calor fue mas intenso que el sol.

Ella era todo en lo que podía pensar y por un tiempo fue reciproco, y tuvimos un poco de paz, entendí el sufrir de Kuruk y el porque de la resignación de Rokku. Fuimos al Polo sur y luego dejamos morir a mi raza, porque conocedores de la identidad de la única maestra aire sobreviviente no pudimos forzarnos a estar con ella solo por deber.

Y ella lo tomo bien. Y fue mi alumna a pesar de ser poco mayor que yo, y Katara Princesa de la Tribu agua del Sur miraba los entrenamientos con cierta melancolía. Un par de días después nos encaminamos al Templo del Sur, mi casa.

Y allí los tres nos divertimos volando en planeadores, regalos de Teo el Señor del Templo del Norte.

Y allí cayo la desgracia sobre nosotros.

Azula, siempre fue Azula.

Katara tuvo que detenerla, tuvo que salvar a Ty Lee, al final, verdaderamente llena de culpa de que los Maestros Aire desaparecieran por su culpa.

Katara salvo a un maestro Aire con su vida es cierto, pero mato a otro.

Y a un Avatar por si fuera poco, que camina y camina, y por alguna razón cedí a mi alumna, El cuerpo de Ty Lee era el viento en las montañas que ha pasado por el centro del mundo. La voz de ella era del aroma de las islas tropicales con un toque de tormenta en ella, sus ojos grises eran la tristeza y alegría de nuestro pueblo, y su boca eran las manos y los movimientos de todos los maestros del Aire antes que nosotros.

Un pueblo renaciente quiza… Los hijos de las hermanas de Ty Lee vienen con el pasar de los años, capaces de poco poder de Aire es cierto, pero ya es algo, luego oímos las noticias del Templo del Norte. Y cuando veo que del Aire el último maestro no soy me siento bajo la estatua de Gyatso, me he envejecido muy pronto, Ty Lee aun conserva su juventud en espíritu.

Un pueblo por una doncella, un pueblo por una princesa de otra región. Un pueblo por su fundador.

Me siento cansado, extraño el mar.

Extraño mucho el mar, que trate de tomar en mis manos, todo en mis manos y falle por intentar.

He vivido tanto como Kioshi aunque mucho de ese tiempo atrapado en el mar, 8 años mas de cien años. 8 naños que pesan sobre mi tanto como mis errores de infancia.

Sus ojos azules de nuevo ante mi, solo un segundo. Sosteniendome, ojos azules, pero no son ya sus ojos azules.