Capítulo 3.

Estaba tan absorta en sus pensamientos que, ni se percató de que un rayo casi le da de lleno en la cabeza. Si no fuera por el escudo protector que desvió la maldición, habría muerto en ese mismo instante.

Se puso en pie y devolvió el ataque a su adversario, corriendo a refugiarse tras un muro de piedra.

-¡Demonios Parkinson! ¿En qué cojones estabas pensando? ¡Casi te matan!- le chilló una voz sus espaldas. La morena se giró y pudo comprobar cómo, furioso, Theodore Nott se aproximaba a ella corriendo. Cuando estuvo a su lado la tomó por los hombros y la agito, tratando de hacer reaccionar a su compañera.- No. Vuelvas. A. Hacer. Eso. ¿Me oíste? Ni se te ocurra morir Parkinson.

-Lo… lo siento Theo - Estaba distraída…- admitió bajando los ojos.

-¡Pues céntrate! ¡Vamos! -dijo tomándole por el brazo.- No puedo estar pendiente de ti todo el rato. ¿Entiendes?

Pansy asintió. Se sentía un poco avergonzada por su comportamiento. Intentaba, con todas sus fuerzas, alejar la niebla que en algunos momentos le sobrevenía, haciendo que su mente desconectara de todo y viajando lejos, abandonándose a los recuerdos.

La verdad es que no tenía ni el más mínimo interés en la batalla que se estaba librando a su alrededor. Habían sido enviados allí esa misma mañana sin muchas explicaciones y con una orden clara: aniquilar al enemigo.

Y eso había hecho. Había conectado el modo automático, y se había dedicado a repartir hechizos y maldiciones a diestro y siniestro; llevándose algunas vidas por delante. Pero, al parecer, no había sido capaz de mantener la concentración durante mucho tiempo, pues Theo había tenido que intervenir y salvarle el pellejo.

No. No podía dejar que esos momentos siguieran apoderándose de ella. No podía poner en riesgo la vida de sus amigos.

La suya bien poco le importaba.

Su instinto de supervivencia simplemente se mantenía activo debido a una promesa.

La promesa que esa noche hicieron los tres: Draco, Theodore y ella. De que pasara lo que pasara, se mantendrían unidos hasta el final. Nada se interpondría en su camino. Juraron protegerse. Dar la vida por el otro y siempre, mantenerse unidos.

Ese día Draco no había acudido con ellos. Al parecer, el Lord le había encomendado otra misión y no habían tenido tiempo de comentar al respecto, ni siquiera de despedirse.

Por suerte, Theo estaba ahí para protegerla.

Como siempre había estado.

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Cuando sintió una punzada atravesarle su bajo vientre supo que el momento había llegado. Acarició su prominente barriga con las yemas de los dedos, masajeándola suavemente, en un intento de calmar el dolor que estaba sintiendo. Como pudo, se levantó de la cama y se arrastró hasta la mesa, donde reposaba su varita.

Lanzó un Patronus que rápidamente adquirió la forma de una bandada de golondrinas y la dirigió para pedir ayuda.

En ese momento, sintió como un tibio líquido resbalaba por sus piernas. Miró hacia el suelo y pudo comprobar que había roto aguas, y un charco a sus pies había comenzado a formarse.

El bebé estaba en camino.

De nuevo, otra fuerte punzada. Pansy mantuvo la respiración durante unos segundos, tratando de soportar el dolor. Pero sabía que se repetiría de nuevo al cabo de unos minutos. Así le había indicado Draco que tendrían lugar las contracciones anunciando el parto.

Desde que su amigo había conocido de la existencia de su embarazo, se había dedicado en cuerpo y alma a cuidarla, protegerla y mimarla. Como se supone debería haber hecho la criatura de la pareja, en una situación normal, con una vida corriente. Pero por muchos esfuerzos, ambos sabían que su situación era peculiar: eran mortífagos y su trabajo era asesinar. Punto y final.

Las pociones que semanalmente le suministraba Snape habían contribuido a esconder su estado al resto de compañeros mortífagos. Le hacían mantener su figura normal, sin tripa y mitigando los típicos síntomas del embarazo. Además, gracias a Draco se había sentido muy arropada desde el principio.

La situación se hizo todavía más extraña cuando a la ecuación se añadió Theodore, que había adivinado que algo raro pasaba entre sus amigos. Pansy se había visto obligada a confesar. No lo había hecho antes no porque no confiara en él, simplemente quería dejarle al margen de todo y evitarle un problema si la noticia de su embarazo llegaba a oídos de terceros y se enteraban que Thedore había participado en su encubrimiento.

Le reconfortaba el hecho de que sus dos mejores amigos se hubieran volcado de esa manera con ella. Incluso habían hablado de formar una familia, los tres juntos. Pansy sonrió al recordar todos los planes que habían trazado para formar esa extraña familia. Sin embargo, había algo que evitaban mencionar y de lo que todos eran muy conscientes.

Todo ello no iba a poder ser.

Ellos estaban atados al Lord Oscuro, lo quisiesen o no.

Y no entraba dentro de los planes que tres de sus mejores hombres desertaran para cuidar de un crío.

No podían eludir su deber.

Habían hecho un juramento, que sólo se saldaría con la muerte.

Había sido impuesto, si, pero habían dado su palabra.

Había estado bien imaginar y soñar con un futuro alternativo en el que los tres se habrían ocupado del bebé. Como una familia poco convencional sí, pero felices.

El dolor de las contracciones cada vez era más seguido y a duras penas Pansy podía mantenerse en pie. ¿Dónde demonios se habían metido los gilipollas de sus amigos? Hacía, al menos diez minutos que les había enviado el patronus y los muy imbéciles no aparecían. Pansy estaba seguro que andarían de juerga con alguna mortífaga en algún lugar de la mansión. Como ella diera a luz sola a su bebé y estos dos estuvieran dándose un revolcón, juró que les asesinaría.

Volvió hasta su cama y se tendió en ella. Trató de respirar y hacer los ejercicios que había leído en un libro que Theo le regaló sobre la maternidad, con el fin de mitigar un poco el dolor y esperar a que su cuerpo siguiera el curso natural de un parto.

Fue en ese momento cuando la puerta de su dormitorio se abrió de golpe y en ella aparecieron Draco y Theo. Ambos se veían hechos un desastre. Con el pelo revuelto, los ojos vidriosos y un pestazo a whisky de fuego que podía olerse a metros de distancia.

-¿¡Dónde os habíais metido pedazo de descerebrados?! ¡Estoy a punto de parir un bebé joder!- Los dos mortígafos palidecieron en ese momento y, con movimientos torpes se acercaron hasta la cama de su amiga, que había comenzado a sufrir otra contracción y, sin poder evitarlo, había comenzado a chillar .- ¿¡A qué esperáis ah?! ¡Haced algo!

Theo fue el más rápido en reaccionar; se puso en pie y tomó el libro que descansaba en la mesilla de noche de la mujer. Rebuscó entre las páginas y leyó. De pronto, su rostro empalideció aún más.

-¿¡Qué?!-gritaron los otros dos al unísono.

Con una mueca de asco Theo les tendió el libro. Cuando Draco logró localizar el párrafo que su amigo señalaba su cara se tornó igual de pálida.

-No no no , ni de broma- dijo negando con la cabeza.

-Vamos Draco, ni que nunca te hubieras asomado ahí abajo. Tienes que revisar que esté lo suficientemente dilatada como para que la cabeza de mi hijo pueda asomar por ahí. Y después sacarlo. ¿No es tan difícil no?-comentó Pansy apretando las mandíbulas, intentado evitar lanzar otro quejido.

-Pero, pero….-tartamudeó el rubio. La sola idea de tener que asomarse a las partes íntimas de su amiga y ver cómo alumbraba a una criatura, simplemente, le revolvía el estómago. No estaba preparado para ello.- Theo se encargará. ¿Verdad tío?

-Ni por un millón de galeones - dijo mientras hacía un gesto con las manos y se alejaba todo lo que pudo de su amiga, que lo fulminaba con la mirada.

-¡Oh vamos no seáis críos! ¡No sabéis lo que esto duele! ¡Necesito que me ayudéis joder!

Entonces una idea cruzó por la mente de Draco.

-Un momento, ahora vuelvo-murmuró antes de salir por la puerta y escuchar como la morena le maldecía y le ordenaba que arrastrara su blanco culo de nuevo a la habitación.

Al cabo de unos minutos regresó, pero no volvía solo. Llevaba de la mano a una mujer que, estupefacta, le seguía sin entender qué es lo que estaba pasando.

-¿Qué hace ella aquí?-chilló Pansy al ver entrar a Draco de la mano de Astoria Greengrass en su habitación.- ¿Te has vuelto loco? ¡Me delatará!

-No, no lo hará ¿verdad Astoria?-dijo Draco mientras miraba suplicante a la rubia.

Llevaban algunas semanas teniendo algo así como una aventura y la mujer estaba perdidamente enamorada de él; haría cualquier cosa que él le pidiera. Aunque fuera traicionar ayudar a Parkinson a traer al mundo a su hijo bastardo. No obstante, sintió una punzada de celos ¿No tendría que ver ese bebé algo con Draco no? Sabía que él y Parkinson tenían una relación muy estrecha, incluso se rumoreaba que de vez en cuando mantenían algún que otro encuentro sexual. Si ese bebé era hijo de Draco no podría soportarlo. Eso significa el fin de ellos dos, y Astoria no estaba dispuesta renunciar a algo tan bueno pues tenía la convicción de que estaban hechos el uno para el otro. Antes muerta que ver a Draco con otra mujer.

-No te preocupes Pansy, lo haré- contestó, sin apartar la vista de Draco, en busca de una mirada reprobatoria por su parte. Además, no se atrevía a contradecirlo. Ya pensaría en algo para mantenerse junto a él, costara lo que costara.

Rápidamente se pusieron todos manos a la obra. Nunca había traído un bebé al mundo, pero el instinto de Astoria junto con algunas de las indicaciones que Theo iba leyendo del libro, le ayudaron a orientarse.

Ese par de horas se les hicieron interminables. Draco apenas tenía uñas de tanto mordérselas y no paraba de pasear, nervioso, de un lado a otro de la habitación, lanzando miradas preocupadas a su amiga cada vez que tenía una contracción. Por otro lado, Theo había adquirido el papel de auxiliar a sanador y, con confianza, iba dictando instrucciones a Astoria y asistiendo en todo lo posible.

-Preparaos - anunció Astoria.- Ya viene. Pansy, un último esfuerzo por favor, ya veo su cabecita.

Pansy asintió. Estaba agotada. Tenía sudor en la frente y el pelo pegado a la misma. Tan sólo quería dar a luz, sostener a su bebé y dormir. Theo y Draco se acercaron hasta la cama, situándose cada uno al lado de la mujer. Pansy tomó sus manos y las apretó, ejerciendo tanta fuerza que los dos hombres no pudieron evitar una mueca de dolor al sentir el crujido de todos los huesos de sus manos.

Pansy, con una última exhalación, empujó.

Astoria extrajo de un tirón el bebé, mas en ese momento todos supieron que algo iba mal. No escucharon el característico llanto del bebé. Extrañados y preocupados miraron a Astoria que, llena de sangre, sostenía a la criatura en sus brazos con una extraña expresión en el rostro.

-¿¡Qué pasa!? ¿Por qué no llora? ¿Por qué no se mueve? -chilló Pansy. Un terrible presentimiento se apoderó de todo su cuerpo.- ¿Qué le pasa a mi bebé?

Intentó levantarse para alcanzarle, pero sus dos amigos lo impidieron.

Ninguno fue capaz de moverse. Por la expresión de Astoria y el cuerpo sin movimiento del bebé, pudieron adivinar que el pobre había nacido sin vida. El rubio sintió como el corazón se le partía en mil pedazos, llevándose un poquito más de su humanidad.

¿Cómo era posible?

¿Por qué la vida tenía que ser tan jodidamente injusta y lastimar a los más inocentes?

En esos instantes, Pansy comprendió lo que había sucedido y comenzó a chillar desquiciada. Theo acudió a abrazarla pero fue apartado de un manotazo. Astoria continuaba sosteniendo al bebé.

Draco se aproximó hasta la rubia y verificó, con un triste asentimiento de cabeza que el bebé no respiraba.

Pansy se desvaneció, sin tan siquiera abrazar a su bebé Sin poder ver su carita. Sin saber que había dado a luz a un niño.

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Después de lo sucedido, Astoria se ofreció voluntaria para enterrar el cuerpecito del niño. Ninguno de los tres amigos quiso presenciar el momento, pues no quisieron separarse de su amiga y ésta no tenía fuerzas para ello. Nada podría traerlo de vuelta. Ni siquiera había tenido tiempo de tenerlo entre sus brazos. De ponerle un nombre.

Había sido una desgracia horrible y Draco lo sentía en el alma por su amiga. Desde lo sucedido, ninguno de los dos se separó de Pansy y eso hizo que los tres se unieran aún más. Durante un tiempo, la mortífaga se sumió en una profunda depresión. La tristeza la asoló casi acaba con ella.. No podía pensar, no tenía fuerzas para moverse y mucho menos para comer. Simplemente respiraba por pura inercia. Fue con el paso del tiempo, que la mujer comenzó a recuperarse. No obstante, Pansy nunca sanó del todo. Y nunca volvió a ser la que era antes.

Y sus amigos eran conscientes de ello.

Se había convertido, en una mordaz asesina, aún más despiadada y macabra que antes. Si quedaba un atisbo de humanidad en ella, Draco no era capaz de percibirlo. Tan sólo con Theo y él mostraba de vez en cuando parte de lo que solía ser, pero por lo demás, acataba órdenes sin rechistar; si debía torturar, asesinar o secuestrar, simplemente lo hacía. Asentía y destruía a su paso. Eso le había valido una gran fama dentro del ejército de Voldemort y un lugar privilegiado dentro de la escala de mando del Señor Tenebroso.

Pero nadie, a excepción de ellos tres y Astoria Greengrass conocía los verdaderos motivos que llevaban a la morena a comportarse de ese modo.

En el fondo Draco la entendía, pues él se había convertido en exactamente lo mismo. La situación les había forzado a despojarse de todo aquello que los hiciera un poco más humanos y no les quedaba otro remedio que aprender a lidiar con la situación.

Pero de eso hacía ya más de dos años y a pesar de que Pansy no olvidaba ni un solo día a su pequeño, debía seguir adelante y luchar. Por los suyos, aunque estuvieran en el lado equivocado. No obstante, en ocasiones, dejaba su mente vagar y perdía conciencia del tiempo y de todo lo que sucedía a su alrededor, lo cual era un problema si estabas en medio de un ataque o de una misión. Como acababa de sucederle. Si no fuera por Theo, Merlín sabe que ahora mismo sería un cadáver más en el suelo. Y sabía que ni él ni Draco se lo perdonarían jamás. Pansy no tenía ganas de seguir viviendo la verdad sea dicha de paso, pero si algo hacía que reaccionara y fuera capaz de levantar su varita y pronunciar todos aquellos hechizos y maleficios que tan bien conocía, eran ellos.

Sus dos mejores amigos.

Lo único que le quedaba en esta vida.

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Cuando llegaron de nuevo al cuartel, Pansy trató en todo momento de evitar la mirada de Theo, que la observaba con una mezcla de rabia y compasión al mismo tiempo.

Rabia por haber comprobado una vez más, las pocas ganas de luchar que le quedaban a su amiga. Por saber que ella hacía tiempo se había renunciado a ser feliz y, Theo sabía que si seguía con vida era por ellos.

Por la promesa que hicieron.

Compasión, porque entendía perfectamente lo que ella estaba pensando cuando casi le impactó la maldición y que, de no ser por él, no habría sido capaz de esquivar.

Por ello, nada más les dieron luz verde, Pansy se escabulló entre la multitud con intención de encerrarse en su habitación, tomar un largo baño y quizá tomar una o dos o tres copas de licor. Pero Theo fue mucho más rápido y, adivinando sus intenciones, la siguió escaleras arriba, logrando interceptarla hacia la mitad de las escaleras.

-¿Dónde vas Pans?

-A mi habitación. Quiero dormir. Y déjame en paz de una vez, ya soy mayorcita. Sé cuidar de mi misma-contestó con altanería y, atajando a su amigo por la izquierda, terminó de subir los escalones que quedaban para llegar al segundo piso, pisando fuertemente cada uno de ellos, resaltando su malhumor.

-¿Ah si? ¿Sabes cuidar de ti misma?-replicó el mortífago a sus espaldas.- Pues hoy no has demostrado ser capaz de eso Pansy. No siempre vamos a estar Draco y yo para salvarte el culo. Por favor, necesitamos que mantengas los pies en la tierra. No podemos perderte a ti también. ¡Reacciona Pans!

Pansy se quedó petrificada en el sitio. Theo aprovechó para acortar la distancia que les separaba y se situó detrás de ella.

-Vosotros no decidís por mi-espetó. Theodore apoyó sus manos sobre los hombros de la mortífaga. Depositó un suave beso en su coronilla y le susurró al oído.

-Lo sabemos. Pero a veces tú no piensas, no eres coherente, por lo que debemos elegir por ti. Y elegimos que estés viva. Con nosotros. Esta jodida guerra no tendría ningún sentido si no estas. Si no somos los tres. ¿Me entiendes?

Pansy cerró los ojos para liberar algunas de las lágrimas que habían comenzado a formarse, dejándolas resbalar por sus mejillas. Asintió quedamente y se giró para abrazar a Theo. Se fundieron en un cariñoso apretón durante varios minutos.

Theo estaba en lo cierto. Sin ellos, ella ya no sería nada. Eran un equipo. Y debían mantenerse unidos.

Pero lo que no sabían era que, en esos precisos momentos, Draco Malfoy estaba en otra parte, presenciando la muerte de Pansy Parkinson.

Siendo invadido por la corrupta alma de Lord Voldemort.

Y que ahora sólo quedaban ellos dos.

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Hermione no había dejado de temblar desde que Neville le había dado la noticia de que Malfoy se encontraba en la Base Fawkes. Al parecer, mientras se encontraba haciendo guardia, divisó un fulgor en el interior del bosque y, atraído por la potencia de la luz, se había acercado para ver qué estaba sucediendo. En un principio no vio a nadie, pero al cabo de unos segundos, el cuerpo de un hombre se materializó ante sus narices. Lo cual era imposible, pues todo el perímetro de la base estaba protegido con hechizos anti aparición y no había ninguna posibilidad de que nadie se materializara en las inmediaciones.

Con curiosidad, se había acercado hasta el cuerpo del hombre y, para su sorpresa, comprobó que se trataba de Malfoy. Neville le había contado que tenía bastante mal aspecto y había perdido el conocimiento antes de traerle. Hermione le reprendió por no haberle llevado directamente a la enfermería. Pero Neville le recordó que no se trataba de una persona cualquiera, sino de Draco Malfoy. Un mortífago. Un asesino. No podían tratarle como cualquier refugiado, por muy ex compañeros de colegio que hubieran sido. Existía un protocolo y, como jefe de seguridad de la Base debía seguirlo a rajatabla y no hacer excepciones. Al fin y al cabo, el Slytherin había violado la seguridad del campamento de manera inexplicable y desconocían si sus intenciones eran buenas o malas.

Tan sólo sabían una cosa.

Sólo quería ver a Hermione Granger.

Y así lo había exigido antes de perder el conocimiento.

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El camino desde su cabaña hasta el centro de detenciones se le hizo eterno. Cuando por fin llegaron, se encontró con que medio cuerpo de aurores estaba allí presente, custodiando la entrada. La noticia de la aparición y detención de un mortífago había llegado a oídos de todos y no querían perderse detalle. Más sabiendo de quién se trataba y a quién había demandado ver.

Esquivando a unos cuantos aurores, Hermione se dejó guiar por Neville al interior del pabellón de detenciones. Ingresaron en el edificio y recorrieron sus instalaciones; pasaron por los despachos, bajaron escaleras y recorrieron varios pasillos antes de detenerse en la sala de interrogatorios. Estaba cerrada y dos guardias vigilaban su entrada. Con una señal de Neville se apartaron.

-Hermione, estaremos aquí fuera por si necesitas algo. Malfoy ha solicitado verte a solas. ¿Llevas tu varita no?-Hermione aferró la misma contra su pecho, en contestación a la pregunta de su amigo.- Bien, entra pues. Si necesitas algo, no tienes más que pedir ayuda.

Hermione asintió. Las últimas palabras de Neville le habían resultado extrañas. Pedir ayuda.

¿Acaso creían que Malfoy quería atacarla? ¿Que podría hacerle algo cuando cientos de aurores estaban pendientes de ella?

Hermione no había pensado aquello en ningún momento, pero no creía que el Slytherin fuera capaz de algo así. ¿O si? ¿Al fin y al cabo era un asesino no? ¿Podría haber venido a acabar con su vida? ¿Sería una especie de venganza por lo ocurrido la noche en la que Dumbledore murió?

No estaba segura, pero Hermione si sabía una cosa. Y es que el mortífago no era estúpido. Su repentina aparición no era casualidad. No cuando Harry había recuperado ese mismo día otro de los Horrocruxes.

Demasiada coincidencia.

Pero, ¿por qué había pedido que le llevaran hasta ella?

Con todas estas preguntas, empujó la puerta de estancia, intentando disimular su nerviosismo.

La sala era oscura, tan sólo iluminada por una bombilla que se balanceaba en medio de la habitación y cuyo cable estaba tan pelado, que podría desplomarse contra el suelo de un momento a otro, dejándoles completamente a oscuras. Estaba amueblada solamente por una mesa cuadrada de acero, situada en el centro y franqueada por dos sillas del mismo material enfrentadas.

Hermione achicó los ojos, tratando de acostumbrarse a la poca luz. No veía rastro del mortífago por ninguna parte. La mujer tragó en seco y avanzó unos pasos, hasta llegar a la mesa de acero.

-Granger…-siseó una voz a sus espaldas. Hermione dio un respingo y se giró para contemplar a Draco Malfoy.

Estaba apoyado contra la pared, al lado de la puerta, por eso no lo había visto al entrar. Vestía el característico uniforme de mortífago, aunque éste se encontraba algo sucio y los bajos de su capa parecían estar chamuscados. Hermione pudo comprobar que, a pesar de los años, el slytherin no había cambiado tanto como se había imaginado. Si bien su cuerpo y su rostro habían adquirido los rasgos de un hombre, su postura orgullosa y su mirada desafiante seguían siendo los atributos característicos de Malfoy.

No pasó desapercibido para Hermione el brillo que desprendían los orbes grises del mortífago al mirarla. Era una mezcla de malicia y.. ¿ansiedad? La mujer no supo exactamente cómo interpretarlo, pero lo que sí tenía claro era lo que provocaba en ella: inquietud, preocupación, rabia.

Inconscientemente aferró con más fuerza su varita. Al ver su gesto, la boca del mortífago formó una mueca divertida.

¿Acaso Granger tenía miedo de él?

Despegó su espalda de la pared y comenzó a caminar hasta ella.

-No te acerques Malfoy- advirtió Hermione al tiempo que levantaba su varita para apuntarle- Hay tres aurores tras la puerta y la base entera está alerta, así que no te atrevas a ponerme un dedo encima.

Draco se detuvo y alzó las manos al aire, en un gesto de inocencia. Le divertía verla reaccionar de esa manera.

-Vamos Granger, relájate. No he venido a hacerte daño. Tan solo quiero charlar contigo. Además, me han despojado de mi varita.

-Bien, pues habla. No tengo toda la noche-contestó la mujer desafiante, aún con la varita apuntándole directamente al pecho. No quería demostrarle al rubio lo aterrada que se sentía.

Malfoy asintió y la rodeó para sentarse en la mesa. Hermione no perdió detalle de todos y cada uno de sus movimientos. Eran lentos, elegantes y cada uno de ellos era realizado de una manera escalofriantemente calculada, como si hubieran sido planeados con esmero de de forma premeditada.

Draco se acercó hasta el extremo de la mesa y volteó una de las sillas, para sentarse a horcajadas sobre la fría silla de metal; apoyando sus brazos en el respaldo. Hermione, seguía sin moverse y no se le escapó un bufido cuando comprobó la forma de sentarse del mortífago. La imagen de Draco Malfoy sentándose así en la biblioteca de Hogwarts cuando intentaba seducir a alguna alumna cruzó por su mente. Inconscientemente apretó su mandíbula fuertemente con el recuerdo.

-Vamos Granger, siéntate-dijo señalando el otro asiento.- No muerdo.

-No claro. Tú solo asesinas a sangre fría - espetó de mal humor. Tomó la silla que quedaba libre y se sentó, manteniendo la mirada fija en él. Ahora sólo les separaba la mesa.

-Ouch- dijo llevándose la mano al pecho fingiendo molestia. Aunque, a decir verdad, las palabras de la aurora le habían picado un poco en el orgullo. Sí, era un asesino. Pero Granger no tenía ni idea de él, ni de su vida ni nada. No tenía derecho a hablarle así. De pronto, lo divertido que se había sentido segundos antes, mutó a irritación. Bien, no le pondría las cosas fáciles a Granger- Sigues siendo igual de suspicaz que antes sabelotodo. Imaginaba que la guerra te habría dotado de habilidades especiales; sin embargo, sigues siendo igual de estúpida que antes.

Hermione abrió y cerró la boca un par de veces, pensando en algo qué replicarle al hombre, que había vuelto a sonreír tras ver su reacción. Ello, sumado a la curiosidad que la castaña debía estar experimentando en esos momentos y que, en vano trataba de disimular, hacía que este momento pasara inmediatamente al top momentos satisfactorios en la memoria de Draco Malfoy. Y eso que guardaba muchos en su colección y, en especial, todos aquellos que implicaban momentos íntimos con mujeres.

Al no encontrar palabras con qué objetar, Hermione decidió utilizar la psicología inversa y amenazar al rubio con lo que estaba segura no quería que sucediera por nada en el mundo. Al final, quien tenía el caldero por el asa era ella, y no se dejaría amedrentar por un estúpido. Ya no era una colegiala. Se puso en pie y comenzó a caminar hacia la salida.

-¡Hey hey hey! ¿Qué haces Granger? - su tono de voz sonó mucho más alarmado de lo que Draco había pretendido.

Hermione se paró a medio camino entre su asiento y la puerta y se giró bruscamente. Al hacerlo, unos cuantos mechones de pelo chocaron contra su rostro. La mujer se apartó el pelo de un manotazo antes de replicar.

-Escúchame bien Malfoy. No sé quién te has creído. Puede que en tu mundo fueras alguien importante, pero aquí no eres más que un sucio traidor y un asesino. No eres nadie. Así que más te vale cuidar tus palabras. Ahora mismo soy la única opción que tienes. Y, por si no te han informado. Yo estoy al mando de esta base y yo decido quién se queda y quién se va. Así que ni se te ocurra volver a pasarte de la raya. ¿Me entiendes?

Draco se tomó unos segundos antes de responder. No supo por qué pero no quería verla así de sólo había querido meterse un poco con ella y castigarla por sus palabras, pero no que se largara. Al final, él era el más interesado en mantener esa conversación. Debía morderse la lengua si quería que ella le escuchara.

-Vengo a aceptar tu propuesta, Granger- dijo al fin.

-¿Qué propuesta?-preguntó Hermione confundida.

El mortífago sonrió divertido.

-Vaya Granger, ¿acaso no lo recuerdas?

Hermione de pronto comprendió a lo que se refería el rubio. El recuerdo de la noche en la Torre de Astronomía llevaba atormentándola durante años y, cuando por fin, esa pesadilla se materializaba delante de sus narices, era incapaz de relacionarlo.

-Esa oferta expiró en el momento en el que te largaste con los sucios de tus amigos Malfoy. ¿Qué te hace pensar que puedes llegar aquí, siete años después, y exigir nada? ¿Cómo se te ha podido pasar por la puta cabeza presentarte aquí? ¿Acaso crees que te íbamos a recibir con una fiesta y los brazos abiertos?

Hermione se había vuelto a acercar a la mesa. Ahora tenía los brazos apoyados sobre el frío acero y lo observaba con furia.

-Para empezar Granger-contestó furibundo el mortífago.- No sabía que las segundas oportunidades caducaran. Segundo. No, no esperaba una reacción diferente por tu parte ni que me abrieras las puertas así como así. Y tercero, no vengo con las manos vacías. ¿Acaso crees que abandonaría a los míos a cambio de nada? No soy idiota. Sé cómo funcionan las cosas.

Hermione se quedó pensativa durante unos minutos. Las palabras de Malfoy contenían varios mensajes que debía analizar.

Uno. Había abandonado a los suyos y ahora pedía su ayuda. Ayuda que había rechazado una vez y, cuyo rechazo, había estado persiguiendo a Hermione durante años.

Dos. Traía algo con lo que negociar. Algo con lo que pagar su cambio de bando.

Tres. No le estaba dejando mucho margen de elección: o lo tomaba o lo dejaba. O aceptaba su propuesta o moría por traidor, o por asesino una de dos. Por lo que Hermione estaba segura que, fuera lo que fuera que viniera a ofrecer Malfoy, debía ser bueno.

Durante los momentos en los que la mujer estuvo cavilando sobre las palabras de Draco, éste se deleitó contemplando cómo el cerebro de la castaña empezaba a trabajar y atar cabos. Se fijó en cómo se mordisqueaba nerviosa el labio inferior y cómo pasaba la mano por su pelo, desordenándolo aún más. Draco sabía que había puesto patas arriba la cuadriculada mente de la aurora. La conocía lo suficiente como para saber que la mujer haría lo correcto. Era una sabelotodo y siempre quería tener la respuesta a todos los enigmas que se le presentaron y, Draco se había asegurado de convertirse él mismo en uno.

Con el único objetivo de salvar su culo y lograr que la Orden le aceptara.

Y salvar a su madre.

Encontrar al hijo de Pansy y evitar la muerte de su amiga.

Salvar a esa misteriosa mujer.

Deshacerse de esa parte de Voldemort.

Para ser libre al fin.

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-¡No!-chilló de furia Lord Voldemort al haberse visto traicionado- Severus, confié en ti. Escogí al idiota de Malfoy para llevar a cabo esta misión en base a tu recomendación. ¿Acaso planeabas reírte de mí? ¡Contesta!

Snape posó sus ojos sobre las finas rendijas que servían de pupilas al Mago Tenebroso. No mostró ninguna señal de debilidad ni de duda. Aplicó toda su energía en utilizar Legeremancia, pues sabía que en estos momentos todo lo que acababa de revelarle a su amo estaba siendo escrutado detenidamente por el mismo. Indagando en su mente, buscando una respuesta a lo que acababa de suceder.

-No mi señor- contestó finalmente- Ha sido toda una sorpresa para mí el descubrir que el joven Malfoy le ha traicionado y ha huido con el Horrocrux.

Voldemort no podía estar más irritado. Todos sus planes se estaban yendo a la mierda. Potter estaba cada vez más cerca de su destrucción; desde esa noche tenía la certeza de que el niño que vivió se había hecho con otro de los Horrocruxes, a pesar de haber enviado en pleno a todo su ejército esa misma mañana a protegerlo.

Pero, a pesar de ello, el muy hijo de puta había logrado recuperarlo. Ahora sólo era cuestión de tiempo esperar a que fuera destruido y con el, otro pedacito de su alma.

Se estaba volviendo cada vez más vulnerable y lo sabía. Debía comenzar a tomar medidas antes de que fuera demasiado tarde y protegerse. Paseó sus manos por la áspera piel de Nagini que se había arrastrado hasta sus pies y enrollaba su escamosos cuerpo con el de su amo.

-Severus… necesito que ahora más que nunca estés a mi lado y me demuestres tu lealtad- siseó.- Necesito que pongas a buen recaudo a Nagini. También quiero que me traigas a Malfoy. Pero vivo- El ex profesor de pociones asintió en una reverencia y se dispuso a abandonar la sala donde había estado reunido con el Lord.- Ah, y procura esta vez no cagarla. No puedo permitirme perder a ninguno de ellos, o será mi final.

Un brillo suspicaz se formó en la mirada de Snape. Sin querer, Lord Voldemort acababa de revelarle lo que ya sospechaba: que Nagini era uno de los Horrocruxes en los que el mago había depositado su alma. Por otro lado, el hecho de que exigiera a Draco Malfoy vivo, le había dado otra pista más sobre lo que el rubio podía haber recuperado esa noche en la cabaña. Algo inmaterial, algo que implicaba que Malfoy siguiera vivo.

Y él se encargaría de mantenerlo con vida, costara lo que costara.

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Voldemort se dejó caer en la butaca de la biblioteca de la Mansión Malfoy y contempló el fuego.

Pensativo.

Sabía, en lo más profundo de sus entrañas, que Malfoy había logrado sortear con éxito las pruebas diseñadas para proteger el Horrocrux. Era un hombre fuerte y con agallas, eso debía reconocerlo. Pues quien llevara parte de su alma debía de estar igual de marchito que él por dentro y ser igual de fuerte, para resistir las tres pruebas. Una persona corriente, no habría sido capaz de vencer el poder de los elixires ni aceptar la visión que los mismos ofrecían; habría acabado demente o muerto por envenenamiento antes de salir victorioso. El objetivo era desgastar a quien osara ingestar el líquido con la visión de sus temores; debilitar la base de toda alma humana a través del amor.

Pero no un amor cualquiera, sino la expresión del mismo en sus tres vertientes: familia, amistad y pasión.

Voldemort rió para sí. Había sido jodidamente cursi a la hora de escoger la protección de ese Horrocrux pues sabía que sólo alguien tan roto por dentro como él podría hospedar parte de su yo.

Ahora tenía que asegurarse de hacer salir a Malfoy de su escondite.

Un brillo perverso se formó en sus ojos mientras se arremangaba la túnica por el lado izquierdo. Posó su varita sobre la Marca Tenebrosa y murmuró unas palabras.

-¡Que comience el espectáculo!- gritó.

Pero lo que no sabía Lord Voldemort era que su perfecto plan para proteger su espíritu, tenía un pequeño defecto que no había considerado.

Y es que había subestimado la fuerza del amor.

Pues él nunca había querido ni había sido amado.

Ni tampoco había tenido en cuenta los cojones que tenía Draco Malfoy cuando iban a por él o a por uno de los suyos.

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-¿Te comió la lengua el gato Granger?-espetó al ver que la castaña no había abierto la boca aún tras su revelación.

Hermione levantó la cabeza para enfrentarlo, cruzándose con su imperturbable mirada, que la examinaba fijamente, sin pestañear.

-Está bien Malfoy- concluyó al cabo y apartó la mirada del rubio, incapaz de sostener su intensidad durante más tiempo.- Te escucho.

Draco sonrió, al verse de nuevo con ventaja en esa lucha de orgullos.

-Se dónde están y puedo ayudaros a acabar con ellos- escupió. Se relamió al comprobar la expresión de incertidumbre de la mujer.- Te daré una pista Granger, ya que veo que ya no eres tan aplicada como antes y te quedas sin respuesta rápido- Hermione abrió la boca para replicar pero el rubio posó su dedo índice sobre sus labios, haciéndola callar.- Una palabra. Nueve letras. H. O. R. R. O. C. R.U. X . Horrocrux.

Hermione apartó de un manotazo el dedo del rubio de sus labios, obviando la sensación de cosquilleo que había sentido cuando habían entrado en contacto. Abrió los ojos de par en par, sin dar crédito a lo que acababa de oír.

-¿Cómo… cómo? -logró articular.

-Sí, definitivamente estos años te has vuelto más idiota de lo que pensaba.¿Se te pegó de la Comadreja?- dijo el mortífago.- Has oído bien Granger. Horrocruxes. Se de su existencia y soy el único que puede daros las siguientes pistas para que San Potter y su séquito acabe con Lord Voldemort.

El cerebro de Hermione comenzó a trabajar con rapidez. Si lo que Malfoy le estaba diciendo era cierto, debía alertar a Harry y Ron de inmediato. Pero, si de lo contrario mentía, pondría a todos en riesgo. Además, no se le olvidaba el hecho de que esa información no era gratuita, y el slytherin quería algo a cambio.

-¿Y qué me hace pensar que estás diciendo la verdad?- la actitud de Hermione era desafiante.

-¿Acaso crees que mentiría con algo así? Mira sangresucia. Aunque hayamos estado en bandos opuestos nunca ha sido de mi agrado que me manipulen y decida por mí un loco estúpido que quiere gobernar el mundo. No. Los Malfoy estamos en el mundo para hacer cosas mucho más grandes y nunca ha entrado en mis planes ser el siervo de nadie. Se que mis actos no han sido los más acertados pero aquí estoy, dispuesto a colaborar.

Hermione sintió el calor de la sangre vapulear su rostro, presa de la agitación y de la intensidad de sus palabras.

-Te creo-dijo por fin. Draco suspiró aliviado pero cambió su actitud de nuevo al escuchar las siguientes palabras de Granger.- Pero no se si ellos confiarán en tu palabra y aceptarán tu propuesta.

-¿Ellos?- preguntó el rubio enarcando una ceja.

-Ellos. Escuchaste bien. Por muy interesante que sea tu oferta, no tengo el poder para decidir si la aceptamos o no.

-Creí que aquí mandabas tú- replicó el mortífago.

Hermione dejó escapar el aire entre sus dientes, a modo de bufido. Malfoy era astuto y le había devuelto sus palabras, con regocijo.

-Serás sometido a una vista ante la plana de los miembros mayores de la Orden del Fénix y ellos valorarán tu propuesta. Si no quedan convencidos, este es tu final Malfoy. Encerrarán tu precioso culo en una celda y no verás la luz del día hasta que seas un anciano.

-Pero aceptarán - sonrió con suficiencia.

-Eso ya lo veremos Malfoy. No tengo nada más que hablar contigo.

La castaña se mordió el labio al recordar que no le había preguntado qué quería a cambio, pero se contuvo. Quería tener la última palabra y su curiosidad podía jugarle una mala pasada. Se apartó y avanzó hasta la puerta, dedicándole una mirada de soslayo al rubio antes de tomar el pomo de metal antes de abrirla.

No obstante, Draco fue mucho más rápido y, de una zancada se situó tras ella, y posando su mano a modo de barrera sobre el dintel de la puerta, impidiendo que Hermione la abriera. La aurora levantó la mirada, airada. Era tanta la rabia que sentía que no se percató que, con su gesto, había aumentado la proximidad de su cara con la de Malfoy, que la estudiaba mirándola desde arriba, pues era varios centímetros más alto que ella.

-¿No te olvidas de algo Granger?-murmuró provocándola, sabiendo que la gryffindor se moría por saber qué quería a cambio. Pero Hermione no le daría el gusto.

-Sí. Estás sangrando Malfoy- contestó orgullosamente señalando el corte de la muñeca de Draco en la mano con la que sujetaba la puerta. Perplejo, el rubio retiró la mano pues acababa de recordar que no se había curado el corte.- Yo que tú intentaría cerrarlo. No queramos que mueras desangrado antes de tu vista.

Dicho esto, Hermione abandonó la sala de interrogatorios cerrando la puerta en las narices de Draco. Dejándole con la palabra en la boca.

Furioso, el rubio pateó la puerta por la que segundos antes había salido Hermione.

Nada había salido como había planeado.

¡Jodida Granger! ¡Le sacaba de sus casillas!

En ese momento, sintió una fuerte quemazón en su brazo izquierdo. Notó como la marca adquiría un tono oscuro y la piel de la serpiente comenzaba a deslizarse por su musculoso antebrazo, como si estuviera viva.

Draco se apretó el brazo contra su vientre

Lo sabía.

Lord Voldemort sabía lo que había en él.

Y esa era su forma de castigarle por su traición.

Y para hacerle salir.

Pero no le daría el gusto.

Chilló a causa del dolor y se desplomó en el suelo.

En ese momento la puerta de la sala se abrió de golpe, dejando paso a Hermione Granger.

Lo único que vio antes de desvanecerse fue el rostro de la aurora inclinado sobre él, diciéndole algo y llamando para pedir auxilio.

Después, se dejó llevar a la oscuridad.

Hola a todos!

En primer lugar, quería agradecer vuestros comentarios y a todos los que os habéis interesado por esta historia. De verdad, que saber que os está gustando y que estáis al otro lado esperando a que publique el siguiente capítulo, es muy grande para mí. me da fuerzas para continuar con la historia y sacar tiempo de donde no lo hay para actualizar lo antes posible.

Me encantan vuestras palabras. Y e gustaría también conocer vuestra opinión, así como cualquier otra sugerencia que tengáis.

Nos vemos pronto!