Capítulo 3: Lobo guardián

Cinco días habían pasado de vigilar el pueblo de Karakura, esperando a que el extraño arrancar apareciese; Komamura y su teniente, Iba Tetsuzaemon, cambiaban turnos de vigilancia cada día, al lado del resto de la división siete. Sin embargo, aquella tarea les estaba dejando agotados a los shinigamis, y al mismo capitán, aunque éste aparentara que estaba bien.

- Capitán, toda esta vigilancia se está haciendo muy pesada, el arrancar no parece dar señas de aparecer pronto – decía Tetsuzaemon – ¿No será posible que alguno de los otros capitanes no pudiese apoyar en esto?

- Posiblemente sería bueno; aunque nos han reportado que solo hollows de bajo nivel han aparecido estos últimos días. Pero es posible que con tantos reiatsus de shinigamis es posible que nuestro enemigo decida no aparecer – Komamura estaba pensativo.

Estaba atardeciendo y Tetsuzaemon se estaba por retirar con los demás shinigamis, que aquel día habían hecho guardia en Karakura; en ese momento Komamura miro a sus cansados subordinados. Por lo que tomó una decisión.

- Mañana no es necesario que vengan, estaré yo solo para que el arrancar se atreva a aparecer – Dijo seriamente.

- ¿Está seguro de eso capitán? – Tetsuzaemon no parecía muy convencido de eso.

Komamura asintió firmemente.

- Ustedes encárguense de descansar – Dijo finalmente.

Los shinigamis asintieron a las órdenes del capitán Komamura, volviendo al gotei 13.

Una vez que todos se marcharon, Komamura comenzó a explorar la zona, aunque aquel día, realmente no esperaba que pasara algo relevante, estaba seguro que era probable que su enemigo, tardara en aparecer.

Mientras Komamura exploraba los alrededores de Karakura con tranquilidad, escondiendo su reiatsu, estaba anocheciendo, y poco a poco, se veía como las personas volvían a sus hogares, tras un largo día de trabajo o escuela. Komamura, al mirar a las personas, se preguntó en ese instante, como sería estar con alguien a quien querer, proteger por sobre todo lo demás, hacer feliz a ese ser especial, formar una familia propia… Pero, suspirando, aceptaba en silencio, que aquello no era posible para él, pues con tan solo recordar la apariencia que tenía, era obvio que aquella parte de la vida, nunca podría vivirla.

Pasadas unas horas, Komamura percibió el reiatsu de Akio; en un instante, Komamura llegó cerca de donde el joven trabajaba, se dio cuenta de que acababa de salir, lo vio ir acompañado de algunos compañeros y parecía que irían a algún lado, ya que Akio, no había tomado dirección camino a su casa.

Escondiendo su reiatsu, Komamura comenzó a seguirlo…

- … Y Akio ¿Cuándo comienzas a publicar tus escritos? – Pregunto un chico un poco más alto que Akio.

- Pues en cuanto termine de trabajar en uno nuevo que empecé, tal vez me arriesgue – Comentaba Akio.

- Ojala pronto nos lo dejes leer, siempre que te pedimos ver algo, nunca nos dejas leer nada, a veces eres tan retraído – dijeron algunos en tono de burla.

Akio y sus amigos, caminaron un rato más hasta llegar a una tienda de autoservicio donde compraron algo para beber, afuera de la tienda comenzaron a hablar sobre lo que harían una vez que les llegara el pago y la bonificación del mes, ya que habían estado trabajando horas extras esos días. Mientras los demás hablaban y reían, Akio estaba mirando el cielo, y también miraba a pequeños youkais pasar en forma de pequeñas luces.

- Akio ya despierta – sus compañeros le llamaban – De nuevo te perdiste.

- Perdón, ya saben que tiendo a perderme – Repuso Akio riendo – ¿Qué estaban diciendo?

- Te decíamos que ya nos vamos, ¿tú todavía te quedas un rato o también te vas?

- Creo que caminare un poco, nos vemos después – Akio se despidió de los demás y comenzó a caminar.

- Cuidate, disfruta mañana tu día de descanso – Se despidieron sus amigos de Akio.

Al llegar al sendero que iba por la orilla del rio, Akio se sentó ahí a meditar un rato, veía correr el agua tranquilamente y se puso a analizar lo que le habían dicho.

- ¿En serio soy muy retraído?... Creo que lo que me asusta es que fracase como escritor o que crean que no vale lo que escribo… Aunque lo que me dijo el shinigami lobito fue sincero – Akio suspiró, y siguió contemplando el correr del agua.

Komamura miraba a Akio, había todo lo que decía el joven, a pesar de que estaba algo apartado de él..

- ¿Shinigami lobito?… – Komamura no sabía que pensar de ese nombre que Akio acababa de ponerle.

En ese instante, Komamura vio como Akio sacaba un cuaderno, algo viejo, de la mochila que tenía, Akio empezaba a hojear el cuaderno.

Sin pensarlo más, Komamura hizo presente su reiatsu y se acercó al joven lentamente.

- Akio, buenas noches – Saludó cortésmente hasta que estuvo a unos pasos del joven.

Akio se levantó rápidamente, al escuchar la voz de Komamura y al mirar al capitán le dedicó una cálida sonrisa. Akio, sostuvo el cuaderno a su espalda.

- Buenas noches capitán, ¿Cómo está?

- Estoy bien, gracias por preguntar, estaba haciendo mi ronda cerca de aquí y no pude evitar sentir tu reiatsu – Mintió Komamura – pensé que de nuevo te podrías haber encontrado con algún hollow, pero parece que estas bien, eso es bueno.

Akio sacó el cuaderno, el cual sostenía fuertemente, y lo extendió hacia Komamura.

- Esto… es un escrito que hice hace tiempo… Por lo que me dijiste la otra vez, bueno, la verdad esperaba volver a verte, y pensé que te gustaría leerlo, es que como no traigo el otro escrito… – Akio hablaba algo rápido y enredando las palabras, todo porque se ponía nervioso frente a Komamura.

Komamura tomó el cuaderno y agradeció por lo que Akio le compartía. También, animado por haber escuchado que Akio había esperado que ambos, se reencontraran.

- Sabes, me agradas bastante Akio, no pensé que pudiese conocer a alguien como tú – Dijo Komamura lentamente – Veras, yo no estoy acostumbrado a venir mucho de la sociedad de almas a este mundo, por lo que hablar con personas que me puedan ver no es fácil, más porque mi apariencia las espanta.

Komamura se detuvo en ese momento y Akio pensó que no debía preguntar nada sobre la vida de él, aunque una nueva duda nació en su mente y no pudo evitar reprimirla.

- Capitán ¿Qué es la sociedad de almas?... Digo, si puedo preguntar.

Hubo silencio entre los dos un momento, Komamura pensó que podía hablar sobre aquel tema, para que el joven supiera un poco de a dónde iban todos al morir.

- Akio, antes que nada, te quiero pedir que me digas Sajin, lo de "capitán" es muy formal y solo lo usan otros shinigamis conmigo – Esperó a que el joven asintiese a eso, después prosiguió – Y bueno, sobre la sociedad de almas, es el lugar de donde vengo, se podría describir que es lo que muchas personas llaman "paraíso", ahí las almas llegan al morir, aunque a veces algunas no pueden pasar, y los shinigamis, nos encargamos de ayudarlas a cruzar; aunque también hay espiritus que abren un hueco en su alma, conocidos como hollows, en esos casos los shinigamis usamos nuestras zampakutous, para purificar a los hollows – Komamura le mostró su espada a Akio – De hecho, ir a la sociedad de almas, es como comenzar a vivir de nuevo, aunque ahí, el tiempo parece no pasar y cuando te das cuenta un año puede pasar a la velocidad de un día.

- Entonces, ¿en ese lugar uno aún tiene que intentar sobrevivir y esforzarse?

Komamura asintió.

- Y yo que pensaba que después de morir uno podría estar más tranquilo – Dijo Akio y suspiró tristemente.

- Si algo vale la pena, nunca es fácil y la vida no es fácil en ninguna manera, pero eso la vuelve algo hermoso – repuso Komamura.

- Creo que tienes, razón en eso.

Akio bostezó enérgicamente, y decidió que era momento de irse a casa a descansar; Komamura decidió acompañarlo. Mientras ambos caminaban, para Akio, aquello era una situación un poco extraña, ya que los dos iban en silencio, y cuando alguno quería sacar algún tema de conversación, simplemente emitía un sonido inentendible, se aclaraba la garganta y, de nuevo, silencio absoluto.

Mientras atravesaban por el parque, donde ambos se habían conocido; sintieron una presión en el ambiente bastante fuerte, y Komamura la reconoció enseguida.

- ¡Akio, quiero que te alejes y te escondas! ¡Rápido!

Akio quiso preguntar qué era lo que pasaba, pero Komamura lo empujó hacia un montón de arbustos, al tiempo que, cerca de ahí, se abría una garganta y el arrancar se hacía presente. Komamura elevó su reiatsu, para esconder el de Akio.

- Así que solo quedabas tú – Dijo el arrancar al ver a Komamura – Bueno, al menos ahora podre desquitarme de lo que hiciste el otro día, maldito shinigami fenómeno.

Komamura desenfundó su zampakutou, dispuesto a pelear; el arrancar se movió rápidamente y en un parpadeo, apareció a un lado de Komamura y le golpeó fuertemente, el cual lanzó a Komamura bastante lejos. El capitán Komamura, se sacudió y, usando shumpo, se puso serio para pelear, en un parpadeo, Komamura se lanzó contra el arrancar, la zampakutou de Komamura logró rozar a su enemigo. El arrancar también llevaba una espada, la cual no dudo en usar para bloquear un ataque de Komamura. Ambos contrincantes eran rápidos y fuertes, atacando y esquivando los golpes, uno del otro.

Akio miraba escondido entre los arbustos, veía que Komamura era rápido y ágil, pero la armadura que siempre llevaba el capitán en su haori de capitán, parecía estorbarle, más cuando tenía que girar para evitar un ataque por atrás; pero en ese instante vio cómo, en ciertos ataques que hacia Komamura, aparecían, partes del cuerpo de algo parecido a un samurái gigante; el arrancar debía mantener distancia.

- No me extraña que seas un capitán shinigami, pero pareces muy lento cuando tratas de atacarme con tu shikai – comenzó a burlarse el arrancar, acariciando la hoja de su espada – Bueno, terminemos con esto. ¡Báñate en sangre, Suraisā!

El arrancar liberó una gran cantidad de reiatsu, su apariencia cambió en un instante, todo su cuerpo dio la apariencia de ser el cuerpo de un enorme puercoespín, pero las púas que salían del arrancar, eran dentadas.

Komamura mantenía la mirada seria, aunque su posición de ataque cambió, pues sabía, que la forma que había adquirido el arrancar, era demasiado peligrosa.

El arrancar encogió los brazos, y giró rápidamente sobre sí mismo, varias púas, salieron disparadas en todas direcciones. Komamura, detectando que Akio aún estaba en el lugar, se movió con su shumpo, evitando varias púas, y reubicándose, pudo desviar muchas más; que iban hacia donde Akio permanecía escondido.

Pero aquel movimiento, hizo que Komamura no se preparara para el siguiente ataque del arrancar; quien, girando a gran velocidad, como si fuera una pelota con púas; paso al lado de Komamura, golpeándolo y rasgándole la ropa con las púas.

Komamura retrocedió, sujetándose la herida.

El arrancar, miraba a Komamura, sonriendo, la sangre en sus púas, desapareció, pero el reiatsu del arrancar incrementó.

- Es cierto lo que decía Kaname Tousen, sobre ti, el único capitán shinigami que no es humano; un ser muy amable aun con sus enemigos; sin un motivo real por el cual pelear o vivir– El arrancar se rio fuertemente – ¿Por qué no luchas seriamente como el día que salvaste a ese pequeño humano?... a lo mejor si lo busco y lo cazo, tu podrías pelear en serio…

Antes de que el arrancar pudiera reaccionar, un puño gigante apareció sobre él, impactándolo con una fuerza atroz contra el suelo.

Komamura miraba con odio a su enemigo; el puño gigante, desapareció, pero en la mano de Komamura, apareció una herida, sin embargo, él no le prestó atención alguna.

Akio, aun escondido, miraba con asombro a Komamura.

- Si crees que puedes hacerme perder la paciencia con solo decir algo así, estas equivocado – Komamura estaba frente a su enemigo, el cual había quedado aturdido – Yo soy un miembro del gotei trece, y como tal nunca debo de fallar en mi deber.

Komamura levantó su zampakutou en el aire, un solo golpe y eliminaría al arrancar.

Sin embargo, en ese momento, un adjucha, con forma de escorpión, apareció tras el capitán dispuesto a atacarle con su aguijón; Komamura ya no tenía tiempo de evitar el ataque.

A pesar de que aquel ataque parecía no fallar, el aguijón del adjucha no llegó a Komamura, pues el ataque había sido desviado por Akio; el joven había visto cuando Komamura había sido emboscado y había corrido para ayudar al capitán, en el último instante Akio se había lanzado y golpeado el aguijón con su cuerpo, llevándose un corte en el hombro derecho. El arrancar, aun en el suelo, disparó un potente cero a Komamura; pero el capitán lo detuvo solo con su mano, invocando su shikai justo a tiempo, y con un solo movimiento de su espada, Komamura cortó a la mitad al arrancar, y con un segundo movimiento, eliminó al adjucha, quien ya estaba por atacar a Akio, el cual estaba en el suelo sujetándose la herida de su hombro.

- ¡Akio!, ¡¿Por qué hiciste algo tan arriesgado?! – Komamura ayudaba a Akio a levantarse – Te pedí que te alejaras.

- Perdón Sajin, pero es que solo me moví sin pensar…

Antes de que Komamura le pudiese agradecer, Akio cayó repentinamente y su respiración comenzó a dificultarse.

- ¡Akio! ¡¿Qué te ocurre?! – Komamura sujetó a Akio.

Al ver la herida del hombro del chico, Komamura comprendió que la herida la había ocasionado el adjucha, era probable que le hubiese introducido algún veneno.

- ¡Resiste Akio, te salvaré!

Komamura cargó a Akio, hasta que llegó a la casa del joven; ahí rápidamente lo colocó en su cama y le cubrió con las cobijas que encontró, pues la temperatura corporal de Akio había descendido bastante. Inmediatamente, comenzó un tratamiento con su kido, eso ayudo un poco, ya que al parecer detuvo un momento los efectos del veneno y normalizo la respiración de Akio, sin embargo, por más que Komamura intentara curar solo con kido, no funcionaba, tenía que pensar en algo más y rápido.

- Podría ir por la capitana Unohana, ella es la mejor en esto, pero tardaría demasiado – Se sacudió la cabeza ante la idea y en ese momento recordó un hecho de su pasado; cuando era un pequeño "cachorro".

*Flash Back*

Sajin corría descalzo por entre el pasto cerca de su hogar, más bien cerca de su guarida; su padre siempre le decía que no se adentrara en las zonas espesas de la hierba, pero a él le encantaba explorar y no hacía caso alguno… Fue una tarde en la que se encontró por primera vez con un hollow, era enorme y con afiladas garras. Aquel hollow le había atacado, clavándole sus garras en el vientre; aunque las heridas no fueron profundas, le había envenenado.

- ¡Sajin! – Su padre lo había salvado en aquella ocasión, logrando cortarle un brazo al hollow y haciendo que éste huyera – Descuida, te pondrás bien, lo prometo hijo.

Komamura apenas si podía respirar, su padre lo llevó cargando, hasta donde el gran abuelo; ahí, su padre recibió la fórmula para preparar un antídoto; recordaba la preocupación que había ocasionado.

- Sajin, no te perderé, no igual que a tu madre – Esas palabras se quedaron grabadas en Sajin para toda su vida.

Tuvo que pasar todo un día hasta que se pudo recuperar. Tiempo después, él tuvo que ser más cuidadoso en salir y también tuvo que aprender cómo preparar ese antídoto, por si algún día lo necesitaba de nuevo…

*Fin del Flash Back*

Eso era lo que necesitaba, debía intentarlo, tendría que preparar ese mismo antídoto que le salvo la vida a él; solo rogaba por poder encontrar cerca del pueblo todo lo que necesitaba, sin pensar en sus heridas, Sajin salió del lugar usando su shumpo lo más rápido que podía, guiado por su fino olfato, comenzó a ir de lugar en lugar por el pueblo de Karakura.

Recolectar los ingredientes del antídoto le tomo poco más de una hora; cuando regreso al hogar de Akio, el joven había empeorado de nuevo, su temperatura habían descendido aún más. No hubo tiempo que perder, Komamura entró en la cocina de Akio y tomó algo en que comenzar a mezclar todo lo que había recolectado; como necesitaba usar algo de fuego para calentar todo, tuvo que usar la estufa que usaba Akio para cocinar, lo cual le llevo algunos minutos más.

Cuando por fin el antídoto estuvo listo, lo llevó hasta Akio, Komamura se acercó al joven y cuando lo cargo, sintió que era como tocar un bloque de hielo, ya que el joven estaba prácticamente congelado; el antídoto estaba caliente, entonces eso ayudaría a que la temperatura corporal de Akio volviese a la normalidad.

- Akio, por favor intenta tomar un poco de esto – Dijo Komamura acercando a los labios del joven el antídoto.

Akio alcanzó a abrir un poco los labios y bebió lentamente lo que Komamura le ofrecía; bebía sorbo tras sorbo y cada vez sentía un sabor muy amargo en su boca y garganta, aunque preocuparse ahora por el sabor no era importante. Akio comenzó a sentir algo de calor lentamente, sin embargo, aún estaba muy débil, solo pudo sentir fuerzas un momento para hablar.

- Sajin, creo que eres mi ángel guardián… esta es la segunda vez que estas salvándome la vida… lobito guardián… – Akio miró la herida que Sajin aún tenía, provocada por el arrancar – Te lastimaron por mi culpa… perdona por ser una molestia para ti…

Akio no pudo seguir hablando más, se durmió profundamente, recargándose en el pecho de Komamura, pues sentía su calor. Komamura acercó su nariz a la frente de Akio para medir su temperatura, comenzaba a recuperarse, pero aún estaba bastante frio; así que lentamente, se quitó su rasgado haori de capitán, aun cargando a Akio, pues el joven no quería soltarle. Komamura se acostó en la cama y cubrió a Akio con las mantas, acercando al joven a su pecho lo más que pudo.

- Akio, estarás bien, tu lobito guardián está aquí.

El corazón de Sajin comenzó a latir fuertemente viendo al joven dormir en su pecho, se acercó a Akio muy lentamente, se movía por instinto y le besó la frente al joven.

- ¿Por qué me siento así?…

Komamura tuvo que seguir despierto, pues debía seguir dándole el antídoto a Akio, pero antes del amanecer, cayo rendido por el sueño.